Movilizado en Ucrania, el principal banco estadounidense, JP Morgan, mantiene su apoyo a DSR, el banco de la OTAN. El banco tiene la intención de duplicar su gigantesca iniciativa estadounidense de inversión en seguridad nacional por valor de 1,5 billones de dólares.
“Como empresa, seguimos invirtiendo mucho en negocios relacionados con la defensa y la seguridad nacional a través de nuestra Iniciativa de Seguridad y Resiliencia en Estados Unidos. Tenemos el mismo estado de ánimo en Europa -ya sea en Alemania, Francia o Reino Unido- y queremos dar el mayor apoyo posible”, dice Conor Hillery, director del banco, que estuvo de paso por París justo en el momento de la reunión de la “coalición de voluntarios” convocada por Macron.
El primer despliegue operativo se realizará en Reino Unido este mismo año, incluido un apoyo particular al complejo militar industrial.
Además, Hillery reafirma su apoyo al proyecto DSR, que en las capitales europeas miran con una desgana creciente. Al gobierno francés no le gusta que los estadounidenses les vendan cada vez más equipos fabricados en su país, en un momento en que Trump muestra signos de retirada. El programa pretende desplegar más de 100.000 millones de libras para financiar la guerra, pero requiere 20.000 millones en contribuciones de los Estados socios.
“Su proyecto es muy relevante y brindamos nuestro apoyo, incluso si no invertimos en él estrictamente hablando”, dice Hillery.
JP Morgan ya ha metido las manos en los esfuerzos militares del continente europeo. Ucrania le encargó al banco que movilizara inversores privados, al mismo tiempo que Blackrock, el brazo financiero de Trump.
“Las perspectivas de un posible acuerdo de paz y la situación sobre el terreno aún no son lo suficientemente comprensibles para determinar las necesidades de inversión privada. También es necesario comprender las implicaciones de la situación en Venezuela sobre las negociaciones entre Rusia y Ucrania”, afirma Filippo Gori, otro directivo del banco.
Pero JP Morgan también tiene la cuchara metida dentro de Rusia, lo que le está saliendo bastante caro. La exposición del grupo “ha sido totalmente amortizada y es insignificante”, dice Gori.
Sin embargo, los tribunales rusos han fallado en contra del banco en una serie de reclamaciones, incluida una denuncia de 439 millones de dólares, ahora ejecutable contra los activos del banco en Rusia.
También se ha ejecutado una sentencia dictada en el marco de otra denuncia. Los tribunales rusos han congelado los activos del banco del país. Pero el importe total de las sentencias supera la cantidad misma de activos disponibles que la empresa posee en Rusia.