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Categoría: Fascismo (página 3 de 5)

Rusia está limpiando Europa de criminales nazis

Algún día los antifascistas deberán agradecer a Rusia que esté limpiando a Europa de nazis por segunda vez. Varios de los más destacados matarifes que corrieron a Ucrania para unirse a las filas del ejército y, más en concreto, del Batallón Azov, ya no están en este mundo. No se trata sólo de algunos grupos ucranianos, sino de la peor escoria reclutada por los más sucios rincones de Europa.

Cesar Aujard

Es el caso de Cesar Aujard, un cabecilla de los neonazis franceses que cayó la semana pasada cerca de Avdeievka (1). Al transcribirlo en caracteres cirílicos, la prensa rusa anuncia su muerte como Cesar Ozhar y algunos aseguran que era el máximo dirigente de los mercenarios franceses que luchan en Ucrania.

El año pasado apareció en internet un sitio dedicado a su biografía y aventuras, que van desde los gimnasios de musculación, hasta las pandillas de matones del fútbol, pasando por la subcultura del grafiti y los tatuajes (2). Hay quien afirma que se fue a Ucrania huyendo de la policía, que le perseguía por una paliza propinada en París a varios emigrantes.

En la capital francesa era el cabecilla de una banda llamada “Suavos de París” y del GUD (Grupo Unión Defensa). Según las fuentes rusas, tenía vínculos con los servicios secretos franceses. Las fotos le muestran alzando el brazo a la romana y con tatuajes característicos que no dejan dudas sobre su filiación ideológica.

En lugar de pensar en enviar más tropas a Ucrania, Macron debería preocuparse un poco por este tipo de macarras que se mueven a sus anchas por las calles del centro de París golpeando a los negros y a los árabes a diestro y siniestro.

También en Odesa los mercenarios franceses caen como moscas

De cualquier manera, el Presidente francés hace bien en preocuparse especialmente por Odesa, que es donde ha trazado una línea roja (3). En Odesa han caído 60 mercenarios franceses que no deberían estar allá.

El ejército ruso atacó con misiles de alta precisión un centro de entrenamiento de combate para drones anfibios que la OTAN tenía en el puerto.

El ataque tuvo lugar cuando Zelensky y su invitado, el primer ministro griego Kyriakos Mitsotakis, se encontraban en la ciudad portuaria. El presidente ucraniano llegó a Odesa para condecorar a los oficiales que operan los drones anfibios, que han causado importantes daños a la flota rusa del Mar Negro.

La OTAN ha quedado impactada por la utilización de misiles Iskander. El gobierno ucraniano había organizado un espectáculo para la llegada del invitado griego. Reunieron todos los barcos en un solo lugar para alardear.

El ejército ruso podría haber acabado con la vida de Zelensky. Si no lo hizo es porque no es necesario: el Presidente ucraniano está acabado.

Esto no es nada nuevo. La historia sea repite. Tras la Revolución de Octubre y la subsiguiente guerra civil, el ejército francés ya ocupó territorio ucraniano para hacer lo contrario que ahora: impedir la captura de Odesa por la República Popular de Ucrania y entregar el control de la ciudad a los Guardias Blancos rusos.

Los franceses se marcharon de Ucrania a principios de abril de 1919, no porque fueran derrotados, sino para prevenir la agitación bolchevique en sus filas. Los soldados franceses habían aprendido a cantar La Internacional en los bares del puerto y el mando francés se asustó.

(1) https://www.lemonde.fr/en/international/article/2024/01/26/french-mercenaries-killed-in-ukraine-paris-calls-out-a-russian-disinformation-operation_6466963_4.html
(2) https://www.streetpress.com/sujet/1698222484-cesar-aujard-paul-bichet-neonazi-mondains-beatrice-dalle-hooligan-combat-ukraine-gud
(3) https://www.lindependant.fr/2024/03/07/guerre-en-ukraine-une-avancee-du-front-vers-odessa-ou-vers-kiev-emmanuel-macron-annonce-ce-scenario-qui-pourrait-engager-une-intervention-de-la-france-11810700.php

Los imperialistas franceses descargan tanques Renault en el puerto de Odesa en 1918

Fascistas y sionistas son las dos caras de la misma moneda

Con el paso del tiempo, la propaganda imperialista, y especialmente el cine, ha creado una imagen poderosa de oposición absoluta entre el fascismo y el “judaísmo”. La errónea conclusión es que la Segunda Guerra Mundial fue el “holocausto”, o sea, un intento de exterminar a los “judíos” iniciado por Hitler y los suyos.

A consecuencia de la asociación de imágenes, a algunos les extraña que lo peor de la reacción española, como Isabel Díaz Ayuso, sea prosionista y no oculte su lealtad incondicional hacia Israel.

También les extrañó que Zelensky, un judío, dirigiera un Estado nazi como Ucrania o que el ejército israelí adiestrara a los nazis del Batallón Azov.

Sin embargo, los sionistas siempre siempre tuvieron una larga y sórdida historia de vínculos con los nazis europeos, antes y después de la creación del Estado de Israel en 1948.

En agosto el embajador de Israel en Bucarest, Reuven Azar, se reunió con el dirigente del partido fascista “Alianza por la Unión de los Rumanos”, George Simion, lo que provocó indignación en Israel y dentro de los colectivos judíos repartidos por el mundo.

El ministro de Asuntos Exteriores israelí, Eli Cohen, asignó a Azar y al dirigente de los colonos Yossi Dagan para reunirse con el máximo dirigente del partido fascista rumano.

Además de esa reunión, en julio Cohen se reunió con el viceprimer ministro y ministro de Asuntos Exteriores de Italia, Antonio Tajani, para demostrar los sionistas tenían las mejores relaciones con el gobierno de Giorgia Meloni y los fascistas italianos.

En fin, fascistas y sionistas son las dos caras de la misma moneda (*).

Los primeros grupos sionistas, como Irgun, Betar y Lehi, participaron en los primeros movimientos fascistas italianos de hace un siglo. Lehi intentó aliarse con el Tercer Reich en 1941, mientras Betar e Irgun recibían el apoyo de Mussolini.

Mussolini era un admirador del sionismo, escribe el fundador del Congreso Judío Mundial, Nahum Goldman, en su autobiografía. “Hay que crear un Estado judío. Soy sionista y así se lo dije al doctor Weizmann. Debes tener un país real, no ese ridículo Hogar Nacional que te han ofrecido los británicos. Les ayudaré a crear un Estado judío”, le dijo Mussolini a Goldman en 1934, durante una entrevista entre ambos.

Mussolini también le expresó su admiración por Vladimir Jabotinsky, el fundador de Betar y Irgun, que aparece en la imagen de portada: “Para que el sionismo tenga éxito, es necesario tener un Estado judío con una bandera y un idioma judíos. La persona que comprende esto es su fascista Jabotinsky”, le dijo a Goldman.

La admiración entre los fascistas y los sionistas era mutua. Otros dirigentes sionistas como Itamar Ben-Avi también elogiaron a Mussolini.

