Los “expertos” pronosticaron que los monopolios tecnológicos serían el nuevo El Dorado del crecimiento infinito, una máquina de beneficios inagotable capaz de autofinanciarse sin flaquear. Sin embargo, se han embarcado en una frenética montaña de deudas.
Los gigantes de Silicon Valley (Alphabet, Amazon, Meta, Microsoft, Oracle) están mutando. Antes nadaban en dinero en efectivo, ahora buscan inversores masivamente, emitiendo deuda a un ritmo vertiginoso. El cambio se ha producido para financiar la inteligencia artificial.
Ya no se trata de desarrollar aplicaciones informáticas en una pequeña oficina, sino de construir catedrales de servidores y comprar toneladas de chips electrónicos a precios exorbitantes. De ágiles empresas de servicios se han convertido en industrias pesadas con uso intensivo de edificios y equipos. Ahora dependen de la buena voluntad de los prestamistas para mantener el espejismo tecnológico.
Para 2030 la mitad de los 10 mayores deudores de Estados Unidos serán las que están construyendo colosales centros de datos. El Financial Times la llama “empresas hiperescalares” (*).
Los especuladores están cada vez más preocupados por la brecha entre las deudas y los rendimientos que generan las tecnológicas. La burbuja puede afectar tanto a las bolsas como a los bancos.
Las tecnológicas son una aspiradora que está absorbiendo el crédito. Morgan Stanley estima que captarán 400.000 millones de dólares este año, un aumento gigantesco con respecto a los 170.000 millones de dólares del año pasado y solo 44.000 millones de dólares en 2024.
En Estados Unidos el 14,5 por ciento de los créditos van a parar a la construcción de las bases de datos y JP Morgan pronostica que el porcentaje podría llegar a una quinta parte en 2030. Como consecuencia de ello, los préstamos son cada vez más caros de contratar.
(*) https://www.ft.com/content/8264122b-cb6b-4af5-85b8-3789c3ae3a78