Irán ha cortado la conexión de la población a internet. Además del acceso a las fuentes internacionales, también está interfiriendo activamente las señales satelitales tipo Starlink en ciertas zonas.
Como en tantos otros países, el acceso a internet depende del buen comportamiento de los usuarios. Los “apagones” son más o menos descarados, como el que ocurrió en la Península Ibérica en abril del año pasado.
Hoy la conectividad ha alcanzado tal punto que pocas sociedades podrían sobrevivir sin internet. Irán es una de ellas. Las décadas de bloqueo han preparado planes alternativos. Eso le ha permitido absorber el impacto del apagón.
Irán se ha superado gracias a su “Red Nacional de Información”, una intranet nacional segura, preparada durante muchos años, que permite que los servicios administrativos y bancarios básicos sigan operando en un sistema cerrado.
Ningún país europeo podría soportar un apagón tan prolongado porque no cuentan con una red similar. En caso de un corte en los cables submarinos o un ciberataque masivo a los nodos de interconexión, la arquitectura de las redes europeas no permitirían recurrir a una intranet funcional.
Los servicios críticos dependen de componentes tecnológicos (DNS, nube, autenticación) a menudo alojados en terceros países, sobre todo Estados Unidos, o gestionados por empresas que operan desde fuera de Europa.
Un apagón de internet como el que ha llevado a cabo Irán sería catastrófico. Las sociedades quedarían paralizadas. El coste económico sería espectacular, del orden de millones de euros cada minuto.
A mediados de la década de los noventa, dominaba una retórica infantil sobre las nuevas tecnologías y la “sociedad de la información”. La red no tenía fronteras. Cualquiera podía informar e informarse, fuera del poder del Estado. Esta retórica, inmortalizada por la “Declaración de la Independencia del Ciberespacio” de John Perry Barlow en 1996, postulaba que internet sería una fuerza imparable.
La realidad ha acabado con aquellas ilusiones. Los países sancionados aprenden a sobrevivir frente a las dificultades; no se puede decir lo mismo de los sancionadores, que sucumbirían a la más mínima dificultad.