Jabotinsky, fundador del sionismo revisionista, estableció la Academia Naval Betar en Italia durante la época de Mussolini. En ella se entrenaron muchos futuros comandantes navales israelíes. Los cadetes no escondían su admiración por Mussolini.

En su libro “Mussolini e il Sionismo”, el historiador italiano Furio Biagini explica que la alianza fascista-sionista se asentaba en el nuevo reparto del mundo: “En su diseño expansionista en toda la región mediterránea, la Italia fascista contrastaba directamente con la presencia británica. La flota británica dominó la región del Mediterráneo desde Gibraltar hasta Chipre y Palestina. Al apoyar al movimiento sionista en su lucha contra el poder del Mandato Británico, Italia quería debilitar el imperio británico en el Mediterráneo Oriental, al tiempo que aumentaba el prestigio italiano a nivel internacional”.

En octubre de 1933 el jefe de la Agencia Judía en Ginebra, Victor Jacobson, escribió al presidente de la Organización Sionista Mundial y más tarde primer presidente de Israel, Chaim Weizmann, que “Mussolini está ansioso por abrir incluso ensanchar las puertas de Palestina a la inmigración judía, particularmente a los refugiados procedentes de Alemania”.

En su libro “Stato e Libertà”, el diplomático italiano Sergio Minerbi escribió: “Mussolini pensó que era imposible reconciliar a judíos y árabes y que tenían que estar políticamente separados, por lo que planteó la idea de la partición de Palestina”.

(*) https://www.middleeastmonitor.com/20200127-the-mussolini-jabotinsky-connection-the-hidden-roots-of-israel-fascist-past/

Reino Unido envió a los niños negros a escuelas para ‘subnormales’

En Reino Unido, en las décadas de los sesenta y setenta, cientos de niños negros fueron etiquetados como “educativamente subnormales” y enviados a escuelas para alumnos que se consideraba tenían poca inteligencia. Por primera vez, algunos exalumnos han hablado de sus experiencias para un documental.

En la década de los setenta, cuando tenía 6 años, Noel Gordon fue enviado a lo que se conocía en aquel momento como un internado “educativo para subnormales” (ESN), situado a 24 kilómetros de su casa. “Esa escuela era un infierno”, dice Noel. “Pasé 10 años allí, y cuando me fui a los 16, no pude conseguir trabajo porque ni siquiera podía deletrear o llenar una solicitud de empleo”.

Aproximadamente un año antes de unirse a la escuela ESN, Noel había sido ingresado en el hospital para que le extrajeran un diente. Le administraron un anestésico, pero resultó que tenía anemia de células falciformes no diagnosticada y el anestésico desencadenó una reacción grave.

Noel dice que los problemas de salud resultantes lo llevaron a ser percibido como con dificultades de aprendizaje y a ser recomendado para una “escuela especial”. Sin embargo, ni él ni sus padres recibieron ninguna prueba o explicación de su discapacidad. “Alguien vino y dijo que habían encontrado un internado especial con una matrona donde se ocuparían de mis necesidades médicas”, dice Noel.

Durante esa conversación también dijeron que Noel era “un idiota. Estúpido”. Pero los padres de Noel no se dieron cuenta de que su nueva escuela era para los llamados “subnormales” desde el punto de vista educativo. Se habían mudado a Inglaterra desde Jamaica a principios de los años 60 y tenían grandes expectativas en la educación de su hijo.

Noel pasó la primera noche en el internado llorando, pensando en su madre. Sentía que la escuela era fría e institucional. “Aún me viene el olor de los viejos escritorios de madera. ¡Ah! y el abuso racial en mi primer día”, dice. Un estudiante le lanzó insultos raciales en el aula, pero no fue reprendido: el maestro simplemente le dijo que se sentara.

La escuela no seguía el plan de estudios del resto. Y aunque un maestro le dio a Noel un cuaderno para que escribiera, nunca le enseñaron gramática básica o cómo escribir. Hizo algunas sumas y restas básicas, pero durante las clases principalmente hacía manualidades y jugaba.

Sus padres sólo se dieron cuenta de qué tipo de escuela era cuando Noel, que entonces tenía 7 años, fue golpeado por un alumno de 15 años y su padre lo visitó por primera vez. Recuerda que su padre le dijo al director: “Esta es una escuela para niños discapacitados”, utilizando un término obsoleto. Dice que el director respondió: “Sí, pero no nos gusta usar esa palabra, los llamamos aprendices lentos”.

El padre de Noel, aunque devastado, se sintió impotente para cambiar las cosas.

Noel no tuvo la oportunidad de realizar exámenes y obtener calificaciones. Reflexionando sobre ello ahora, dice que ser etiquetado como subnormal desde el punto de vista educativo lo hizo sentir inferior por el resto de su vida y le generó muchos problemas psicológicos. “Dejar la escuela sin ningún título es una cosa, pero dejar la escuela pensando que eres estúpido es completamente diferente. Te quita la confianza”, dice.

El término “educativamente subnormal” derivó de la Ley de Educación de 1944 y se utilizó para definir a quienes se creía que tenían una capacidad intelectual limitada. “Esa etiqueta hizo que los niños se sintieran inferiores”, dice el profesor Gus John, activista de la educación, quien llegó a Reino Unido desde el país insular caribeño de Granada en 1964 como estudiante, y pronto se dio cuenta del problema.

“Los estudiantes de las escuelas ESN no irían a la universidad. Si tenían suerte, se convertirían en labradores. “El término paralizaba y mataba cualquier sentido de autoconfianza y ambición”. Las escuelas primarias y secundarias de ESN clasificaban a los niños entre los que tenían “discapacidades de aprendizaje moderadas”, discapacidades de aprendizaje “graves” o aquellos “imposibles de enseñar”. Estas categorías eran amplias y cuando se recomendaba a los estudiantes para las escuelas ESN, los profesores y psicólogos no siempre daban razones sólidas.

Si bien algunos de estos centros tenían buenos ejemplos de enseñanza, en muchos se pasaban por alto las necesidades de los alumnos.

Los estudiantes negros fueron enviados a estas escuelas en proporciones significativamente más altas. Los realizadores del documental vieron un informe de 1967 de la ahora desaparecida Inner London Education Authority (ILEA , la Autoridad de Educación del Interior de Londres), que mostraba que la proporción de niños inmigrantes negros en las escuelas ESN (28 por cien) era el doble que la de los de las escuelas ordinarias (15 por cien).

“El porcentaje de niños negros en las escuelas ESN comparado con el de las escuelas normales era escandaloso”, dice Gus John. Pero ¿por qué se definió a tantos niños negros como “subnormales“? Las cifras de las décadas de 1960 y 1970 muestran que, en promedio, el rendimiento académico de los niños negros era más bajo que el de sus homólogos blancos. Eso alimentó la creencia generalizada de que los niños negros eran intelectualmente inferiores a los blancos.

Un informe de la autoridad local filtrado en 1969, escrito por un director llamado Alfred Doulton, argumentó que los niños antillanos en general tenían un coeficiente intelectual más bajo. La afirmación se basaba en los resultados de las pruebas de coeficiente intelectual a los que se sometía comúnmente a los alumnos de primaria.

