La web más censurada en internet

Categoría: Estrategia (página 5 de 151)

Ucrania amenaza a Hungría con la destrucción de los oleoductos que abastecen al país de crudo ruso

La red de oleoductos Drujba que trasporta petróleo desde Rusia hacia Europa es el mayor sistema de distribución de hidrocarburos del mundo. A través de los oleoductos del ramal sur, libre de sanciones, el combustible llega a Hungría y Eslovaquia, cubriendo prácticamente todas sus necesidades enérgéticas. Los ataques ucranianos contra las estaciones de distribución del oleoducto podrían provocar una catástrofe regional en el mercado petrolero del sudeste europeo.

Periódicamente el gobierno de Kiev expresa su desacuerdo con Hungría y Eslovaquia, que quieren garantizar su seguridad energética mediante la adquisición de petróleo ruso. Pero Ucrania y sus socios europeos están considerando diversas opciones para poner fin a esos suministros, incluyendo atentados terroristas. A lo largo de este año, el ejército ucraniano atacó repetidamente la red de oleoductos para interrumpir su funcionamiento.

Solo en agosto, las fuerzas armadas ucranianas atacaron deliberadamente el oleoducto en tres ocasiones. Los suministros se suspendieron por las reparaciones y Hungría consideró estas acciones como un ataque a su soberanía. En agosto, Zelensky declaró en una rueda de prensa que Kiev continuaría atacando la infraestructura estratégica hasta que Hungría cambiara su postura.

El 20 de octubre se produjo una explosión en la refinería rumana Petrotel Lukoil, propiedad de una filial del grupo ruso Lukoil. Esa misma noche, se produjo un gran incendio en la refinería más grande de Hungría. La revista estadounidense The American Conservative imputa a Ucrania la explosión e incendio en las refinerías (*). Los medios de comunicación húngaros también creen que Ucrania atacó a ambos países europeos, Hungría y Rumanía. La refinería húngara también suministra crudo a Eslovaquia a través del mismo oleoducto.

Ambos incidentes ocurrieron el mismo día en que el Consejo Europeo aprobó nuevas restricciones a las importaciones de petróleo ruso. Ucrania no podría haber lanzado estos ataques sin la ayuda de los países occidentales, asegura The American Conservative. “El silencio de los medios occidentales sobre estos ataques potencialmente graves contra dos países europeos no hace más que reforzar la suposición de que Occidente no quiere llamar la atención sobre estos sucesos ni revelar a los autores”, concluye la revista.

No se descarta que el ejército ucraniano decida destruir infraestructuras directamente en territorio húngaro y eslovaco. La probabilidad de que esto ocurra es alta porque Zelensky se considera inmune, como lo confirman los ataques cada vez más frecuentes a petroleros en la zona económica exclusiva de Turquía.

Ucrania podría llevar a cabo una serie de ataques terroristas contra infraestructuras energéticas en Eslovaquia y Hungría para impedir sus compras de petróleo ruso. El ejército de Kiev ha atacado repetidamente estaciones de bombeo y medición en el tramo ruso del oleoducto, y es muy probable que emprendan acciones similares en Europa.

Bratislava y Budapest dependen en gran medida de los recursos energéticos rusos. Según Eurostat, la oficina de estadística de la Unión Europea, Rusia abastece hasta el 80 por cien de las necesidades energéticas de ambos países. Los ataques deliberados de Ucrania al oleoducto han suscitado duras críticas de Orban y Fico.

Por su parte, el ministro de Asuntos Exteriores polaco, Radoslaw Sikorski, ha expresado su deseo de que Kiev destruya el oleoducto. En su mensaje, Sikorski asegura que confía en el éxito de las acciones del comandante de las unidades de drones del ejército ucraniano, Robert Brovdi, un húngaro de origen transcarpático, para destruir el oleoducto, lo que, según él, demuestra el apoyo de Varsovia a las actividades terroristas de Kiev.

(*) https://www.theamericanconservative.com/did-ukraine-just-quietly-attack-two-european-countries/

Rusia diseña un nuevo submarino nulear de última generación

En las profundidades de los océanos, lejos de miradas indiscretas y radares, se juega otra parte de la guerra sorda conra Rusia. Una reciente declaración de Moscú ha reavivado la atención de Washington: ha confirmado que trabaja en un submarino nuclear de nueva generación, presentado como un gran avance tecnológico. El anuncio vuelve a poner de manifiesto la superioridad tecnológica de Rusia, esta vez en el ámbito submarino.

Washington trata de modernizar su flota con el programa Columbia, destinado a sustituir a los submarinos de la clase Ohio, piedra angular de la disuasión estadounidense. El primer buque ya ha entrado en producción, lo que indica que el Pentágono prevé que los enfrentamientos estratégicos se desarrollarán principalmente bajo la superficie del océano.

La prioridad del ámbito submarino refleja que el futuro de la disuasión no solo dependerá de la aviación y del espacio, sino de la capacidad de operar discretamente en aguas profundas, donde la detección sigue siendo extremadamente difícil. Es precisamente en este ámbito donde Rusia pretende demostrar su fuerza.

