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El fracaso del golpe de Estado en Turquía va a cambiar la situación de Oriente Medio

En lo que sigue nos vamos a centrar en las consecuencias (a muy corto plazo) que va a acarrear el fracasado golpe de Estado en Turquía en las relaciones con la OTAN y Estados Unidos, así como en las relaciones con Rusia.

Ya antes del golpe militar Erdogan se disponía a realinear por completo su política exterior porque la que venía sosteniendo, en particular desde la Primavera Árabe y la guerra de Siria, es decir, desde 2011 le vino impuesta por Estados Unidos y le ha conducido a una situación muy grave.

El realineamiento va a mejorar sustancialmente las deterioradas relaciones de Turquía con Rusia, del que será una muestra el próximo encuentro entre Erdogan y Putin.

Turquía va a exigir a Estados Unidos la extradición de Fetthulah Gülen, a quien ahora mantiene como exiliado político. Gülen, un antiguo colaborador de Erdogan, ya fue condenado el año pasado a 34 años de cárcel por “organizar un poder paralelo para dar un golpe de Estado”.

Se trata de un agente de la CIA (1), un vínculo que ya apareció en el libro de memorias de Sibel Edmonds, la traductora del FBI que destapó numerosos aspectos ocultos de la política exterior de la Casa Blanca de los últimos años.

El hecho de que, desde el principio del golpe, Erdogan le haya puesto en la picota como dirigente del mismo, muestra su grado de enfrentamiento con Estados Unidos y con la OTAN. Ha sido una manera de decir que quien estuvo detrás del golpe fue Estados Unidos.

Al mismo tiempo Gülen es un hombre de paja de Hillary Clinton desde que ésta ocupaba la Secretaría de Estado. La relación de Clinton con Gülen pasa por las manos de Huma Abedin, consejera política de Clinton con inmejorables conexiones con los yihadistas (2).

Cuando los tribunales condenaron a Gülen por organizar un “poder paralelo” se referían a Hizmet, una especie de red tejida bajo la apariencia de una cofradía sufí, que es la versión islámica que predica Gülen y que es la que ha utilizado también para engordar los fondos de campaña de Clinton.

Las relaciones de Turquía con Estados Unidos y la OTAN van a salir muy malparadas tras el fracaso del golpe. Dentro de unos días veremos a Erdogan tensando la cuerda al exigir de nuevo a Estados Unidos su extradición, lo cual va a poner a prueba la solidez de los vínculos entre Clinton y Gülen, es decir, que Estados Unidos va a tener que optar entre Erdogan y Gülen.

El golpe de Estado en Turquía demuestra claramente la velocidad a la que evolucionan los acontecimientos internacionales y la rapidez con la que las alianzas se anudan y se rompen. En los ocho meses transcurridos desde el derribo del avión ruso, Erdogan puede pasar de tensar al máximo sus relaciones con Rusia, a tensarlas con Estados Unidos.

(1) http://www.opendemocracy.net/osman-softic/what-is-fethullah-g%C3%BClen%E2%80%99s-real-mission
(2) http://dailycaller.com/2016/07/13/new-ties-emerge-between-clinton-and-mysterious-islamic-cleric/

Marruecos arroja la toalla en Yemen

Altos mandos militares de Marruecos han anunciado públicamente que sus tropas abandonan la coalición dirigida por Arabia saudí que ha invadido Yemen.

Los 1.500 mercenarios marroquíes volverán a su país, poniendo fin a la agresión militar en aquel país árabe.

El pasado mes de diciembre, Marruecos envió 1.500 soldados del Ejército de Tierra para apoyar la agresión militar que encabeza Riad contra Yemen y las desplegó en la base aérea de Rey Jaled, sita en el suroeste de Arabia saudí.

El anuncio marroquí se produce después de que el ministro emiratí de Asuntos Exteriores, Anwar Qarqash, también anunciara el pasado 15 de junio el fin de la operación militar de su país contra Yemen.

No obstante, Qarqash afirmó que su país todavía está en guerra contra Yemen.

La agresión militar extranjera, llamada Operación Tormenta Decisiva por los saudíes, comenzó el 25 de marzo de 2015 con una ofensiva de bombardeos aéreos sobre la población yemení.

La guerra había comenzado en setiembre del año anterior, cuando los rebeldes hutis conquistaron la capital Saná tras un levantamiento de la población contra el gobierno.

El 19 de enero de 2015 los hutis disolvieron el parlamento y el presidente Hadi dimitió, aunque posteriormente logró huir y retiró su dimisión.

Estados Unidos está prestando apoyo logístico a la brutal campaña de bombardeos saudíes contra la población. También ha desplegado a sus fuerzas de operaciones especiales.

La excusa para la presencia de tropas en Yemen es la “lucha” contra Al-Qaeda en la Península Arábiga (AQAP).

A principios de mayo, el Pentágono también envió más de 200 marines a la ciudad portuaria de Al-Mukala en una misión independiente para evaluar la seguridad y el tamaño de las figuras locales que podrían cooperar con Estados Unidos en el futuro.

El reciente despliegue de tropas estadounidenses en Yemen se ha ampliado un año después de que el 21 de marzo del pasado año el Pentágono las retirase “debido al deterioro de la seguridad”.

Lo cierto es que la salida de sus tropas se produjo un día después de que Al-Qaeda capturase la ciudad de Al-Huta, situada en el suroeste de Yemen, muy cerca a la base aérea estadounidense de Al-Anad.

El hundimiento del imperio Bin Laden

El 11 de septiembre de 2015 el hundimiento de una grúa en las obras de La Meca producía la muerte de 111 personas. Que recuerden los peregrinos, jamás un huracán tan violento se abatió sobre la Ciudad Santa. El poderoso soplo del destino se ceba sobre una máquina con solidez “Made in Germany”, pero perdona a otras centenares mas frágiles. ¿Por qué? ¿Por qué un 11 de septiembre? ¿Por qué 111 víctimas? ¡Subhana wa taraala! Alá todopoderoso manifestaba su cólera enviando una advertencia.

Inmediatamente, las autoridades reales y religiosas celebraron un cónclave para interpretar este funesto oráculo. Era algo totalmente inútil, porque todos habían comprendido el mensaje. Así comenzó la caída del imperio Bin Laden, cuya tribu completa está ahora destinada a servir de chivo expiatorio de los crímenes de Osama.

El Saudi Binladen Group (SBG), primera empresa de construcción y obras públicas de Oriente Medio, y desgraciada propietaria de la grúa mortal, se ve excomulgado de la noche a la mañana. Pedidos y acuerdos suspendidos, mercados públicos rescindidos, directivos trasladados. Los Bin Laden, cortesanos y servidores fieles de los monarcas desde 1931, ya no estaban en olor de santidad. Dios y el rey su servidor reclamaban el precio de los pecados de Al Qaeda. El centenar de hermanos y hermanas y los millares de primos de Osama iban a pagar por ello. ¡Entre los árabes, la solidaridad familiar obliga!

Tras ocho meses, el gigantesco grupo está en la agonía. Pero no se detiene la actividad de un gigante igual que se cierra una peluquería. El SBG tiene 230.000 obreros, 6.000 ingenieros y mandos, centenares de obras repartidas en Arabia y los Emiratos Árabes Unidos, en Egipto, en Malasia, en Senegal, millares de subcontratas… Saudi Binladen Group era un Estado dentro del Reino. Mantenía la exclusividad de las grandes obras en La Meca, y obtenía en todos los sitios mercados sin competencia.

Un monopolio unido a la autocracia saudí

El margen de beneficio era descomunal. Tanto en Oriente Medio como en otros lugares, el sector de obras públicas es el más engangrenado por la corrupción. El SBG, apadrinado por el Palacio, no tenía ninguna dificultad en obtener toda la oferta pública al precio que ellos mismos fijaban. La conclusión de las obras estaba sistemáticamente sometida al chantaje de acuerdos de trabajos suplementario imaginarios, con una sobrefacturación que alcanzaba el 65 por ciento. En otras palabras, el soborno estaba en el centro de todas las transacciones.

Pero las actividades de obras públicas no constituyen más que una parte de un formidable imperio familiar. Decenas de hermanos y centenares de primos de Osama ocupan de forma anónima posiciones dominantes en todos los sectores: energía, comunicaciones, armamento, química, farmacia, industria agroalimentaria, transportes; están asociados con millares de empresas internacionales. Las relaciones franco-saudíes no escapan a esta influencia. El poderoso French Business Club está presidido por un abogado de la familia. De hecho, nadie conoce el nivel de la fortuna del “clan” Bin Laden, ni siquiera los banqueros de Luxemburgo y de Panamá. Nadie sabe cuáles serán los efectos de su quiebra en las finanzas internacionales.

Desde la coronación por sorpresa del rey Salman en enero de 2015, y sobre todo desde su declaración de guerra a Yemen en marzo de 2015, los Bin Laden han entrado en la disidencia. Sin embargo, Hadramaut, provincia de Yemen del sur y cuna natal de la familia, nunca ha sido bombardeada. ¿Esto es para proteger a Al-Qaeda, que controla el territorio, o para evitar los daños colaterales? Los montañeses de esta región tienen un carácter corso-siciliano. Molestarles provocaría una inmediata respuesta de la numerosa diáspora repartida por el mundo entero. En Arabia saudí, los yemeníes de nacionalidad o de ascendencia son más de un millón; muchos de ellos trabajadores inmigrantes, pero también muchos millonarios.

Además, los Bin Laden pueden contar con la discreta solidaridad de una fracción de la nobleza irritada por las intempestivas iniciativas de Mohamed Ben Salman, hijo heredero del rey, y con la opinión radical mayoritaria de que Osama Bin Laden sigue siendo el héroe santo del siglo XXI. Es por tanto una lucha por el poder tramada detrás del decorado de una obra.

Lucha de clases en La Meca

El último episodio de la agonía del grupo de empresas data del 1 de mayo. Aquel día el SBG celebró a su manera el Día del Trabajador, despidiendo a 77.000 trabajadores extranjeros, la tercera parte de sus asalariados, y poniendo fin a su permiso de residencia, algo que les obligaba a abandonar el país. Se trata de trabajadores inmigrantes de una treintena de nacionalidades diferentes que hacía siete meses que no cobraban. Han protestado y se han rebelado. Muchas manifestaciones espontáneas fueron reprimidas; el 1 de mayo quemaron autobuses en La Meca, marcando la primera expresión de la lucha de clases en la Ciudad Santa desde el nacimiento del profeta. Según la “shariá laboral” en vigor en Arabia, sus reivindicaciones salariales son justas, porque, como recuerda un pasaje de la vida de Mahoma puesto en las pancartas, “el profeta ordenó a los musulmanes pagar los sueldos de los obreros antes de que su sudor se seque”.

Argumento indiscutible, al que el Ministerio de Trabajo ha respondido prometiendo que los salarios atrasados se pagarían. El gobierno, que teme la proliferación de revueltas, ha iniciado negociaciones discretas con el empleador. Para reanimar la esperanza de los parados, el gobierno anunció además el lanzamiento de un programa urgente de construcción de cien mil viviendas, y ha invitado a las empresas coreanas, británicas y… francesas a presentarse al concurso.

Para templar a los dirigentes del SBG impedidos de ejercer, los banqueros han enviado a Klaus Froehlich, un Mozart de las finanzas que ha abandonado deprisa Morgan Stanley Europa. Se ha unido en Arabia a Samer Younis, un manager superdotado que dirigía “Kharafi”, el gigante de la obra pública de Kuwait. Según las primeras comprobaciones, el “agujero” no sería “más que de” 30.000 millones, y los trabajos en las obras podrían reiniciarse pronto; sobre todo el de la emblemática torre de un kilómetro de altura.

Consecuencias internacionales incalculables

Como el aleteo de las alas de una mariposa en el Amazonas, la caída de la grúa de La Meca podría tener consecuencias internacionales sorprendentes, especialmente después de que el imprevisible Donald Trump pusiera los pies en el plató. Animada por la campaña electoral del candidato republicano, la arabofobia ha conquistado Estados Unidos. La opinión pública está al rojo vivo. En el campus de la pequeña ciudad de Pocatello, en Idaho, estallaron graves incidentes, obligando al Reino a trasladar urgentemente a cuatrocientos jóvenes saudíes.

Incluso Riad ha contemplado la repatriación de los 120.000 estudiantes que viven en Estados Unidos. Una perspectiva más grave es que Donald Trump ha prometido desclasificar las 28 páginas de la investigación sobre los atentados del 11 de septiembre, que contempla la responsabilidad de Arabia saudí.

Por su parte, el ministro de Asuntos Exteriores saudí ha amenazado con liquidar los 750.000 millones de dólares en activos en manos de Arabia saudí si el Congreso adoptaba un proyecto de ley autorizando a llevar al país ante los tribunales norteamericanos. El dossier de indemnización del atentado más devastador de la historia, con 3.000 muertos, 6.600 heridos, 25.000 millones de gastos ¿finalizará con la negociación de la mayor transacción de todos los tiempos? Los estrategas de la Casa Saúd ¿consideran el pago de todas las cuentas de la tragedia del World Trade Center entregando a la justicia de Estados Unidos la totalidad de los bienes de la familia Bin Laden? Sería una forma cómoda de salvar su dinastía y reconciliarse con Estados Unidos, sobre todo si, entre tanto, el joven príncipe heredero llega al trono.

Mohamed Ben Salman presenta el perfil ideal: moderno, reformador, ultraliberal, monógamo; pero especialmente es totalmente inocente de las vilezas terroristas, y además tiene una sólida coartada: en 2011 solamente tenía 11 años.

El wahabismo va de la mano del imperialismo

Como país, Arabia saudí presenta cuatro características que lo hacen único: tiene las mayores reservas de petróleo conocidas del mundo, está en un enclave estratégico de Oriente Medio, disfruta del sostén incondicional del imperialismo y es una de las autocracias más reaccionarias del mundo, en el que el Estado es confesional e inseparable del wahabismo.

El wahabismo no es el islam ni puede serlo porque es la religión de un Estado y no se entiende al margen del mismo y, por lo tanto, de la política misma de ese Estado.

El wahabismo es beligerante con el resto del islam. Para sus adeptos el término “wahabismo” tiene, sin embargo, un cierto sentido despectivo. Ellos a sí mismos se llaman “muwahhidunes”, que se puede traducir por unitarios tanto como por únicos.

Tiene, pues, una acusada naturaleza de secta que, por lo demás, se cuenta entre las más retrógradas que se conocen. Como la mayor parte de ellas, es evangelizadora o expansiva, con la diferencia de que su pretensión es imponer su hegemonía ideológica sobre el conjunto del islam, una característica que le da un valor añadido a los ojos del imperialismo: la hegemonía política acompaña a la ideológica, como no podía ser de otra forma.

El Pacto del Quincy

El llamado “Pacto del Quincy” firmado con Estados Unidos al finalizar la Segunda Guerra Mundial, convirtió a Riad en uno de los más firmes puntales del imperialismo en la región, junto con Israel y Turquía. Sin el apoyo de Estados Unidos, los príncipes saudíes nunca se hubieran podido sostener en el poder.

A cambio del apoyo militar, Arabia saudí ha estado regando a los países capitalistas con petróleo y luego con petrodólares.

En plena Guerra Fría, el pacto saudí con el imperialismo estadounidense cerraba las puertas a la Unión Soviética en Oriente Medio y le impedía el acceso al petróleo. Este bloqueo obligó al gobierno soviético a desarrollar su propia industria petrolera, que hoy es puntera y de las más importantes del mundo.

Las declaraciones de los más altos dirigentes del imperialismo nunca han dejado lugar a dudas sobre la importancia de la alianza estratégica, pasando por encima de la ausencia completa de libertades y derechos en el país de los jeques.

En junio de 1948 John Forrestall, secretario de Defensa recordó que Arabia saudí debía ser considerada como parte de la zona de defensa del hemisferio occidental.

En una carta dirigida a Ibn Sud, el 31 de octubre de 1950 le escribió Truman: “No podría llegaros ninguna amenaza contra vuestro reino que no constituya un asunto preocupante inmediato para Estados Unidos”.

El presidente Eisenhower impuso su propia doctrina al respecto, asegurando que nadie pondría nunca en dificultades a los aliados petroleros del “mundo libre”, lo que aseguraba a los saudíes no sólo inmunidad, sino más bien impunidad.

El 25 de octubre de 1963 en una carta dirigida al rey Faysal, escribió Kennedy: “Estados Unidos aporta su apoyo incondicional al mantenimiento de la integridad territorial de Arabia saudí”.

En su discurso sobre el Estado de la Unión, lo volvió a repetir Carter el 23 de enero de 1980: “Cualquier tentativa por parte de cualquier potencia extranjera, de tomar el control de la región del Golfo Pérsico, será considerada como un ataque contra los intereses vitales de Estados Unidos de América. Y este ataque será rechazado por todos los medios necesarios, comprendida la fuerza militar”.

Nunca se podrán entender muchos de los acontecimientos de la posguerra sin tener en cuenta esa estrecha relación entre Estados Unidos y Arabia saudí en la que el petróleo se vendía a cambio de impunidad.

En la medida en que el wahabismo es la religión de Arabia saudí, su expansión también está bajo la tutela del imperialismo y, en particular, de Estados Unidos.

Panarabismo y panislamismo

Tras la Unión Soviética, a los países árabes fueron llegando nuevos enemigos cuando en la década de los años cincuenta se inició la ola del nacionalismo árabe, ligado además al anticolonialismo, al panarabismo, al laicismo e incluso a ciertas simpatías hacia el socialismo.

El egipcio Nasser simbolizó aquel movimiento, que se convirtió rápidamente en enemigo mortal de Arabia saudí. Nasser llamó abiertamente al derrocamiento de la autocracia saudí en una consigna célebre: “Antes que liberar Jerusalén, los árabes deben pensar en liberar Riad”.

Nasser impulsó el panarabismo, que es un movimiento político propio del mundo árabe exclusivamente. Por el contrario, los jeques saudíes promovían el panislamismo, que es un movimiento religioso que no conoce fronteras.

La máxima expresión del panarabismo fue el surgimiento de un nuevo Estado, la República Árabe Unida, que surge de la fusión de otros dos ya existentes, Egipto y Siria, lo que convirtió a Siria en la pieza más codiciada para los saudíes.

Con la crisis del dólar de 1971, a partir de los setenta Arabia saudí salva al imperialismo de una crisis aún más profunda transformando las reservas de petróleo en reservas de divisas, petrodólares que vuelven a los bolsillos de los imperialistas frenando temporalmente la crisis.

Además, los petrodólares financian la política exterior saudí, incluida su política religiosa ultrarreaccionaria, el wahabismo, del cual el salafismo es un producto para la exportación.

En 1956 el futuro rey Feysal había propuesto situar al islam, en referencia al wahabismo, “en el centro de la política exterior del reino”.

Para contrarrestar a la Liga Árabe, en 1962 los saudíes crean la LIM (Liga Islámica Mundial), en 1969 la Conferencia Islámica Mudial y en 1972 la WAMY (World Assembly of Muslim Youth, Asamblea Mundial de la Juventud Musulmana).

La Liga Islámica Mundial es una ONG financiada desde su origen por la petrolera Aramco (Arabian-American Oil Company) y por bancos saudíes como el Faysal Finances o la banca Al-Baraka.

Esta Liga crea una red de imanes establecidos por todo el mundo, financia la construcción de mezquitas, como la de Madrid, la edición de libros religiosos y grabaciones de audio.

Por su parte, bajo la cobertura de la ayuda “humanitaria”, la WAMY financia y recluta yihadistas, especialmente en Europa. Son el equivalente wahabita de los misioneros cristianos.

Yihad en Afganistán

En 1979 el wahabismo padece su mayor crisis cuando los chiítas llegan al poder en Irán y los soviéticos ocupan Afganistán. Pero el imperialismo reconduce la beligerancia wahabita no contra los herejes (Irán) sino contra los infieles (Afganistán).

En el país centro-asiático convergen todos los hilos de la Guerrra Fría, que se resumen en la calificación que hizo Reagan de los yihadistas, entonces llamados “muyahidines” elogiosamente por la propaganda imperialista y sus medios de comunicación. Los muyahidines de Reagan no sólo eran los defensores de la fe frente al ateísmo comunista, sino los “combatientes de la libertad”.

En la yihad afgana se repartieron las tareas: los saudíes ponían el dinero y los estadounidenses las armas. De la logística se encargó Pakistán. De esa manera el millonario saudí Bin Laden creó Al-Qaeda.

En 1986 los jeques llevaron mucho más adelante su lucha por “liberar” a la humanidad: hundieron el precio del barril de petróleo, que pasó a 28 a 9 dólares, precipitando la caída de una Unión Soviética moribunda.

Tras la caída de la Unión Soviética, el wahabismo se extiende en su forma salafista a dos regiones próximas, siempre de la mano del imperialismo.

En primer lugar al Cáucaso, en cuyas guerras (1995 y 1999) participan los muyahidines que regresan de Afganistán.

En segundo lugar a los Balcanes, especialmente a Bosnia y Kosovo (1993 y 1995).

En ambos casos, el salafismo llega con el imperialismo, destruye los Estados ya asentados en ambas regiones invocando supuestas aspiraciones independentistas. Pero el wahabismo es sustancialmente antinacional y penetra siempre en abierta lucha contra las prácticas islámicas locales.

Es exactamente la misma instrumentalización puesta en práctica en Siria desde 2011, cuya guerra no es nacional, no pretende un mero cambio de gobierno, sino internacional. Su objetivo es un nuevo reparto de Oriente Medio.

Los dirigentes de la yihad reunidos con Reagan en la Casa Blanca

El acusado que murió dos veces (otro caso de guerra sicológica)

El viernes las agencias prensa anunciaron la muerte de Mustafá Badreddin, jefe militar de Hezbollah en la guerra de Siria. El libanés murió durante un brutal bombardeo del aeropuerto de Damasco.

Es la segunda vez que muere Badreddin porque el año pasado ya lo anunció el New York Times, que tiene la mala suerte de equivocarse casi siempre.

Ambas muertes se produjeron mientras en La Haya el Tribunal Internacional para Líbano le juzgaba por ser uno de los asesinos de Rafic Hariri diez años antes en Beirut.

El referido Tribunal creado por la ONU para investigar el asesinato de Hariri, como todos los demás tinglados de su especie, es una cortina de humo para ocultar a los verdaderos autores del crimen.

Inmediatamente después del asesinato de Hariri se puso en marcha la maquinaria propagandística en el mundo entero para culpar a Bashar Al-Assad (1), lo cual demuestra que la guerra contra Siria se preparó bastante antes de la Primavera Árabe y que nada se dejó a la improvisación.

Junto con Bashar Al-Assad, la propaganda no ha dejado de referirse a Irán y a Hezbollah que, como siempre en este tipo de asuntos, van en el mismo equipaje.

En una entrada anterior ya tuvimos ocasión de presentar a la familia Hariri (2), conocido caballo de Troya de Arabia saudí en Líbano y opositora al gobierno de Siria que en el momento del atentado ocupaba Líbano y que a raíz del mismo anuncia inmediatamente su retirada.

La investigación sobre el asesinato, iniciada por el fiscal alemán Detlev Mehlis, ha quedado en ridículo en múltiples ocasiones, consecuencia inevitable de seguir una pista amañada para imputar el crimen al gobierno de Damasco, a Irán y a Hezbollah.

El fiscal del Líbano Said Mirza mantuvo en la cárcel durante más de tres años a varias personas acusadas de participar en el atentado, para dejarlas finalmente en libertad sin ninguna clase de cargos inculpatorios.

Si se examinan los puestos que los detenidos ocupaban en el Estado, es claro que la represión sirvió para depurar los aparatos de seguridad, poniendo al frente de los mismos a sujetos leales al imperialismo, a Estados Unidos y a Arabia saudí.

Para incriminar a Siria el primer informe del fiscal del Tribunal de la ONU se apoya sobre chapuzas, como la que cometió al entrevistarse con el general Jamil Al-Sayyed, jefe de la Seguridad General libanesa, pocos meses después del atentado: “Hariri ha sido asesinado por los sirios. O Usted encuentra una víctima, o la víctima será Usted mismo”, le amenazó.

El fiscal alemán estaba ligado a los servicios secretos alemanes y estadounidenses y su nombramiento tenía por objeto ocultar a los verdaderos autores del crimen. Se creía muy listo, pero el general libanés le ganó por la mano grabando la entrevista y llevándola a la prensa.

Los testigos eran anónimos. Uno de ellos, Hussam Taher Hussam, reconoció que había declarado en falso a cambio de una cantidad de dinero que le entregó el hijo de Hariri.

A otro testigo, Mohamed Zuheir Siddiq, el fiscal alemán le presenta como una pieza clave del servicio secreto sirio en Líbano, hasta que se demostró que era el chófer de un general sirio y que estaba perseguido por malversación de fondos.

Al chófer le detienen en Francia en 2005, pero para evitar que el montaje se venga abajo, no conceden su extradición a Líbano.

En 2008 el ministro francés de Asuntos Exteriores Bernard Kouchner riza el rizo del vodevil y dice que han “perdido” al testigo (3).

En 2010 Nasrallah, máximo dirigente de Hezbollah, acusa a Israel del atentado contra Hariri y afirma su desconfianza hacia la investigación de la ONU.

Por su parte, la revista rusa Odnako implica a Alemania en el atentado (4). El fiscal nombrado por la ONU hubiera debido investigar en su propio país tanto como en Líbano.

Al mismo tiempo el periodista francés Thierry Meyssan anuncia que la explosión que mató a Hariri procedió de un pequeño misil cargado con uranio empobrecido lanzado desde un dron fabricado por Alemania (5).

En 2011 el ministro libanés de Interior Marwan Charbel da los nombres de los cuatro militantes de Hezbollah a los que acusa de cometer el asesinato, entre ellos el de Badreddin.

El 16 de enero de 2014 comienza el juicio en rebeldía contra los cuatro en la ciudad holandesa de La Haya.

La farsa aún no ha terminado. En febrero de este año el testigo número 45, Ghaleb Al-Chamaa, amigo de Hariri revela que el fallecido le pagaba 67.000 dólares mensuales a Rostom Ghazaleh, jefe de la inteligencia siria en Líbano en el momento del atentado.

¿Mató a la mano que le estaba dando de comer?

(1) La ONU es juez y parte de la guerra imperialista contra Siria: https://movimientopoliticoderesistencia.blogspot.com.es/2016/02/la-onu-es-juez-y-parte-de-la-guerra.html
(2) La caída de la Casa Hariri: https://movimientopoliticoderesistencia.blogspot.com.es/2016/02/la-caida-de-la-casa-hariri.html
(3) http://www.marianne.net/ASSASSINAT-D-HARIRI-LA-FRANCE-A-PERDU-UN-TEMOIN_a87241.html
(4) http://www.almanar.com.lb/NewsSite/NewsDetails.aspx
(5) http://www.voltairenet.org/article167550.html

Las trampas de las negociaciones de paz sobre Siria

Los lectores de prensa internacional siempre creyeron que Alastair Crooke era un periodista al uso y que, como tal, reunía los atributos que se le suponen, como la neutralidad política.

Nada más lejos de la realidad. Con el tiempo Crooke fue adjunto de Javier Solana al frente de los asuntos exteriores de la Unión Europea, un cargo más discreto que seguía escondiendo el verdadero papel de Crooke como espía del MI6.

Ahora Crooke ha salido del armario y concede una entrevista a la competencia, Rusia Today, presentándose como el espía que siempre fue. Es bastante común entre los espías, sobre todo en Estados Unidos, que tarde o temprano pasan de un bando al enemigo y finalmente siempre acaban sustituyendo la discreción propia del cargo por el “glamour” de los micrófonos de radio y las cámaras de televisión.

Ese cambio va ligado al cambio de chaqueta, en el que uno de los términos de la ecuación siempre es siempre URSS/Rusia. Si en un sitio no te escuchan, acudes al enemigo. Algunos lo llaman deserción.

En Rusia Today el viejo espía británico habla de las negociaciones de paz sobre Siria, sobre las que se muestra pesimista. Algunos lo llamarían realista. Crooke califica el alto el fuego como en el baloncesto, “tiempo muerto”, un breve episodio hasta que se reanuda eso que para algunos es sólo un juego, aunque para los sirios es todo menos eso.

Las partes no quieren la paz, dice Crooke. Estados Unidos va a iniciar una campaña acusando a Rusia e Irán de continuar los ataques contra los “moderados”, aunque se trate de verdaderos yihadistas.

El “tiempo muerto” va a permitir que los yihadistas se agrupen y se rearmen para frenar la ofensiva del ejército regular. Si pierden Raqqa no tendrán nada que poner sobre la mesa de negociaciones, dice Crooke.

Crooke también denuncia al servilismo de la Unión Europea hacia Turquía, no sólo en el capítulo de las agresiones contra los kurdos sino también en el de los refugiados, que Erdogan utiliza como instrumentos de chantaje. La Unión Europea ha pagado 3.000 millones de euros al gobierno de Ankara para que se los quede en su suelo y les evite más problemas.

Timber Sycamore: la CIA desató la guerra contra Siria

Cuando en 2013 el presidente Obama autorizó a la CIA secretamente a armar a los aguerridos rebeldes [sirios], la agencia de espionaje supo que tendría un socio seguro que ayudaría a pagar la operación encubierta. Era el mismo socio en el que la CIA había encontrado apoyo durante décadas en cuestiones monetarias y de discreción en sus conflictos lejanos: el Reino de Arabia saudí.

Desde entonces, la CIA y sus amigos saudíes han mantenido un acuerdo poco habitual para la misión de entrenar a los rebeldes, operación que los norteamericanos han bautizado con el nombre en clave de Timber Sycamore [Madera de Platanero]. En ese acuerdo, según indicaron funcionarios de la actual y de la anterior administración, los saudíes contribuyen con armas y con amplias sumas de dinero, asumiendo la CIA la labor de entrenar a los rebeldes en el uso de los rifles de asalto AK-47 y misiles antitanque.

El apoyo a los rebeldes sirios es solamente el último capítulo de la larga relación entre los servicios de espionaje de Arabia saudí y Estados Unidos, alianza fortalecida durante el escándalo Irán-contra, el apoyo a los muyaidines contra los rusos en Afganistán, y las luchas en África por medio de fuerzas interpuestas. A veces, como en Siria, los dos países han trabajado de forma conjunta. En otras, Arabia saudí se ha limitado a extender cheques para financiar las actividades encubiertas norteamericanas.

El programa conjunto de armamento y adiestramiento, al que otros Estados de Oriente Medio contribuyen con dinero, sigue adelante, en tanto que las relaciones con Arabia saudí (y el papel del reino en la zona) son fluidas. Los antiguos lazos de petróleo barato y de tipo geopolítico que han unido a los dos países se han debilitado, a medida que la dependencia de Estados Unidos del petróleo extranjero declina, y el gobierno de Obama se desliza hacia un acuerdo diplomático con Irán.

Pero la alianza persiste, aupada en un mar de dinero saudí y en la existencia de intereses recíprocos. Además de las vastas reservas petrolíferas de Arabia saudí y su papel como referencia espiritual del mundo suní, la larga relación entre los servicios de inteligencia ayuda a explicar por qué Estados Unidos se han mostrado reacios a criticar abiertamente las violaciones de derechos humanos, su trato a las mujeres y su apoyo a la vertiente extremista del Islam, la wahabita, inspiradora de muchos de los auténticos grupos terroristas con los que lucha Estados Unidos. El gobierno de Obama no condenó de forma pública la decapitación este mes de un clérigo chiíta disidente, Sheikh Nimr al-Nimr, que había desafiado a la familia real.

Pese a que los saudíes han hecho pública su ayuda armando a los grupos rebeldes en Siria, el alcance de su asociación con la campaña encubierta de la CIA y su apoyo financiero no se ha hecho público. Los detalles fueron extrayéndose de las entrevistas a una media docena de actuales y antiguos funcionarios estadounidenses, y de fuentes de bastantes países del Golfo Pérsico. La mayoría habló de forma anónima, porque no estaban autorizados a discutir sobre el programa.

Desde el momento en que comenzó la operación de la CIA, contó con el dinero saudí. “Comprenden que tienen que tenernos, y nosotros sabemos que les tenemos que tener”, dijo Mike Rogers, antiguo congresista republicano de Michigan que fue secretario del House Intelligence Committee cuando comenzó la operación de la CIA. Rogers declinó discutir detalles del programa secreto.

Los funcionarios norteamericanos no han desvelado la suma de la contribución saudí, que es con diferencia mayor que la de cualquier otro país al programa de armamento de rebeldes contra el ejército del presidente Bashar al-Assad. Pero estiman que el coste total de armamento y entrenamiento asciende a bastantes miles de millones de dólares. La Casa Blanca ha recibido bien la cobertura financiera por parte de Arabia saudí (y de Qatar, Jordania y Turquía) en un momento en que Obama ha presionado a las naciones del golfo a protagonizar un papel mayor en la seguridad de la región. Tanto los portavoces de la CIA como de la embajada saudí declinaron hacer comentarios.

Cuando Obama aprobó el armamento de los rebeldes en la primavera de 2013, se debió en parte al intento de ganar control de la aparente situación de impunidad en la región. Los qataríes y los saudíes habían estado inyectando armas en Siria durante más de un año. Los qataríes incluso estaban introduciendo de contrabando cargamentos de lanzacohetes personales chinos FN-6 desde la frontera con Turquía. Los esfuerzos de los saudíes estaban dirigidos por el extravagante príncipe Bandar bin Sultan, en aquella época jefe de la inteligencia, quien compró miles de AK-47 y millones de municiones en Europa del este para los rebeldes sirios. LA CIA ayudó a organizar algunas de las compras de armas de los saudíes, incluyendo un gran contrato con Croacia en 2012.

Hacia el verano de 2012 existía una sensación de “barra libre” a lo largo de la frontera entre Turquía y Siria, mientras seguían las inyecciones de armas y dinero hacia los grupos rebeldes, incluso hacia algunos de los que los funcionarios norteamericanos sospechaban tener lazos con grupos radicales como Al Qaeda. Durante este período la CIA mantuvo un papel secundario, estando autorizada por la Casa Blanca bajo el programa de entrenamiento Timber Sycamore [Madera de Platanero] para entregar ayuda a los rebeldes excepto armas. A finales de 2012, según dos antiguos funcionarios estadounidenses, David H. Petraeus, a la sazón director de la CIA, aplicó un duro rapapolvos a los oficiales de inteligencia de bastantes países del Golfo, en un encuentro cerca del Mar Rojo en Jordania. Les reprendió por enviar armas a Siria sin previa coordinación con los funcionarios de la CIA en Jordania y Turquía.

Meses más tarde, Obama dio su aprobación a la CIA para dar inicio al armamento y entrenamiento de los rebeldes en una base en Jordania, modificando el programa Timber Sycamore [Madera de Platanero] para introducir ayuda letal. Bajo el nuevo acuerdo, la CIA se puso al frente del entrenamiento, mientras la inteligencia saudí, el Directorio General de Inteligencia, proporcionaba dinero y armas, incluyendo misiles antitanques Tow. Los qataríes también ayudaron financieramente, permitiendo el uso de una base en Qatar como centro complementario de entrenamiento. Pero, según los funcionarios norteamericanos, Arabia saudí era, con diferencia, el mayor contribuyente a la operación.

Mientras el gobierno de Obama consideraba esta coalición un asunto que se vendería excelentemente en el Congreso, algunos, incluyendo al senador Rin Wyden, un demócrata de Oregón, planteó objeciones al respecto, porque la CIA necesitaba el dinero saudí, según la versión de un antiguo funcionario.

Wyden declinó ser entrevistado, pero su oficina emitió una declaración exigiendo más transparencia. “Antiguos funcionarios han declarado públicamente que Estados Unidos está intentando estructurar las capacidades bélicas de la oposición contra Assad, pero no han proporcionado al público los detalles sobre cómo se está realizando esto, qué agencias oficiales están implicadas, o con qué socios extranjeros están trabajando estas agencias”, afirma el comunicado.

Cuando las relaciones entre los países involucrados pasan malos momentos, a menudo le toca a Estados Unidos negociar soluciones. Como anfitrión, Jordania espera pagos regulares de los saudíes y de los norteamericanos.