Uno de los principales defensores de esas teorías fue Hans Eysenck, exprofesor del Instituto de Psiquiatría del King’s College de Londres. Creía que la inteligencia estaba determinada genéticamente y citaba un estudio estadounidense que parecía mostrar que el coeficiente intelectual de los niños negros caía, en promedio, 12 puntos por debajo de los niños blancos.

Sobre ello, Gus John dice en el documental: “Cuando personas como Eysenck escribieron sobre raza e inteligencia, lo que en realidad estaban haciendo era justificar todos esos tropos que habían estado flotando durante el período de esclavitud, en el que la gente creía que no solo que los negros eran subhumanos sino también que no se podía esperar que actuaran o fueran tan inteligentes como los blancos”.

Muchos maestros veían a los niños negros como intelectualmente inferiores y temían que el hecho de que hubiera “demasiados” alumnos negros en una clase afectara negativamente el logro de los alumnos blancos.

Tras una protesta de padres blancos en Southall, al oeste de Londres, en junio de 1965, el gobierno emitió una guía que abordaba las necesidades sociales, lingüísticas y las posibles necesidades médicas de los niños inmigrantes, y recomendaba mantener un límite de aproximadamente el 30 por cien de inmigrantes en cualquier escuela. Algunas autoridades locales transportaban en autobús a los niños inmigrantes a escuelas fuera de su área local.

Como consecuencia, muchas autoridades locales adoptaron la política de transporte en autobús: enviar a los niños inmigrantes a escuelas fuera de su área local en un intento de limitar el número de minorías étnicas en las escuelas. La práctica finalmente se abolió en 1980. “El sistema educativo alimentó y legitimó la idea de que los menores negros caribeños eran menos inteligentes que otros niños. Por eso muchos de ellos terminaron en las escuelas ESN.

Muchos equipararon erróneamente la raza con la capacidad intelectual. Pero como argumentó la fallecida psicóloga educativa Mollie Hunte, los malos resultados de los estudiantes negros no se debieron a su capacidad intelectual sino a que las pruebas utilizadas para evaluarlos tenían un sesgo cultural. Como explica Gus John, los exámenes utilizaban referencias y vocabulario con los que los niños caribeños recién llegados no estaban familiarizados.

“Un elemento clave fue el idioma”, dice el profesor John. “Si habían crecido en un hogar jamaicano, usaban inglés jamaicano o criollo. “El problema que tenía la mayoría de los estudiantes caribeños era que como era un derivado del inglés estándar, nadie creía que necesitaran apoyo con el idioma”. Como resultado, no recibieron la ayuda adicional que recibieron otros niños inmigrantes que no hablaban inglés antes de llegar.

Según el profesor John, los maestros no intentaron comprender las barreras culturales que enfrentaban los niños negros y las evaluaciones no consideraron sus circunstancias domésticas y socioeconómicas, ni el impacto de la migración. Muchos niños viajaban a Reino Unido una vez que sus padres se habían instalado. Llegaban a un país desconocido para vivir con extraños virtuales, a quienes no habían visto en años. “Ese desplazamiento causó mucho trauma”, dice el profesor John. “Hubo dolor y duelo. Esos niños a menudo no volvían a ver a sus abuelos”.

Según el activista de la educación, había una cultura de bajas expectativas entre los profesores. Las dificultades de aprendizaje se confundieron con problemas de aprendizaje y los niños negros simplemente fueron “descartados” y enviados a las escuelas ESN. Eso es lo que le sucedió a Maisie Barrett, de Leeds, una ciudad del norte de Inglaterra, quien fue enviada a uno de estos centros a los siete años, en la década de 1960.

“Inicialmente fui a una escuela convencional. Allí, una maestra le dijo a mi madre que no podía aprender. Nos dijeron que estaría mejor en una escuela especial”. Maisie dice que la decisión de enviarla a una escuela ESN fue un error que arruinó sus oportunidades de vida. Como a Noel, no le enseñaron lo necesario. “Jugábamos, teníamos discotecas… Yo lo llamo una ‘escuela libre’ porque la educación era muy básica y jugamos mucho más de lo que estudiábamos”, dice.

Décadas después, a los 30 años, a Maisie le diagnosticaron dislexia. “En lugar de ayudarme con mis dificultades de aprendizaje, simplemente me tacharon de estúpida. Los maestros nunca se tomaron el tiempo de averiguar por qué tenía problemas para aprender. Eso arruinó mi confianza”, dice. “Era lenta, pero un maestro debería haberse tomado el tiempo para ayudarme a aprender”.

Según Maisie, la falta de aprendizaje y apoyo era solo una parte del problema. “Fui a una escuela que era una institución racista”, dice. Con el tiempo, tanto a Noel como a Maisie se les ofreció la oportunidad de asistir a escuelas ordinarias. Para entonces, era demasiado tarde. En el caso de Noel, fue a una escuela secundaria local a tiempo parcial desde los 12 años y pasó el resto de la semana en la escuela ESN.

“En la escuela secundaria de medio tiempo, me ausentaba debido a la intimidación de no tener amigos y no poder leer”, dice Noel. Maisie dejó su escuela ESN a la edad de 13 años y comenzó en la escuela secundaria regular. “Mi mamá me puso en contacto con una trabajadora social negra que, después de evaluarme, dijo que yo era inteligente y señaló que me ubicaran en la escuela ESN por racismo”, dice Maisie. Sin embargo, para entonces, incapaz de leer o escribir, Para Maisie la escuela secundaria fue extremadamente desafiante y terminó sin calificaciones.

Inicialmente, muchos caribeños que emigraron a Reino Unido durante las décadas de los sesenta y setenta tenían una visión favorable de las escuelas ESN. A menudo denominadas “escuelas especiales” por los maestros, los padres caribeños, con poco conocimiento sobre el sistema educativo británico, pensaban que estas brindarían un mejor apoyo y aprendizaje a sus hijos.

“Cuando le dijeron a mi madre que me habían recomendado para una escuela especial, la recuerdo sonriendo. Ella pensó que una escuela especial significaba una escuela mejor”, dice Maisie. Esta presunción sobre las escuelas “especiales” también se derivaba de las experiencias de los caribeños con los centros educativos en sus lugares de origen.

“La educación británica era vista como un camino hacia la movilidad social y las aspiraciones de los padres eran muy altas”, dice Gus John. “Los maestros tenían un perfil alto en las comunidades caribeñas, y los padres inicialmente confiaban en los profesores británicos. Fue un shock descubrir que sus hijos estaban siendo descritos como subnormales”.

Sin embargo, cuando empezaron a notar las dificultades de sus hijos con los conceptos básicos de lectura y escritura, se preocuparon y surgieron grupos de padres dispuestos la acción. Por ejemplo, en 1970, después de descubrir que había un número desproporcionadamente alto de niños negros en las escuelas ESN del norte de Londres, un grupo llamado North London West Indian Association se quejó formalmente ante la Junta de Relaciones Raciales, alegando discriminación en virtud de la Ley de Relaciones Raciales de 1968.

