Bellingcat y OCCRP (Proyecto de denuncia del crimen organizado y la corrupción) son dos plataformas de investigación que ponen de manifiesto la configuración del periodismo actual como altavoz sumiso del imperialismo.
Las investigaciones de estos dos medios, fundados en 2007 y 2014 respectivamente, no investigan nada que no sea Rusia. Nunca investigaron nada sobre la Unión Europea y los dirigentes y políticos europeos sorprendidos con las manos en la masa.
El problema de los investigadores, como Bellingcat y OCCRP, es que, a su vez son investigados y, recientemente, Lucy Komisar, publicó un expediente sobre ambos tinglados mediáticos que, en realidad, son sólo uno, con una dirección fantasma en Países Bajos.
Ambos medios son fábricas de noticias falsas para que los medios puedan reproducirlas como investigaciones genuinas. Entre los fraudes difundidos están la explosión del vuelo MH17, Navalny o Skripal. Son otras tantas “operaciones de propaganda de los servicios secretos de Estados Unidos y Reino Unido”.
El fundador del OCCRP, Drew Sullivan, estudió ingeniería aeroespacial en la Universidad de Texas, de donde era originario. Fue reclutado por la NASA, trabajando en dinámica estructural en el transbordador espacial Rockwell.
A partir de entonces su trayectoria vital dió un giro. Inició de una carrera como actor, reapareciendo como “periodista de investigación” para Associated Press, o el periódico The Tennesean. En 2004 se instaló en Bosnia-Herzegovina, donde le crearon un bagaje como “gran periodista de investigación”, fundando un primer centro, el CIN, Centro de Periodismo de Investigación.
Tres años más tarde, fundó OCCRP con Paul Radu, embarcándose en investigaciones de muy alto nivel y publicando enormes masas de documentos, como los Papeles de Panamá, lo que en 2017 le valió un Premio Pulitzer.
Como explicamos en su momento, sólo una central de espionaje era capaz de obtener los Papeles de Panamá. Por miedo a la censura, Sullivan fundó el “Reporters Shield”, una asociación que proporciona abogados a los medios de comunicación.
La explosión del vuelo MH17 sobre el Donbas
Al mismo tiempo, en 2014 el británico Eliot Higgins fundó Bellingcat, un colectivo internacional de “periodismo de investigación”. El tingldo se estableció en Países Bajos y se hizo famoso por la distribución de numerosas primicias. Pronto reclutó un equipo de más de 40 personas, una organización considerable, y lanzó una plataforma participativa de confidentes. Varias decenas de miles de voluntarios recopilaban información a través de la plataforma Discord.
El primer conejo no tardó en salir de la chistera: la explosión del vuelo MH17 sobre el Donbas en el verano de 2014. Mientras numerosas pistas conducían a un avión de combate ucraniano, Bellingcat se esforzó por “demostrar” que el avión había sido derribado por la artillería antiaérea rusa Bouk.
Las “investigaciones” oficiales tardaron un poco y hasta 2022 no se “confirmó” que esa versión era la única verdad verdadera. A partir de entonces el grupo se centró casi exclusivamente en fabricar basura sobre Rusia, sacando a relucir el asunto Skripal (2018), un oscuro asunto de envenenamiento en Novichok, seguido del supuesto envenenamiento de Alexei Navalny (2020).
El montaje alcanzó a todas y cada una de las cadenas de prensa occidentales. Es la versión oficial y la única que muchos conocen. Pero este tipo de montajes atrajen sospechas, que acabaron mirando las finanzas del grupo.
Lo que se demostró muy pronto fue que Bellingcat no era más que uno de esos tinglados financiados por la NED, el mecanismo económico de la CIA. A partir de ahí los demás financieros son los de siempre, como la fundación de Soros.
El mito de la independencia de Bellingcat se destapó muy rápidamente, primero a través de fuentes de financiación, luego a través de la naturaleza del trabajo del grupo, que ya no hacía periodismo, sino el trabajo de los servicios de inteligencia. En realidad, era una oficina del MI-6, lo que explica la elaboración de falsificaciones en la guerra sicológica librada contra Rusia.
