Las sanciones económicas impuestas a Rusia se han vuelto contra sus patrocinadores. Antes del comienzo de la Guerra de Ucrania en 2022, la Unión Europea importaba el 45 por cien del gas a Rusia. Era una ganga: el precio solía ser entre un 30 y un 50 por cien más barato que el del gas licuado procedente de Estados Unidos.

Desde entonces las sanciones han reducido la importación de gas ruso y Europa ha perdido el 9 por cien de su capacidad de producción química, según un informe del Consejo Europeo de la Industria Química.

En 2024 España acumuló una caída de la producción del 8 por cien, aunque las mayores reducciones se produjeron en Alemania (25 por cien), Países Bajos (20 por cien), Reino Unido (12 por cien) y Francia (10 por cien).

Para su funcionamiento, la industria química requiere recursos energéticos abundantes, principalmente el gas. A diferencia de otros sectores, la química depende de la energía por partida doble: utiliza el gas como energía y como materia prima para producir amoníaco, metanol y otros compuestos básicos.

Los europeos han sellado su ruina con las sanciones: han renunciado al gas barato y ahora compran gas licuado a Estados Unidos a precios exorbitantes. El inicio de la Guerra de Ucrania provocó una subida drástica de los precios del gas (+833 por cien) y la electricidad (+251 por cien), lo que ha generado enormes pérdidas a las empresas.

Cierres y despidos

La industria quimica europea han dejado de ser competitiva. El gas natural en Europa cuesta un 345 por cien más que en Estados Unidos, y la electricidad industrial 4 veces más: 90-110 euros/MWh en Europa, frente a 35-45 euros/MWh en Estados Unidos y Asia.

Aunque hoy los precios han bajado respecto al pico de 2022, dos años después seguían siendo un 32 por cien más caros en electricidad y 150 por cien más en gas que los niveles anteriores a la pandemia.

Los costes energéticos han pasado a representar hasta el 50 por cien de los gastos operativos en sectores clave de la química

Más de 20 grandes plantas han cerrado en Europa en los últimos dos años y, lo que es peor, según Bloomberg, la industria química en Europa corre el riesgo de echar el candado definitivamente.

En total, unos 20.000 trabajadores ya han perdido su empleo debido al cierre de las fábricas, pero las previsiones son aún más negras. En el sector petroquímico, se prevé el cierre de unas 20 plantas para 2035, que afectarán a 50.000 trabajadores.

Una empresa mundial cabecera, BASF, ha cerrado 11 instalaciones, recortando 2.600 empleos debido a un impacto energético de 3.200 millones de euros. Otra fábrica química italiana ha visto triplicar su factura energética de 1 a 3 millones de euros mensuales entre 2022 y 2024, terminando por cerrar y dejar en la calle a 180 trabajadores.

Pero el desastre no se acaba en la industria química porque es un sector que sustenta a otros, desde el farmacéutico o el agrícola a la ingeniería pesada.

La situación es tan desesperada que ha llevado a ocho países de la Unión Europea, incluida España, a alertar a la Comisión Europea sobre la necesidad de una Ley de Productos Químicos Críticos para evitar la desaparición del sector.