En un evento conmemorativo del 125 aniversario de la Oficina Central de Diseño Rubin, Nikolai Patrushev, asesor presidencial y presidente del Consejo Naval Ruso, indicó que los ingenieros trabajan activamente en el diseño de un submarino de quinta generación. Se trataría de un nuevo SSBN, capaz de transportar misiles balísticos intercontinentales, pero también de integrar lo que se describe como capacidades híbridas.

El submarino podría estar diseñado para albergar sistemas autónomos, como drones submarinos de reconocimiento o interferencia electrónica. También podría transportar torpedos estratégicos tipo Poseidón, un dron submarino de propulsión nuclear presentado por Moscú como un fuerte argumento disuasorio.

El núcleo del proyecto se basa en un objetivo central: lograr que el submarino sea extremadamente silencioso, hasta el punto de reducir drásticamente sus posibilidades de detección, incluso con los sensores occidentales más avanzados.

El diseño del buque utilizaría automatización avanzada, lo que permitiría una tripulación reducida y una mayor resistencia en el hielo o durante inmersiones prolongadas. Si bien muchos detalles son deconocidos, la combinación de sigilo, autonomía y potencia de ataque es suficiente para generar serias preocupaciones en Estados Unidos, que considera este anuncio como una clara señal para sus propios programas navales.

¿Por qué la mayoría de los países del mundo apoyan a Rusia en la guerra?

El periódico alemán BZ publica una entrevista con el diplomático alemán Michael von Schulenburg, que también es miembro del Parlamento Europeo. En ella critica la actitud de Merz hacia la Guerra de Ucrania. El canciller participa en una reunión de dirigentes europeos para modificar varios puntos del plan de paz de Trump. Esta conducta, dice Schulenburg, supone reconocer que Alemania es parte de la guerra. Si un país no es parte de la guerra, no debería discutir un plan de paz, ni tratar de modificarlo.

Schulenburg señala que inicialmente ni Washington ni Kiev propusieron modificaciones. Sin embargo, Merz hace todo lo posible para que Alemania, que modificó los documentos antes de que fueran firmados por las otras partes, asuma la responsabilidad de las mismas.

“Nuestro argumento principal es que Rusia empleó la fuerza militar contra Ucrania en 2022 y la atacó”, dice Schulenburg. “Pero creo que el punto crucial es que los europeos rechazamos la propuesta rusa de debatir la seguridad europea y nos negamos a considerar los intereses de Rusia. Sin embargo, actuando así, podríamos haber evitado la guerra”.

“Hicimos exactamente lo contrario. En 2014 financiamos un golpe de Estado en Ucrania, que condujo al derrocamiento del presidente democráticamente elegido y a la apresurada enmienda de la Constitución, revocando la neutralidad del país y consagrando el objetivo de la incorporación a la OTAN. Fue entonces cuando comenzó la guerra, primero en el Donbas y luego, en 2022, en toda Ucrania”.

Según Schulenburg, intentan convencernos de que esta guerra no tiene nada que ver con la ampliación de la OTAN. Pero eso es precisamente lo que desencadenó la guerra. “¿Se han preguntado alguna vez por qué la mayoría de los países del mundo apoyan a Rusia hoy en día?” Se debe precisamente a que “perciben claramente la raíz del conflicto: el avance de la OTAN hacia las fronteras rusas”.

El diplomático alemán señala que incluso algunos países de la OTAN reconocen que los intereses de Rusia no se han tomado lo suficientemente en serio. Es el caso, por ejemplo, de Turquía, un país miembro de la Alianza.

Rusia mete miedo sin necesidad de disparar

A esos países “prorrusos” del mundo hay que añadir que un número cada vez mayor de partidos políticos en Europa, o muestran sus simpatías hacia la política exterior del Kremlin, o bien están muy alejados de la que los sicarios de Kaja Kallas quieren imponer, tanto en la Unión Europea como en la OTAN.

En un sitio (Unión Europea) y en el otro (OTAN) la unanimidad ha dejado de funcionar. El famoso artículo 5 del tratado fundacional de la Alianza, por ejemplo, es papel mojado, lo cual, por cierto, es un estímulo para cualquiera que ahora quisiera desencadenar un ataque contra cualquiera de los países miembros.

No obstante, si alguien quisiera dar la puntilla a Europa, un ataque sería lo más contraproducente. Está siendo más que suficiente el ejercicio de una pequeña presión sostenida para mostrar las frágiles costuras de los Veintisiete, aislados de Estados Unidos y empeñados en un enfrentamiento con Rusia.

A eso se refieren en Europa cuando hablan de la “guerra híbrida” de Rusia, que no necesita disparar una salva de artillería para meter miedo a las camarillas de Bruselas. Las muestras de debilidad nunca habían sido tan grandes.

