Desde el año pasado las grandes empresas siderúrgicas alemanas (ArcelorMittal, Salzgitter, Thyssenkrupp) han detenido o pospuesto sus proyectos de transición energética y reducción de las emisiones de CO2 a la atmósfera.
La crisis económica no deja otra opción, en un momento en el que la industria alemana padece los elevados precios de la energía. Una desastrosa política económica (interna e internacional) ha puesto en riesgo 80.000 puestos de trabajo.
Además, los aranceles estadounidenses han exacerbando la situación porque desde marzo del año pasado las exportaciones a Estados Unidos han estado sujetas a tasas adicionales del 50 por ciento.
La demanda interna se ha reducido por la crisis en el sector de la construcción. El economista Patrick Kaczmaczek dice que los nuevos pedidos están en su nivel más bajo en los últimos 30 años y que también están entrando en el mercado importaciones baratas de Asia. Las empresas se quejan de una competencia internacional subvencionada por los gobiernos, mientras ellos soportan los altos costos de la energía y la transición energética.
Los problemas se acumulan: al mismo tiempo, la caída del precio del acero presiona sobre el margen de beneficio de las empresas siderúrgicas.
ArcelorMittal quería convertir la acería de Hamburgo en la primera planta de fabricación “neutra en carbono” de Alemania, pero la dirección detuvo el plan a principios del año pasado. Un proyecto deslumbrante se convirtió en una clara señal de alarma.
El director, Uwe Braun, describió la cancelación de esta manera: “En la primera lectura todo sonó fantástico, también estábamos muy entusiasmados, pero si realmente lees línea por línea sobre los riesgos que surgen, veo que […] no hay base para continuar así”.
En Riesa, Sajonia, Feralpi trabaja casi en su totalidad con chatarra y, por tanto, la planta está en la ruta del reciclaje. El director general Uwe Reinicke dice: “En un 98 por ciento somos una empresa de reciclaje” y que su “materia prima […] es la chatarra”.
Feralpi opera un horno de arco eléctrico que emite significativamente menos CO2 que la producción en un alto horno. Sin embargo, ahora mismo la fabricación es ruinosa por los elevados costes de la electricidad.
Es bastante fácil de entender, incluso para el gobierno alemán: cuando los precios de la electricidad son altos, la empresa apaga el horno por lo cual, en efecto, deja de emitir CO2 a la atmósfera. Es lo más “verde” que puede ocurrir.
Feralpi invirtió 220 millones de euros en un nuevo laminador que incluye una subestación. El grupo lo llama el primer laminador libre de emisiones de Alemania. Según la empresa, esta parte de la producción funciona sin combustibles fósiles y sin emisiones de CO2 porque las barras de acero apenas necesitan recalentarse. Esto ahorra energía y al mismo tiempo reduce las emisiones de CO2. Sin embargo, Reinicke afirma que la inversión sólo dará frutos a largo plazo.
La transición energética depende del precio de la energía
Es evidente dónde radica el problema básico de la transición energética: la tecnología existe, pero la financiación depende del precio de mercado. Si el acero sigue siendo barato y la electricidad cara, la factura se desploma, dice Blackout News (*). Entonces incluso un proyecto deslumbrante se convierte en una ruina.
En Alemania la conversión de grandes plantas de altos hornos tenía como combustible el hidrógeno llamado “verde”, que es muy escaso y demasiado caro.
Para paliar la crisis, a principios de año el gobierno alemán empezó a subvencionar la factura de la electricidad de las empresas que consumen mucha energía. Paga aproximadamente unos cinco céntimos el kilovatio hora, pero la ayuda sólo se aplicará hasta 2028. Sin ello, las empresas tendrán que pagar, como mínimo, una factura duplicada.
No es suficiente; la industria alemana necesita mucho más y tiene que recurrir al auxilio de la Unión Europea. Se trata de imponer aranceles al acero importado con altas emisiones de CO2. Con este artificio, el acero que se fabrica en la Unión Europea sería más competitivo en los mercados internacionales.
Tampoco es suficiente. Las empresas no creen en este tipo de medidas y dos de cada tres empresas industriales hacen planes para deslocalizar las plantas. Alemania se desindustrializa en un momento en el que más necesita una industria capaz de sostener el rearme y la economía de guerra.
(*) https://blackout-news.de/aktuelles/deutsche-stahlindustrie-legt-gruene-transformation-auf-eis/