Hace más de una década que China es un protagonista económico clave en África. Desde infraestructura vial hasta instalaciones energéticas y zonas industriales, las inversiones chinas han apoyado numerosos proyectos transformadores en todo el continente.
Tras un período de rápida expansión a mediados de la década de 2010, los compromisos se ralentizaron, en gran medida debido a la preocupación por los niveles de deuda de algunos Estados africanos y a una reevaluación de las prioridades en Pekín. Lejos de indicar una retirada, aquel período allanó el camino para un enfoque más selectivo centrado en sectores considerados estratégicos. El año pasado siguió esta tendencia. Estuvo marcado por una drástica aceleración de las actividades chinas relacionadas con la Nueva Ruta de la Seda (*).
Las cifras publicadas recientemente revelan un nivel de compromiso sin precedentes, tanto en términos de número de acuerdos firmados como de fondos movilizados. África se perfila ahora como uno de los principales ejes de esa nueva dinámica.
Hasta el año pasado China había firmado unos 350 acuerdos en el marco de la Nueva Ruta de la Seda, por un total de más de 210.000 millones de dólares. Esto representa un récord anual desde su inicio. Este crecimiento va acompañado de un cambio significativo en la naturaleza de los proyectos apoyados, con un enfoque en los sectores productivos.
El sector energético desempeña un papel fundamental en esta nueva fase. La financiación ha apoyado proyectos solares, eólicos e hidroeléctricos, así como infraestructuras de petróleo y gas. Estas inversiones abordan las crecientes necesidades energéticas de varios países africanos, a la vez que fortalecen la presencia de empresas chinas en mercados estratégicos.
El sector minero se encuentra entre los principales beneficiarios. Los compromisos han alcanzado niveles sin precedentes en la explotación y el procesamiento de minerales estratégicos, esenciales para las industrias tecnológicas y las redes eléctricas. África, rica en recursos naturales, representa una parte significativa de esos proyectos, con varios países a la cabeza en contratos de construcción e inversión relacionados con la Nueva Ruta de la Seda.
La exportación de capitales chinos hacia África experimentó un marcado aumento el año pasado, muy por encima del observado en años anteriores. Esta tendencia confirma una clara reorientación hacia el continente, considerado ahora un área prioritaria para proyectos energéticos, mineros e industriales.
Ante el cierre de algunos mercados, China se centra en alianzas económicas concretas, basadas en acuerdos de infraestructura y producción. La Nueva Ruta de la Seda se presenta así como un instrumento central para consolidar relaciones económicas sostenibles, en particular con los países africanos que buscan financiación para apoyar su desarrollo industrial y energético.
El año pasado ha destacado tanto por la magnitud de los fondos comprometidos como por la coherencia de las decisiones sectoriales adoptadas. Los acuerdos firmados reflejan la voluntad de priorizar proyectos directamente vinculados a la producción, los recursos y las cadenas de valor, en lugar de refinanciar deudas y descubiertos.
(*) https://greenfdc.org/china-belt-and-road-initiative-bri-investment-report-2025/