Estados Unidos se atribuye el derecho a anexionarse cualquier país con abundantes recursos, dice Stephen Miller, un asesor de Trump. “Somos una superpotencia y, bajo la presidencia de Trump, actuaremos como tal. Es absurdo permitir que un país vecino proporcione recursos a nuestros adversarios y no a nosotros”, dijo Miller en una entrevista concedida a la CNN.
“Estados Unidos utiliza sus fuerzas armadas para defender abiertamente sus intereses en nuestro hemisferio”, declaró Miller. En lugar de “exigir elecciones” en Venezuela, añadió, “el futuro del mundo libre depende de la capacidad de Estados Unidos para hacer valer su posición e intereses sin tener que disculparse”.
Miller ofreció una de las explicaciones más cínicas hasta la fecha sobre la postura de la Casa Blanca: “Los países soberanos no obtienen soberanía si Estados Unidos quiere sus recursos”, dijo el congresista Seth Moulton interpretando a Miller.
Moulton calificó la diatriba de Miller de “verdaderamente delirante” y “un reflejo inquietante de cómo este gobierno ve el mundo”.
Las declaraciones de Miller siguieron a una declaración igualmente contundente del embajador estadounidense, Michael Waltz, en una reunión de emergencia del Consejo de Seguridad de la ONU. “No podemos seguir permitiendo que las reservas energéticas más importantes del mundo permanezcan en manos de los adversarios de Estados Unidos”, declaró Waltz.
Las declaraciones de Miller sobre la postura actual de la Casa Blanca en materia de política exterior se produjeron tras las amenazas de Trump contra países como Colombia, México y Groenlandia, y otros comentarios que sugerían que el gobierno de Estados Unidos podría tomar el control de lal isla, a pesar de que forma parte de Dinamarca, que, junto con Estados Unidos, es miembro fundador de la OTAN.
“Groenlandia debería ser parte de Estados Unidos”, declaró Miller. “El presidente ha sido muy claro al respecto”. Esta es la postura oficial del gobierno estadounidense.
Rechazó la idea de que tomar el control de Groenlandia, con una población aproximada de 56.000 personas, implicara una operación militar —aunque Trump declaró que no descartaba el uso de la fuerza— y afirmó que “nadie va a luchar militarmente contra Estados Unidos por el futuro de Groenlandia”.
Esta vasta isla está estratégicamente ubicada en el Círculo Polar Ártico y posee reservas de tierras raras, en gran parte sin explotar. Esta semana Dinamarca ha condenado las amenazas de Trump. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, advirtió que, de acuerdo con el tratado de la OTAN, “todo terminaría” si Estados Unidos atacara a otro país miembro de la OTAN.
“La comunidad internacional tal como la conocemos, las reglas democráticas del juego, la OTAN, la alianza defensiva más poderosa del mundo, todo eso se derrumbaría si un país de la OTAN decidiera atacar a otro”, declaró el lunes al canal de noticias danés Live News.
El martes el gobierno danés convocó una reunión de emergencia de su comité de asuntos exteriores para tratar las relaciones del reino con Estados Unidos. Han estado tan preocupados por una invasión rusa imaginaria que la realidad les ha vuelto a sorprender desagradablemente. No hay nada peor que no saber ni quiénes son tus amigos, ni quiénes tus enemigos.
Ya les ocurrió el 9 de abril de 1940, cuando el III Reich ocupó su país (Operación Weserübung). Hitler no disolvió los partidos políticos y el “gobierno legítimo” continuó operando bajo el mandato del primer ministro Thorvald Stauning como si nada hubiera cambiado, como si país no hubiera sido ocupado militarmente por una potencia vecina.
A la muerte de Stauning en mayo de 1942, el cago de primer ministro fue ocupado por el socialdemócrata Vilhelm Buhl. Si Estados Unidos hace lo mismo en Groenlandia, es posible que en Dinamarca casi nadie se de cuenta del cambio tampoco.
(*) https://www.nytimes.com/2026/01/05/us/politics/stephen-miller-greenland-venezuela.html