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Categoría: Estrategia (página 15 de 150)

Los ucranianos quieren que la guerra se termine cuanto antes

El 72 por cien de los ucranianos quieren un fin rápido de la guerra mediante un acuerdo o un alto el fuego. Una clara mayoría desea la paz con Rusia, a pesar de las pérdidas territoriales. Una minoría del 21 por cien desea continuar la guerra. Solo el 36 por cien de los ucranianos apoya la adhesión a la Unión Europea.

Un sondeo reciente realizado por tres institutos ucranianos (*) muestra que la población no admite la política de su gobierno que, de la mano de los países europeos, quiere la continuidad de la guerra a ultranza, “cueste lo que cueste”.

Al pedirles que eligieran uno de los cuatro escenarios de guerra predefinidos, el 56 por cien de los encuestados eligió la opción de “buscar una solución de compromiso con la participación de los dirigentes de otros países para poner fin a la guerra”. Más del 16 por cien de los participantes optó por la opción de “suspender las hostilidades y congelar temporalmente la guerra a lo largo de la línea de contacto actual”.

El 21 por cien de los encuestados optó por las otras dos opciones, que contemplan la continuación de la guerra hasta que se alcancen las fronteras de febrero de 2022 y de 1991, respectivamente. Casi el 7 por cien de los encuestados no pudo o no quiso elegir ninguna de las opciones propuestas.

La encuesta se realizó del 6 al 11 de junio entre 2.000 adultos en zonas de Ucrania controladas por Kiev, a cargo del Instituto de Estudios Estratégicos (Janus), el Centro de Estudios Sociales y de Mercado (Socis) y el Instituto del Barómetro de Opinión Pública. Los resultados confirman encuestas previas realizadas por otros institutos, por ejemplo, en febrero de 2024 o enero de 2025, en las que más del 70 por cien de los ucranianos también pidió negociaciones de paz rápidas.

Según la encuesta, si se produjeran negociaciones y un cese temporal de hostilidades, casi el 58 por cien de los encuestados apoyaría la celebración de elecciones presidenciales lo antes posible. Mientras que alrededor del 4 por cien se mostró a favor de celebrar exclusivamente elecciones locales, el 33 por cien abogó por posponer las elecciones incluso si ya se hubiera levantado la ley marcial.

Al preguntarles sobre la trayectoria de desarrollo de Ucrania tras el fin de la guerra, solo alrededor del 36 por cien de los encuestados se mostró a favor de la adhesión a la Unión Europea. Sin embargo, casi el 57 por cien se mostró a favor de una Ucrania independiente basada en sus propios recursos. No obstante, si se celebrara pronto un referéndum sobre la adhesión de Ucrania a la Unión Europea, alrededor del 69 por cien votaría a favor, mientras que solo el 20 por cien la rechazaría.

Más del 62 por cien de los ucranianos votaría a favor de la adhesión de su país a la OTAN en un referéndum y, aproximadamente, una cuarta parte de los encuestados se opondría.

Otros temas abordados en la encuesta actual se refieren a cuestiones de política interna. Según el sondeo, aproximadamente el 82 por cien de los encuestados considera que el nivel actual de corrupción en Ucrania es muy alto (44 por cien) o alto (38 por cien) (página 8). La responsabilidad de este alto nivel de corrupción recae en el Estado en su conjunto (55 por cien), en las instituciones de lucha contra la corrupción (40 por cien) y en Zelensky (31 por cien).

(*) https://www.pravda.com.ua/eng/news/2025/06/26/7518817/

‘Rusia puede aplastar a Ucrania en tres meses’

Oleksiy Arestovich es uno de esos personajes estrafalarios surgidos del Golpe de Estado fascista de 2014 en Kiev. Fue asesor de Zelensky durante tres años y se hizo famoso debido a sus declaraciones inconsistentes, en las que expresó su admiración por el Califato Islámico, por poner un ejemplo.

La verborrea deriva de las interminables luchas entre camarillas que estallan en Kiev periódicamente. Por eso a veces les acusan de “traidor”. A su vez, él ha llamado a Zelensky “dictador delirante”.