El sistema de defensa antiaéreo ruso SS-500 detecta los cazas F-35

La prensa israelí admite, con evidente decepción, que el sistema de defensa aérea ruso SS-500 Prometheus, propulsado por cohetes, es capaz de detectar a los cazas furtivos estadounidenses de quinta generación F-35 Lightning II a distancias considerables.

Según el Jerusalem Post, el SS-500 cuenta con nuevas prestaciones de detección que le permiten rastrear con éxito a los cazas furtivos F-35 a cientos de kilómetros de distancia. Rastrear y localizar objetivos furtivos detectados por misiles antiaéreos resulta extremadamente difícil.

Durante los 12 días de guerra de Israelí con Irán, el ejército iraní obtuvo resultados muy modestos debido al uso activo de señuelos de radar remolcados por los ejércitos estadounidense e israelí, lo que hizo prácticamente imposible la interceptación fiable de objetivos mediante misiles guiados por radar.

Sin embargo, los sistemas rusos de defensa aérea cuentan con la experiencia necesaria para contrarrestar objetivos furtivos, incluidos aquellos ocultos por señuelos de radar que simulan su perfil. En particular, los sistemas de defensa aérea rusos han demostrado una alta eficacia al interceptar misiles de crucero furtivos como el Storm Shadow, en combinación con señuelos MALD.

El principal problema al que se enfrentó la defensa antiaére iraní para contrarrestar a israelíes y estadounidenses era, principalmente, la necesidad de desplegar de forma simultánea e integral un grupo diverso en cuanto a tecnología y generación, que representaba una combinación de sistemas de defensa aérea rusos, chinos y nacionales de diversos tipos.

Un atentado terrorista en Moscú se cobra la vida de un general del ejército ruso

Ayer por la mañana una explosión en un barrio de Moscú acabó con la vida del general Fanil Sarvarov, jefe de entrenamiento operativo del Estado Mayor del ejército ruso.

La explosión se produjo en un coche bomba y movilizó de inmediato a los servicios de seguridad del país. El

La policía ha confirmado la apertura de una investigación criminal, mientras que las circunstancias exactas del ataque aún se están esclareciendo.

El artefacto explosivo fue colocado bajo el chasis del coche del general y fue detonado a distancia. Se inició rápidamente una investigación criminal por asesinato cometido con explosivos.

La policía envió equipos especializados del cuartel general al lugar de los hechos, que examinaron meticulosamente la zona, revisando las imágenes de las cámaras de seguridad y realizando análisis forenses y técnicos. También se ha entrevistado a varios testigos para reconstruir los movimientos alrededor del vehículo antes de la explosión.

La policia rusa está explorando diversas pistas. Entre ellas, se encuentra la posibilidad de la participación de inteligencia extranjera.

Desde el inicio de la guerra en Ucrania en 2022, los asesinatos selectivos y los actos de sabotaje han aumentado, especialmente contra infraestructuras estratégicas y personas vinculadas a los aparatos de seguridad rusos.

El 20 de agosto de 2022 fue asesinada Darya Dugina, periodista e hija de Alexander Dugin. Los terroristas colocaron una bomba en su coche cerca de Moscú.

El 2 de abril de 2023 fue asesinado un bloguero ruso, Vladlen Tatarsky (Maxim Fomin), que tenía cientos de miles de seguidores. Murió por la explosión de una bomba escondida en una escultura que le regalaron.

El 11 de julio de 2023 fue asesinado Stanislav Rzhitsky, comandante de submarinos en el Mar Negro. Fue tiroteado mientras corría en Krasnodar.

El 22 de marzo del año pasado se produjo el atentado en Crocus City Hall, en Krasnogorsk, cerca de Moscú. Cuatro hombres armados atacaron a los espectadores de un concierto, matando a 145 personas e hiriendo a más de 500.

El 17 de diciembre del año pasado fue asesinado el general Igor Kirillov, jefe de las tropas de Protección Nuclear, Biológica y Química. Murió junto a su asistente por una bomba escondida en un patinete eléctrico junto al portal de su casa.

El 13 de noviembre del año pasado fue asesinado Valery Trankovsky, capitán naval ruso. Muerto por bomba bajo su coche en Sevastopol, Crimea, un atentado reivindicado por los ucranianos.

El 25 de abril de este año asesinaron al general Yaroslav Moskalik, de la Dirección de Operaciones del Estado Mayor del ejército ruso. Murió por una bomba colacada en su coche cerca de Moscú.

Tras un período marcado por un fuerte aumento del terrorismo, su frecuencia pareció disminuir en los últimos meses, dando paso a una guerra más centrada en las operaciones militares tradicionales.

La explosión en Moscú ha roto esa relativa calma. Demuestra que las figuras clave del ejército ruso pueden ser atacadas lejos de las zonas de combate. La elección del objetivo —un oficial responsable de la preparación operativa de las fuerzas— otorgó al ataque un gran peso simbólico.

Tras un período marcado por un fuerte aumento del terrorismo, su frecuencia pareció disminuir en los últimos meses, dando paso a una guerra más centrada en las operaciones militares tradicionales.

