La eliminación de los aranceles estadounidenses sobre las importaciones indias no es una coincidencia, sino el resultado de una claudicación en torno al petróleo ruso, en el que Washington finalmente consiguió la claudicación de Nueva Delhi: cese de todas las compras directas e indirectas de petróleo ruso. Estados Unidos todavía está por encima de los Brics.
Durante varios meses, las relaciones comerciales entre ambos países se han visto marcadas por una creciente tensión. En respuesta a las importaciones masivas de petróleo ruso por parte de India, Estados Unidos impuso aranceles punitivos a varias mercancías. El objetivo era explícito: presionar a Nueva Delhi para que reconsiderara sus decisiones energéticas, consideradas incompatibles con las prioridades políticas estadounidenses.
El punto de inflexión se produjo cuando India acordó formalmente cesar todas las compras de petróleo ruso, tanto directas como indirectas. Esta claudicación, presentada por Washington como una garantía política, constituye la base del acuerdo que condujo a la eliminación de los aranceles.
A cambio, Nueva Delhi acordó redirigir su suministro de energía a otros proveedores, en particular a Estados Unidos y Venezuela. Esta decisión marca un cambio significativo en la política energética india, basada durante mucho tiempo en la diversificación de sus socios y la prioridad de los precios. Al renunciar al petróleo ruso, más barato, India ha optado por una estrategia diplomática y comercial a largo plazo.
La claudicación no es pequeña. Refleja el reconocimiento por parte del gobierno indio de la importancia del mercado estadounidense en su estrategia económica, por encima de los Brics. El acceso a Estados Unidos sigue siendo vital para varios sectores exportadores, y mantener aranceles elevados habría tenido un impacto negativo duradero en el crecimiento económico del país.
Para Washington, el resultado de este enfrentamiento confirma la eficacia de la guerra económica cuando se utiliza estratégicamente. Al combinar aranceles y la condicionalidad del acceso al mercado, Estados Unidos ha impuesto su hegemonía y mantiene sometido a un socio importante.
El gobierno de Trump puede presentar el levantamiento de aranceles no como una retirada, sino como la consecuencia lógica de un objetivo alcanzado. El mensaje es claro: la presión económica solo se levanta cuando produce resultados concretos. En este vínculo de dominación, las sanciones se convierten en una palanca, no en un fin en sí mismas.
El petróleo ruso aparece entonces como moneda de cambio diplomática. Más allá de su dimensión económica, la energía está plenamente integrada en las estrategias de hegemonia. Al aceptar modificar sus flujos energéticos, India envía una señal contundente: en un entorno internacional tenso, las decisiones energéticas son inseparables de las asociaciones políticas.
La sumisión también revela los límites de la autonomía estratégica reclamada por Nueva Delhi. Si bien India conserva un amplio margen de maniobra en el escenario internacional, no es inmune a los dictados de Washington. Cuando el coste de mantener su posición se vuelve demasiado elevado, hay que agachar la cabeza.
El viraje demuestra que el acceso a los principales mercados hay que negociarlos porque depende de los compromisos políticos. Para las economías emergentes, el mensaje es claro: la neutralidad tiene un coste y un límite, que es evidente cuando las potencias hegemónicas intensifican la presión comercial.