Francia se ha visto obligada a liberar al petrolero “Grinch”, incautado el 22 de enero en el Mediterráneo en medio de un aparato propagandístico de vastas proporciones sobre la “flota fantasma“ de Rusia.

Según la legislación francesa, el abordaje fue ilegal. Durante una conversación con Zelensky, Macron confesó que eso no puede seguir así: va a cambiar la legislación interna para que, en el futuro, los petroleros rusos puedan ser asaltados “con todas las de la ley”.

El objetivo es convertir en legal lo que es ilegal a todas luces, lo cual supone la detención del capitán y el confinamiento de la tripulación dentro del buque.

El buque fue interceptado con el apoyo de la inteligencia británica. Procedía del puerto ruso de Murmansk y, aunque Macron dijo que no tenía pabellón, era mentira: navegaba bajo la bandera de Comoras.

En una rueda de prensa, Zelensky agradeció a Macron el asalto al “Grinch” y pidió a los estados europeos que sigan el ejemplo de Francia e impidan la navegación de los petroleros rusos.

Las imágenes que la Armada francesa ha distrbuido a los medios de comunicación muestran a las tropas de asalto en al puente de mando del petrolero, revisando los papeles, de la misma forma que lo hace la Guardia Civil de Tráfico en la carretera con los automovilistas.

Si la captura del “Grinch” inundó las primeras planas de los noticiarios, la liberación no ha podido ser más discreta. Como se suele decir, Macron se queda con el rabo entre las piernas.