En 1971 un libro titulado “Cómo el niño antillano se vuelve subnormal desde el punto de vista educativo en el sistema escolar británico” resultó fundamental para cambiar la opinión de los padres negros. El autor, el escritor y maestro granadino Bernard Coard, enseñaba en una escuela ESN y había notado la gran cantidad de niños caribeños allí. Cuando un grupo de padres preocupados le pidió que investigara el tema, escribió el libro en un tiempo récord.

Sostuvo que las escuelas ESN estaban siendo utilizadas por las autoridades educativas como un “vertedero” para los niños negros, y que los maestros estaban confundiendo el trauma causado por la inmigración con una falta de inteligencia.

El trabajo fundamental de Bernard Coard condujo a una acción positiva y a un fuerte aumento en las escuelas complementarias para negros. Eran escuelas sabatinas creadas por padres negros con el objetivo de elevar el nivel educativo de los niños. Enseñaban materias del currículum junto con la historia negra, para elevar la autoestima de los niños, ayudarlos a obtener calificaciones y prepararlos para el empleo.

Después de años de presión y campañas, la Ley de Educación de 1981 consagró la inclusión en la legislación y el término “educativamente subnormal” fue abolido como una categoría definitoria.

Una investigación del gobierno sobre la educación de niños de grupos étnicos minoritarios publicada en 1985 encontró que la baja puntuación de cociente intelectual promedio de los niños antillanos no eran un factor significativo en su bajo rendimiento académico. En cambio, se descubrió que el prejuicio racial en la sociedad en general jugaba en ello un papel crucial.

Pero tanto para Noel como para Maisie, el impacto de su tiempo en las escuelas ESN permanece. “La etiqueta ESN paralizó mi confianza. Nunca me dieron las herramientas para ser la persona que podría haber sido”, dice Maisie.

A pesar de escribir dos libros y obtener cuatro títulos después de dejar la escuela, incluidos los estudios caribeños y la escritura creativa, Maisie ha tenido dificultades para encontrar trabajo a lo largo de los años. Actualmente desempleada y con dos hijos adultos, trabajó como trabajadora de apoyo para disléxicos, pero fue despedida hace unos años.

Maisie siente que se ha pasado la vida “tratando de ponerse al día” desde que dejó la escuela ESN.

Noel descubrió que realmente le gusta aprender y ha acumulado una serie impresionante de diplomas como adulto, incluida una licenciatura en informática. Pero aunque la pared de su casa está cubierta de certificados, todavía tiene dificultades para leer y escribir. “Esa escuela ESN me ha arruinó”, dice Noel.

Y a pesar de los importantes avances realizados desde entonces, persisten las disparidades en la educación de los niños negros. “Las preocupaciones que solíamos tener sobre los ESN todavía persisten, en vista de la cantidad de niños negros en unidades de derivación de alumnos”, dice Gus John. Estas unidades fueron establecidas en 1993 para acoger a alumnos excluidos de las escuela ordinarias. Pero hay en ellas una cantidad desproporcionada de alumnos negros, hasta tres veces más en algunos de estos centros.

Al considerar el impacto a largo plazo de las escuelas ESN, el mayor pesar de Gus John es que “toda una generación fue disuadida de soñar en grande”.

—https://www.bbc.com/mundo/noticias-57255577

Israel seduce a los fascistas del mundo entero

No debería sorprender a nadie la reciente reunión entre el embajador de Israel en Rumanía, Reuven Azar, y el dirigente del partido de extrema derecha Alianza por la Unión de Rumanos (AUR), George Simion, que provocó la indignación de algunos israelíes. y judíos en la diáspora.

La AUR es bien conocida por ser un partido fascista y antisemita que glorifica al dirigente rumano de la Segunda Guerra Mundial, Ion Antonescu, cuyo régimen supervisó el exterminio de unos 400.000 judíos rumanos. Es un partido pequeño pero muy activo, que obtuvo alrededor del 8 por cien de los votos en las últimas elecciones.

Aunque el contenido completo de la reunión no se ha hecho público, se puede suponer que estuvo, al menos parcialmente, relacionado con los esfuerzos actuales de Israel para persuadir a Rumania de que traslade su embajada en Israel de Tel Aviv a Jerusalén. En 2018 y principios de 2019, Israel pudo obtener declaraciones públicas en apoyo del traslado del entonces primer ministro rumano y del presidente del parlamento. Sin embargo, el presidente rumano bloqueó la medida a finales de 2019, diciendo que dicha acción no se llevaría a cabo sin una decisión conjunta de la Unión Europea.

Los vínculos de Israel con regímenes y partidos de extrema derecha y antisemitas han recibido mayor atención en los últimos años, particularmente en lo que respecta al Primer Ministro Benjamín Netanyahu y sus vínculos con autócratas de la misma sensibilidad, como el Primer Ministro húngaro Viktor Orbán. Los intereses del gobierno israelí –romper el consenso de la UE sobre varias políticas, incluida su oposición a trasladar embajadas a Jerusalén– se alinean bien con el deseo de la extrema derecha europea de crear conflicto con Bruselas y agitar sentimientos nacionalistas al presentar decisiones políticas que contradicen las de Los Estados unidos.

Olvídate de los escuadrones de la muerte

Pero este tipo de relación existía mucho antes de los gobiernos de Netanyahu y sirvió para promover los intereses diplomáticos, económicos y militares de Israel. Documentos recientemente desclasificados en los Archivos del Estado de Israel revelan un comportamiento similar en medio de la guerra civil de El Salvador a principios de la década de 1980: mientras las masas eran detenidas, secuestradas, torturadas, asesinadas o desaparecidas bajo el régimen de Estados Unidos, Israel hacía campaña para convencer a El Salvador de transferir su embajada de Tel Aviv a Jerusalén.

En un telegrama fechado el 10 de junio de 1982, enviado al Ministerio de Relaciones Exteriores en Jerusalén, el embajador de Israel en Guatemala, Moshe Dayan (a diferencia del estadista israelí del mismo nombre), informó sobre su viaje a Salvador como parte de los esfuerzos para trasladar la embajada. Dayan escribió que conoció a Roberto D’Aubuisson, fundador y dirigente del partido de extrema derecha Arena, quien ejerció como presidente de la Asamblea Constituyente de El Salvador.

Al igual que la AUR rumana, D’Aubuisson y Arena tenían un historial de declaraciones fascistas y antisemitas, pero Dayan explicó que D’Aubuisson “por iniciativa propia negó las declaraciones que se le atribuyen sobre los judíos y el Holocausto”. Pero, a diferencia de la AUR, Arena concretó sus creencias fascistas a través de prácticas violentas, como el uso de escuadrones de la muerte para eliminar a activistas de la oposición y de izquierda, académicos, periodistas y miles de otros civiles.

Israel era plenamente consciente de estas atrocidades. Tres meses antes de la visita del Embajador Dayan, en un informe elaborado para la Cancillería, el ex Embajador de Israel en El Salvador Yaacov Deckel escribió que había llegado al país en marzo de 1982 para actuar como observador de las elecciones, en las que Arena obtuvo alrededor de un un tercio de los escaños de la Asamblea Constituyente. Deckel señaló que alrededor de 33.000 personas habían muerto, la mayoría de ellas civiles inocentes, durante los últimos tres años de guerra civil.

