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Gira europea del Batallón Azov para recaudar fondos

La policía de Bruselas occidental ha abierto una investigación sobre un proyecto de reclutamiento y recaudación de fondos para el Batallón Azov, acusado de cometer numerosos crímenes de guerra, violaciones y saqueos.

El Batallón ha convocado un acto para el domingo a las 18.00 horas de la tarde en la sala La Planque de Ganshoren, uno de los diecinueve distritos de la región de Bruselas.

El alcalde de Ganshoren aún no ha decidido si autorizará la reunión. Una supuesta ONG llamada Promote Ucrania está organizando la velada, anunciada como “una interacción informal en vivo con combatientes de la Tercera Brigada de Asalto” que combaten en los frentes de la Guerra de Ucrania.

Para camuflar su verdadera identidad, la antigua milicia privada se integró en la Tercera Brigada de Asalto.

La entrada cuesta 20 euros. “Todo el dinero de la venta de entradas y de las subastas durante el evento se destinará a las necesidades del Batallón”, afirman los convocantes.

El idioma principal del evento será el ucraniano. “¡Pero también se anima a participar al público europeo!”, se puede leer en la convocatoria. Este verano han anunciado veladas similares en Varsovia, Wroclaw, Berlín, Hamburgo, Rotterdam, Colonia, Praga y Vilnius.

La reunión prevista en Rotterdam para el sábado también es objeto de una investigación policial, sobre todo porque está organizada por La Maison d’Ukraine, una organización subvencionada por el gobierno holandés.

Los sionistas financian a los nazis

El Batallón Azov nunca ha ocultado el culto a sus antecedentes ​​de la División Galicia de las SS y de los movimientos nazis de Europa occidental, que auxiliaron a la Wehrmacht durante la Segunda Guerra Mundial.

Sus antecedentes nazis nunca han sido un obstáculo para que los financiara Igor Kolomoisky, presidente de la Unión de Judíos de Ucrania y propietario del banco más grande del país, donde los servicios secretos (SBU) tenían su cuenta.

Kolomoisky, que tiene triple nacionalidad (ucraniana, israelí y chipriota), asignó al Batallón Azov una subvención de dos millones de dólares mensuales y una de las bases para el reclutamiento estaba formado por los seguidores del equipo de fúfbol Dynamo de Kiev, cuyo dueño era Kolomoisky. El magnate utilizaba a los matones del Batallón como mercenarios para ajustar cuentas con otros oligarcas.

También fue Kolomoisky quien fabricó a Zelensky a través de los estudios de televisión que poseía, promoviendo su candidatura a la Presidencia de Ucrania y luego financiándola.

Todo iba bien para Kolomoisky y su Batallón hasta que el 2 de agosto del año pasado el oligarca fue involucrado en un caso de fraude y blanqueo de capitales. Al mes siguiente, habiendo caído en desgracia, fue detenido y acusado de haber ordenado el asesinato del director de un bufete de abogados.

Tras el encarcelaiento de su mentor, para seguir cobrando, los representantes del Batallón han tenido que organizar la gira europea, e incluso han viajado a Israel, donde han sido recibidos por el Mosad.

La sumisión de los nazis ucranianos al imperialismo data de la Guerra Fría

Estados Unidos estuvo organizando operaciones con los nazis ucranianos para debilitar a la URSS durante casi ocho décadas. Tras el final de la Segunda Guerra Mundial, Ucrania fue el escenario de una guerra secreta promovida por la CIA contra la URSS.

Durante la guerra, unidades de la Organización de Nacionalistas Ucranianos (OUN-B) participaron en todo tipo de matanzas. sobre todo de dirigentes comunistas, guerrilleros, campesinos y cooperativistas.

Mykola Lebed, el brazo derecho de Stepan Bandera, dirigente del fascista OUN-B, fue reclutado por la CIA después de la guerra, según un informe publicado en 2010. Lebed fue el “ministro de Asuntos Exteriores” de un gobierno banderista en el exilio, pero luego rompió con Bandera por actuar como un dictador. La CIA le prefirió antes que a Bandera.

Lo acondicionaron una oficina en Nueva York, desde donde dirigió las operaciones de sabotaje y propaganda de la CIA en Ucrania. Un informe desclasificado de la CIA dice: “Las operaciones de la CIA con estos ucranianos comenzaron en 1948 bajo el criptónimo Cartel, que pronto se convirtió en Aerodynamic […] Lebed se mudó a Nueva York y adquirió el estatus de residente permanente y luego la ciudadanía estadounidense. Esto lo protegió del cargo de asesinato, le permitió hablar con grupos de emigrados ucranianos y regresar a Estados Unidos después de viajes operativos a Europa. Una vez en Estados Unidos, Lebed fue el principal contacto de la CIA para Aerodynamic. Los funcionarios de la CIA destacaron su carácter astuto, sus relaciones con la Gestapo y […] el hecho de que era un operador muy despiadado”.

En Estados Unidos la OUN-B pasó a llamarse Comité del Congreso Ucraniano de América (UCCA). A mediados de los ochenta, el gobierno de Reagan estaba llena de miembros de esa organización. Reagan dio personalmente la bienvenida a la Casa Blanca a Yaroslav Stetsko, el dirigente banderista que supervisó la masacre de 7.000 judíos en Lviv en 1983.

La CIA trabajó con Lebed hasta su muerte en 1998. Le enterraron en Nueva Jersey y sus documentos se encuentran en el Instituto de Investigación Ucraniano de la Universidad de Harvard.

Otros exiliados ucranianos tomaron el relevo y en 2014 la UCCA convocó manifestaciones en varias ciudades de Estados Unidos en apoyo al Golpe de Estado fascista en Kiev.

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Le Pen: la hija de un diputado torturador

Lo que hoy califican como “extrema derecha” son un refrito de movimientos fascistas de la más vieja escuela que en 1945, en Francia como en otros lugares, se mantuvieron en pie gracias al anticomunismo rampante de la posguerra europea. Entonces eran poco más que una tribu urbana: grupos de jóvenes estudiantes de buena familia que recorrian las calles de París en busca de pelea, ataviados con chaquetas de cuero negro.

En Francia el grupo “Occidente”, fundado en 1964, no pasaba de 600 jóvenes, herederos de la ideología del viejo Charles Maurras y de Robert Brasillach, ambos condenados por colaborar con los ocupantes nazis durante el régimen de Vichy y el segundo de ellos fusilado en 1945.

Los fascistas de “Occidente” apoyaron entusiasmados la matanza de comunistas de 1965 en Indonesia y el Golpe de Estado militar en Grecia dos años después.

El 31 de octubre de 1968 el gobierno disolvió el grupo por decreto, después de cometer un atentado con explosivos contra una librería maoísta en París. Los restos se agruparon en torno a Alain Robert y el Grupo Sindical de Derecha, luego Grupo Unión Derecha y finalmente Grupo Unión Defensa.

Su base de operaciónes era la Facultad de Derecho y su objetivo acabar con la “contaminación marxista” de las universidades de París. Los pequeños grupos se manifestaban por las calles bajo la consigna “Izquierdistas, cabrones, os vamos a despellejar”.

