Antiguamente la guerra era competencia de los ejércitos, que forman parte del aparato del Estados, es decir, instituciones públicas. Los gastos militares se pagaban con los presupuestos del Estado. Las empresas del complejo militar industrial trabajaban para el Estado.

Ahora las guerras se han privatizado; son un negocio que genera beneficios. No sólo se trata de empresas de mercenarios, ni de fabricantes de equipos militares que venden a un cliente único, el Estado. Las empresas han empezado a hacer la guerra.

Uno de los ejemplos más evidentes es SpaceX, la empresa espacial de Elon Musk, como se ha demostrado en Ucrania e Irán.

En 2021 la empresa firmó un contrato secreto de 1.800 millones de dólares con el gobierno estadounidense, según reveló el Wall Street Journal años después (*). Los beneficios del contrato son una parte significativa de sus ingresos totales.

La empresa realiza numerosos lanzamientos de satélites para la Fuerza Espacial, así como para la Oficina Nacional de Reconocimiento (NRO), una de las 17 centrales de inteligencia estadounidenses.

A finales de 2022 anunció el lanzamiento de Starshield, una versión de la red de satélites Starlink diseñada específicamente para gobiernos. Su primer cliente es el Pentágono.

El general retirado de la Fuerza Aérea, Terrence O’Shaughnessy, desempeña un papel clave en las operaciones de Starshield. No se sabe si el general es un funcionario público o el directivo de una empresa privada. Es el “Vicepresidente del Grupo de Programas Especiales de SpaceX”.

La empresa ha participado en las tareas de las organizaciones de seguridad nacional desde sus inicios. En 2002 obtuvo un contrato de lanzamiento con un cliente de inteligencia estadounidense no revelado. Gracias a la reutilización de las lanzaderas espaciales, SpaceX puede enviar equipos a una velocidad que otros países y otrasa empresas no pueden igualar.

El espacio es un mercado cada vez más apetecible para la industria de guerra. China ha acelerado drásticamente sus esfuerzos en este ámbito, mientras que, según informes, Rusia está trabajando en un arma capaz de atacar satélites, es decir, de atacar a una empresa privada como SpaceX.

Los enjambres de satélites son como los enjambres de drones, ideales para la guerra barata del futuro. La construcción de un satélite convencional puede llevar años. SpaceX los fabrica mucho más rápido y luego reutiliza las lanzaderas una y otra vez.

Ya no basta con la infantería, ni con la caballería, ni con la artilleería. Desde 2019 todas las grandes potencias han creado una nueva rama de sus ejércitos: la fuerza espacial, un nuevo cuerpo militar que arrastra las señas de identidad de la guerra moderna: está en manos de las empresas privadas.

(*) https://www.wsj.com/tech/musks-spacex-forges-tighter-links-with-u-s-spy-and-military-agencies-512399bd