El IRA tuvo en su mano una graba­ción realizada el día de la masacre del “Domingo San­griento” (“Bloody Sunday”) en la que se percibe el grado de euforia de los soldados británicos que tomaron parte en ella.

En la grabación, el general al cargo de la opera­ción se muestra jubiloso por el resultado: 13 muertos (uno más moriría después por he­ridas ocasionadas) y 13 heri­dos de bala. El último suma­rio abierto por estos hechos culminó en 1999 sien­do los militares nuevamente absueltos, aunque luego volvió a reabrirse.

La grabación, enviada tam­bién al Ministerio de Interior, fue conseguida pinchando fí­sicamente el conducto trasmisor del sistema de comuni­cación militar. Una de las ra­zones que se barajan de porqué el IRA no mostró estas pruebas con anterioridad es que les interesaba más guar­dar el anonimato de topos en las barracas militares Victoria y no levantar sospechas.

La versión militar consistió siempre en justificar la ma­tanza argumentando que los soldados abrieron fuego des­pués de ser provocados y atacados por supuestos fran­cotiradores. Nunca existió prueba alguna de que los mi­litares destacados hubieran sido disparados, y no hubo baja alguna.

En una de las conversacio­nes grabadas, un soldado na­rra a otro lo sucedido: “En el hospital están sacando los muertos tan rápido como lle­gan”. Siendo su contestación: “No hay nada malo en eso«. En ella también cita cómo el militar al cargo, el general Ford, se congratulaba de lo sucedido y decía que era “la mejor cosa que he visto en tiempos”. Uno de los paracai­distas participantes en la ma­tanza concluyó: “Bien he­cho”, añadiendo después que el mismo general había opinado que “eso es lo que debe pasar”.

En otra parte de las comunicaciones se declara que han tenido “un precioso ba­ño de sangre” y se hace refe­rencia a la conmovedora imagen de un sacerdote so­ bre un hombre que yacía muerto. También aparece un locutor de la BBC, “impresio­nado” por el “buen prome­dio”, de acierto en los dispa­ros, a lo que el otro interlocu­tor no identificado le contesta que cree que es “una buena costumbre”.

Esta nueva evidencia corro­bora antiguas declaraciones del único soldado que confe­só que el lugarteniente del batallón informó el día ante de la masacre de algunas di­rectrices, entre ellas su intención de “ir a cargarse unos cuantos”. Este soldado habló de un “extra” en la provisión de munición para aquel día y de que se les había suminis­trado balas dum-dum, que luego fueron disparadas por la espalda a los manifestan­tes.

El soldado en cuestión abandonó el Ejército dos años después, tras la expe­riencia de participar en una matanza en la que “gente normal con las manos en alto era disparada”. Se utilizaron balas de gran velocidad, ca­paces de atravesar un rail de tren o de matar a una perso­na después de atravesar a otra.

A lo largo de los años los familiares de las víctimas han continuado luchando inten­samente por que se haga jus­ticia. La revisión del caso fue acordada dentro del progra­ma del Partido Laborista pa­ra las elecciones y está con­templada dentro del proce­so de paz en Irlanda del Norte. El propio Tony Blair ha reconocido que desde el primer juicio surgieron nue­vas evidencias que apuntan a la responsabilidad grave del Ejército.

Publicado originalmente en el nº10 de octubre del 2000 de la Revista Ardi Beltza.