De aquellos rescoldos nació unos meses después otro movimiento, Orden Nuevo, que en 1970 convocó su primer mitin. La pretensión del movimiento era reunir a todas las fuerzas fascistas de nuevo cuño: católicos, antiguos vichystas, miembros de la OAS, estudiantes del Grupo Unión Defensa…

Después de parecer “antisistema”, los fascistas intentaron salir de la marginalidad presentándose a las elecciones. Para ello volvieron a cambiar las siglas y el 5 de octubre de 1972 formaron el Frente Nacional.

Buscaron una cara amable que posara para los carteles y lo mejor que encontraron fue Jean Marie Le Pen, un antiguo diputado pujadista que en 1957 se presentó voluntario para defender la “Argelia francesa”.

Le Pen presentó los estatutos del partido en el registro en compañía de Pierre Bousquet, Rottenfürher de las Waffen SS en la División Carlomagno y encargado de la deportación de los judíos franceses a los campos de concentración.

El nazi francés ocupó el cargo de tesorero en la junta directiva del Frente Nacional, hasta que se apartó en 1981 porque Le Pen se había convertido en un “juguete” de los sionistas.

El vicepresidente del nuevo partido, François Brigneau, no andaba lejos. Fue periodista y antiguo miliciano del gobierno colaboracionista de Petain, múltiples veces condenado desde 1945 por difundir panfletos racistas y antisemitas.

Otro fundador del partido, Leon Gaultier, también fue cronista de Radio Vichy y voluntario de las Waffen SS, en cuyas filas combatió al Ejército Rojo en la Segunda Guerra Mundial, con el grado de Untersturmführer. Junto con Le Pen, en 1963 había fundado Serp, una editorial que publicó, entre otras joyas, un disco de canciones del Tercer Reich.

El Frente Nacional era una alianza heterogénea de pequeños círculos fascistas con grandes pretensiones electorales. Sin embargo, las elecciones legislativas de 1973 fueron un enorme fracaso para ellos, que no pudieron presentar candidaturas en muchos distritos y apenas rozó el dos por ciento de los votos.

Los mismos perros con distintos collares. Igual que en cualquier otro país europeo, el continuo refrito de siglas de los fascistas franceses expresa una huida del pasado, de las acciones terroristas y un edulcoramiento ideológico para aparecer pulcros y bien vestidos en los carteles electores.

La memoria política es muy corta. Los tiempos del gobierno de Vichy y la Segunda Guerra Mundial quedaban lejos. A la Guerra de Indochina y la Batalla de Argel les empezaba a ocurrir lo mismo. Nadie quería saber nada del pasado.

El cambio ideológico no fue el único. En un país como Francia, las elecciones tienen la virtud de acercar las posiciones y limar las aristas. Una organización que quiere salir de la marginalidad debe remodelar continuamente su mensaje. El Frente Nacional hizo muchos cambios. Como es lógico, tras la desaparición de la URSS, el anticomunismo pasó a un segundo plano.

No obstante, hay cosas y personajes que nunca cambian. Uno de los dirigentes del Frente Nacional era Jean François Chiappe, que estaba casado con María Denikina, hija del general Anton Denikin, que dirigió la guerra contra los bolcheviques tras la Revolución de Octubre.

Ahora el Reagrupamiento Nacional hereda las siglas del Frente Nacional, exactamente igual que Marine Le Pen hereda a su padre, el viejo Jean Marie Le Pen, como ella misma ha confesado siempre que ha tenido oportunidad de hacerlo.

‘No tengo nada que ocultar’

Diputado y oficial de inteligencia del ejército colonial francés, el teniente Jean Marie Le Pen, combatió en la Guerra de Indochina y en la expedición militar a Suez. A finales de 1956 llegó a Argelia con un regimiento de la Legión Extranjera, una de las unidades encargadas del desmantelamiento de las redes argelinas que luchaban por la descolonización.

Con 29 años de edad fue condecorado con la cruz al valor militar por el general Jacques Massu, al frente de las tropas coloniales en Argelia.

Francia acusaba a los combatientes argelinos de “terrorismo” y la unidad de Le Pen se encargaba de las detenciones, las redadas, los controles de carreteras y los registros de las viviendas. “No tengo nada que ocultar. Torturamos en Argelia porque teníamos que hacerlo”, confesó al diario Combat el 9 de noviembre de 1962.

En la década de los ochenta, cuando los periódicos le acusaron de torturador, Le Pen respondió con querellas judiciales por difamación. Uno de los últimos juicios se inició en 2002, en plena campaña a las elecciones europeas. Le Monde publicó el testimonio de Mohamed Cherif Moulay. Éste contó que la noche del 2 de marzo de 1957, cuando tenía 12 años, un grupo de paracaidistas comandados por Le Pen irrumpieron en su casa, golpearon y torturaron a su padre, Ahmed Moulay, de 42 años, que murió a causa de las descargas eléctricas.

El niño reconoció a Le Pen, cuya foto apareció en los periódicos cuando fue condecorado. Durante el allanamiento de la vivienda, el teniente perdió su cuchillo y los paracaidistas regresaron dos veces para intentar encontrarlo, en vano, ya que la familia lo había escondido.

El argelino presentó el cuchillo en una de las sesiones del juicio contra Le Monde. Era un arma inconfundible de acero templado de 25 centímetros de largo y 2,5 centímetros de ancho. El puñal de las Juventudes Hitlerianas llevaba una inscripción con las palabras “JM Le Pen, 1er REP” grabadas.

Tras la Segunda Guerra Mundial, unos 30.000 soldados alemanes se incorporaron a la Legión Extranjera francesa, de los que unos 2.000 ó 3.000 eran de las SS. Muchos de ellos ejercieron de verdugos en los centros de interrogatorio con Le Pen.

En resumen, para los que no quieren darse cuenta de lo que es el fascismo: los crímenes cometidos por Le Pen no lo fueron como miembro de ningún partido político. No los cometió por razones ideológicas, sino como peón del aparato del Estado colonial francés.

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Aunque el fascismo se vista de seda…

En un país como Italia las elecciones tienen la virtud de acercar las posiciones y limar las aristas. A la política no le gusta la historia. Un partido que quiere salir de la marginalidad debe remodelar continuamente su mensaje. Tiene que decir a los votantes lo que quieren oir.

Como todos los partidos fascistas Fratelli d’Italia es un refrito y en cada cambio de siglas ha ido maquillando su rostro y renegando de su pasado, lo mismo que su jefa Giorgia Meloni. Así es como ha llegado a presidir el Consejo de Ministros de su país. Ya no hay “camisas viejas” entre los fascistas italianos.

Pero un vídeo del medio italiano en línea “Fanpage” muestra que, bajo los nuevos adornos, las raíces fascistas de Fratelli d’Italia son las de siempre. El vídeo fue filmado por un periodista con cámara oculta que se infiltró en las reuniones y fiestas de sectores del Gioventù Nazionale, las juventudes de Fratelli d’Italia (*).

Aparecen jóvenes entusiastas gritando “¡Duce Duce!” con el brazo extendido, mientras otros cantan canciones en alabanza a los Camisas Negras o incluso lanzan imprecaciones contra los negros, dicen que “los árabes que deberían ser quemados” y que los judíos que forman “una casta que vive de los réditos de la Shoah”.

Todos lo sabían, pero el problema es que ha trascendido al salir en los medios y la Comisión del Senado sobre intolerancia, racismo, antisemitismo e incitación al odio y a la violencia ha tenido que tomar cartas en el asunto.