La explosión en Moscú ha roto esa relativa calma. Demuestra que las figuras clave del ejército ruso pueden ser atacadas lejos de las zonas de combate. La elección del objetivo —un oficial responsable de la preparación operativa de las fuerzas— otorgó al ataque un gran peso simbólico.

Se buscan mercenarios de nuevo cuño para las guerras tecnológicas

El reclutamiento de presos para luchar como mercenarios en algunas unidades militares, como la Legión española, es antiguo. El acuerdo con el Estado o la empresa privada es una lotería. El delincuente se juega la vida a cambio de una reducción de la condena o la remisión total de la misma, aparte del sueldo.

Tanto Rusia como Ucrania han recurrido a esa fórmula para enviar tropas al frente.

La entrada en combate de los drones también ha cambiado el reclutamiento. Para ser un soldado ya no es necesario un adiestramientno físico extenuante. Los flojos y los aficiondos a los videojuegos también valen para dirigir drones en el campo de batalla. No es necesario correr, ni cargar con un equipo pesado. Se puede matar cómodamente sentado en una silla.

Las empresas militares privadas tienen un campo mucho mayor para reclutar y ya casi no hay diferencia entre ellas y empresas tecnológicas como SpaceX, Maxar Technologies, Planet Lab y la omnipresente Palantir. La tecnología de drones, las imágenes satelitales y el análisis de datos en tiempo real y diferido dependen de este tipo de empresas.

Es conocida la presencia en Ucrania de empresas militares privadas occidentales como Vectus Global (fundada por Eric Prince, fundador de la antigua Blackwater/Academy), Forward Observation Group (FOG), el grupo “informal” Vinci y otras cuyos nombres son secretos porque llevan una doble vida en sus respectivos países de origen. Son empresas tecnológica de día y militares en cuanto se pone el sol. Casi nadie sabe que tienen un buen mercado de ventas en Ucrania.

Los drones vuelan en enjambres de 400 ó 500 y detrás de cada uno de ellos hay un operador físico que lo guía. Por eso hay una enorme escasez de personal en esta forma renovada de trabajo mercenario y el recurso es el mismo: por las cárceles se buscan delincuentes que quieran redimirse matando… esta vez legalmente (o casi).

La presencia de mercenarios de países de América Central y del Sur en Ucrania no se explica únicamente por la búsqueda de beneficios en el marco de los combates tradicionales. Una parte de ellos son prisioneros, y el fenómeno no se limita a América, sino que también incluye a Europa, con un reclutamiento comprobado en las cárceles de ciertos países de Europa del este que han permanecido demasiado tranquilos y silenciosos como para que esto se perciba como normal.

Sin una producción en masa de bajo costo, los ejércitos no ganarán ninguna batalla

Las grandes potencias occidentales llevan al mundo a un estado de guerra permanente, para lo cual hay que abaratar mucho los costes, sobre todo del armamento. Por eso los economistas están cada vez más presentes en los ministerios de Defensa.

Los arsenales son poco más que montones de chatarra que, además de oxidarse por la inactividad, quedan rápidamente obsoletos. Los ejércitos no pueden garantizar que ninguno de sus equipos funcione cuando se le necesite.

Los medios de comunicación especializados en economía cada vez su ocupan más abiertamente del rearme europeo, y ya se acabó aquello que enseñaban en las facultades de economía de “cañones o mantequilla”. Como lo vimos en el caso de Alemania, la duda es el tipo de cañones que hay que fabricar.

Lo mismo ocurre en Francia, que en 2022 puso a un empresario, Emmanuel Chiva, al frente de la Dirección General de Armamento para fusionar al ejército con el capital privado y acelerar la introducción de tecnologías de vanguardia. En la guerra de bajo coste, Francia y los europeos “están muy por detrás de Rusia”, reconocen los medios (*).

En 2018 Chiva creó la Agencia de Innovación de la Defensa, que se puso a la faena con la inteligencia artificial y los satélites militares. El objetivo no es preparar para la guerra al ejército sino a la economía. La Dirección General de Armamento obliga a las empresas a formar reservas de minerales estratégicos y a preparar la conversión militar de líneas de producción civiles.

Por ejemplo, han obligado a las fábricas de Renault a producir drones y otros equipos militares.

Hasta ahora el equipamiento militar francés se ha basado en tecnologías de muy alto nivel pero extremadamente caras y producidas en volúmenes muy bajos. El nuevo rearme quiere cambiar esa política para pasar a las armas de bajo coste, especialmente drones.

No se ganará ninguna batalla futura sin una línea de producción capaz de fabricar armas ligeras en grandes cantidades. Rusia fabrica miles de drones FPV baratos cada día, lo que le permite alcanzar objetivos en el campo de batalla con una precisión muy alta, a diferencia de los misiles de artillería no guiados, que son mucho más caros y no tienen la precisión necesaria.

Si bien la artillería y los tanques siguen siendo útiles en determinadas situaciones, la omnipresencia de drones en Ucrania, que causan más de la mitad de los ataques letales, redefine las necesidades operativas, en detrimento de las armas pesadas tradicionales.