Deckel también dijo que conoció a D’Aubuisson, “quien se acercó a mí como un viejo conocido” y me dijo que “aquí en El Salvador, el comunismo será enterrado”. Deckel añadió que los escuadrones de la muerte vinculados a Arena son “responsables de la eliminación física de numerosos opositores políticos, incluido el arzobispo salvadoreño Romero”, y que los dirigentees del partido prometieron durante su campaña electoral “destruir a todos los comunistas con bombas de napalm”.

No obstante, la campaña diplomática de Israel tuvo éxito y en agosto de 1983, El Salvador anunció que trasladaría su embajada a Jerusalén. En telegramas de la Cancillería, este evento fue definido como el logro más importante de Israel en toda América Latina ese año.

El apoyo al apartheid israelí

Si bien los vínculos de Israel con la extrema derecha mundial son objeto de mucha atención -incluso por parte de críticos que dicen que muestran hipocresía y la verdadera cara de Israel cuando se trata de cuestiones de antisemitismo y fascismo-, las relaciones de Israel con los partidos a la izquierda de la extrema derecha que, de hecho, son los partidos gobernantes en la mayoría de los países europeos durante las últimas décadas, no reciben suficiente atención.

Estos principales partidos europeos son, en diversos grados, críticos de las políticas de Israel hacia los palestinos, mientras que los sindicatos de trabajadores y las organizaciones de derechos humanos asociados con ellos a menudo critican a Israel y proporcionan directa o indirectamente ayuda humanitaria a los palestinos. Pero, casi sin excepción, estas fuerzas políticas permiten a Israel mantener el status quo del apartheid, apoyar a Israel con votos en foros internacionales y aprobar la firma de acuerdos de enorme importancia económica para Israel. Por lo tanto, las condenas retóricas nunca están respaldadas por acciones y sanciones reales.

Los gobiernos del Partido Conservador de la década de 1980 estaban diplomáticamente más cerca de los Estados árabes e incluso de la Organización de Liberación de Palestina, y estaban entre los críticos públicos más duros de Israel en Europa. Sin embargo, detrás de escena, Israel sintió que podía hacer lo que quisiera y no dudó en presentar esta posición sin reservas en reuniones a puertas cerradas con representantes británicos.

Según un resumen de una reunión celebrada el 18 de febrero de 1980 entre el primer ministro israelí Menachem Begin y el embajador británico en Israel, John Mason, Begin criticó la posición de Reino Unido respecto a la falta de avances en la cuestión palestina desde los Acuerdos de Camp David con Egipto [1978]. Tratando de echar toda la culpa a la OLP y a su dirigente Yasser Arafat, Begin argumentó que Israel “hizo sacrificios por la paz, sólo un ejemplo: los campos petroleros [en la península del Sinaí]”. Esta concesión supondrá un gasto de 2.000 millones de dólares el próximo año para la compra de petróleo.

El Ministerio de Asuntos Exteriores israelí se reunió con el Ministro de Estado británico para Europa, Douglas Hurd. Cuando Hurd dijo que Reino Unido estaba preocupado por los asentamientos israelíes en los territorios ocupados y que le resultaba difícil entender la posición de Israel con respecto a las fuentes de agua en esas áreas, el funcionario israelí comparó la situación con “una palangana de agua utilizada por ambas partes como una botella con dos pajitas para beber”.

A pesar de la cortesía británica –o de la larga historia de explotación colonial de Gran Bretaña– Hurd y Mason deberían haber golpeado la mesa con enojo y haber dicho a los israelíes que el “petróleo” y la “botella de agua” no les pertenecían. Por supuesto, nada de eso sucedió. Por lo tanto, no es de extrañar que durante décadas Israel y sus asentamientos no hayan dudado en robar tierras y recursos hídricos de Cisjordania, ni temer las consecuencias de confiscar o destruir depósitos de agua propiedad de comunidades palestinas a las que en la práctica se les niega el control y el acceso a sus propios recursos, condiciones que siguen vigentes hasta el día de hoy.

‘Pon a prueba a tus amigos de forma masoquista’

En un telegrama “ultrasecreto” desclasificado fechado el 23 de abril de 1980, enviado por el delegado israelí a Londres después de una reunión “no citada” con un diplomático británico (sin dar nombre), este último explica: “A veces parece que Israel está poniendo a prueba a sus amigos de una manera masoquista para ver hasta dónde pueden llegar con él, incluso sin razón”.

El diplomático israelí, por su parte, entendió que la opinión de Reino Unido era la siguiente: “Pero cuando nosotros [Israel] dejemos de basar asentamientos exclusivamente por motivos de seguridad y cuando tomemos medidas que se perciban como demostrativas y provocativas, como la instalación de casas en Hebrón, estamos dañando la amistad y la comprensión con nuestras propias manos”.

En otras palabras, mientras Israel justifique sus acciones únicamente sobre la base de necesidades de seguridad –independientemente de si son reales o no–, Gran Bretaña podrá soportar las violaciones sistemáticas del derecho internacional y de los derechos humanos cometidas por Israel.

Las acciones del actual gobierno israelí y su afinidad pública con la extrema derecha ahora están poniendo en duda el sistema “masoquista” que ha beneficiado a Israel durante décadas. Para este gobierno, el “nuevo” Israel ya no necesita excusas vinculadas a necesidades de seguridad reales o ficticias y, en cambio, puede exponer todo su programa como puramente basado en una ideología de apartheid y supremacía judía.

Por eso deberían preocuparnos no sólo las reuniones y los vínculos de los funcionarios israelíes con grupos de extrema derecha como la AUR en Rumania, sino también con los partidos Conservador y Laborista del Reino Unido, el Partido Laborista de Noruega, el Partido Demócrata Cristiano Partido de la Unión en Alemania y otros partidos europeos tradicionales. Todos estos partidos, en el parlamento y en el gobierno, colaboran efectivamente en los crímenes cometidos por Israel contra el pueblo palestino.

De hecho, a pesar de todas las declaraciones y políticas racistas y autoritarias realizadas desde la toma de posesión del actual gobierno de Netanyahu en diciembre de 2022, aparte de reducir las invitaciones a Netanyahu y sus ministros para visitas oficiales, todavía no hay sanciones ni cambios reales en la cooperación con Israel. Los intereses y los negocios continúan como siempre. En lugar de quedarse en un hotel en París, Netanyahu simplemente se hospeda en una de las suites más caras de Jerusalén: un precio bajo para un hombre responsable de crímenes contra la humanidad.

Eitay Mack https://www.972mag.com/europe-far-right-israel-apartheid/

Prosiguen en Letonia el apartheid y las provocaciones contra los rusos

En artículos anteriores que datan de 2014, cuando visité Riga con motivo de sus celebraciones como capital cultural de Europa, denuncié la violación por parte de Letonia de las disposiciones de derechos humanos incluidas en el acervo de la UE, convirtiéndola en el estado de apartheid del continente europeo. La cuestión se refería a la retirada de la ciudadanía letona a la mayoría de los hablantes de ruso cuando Letonia se convirtió en Estado soberano en 1991.

