Durante mucho tiempo los estrategas militares han asumido -erróneamente- que la profundidad estratégica de Irán residía en países del exterior, como Siria, Líbano o Yemen. Pero la guerra ha revelado una realidad diferente: la verdadera profundidad estratégica de Irán se encuentra dentro de sus fronteras, arraigada en una combinación única de factores: la geografía de la meseta iraní, el control de puntos estratégicos marítimos clave y, sobre todo, la voluntad de resistencia de amplias capas de la sociedad.
La doctrina militar iraní tiene sus raíces en varios patrones. El primero es la geografía histórica de la meseta, que durante siglos funcionó como una fortaleza natural. Las cordilleras de Zagros y Alborz, los vastos desiertos de Dasht-e Kavir y Dasht-e Lut, y las largas distancias logísticas han dificultado históricamente las invasiones y ocupaciones.
Muchos ejércitos invasores que han penetrado en la meseta se han topado con importantes dificultades logísticas, enormes distancias y grandes pérdidas. Estratégicamente, esto se asemeja a lo que la teoría militar describe como una defensa en profundidad, similar a la de la URSS durante el ataque nazi de 1941.
Durante siglos la meseta iraní ha absorbido invasiones, reconstruido estados y resurgido como centro de poder. La geografía sin duda influye, pero también lo hace la larga memoria civilizatoria de resisistencia, que ha transformado repetidamente la supervivencia en estrategia.
Irán ha experimentado repetidas invasiones y colapsos políticos a lo largo de su historia, pero su núcleo político y civilizatorio siempre ha logrado regenerarse. Esta larga experiencia histórica ha fomentado una cultura estratégica centrada en la resistencia y la reconstrucción.
En la memoria histórica iraní subyace una comprensión implícita: los estados pueden colapsar, pero Irán, como civilización, tiende a regenerarse. Esa resistencia está estrechamente ligada a lo que en las estrategias modernas se describe como guerra prolongada.
Desde la época de la Ruta de la Seda hasta la actualidad, Irán ha ocupado una posición central que conecta a Oriente con Occidente. La influencia sobre las principales rutas comerciales siempre ha sido una fuente significativa de poder para Irán. Hoy en día esa fuerza se mantiene a través de nodos estratégicos como el Estrecho de Ormuz y el surgimiento de corredores regionales.
La cultura de la resistencia surgió tras el predominio del chiísmo en la meseta, donde las narrativas de martirio y sufrimiento arraigaron profundamente en la sociedad. Tras la revolución de 1979, estos temas cobraron mayor relevancia y se convirtieron en un elemento central de la cultura estratégica iraní.
Si bien la defensa avanzada de Irán se ha debilitado desde la Guerra de Gaza, su profundidad estratégica se mantiene. Montañas, vastos desiertos, aislamiento geográfico, el Estrecho de Ormuz y una sociedad capaz de absorber impactos: todos estos elementos le otorgan una profundidad estratégica que la tecnología por sí sola no puede neutralizar fácilmente.
Arash Reisinezhad https://x.com/hashtag/strategic_depth?src=hashtag_click