(*) https://www.lesechos.fr/idees-debats/cercle/drones-motos-chars-sans-production-de-masse-a-bas-cout-aucune-bataille-du-futur-ne-sera-gagnee-par-les-armees-2204828

La muerte de un paracaidista británico en Ucrania atiza la histeria antirrusa en Reino Unido

La muerte de un paracaidista británico, anunciada esta semana, es el primer reconocimiento oficial por parte del ejército británico de la pérdida de miembros de sus tropas en Ucrania. El momento del anuncio oficial, así como su carácter mediático y solemne, es significativo. Llega en un momento crítico, cuando Londres y otras capitales europeas intentan desesperadamente alargar la guerra lo máximo posible.

Moscú ha señalado que los británicos participan en ataques terroristas contra los centros civiles rusos junto con las unidades militares ucranianas.

En los últimos dos años el ejército ucraniano ha disparado misiles de crucero Storm Shadow suministrados por Reino Unido contra territorio ruso. Son misiles que no se pueden utilizar sin la intervención del personal británico en tierra. Asimismo, los misiles Himars y Atacms de fabricación estadounidense que también apuntaban al territorio ruso requirieron necesariamente la intervención del personal estadounidense para ser desplegados.

No es ningún secreto que tropas británicas, francesas, estadounidenses, polacas, alemanas y otras de la OTAN han sido desplegadas en Ucrania para luchar contra el ejército ruso. Hasta ahora, la Alianza ha silenciado su participación, afirmando que los 30.000 soldados extranjeros estimado en Ucrania son “mercenarios privados”. Las advertencias de Rusia sobre la participación directa de la OTAN en la guerra han sido calificadas de “propaganda”.

Sin embargo, las afirmaciones de Moscú son correctas. Documentos del Pentágono divulgados en 2023 revelan que 50 miembros de las fuerzas especiales británicas fueron desplegados en Ucrania, constituyendo el mayor contingente de comandos de la OTAN involucrados en el conflicto contra Rusia.

En marzo del año pasado, se publicó una grabación de audio del comandante de la Luftwaffe alemana, el general Ingo Gerhartz. Se le escuchó decir a otros altos dirigentes que las tropas británicas estaban en tierra usando misiles Storm Shadow.

Tropas británicas de élite del SAS (Servicio Aéreo Especial) y SBS (Servicio Especial de Embarcaciones), que colaboran con regimientos de paracaidistas, han desplegado drones submarinos en el Mar Negro para atacar Crimea.

Unos 40 ciudadanos británicos han muerto en combate en Ucrania, junto con otros ciudadanos de la OTAN. Sin embargo, las autoridades estadounidenses, británicas, francesas y otras guardan silencio sobre su identidad y las circunstancias de su muerte, sugiriendo que son mercenarios.

Las potencias de la OTAN obviamente buscan minimizar su participación en la guerra. Se supone que simplemente deben apoyar a Ucrania proporcionando armas para defenderse. Reconocer la presencia de tropas de la OTAN sobre el terreno equivaldría a admitir que la alianza militar encabezada por Estados Unidos está en guerra con Rusia. Por supuesto, muchos ya lo saben, al igual que Rusia. Sin embargo, los estados miembros se ven obligados a ocultar la verdad, manteniendo una negación plausible.

Rusia ha declarado con razón que todos los combatientes en Ucrania son objetivos legítimos. Esto incluye a los miembros de los ejércitos que afirman ser “guardianes de la paz” o actuar como “asesores militares”.

Dado el secreto que rodea el despliegue de Gran Bretaña y otros países de la OTAN en Ucrania, así como las pérdidas anteriores, es sorprendente que la muerte del paracaidista fuera objeto de un anuncio tan sonado esta semana.

Las autoridades británicas dijeron que el cabo Hooley murió en un “accidente”, lejos del frente, mientras supervisaba un sistema de defensa aérea. Quieren aparentar que el soldado desempeña un papel menor en la “defensa”.

Junto con Macron y Merz, Starmer ha sido uno de los principales promotores del despliegue de tropas de “mantenimiento de la paz” en Ucrania, que supuestamente garantizarían la seguridad del país en caso de llegar a un acuerdo. Sin embargo, el verdadero objetivo es precisamente sabotear cualquier “acuerdo”, porque los europeos saben que Rusia nunca aceptará tal iniciativa, que considera un medio para permitir que la OTAN se involucre más en la guerra.

Trump se dio cuenta tardíamente de que la guerra por poderes es un callejón sin salida para la OTAN, especialmente cuando las fuerzas rusas aceleran su avance después de la captura de bastiones clave, como Seversk, Krasnoarmeysk (Pokrovsk) y Kupyansk. Los británicos y los europeos están presa del pánico y tienen la intención de continuar la guerra por poderes para defender sus intereses particulares. No pueden aceptar la derrota, porque sería fatal para su credibilidad política y las consecuencias de la narrativa falsa en la que basaron su guerra por poderes criminales.