El principio invocado en la ley de ciudadanía era excluir a todos aquellos que no eran letones antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial. la región.

A lo largo de las décadas, los hablantes de ruso se integraron en la sociedad letona, y cuando la URSS estuvo a punto de desintegrarse, muchos de ellos apoyaron a sus compañeros letones en la lucha por la independencia de Moscú, incluso en la lucha armada. Esto me lo admití abiertamente en 2014 durante una conversación con el teniente de alcalde de Riga para eventos en la capital cultural, quien dijo que las decisiones sobre ciudadanía de 1991 fueron un error, pero un error que no se puede corregir ahora, porque sería visto como un concesión a Putin.

El efecto de las leyes de ciudadanía que datan de la independencia de Letonia significó, en la práctica, que más de 300.000 hablantes de ruso que estaban oficialmente registrados como letones en sus pasaportes soviéticos se convirtieron en apátridas. Los apátridas constituían aproximadamente el 15 por cien de la población total, y un porcentaje considerablemente mayor en la capital, Riga. La intención era claramente llevar a cabo una limpieza étnica.

Como no ciudadanos, los rusoparlantes estaban sujetos a severas restricciones económicas y sociales. Su derecho a la propiedad era limitado. Se les prohibió ejercer determinadas profesiones, como la banca. Su acceso a puestos de responsabilidad en el mundo empresarial estaba restringido. Esta situación de apartheid fue entendida por los miembros del comité de la Unión Europea que estudió la candidatura de Letonia para la admisión a la Unión en 2004, pero en las negociaciones políticas que permitieron la invitación de 10 nuevos Estados miembros ese año, se ignoró la flagrante violación del acervo por parte de Letonia. .

Las medidas de limpieza étnica adoptadas por los legisladores letones no han producido los resultados esperados. La gran mayoría de los hablantes de ruso en Letonia permanecieron en el país. El destino lógico de la emigración, la Federación de Rusia, se encontraba, en los años 1990, en plena desintegración económica, social y política y no tenía recursos que facilitar la llegada de letones. Ni siquiera los soldados y oficiales rusos que regresaron de Alemania Oriental recibieron alojamiento adecuado ni asistencia financiera. Por lo tanto, los apátridas de habla rusa en Letonia permanecieron allí. Año tras año, durante el nuevo milenio, las autoridades multiplicaron nuevas leyes discriminatorias para hacer su situación aún más intolerable. Las nuevas leyes lingüísticas limitaron gradualmente y luego prohibieron el uso del ruso en las escuelas e instituciones de educación superior. Varias organizaciones de apátridas se manifestaron contra estos cambios, pero fue en vano.

Es en este contexto que se produce lo que voy a describir: la expulsión forzosa de Letonia de algunos rusohablantes por parte de las autoridades letonas, que ha comenzado el 1 de septiembre.

Hasta ahora, el número absoluto de personas que están a punto de ser deportadas es sólo de 5.000 a 6.000, ya que la última medida se dirige a los titulares de tarjetas de residencia que también tienen pasaportes de la Federación Rusa y que no han aprobado los exámenes que acreditan su dominio del idioma letón. Como condición secundaria para no ser expulsado, el grupo objetivo está obligado a presentar por escrito su condena de la política de la Federación Rusa en relación con la guerra en Ucrania. Según la actual legislación letona, las cartas se enviarán mañana ordenando a los destinatarios que abandonen el país en un plazo de tres meses.

En la práctica, las autoridades rusas dicen que las expulsiones se dirigen principalmente a jubilados que han pasado décadas como ciudadanos y luego como residentes registrados oficialmente en Letonia.

Es justo decir que esta última vuelta de tuerca contra la población de habla rusa de Letonia presagia más atropellos rusófobos en el país.

Le llamo la atención sobre este asunto, ya que se busca su voz de protesta. Un llamamiento a varias organizaciones internacionales responsables de la protección de los derechos humanos espera nuevos firmantes. El llamamiento está dirigido al Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, F. Türk, al Comisario para los Derechos Humanos del Consejo de Europa, D. Mijatovic, y al Alto Comisionado de la OSCE para las minorías nacionales, K. Abdrajmanov. Cualquier persona interesada en unirse a esta convocatoria puede enviarme un mensaje a través de la función Contacto de este sitio y lo pondré en contacto con los organizadores de la convocatoria.

—https://gilbertdoctorow.com/2023/08/31/translations-of-new-russia-baiting-provocations/

Los juzgados están legalizando paulatinamente los desalojos mediante matones

Son las 7 de la mañana. El banco Unicaja, resultante de la fusión de Unicaja y la antigua Caja Castilla-La Mancha, ha contratado en Guadalajara a una empresa de matones llamada Desokupa Express que mediante integrantes encapuchados impide el acceso a cualquier persona a las oficinas de la C/Francisco Aritio, un antiguo proyecto empresarial fallido que tras su abandono hizo que decenas de familias instalaran su vivienda. Leer más

El fascismo en Italia lo impulsaron los imperialistas británicos

El mes pasado se cumplieron 100 años de la marcha fascista sobre Roma que aupó a Mussolini a la cabeza del gobierno italiano. Con dicho motivo The Times ha publicado un artículo en el que afirma que los imperialistas británicos apoyaron en secreto aquella marcha (1).

Se comprueba, pues, que el fascismo no es más que una de las caras del imperialismo. Sin embargo, lo que puede llamar la atención es que a un movimiento calificado de “nacionalista” lo hayan promovido las potencias extranjeras, es decir, que los fascistas no sean más que agentes de intereses ajenos al propio país.

El caso de Benito Mussolini no es más que un ejemplo particular porque era un agente a sueldo del espionaje británico, como explicamos aquí hace ya varios años. Es bueno recordarlo cuando una seguidora suya confesa, Giorgia Meloni, ha tomado las riendas del gobierno de Roma.

En 1922 el gobierno británico aupó a los fascistas para proteger sus intereses en el Mediterráneo. Fueron los imperialistas los que ayudaron a Mussolini a organizar su marcha sobre Roma, según los documentos de los archivos de Londres que se han desclasificado.

El embajador de Gran Bretaña en Italia, Ronald Graham, estuvo en contacto con los cabecillas fascistas unos días antes del inicio de la marcha. Se reunieron en un palacio de Perugia propiedad de Romeo Adriano Gallenga Stuart, un aristócrata medio inglés que también era un soplón del servicio secreto británico.

Durante la marcha Graham envió un cable a Londres diciendo que uno de sus secretarios estaba “constantemente” informado por los manifestantes que marchaban hacia Roma.

Según documentos recientemente desclasificados, Samuel Hoare, que conoció a Mussolini cuando era jefe del servicio secreto británico en Roma entre 1917 y 1918, afirmó posteriormente que el dinero británico se utilizó para “formar el partido fascista y financiar la marcha sobre Roma”.