La repercusión también ha obligado al partido de Meloni a publicar una carta en la que afirma que no hay lugar “para posiciones racistas, antisemitas, nostálgicas de los totalitarismos del siglo XX ni para manifestaciones de folklore estúpido”, en referencia al saludo a la romana.

Con harto dolor de su corazón, Meloni tendrá que depurar sus filas, en especial entre sus jóvenes, algunos de los cuales son menores de edad.

(*) https://www.fanpage.it/politica/saluti-romani-inni-al-duce-e-sieg-heil-dentro-gioventu-nazionale-il-movimento-giovanile-di-fratelli-ditalia/

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Putin apoya a Le Pen, o más bien al revés, o ambas cosas a la vez

Desde los tiempos de Jean Marie Le Pen, el Frente Nacional (desde 2018 llamado Rassemblement National), ha defendido una política exterior típicamente gaullista, alejada de la OTAN (o al menos del mando militar) y partidaria del rearme nuclear.

Pero en Europa cualquiera que hable contra la OTAN parece un comunista de la vieja escuela y, en los tiempos modernos, un rusófilo empedernido o un peón de Putin. Es lo que le ocurre ahora a Le Pen, Bardella y los suyos, aunque no sabemos si es Putin quien apoya a Le Pen, o más bien al revés, o ambas cosas a la vez.

Lo que les preocupa a los intoxicadores es dejar bien claro, en cualquier caso, que Putin forma parte de ese paquete fascista, lo mismo que Orban. En Europa los que se salen del redil ideológico son “extrema derecha”, negacionistas y antivacunas.

Sin embargo, la reacción francesa no ha inventado nada nuevo. Lo que siempre ha pretendido es aparentar es que son los más fieles continuadores de la política “independiente” de De Gaulle y, por consiguiente, del acercamiento de Francia a Rusia.

Tampoco es un invento francés, ni gaullista, sino una réplica a la “ostpolitik” de Willy Brandt en Alemania, saboteada por Estados Unidos, exactamente igual que el gaullismo.

Quienes han roto con las tradiciones francesas en política exterior son los demás partidos y coaliciones políticas, que han vuelto a llevar a Francia al redil de la OTAN.

No obstante, Le Pen y Bardella no son ni sombra de lo que fue De Gaulle, que se atrevió a expulsar a la OTAN de París. El Rassemblement National no está contra la OTAN, sino que quiere un acercamiento de la OTAN a Rusia. Tampoco habla de acabar con el envío de armas a Ucrania; lo que pide es “limitarlos”.

Hasta este momento Le Pen y Bardella se han limitado a hablar por la televisión. Nunca han podido poner en práctica sus políticas. Si lo pudieran hacer veríamos que no son muy diferentes de Giorgia Meloni: más de lo mismo.

¿Pero no era euroescéptica la extrema derecha?

Lo mismo ocurre con la Unión Europea. La reacción europea siempre ha sido calificada de “euroescéptica” aunque más bien ocurría el revés: los medios de comunicación han calificado como “extrema derecha” a todos aquellos que se oponían al euro y a la Unión Europea.

El Brexit fue el momento cumbre de aquella campaña intoxicadora. Creyeron que era una manera de fortalecer la unidad europea, pero se equivocaron porque la oposición a las políticas de Bruselas es cada vez mayor y sus protagonistas votan a quienes creen que encarnan esa oposición.

Las carreras de Meloni por los pasillos de Bruselas han demostrado que no es así, que la llamada “extrema derecha” es intercambiable con cualquier otro partido europeísta. Incluso se puede decir que nadie ha encarnado mejor la unidad europea que los fascistas puros y duros, empezando por Hitler. Como dijo Borrell recientemente, nadie ha pedido con más fervor su ingreso en la Unión Europea que los nazis ucranianos.

El “soberanismo” de los fascistas nunca tuvo ningún recorrido en ningún país europeo, empezando por Polonia y acabando por Países Bajos. Después de las elecciones se les ve negociando por apoderarse de los puestos más importantes porque -según dicen- quieren cambiar la Unión Europea “desde dentro”. Ursula von der Layen se reúne con Meloni y Meloni negocia con ella, antes y después de las elecciones.

Meloni se lleva mejor con Von der Layen que con otros figurines de la “extrema derecha” europea.

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Los vínculos de Israel con los fascistas europeos

Desde 1945 la intoxicación mediática ha creado una leyenda en torno a la Segunda Guerra Mundial, concebida como un intento por parte de los fascistas de exterminar a “los judíos”. No hay nada más opuesto a un “judío” que un nazi. Por eso a Zelensky no se le puede tildar de nazi y a Ucrania tampoco.

Los nazis y los sionistas siempre tuvieron los mismos objetivos colonialistas, tanto entonces como ahora. Por eso los vínculos entre ambos se han mantenido, aunque ahora a los viejos fascistas de siempre se les pretende camuflar con una etiqueta política nueva: la “extrema derecha”.

Nadie se alegra más por los éxitos electorales de la “extrema derecha europea” que los israelíes, que en 1948 hicieron realidad las viejas aspiraciones sionistas.

Al mismo tiempo, los fascistas, que siempre fueron el caldo de cultivo del antisemitismo, muestran hoy un apoyo incondicional a Israel, al tiempo que se declaran descaradamente islamófobos. Israel es un país moderno y avanzado, mientras los países árabes son atávicos.

El último dirigente del Movimiento Social Italiano, Gianfranco Fini, viajó a Israel en 2003 siendo viceprimer ministro del gobierno italiano. Era el heredero de Benito Mussolini y padre de los actuales Fratelli d’Italia de Giorgia Meloni, un partido que nunca ha renegado de sus raíces fascistas.

El ministro istraelí de Asuntos de la Diáspora y de Lucha contra el Antisemitismo, Amichai Chikli, se ha convertido en un habitual en las reuniones de la “extrema derecha” europea. Fue uno de los oradores clave en Europa Viva 24, una conferencia celebrada en Madrid en mayo, organizada por Vox.

El mismo día que el gobierno español reconoció el Estado palestino, Santiago Abascal viajó Jerusalén para reunirse con Netanyahu y asegurarle que, si alguna vez tiene la oportunidad, revocará el reconocimiento diplomático de Palestina.

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Cuando la colonización se transforma en emigración

Las grandes empresas tecnológicas de Estados Unidos siempre se han caracterizado por oponerse a la política migratoria de la Casa Blanca, especialmente en época de Trump. No les gustan las vallas ni los visados porque dichas empresas fueron fundadas por emigrantes y la mayor parte de su fuerza de trabajo más cualificada también es emigrante.

Por ejemplo, el fundador de la empresa de vehículos eléctricos Tesla, Elon Musk, nació en Pretoria, la capital de Sudáfrica.

Otro ejemplo: sin extranjeros en Estados Unidos no habría medicina. Aproximadamente una cuarta parte de los médicos ha nacido y estudiado en otro país. Suman unos 100.000 en total. Pero hay muchos más que lo hacen clandestinamente o tienen que trabajar en otras profesiones porque no les dejan ejercer.

En Europa la reacción más negra se opone a las políticas migratorias, especialmente las de Bruselas, a pesar del decrecimiento demográfico y la necesidad de mano de obra, una posición que va envuelta en una nebulosa de defensa de una supuesta identidad blanca y cristiana.

