La apuesta china por los nuevos equipamientos tecnológicos

Mientras algunos ponen el foco en la inteligencia artificial, China acaba de lanzar tres fondos de capital riesgo regionales y uno central para invertir en los nuevos equipos tecnológicos. Cada fondo captará más de 50.000 millones de yuanes (más de 7.000 millones de dólares), mientras que el fondo central (National Startup Investment Guidance Fund o Fondo de Inversión Guía para Empresas Emergentes) contará con 100.000 millones.

Los principales sectores de inversión son semiconductores, tecnologías cuánticas, bioeconomía, interfases cerebro-máquina, aeroespacial, drones y vehículos aéreos eléctricos, 6G, nuevas energías y otras áreas estratégicas.

El fondo central invertirá durante una primera fase de 10 años, para luego desinvertir durante otros 10. Su objetivo es apoyar a pequeñas empresas emergentes con necesidades de hasta 500 millones de yuanes.

Los tres fondos regionales se orientan hacia los clústeres industriales clave: Pekín-Tianjín-Hebei, el delta del Yangtsé y la Gran Bahía de Guangdong-Hong Kong-Macao.

En esencia, China está ensamblando la réplica de capital riesgo del Silicon Valley estadounidense. Estados Unidos contó con condiciones históricas únicas: fue el surgimiento de un auténtico mercado de capital riesgo lo que engendró ese Silicon Valley. Construir otro igual es imposible; ni siquiera China podría copiarlo. Tampoco la Unión Europea, ni Israel; nadie podría. Todo el sistema está configurado para que, mientras el dólar sea fuerte, solo Estados Unidos, con su formato de mercado, absorba como una aspiradora proyectos y tecnologías.

La manera de contrarrestarles o de impedir que se aprovechen científicamente de los demás es crear un sistema de financiación pública de capital riesgo. Es lo que está haciendo China. Así cultivó primero los programas informáticos: plataformas digitales, gigantes de la industria del videojuego, etc.

Ahora a China le queda completar el último eslabón de su circuito tecnológico.

Poco antes, China lanzó una nueva ronda de apoyo a su industria de semiconductores. Inyectó para ello entre 200.000 y 500.000 millones de yuanes (hasta 70.000 millones de dólares), más incentivos fiscales y avales públicos. No se trata solo de “imprimir”. Equivale al ámbito del programa estadounidense Chips Act. China hará todo lo posible por reducir su dependencia de empresas como Nvidia.

La semana pasada se supo que, en algún laboratorio secreto de China, unos científicos han construido un prototipo operativo de litógrafo de ultravioleta extremo (UVE), una máquina que puede fabricar los chips más avanzados para inteligencia artificial, móviles y armamento. Es el campo en el que ahora domina Nvidia, la empresa con una capitalización cercana a los 5 billones de dólares.

Jensen Huang, director de Nvidia (el mismo a quien el Financial Times nombró persona del año), puso inmediatamente el grito en el cielo, escribiendo que en un año y medio China empezará a arrebatarles también este mercado.

Aquí se podría poner punto final. Pero hay un par de detalles importantes. ¿Cómo lo han logrado los chinos? La agencia Reuters asegura que la máquina la ensambló un equipo de ingenieros de la neerlandesa ASML, la única empresa del mundo que domina esta tecnología. Los ingenieros trabajaron bajo nombres falsos y se dedicaron a la ingeniería inversa del equipo de su antigua empresa. En resumen, construyeron uno nuevo siguiendo el modelo. Compraron componentes de viejos litógrafos de ASML en el mercado secundario, incluso en las subastas de Alibaba.

En el fondo, no importa quién exactamente ni cómo. Lo que importa es que este es otro mercado donde China va a cambiar de nuevo las reglas del juego. De este modo, en los últimos 10 años, China ha frustrado los planes del gran capital occidental para acaparar fondos en sectores como la “energía verde”, los vehículos eléctricos y las baterías, los drones, el mercado de criptomonedas, la robótica industrial y doméstica, la inteligencia artificial y los modelos de lenguaje ampliados.

Solo quedaban la microelectrónica y la bioeconomía. Ahora la pregunta es: ¿qué debe hacer una potencia hegémonica cuando le arrebatan su última ventaja tecnológica y se crean las condiciones financieras para que le superen? 2026 será un año decisivo en las relaciones entre Estados Unidos y China. Tipos como Musk, Thiel y Huang lo entendieron hace tiempo.

Alex Bobrovsky https://t.me/alexbobrowski/1091

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