La CIA y el Mosad han fracasado en sus intentos de derrocar al gobierno iraní

A cada paso los medios de intoxicación se afanan por exaltar los éxitos, tanto la CIA como del Mosad, sobre todo después de la decapitación de los dirigentes iraníes, a los que hay que añadir los de Hezbollah en 2024.

Sin embargo, en un reciente artículo dos antiguos espías, Marc Polymeropoulos y Jeremy Hurewitz, presentan una imagen completamente diferente (*). En la Guerra de Oriente Medio ambas centrales de inteligencia han subestimado la capacidades de resistencia de Irán.

El gobierno iraní no se ha derrumbado y la dirección político-militar mantiene el control. La crisis energética provocada por las perturbaciones en el Estrecho de Ormuz fortalece la posición estratégica de Irán al impactar en la economía mundial, dicen los autores.

La cuestión nuclear también permanece sin resolver. El uranio enriquecido, almacenado bajo tierra, podría recuperarse, lo que potencialmente allanaría el camino para un relanzamiento acelerado del programa nuclear.

En este contexto, una intervención directa de las fuerzas estadounidenses conlleva altos riesgos, explican. Las pérdidas humanas serían significativas y la decisión política de emprender tal operación es cada vez más improbable.

Sin embargo, las comunicaciones oficiales del Pentágono mantienen un optimismo constante, afirmando que se han cumplido los objetivos militares. Esta interpretación no se sostiene. Los autores creen que Irán se puede considerar en una posición de fortaleza a largo plazo. Las repetidas amenazas de Trump contra la infraestructura civil iraní van a reforzar el sentimiento antiestadounidense sin debilitar al país.

Esta brecha entre la percepción y la realidad pone en duda la calidad de la inteligencia, que se ha mostrado incapaz de anticipar la estrategia de Irán. Los ataques coordinados en la región y el cierre del Estrecho de Ormuz deberían haberse previsto, argumentan los autores.

El análisis apunta a un posible exceso de optimismo por parte de la inteligencia israelí, que llevó a la expectativa de un rápido levantamiento contra el gobierno iraní, un escenario que finalmente no se materializó. Este error de cálculo subraya la dificultad de traducir las operaciones militares en un cambio duradero de régimen en Teherán.

Si bien los servicios de inteligencia estadounidenses e israelíes destacan por su capacidad para asesinar y decapitar, su habilidad para comprender a fondo la estrategia del adversario es más limitada, concluye el artículo.

(*) https://www.justsecurity.org/135659/how-good-our-intelligence-iran/

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