Es el caso del francés Jordan Bardella, una figura destacada del partido de Le Pen, Rassemblement National, que como tantos otros fascistas es un renegado.

Bardella nació en la región de París y, a pesar de su apellido, no tiene origen italiano sino argelino. Su bisabuelo, Mohand-Seghir Mada es lo que más odia su biznieto: un inmigrante argelino que se instaló en Lyon en los años treinta.

La historia del colonialismo es de ida y vuelta. Los colones se marcharon de la metrópoli y los colonizados emigraron a ella. Por el medio se ha tejido una cortina de explicaciones idelógicas pintorescas. Primero dijeron que los argelinos eran franceses, pero luego aquella doctrina dejó de interesarles.

El padre de Marine Le Pen, fundador del partido fascista, era un paracaidista que combatió en Argelia empeñado en impedir la independencia, hasta que la colonización se convirtió en su contrario; dio la vuelta y ahora es emigración. La colonización era buena pero la emigración es mala.

Un caso parecido al de Bardella es el de otro fascista francés, Eric Zemmour, al que también se le llena la boca contra los emigrantes. También Zemmour es de origen argelino. Sus padres eran judíos bereberes que en los años cincuenta emigraron a Francia procedentes del norte de África.

Lo mismo que los demás políticos europeos, la carrera de Bardella y Zemmour está labrada de charlatanería. Les hubiera gustado ser rubios y formar parte de la corte de Luis XVI. No se lo perdonan a sus ancestros africanos.

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Rusia está limpiando Europa de criminales nazis

Algún día los antifascistas deberán agradecer a Rusia que esté limpiando a Europa de nazis por segunda vez. Varios de los más destacados matarifes que corrieron a Ucrania para unirse a las filas del ejército y, más en concreto, del Batallón Azov, ya no están en este mundo. No se trata sólo de algunos grupos ucranianos, sino de la peor escoria reclutada por los más sucios rincones de Europa.

Cesar Aujard

Es el caso de Cesar Aujard, un cabecilla de los neonazis franceses que cayó la semana pasada cerca de Avdeievka (1). Al transcribirlo en caracteres cirílicos, la prensa rusa anuncia su muerte como Cesar Ozhar y algunos aseguran que era el máximo dirigente de los mercenarios franceses que luchan en Ucrania.

El año pasado apareció en internet un sitio dedicado a su biografía y aventuras, que van desde los gimnasios de musculación, hasta las pandillas de matones del fútbol, pasando por la subcultura del grafiti y los tatuajes (2). Hay quien afirma que se fue a Ucrania huyendo de la policía, que le perseguía por una paliza propinada en París a varios emigrantes.

En la capital francesa era el cabecilla de una banda llamada “Suavos de París” y del GUD (Grupo Unión Defensa). Según las fuentes rusas, tenía vínculos con los servicios secretos franceses. Las fotos le muestran alzando el brazo a la romana y con tatuajes característicos que no dejan dudas sobre su filiación ideológica.

En lugar de pensar en enviar más tropas a Ucrania, Macron debería preocuparse un poco por este tipo de macarras que se mueven a sus anchas por las calles del centro de París golpeando a los negros y a los árabes a diestro y siniestro.

También en Odesa los mercenarios franceses caen como moscas

De cualquier manera, el Presidente francés hace bien en preocuparse especialmente por Odesa, que es donde ha trazado una línea roja (3). En Odesa han caído 60 mercenarios franceses que no deberían estar allá.

El ejército ruso atacó con misiles de alta precisión un centro de entrenamiento de combate para drones anfibios que la OTAN tenía en el puerto.

El ataque tuvo lugar cuando Zelensky y su invitado, el primer ministro griego Kyriakos Mitsotakis, se encontraban en la ciudad portuaria. El presidente ucraniano llegó a Odesa para condecorar a los oficiales que operan los drones anfibios, que han causado importantes daños a la flota rusa del Mar Negro.

La OTAN ha quedado impactada por la utilización de misiles Iskander. El gobierno ucraniano había organizado un espectáculo para la llegada del invitado griego. Reunieron todos los barcos en un solo lugar para alardear.

El ejército ruso podría haber acabado con la vida de Zelensky. Si no lo hizo es porque no es necesario: el Presidente ucraniano está acabado.

Esto no es nada nuevo. La historia sea repite. Tras la Revolución de Octubre y la subsiguiente guerra civil, el ejército francés ya ocupó territorio ucraniano para hacer lo contrario que ahora: impedir la captura de Odesa por la República Popular de Ucrania y entregar el control de la ciudad a los Guardias Blancos rusos.

Los franceses se marcharon de Ucrania a principios de abril de 1919, no porque fueran derrotados, sino para prevenir la agitación bolchevique en sus filas. Los soldados franceses habían aprendido a cantar La Internacional en los bares del puerto y el mando francés se asustó.

(1) https://www.lemonde.fr/en/international/article/2024/01/26/french-mercenaries-killed-in-ukraine-paris-calls-out-a-russian-disinformation-operation_6466963_4.html
(2) https://www.streetpress.com/sujet/1698222484-cesar-aujard-paul-bichet-neonazi-mondains-beatrice-dalle-hooligan-combat-ukraine-gud
(3) https://www.lindependant.fr/2024/03/07/guerre-en-ukraine-une-avancee-du-front-vers-odessa-ou-vers-kiev-emmanuel-macron-annonce-ce-scenario-qui-pourrait-engager-une-intervention-de-la-france-11810700.php

Los imperialistas franceses descargan tanques Renault en el puerto de Odesa en 1918
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Fascistas y sionistas son las dos caras de la misma moneda

Con el paso del tiempo, la propaganda imperialista, y especialmente el cine, ha creado una imagen poderosa de oposición absoluta entre el fascismo y el “judaísmo”. La errónea conclusión es que la Segunda Guerra Mundial fue el “holocausto”, o sea, un intento de exterminar a los “judíos” iniciado por Hitler y los suyos.

A consecuencia de la asociación de imágenes, a algunos les extraña que lo peor de la reacción española, como Isabel Díaz Ayuso, sea prosionista y no oculte su lealtad incondicional hacia Israel.

También les extrañó que Zelensky, un judío, dirigiera un Estado nazi como Ucrania o que el ejército israelí adiestrara a los nazis del Batallón Azov.

Sin embargo, los sionistas siempre siempre tuvieron una larga y sórdida historia de vínculos con los nazis europeos, antes y después de la creación del Estado de Israel en 1948.

En agosto el embajador de Israel en Bucarest, Reuven Azar, se reunió con el dirigente del partido fascista “Alianza por la Unión de los Rumanos”, George Simion, lo que provocó indignación en Israel y dentro de los colectivos judíos repartidos por el mundo.

El ministro de Asuntos Exteriores israelí, Eli Cohen, asignó a Azar y al dirigente de los colonos Yossi Dagan para reunirse con el máximo dirigente del partido fascista rumano.

Además de esa reunión, en julio Cohen se reunió con el viceprimer ministro y ministro de Asuntos Exteriores de Italia, Antonio Tajani, para demostrar los sionistas tenían las mejores relaciones con el gobierno de Giorgia Meloni y los fascistas italianos.

En fin, fascistas y sionistas son las dos caras de la misma moneda (*).

Los primeros grupos sionistas, como Irgun, Betar y Lehi, participaron en los primeros movimientos fascistas italianos de hace un siglo. Lehi intentó aliarse con el Tercer Reich en 1941, mientras Betar e Irgun recibían el apoyo de Mussolini.

Mussolini era un admirador del sionismo, escribe el fundador del Congreso Judío Mundial, Nahum Goldman, en su autobiografía. “Hay que crear un Estado judío. Soy sionista y así se lo dije al doctor Weizmann. Debes tener un país real, no ese ridículo Hogar Nacional que te han ofrecido los británicos. Les ayudaré a crear un Estado judío”, le dijo Mussolini a Goldman en 1934, durante una entrevista entre ambos.

Mussolini también le expresó su admiración por Vladimir Jabotinsky, el fundador de Betar y Irgun, que aparece en la imagen de portada: “Para que el sionismo tenga éxito, es necesario tener un Estado judío con una bandera y un idioma judíos. La persona que comprende esto es su fascista Jabotinsky”, le dijo a Goldman.

La admiración entre los fascistas y los sionistas era mutua. Otros dirigentes sionistas como Itamar Ben-Avi también elogiaron a Mussolini.

Jabotinsky, fundador del sionismo revisionista, estableció la Academia Naval Betar en Italia durante la época de Mussolini. En ella se entrenaron muchos futuros comandantes navales israelíes. Los cadetes no escondían su admiración por Mussolini.

En su libro “Mussolini e il Sionismo”, el historiador italiano Furio Biagini explica que la alianza fascista-sionista se asentaba en el nuevo reparto del mundo: “En su diseño expansionista en toda la región mediterránea, la Italia fascista contrastaba directamente con la presencia británica. La flota británica dominó la región del Mediterráneo desde Gibraltar hasta Chipre y Palestina. Al apoyar al movimiento sionista en su lucha contra el poder del Mandato Británico, Italia quería debilitar el imperio británico en el Mediterráneo Oriental, al tiempo que aumentaba el prestigio italiano a nivel internacional”.

En octubre de 1933 el jefe de la Agencia Judía en Ginebra, Victor Jacobson, escribió al presidente de la Organización Sionista Mundial y más tarde primer presidente de Israel, Chaim Weizmann, que “Mussolini está ansioso por abrir incluso ensanchar las puertas de Palestina a la inmigración judía, particularmente a los refugiados procedentes de Alemania”.

En su libro “Stato e Libertà”, el diplomático italiano Sergio Minerbi escribió: “Mussolini pensó que era imposible reconciliar a judíos y árabes y que tenían que estar políticamente separados, por lo que planteó la idea de la partición de Palestina”.

(*) https://www.middleeastmonitor.com/20200127-the-mussolini-jabotinsky-connection-the-hidden-roots-of-israel-fascist-past/

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Reino Unido envió a los niños negros a escuelas para ‘subnormales’

En Reino Unido, en las décadas de los sesenta y setenta, cientos de niños negros fueron etiquetados como “educativamente subnormales” y enviados a escuelas para alumnos que se consideraba tenían poca inteligencia. Por primera vez, algunos exalumnos han hablado de sus experiencias para un documental.

En la década de los setenta, cuando tenía 6 años, Noel Gordon fue enviado a lo que se conocía en aquel momento como un internado “educativo para subnormales” (ESN), situado a 24 kilómetros de su casa. “Esa escuela era un infierno”, dice Noel. “Pasé 10 años allí, y cuando me fui a los 16, no pude conseguir trabajo porque ni siquiera podía deletrear o llenar una solicitud de empleo”.

Aproximadamente un año antes de unirse a la escuela ESN, Noel había sido ingresado en el hospital para que le extrajeran un diente. Le administraron un anestésico, pero resultó que tenía anemia de células falciformes no diagnosticada y el anestésico desencadenó una reacción grave.

Noel dice que los problemas de salud resultantes lo llevaron a ser percibido como con dificultades de aprendizaje y a ser recomendado para una “escuela especial”. Sin embargo, ni él ni sus padres recibieron ninguna prueba o explicación de su discapacidad. “Alguien vino y dijo que habían encontrado un internado especial con una matrona donde se ocuparían de mis necesidades médicas”, dice Noel.

Durante esa conversación también dijeron que Noel era “un idiota. Estúpido”. Pero los padres de Noel no se dieron cuenta de que su nueva escuela era para los llamados “subnormales” desde el punto de vista educativo. Se habían mudado a Inglaterra desde Jamaica a principios de los años 60 y tenían grandes expectativas en la educación de su hijo.

Noel pasó la primera noche en el internado llorando, pensando en su madre. Sentía que la escuela era fría e institucional. “Aún me viene el olor de los viejos escritorios de madera. ¡Ah! y el abuso racial en mi primer día”, dice. Un estudiante le lanzó insultos raciales en el aula, pero no fue reprendido: el maestro simplemente le dijo que se sentara.

La escuela no seguía el plan de estudios del resto. Y aunque un maestro le dio a Noel un cuaderno para que escribiera, nunca le enseñaron gramática básica o cómo escribir. Hizo algunas sumas y restas básicas, pero durante las clases principalmente hacía manualidades y jugaba.

Sus padres sólo se dieron cuenta de qué tipo de escuela era cuando Noel, que entonces tenía 7 años, fue golpeado por un alumno de 15 años y su padre lo visitó por primera vez. Recuerda que su padre le dijo al director: “Esta es una escuela para niños discapacitados”, utilizando un término obsoleto. Dice que el director respondió: “Sí, pero no nos gusta usar esa palabra, los llamamos aprendices lentos”.

El padre de Noel, aunque devastado, se sintió impotente para cambiar las cosas.

Noel no tuvo la oportunidad de realizar exámenes y obtener calificaciones. Reflexionando sobre ello ahora, dice que ser etiquetado como subnormal desde el punto de vista educativo lo hizo sentir inferior por el resto de su vida y le generó muchos problemas psicológicos. “Dejar la escuela sin ningún título es una cosa, pero dejar la escuela pensando que eres estúpido es completamente diferente. Te quita la confianza”, dice.

El término “educativamente subnormal” derivó de la Ley de Educación de 1944 y se utilizó para definir a quienes se creía que tenían una capacidad intelectual limitada. “Esa etiqueta hizo que los niños se sintieran inferiores”, dice el profesor Gus John, activista de la educación, quien llegó a Reino Unido desde el país insular caribeño de Granada en 1964 como estudiante, y pronto se dio cuenta del problema.

“Los estudiantes de las escuelas ESN no irían a la universidad. Si tenían suerte, se convertirían en labradores. “El término paralizaba y mataba cualquier sentido de autoconfianza y ambición”. Las escuelas primarias y secundarias de ESN clasificaban a los niños entre los que tenían “discapacidades de aprendizaje moderadas”, discapacidades de aprendizaje “graves” o aquellos “imposibles de enseñar”. Estas categorías eran amplias y cuando se recomendaba a los estudiantes para las escuelas ESN, los profesores y psicólogos no siempre daban razones sólidas.

Si bien algunos de estos centros tenían buenos ejemplos de enseñanza, en muchos se pasaban por alto las necesidades de los alumnos.