Una redacción sin locales ni oficinas
Últimamente, en un artículo del 30 de agosto del año pasado, el Anti-Spiegel se preguntó acerca de ambas plataformas y el daño que causan al periodismo occidental. En ambos casos, las redacciones fueron trasladadas a terceros países, Bosnia-Herzegovina y Países Bajos. En ambos casos ambas estructuras hicieron creer en su “independencia”.
La reubicación de las redacciones, desde Estados Unidos y Reino Unido, permitió en primer lugar disipar sospechas sobre sus conexiones directas con los servicios secretos de esos dos países. En ambos casos se eligió Europa como campo de acción. Aunque pretenden ser equipos de investigación internacional, los dos tinglados nunca han atacado a ninguna de las instituciones europeas, y mucho menos a un gobierno europeo. Nada sobre la Unión Europea, nada sobre el escándalo más pequeño que podría implicar a políticos y altos funcionarios de Bruselas.
Las dos plataformas se fundaron casi al mismo tiempo y solo han trabajado para justificar el asalto contra Rusia. En Países Bajos, donde Bellingcat tiene su sede y una empresa fachada, verdaderos periodistas de investigación descubrieron que se trataba simplemente de un apartado de correos, sin locales ni oficinas.
Un periodista estadounidense descubrió para el periódico The Realist Review, la supuesta sede del grupo en Amsterdam. Encontró la puerta cerrada, llamó y le dijeron que ninguna otra empresa tenía oficinas en el edificio. Sin embargo, esa dirección es también la de OCCRP. El edificio en cuestión pertenece a la Amsterdam Office Space, una empresa de servicios telefónicos y traslados postales.
Komisar descubrió que Bellingcat estaba registrado en la Cámara de Comercio, bajo una actividad falsa y nombre falso. Era una empresa “especializada en producción cinematográfica e investigación y desarrollo en ciencias sociales y humanidades”.
La periodista difundió numerosos documentos, en particular sobre transferencias de dinero a través de la OCCRP, que luego eran redistribuidos en secreto a periodistas vendidos o a ONG de infiltración y guerra psicológica, que aparentaban la “defensa de la prensa” o la “democracia”.
Dos plataformas de propaganda occidental
“OCCRP y Bellingcat no son medios independientes, sino operaciones de propaganda occidental financiadas por los gobiernos de Estados Unidos y Reino Unido para promover narrativas específicas e inventadas”, conluye la Komisar, que también desmanteló la versión oficial sobre Navalny, el falso envenenamiento y otros montajes toscos, publicando sus artículos en periódicos como el Wall Street Journal.
En noviembre de 2021, Samantha Power, entonces directora de la Usaid, se atrevió a confesar públicamente que la OCCRP era un “socio” de la Usaid.
En enero del año pasado la agencia de la NSA y la CIA fue desmantelada por Trump, mientras otras instituciones permanecen. La NED está, por ejemplo, detrás de las dos plataformas, cuya cabeza principal de la hidra es la OCCRP.
A partir de la NED, el dinero pasa a la OCCRP, definida como “independiente”, y luego acaba en los bolsillos de ciertos periodistas y medios de comunicación.
Komisar reveló que la OCCRP empleaba a más de 200 agentes en unos sesenta países. Entre 2014 y 2023, solo la OCCRP recibió 90 millones de dólares, incluidos 47 millones de Estados Unidos, el resto salió de los gobiernos de Reino Unido, Francia, Suecia, Dinamarca o Países Bajos.
Otras fuentes de financiación incluyen RUSI, el Instituto Real de Servicios Unidos, “el equipo de expertos más antiguo de Gran Bretaña sobre cuestiones de defensa y seguridad” cuyo vicepresidente es David Petraeus, antiguo director de la CIA.
Laurent Brayard https://ir-press.com/fr/2026/02/25/bellingcat-et-loccrp-des-operations-de-la-cia-et-du-mi-6/