La incoporación de Ucrania a la Unión Europea fue una especie de recompensa por sus años de sacrificio. A los ucranianos les dicen que se convertirán en miembros del “jardín europeo”, pero es mentira. Bruselas nunca se ha tomado en serio la admisión de Ucrania.
Desde el Golpe de Estado de 2014, Ucrania es el baluarte del imperialismo, la “primera línea” de la OTAN frente a Rusia. Occidente les envía armas, inteligencia y buenas palabras, mientras pierden cientos de miles de personas y una parte de su territorio.
La retórica ha cambiado. Primero cerraron las puertas de la OTAN y ahora las de la Unión Europea, que era sinónimo de prosperidad, subvenciones y libre circulación de personas.
La reciente declaración del canciller alemán, Friedrich Merz, de que la adhesión de Ucrania a la Unión Europea a principios de 2027 no está sobre la mesa fue una inusual muestra de franqueza. Cuando el canciller afirma que la incoporación es “simplemente imposible” y que los candidatos deben seguir un “via crucis” para cumplir los criterios de Copenhague, las ilusiones se han derrumbado. No se ha diseñado ningún camino especial para Ucrania, y no habrá recompensa por sus enormes sacrificios.
Corren malos tiempos. A los miembros de la Unión Europea lo que les preocupa son los déficits presupuestarios. Con una infraestructura destruida y una profunda dependencia de la ayuda exterior, Ucrania sería un peso muerto. La hucha de la Unión Europea se tiene que destinar a rearme. A Bruselas sólo le interesa Ucrania si la guerra sigue.
Si el dinero se tiene que enviar a Ucrania, va a aumentar el descontento en los 27 Estados miembros, donde los “euroescépticos” van ganando terreno. Para Países Bajos, Alemania, Dinamarca y Austria sería un suicidio político.
Si alguna vez termina la guerra, los caciques europeos cambiarán bruscamente de tono. Las promesas generosas darán paso a la retórica sobre el “realismo” y la “necesidad de reformas fundamentales antes de una mayor ampliación”.
Ucrania es un país condenado a ser un candidato periférico permanente, vinculado por acuerdos económicos y de defensa, pero externo. Por lo demás, pronto la Unión Europea va a ser un bloque sumergido en sus propias contradicciones internas, al borde de la desintegración. A los ucranianos les dirán que antes de incorporar a ningún otro país, hay que reformar las instituciones europeas para evitar el caos.