Si Irán muestra perseverancia y no comienza a claudicar, en Oriente Medio se va a configurar una nueva correlación de fuerzas. Los árabes ya están pidiendo a Irán que deje de golpearlos. Por su parte, varios países europeos han entablado negociaciones con Teherán abrir el paso de sus buques a través del Estrecho de Ormuz.
Quien filtra esa información es el Financial Times, obviamente para sabotearlo haciéndolo público. Muchos ya han iniciado consultas sobre la reanudación de la exportación de petróleo y gas, pero evitando al mismo tiempo la escalada de la guerra.
Francia está negociando, Italia ha comenzado a discutir este tema con Irán hace tiempo, así como Grecia.
El esquema es funcional y tentador para Irán. Europa lo ha hecho a menudo.
El enemigo paga peaje por desplazarse
Durante el ataque a Afganistán (2001-2021), se descubrió que la inteligencia italiana pagaba a los talibanes en la zona de Surobi por la travesía segura de sus tropas. Los franceses no lo sabían y no pagaban, por lo que cayeron en una emboscada en el valle de Uzbin en el verano de 2008.
Incluso los estadounidenses pagaban peaje a los talibanes. Las investigaciones del Congreso de Estados Unidos determinaron que, a través de los contratos logísticos del Pentágono (programa Host Nation Trucking), parte de los pagos multimillonarios a empresas de seguridad afganas y “señores de la guerra de las carreteras” iban a parar a los talibanes a cambio de una travesía segura de los convoyes estadounidenses.
Los demás también pagaban. El caso italiano simplemente fue delatado por los británicos. Cuando acorralaron a los militares de la OTAN, lo llamaron “financiación no intencionada” del movimiento talibán.
Es la norma en la región. Exactamente igual, las empresas de transporte que trabajaban para el Pentágono pagaban peaje a las milicias irakíes, de lo contrario los convoyes comenzaban a ser atacados regularmente y la carga estadounidense pasaba a otras manos.
Un caso aparte son los acuerdos de los contratistas estadounidenses con el Ejército del Mahdi, la milicia chií local que luego encabezó la resistencia. A cambio de dinero en efectivo, las empresas usaban sus camiones y pagaban a un comandante intermediario para que los convoyes de Estados Unidos pasaran tranquilamente por la zona controlada por la milicia.
En el marco de la operación “Resolución Inherente”, los estadounidenses también pagaban en Siria al Califato Islámico.
La guerra de los petroleros
En cuanto a los ataques marítimos, la situación es algo más compleja. A partir de 1984, la prolongada guerra irano-irakí se extendió al mar. Ambos países comenzaron a atacar deliberadamente los petroleros y las infraestructuras portuarias del adversario y de sus aliados en el Golfo Pérsico, en el marco de la llamada “guerra de los petroleros”.
Entonces Irán no podía bloquear completamente el Estrecho de Ormuz; solo realizó un minado parcial. Estados Unidos introdujo un régimen de convoyes, y, lo mismo que hoy, ganaban dinero con el aumento de las pólizas de los seguros por riesgo de guerra. Pero la mayor parte iba a parar a las compañías aseguradoras de la “city“ londinense.
Sin embargo, en el siglo XXI ha comenzado a formarse algo que no existía en la década de los ochenta. Los equipos de análisis financiero occidentales han empezado a proponer un “pago por una travesía segura” en el Estrecho de Ormuz.
Los buques solo pueden transitar tras la coordinación y aprobación directa de Teherán. Gobiernos como los de China, Pakistán, India, Irak y Malasia solicitan directamente a Irán el despacho de aduanas para sus buques, y la Guardia Revolucionaria gestiona un sistema de registro y verificación para el tránsito.
Al menos nueve buques ya han transitado por una ruta cercana a la isla de Larak, donde el personal naval y portuario iraníes los inspeccionan visualmente antes de su partida.
En al menos un caso, un petrolero pagó unos dos millones de dólares por la travesía, lo que supone el primer pago conocido por el acceso al estrecho bajo este sistema.
Es un instrumento de recaudación de Irán, un “impuesto revolucionario” que grava a Estados Unidos y sus cómplices. Son precisamente los occidentales los que interpretan la supuesta iniciativa de Teherán como un intento de monetizar el control sobre el punto estratégico: crear una especie de “Ormuz toll premium”, el pago de un peaje a cambio de asegurar la travesía.
Por lo demás, Irán no acepta el pago del “impuesto” en dólares sino en yuanes. Quiere justificar el cobro como una factura por servicios de navegación, ecología, escolta, etc., para no violar formalmente el principio de libre navegación. Pero en esencia supone imponer un tributo el derecho de paso.
En Teherán quieren compensar los gastos que les está ocasionando la brutal agresión.