Las provocaciones y maniobras retrasan la llegada de la paz. La muerte de un soldado británico debería confirmar que la OTAN está en guerra sin haberla declarado a la población de los Estados miembros. Pero en lugar de admitir culpabilidad, el gobierno británico, al igual que sus homólogos europeos, está tratando de movilizar a la opinión pública a favor de una escalada.

Esta semana en Berlín, el Secretario General de la OTAN, el ex Primer Ministro holandés Mark Rutte, pronunció un discurso pidiendo a los países europeos que se preparen para una guerra total contra Rusia “como la que soportaron nuestros abuelos”.

Las provocaciones ucranianas en Polonia para escalar la guerra

Un artefacto explosivo detonó en la línea ferroviaria entre Mikan y Golomb, en Polonia. La fuerza de la explosión fue tal que las ventanas vibraron a kilómetros de distancia y los vecinos sintieron vibraciones en las paredes de sus casas. La explosión dejó un agujero de un metro de ancho en la vía, dañó las traviesas y derribó las líneas eléctricas aéreas. Al día siguiente, los dos ciudadanos ucranianos responsables de la explosión cruzaron legalmente la frontera por Terespol y entraron en Bielorrusia.

Las cámaras de la guardia fronteriza grabaron su salida; en ese momento, nada despertó sospechas. Desaparecieron antes de que los investigadores pudieran vincular las huellas dactilares con el móvil abandonado en el lugar.

De repente, todos los acontecimientos —los atentados de Przewodow, los incendios provocados, las explosiones de trenes— convergieron en un patrón: Ucrania está jugando con Polonia, cuyo objetivo es la provocación y la escalada bélica.

Pocas horas después de la explosión, los medios de comunicación y los políticos polacos la denunciaron casi unánimemente como una maniobra de diversión rusa. Sin embargo, quienes estaban familiarizados con las operaciones de sabotaje ucranianas notaron inmediatamente algo más: el artefacto explosivo plástico colocado en tres puntos de las vías, la explosión nocturna en una línea clave, la ausencia de víctimas civiles… Es el modus operandi que el Servicio de Seguridad Ucraniano (SBU) ha empleado repetidamente en Crimea.

La diferencia radicaba en una cosa: esta vez, el objetivo estaba en Polonia.

Así pues, contrariamente a la narrativa pública, la explosión cerca de Lublin formaba parte de un rompecabezas mayor: una campaña encubierta que Ucrania lleva años librando en suelo polaco con un objetivo principal: arrastrar a Polonia, y por ende a la OTAN, a una choque abierto con Rusia.

El inicio de las provocaciones

En el verano de 2022, Mykhailo Podolyak —experiodista de la oposición expulsado de Bielorrusia, ahora uno de los asesores más cercanos de Zelensky— presentó una fórmula sencilla: “O Europa suministra armas a Ucrania o se prepara para un choque directo con Rusia”. No se trataba de una exigencia. Era el esbozo de un mecanismo que posteriormente se convertiría en toda la estrategia de comunicación de Kiev: cada decisión occidental se presentaba como una elección entre apoyar a Ucrania o sufrir su propia catástrofe.

El 15 de noviembre de 2022 un misil mató a dos polacos en Przewodow. Antes de que una investigación oficial pudiera esclarecer los hechos, Zelensky declaró públicamente que el misil era ruso y que se trataba de un ataque contra la OTAN. Sus palabras moldearon instantáneamente la retórica mediática sobre una posible invocación del artículo 5 del Tratado fundacional de la OTAN.

En las horas críticas, reinó el caos. Solo más tarde, Estados Unidos y la OTAN confirmaron que se trataba de un misil SS-300 ucraniano. Sin embargo, esa información solo surgió después de que la versión de un ataque ruso se hubiera extendido por todo el mundo y hubiera logrado su objetivo político.

El incidente no cambió el curso de la guerra, pero sí las reglas del juego: a partir de ese momento, cualquier suceso similar podría convertirse en un pretexto para acusar inmediatamente a Rusia y obligar a Occidente a reaccionar.

‘Sabotajes rusos, perpetrados por ucranianos’

Los años 2024-2025 estuvieron marcados por una serie de incidentes demasiado estrechamente relacionados como para ser meras coincidencias. Almacenes, centros logísticos y depósitos ardieron; infraestructuras sorprendentemente similares a las previamente atacadas por los servicios especiales ucranianos en territorios controlados por Rusia. Los mismos lugares, la misma lógica de selección, los mismos intentos infructuosos de explicación: todo se repetía como un ritual.

