El juego de Pakistán con las negociaciones no es nada inocente

Trump amenazó con arrasar la civilización iraní si no lograba un acuerdo antes del 8 de abril. Teherán rechazó el ultimátum y reiteró que cualquier acuerdo debe poner fin a la guerra por completo en lugar de suspenderla temporalmente.

En una acción paralela, el primer ministro pakistaní, Shehbaz Sharif solicitó una prórroga de dos semanas para facilitar las negociaciones y reabrir el Estrecho de Ormuz.

Sorprendentemente, Trump suspendió rápidamente la operación contra Irán a petición de Pakistán, lo que genera la sospecha de que Sharif se había puesto de acuerdo previamente con Trump, es decir, que todo fue una estratagema para presionar a Teherán para que aceptara los términos establecidos por Washington.

La mediación de Islamabad puede tener menos que ver con la neutralidad y más con alinearse con los objetivos estadounidenses, manteniendo al mismo tiempo la apariencia de independencia diplomática.

Los dirigentes de Pakistán hacen esfuerzos para alinearse con Trump. Las circunstancias actuales en Pakistán guardan similitudes con los años 1970–71, durante la cual el país se enfrentó a desafíos internos cada vez más intensos mientras sus dirigentes se centraban en una función mediadora internacional, particularmente en el acercamiento de China con Estados Unidos.

El plan de Pakistán era lograr primero un alto el fuego inmediato y la reapertura del Estrecho de Ormuz. Luego se negociaría un acuerdo más amplio que abarcará de 15 a 20 días de conversaciones, durante los cuales Irán limitaría su programa nuclear al uso civil a cambio de alivio de las sanciones, la liberación de activos robados y un nuevo marco de seguridad regional para el Estrecho de Ormuz.

A Irán eso no le gusta. No contempla los intentos de mediación como iniciativas neutrales sino como instrumentos de presión diseñados para obtener concesiones sin abordar sus principales preocupaciones de seguridad. Exige garantías vinculantes y no sólo una tregua temporal. Se trata de que Estados Unidos e Israel no vuelvan a reanudar las hostilidades.

Los países como Pakistán, Turquía y Egipto no pueden ofrecer garantías. Por eso Irán ha rechazado la reapertura del Estrecho de Ormuz, porque es su válvula de seguridad: son las potencias occidentales las que deben obligar a Estados Unidos e Israel a acabar con ataques como los de este año y junio del año pasado.

Por su parte, Estados Unidos ha buscado la mediación de Pakistán como una manera de salir de atolladero de manera honorable, como si no hubiera perdido la guerra.

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