La guerra fortalece la influencia de Rusia en los mercados energéticos mundiales

La fragilidad energética de Europa se explica en gran medida por dependencias estratégicas estructurales que se han acumulado durante décadas, según un estudio de la Asociación de Estudios de Política Transeuropea (*).

La Unión Europea y los gobiernos que forman parte de ella son cada vez más débiles en los escenarios internacionales, donde la coerción es el instrumento más importante de la diplomacia y las negociaciones. Si no tienes fuerza, no tienes derechos.

Los caciques europeos no suelen ocultar la impotencia que supone enfrentarse a socios poderosos, no sólo a Estados Unidos sino también a los principales exportadores de energía.

En cualquier negociación, como en cualquier mercado, el mejor argumento es el de jugar con dos barajas. Antes Europa tenía a Rusia y los países del Golfo para asegurar el suministro de hidrocarburos y ahora no tiene a ninguno. Tendrá que lidiar con lo que le entreguen y al precio que le impongan.

La Comisión Europea está preparando una prohibición total de las importaciones de energía rusa después de las elecciones húngaras previstas para el mes de abril. Por el contrario, desde el comienzo de la guerra de Ucrania el crudo ruso se está vendiendo a los países asiáticos con grandes descuentos, especialmente China e India.

Es una aberración: Europa padece los estragos de las subidas de los precios de los hidrocarburos y, al mismo tiempo, sigue limitando el precio del petróleo ruso. Bruselas ha arruinado un gran negocio. Ahora son muchos los países que compiten por hacerse con un petróleo ruso a precios de saldo.

Pero el problema más grave de Europa no es sólo el precio de los carburantes, sino asegurar su suministro. En varios países de la Unión Europea las reservas se acercan al umbral crítico del 25 por cien. El colchón energético europeo es muy escaso. No es que les resulta caro, sino que se pueden quedar sin nada.

La situación es particularmente grave en Reino Unido. Actualmente el país sólo tiene unos pocos días de reservas de gas. Alrededor de una quinta parte de las importaciones de gas de Reino Unido llegan como gas natural licuado desde Qatar. Por lo tanto, cualquier interrupción de los flujos desde el Golfo tiene un impacto inmediato en las facturas de energía de los hogares británicos. Algunos estiman que la crisis actual podría añadir varios cientos de libras al año a los costes energéticos de los consumidores.

Alemania, Bélgica e Italia han celebrado consultas de emergencia antes del próximo Consejo Europeo, donde la seguridad energética domine los debates.

Moscú está delineando un nuevo futuro energético

El martes Putin convocó una reunión para discutir la situación en los mercados mundiales de petróleo y gas. En la reunión, advirtió que la inestabilidad en Oriente Medio podría alterar las cadenas de suministro mundiales, alimentar la inflación y desestabilizar la producción industrial a escala mundial.

También insistió en que Rusia sigue siendo un proveedor de energía fiable y sugirió que las exportaciones podrían reorientarse cada vez más hacia “socios estables y a largo plazo”.

El mensaje es claro: Moscú no esperará pasivamente el embargo europeo sobre los hidrocarburos rusos, que se espera que se fortalezca en los próximos años. Por el contrario, el Kremlin va a acelerar el giro estratégico que ya ha puesto en marcha. Las exportaciones rusas de gas se están desplazando gradualmente hacia oriente, en particular gracias a infraestructuras como el gasoducto Power of Siberia, que suministra gas a China. Se espera que otros proyectos en construcción amplíen significativamente esta red durante la próxima década.

Al mismo tiempo, Putin no dio un portazo. Afirmó que están dispuestos a abastecer a los compradores europeos… siempre que el suministro se garantice con contratos a largo plazo.

Ahora la pelota está en el tejado de Bruselas. Si mantiene su régimen de sanciones, corre el riesgo de enfrentarse a la sequía con un poder de negociación muy limitado. Pero siempre puede dar marcha atrás y reabrir el grifo a las importaciones de energía rusa. Sólo tiene que tragarse su orgullo.

Estados Unidos ya se lo ha tragado, levantando las sanciones contra el petróleo ruso en un intento desesperado por evitar que el precio de los hidrocarburos siga subiendo.

(*) https://tepsa.eu/wp-content/uploads/2026/03/Experts-Debrief-strategic-autonomy.pdf

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