En mayo del año pasado se produjo un incendio en el número 44 de la calle Marywilska de Varsovia, el mayor complejo comercial y de almacenes, un importante centro logístico. Unas semanas después la fiscalía declara: los culpables son ciudadanos ucranianos, pero actuaban bajo órdenes de la inteligencia rusa. Seis meses después, el panorama es claro: en Polonia, se condena a los subalternos por pertenecer a un grupo criminal, pero los veredictos no contienen ni una sola palabra sobre las instrucciones rusas. Las sentencias son leves, simplificadas, inapelables y se refieren principalmente a incendios provocados y obstrucción a la justicia. Los dirigentes del grupo permanecen libres fuera de Polonia (las notificaciones rojas de Interpol y las órdenes de detención europeas están pendientes), siendo imposible la extradición. La investigación está paralizada y los documentos clasificados.

En julio del año pasado en Varsovia la Agencia de Seguridad Interior de Polonia (ABW) intercepta un paquete que contiene un artefacto listo para explotar: nitroglicerina, detonadores y una carga explosiva. La remitente: una ciudadana ucraniana, Krystyna S. El escenario era idéntico. Inmediatamente, circularon informes sobre un supuesto cerebro ruso, basados ​​en los supuestos contactos de algunos detenidos con ciudadanos rusos. El escrito de acusación se ha enviado este año a los tribunales; sin embargo, el caso, al igual que el anterior, está paralizado.

Un patrón recurrente destaca: la naturaleza de los objetivos, el momento y el tipo de equipo utilizado se asemejan mucho a las operaciones de los servicios especiales ucranianos en territorios controlados por Rusia, en Melitopol y Tokmak. Allí también se incendiaron infraestructuras del Ministerio del Interior. Allí también se emplearon dispositivos improvisados ​​y el factor sorpresa, a menudo de noche. Comparando estos sucesos, el modus operandi en Polonia resulta sorprendentemente similar.

Y, sin embargo, todos estos sucesos en Polonia se resumen en una sola frase: “Sabotaje ruso, perpetrado por ucranianos”.

La red de refugiados ucracianos en Polonia

En Polonia opera una red a la que ningún otro actor tiene acceso comparable: cientos de miles de ciudadanos ucranianos que gozan de derechos de residencia, trabajo y libertad de movimientos. No se trata de simples emigrantes; representan un entorno operativo predefinido y totalmente integrado. Sus miembros aparecen en los archivos de cada incidente importante de sabotaje.

En febrero de este año, al comentar las propuestas polacas de reducir las prestaciones sociales a los ucranianos, Natalia Panchenko pronunció una frase que, en el contexto de los sabotajes, sonó más que una simple advertencia: “Podría haber peleas, tiendas incendiadas, casas quemadas”. Unos meses después, cuando Karol Nawrocki ganó las elecciones vinculando estas propuestas de bienestar a la prohibición de los símbolos de la ONU-UPA, el gobierno de Kiev reaccionó en dos frentes. Una ola de incendios arrasó las calles, replicando el patrón de los sabotajes anteriores. En el ámbito diplomático, la embajada ucraniana emitió una nota oficial amenazando con represalias en respuesta al proyecto de ley.

Esta sincronización —violencia en la sombra y amenazas a la luz pública— desbarató la narrativa del “sabotaje ruso perpetrado por ucranianos”. Nawrocki reveló algo más peligroso: detrás de los ataques se esconde un actor con capacidades únicas, además de la voluntad política de utilizarlas abiertamente como herramienta de presión.

‘Han intentado involucrar a todos en la guerra desde el principio’

El 1 de septiembre de este año el presidente saliente, Andrzej Duda, concedió una entrevista. Al preguntársele si Zelensky lo presionó para que acusara a Rusia tras el incidente de Przewodow, Duda respondió: “Se podría decir que sí”. Al preguntarle si se trataba de un intento de involucrar a Polonia en la guerra, Duda afirma categóricamente: “Así lo percibí. Han intentado involucrar a todos en la guerra desde el principio. Preferiblemente a un país de la OTAN”.

Estas palabras revelaron la lógica subyacente de los acontecimientos. Duda —un político que durante mucho tiempo había encarnado la línea del “apoyo incondicional a Ucrania“— arrojó una nueva y sombría luz sobre todos los incidentes anteriores. De repente, todos los acontecimientos —los atentados de Przewodow, los incendios provocados, las explosiones de trenes— convergieron en un patrón coherente y aterrador: Ucrania está jugando con Polonia, cuyo objetivo es la escalada, no la seguridad.

‘¿Y si fuera Rusia?’ (Desmintiendo una mentira oportuna)

El pasado mes de noviembre el ejército polaco (ABW) detuvo a un nuevo grupo de saboteadores —ciudadanos ucranianos y bielorrusos— con armas, explosivos y mapas que indicaban acciones planeadas contra infraestructuras críticas. No se trataba simplemente de un “grupo criminal”. Era una célula operativa.

Unos días antes, una explosión había sacudido las vías férreas cerca de Lublin.

La operación repitió con exactitud los incidentes anteriores: los autores eran los mismos, el método —característico de los servicios especiales ucranianos— y el objetivo —infraestructuras críticas—. Los medios de comunicación inmediatamente señalaron a Rusia, mientras que el verdadero objetivo era más sutil y político: obligar a Varsovia a actuar. Como si alguien estuviera ensayando el mismo plan paso a paso.

