El año pasado solo salieron de las cadenas de montaje británicas 764.000 vehículos. La producción automovilística cayó un 15,5 por cien con respecto al año anterior, alcanzando su nivel más bajo desde 1952, excluyendo los periodos de confinamiento durante la pandemia.

Las causas son dos. La primera, los aranceles impuestos por Estados Unidos. Si bien finalmente se redujeron al 10 por cien (del 27,5 por cien inicial), el acuerdo alcanzado entre Washington y Londres solo se aplica a 100.000 vehículos al año.

El segundo factor que lastró al sector fue el ciberataque que sufrió Jaguar Land Rover en septiembre. Detuvo temporalmente la producción e interrumpió gravemente las ventas del fabricante. Alcanzó tales proporciones que la Oficina Nacional de Estadística, le atribuye una contracción del 0,1 por cien del PIB en septiembre, en comparación con agosto.

Pero el gobierno y la patronal no pierden la esperanza. Las perspectivas para este año son de recuperación, con un aumento previsto de la producción de más del 10 por cien hasta alcanzar las 790.000 unidades. El objetivo es producir un millón de unidades para 2027 y alcanzar, para 2035, la propuesta del Partido Laborista: producir no menos de 1,3 millones de vehículos.

Ese objetivo requiere fortalecer la base industrial británica. Para alcanzar 1,3 millones de uniades, se necesita una nueva fábrica y para ello Reino Unido tiene que atraer más inversión extranjera.

El mensaje iba dirigido al primer ministro Keir Starmer, quien llegó a China el miércoles para una visita de tres días. En la delegación que lo acompaña, se encuentran representantes de fabricantes de automóviles, como Jaguar Land Rover y McLaren.

Por lo demás, las fábricas que produjeron vehículos el año pasado no son británicas, sino el gigante japonés Nissan y Jaguar Land Rover, propiedad de la india Tata Motors.