Desde su regreso a la Casa Blanca el año pasado, Trump ha adecuado la estrategia militar de Estados Unidos a la crisis económica. Intervención exterior, comercio, inmigración, defensa… están reajustando varios ámbitos se han bajo el mismo principio rector, centrado en la protección de sus propios intereses y la reducción de aquellos compromisos que son imposibles de seguir pagando.
La defensa no es una excepción a esta reorientación, como lo demuestra la nueva política de defensa nacional presentada por el Pentágono, que redefine el papel de Washington en relación con sus antiguos aliados (*).
La capacidad de Estados Unidos para responder a múltiples crisis depende de una reorientación de sus recursos, especialmente ante los desafíos internos y el cambio en la correlación de fuerzas internacionales. Estados Unidos ya no puede asumir por sí solo el papel de garante de la seguridad de gran parte del mundo. No es por falta de interés; es por falta de fondos.
Uno de los mensajes dirigidos a los antiguos socios es evidente: cada uno debe desempeñar un papel más importante en su propia defensa. Por ello, el Pentágono les insta a reforzar sus presupuestos militares y sus fuerzas operativas.
Este cambio se aplica tanto a las alianzas históricas como a las más recientes. Estados Unidos mantiene sus compromisos de cooperación militar, pero supedita su apoyo en mayor medida a la participación activa de sus antiguos socios. El objetivo declarado es reequilibrar la carga, evitando la dispersión de sus fuerzas.
En la práctica, eso se traduce en una revisión de ciertos programas de ayuda, una reubicación de las bases militares, una reducción de recursos y una adaptación de los ejercicios militares conjuntos.
Autarquía o sálvese quien pueda
En el ámbito económico, la prioridad otorgada a la producción nacional y a las industrias estratégicas refleja el mismo plan de adaptación a la crisis. En cuanto a la emigración, unos controles más estrictos se presentan como un imperativo de seguridad. En el ámbito internacional, la preferencia por los acuerdos bilaterales refleja el deseo de estirar pero sin romper.
En la industria de guerra, el Pentágono insiste en la necesidad de preservar la capacidad del ejército para responder rápidamente a amenazas internas o directas, sin verse desbordados por múltiples intervenciones en el extranjero.
Trump y sus allegados abogan por unas alianzas apoyadas en los intereses inmediatos de Estados Unidos, en lugar de los compromisos, que consideran reliquias de otra época. Algunos países podrían verse obligados a revisar sus prioridades presupuestarias o estrategias de defensa para suplir una presencia estadounidense que se va a ir reduciendo progresivamente.
(*) https://apnews.com/article/08fdbe1f8e3f557d688f289fbf4a2c84