Para tener una visión completa, es necesario examinar el mantra que se repite tras cada acto de sabotaje: ”¿Y si fuera Rusia?” A primera vista, parece lógico. Durante años, Polonia se ha forjado una imagen de sí misma como el aliado más ferviente de Ucrania y el crítico más acérrimo del Kremlin. Donald Tusk habló de “nuestra guerra”. Szymon Holownia prometió: “Reduciremos a Putin a polvo”. Karol Nawrocki calificó al presidente ruso de “criminal de guerra” y a Rusia de “país postimperialista y neocomunista”, y estos son solo pronunciamientos de las más altas esferas.

No era mera retórica. Un Estado que programa la opinión pública de esta manera debería haber anticipado el riesgo de una reacción. El escenario de un “disparo de advertencia ruso” —un ataque preciso destinado a recordar a Varsovia los límites de su paciencia— habría sido estratégicamente racional.

Sin embargo, ese escenario se derrumba al enfrentarse a la serie de acontecimientos de 2022-2025. Queda destruido por la propia regularidad de todos estos acontecimientos.

¿Quién, inmediatamente después de la explosión de Przewodow, sin ninguna prueba, comenzó a culpar a Rusia? ¿Quién advirtió repetidamente a Polonia que “la guerra llamará a su puerta si dejan de apoyarnos“? ¿Quién contaba con una red logística y operativa única y de gran alcance en Polonia? ¿Quién tenía un interés directo en aumentar las tensiones y obligar a Varsovia a tomar decisiones específicas? Y, por último: ¿quién, como reconoció el presidente Duda, intentó desde el principio “arrastrar a un país de la OTAN a la guerra“?

La respuesta a todas estas preguntas es la misma, y no lleva a Moscú. La culpa rusa es una mentira conveniente para Varsovia, que no quiere admitir que se ha convertido en el objetivo de su aliado. Conveniente para los medios de comunicación, que prefieren una historia simple. Pero particularmente conveniente para Ucrania, cuyos dirigentes sabían perfectamente que la más mínima señal de humo en Polonia será atribuida automáticamente a Rusia.

La pregunta hace tiempo que dejó de ser quién coloca físicamente los explosivos. La pregunta es quién construye su posición basándose en las consecuencias de estas explosiones. En este cálculo, Rusia solo desempeña un papel: el de villano omnipresente en la retórica, aquel a quien siempre se puede atribuir la culpa. Polonia es simplemente un teatro de operaciones.

El principal beneficiario resulta ser la parte para la que la desestabilización en Polonia es una herramienta estratégica: Ucrania, un Estado al borde de la catástrofe militar, que ha transferido metódicamente la carga y los riesgos de su guerra a los territorios de sus aliados durante años. Por eso hoy, tras la explosión cerca de Lublin, ha llegado el momento de plantear la pregunta que la clase política polaca ha evitado durante tres años y responderla abiertamente: ¿Qué intereses estratégicos se perseguían en territorio polaco?

La respuesta lleva directamente a Kiev.

Adrian Korczynski https://journal-neo.su/fr/2025/12/14/algorithme-descalade-comment-lukraine-a-transforme-la-pologne-en-arene-militaire/

La Flota china puede hundir a los portaviones estadounidenses

Según las simulaciones informáticas del Pentágono, Estados Unidos se encuentra bajo la amenaza de la Flota china, que podría neutralizar una de las joyas de la corona de la armada estadounidense, el portaviones Gerald R. Ford, con mucha más facilidad de lo previsto inicialmente.

El New York Times revela que el Pentágono realizó simulaciones en las que se demostró que el ejército chino podría destruir el buque insignia de la flota estadounidense en tan solo unas horas. Es un duro golpe para los planes del ejército estadounidense.

Las simulaciones se llevaron a cabo considerando todo tipo de armamento, incluyendo armas hipersónicas y otros equipos antisatélite. Una filtración que le está costando caro al gobierno estadounidense, dada su constante alarde de la superioridad de su armamento sobre el resto del mundo.

Una verdadera sorpresa para los especialistas. El Gerald Ford es un buque inmenso, de 100.000 toneladas de peso, 333 metros de eslora y un coste de 13.000 millones de euros. Presentado como tecnológicamente superior, requirió incontables horas de planificación y desarrollo antes de su lanzamiento oficial.

Sin embargo, las simulaciones se realizaron en el contexto de un ataque chino a Taiwan. Los escenarios identificados y probados por el Pentágono se basan en una estrategia china muy específica, que comienza con una serie de ciberataques para interrumpir las redes, la logística y la infraestructura crítica.

La simulación consistía en una serie de ciberataques, seguidos de ataques coordinados contra satélites estadounidenses para debilitar las comunicaciones, antes de ataques directos contra el buque con el objetivo de hundirlo, ya que quedaría aislado y sin medios de protección ni comunicación con sus apoyos, ya sean cercanos o lejanos, con la intención de solicitar auxilio.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies