El gobierno de Islamabad ha anunciado el comienzo de la Operación Muhafiz Ul Bahr (“Protector de los Mares”) para contrarrestar las amenazas contra el transporte marítimo y el comercio nacional. La iniciativa busca garantizar la continuidad del suministro energético del país y la seguridad de las rutas de comunicación marítima (*).
Pakistán importa la mayor parte de su gas natural de Qatar y su petróleo crudo de Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, cuyas exportaciones se han visto interrumpidas desde el inicio de la guerra. Sin embargo, es difícil saber si el despliegue de buques de escolta será suficiente para reanudar el suministro de petróleo. Pakistán tiene reservas de crudo para menos de dos semanas y el gas licuado se acabará a finales de este mes de marzo.
Es el último conejo que los imperialistas han sacado de su chistera: encargar la escolta de los buques que cruzan el Estrecho de Ormuz a la Armada pakistaní, en el marco de una misión “multilateral”, que reconoce la incapacidad de los países occidentales para lograrlo, como ya comprobaron en el Mar Rojo. Habría que saber las recompensas que le han prometido a Islamabad por meter la mano en ese avispero, que serán muchas y muy sustanciosas.
También a Irán le han puesto en atolladero. Es difícil predecir la postura de la Guardia Revolucionaria ante los buques pakistaníes. En Teherán consideran a Pakistán un país amigo, dada su reticencia a entrar en guerra junto a Arabia Saudí, de conformidad con el pacto de defensa mutua de septiembre. Sin embargo, Pakistán también es un importante aliado de Estados Unidos.
Hasta ahora Pakistán ha jugado bien sus cartas. El presidente Asif Ali Zardari calificó de “mártir” al ayatolah Ali Jamenei, y el primer ministro Shehbaz Sharif felicitó a su hijo, el nuevo máximo dirigente Mojtaba Jamenei. Sin embargo, estas declaraciones buscaban apaciguar a los chiítas pakistaníes, más que satisfacer a Irán.
En 2024 Irán bombardeó en Pakistán a los grupos baluchis, calificados como “organizaciones terroristas” por Teherán, lo que provocó un ataque de represalia pakistaní contra otra organización baluchi también catalogada como “terrorista” por Islamabad. No obstante, desde entonces Irán y Pakistán se han reconciliado.
(*) https://www.nytimes.com/2026/03/10/world/middleeast/pakistan-gulf-conflict-oil-economy.html