La Fuerza Aérea de Estados Unidos despliega un tercio de sus bombarderos en Diego García

En otras entradas ya hemos hablado del archipiélago de Chagos, una vieja joya del Imperio Británico, que ocupa una posición estratégica en el Océano Índico, ofreciendo una ubicación extraordinaria de proyección de fuerza hacia Asia, Oriente Medio y África oriental. De ahí la importancia de la base de Diego García, objeto de un cambalache entre Londres y Washington en los años sesenta.

Por fin, en octubre del año pasado el gobierno de Londres terminó por reconocer la soberanía de Mauricio sobre las islas Chagos, aunque los británicos se quedaron algo en los bolsillos, como acostumbra: sus derechos sobre la base de Diego García, lo que le permitirá explotarla, durante un período de noventa y nueve años, junto con Estados Unidos.

Ahora mismo Diego García está en plena ebullición. En los últimos días, la isla ha sido escenario de un movimiento inusual de bombarderos estratégicos B-2 Spirit de la Fuerza Aérea de Estados Unidos. Podría ser el punto de partida de una nueva operación militar estadounidense contra Irán.

En octubre la Fuerza Aérea de Estados Unidos ya utilizó bombarderos B-2 Spirit contra cinco silos de misiles de Ansarollah almacenados bajo tierra a gran profundidad. Los arsenales guardaban una brigada de misiles Scud soviéticos de los años ochenta y otros norcoreanos Hwasong-5/6 de los años 2000.

Aquellos ataques se llevaron a cabo con bombas penetrantes GBU-57, demasiado pesadas para la mayoría de los otros bombarderos.

Según las comunicaciones con el control aéreo de los países sobrevolados, el lunes cuatro B-2 Spirit (indicativo de llamada PITCH 11, 12, 13 y 14) se dirigían hacia Diego García. Uno de ellos (PITCH 13) fue desviado a la base de Pearl Harbor-Hickam, después de haber informado de una emergencia en vuelo.

La víspera, cuatro aviones de avituallamiento KC-135 Stratotanker (BUZZ 31, 32, 33 y 34), se posicionaron en las bases aéreas de Andersen (Guam) y Amberley (Australia) con vistas al vuelo de los B-2. Al mismo tiempo, siete aviones de transporte C-17A Globemaster III, que despegaron de Ramstein (Alemania), Al Udeid (Qatar) y Whiteman (que alberga los veinte B-2 que posee la Fuerza Aérea de Estados Unidos), se viajaron a Diego García.

Más tarde, al menos otros dos bombarderos furtivos (indicativos ABBA 11 y 12) salieron de la costa oeste de Estados Unidos, con destino a Diego García, pasando por Australia. Según la imagen satelital, tres B-2 Spirit se encontraban en la pista de la base de Diego García, el 25 de marzo. Dado que cuenta con cuatro hangares que pueden albergar cada uno un bombardero de este tipo, es posible que la Fuerza Aérea haya desplegado un total de siete aparatos en medio del Océano Índico, es decir, aproximadamente un tercio de su flota.

A menudo el despliegue de bombarderos estratégicos es una demostración de fuerza y de advertencia. En 2022 el envío de cuatro B-2 Spirit a Australia tenía como objetivo apoyar la Iniciativa de Cooperación Reforzada prevista por el acuerdo militar entre Washington y Canberra y reforzar la interoperabilidad con la RAAF (Royal Australian Air Force). Pero sobre todo era una amenaza dirigido contra China.

Lo mismo ocurrió en enero de 2020, cuando seis B-52H Stratofortress fueron desplegados en Diego García después del asesinato del general iraní Qassem Soleimani en Bagdad.

El segundo grupo aeronaval estadounidense en el Mar Rojo

Como ya anunciamos hace unos días, un segundo grupo aeronaval estadounidense se va a desplegar en el Mar Rojo. Se trata del portaaviones USS Carl Vinson, dotados de cazabombarderos F-35C, que coincide con la llegada de los B-2 Spirit a Diego García y las amenazas de Trump contra los huthíes.

Las posiciones huthíes ya han sido atacadas por bombarderos B-2 en octubre del año pasado. Fue una “demostración única de la capacidad de los Estados Unidos para apuntar a instalaciones que nuestros adversarios intentan mantener fuera de alcance, independientemente de su profundidad de enterramiento, refuerzo o solidez”, comentó Lloyd Austin, entonces jefe del Pentágono.

Pero lo que Estados Unidos tiene en el punto de mira es Irán y el pretexto es el acuerdo nuclear que el propio Trump rompió durante su anterior mandato en la Casa Blanca. Hace unas semanas Trump envió una carta a Alí Jamenei en la que le concedió un ultimátum de dos meses para llegar a un nuevo acuerdo nuclear, si no quería exponerse a represalias militares.

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