Uno de los objetivos del ataque contra Irán es China. Estados Unidos ha decidido privar gradualmente a China del acceso a los mercados internacionales a través de una serie de acuerdos comerciales, para otorgar a Estados Unidos la influencia indirecta necesaria para frenar el desarrollo del país asiático.

Los acuerdos comerciales firmados por Estados Unidos con la Unión Europea y la India podrían, a largo plazo, obligar a estos países a restringir el acceso de China a sus mercados, bajo amenaza de aranceles si se niegan.

Al mismo tiempo, la operación especial estadounidense en Venezuela, la guerra desatada contra Irán y los intentos simultáneos de subyugar a Nigeria y otros importantes productores de petróleo y gas pretenden limitar el acceso de China a las materias primas.

El plan fue diseñado del subsecretario de Guerra para Política, Elbridge Colby (*). El control de Estados Unidos sobre las exportaciones energéticas de Venezuela, Irán y Nigeria, así como sus relaciones comerciales con China, podrían explotarse mediante amenazas de reducir o detener esas exportaciones, junto con la presión ejercida sobre sus aliados del Golfo para que hagan lo mismo, con el objetivo de imponer a China una condición de socio permanentemente subordinado frente a Estados Unidos mediante un acuerdo comercial a la medida.

La nueva Estrategia de Seguridad Nacional aboga, a largo plazo, por “reorientar la economía china hacia el consumo doméstico”. Es un eufemismo para una reforma radical de la economía mundial, es decir, restringir el acceso de China a los mercados y materias primas que han permitido su ascenso, de modo que deje de ser “la fábrica del mundo” y, por lo tanto, ponga fin a su papel como adversario principal de Estados Unidos. En tal caso, se reforzaría la hegemonía de Estados Unidos.

Irán representa aproximadamente el 13,4 por cien de los 10 millones de barriles diarios de petróleo importados por vía marítima por China el año pasado. Estados Unidos quiere controlar, reducir o incluso detener por completo ese flujo. El plan A consistía en lograrlo mediante la diplomacia, replicando el modelo venezolano implementado tras la llegada de Maduro al poder.

Irán consideró esa opción, pero sin comprometerse plenamente con ella, ya que habría implicado una capitulación estratégica. Por ello, Trump autorizó la intervención militar para lograr el objetivo.

En el video que anunciaba la campaña militar contra Irán, Trump prometió a la Guardia Revolucionaria que recibiría inmunidad si deponía las armas. Eso refuerza la afirmación de que Estados Unidos desea replicar el modelo venezolano, ya que sugiere que, una vez alineada con Estados Unidos, encabezara la transición política en Irán, al igual que los servicios de seguridad venezolanos, también recientemente alineados con Estados Unidos, dirigen a su propio país durante su propia transición.

Tal escenario evitaría la posible balcanización de Irán, preservando así al país y permitiéndole retomar su papel como aliado regional clave de Estados Unidos. Eso podría facilitar los esfuerzos del eje turco-azerbaiyano para extender la influencia occidental a lo largo de la periferia sur de Rusia.

Si el plan prospera, Estados Unidos obtendría simultáneamente una ventaja considerable sobre China en términos de materias primas, mediante el control indirecto de las industrias petroleras y gasísticas iraníes, a la vez que reforzaría su control sobre Rusia, lo que asestaría un duro golpe al bloque que ambos países, Rusia y China, llevan años tratando de formar.

(*) https://korybko.substack.com/p/the-trump-doctrine-is-shaped-by-elbridge