Después de la marcha de 1922, Graham se reunió con Mussolini y envió a Londres un informe elogioso, diciendo que estaba impresionado por su disciplina.

La relación secreta de Mussolini con Gran Bretaña había comenzado cinco años antes, en 1917, cuando trabajaba como periodista y Hoare le había puesto en la nómina del servicio secreto británico, pagándole 500 libras en cinco meses.

No obstante, según expuso en 2014 la revista Foreign Policy, la cantidad era bastante mayor: el MI5 le pagaba a Mussolini 100 libras a la semana (2).

En aquel momento, Italia luchaba junto a Reino Unido, Francia y Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial, pero Gran Bretaña temía que se retirara de la guerra, como había hecho Rusia tras la Revolución de Octubre.

Con el dinero de los británicos, Mussolini, que entonces tenía 34 años, instó a los lectores de sus periódicos a continuar con la guerra y envió a sus bandas de matones a disolver las manifestaciones populares en favor de la paz.

Hoare, que más tarde se convirtió en Lord Templewood, reveló en 1954 que reclutó a Mussolini como espía y el historiador Peter Martland encontró pruebas de los pagos en los archivos de Hoare, que se hicieron públicos en 2001.

Para referirse a Mussolini, en sus mensajes Hoare utilizaba el nombre en clave de “El Conde” y dirigió a la masonería italiana para que le ayudara a hacerse con el poder en Roma.

El ascenso del fascismo es indisociable de la represión de las organizaciones revolucionarias. Hoare llevó a Roma su experiencia con la Unión Antisocialista, que disolvía a palos las reuniones de los movimientos obreros y populares en las ciudades inglesas.

(1) https://archive.ph/20221003130940/https:/www.thetimes.co.uk/article/britain-secretly-backed-mussolinis-march-on-rome-pzsr2hpb8
(2) https://foreignpolicy.com/2009/10/14/benito-mussolini-british-secret-agent/

El rostro de la barbarie en Jarkov: ejecuciones sumarias de civiles por las tropas ucranianas

Hace aproximadamente una semana, en la región de Jerson, al mismo tiempo que el ejército ucraniano capturaba el pueblo de Velikaya Aleksandrovka, lanzaba también un misil Himars contra una columna de civiles que huían de la localidad. Un testigo afirma que, además, los militares ucranianos dispararon luego contra 16 civiles, que no murieron.

Un vídeo publicado por un antiguo comandante del Batallón Azov ha causado furor en las redes sociales. Exhibe la ejecución sumaria de civiles en Kupiansk y su fosa común en medio del bosque. Eran sospechosos de haber colaborado con los “ocupantes rusos”.

Están saliendo a la luz testimonios sobre ejecuciones en Kupiansk e Izium por el simple hecho de aceptar la ayuda humanitaria rusa.

Un hombre cae en la fosa con un chaquetón de color naranja, a una mujer la entierran con una cinta o cuerda roja alrededor del cuello, otro con una cinta gris en las piernas, con una cuerda negra con la que se atan las manos a la espalda, con una bolsa negra en la cabeza…

Más tarde le advirtieron al nazi de la gravedad del asunto. Entonces añadió que el vídeo procedía del teléfono de un ocupante, o sea, de un ruso. Es más de lo mismo: los rusos matan a sus propios partidarios, a sí mismos.

Esta ejecución sumaria no es un caso aislado, sino que refleja una práctica generalizada de los ucranianos hacia el resto de la población: todos los que estén en contra de los nazis serán destruidos. Físicamente. Sólo que no suelen publicar vídeos de sus hazañas.

La retirada del ejército ruso en Jerson ha ido acompañada, por desgracia, de matanzas contra la población civil. Más allá del horror absoluto, los crímenes muestran la relación entre el gobierno de Kiev y las poblaciones que viven en los territorios que controlan. Cualquier protesta se reducirá a la sangre.

Es lo que apoyan los países occidentales. Envían las armas con las que se cometen este tipo de atrocidades, incluido el gobierno español.

Los enemigos de Ucrania figuran en una lista negra de acceso público en internet

La OTAN ha enseñado propaganda de guerra a sus secuaces ucranianos, creando sitios en internet como Myrotvorets que, formalmente, es una ONG. Como ya hemos relatado en entradas anteriores, el sitio ha elaborado una lista de miles de perfiles a los que califica como “enemigos de Ucrania” y les estampa la palabra “liquidado” cuando mueren.

Se trata, pues, de una lista negra, a pesar de lo cual, de la manera más cínica que cabe imaginar, Myrotvorets se puede traducir como “pacificación” porque el objetivo de los nazis ucranianos no es otro que imponer la paz de los cementerios.

El gobierno alemán reconoció públicamente que había instado al gobierno ucraniano que eliminara el sitio web. Kiev se defendió explicando que el sitio en cuestión operaba en un servidor extranjero, lo cual es verdad. Desde su creación en 2014 se aloja en Estados Unidos, más precisamente en Langley, donde tiene su sede la CIA.

El interés del gobierno alemán por Myrotvorets también tiene su explicación, que que incluyó en la lista negra a Gerhard Schröder, entonces presidente del consejo de administración de la petrolera rusa Rosneft. En aquel momento, la prensa alemana afirmó que la plataforma estaba directamente vinculada al Ministerio del Interior ucraniano.

En una reunión del Consejo de Seguridad de la ONU el representante permanente de Rusia, Vasily Nebenzia, relacionó el asesinato de Daria Dugina con la actividad en línea de Myrotvorets. Se alegraron abiertamente de su muerte en atentado trrorista y en la web su foto está acompañada de la mención “exterminada”.

Aunque los perfiles se incluyen con pretexto como el espionaje, está lleno de personalidades de muy diversa factuera, incluidos los menores de edad. En el listado figuran quienes han estado “en contacto” con perfiles calificados como enemigos del gobierno de Kiev. “Es usted quien debe decidir qué quiere hacer con ellos”, explican los “pacificadores” a los visitantes de la página.

Los medios de intoxicación se refieren a Myrotvorets como un “grupo activista” creada por Anton Guerachenko en 2014, justo en el momento del Golpe de Estado, cuando formó parte del “gobierno de transición” creado por Estados Unidos. En aquella época Guerachenko hacía campaña a favor del fortalecimiento de los grupos nazis ucranianos, como el Batallón Azov.

El 13 de septiembre el sitio web de investigación estadounidense, The Grayzone, publicó una entrevista con Faina Savenkova, una residente de 13 años de la República de Lugansk que fue incluida en la lista negra después de haber apelado a la ONU para que se pusiera fin a la guerra que vive desde 2014.

En la entrevista la menor de edad relata sus experiencias, menciona las amenazas que ha recibido y afirma que muchos otros niños de su edad han sido etiquetados en la plataforma.

El caso de Roger Waters es más conocido. Fue incluido en 2018, acusado de “propaganda antiucraniana” e “intentos de socavar la integridad territorial de Ucrania”.

