Del móvil al lanzagranadas

En 2011, en plena Primavera Árabe, los gringos le concedieron el Premio Nobel de la Paz a la yemení Tawakol Karman. Todo formaba parte de la misma farsa. En Sanáa, la capital, también hubo acampada, también ocuparon una plaza pública, llenaron las paredes con carteles y se manifestaron por las calles. Pero fue una farsa que no tuvo tanto eco como otras, a pesar de ser idéntica a ellas. Yemen ya no es aquella Arabia feliz que describió el historiador romano Plinio El Viejo.
Karman lo tenía todo para estar en los planes de Washington: mujer, árabe, joven, 32 años, y fundadora de la ONG Mujeres Periodistas sin Cadenas. Había sido detenida dos veces. Era miembro del Islah, Hermanos Musulmanes, pacifista, luchaba por los derechos humanos contra la prolongada dictadura de Alí Abdullah Saleh.
Pasaron los tiempos del Kalashnikov y la guerra de guerrillas. Karman es una critatura del siglo XXI y de la CIA, digna de las redes sociales, Facebook y los montajes de colorines. A comienzos de 2011 en Yemen el rosa era el color de la calle. Las pancartas eran de color rosa, así como las banderas y la ropa. Un color más propio de San Francisco o del Dia del Orgullo Gay que de las polvorientas calles de Sanáa. “Usamos el color rosa y en el caso de que el Gobierno no acepte nuestras reivindicaciones, pasaremos al color naranja”, dijo Karmen, y seguramente el dictador Saleh se echó a temblar. ¿Podía haber algo más terrible que ese cambio de colorines?
Sus primeras palabras tras recibir el galardón fueron que después de las revueltas Túnez y Egipto, le había llegado el turno a Yemen. Como en la transición española, había que cambiar algo para que todo siguiera igual. En definitiva, el padre de Tawakol, Abdul Salam Karman, antiguo ministro, formaba parte del tinglado que había que relevar.
En 2004 Karman se quitó el “niqab” durante una reunión en público pero, en realidad, era un duplicado yemení de Mohamed Morsi, el efímero presidente egipcio salido de la Plaza Tahrir y, como él miembro de la Hermandad Musulmana, es decir, parete integrante del movimiento fundamentalista.
El modelo de país que Karman quiere para Yemen, el ejemplo de democracia árabe es… Marruecos. Su programa era una retahíla de frases ultramodernas procedentes de las universidades gringas más que de las montañas de Yemen: derechos civiles, empoderamiento de las mujeres, desarrollo sostenible, lucha contra la corrupción, derechos de la infancia… Nada que nadie pueda rechazar.
Al año siguiente de la Primavera Árabe cayó la dictadura de Saleh. Le sustituyó su mano derecha, el hoy depuesto Mansur al Hadi. Pero se acabaron para siempre Facebook, el móvil y los colorines. Ahora en las calles de Adén disparan los lanzagranadas y a Tawakol Karman y demás montajes de la CIA los ha devorado la insaciable historia.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies

Descubre más desde mpr21

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo