En Estados Unidos la sociología ha introducido el concepto de “kill line” (la línea de la muerte) para describir que una gran parte de su población camina hacia la marginación. Cualquier imprevisto vital pone a millones de personas al borde del abismo: la ruina más absoluta seguida de la mendicidad en la calle.
En el centro de la crítica está la monopolización de la economía, donde tres empresas controlan la agricultura y la distribución de alimentos en Estados Unidos, que eliminan la competencia y transforman la vida cotidiana en oportunidades de lucro para el capital.
Los salarios se han estancado a pesar del aumento de la productividad. Los bajos salarios obligan a 8,4 millones de estadounidenses a recurrir al pluriempleo para llegar a fin de mes y los trabajadores de empresas gigantescas como Walmart o Amazon a menudo dependen de la asistencia alimentaria del gobierno para lograr sobrevivir.
En la década de los ochenta el presidente Reagan inició el desmantelamiento de las redes de seguridad social (reducciones en las prestaciones por desempleo, la Seguridad Social y la inversión pública en educación).
La Universidad de California era gratuita en 1972, pero Reagan introdujo tasas para “motivar” a los estudiantes porque nada puede ser gratuito. Esto expuso a los trabajadores a desastres económicos irreversibles.
A causa del hambre, la Universidad de California en Irvine ha tenido que crear un “Centro de Alimentos para Necesidades Básicas” donde los estudiantes tienen acceso a raciones de comida gratuitas.
Las referencias históricas (*) vuelven a recordar la Gran Depresión, cuando el 40 por cien de los estadounidenses sufría de desnutrición.
En 1964 el presidente Lyndon B. Johnson declaró una “guerra contra la pobreza” que no fue más que una campaña de propaganda. Desde entonces la situación ha empeorado, especialmente entre los niños.
El aumento de la pobreza ha sido especialmente significativo tras la pandemia. Entre 2021 y 2022, aumentó del 7,8 al 12,4 por cien. Pero la pobreza infantil se duplicó con creces en un año: aumentó del 5,2 al 12,4 por cien.
Para paliar el hambre, cerca de 42 millones de estadounidenses reciben cupones de alimentos de las instituciones públicas, lo que equivale aproximadamente a 1 de cada 8 personas.
Desde la pandemia, en Nueva York proliferan los bancos de alimentos, especialmente en los barrios obreros, como Bronx o Queens, donde es común ver largas filas de personas esperando obtener alimentos o ropa, abastecidos por la solidaridad vecinal.
Casi 800.000 estadounidenses pernoctan en la calle o en parques y plazas, según un informe del Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano de 2024. Esa cifra supone un aumento significativo en comparación con años anteriores. Otras 400.000 personas pernoctan cada noche en albergues públicos o de organizaciones caritativas privadas.
De manera permanente, cerca de 20 millones de personas viven en caravanas fijadas en una parcela de terreno. El número de los que viven en su vehículo se estima entre 1 y 2 millones.
Anualmente se colocan 3,6 millones de avisos de desahucio en las puertas de las casas.
Estados Unidos es una gran cárcel. Hay 7 millones de personas dentro del sistema penitenciario 2,5 millones encarceladas y otras de 4,5 millones de personas en libertad condicional.
30 millones de estadounidenses no tienen un seguro médico.
(*) https://www.newyorker.com/magazine/2023/03/20/matthew-desmond-poverty-by-america-book-review