Otro de los que figuran en la lista negra es el fotoperiodista italiano Andrea Rocchelli, asesinado el 24 de mayo de 2014 junto a Andrei Mironov, en las afueras de Slaviansk, donde informaban sobre las condiciones de vida de los civiles. Aunque la justicia italiana responsabilizó inicialmente a un comandante del ejército ucraniano y lo condenó a 24 años de prisión, la sentencia fue revocada en 2020.

Los responsables de la plataforma siguen acusando a día de hoy al fallecido periodista italiano de una “violación consciente de la frontera estatal ucraniana para entrar […] en el Donbas ocupado por bandas ruso-terroristas”, acusando a Mironov de “colaborar con militantes prorrusos y terroristas para crear material de propaganda anti-ucraniana”.

En 2015 la plataforma publicó información detallada sobre varias personalidades opuestas al gobierno de Kiev, entre ellas tres exdiputados (Alexander Peklushenko, Mijail Chechetov y Oleg Kalashnikov) y Oles Bouzina, periodista de la oposición ucraniana. En pocos meses, los cuatro fueron asesinados o se suicidaron de forma sospechosa.

La expedición nazi al Tíbet

El Dalai Lama es el típico producto de la propaganda imperialista, un ídolo del “mundo libre” enfrentado a China, un “pacifista” que defiende la liberación del Tibet. Para forjar esa noción, los medios occidentales han tenido que ocultar las relaciones entre el antiguo Tíbet y la Alemania nazi durante la expedición de las SS al “techo del mundo” en 1939.

La farsa se completa con el Premio Nobel de la Paz concedido al Dalai Lama y películas como “7 años en el Tíbet”, con Brad Pitt de protagonista.

En 1994 los antiguos oficiales de las SS Bruno Beger y Heinrich Harrer se encontraban entre las ocho personas invitadas por el Dalai Lama a Londres para atestiguar formalmente la independencia del Tíbet anterior a 1951. La foto tomada en aquella reunión permaneció en el sitio web oficial del gobierno tibetano en el exilio durante más de diez años.

En un texto publicado por el gobierno en el exilio, que aún puede encontrarse en internet, Beger, antiguo jefe del departamento de racismo de la SS-Rasse-und-Siedlungshauptamt, relata su experiencia tibetana, evitando cuidadosamente expresiones como “Alemania nazi” o “raza superior”. En cambio, lamenta la “horrible carnicería de los comunistas chinos” y expresa su esperanza de que al final el movimiento mundial por la libertad obligue a China a aceptar la independencia del Tíbet.

El criminal de guerra nazi Beger aparece así travestido de luchador por la libertad con el aval del Dalai Lama.

Aunque el Tíbet haya desaparecido del radar mediático, sustituido por Hong Kong, Xinjiang y Taiwán, sigue siendo una espina en los flancos de China. Es siempre reutilizable, sobre todo teniendo en cuenta que, como demuestra el caso de Ucrania, los escribanos se manejan con una noción oportunista de lo que fue el III Reich. En estos tiempos de obscena complacencia hacia los nazis del pasado y del presente, el libro “Esvástica sobre el Tíbet” de Albert Ettinger, aparecido hace un par de años, merece ser tenido en cuenta (1).

Los defensores del Dalai Lama califican de “teoría de la conspiración” la puesta en evidencia de los vínculos de amistad, por muy evidentes que sean, entre la Alemania nazi y los dirigentes tibetanos, entre ellos Reting Rinpoche, que fue regente del Tíbet de 1934 a 1941, y el propio Dalai Lama.

También niegan el carácter nazi de la expedición alemana al Tíbet de 1938-1939 presentándola como puramente científica, queriendo ver en su jefe, el Sturmbannführer Ernst Schäfer, a “un brillante zoólogo e investigador alemán”, cuando era un hombre de las SS de primera hora. Se unió a la organización el 1 de noviembre de 1933, poco después de que Hitler tomara el poder, y se comprometió por escrito a llevar a cabo su misión “en el espíritu de la Schutzstaffel y del Reichsführer SS” y a transmitir sus resultados científicos a la Ahnenerben de Himmler, de siniestra memoria. En 1943, completó su carrera nazi al ser ascendido a director del Reichsinstitut Sven Hedin para la exploración de Asia Central, afiliado a la Ahnenerbe.

Himmler recibió personalmente a los exploradores de camino a Asia durante una recepción oficial el 11 de abril de 1938. La expedición fue financiada por la élite industrial nazi, como las empresas farmacéuticas Merck, Bayer y Boehringer y la IG Farben Industrie, especializada en la producción de combustible sintético y Zyklon B utilizado para gasear a las víctimas de los campos de exterminio.

El “científico” Schäfer, que en 1945 tuvo que sentarse en el banquillo de Nuremberg, consideraba el concepto de raza como “una clave muy oportuna” para el conocimiento y que era imperativo “incluir el descubrimiento revolucionario de la desigualdad [racial] de los hombres en todas las disciplinas científicas”.

Lo que llevó a los nazis al Tíbet fue su obsesión por demostrar la jerarquía de las razas humanas, convencidos de estar descubriendo a antiguos inmigrantes nórdicos, feroces conquistadores que debían tener sangre aria en sus venas. Para llevar a cabo este descabellado proyecto, Schäfer sugirió a Himmler que añadiera a su equipo a Beger, un distinguido racista.

La portada del libro muestra a Beger tomando medidas antropométricas a un tibetano. Más tarde Beger se encargó por seleccionar en Auschwitz, a 89 prisioneros judíos que fueron gaseados en el campo de concentración de Natzweiler-Struthof para que sus esqueletos sirvieran de objetos de exposición en el “gabinete de curiosidades” antisemita previsto por el profesor August Hirt de la Universidad de Estrasburgo.

Si la expedición nazi (que también pretendía contrarrestar la influencia británica en Asia) pudo organizarse con tanta facilidad en un Tíbet supuestamente cerrado a los extranjeros, fue gracias a la cálida acogida que los nazis recibieron de los dirigentes tibetanos, que compartían simpatías políticas e intereses comunes con el III Reich. No fue casualidad que durante toda la Segunda Guerra Mundial, Tíbet mantuviera una supuesta neutralidad que, de hecho, sirvió a los imperialistas japoneses, principales aliados de Hitler en su intento de conquistar y subyugar a China.

En su afán por disculpar al Dalai Lama, los propagandistas pretenden que Harrer, que fue su tutor y siguió siendo su amigo hasta su muerte en 2006, era sólo un inofensivo montañero, cuando él también era un nazi convencido, como demuestran las investigaciones y revelaciones del austriaco Gerald Lehner (2) sobre los “agujeros en la memoria” de Harrer.

(1) Albert Ettinger, Die Nazis, Tibet und der Dalai Lama. Wie angesehene Tibetologen die Geschichte fälschen, Zambon Verlag, Francfort-am-Main, 2020. Hay una traducción al francés: Croix gammée sur le Tibet, À propos de l’expédition SS au Tibet et des amis nazis du Dalaï-Lama, Éditions Delga, 2022.
(2) Zwischen Hitler und Himalaya, Die Gedächtnislücken des Heinrich Harrer, Viena, Ediciones Czernin, 2007.

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