El martes la empresa rusa BurevestMarin denunció el intento de Estados Unidos de interceptar el carguero ruso Marinera en el norte del Atlántico en medio de una tormenta.
“Nuestro buque civil, que no lleva carga a bordo y navega en lastre, está siendo perseguido desde hace tiempo por la Guardia Costera de los Estados Unidos. A pesar de los repetidos intentos del capitán por comunicar la identidad y el carácter civil del buque con pabellón ruso, la persecución continúa con la vigilancia aérea coordinada de aviones de reconocimiento P-8A Poseidon de la Armada de los Estados Unidos”, dice el comunicado de la empresa.
Estados Unidos “planea interceptar la embarcación próximamente”, añade el comuicado. BurevestMarin advierte que cualquier intento de desembarque de tropas estadounidense en el carguero desde helicópteros o su abordaje representan un peligro extremo debido a las condiciones climáticas severas. La velocidad del viento en la zona es de hasta 20 metros por segundo con fuertes ráfagas, la altura de las olas alcanza más a 5 metros y la temperatura es cercana o inferior al punto de congelación.
“Cualquier intento de aterrizaje de helicópteros o de interceptación de buques en estas condiciones de tormenta representa una amenaza grave e injustificable para la vida del personal militar estadounidense”, aseguró la empresa, que instó a Estados Unidos a “actuar con moderación y permitir una resolución pacífica a través del derecho marítimo internacional, en lugar de arriesgar vidas en condiciones tormentosas”.
Según la empresa, la embarcación es un buque mercante civil sin carga a bordo y su tripulación está compuesta por ciudadanos de Rusia, Ucrania y Georgia. En este contexto, BurevestMarin cuestionó la necesidad de que la Marina de Estados Unidos lleve a cabo acciones peligrosas contra un carguero civil vacío.
Mucho más que un bloqueo naval a Venezuela
Estados Unidos ha impuesto un bloqueo naval a Venezuela, impidiendo la entrada a la región de los petroleros sancionados y reservándose el derecho a incautarlos. Pero el objetivo va mucha más allá del país caribeño. Los artículos del New York Times de los últimos días han dejado claro que los ataques a las refinerías y al transporte marítimo es una forma de aumentar la presión sobre Moscú.
Varios barcos han sido confiscados. El Bella 1 logró escapar. Estaba registrado como buque ruso, enarbolaba pabellón ruso, cambió de nombre e instantáneamente pasó de ser un buque apátrida a estar bajo la protección de Moscú. Esa debería haber sido la salida. En cambio, Estados Unidos lo incautó de todos modos, nada menos que cerca de Islandia.
Rusia advirtió a Washington que no lo tocara. Washington se encogió de hombros y actuó. No se trataba de aplicar sanciones. Se trataba de poner a prueba los límites de Estados Unidos.
Desde el inicio de la Guerra de Ucrania, Rusia quedó excluida del transporte marítimo, los seguros y la logística occidentales. Así que Moscú se adaptó. Más de mil cargueros navegan discretamente, transportando petróleo ilegalmente sancionado por Estados Unidos.
Para Estados Unidos los barcos son un medio para presionar. Debilitan la flota, presionan a Rusia e Irán. Pero el papel de Venezuela en esta ecuación es muy importante porque Estados Unidos contribuyó a la destrucción de la industria petrolera venezolana. Las sanciones paralizaron la producción, la financiación, el mantenimiento y las exportaciones. Como era de esperar, Venezuela recurrió a China, que compró el petróleo, pagó sin usar dólares y aseguró su suministro a largo plazo.
De repente, Estados Unidos vuelve a exigir el petróleo venezolano. Trump anuncia que Caracas cederá entre 30 y 50 millones de barriles a Estados Unidos, petróleo con un valor de casi 2.000 millones de dólares. Afirma que se venderá a precio de mercado y que él personalmente controlará las ganancias “por el bien del pueblo venezolano y estadounidense”.
El petróleo estaba destinado a China. Ahora no será así y esa es la cuestión. El verdadero objetivo es financiero y estratégico: derrocar a China, reafirmar el dominio del dólar y fracturar la alianza Brics antes de que pueda consolidarse.
Venezuela es solo un punto de apoyo en una estrategia más amplia para devolver al mundo a un sistema donde Washington dicta las reglas y el dólar es indispensable. El dominio absoluto del dólar no evita que los trabajadores estadounidenses se vean sumidos en la pobreza; refuerza el control financiero, consolida bancos que no dudan en arruinarlos.
Estados Unidos hunde a Venezuela en el caos mediante sanciones y luego afirma “estabilizar” lo que ayudó a destruir, todo mientras desvía discretamente petróleo destinado a China.
La incautación de petróleo no se quedará en el Caribe. Ya ha llegado al norte del Atlántico. Es probable que la próxima reacción sea cualquier cosa menos simbólica. Rusia y China no solo observan un petrolero, sino el precedente que podría establecer. Así es como empiezan los errores de cálculo.