La crisis bancaria explica el apoyo de la Unión Europea a los yihadistas en Siria

La Unión Europea es el epicentro de la crisis capitalista, donde sus consecuencias se muestran de una manera más evidente. Simplemente el Viejo Continente ya no es lo que era. En particular, la crisis sacude a sus bancos más emblemáticos, como el Monte Paschi italiano, el más antiguo, y el Deutche Bank alemán, el más grande.

El Banco Central europeo ya no puede poner más dinero para rescatar un sistema financiero en bancarrota y en Bruselas han llamdo a las puertas de Qatar o, mejor dicho, del fondo soberano Qatar Investment Authority, que es lo mismo. Para poner el dinero encima de la mesa, los jeques han exigido contrapartidas que no son monetarias: exigen que la diplomacia de la Unión Europea se ponga al servicio del yihadismo en Oriente Medio, y de ahí el empeño de los dirigentes europeos contra el gobierno de Bashar Al-Assad.

El fondo soberano qatarí ya tiene importantes inversiones en empresas europeas decrépitas, especialmente en Francia, como EADS, Total, Volkswagen o el London Stock Exchange. Los mismos que financian al Califato Islámico financian a la Unión Europea.

El viernes el Monte Paschi anunció que el canje de 4.300 millones de euros en deuda por acciones le había permitido recuperar mil millones de euros, pero el banco busca otros 5.000 millones más de dinero fresco y no los va a conseguir. El fondo qatarí se había comprometido a poner mil millones en la caja del banco toscano, pero los condicionó al resultado del referéndum constitucional de ayer, que ha supuesto un revés para Matteo Renzi. Este fracaso va a sumergir a Italia en una larga crisis política, el panorama menos propicio para que nadie salga en su ayuda. En Italia sólo cabe esperar que el efecto dominó se lleve por delante todo el sistema financiero.

Lo mismo cabe decir de la bancarrota del Deutsche Bank, según informó el viernes el Wall Street Journal, agobiado por las sanciones del Ministerio de Justicia de Washington. Desde 2014 los accionistas más importantes de banco alemán están vinculados a la familia real qatarí y están dispuestos a acudir a una ampliación de capital para engordar el 10 por ciento que han llegado a controlar desde julio de este año.

La asfixia del capital financiero europeo es lo que explica que la diplomacia de Bruselas se esté subastando al mejor postor, no importando que los beneficiarios sean los sátrapas del Golfo Pérsico, cuyos manejos cuidan de mantener entre bastidores todos y cada de los medios de comunicación. En plena ola de islamofobia Europa se llena de furibundos inversores islamistas. Pero de eso nadie dice nada.

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