Los estudiantes negros fueron enviados a estas escuelas en proporciones significativamente más altas. Los realizadores del documental vieron un informe de 1967 de la ahora desaparecida Inner London Education Authority (ILEA , la Autoridad de Educación del Interior de Londres), que mostraba que la proporción de niños inmigrantes negros en las escuelas ESN (28 por cien) era el doble que la de los de las escuelas ordinarias (15 por cien).

“El porcentaje de niños negros en las escuelas ESN comparado con el de las escuelas normales era escandaloso”, dice Gus John. Pero ¿por qué se definió a tantos niños negros como “subnormales“? Las cifras de las décadas de 1960 y 1970 muestran que, en promedio, el rendimiento académico de los niños negros era más bajo que el de sus homólogos blancos. Eso alimentó la creencia generalizada de que los niños negros eran intelectualmente inferiores a los blancos.

Un informe de la autoridad local filtrado en 1969, escrito por un director llamado Alfred Doulton, argumentó que los niños antillanos en general tenían un coeficiente intelectual más bajo. La afirmación se basaba en los resultados de las pruebas de coeficiente intelectual a los que se sometía comúnmente a los alumnos de primaria.

Uno de los principales defensores de esas teorías fue Hans Eysenck, exprofesor del Instituto de Psiquiatría del King’s College de Londres. Creía que la inteligencia estaba determinada genéticamente y citaba un estudio estadounidense que parecía mostrar que el coeficiente intelectual de los niños negros caía, en promedio, 12 puntos por debajo de los niños blancos.

Sobre ello, Gus John dice en el documental: “Cuando personas como Eysenck escribieron sobre raza e inteligencia, lo que en realidad estaban haciendo era justificar todos esos tropos que habían estado flotando durante el período de esclavitud, en el que la gente creía que no solo que los negros eran subhumanos sino también que no se podía esperar que actuaran o fueran tan inteligentes como los blancos”.

Muchos maestros veían a los niños negros como intelectualmente inferiores y temían que el hecho de que hubiera “demasiados” alumnos negros en una clase afectara negativamente el logro de los alumnos blancos.

Tras una protesta de padres blancos en Southall, al oeste de Londres, en junio de 1965, el gobierno emitió una guía que abordaba las necesidades sociales, lingüísticas y las posibles necesidades médicas de los niños inmigrantes, y recomendaba mantener un límite de aproximadamente el 30 por cien de inmigrantes en cualquier escuela. Algunas autoridades locales transportaban en autobús a los niños inmigrantes a escuelas fuera de su área local.

Como consecuencia, muchas autoridades locales adoptaron la política de transporte en autobús: enviar a los niños inmigrantes a escuelas fuera de su área local en un intento de limitar el número de minorías étnicas en las escuelas. La práctica finalmente se abolió en 1980. “El sistema educativo alimentó y legitimó la idea de que los menores negros caribeños eran menos inteligentes que otros niños. Por eso muchos de ellos terminaron en las escuelas ESN.

Muchos equipararon erróneamente la raza con la capacidad intelectual. Pero como argumentó la fallecida psicóloga educativa Mollie Hunte, los malos resultados de los estudiantes negros no se debieron a su capacidad intelectual sino a que las pruebas utilizadas para evaluarlos tenían un sesgo cultural. Como explica Gus John, los exámenes utilizaban referencias y vocabulario con los que los niños caribeños recién llegados no estaban familiarizados.

“Un elemento clave fue el idioma”, dice el profesor John. “Si habían crecido en un hogar jamaicano, usaban inglés jamaicano o criollo. “El problema que tenía la mayoría de los estudiantes caribeños era que como era un derivado del inglés estándar, nadie creía que necesitaran apoyo con el idioma”. Como resultado, no recibieron la ayuda adicional que recibieron otros niños inmigrantes que no hablaban inglés antes de llegar.

Según el profesor John, los maestros no intentaron comprender las barreras culturales que enfrentaban los niños negros y las evaluaciones no consideraron sus circunstancias domésticas y socioeconómicas, ni el impacto de la migración. Muchos niños viajaban a Reino Unido una vez que sus padres se habían instalado. Llegaban a un país desconocido para vivir con extraños virtuales, a quienes no habían visto en años. “Ese desplazamiento causó mucho trauma”, dice el profesor John. “Hubo dolor y duelo. Esos niños a menudo no volvían a ver a sus abuelos”.

Según el activista de la educación, había una cultura de bajas expectativas entre los profesores. Las dificultades de aprendizaje se confundieron con problemas de aprendizaje y los niños negros simplemente fueron “descartados” y enviados a las escuelas ESN. Eso es lo que le sucedió a Maisie Barrett, de Leeds, una ciudad del norte de Inglaterra, quien fue enviada a uno de estos centros a los siete años, en la década de 1960.

“Inicialmente fui a una escuela convencional. Allí, una maestra le dijo a mi madre que no podía aprender. Nos dijeron que estaría mejor en una escuela especial”. Maisie dice que la decisión de enviarla a una escuela ESN fue un error que arruinó sus oportunidades de vida. Como a Noel, no le enseñaron lo necesario. “Jugábamos, teníamos discotecas… Yo lo llamo una ‘escuela libre’ porque la educación era muy básica y jugamos mucho más de lo que estudiábamos”, dice.

Décadas después, a los 30 años, a Maisie le diagnosticaron dislexia. “En lugar de ayudarme con mis dificultades de aprendizaje, simplemente me tacharon de estúpida. Los maestros nunca se tomaron el tiempo de averiguar por qué tenía problemas para aprender. Eso arruinó mi confianza”, dice. “Era lenta, pero un maestro debería haberse tomado el tiempo para ayudarme a aprender”.

Según Maisie, la falta de aprendizaje y apoyo era solo una parte del problema. “Fui a una escuela que era una institución racista”, dice. Con el tiempo, tanto a Noel como a Maisie se les ofreció la oportunidad de asistir a escuelas ordinarias. Para entonces, era demasiado tarde. En el caso de Noel, fue a una escuela secundaria local a tiempo parcial desde los 12 años y pasó el resto de la semana en la escuela ESN.

“En la escuela secundaria de medio tiempo, me ausentaba debido a la intimidación de no tener amigos y no poder leer”, dice Noel. Maisie dejó su escuela ESN a la edad de 13 años y comenzó en la escuela secundaria regular. “Mi mamá me puso en contacto con una trabajadora social negra que, después de evaluarme, dijo que yo era inteligente y señaló que me ubicaran en la escuela ESN por racismo”, dice Maisie. Sin embargo, para entonces, incapaz de leer o escribir, Para Maisie la escuela secundaria fue extremadamente desafiante y terminó sin calificaciones.

Inicialmente, muchos caribeños que emigraron a Reino Unido durante las décadas de los sesenta y setenta tenían una visión favorable de las escuelas ESN. A menudo denominadas “escuelas especiales” por los maestros, los padres caribeños, con poco conocimiento sobre el sistema educativo británico, pensaban que estas brindarían un mejor apoyo y aprendizaje a sus hijos.

“Cuando le dijeron a mi madre que me habían recomendado para una escuela especial, la recuerdo sonriendo. Ella pensó que una escuela especial significaba una escuela mejor”, dice Maisie. Esta presunción sobre las escuelas “especiales” también se derivaba de las experiencias de los caribeños con los centros educativos en sus lugares de origen.

“La educación británica era vista como un camino hacia la movilidad social y las aspiraciones de los padres eran muy altas”, dice Gus John. “Los maestros tenían un perfil alto en las comunidades caribeñas, y los padres inicialmente confiaban en los profesores británicos. Fue un shock descubrir que sus hijos estaban siendo descritos como subnormales”.

Sin embargo, cuando empezaron a notar las dificultades de sus hijos con los conceptos básicos de lectura y escritura, se preocuparon y surgieron grupos de padres dispuestos la acción. Por ejemplo, en 1970, después de descubrir que había un número desproporcionadamente alto de niños negros en las escuelas ESN del norte de Londres, un grupo llamado North London West Indian Association se quejó formalmente ante la Junta de Relaciones Raciales, alegando discriminación en virtud de la Ley de Relaciones Raciales de 1968.

En 1971 un libro titulado “Cómo el niño antillano se vuelve subnormal desde el punto de vista educativo en el sistema escolar británico” resultó fundamental para cambiar la opinión de los padres negros. El autor, el escritor y maestro granadino Bernard Coard, enseñaba en una escuela ESN y había notado la gran cantidad de niños caribeños allí. Cuando un grupo de padres preocupados le pidió que investigara el tema, escribió el libro en un tiempo récord.

Sostuvo que las escuelas ESN estaban siendo utilizadas por las autoridades educativas como un “vertedero” para los niños negros, y que los maestros estaban confundiendo el trauma causado por la inmigración con una falta de inteligencia.

El trabajo fundamental de Bernard Coard condujo a una acción positiva y a un fuerte aumento en las escuelas complementarias para negros. Eran escuelas sabatinas creadas por padres negros con el objetivo de elevar el nivel educativo de los niños. Enseñaban materias del currículum junto con la historia negra, para elevar la autoestima de los niños, ayudarlos a obtener calificaciones y prepararlos para el empleo.

Después de años de presión y campañas, la Ley de Educación de 1981 consagró la inclusión en la legislación y el término “educativamente subnormal” fue abolido como una categoría definitoria.

Una investigación del gobierno sobre la educación de niños de grupos étnicos minoritarios publicada en 1985 encontró que la baja puntuación de cociente intelectual promedio de los niños antillanos no eran un factor significativo en su bajo rendimiento académico. En cambio, se descubrió que el prejuicio racial en la sociedad en general jugaba en ello un papel crucial.

Pero tanto para Noel como para Maisie, el impacto de su tiempo en las escuelas ESN permanece. “La etiqueta ESN paralizó mi confianza. Nunca me dieron las herramientas para ser la persona que podría haber sido”, dice Maisie.

A pesar de escribir dos libros y obtener cuatro títulos después de dejar la escuela, incluidos los estudios caribeños y la escritura creativa, Maisie ha tenido dificultades para encontrar trabajo a lo largo de los años. Actualmente desempleada y con dos hijos adultos, trabajó como trabajadora de apoyo para disléxicos, pero fue despedida hace unos años.

Maisie siente que se ha pasado la vida “tratando de ponerse al día” desde que dejó la escuela ESN.

Noel descubrió que realmente le gusta aprender y ha acumulado una serie impresionante de diplomas como adulto, incluida una licenciatura en informática. Pero aunque la pared de su casa está cubierta de certificados, todavía tiene dificultades para leer y escribir. “Esa escuela ESN me ha arruinó”, dice Noel.

Y a pesar de los importantes avances realizados desde entonces, persisten las disparidades en la educación de los niños negros. “Las preocupaciones que solíamos tener sobre los ESN todavía persisten, en vista de la cantidad de niños negros en unidades de derivación de alumnos”, dice Gus John. Estas unidades fueron establecidas en 1993 para acoger a alumnos excluidos de las escuela ordinarias. Pero hay en ellas una cantidad desproporcionada de alumnos negros, hasta tres veces más en algunos de estos centros.

Al considerar el impacto a largo plazo de las escuelas ESN, el mayor pesar de Gus John es que “toda una generación fue disuadida de soñar en grande”.

—https://www.bbc.com/mundo/noticias-57255577

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Israel seduce a los fascistas del mundo entero

No debería sorprender a nadie la reciente reunión entre el embajador de Israel en Rumanía, Reuven Azar, y el dirigente del partido de extrema derecha Alianza por la Unión de Rumanos (AUR), George Simion, que provocó la indignación de algunos israelíes. y judíos en la diáspora.

La AUR es bien conocida por ser un partido fascista y antisemita que glorifica al dirigente rumano de la Segunda Guerra Mundial, Ion Antonescu, cuyo régimen supervisó el exterminio de unos 400.000 judíos rumanos. Es un partido pequeño pero muy activo, que obtuvo alrededor del 8 por cien de los votos en las últimas elecciones.

Aunque el contenido completo de la reunión no se ha hecho público, se puede suponer que estuvo, al menos parcialmente, relacionado con los esfuerzos actuales de Israel para persuadir a Rumania de que traslade su embajada en Israel de Tel Aviv a Jerusalén. En 2018 y principios de 2019, Israel pudo obtener declaraciones públicas en apoyo del traslado del entonces primer ministro rumano y del presidente del parlamento. Sin embargo, el presidente rumano bloqueó la medida a finales de 2019, diciendo que dicha acción no se llevaría a cabo sin una decisión conjunta de la Unión Europea.

Los vínculos de Israel con regímenes y partidos de extrema derecha y antisemitas han recibido mayor atención en los últimos años, particularmente en lo que respecta al Primer Ministro Benjamín Netanyahu y sus vínculos con autócratas de la misma sensibilidad, como el Primer Ministro húngaro Viktor Orbán. Los intereses del gobierno israelí –romper el consenso de la UE sobre varias políticas, incluida su oposición a trasladar embajadas a Jerusalén– se alinean bien con el deseo de la extrema derecha europea de crear conflicto con Bruselas y agitar sentimientos nacionalistas al presentar decisiones políticas que contradicen las de Los Estados unidos.

Olvídate de los escuadrones de la muerte

Pero este tipo de relación existía mucho antes de los gobiernos de Netanyahu y sirvió para promover los intereses diplomáticos, económicos y militares de Israel. Documentos recientemente desclasificados en los Archivos del Estado de Israel revelan un comportamiento similar en medio de la guerra civil de El Salvador a principios de la década de 1980: mientras las masas eran detenidas, secuestradas, torturadas, asesinadas o desaparecidas bajo el régimen de Estados Unidos, Israel hacía campaña para convencer a El Salvador de transferir su embajada de Tel Aviv a Jerusalén.

En un telegrama fechado el 10 de junio de 1982, enviado al Ministerio de Relaciones Exteriores en Jerusalén, el embajador de Israel en Guatemala, Moshe Dayan (a diferencia del estadista israelí del mismo nombre), informó sobre su viaje a Salvador como parte de los esfuerzos para trasladar la embajada. Dayan escribió que conoció a Roberto D’Aubuisson, fundador y dirigente del partido de extrema derecha Arena, quien ejerció como presidente de la Asamblea Constituyente de El Salvador.

Al igual que la AUR rumana, D’Aubuisson y Arena tenían un historial de declaraciones fascistas y antisemitas, pero Dayan explicó que D’Aubuisson “por iniciativa propia negó las declaraciones que se le atribuyen sobre los judíos y el Holocausto”. Pero, a diferencia de la AUR, Arena concretó sus creencias fascistas a través de prácticas violentas, como el uso de escuadrones de la muerte para eliminar a activistas de la oposición y de izquierda, académicos, periodistas y miles de otros civiles.

Israel era plenamente consciente de estas atrocidades. Tres meses antes de la visita del Embajador Dayan, en un informe elaborado para la Cancillería, el ex Embajador de Israel en El Salvador Yaacov Deckel escribió que había llegado al país en marzo de 1982 para actuar como observador de las elecciones, en las que Arena obtuvo alrededor de un un tercio de los escaños de la Asamblea Constituyente. Deckel señaló que alrededor de 33.000 personas habían muerto, la mayoría de ellas civiles inocentes, durante los últimos tres años de guerra civil.

Deckel también dijo que conoció a D’Aubuisson, “quien se acercó a mí como un viejo conocido” y me dijo que “aquí en El Salvador, el comunismo será enterrado”. Deckel añadió que los escuadrones de la muerte vinculados a Arena son “responsables de la eliminación física de numerosos opositores políticos, incluido el arzobispo salvadoreño Romero”, y que los dirigentees del partido prometieron durante su campaña electoral “destruir a todos los comunistas con bombas de napalm”.

No obstante, la campaña diplomática de Israel tuvo éxito y en agosto de 1983, El Salvador anunció que trasladaría su embajada a Jerusalén. En telegramas de la Cancillería, este evento fue definido como el logro más importante de Israel en toda América Latina ese año.

El apoyo al apartheid israelí

Si bien los vínculos de Israel con la extrema derecha mundial son objeto de mucha atención -incluso por parte de críticos que dicen que muestran hipocresía y la verdadera cara de Israel cuando se trata de cuestiones de antisemitismo y fascismo-, las relaciones de Israel con los partidos a la izquierda de la extrema derecha que, de hecho, son los partidos gobernantes en la mayoría de los países europeos durante las últimas décadas, no reciben suficiente atención.

Estos principales partidos europeos son, en diversos grados, críticos de las políticas de Israel hacia los palestinos, mientras que los sindicatos de trabajadores y las organizaciones de derechos humanos asociados con ellos a menudo critican a Israel y proporcionan directa o indirectamente ayuda humanitaria a los palestinos. Pero, casi sin excepción, estas fuerzas políticas permiten a Israel mantener el status quo del apartheid, apoyar a Israel con votos en foros internacionales y aprobar la firma de acuerdos de enorme importancia económica para Israel. Por lo tanto, las condenas retóricas nunca están respaldadas por acciones y sanciones reales.

Los gobiernos del Partido Conservador de la década de 1980 estaban diplomáticamente más cerca de los Estados árabes e incluso de la Organización de Liberación de Palestina, y estaban entre los críticos públicos más duros de Israel en Europa. Sin embargo, detrás de escena, Israel sintió que podía hacer lo que quisiera y no dudó en presentar esta posición sin reservas en reuniones a puertas cerradas con representantes británicos.

Según un resumen de una reunión celebrada el 18 de febrero de 1980 entre el primer ministro israelí Menachem Begin y el embajador británico en Israel, John Mason, Begin criticó la posición de Reino Unido respecto a la falta de avances en la cuestión palestina desde los Acuerdos de Camp David con Egipto [1978]. Tratando de echar toda la culpa a la OLP y a su dirigente Yasser Arafat, Begin argumentó que Israel “hizo sacrificios por la paz, sólo un ejemplo: los campos petroleros [en la península del Sinaí]”. Esta concesión supondrá un gasto de 2.000 millones de dólares el próximo año para la compra de petróleo.

El Ministerio de Asuntos Exteriores israelí se reunió con el Ministro de Estado británico para Europa, Douglas Hurd. Cuando Hurd dijo que Reino Unido estaba preocupado por los asentamientos israelíes en los territorios ocupados y que le resultaba difícil entender la posición de Israel con respecto a las fuentes de agua en esas áreas, el funcionario israelí comparó la situación con “una palangana de agua utilizada por ambas partes como una botella con dos pajitas para beber”.

A pesar de la cortesía británica –o de la larga historia de explotación colonial de Gran Bretaña– Hurd y Mason deberían haber golpeado la mesa con enojo y haber dicho a los israelíes que el “petróleo” y la “botella de agua” no les pertenecían. Por supuesto, nada de eso sucedió. Por lo tanto, no es de extrañar que durante décadas Israel y sus asentamientos no hayan dudado en robar tierras y recursos hídricos de Cisjordania, ni temer las consecuencias de confiscar o destruir depósitos de agua propiedad de comunidades palestinas a las que en la práctica se les niega el control y el acceso a sus propios recursos, condiciones que siguen vigentes hasta el día de hoy.

‘Pon a prueba a tus amigos de forma masoquista’

En un telegrama “ultrasecreto” desclasificado fechado el 23 de abril de 1980, enviado por el delegado israelí a Londres después de una reunión “no citada” con un diplomático británico (sin dar nombre), este último explica: “A veces parece que Israel está poniendo a prueba a sus amigos de una manera masoquista para ver hasta dónde pueden llegar con él, incluso sin razón”.

El diplomático israelí, por su parte, entendió que la opinión de Reino Unido era la siguiente: “Pero cuando nosotros [Israel] dejemos de basar asentamientos exclusivamente por motivos de seguridad y cuando tomemos medidas que se perciban como demostrativas y provocativas, como la instalación de casas en Hebrón, estamos dañando la amistad y la comprensión con nuestras propias manos”.

En otras palabras, mientras Israel justifique sus acciones únicamente sobre la base de necesidades de seguridad –independientemente de si son reales o no–, Gran Bretaña podrá soportar las violaciones sistemáticas del derecho internacional y de los derechos humanos cometidas por Israel.

Las acciones del actual gobierno israelí y su afinidad pública con la extrema derecha ahora están poniendo en duda el sistema “masoquista” que ha beneficiado a Israel durante décadas. Para este gobierno, el “nuevo” Israel ya no necesita excusas vinculadas a necesidades de seguridad reales o ficticias y, en cambio, puede exponer todo su programa como puramente basado en una ideología de apartheid y supremacía judía.

Por eso deberían preocuparnos no sólo las reuniones y los vínculos de los funcionarios israelíes con grupos de extrema derecha como la AUR en Rumania, sino también con los partidos Conservador y Laborista del Reino Unido, el Partido Laborista de Noruega, el Partido Demócrata Cristiano Partido de la Unión en Alemania y otros partidos europeos tradicionales. Todos estos partidos, en el parlamento y en el gobierno, colaboran efectivamente en los crímenes cometidos por Israel contra el pueblo palestino.

De hecho, a pesar de todas las declaraciones y políticas racistas y autoritarias realizadas desde la toma de posesión del actual gobierno de Netanyahu en diciembre de 2022, aparte de reducir las invitaciones a Netanyahu y sus ministros para visitas oficiales, todavía no hay sanciones ni cambios reales en la cooperación con Israel. Los intereses y los negocios continúan como siempre. En lugar de quedarse en un hotel en París, Netanyahu simplemente se hospeda en una de las suites más caras de Jerusalén: un precio bajo para un hombre responsable de crímenes contra la humanidad.

Eitay Mack https://www.972mag.com/europe-far-right-israel-apartheid/