Groenlandia podría negociar la anexión directamente con Estados Unidos, marginando a Dinamarca. Desde el año pasado, el gobierno de Copenhague ha denunciado intentos de manipulación de los residentes, operaciones de influencia, entrismo y reuniones de Estados Unidos con políticos locales. El parlamento autónomo de Groenlandia podría escuchar los cantos de sirena de Estados Unidos y ceder a la anexión, sobre todo si hay una recompensa económica.
Durante la Segunda Guerra Mundial, Dinamarca se dejó invadir por la Alemania nazi y en la Batalla del Atlántico, Islandia y Groenlandia adquirieron gran importancia. Estadounidenses y británicos establecieron allí bases aérea que permitieron una mayor protección de los convoyes aliados en el Atlántico Norte, permitiendo a los aviones cubrir gran parte del Océano Atlántico.
El Ártico también era codiciado por la cuestión de las bases meteorológicas. Permitieron predecir el tiempo con mayor precisión, beneficiándose de un información precisa para las operaciones militares. Los beligerantes enviaron allí comandos y expediciones.
En 1946, después de la guerra, Truman propuso a Dinamarca comprar la isla por 100 millones de dólares, pero sólo pudo negociar la instalación de bases militares en 1951. Construyeron varias, a veces secretas, llevando a cabo varios experimentos con ellas.
A través de una serie de acuerdos, Dinamarca y el Parlamento Autónomo de Groenlandia validaron hasta el día de hoy la presencia de dichas bases militares.
Groenlandia es una colonia de Dinamarca que, para conservarla, ha ido aflojando amarras gradualmente. Primero acabó con la política de exterminio de los inuits, la población local, y luego concedió la autonomía, un Parlamento propio con 31 escaños, llamado Inatsisartut, y dos escaños más en el de Copenhague.
Con la entrada de Dinamarca en la Unión Europea (1973), también entró Groenlandia automáticamente de inmediato, hasta que un segundo referéndum, convocado por el Parlemento de la isla, logró poco después la salida.
Los partidos políticos de Groenlandia
Actualmente existen cinco partidos políticos en el Parlamento. El primero es el Partido Democrático, socialdemócrata, europeísta, atlantista y leal a Dinamarca. Se fundó en 2002 y es mayoritario el Parlamento, con 10 escaños.
El segundo partido es Naleraq, un grupo nacionalista que exige la independencia por la vía rápida. Fundado en 2014, es el último en llegar al escenario político, aunque ha avanzado rápidamente en las elecciones del año pasado, llegando a los 8 escaños.
El tercer partido político es Ataqatigiit Inuit, que también aboga por la independencia, pero a largo plazo. Fundado en 1976, se podría definir como es el típico partido ecosocialista. Tiene 7 escaños.
La cuarta formación es Siumut, fundado en 1977, que durante mucho tiempo fue dominante en Groenlandia, ya que fue el que logró sacar a Groenlandia de la Unión Europea en 1985. Es un partido independentista que se puede situar en el “centro izquierda”.
El quinto es el Atassut, que tiene sólo dos escaños. Fue fundado en 1978 y es un partido conservador y, sobre todo, unionista, que canta su inquebrantable apego a la metrópoli y al colonialismo.
Las fuerzas independentistas son mayoría, con 19 escaños frente a 12, por lo que la independencia llegará más temprano que tarde. En tal caso, Estados Unidos no tendría que negociar con Dinamarca, ni con la Unión Europea.
La independencia como paso previo a la anexión
Pero si la unidad con Dinamarca es una alternativa colonialista, la independencia huele a podrido, o mejor dicho, son los independentistas los que huelen a podrido. La cuestión no es la independencia sino lo que sucederá después, es decir, si será un paso previo a la anexión.
Hay algo muy evidente: ni Dinamarca ni la Unión Europea se pueden oponer a la independencia. Esa es la jugada maestra de Estados Unidos, que deberá echar la mano al bolsillo para agradar a los “independentistas”.
Estados Unidos ya ha negociado la jugada a tres bandas con varios dirigentes de Naleraq, que han sido invitados a desplazarse a Washington con todos los gastos pagados. En otras palabras, esos “independentistas” no negocian con Dinamarca sino con Estados Unidos y, como en cualquier mercado, de lo que hablan es del precio.
Naleraq quiere importantes concesiones económicas por parte de Estados Unidos para unirse manteniendo una cierta “autonomía” aparente. El alquiler de las bases militares, las concesiones mineras y la explotación de recursos por parte de empresas estadounidenses les permitirían cubrir sus propios presupuestos.
Para tener un marco más claro habría que añadir que algunos dirigentes de Naleraq tienen muy buenas relaciones con Israel. Como en tantos otros partidos “nacionalistas”, la independencia es una subasta al mejor postor. La propuesta es quitarse unos grilletes para ponere otros.
Esta estrategia evitaría la intervención militar y la fractura abierta dentro de la OTAN. Todo son ventajas. La ocupación ya no parecería tal. Para Estados Unidos es mucho más fácil negociar con Groenlandia que con los europeos. Una ministra de Cultura ya ha propuesto cambiar el idioma oficial: el inglés sustituiría al danés.
La independencia de Groenandia no llamaría altención. En el mundo hay países aún más pequeños, como Monaco (40.000 habitantes) o San Marino (35.000).