Cuando los saudíes pagan tarde, según un antiguo funcionario de inteligencia, los jordanos se quejan a los miembros de la CIA. Mientras que en anteriores misiones de la CIA, los saudíes han proporcionado financiación sin condiciones, no ocurre así con el dinero para Siria, según cuentan funcionarios antiguos y actuales. “Quieren un sitio en la mesa, y tener voz y voto respecto a cuales van a ser los planes de la mesa”, declaró Bruce Riedel, antiguo analista de la CIA y ahora socio de la Brookings Institution.

El programa de entrenamiento de la CIA está separado del programa de armamento de los rebeldes sirios, del que el Pentágono afirma su final. Ese programa se diseñó para entrenar a los rebeldes a combatir a los miembros del Califato Islámico en Siria, al contrario que el programa de la CIA, que se centra en los grupos rebeldes que combaten al ejército de Siria.

En tanto que la alianza en cuestiones de inteligencia es central en la lucha en Siria y ha sido importante en la guerra contra Al-Qaeda, una constante irritante en las relaciones entre Estados Unidos y Arabia Saudita es el nivel de apoyo de los ciudadanos saudíes a grupos terroristas, indican los analistas. “Cuanto más se incide en el argumento ‘les necesitamos como socio antiterrorista’ menos persuasivos se hacen”, comentó Williams McCants, antiguo consejero antiterrorista del Departamento de Estado y autor de un libro sobre el Califato Islámico. “Si esto es una conversación sobre cooperación antiterrorista, y los saudíes son parte principal del problema en la creación del terrorismo, ¿cómo puede resultar convincente un argumento como ese?” Es increíble la cantidad de gente que piensa que el moderno Islam no es el Islam, sino la estricta interpretación que Arabia saudí hace del Islam. Así que…

Pero… ¿por qué no? Así se hizo en Afganistán, en donde Estados Unidos financió, apoyó y entrenó a grupos terroristas como los muyaidines y los talibanes, junto a los saudíes… A corto plazo, la alianza sigue siendo sólida, reforzada por el lazo entre dos jefes del espionaje. El príncipe Mohamed bin Nayef, ministro de Interior saudí que recibió el encargo de armar a los rebeldes sirios del príncipe Bandar, conoció al director de la CIA John O. Brennan en la época en que éste era el jefe de la estación de la CIA en Riad, en los años 90. Antiguos colegas consideran que siguen estando cercanos, y el príncipe Mohamed ha ganado amigos en Washington con su agresividad en el desmantelamiento de grupos terroristas como Al-Qaeda en la Península Arábiga.

La función que Brennan desempeñó en Riad es, más que la del embajador, el auténtico núcleo del poder norteamericano en el reino. Antiguos diplomáticos recuerdan que las discusiones más importantes siempre se canalizaron a través del jefe de estación de la CIA. Los funcionarios de inteligencia dicen que este canal de comunicación tiene una ventaja. Los saudíes son mucho más receptivos a la crítica de los norteamericanos cuando ésta se hace en privado, y este canal secreto ha hecho más para manejar el comportamiento de los saudíes en pro de los intereses norteamericanos que cualquier crítica pública.

Las raíces de la relación son antiguas. A finales de los años 70, los saudíes organizaron lo que se conocía como el “Safari Club”, coalición de naciones que incluía a Marruecos, Egipto y Francia, que realizaban operaciones encubiertas en África en un tiempo en que el Congreso había recortado las alas de la CIA tras años de abusos. “De esta manera, con esos países, el reino ayudó de alguna manera a mantener el mundo seguro en una época en que Estados Unidos no podía hacerlo”, recordaba el príncipe Turki al-Faisal, antiguo dirigente de la inteligencia saudí en una charla en la Universidad de Georgetown en 2002.

En los ochenta los saudíes ayudaron a financiar las operaciones de la CIA en Angola, en donde Estados Unidos respaldaban a los rebeldes contra el gobierno, apoyado por Rusia [Unión Soviética]. Aunque los saudíes eran fervorosamente anticomunistas, el principal incentivo de Riad parecía ser consolidar sus lazos con la CIA.

“Estaban comprando buena voluntad”, recuerda un antiguo funcionario de inteligencia que participó en la operación. Tal vez en lo que fue el episodio con más repercusiones, los saudíes ayudaron a armar a los rebeldes muyaidines para expulsar a Rusia de Afganistán. Estados Unidos comprometió centenares de millones de dólares cada año para la misión, y los saudíes lo igualaron, dólar a dólar. El dinero fluía a través de una cuenta en Suiza propiedad de la CIA. En el libro “Charlie Wilson’s War”, el periodista George Crile III relata que la CIA organizó una cuenta que no rindiera intereses, para mantener la prohibición islámica de la usura.

En 1984, cuando el gobierno de Reagan buscaba ayuda para su plan secreto de vender armas a Irán para financiar a los rebeldes de la contra en Nicaragua, Robert C. McFarlane, consejero nacional de seguridad, se entrevistó con el príncipe Bandar, en aquel tiempo embajador saudí en Washington. La Casa Blanca dejó claro que los saudíes “ganarían una cantidad considerable de consideración” mediante la cooperación, recordó más tarde McFarlane.

El príncipe Bandar prometió un millón de dólares mensuales para financiar a la contra, como reconocimiento del anterior apoyo de la Casa Blanca a los saudíes. Las contribuciones continuaron después de que el Congreso cortara esa financiación. Al final, los saudíes donaron 32 millones de dólares, pagados a través de una cuenta en las Islas Caimán.

Al surgir el escándalo Iran-contra y plantearse cuestiones en torno al papel de los saudíes, el reino mantuvo sus secretos. El príncipe Bandar rechazó cooperar con la investigación dirigida por Lawrence E.R. Walsh, el consejero independiente. En una misiva, el príncipe rechazó testificar, explicando que “los secretos y los compromisos de mi país, así como nuestra amistad, no son coyunturales, sino algo a largo plazo”.

—http://www.nytimes.com/2016/01/24/world/middleeast/us-relies-heavily-on-saudi-money-to-support-syrian-rebels.html

La batalla del corredor de Azaz

La captura de la bolsa de Azaz por el ejército sirio y las tropas de las YPG, las Unidades kurdas de Protección del Pueblo, progresa. La bolsa se formó después de que el ejército sirio consiguiera abrir un pasillo hasta la frontera turca a través del territorio que mantenían los “rebeldes”, entre la ciudad de Alepo y la frontera turca. El objetivo ahora es rechazar hacia el norte, hacia Turquía, a todas las fuerzas apoyadas por el extranjero que están en esa bolsa, estrechando el control sobre la frontera.

Como el primer ministro turco Davutoglu anunció que su país no podía permitir que Azaz cayera en manos de los kurdos, el mando sirio-ruso concedió a las YPG la tarea de limpiar la bolsa como una clara advertencia a sus vecinos del norte.

Turquía lanza disparos de artillería desde el sur del país sobre las posiciones kurdas en la bolsa. Las fuerzas especiales turcas están probablemente próximas a la línea del frente y controlan el fuego, pero la artillería por sí sola no puede inclinar la balanza. Los kurdos tienen el apoyo aéreo del ejército ruso al que Turquía no se atreve a atacar.  Los rusos no atacarán tampoco la artillería turca, porque eso puede extender la guerra.

Las tropas kurdas aguantan la cortina de fuego artillera, mientras rechazan los contragolpes yihadistas. Algunos mercenarios han llegado de refuerzo a Idleb, procedentes de Turquía, desde donde se han trasladado a la bolsa. La aniquilación de estas fuerzas en la bolsa de Azaz facilitará notablemente los futuros combates del ejército sirio, en Idleb y en sus alrededores.

Mientras para Turquía los kurdos son terroristas, para Estados Unidos son aliados y en el este de Siria lograron expulsar conjuntamente al Califato Islámico de Kobane. En aquella zona hay desplegadas fuerzas especiales estadounidenses sobre el terreno, que desempeñan dos tareas: preparan a los kurdos para nuevos ataques contra el Califato Islámico y guían los bombardeos a tierra de la aviación estadounidense.

Los movimientos de los kurdos que combaten en la bolsa de Azaz son muy precisos y están coordinados con el ejército sirio y con la fuerza aérea rusa. Ya hace algún tiempo que llegaron, verosímilmente, a un acuerdo respecto a la línea de demarcación entre ellos.

La villa de Kafr Naya, por ejemplo, fue capturada en primer lugar por el ejército regular que, a continuación, se retiró, tomando el relevo los kurdos de forma inmediata. Las fuerzas locales de Kafr Naya, antiguos “rebeldes”, se han unido a las Fuerzas Democráticas Sirias, el nombre utilizado por Estados Unidos para denominar a las YPG cada vez que fuerzas árabes se unen a ellos.

En coordinación con el ejército sirio y con los rusos hay fuerzas especiales estadounidenses dirigiendo a las YPG locales en la bolsa de Azaz.

Es algo bastante esquizofrénico. En el norte de Siria el Pentágono juega una partida que no encaja con la de la CIA. El caso es que unos y otros combaten en bandos opuestos y eso explicaría el malestar de ciertos altos oficiales de la inteligencia militar, como el general Michael Flynn, que se han pronunciado contra la Casa Blanca por su apoyo a los yihadistas.

Fuerzas irakíes ejecutan al ‘ministro de la Guerra’ del Califato Islámico

Según el general irakí Ahmad Al Bilaui, responsable militar de Ramadi, el “ministro de la Guerra” del Califato Islámico ha sido ejecutado en la operación de liberación de la ciudad.

En declaraciones a la cadena de televisión saudí Sky News Arabia, el oficial irakí también ha revelado que han sido eliminados otros 36 dirigentes militares de la misma organización.

Estas pérdidas confirman el retroceso sobre el terreno de los mercenarios del Califato Islámico, que en Irak han perdido el 40 por ciento de los lugares que ocupaban hasta este año.

La última derrota de los yihadistas ha sido una zona situada cerca de la ciudad de Haditah, en la provincia occidental de Al Anbar.

En Siria el Callifato Islámico ha perdido un 20 por ciento de sus territorios, según dijo el martes el coronel de la coalición “internacional” Steve Warren en una conferencia de prensa en Bagdad.

Warren añadió que los yihadistas se han puesto a la defensiva y que no han logrado conquistar ni un palmo de terreno en Irak desde el mes mayo del pasado año.

Como consecuencia de ello, desde hace 48 horas los dirigentes yihadistas se han replegado en la ciudad de Haditha, a casi 200 kilómetros al oeste de Bagdad.

Inminente ataque del ejército irakí contra el Califato Islámico en Ramadi

Esta mañana las tropas irakíes se han preparado para desalojar al Califato Islámico de las posiciones que ocupan en Ramadi, a unos 100 kilómetros al oeste de Bagdad.

Los yihadistas han colocado explosivos en los lugares estratégicos de la ciudad para impedir el avance del ejército.

En mayo el ejército irakí se apoderó de la provincia de Anbar, una de sus victorias más importantes en la lucha contra los yihadistas, que se apoderaron de un tercio del territorio irakí el pasado año.

Un portavoz del ejército irakí, Sabah al Numani, ha asegurado que en 24 horas esperan expulsar al Califato Islámico de sus posiciones en Ramadi.

Si la ofensiva tiene éxito, sería la segunda victoria después del asalto a Tikrit, que cayó en poder de la fuerzas gubernamentales en abril de este año.

No obstante, Ramadi es sólo una escala en el camino hacia Mosul, que privaría al Califato Islámico de su centro más poblado, tanto en Irak como en Siria, así como su más importante fuente de ingresos.

Ayer un mensaje de audio de Abou Bakr Al-Baghdadi difundido por internet aseguraba que los bombardeos de Rusia y la coalición “internacional” no han debilitado al Califato Islámico.

El dirigente del Califato Islámico también menciona a la coalición formada recientemente en Riad: “Si fuera una coalición islamista, se habría emancipado de sus amos judíos y cruzados y habría transformado la muerte de los judíos y la liberación de Palestina en su objetivo”, dice Al-Baghdadi.

La agencia Reuters no ha podido confirmar la autenticidad del mensaje, que se ha difundido en las cuentas de Twitter que normalmente utiliza el Califato Islámico para difundir sus comunicados.

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