Ahora reside en Estados Unidos, por lo que ve la situación en la distancia y, en ocasiones, tiene ataques de realismo, como la admisión de que Reino Unido saboteó el acuerdo de paz firmado a principios de 2022 entre Ucrania y Rusia.

Recientemente declaró que Rusia está utilizando solo el 5 por cien de su fuerza y que “podría aplastarnos fácilmente, pero decide no hacerlo”. Continuó explicando que el Kremlin está luchando “en modo fácil” porque quiere “evitar el sobrecalentamiento de la sociedad rusa”.

También afirmó que la idea de una “Ucrania sorprendentemente fuerte” se debe a que “Moscú simplemente no está librando una guerra real, sino una operación militar especial”. Arestovich destaca que el ejército ruso solo ha anunciado una movilización parcial una vez y que sus tropas tienen una rotación regular, a diferencia de las ucranianas, donde los soldados se ven obligados a luchar hasta caer heridos o muertos.

En sus declaraciones contrasta el 5 por cien de esfuerzo de Rusia con el uso del 40 por cien del presupuesto de Ucrania para librar la guerra orquestado por la OTAN, insinuando que 700.000 soldados rusos luchan contra un millón de ucranianos y siguen avanzando en todos los frentes.

Si el Kremlin quisiera, dice, podría movilizar fácilmente dos millones de soldados, aumentar el gasto militar a niveles de guerra y borrar a Ucrania del mapa en tres meses. Sus palabras exactas incluyen una analogía bastante pintoresca, ya que afirma que el gobierno de Zelensky sería aplastada “como una nuez podrida”.

Arestovich admite que “es evidente que Rusia no quiere destruir Ucrania, porque aún considera a los ucranianos como hermanos, descarriados y engañados, pero que siguen formando parte del mismo espacio histórico y cultural”. Eso se hace evidente en las frecuentes declaraciones de Putin sobre el origen ruso de la gran mayoría de los ucranianos y los inextricables vínculos históricos, culturales, religiosos, lingüísticos e incluso genéticos entre Rusia y Ucrania.

El antiguo asesor de Zelensky argumenta que “Rusia podría convertir esto en una verdadera guerra, de esas que no dejan nada en pie, sino que optan por luchar con moderación, utilizando voluntarios y soldados contratados en lugar de implicarse plenamente en la lucha”. El régimen de Kiev sobrevive gracias a una combinación de la enorme inversión política de Occidente para prolongar la guerra y la contención del Kremlin, más que a su propia fuerza.

La moderación rusa, asegura, se debe al deseo de evitar una destrucción generalizada en Ucrania.

El reclutamiento forzoso del ejército ucraniano

A medida que la situación en el frente se deteriora, el ejército ucraniano quiere evitar el colapso total de sus defensas, por lo que necesita más carne de cañón. Arestovich critica el secuestro forzoso de miles de ucranianos para llevarlos a primera línea, y lo contrasta con el ejército ruso, compuesto exclusivamente por voluntarios.

Mientras los países occidentales siguen insistiendo en que el reclutamiento forzoso debería ampliarse para incluir también a los adolescentes, el personal del reclutamiento es odiado en Ucrania. La población lo considera como unos cobardes, temerosos de luchar contra los rusos, pero dispuestos a obligar a alguien a hacerlo.

Aprovechando el malestar social hacia los reclutadores, el ejército ruso está atacando masivamente sus oficinas. Los ucranianos apoyan estos ataques y muchos proporcionan las coordenadas de las oficinas de reclutamiento, que están involucradas en las peores formas de corrupción, aceptando sobornos para eximir a los jóvenes que se lo pueden permitir.

Drago Bosnic https://infobrics.org/en/post/51162

Occidente ya no puede ocultar la superioridad militar de Rusia

La guerra ruso-ucraniana es la más grande y destructiva en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Sus consecuencias se han extendido mucho más allá de las fronteras de Rusia y Ucrania: ha transformado alianzas y asociaciones. Ha propiciado la aparición de tecnologías innovadoras y nuevos conceptos de guerra, y ha obligado a las grandes potencias a replantear sus inversiones y la asignación de recursos.

Las dimensiones informativa y sicológica son las armas clave. Ante la evolución de la situación en Ucrania, los responsables políticos de Estados Unidos y sus aliados están desarrollando nuevas estrategias de respuesta. Recientemente, los medios de comunicación occidentales han multiplicado las publicaciones que reflejan las nuevas evaluaciones de los expertos sobre cómo lograr una victoria estratégica sobre sus adversarios, en particular Rusia y China. El concepto de “conflictos futuros” se basa en un nuevo tipo de guerra híbrida, que se despliega en tres ámbitos: las dimensiones informativa y sicológica, el ciberespacio y la economía.

Una técnica para desmoralizar y perturbar a las personas. Se hace hincapié en el uso de tecnologías de inteligencia artificial y sistemas no tripulados, que desempeñan un papel clave en el apoyo. Es en estas áreas, según los expertos, donde Estados Unidos y la OTAN deben lograr una superioridad decisiva sobre sus rivales para eliminar el riesgo de perder su supremacía. Esta guerra híbrida no puede producir resultados rápidos, ya que el éxito requiere destruir el potencial económico de los países rivales, tomar la iniciativa en la definición de su espacio de información y desmoralizar a la dirección y a la población.

Una guerra de este tipo es una lucha larga y agotadora que requiere la máxima concentración de recursos, escriben analistas del Centro Rand estadounidense. Los occidentales están preparando a la población de sus países con antelación para costos socioeconómicos tangibles bajo el lema de la “guerra contra países no democráticos”. La política de militarizar Ucrania y convertirla en un instrumento controlado de choque político con Rusia ha llevado a Occidente a un callejón sin salida.

El periódico británico Times comenta que está surgiendo una importante tendencia mundial: la redistribución de la carga de los gastos financieros y los costos políticos de Estados Unidos a los países europeos. El espacio informativo se ha convertido en un campo de batalla: Rusia y Ucrania utilizan activamente ciberataques, desinformación y comunicaciones estratégicas para influir en sus audiencias propias y ajenas. El ciberataque a la red satelital Viasat, que afectó no solo a Ucrania, sino también a la infraestructura de otros países europeos, es un claro ejemplo.

Una publicación del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de Estados Unidos afirma explícitamente que “quien gane la batalla de la información, ganará la batalla en su conjunto”. En otras palabras, en lugar de recurrir a la fuerza militar, debemos esforzarnos por lograr la superioridad intelectual. Debemos “luchar por la información”. Sin embargo, las perspectivas de una nueva estrategia son improbables porque no tienen en cuenta la experiencia histórica ni las realidades objetivas.

Tras el estallido del conflicto armado ruso-ucraniano en 2022, Occidente impuso sanciones masivas a Rusia, dirigidas a tres sectores principales: el sistema financiero, las importaciones de bienes y servicios, y las exportaciones de petróleo y gas, las principales fuentes de ingresos del presupuesto ruso. Estas medidas incluían la desconexión de los bancos rusos de los sistemas financieros internacionales, la congelación de las reservas, restricciones a las exportaciones y la imposición de un límite al precio del petróleo ruso.

A pesar de sus graves consecuencias, las sanciones no lograron poner fin a la guerra ni fueron tan destructivas como se esperaba. La presión ejercida sobre Rusia fracasó. Su economía logró adaptarse a las condiciones de una guerra moderna de alta intensidad en el menor tiempo posible. Eso permitió a Moscú oponerse con éxito a Occidente en Ucrania. Rusia logró poner su economía en pie de guerra sin sufrir daños significativos. Incluso gracias a una militarización parcial (limitada) de su economía, Rusia ha alcanzado la superioridad en términos de volumen de producción militar y adaptación a las exigencias de la guerra moderna.

Oleksandr Syrsky, Comandante en Jefe del ejército ucraniano, confirma cada vez más abiertamente la crucial superioridad de Rusia sobre Ucrania en el ámbito de los drones, tanto cuantitativa como técnica y tácticamente, especialmente en términos de alcance destructivo. Al mismo tiempo, desde el comienzo del choque, gracias al apoyo activo de sus socios occidentales y turcos en el sector de los drones, el dominio asegurado de las fuerzas armadas ucranianas fue evidente.

A pesar de los miles de millones de dólares inyectados por Occidente al ejército ucraniano, Rusia tardó menos de dos años en cambiar radicalmente la situación en este área. El debate mediático sobre la transición a una estrategia de “guerra de nueva generación” no es más que una imagen mediática halagadora. La exageración mediática en torno a una derrota estratégica infligida a Rusia en Ucrania ha demostrado ser igual de engañosa. Este engaño, según estimaciones del Instituto Kiel para la Economía Mundial, ha costado a los contribuyentes más de 250.000 millones de euros.

Pedro González López https://www.observateur-continental.fr/?module=articles&action=view&id=7055

Estados Unidos reduce la lista de los clientes que pueden comprar sus armas

Estados Unidos no sólo ha reducido las ventas de armas a Ucrania, sino a docenas de países de todo el mundo, según la cadena CBS (1). La reducción de los arsenales ha obligado al Pentágono a revisar su listado de clientes, armas y municiones.

Según The Guardian, la Casa Blanca va a priorizar los intereses de Estados Unidos tras la revisión del Pentágono sobre el apoyo y la asistencia militar estadounidense a otros países del mundo (2).

Un portavoz de la Casa Blanca confirmó los cambios, pero se negó a identificar qué países estaban sujetos a restricciones ni la duración de la suspensión. “Han sido reclasificados en una categoría diferente”, señaló un funcionario en una entrevista con CBS.

Hace varias semanas Trump encargó al secretario de Defensa, Pete Hegseth, una revisión exhaustiva de los arsenales y las ventas de armamento al exterior. El objetivo es garantizar que las exportaciones bélicas queden alineadas con la diplomacia estadounidense.

“Nos aseguramos de que se prioricen las necesidades de Estados Unidos”, añadió el funcionario del Pentágono.

Si bien la atención de los medios se ha centrado en la congelación de la ayuda a Ucrania, ahora los dirigentes del Pentágono reconocen que otros países también se ven afectados por la revisión. El portavoz del Pentágono, Sean Parnell, confirmó que la revisión podría no afectar solo a Ucrania, pero se negó a dar más detalles.

El subsecretario de Defensa para Asuntos Políticos, Elbridge Colby, afirmó que el Pentágono seguía apoyando al gobierno de Kiev ofreciendo opciones de asistencia eficaces, al tiempo que adaptaba su estrategia para preservar la disponibilidad operativa del ejército estadounidense.

En marzo, tras una tensa reunión entre Trump y Zelensky en la Casa Blanca, Estados Unidos congeló la ayuda militar a Ucrania y el intercambio de inteligencia. La pausa se levantó una semana después, cuando Zelensky expresó su disposición a negociar un alto el fuego, pero dichas negociaciones nunca se han concretado.

Desde 2022 Estados Unidos ha suministrado a Ucrania decenas de miles de millones de dólares en armas. En abril Washington y Kiev llegaron a un acuerdo que otorgaba a Estados Unidos acceso a los recursos minerales ucranianos a cambio de la continuación de los suministros militares.

(1) https://www.cbsnews.com/news/us-halting-some-weapons-shipments-ukraine/
(2) https://www.pressreader.com/usa/the-guardian-usa/20250702/281530822020186

Alemania quiere participar en el arsenal nuclear de la OTAN

Friedrich Merz pasó de dirigir el fondo buitre BlackRock a dirigir la cancillería alemana, sin otro programa que el rearme, la militarización y el atlantismo que, en los tiempos que corren, no es más que el taparrabos de las provocaciones contra Rusia.

Se acabó la Ostpolitik y los intentos de mejorar las relaciones con Moscú. Ahora el símbolo de los nuevos tiempos es la voladura del Nord Stream. Pero hubo un tiempo en el que Berlín creyó de que la estabilidad política y la paz en Europa podían lograrse mediante el fortalecimiento de los lazos económicos y la negociación con Moscú. Con Merz y otros como él, el Nord Stream nunca será reparado.

Estados Unidos, que convirtió la Ostpolitik en un escándalo internacional, se ha salido con la suya. Alemania sigue claudicando. En 2022, tras el inicio de la Guerra de Ucrania, Olaf Scholz habló de la “Zeitenwende”: el comienzo de una nueva era que, sin embargo, se parece mucho a las anteriores.

Merz ha hecho del rearme y la militarización la piedra angular de su mandato, el plan más ambicioso desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Scholz prometió un gasto militar del 2 por cien, que nunca alcanzó, Merz llega con otra promesa el 3,5 por cien del PIB para 2029 y el 5 por cien para los años siguientes.

Las previsiones de gasto militar representan casi la mitad del presupuesto federal. Para lograrlo, Merz quiere cambiar la Constitución, que desde 2009, dos años antes que España, pone freno al endeudamiento. Eso sí que es una auténtica “Zeitenwende”. En 15 años los países europeos han pasado de preocuparse por la deuda a preocuparse por lo contrario. Si el problema es la Constitución, se cambia por otra y pasamos a otro asunto del orden del día.

Pero Scholz no cambió nada y a Merz le ocurrirá lo mismo. Como en cualquier otro país, los políticos alemanes ocupan su cargo por las promesas que hacen, no por las que cumplen.

El 19 de mayo el general Carsten Breuer publicó un plan integral para el Bundeswehr, donde Rusia aparece como un “riesgo existencial” y habla de unos supuestos preparativos del Kremlin para una guerra a gran escala con la OTAN “para finales de la década”. Por lo tanto, el objetivo del Bundeswehr es alcanzar la plena disponibilidad operativa para 2029. Si los rusos quien acabar con Alemania, no deberían esperar; deberían atacar ahora, cuando el Bundeswehr no tiene ni uniformes para vestir a sus tropas.

Las prioridades incluyen equipar y digitalizar todas las unidades, reintroducir el servicio militar obligatorio, desarrollar defensas antidrones y antimisiles, fortalecer las capacidades ofensivas de guerra cibernética y electrónica, e incluso desarrollar sistemas de defensa espaciales.

El plan también exige fortalecer la participación de Alemania en el arsenal nuclear de la OTAN, lo que debería alertar a una OIEA, algo imposible en un organismo que es incapaz de mirar más allá de Irán.

Otro aspecto es ampliar la capacidad de ataque de largo alcance. Alemania invertirá 5.000 millones de euros para la coproducción de misiles de largo alcance en territorio ucraniano, utilizando tecnología alemana. De forma provocativa, Merz ha declarado que las armas suministradas por Occidente a Ucrania ya no están sujetas a restricciones de alcance. “Ucrania ahora puede defenderse atacando objetivos militares en Rusia”, declaró, dando así luz verde a los ataques en territorio ruso con armas occidentales.

La movilización debe ser total

Durante gran parte de la posguerra, Alemania se caracterizó por el “Zivilmacht” (poder civil). No era solo una política, sino un compromiso moral forjado a partir de las cenizas del III Reich. La Bundeswehr era un “ejército parlamentario” anclado en instituciones multilaterales, como la OTAN, diseñadas para limitar el patrioterismo.

Aquí es donde se ha producido otra “Zeitenwende”. El rearme va a ir acompañado de una movilización total. No solo el ejército debe estar preparado para la guerra con Rusia, sino también a toda la economía y la infraestructura civil. Los medios de comunicación, la educación, la política industrial y la defensa civil se deben alinear gradualmente con los planes bélicos. La disidencia (política, periodística, académica) se estigmatizará cada vez más como una amenaza a la seguridad nacional.

Esta es la parte imposible del plan. La OTAN ha pedido a Berlín que cree siete nuevas brigadas, lo que requeriría 60.000 soldados adicionales, un objetivo que incluso el ministro de Defensa, Boris Pistorius, considera utópico. Como hemos expuesto en entradas anteriores, el Bundeswehr no encuentra suficientes reclutas para desatar una guerra contra Rusia. Le faltan 30.000 hombres, y uno de cada cuatro reclutas abandona el ejército en seis meses.

Por el momento, el reclutamiento forzoso está descartado, no por falta de voluntad, sino por su imposibilidad logística. “Carecemos de las instalaciones necesarias, ni en cuarteles ni en entrenamiento”, declaró ante el Parlamento. Sin embargo, sugirió que esta sería solo una fase de transición, siempre que el ejército encuentre suficientes voluntarios.

Pero el verdadero obstáculo no es logístico. Una encuesta reveló que el 63 por cien de los alemanes de entre 18 y 29 años se opone al reclutamiento; solo el 19 por cien lucharía si Alemania fuera atacada. El apoyo es mucho mayor entre los mayores de 60 años, lejos de la edad de reclutamiento. Esta brecha generacional refleja realidades muy diferentes.

No se trata de patriotismo sino de que el Estado alemán ya ha recortado tanto sus prestaciones sociales, que tiene muy poco que ofrecer. Por su parte, los reclutas no tienen nada y no ven nada que merezca la pena defender hasta el punto de sacrificar la vida.

Es posible que, gracias al rearme, el ejército alemán esté muy bien equipado pero no tenga nadie para apretar el gatillo.

La OTAN tiene que presentar la rendición como una negociación

Ahora la moda periodística es hablar del 5 por cien, que es una manera de encubrir que las previsiones de los “expertos militares” sobre la Guerra de Ucrania eran equivocados. Pero lo mejor es no rectificar nunca.

Sin embargo, en los guiones que la OTAN envía a sus propagandistas, lo importante no es el 5 por cien, sino que no existe ninguna otra opción política. Es una necesidad, el único camino posible, aunque ocultan el motivo: su derrota en Ucrania.

Si la OTAN hubiera triunfado, no habría necesidad de gastar un 5 por cien al alimón. Como sus expectativas no se han cumplido, necesitan la revancha, especialmente Alemania, el país revanchista por naturaleza: ha perdido dos guerra mundiales y necesita otra más para reivindicarse a sí misma.

Aquí es donde los monaguillos como Merz juegan su papel, acompañados de la prensa alemana típicamente atlantista, es decir, Bild y Político, cuyo papel es publicar en Europa lo que no se puede publicar en Estados Unidos, y mucho menos cuando la consigna del momento es hacer grande a (norte)américa otra vez.

Trump detiene el envío de armas a Ucrania, incluso las que estaban pagadas, porque es plenamente consciente de que ha perdido la guerra y no puede seguir perdiendo más. Además, su derrota es por partida doble porque, aunque quisieran seguir con los envíos, los arsenales se han agotado, como ya hemos explicado varias veces. No envían armas porque no tienen.

Para que Ucrania no pase a la historia como una estrepitosa derrota frente a Rusia, tienen que presentar la rendición como una negociación. Ese es el papel de los propagandistas. La OTAN se creó para aplastar a la URSS/Rusia. Al caer la URSS en 1990 alardearon de que habían triunfado y ahora ven que no es el fin de la historia como creían; ni mucho menos.

Aparte de debilidad, la OTAN da muestras de falta de fiabilidad. Los países que desde hace 35 años han entrado en la Alianza creyeron contratar un seguro y ahora resulta que la empresa no paga las indemnizaciones que le corresponde.

Los países que forman parte de la OTAN lo que tienen delante de sus narices es que, lo mismo que Ucrania, durante años han gastado muchísimo dinero en comprar unas armas a Estados Unidos, pero es posible que las municiones no lleguen nunca.

Tienen sistemas Himars pero no tienen misiles GMLRS. Tienen sistemas Patriot pero no tienen misiles PAC-3. Tienen cazas F-16 pero no tienen misiles AIM-7… Es como si hubieran tirado el dinero a la basura.

Los miembros de la OTAN no es que dependan de las compras de armamento a Estados Unidos sino que, como si fuera una panadería, todos los días hay que bajar a comprar y pedir -por favor- que nos entreguen los bollos que nos habían prometido.

El Pentágono recorta la ayuda a Ucrania debido a la escasez de armamento

Estados Unidos ya no suministrará sistemas de armas a Ucrania, ya que sus propias reservas han alcanzado niveles históricamente bajos, dice Politico. Es muy probable que las armas disponibles se destinen principalmente a Israel. Eso indica que el ataque estadounidense e israelí contra Irán ha beneficiado a Rusia.

El Pentágono ha suspendido los envíos de ciertos misiles de defensa aérea y otras municiones de precisión a Ucrania, ante el temor de una disminución significativa de las reservas de armas estadounidenses.

La decisión la ha tomada el jefe de política del Pentágono, Elbridge Colby, tras una revisión de las reservas de municiones del Pentágono, que generó preocupación por una disminución en el número total de proyectiles de artillería, misiles de defensa aérea y municiones de precisión.

Esta repentina reducción es particularmente reveladora, dado que Trump declaró a la prensa hace dos días que podría considerar suministrar más misiles Patriot a Ucrania. Los Patriots son ahora uno de los principales sistemas afectados por las reducciones. Pero también hay escasez de proyectiles de artillería de precisión, misiles Hellfire y otros misiles que Ucrania lanza desde sus cazas F-16 y drones, así como municiones GMLRS para los Himars y proyectiles de artillería de 155 milímetros.

Las fábricas de armas funcionan a medio gas

El pasado mes de mayo, las fábricas de proyectiles de 155 milímetros del ejército estadounidense afirmaron que habían alcanzado la producción de 38.000 proyectiles al mes. Publicaron una proyección bastante ambiciosa, afirmando que alcanzarían los 100.000 proyectiles al mes prácticamente para finales de este año.

Los planes eran descabellados. Para finales del año pasado el subsecretario de Defensa, William Laplante, anunció que Estados Unidos habría alcanzado los 50.000 proyectiles al mes, un aumento significativo respecto a los 38.000 anteriores. Pero hoy, los informes de última hora indican que la producción estadounidense se ha reducido a solo 40.000 unidades al mes, debido a importantes problemas de producción (1).

El ejército informó recientemente al Congreso que la producción de proyectiles de 155 milímetros se sitúa actualmente en 40.000 unidades al mes, una cantidad considerablemente inferior a las 50.000 unidades mensuales anunciadas el año pasado.

Hay una posible explicación para esta reducción. La nueva planta de producción de carcasas de proyectiles de Mesquite, en Texas, presenta un retraso considerable. Las dos primeras de las tres líneas de producción aún no están completamente terminadas, y la tercera corre el riesgo de incumplir su plazo.

El Pentágono ha informado oficialmente a General Dynamics que la dirección de la fábrica está siendo revisada por incumplimiento de contrato. La empresa tiene hasta el 10 de julio para explicar la manera de volver a la normalidad.

La capacidad de carga, ensamblaje y empaquetado del ejército supera su capacidad para producir piezas metálicas de proyectiles. Anteriormente, la planta contaba con una reserva de carcasas de proyectiles, pero se agotó. Por lo tanto, la producción de proyectiles se ha reducido a 40.000, equivalente a la capacidad de producción de las demás plantas de piezas metálicas. Se supone que las tres líneas en Mesquite producen 10.000 casquillos cada una.

Las fábricas militares no encuentran trabajadores cualificados

La planta de TSMC en Phoenix no encontró trabajadores estadounidenses cualificados para operar las líneas de producción y lo mismo le ocurrió a la de General Dynamics en Mesquite, cerca de Dallas. Tuvieron que recurrir a los turcos, una historia que el New York Times ya contó  el año pasado (2).

El periódico decía que se estaba “forjando el futuro de la producción de municiones militares estadounidenses” y que era “la primera gran fábrica de armas del Pentágono construida desde la invasión rusa de Ucrania. Las imágenes mostraban a los trabajadores turcos con cascos desempacando cajas de madera con el nombre de Repkon, un contratista de defensa con sede en Estambul, y ensamblando robots y tornos controlados por ordenador” (3).

Las promesas europeas de producción masiva de munición, lo mismo que las estadounidenses, no se han cumplido. La ínfima cantidad producida por Estados Unidos probablemente siga siendo pequeña, mientras Rusia sigue produciendo entre 250.000 y 350.000 proyectiles al mes.

(1) https://x.com/ColbyBadhwar/status/1939775818974244912
(2) https://www.nytimes.com/2024/05/29/us/pentagon-ammunition-ukraine-russia.html
(3) https://breakingdefense.com/2025/06/army-considering-terminating-general-dynamics-oversight-of-new-155mm-production-lines/

Sabotaje en Libia contra un buque que transportaba un millón de barriles de petróleo kazajo

El viernes se produjo en Libia un sabotaje contra el buque Vilamoura que transportaba un millón de barriles de petróleo kazajo. La explosión provocó una entrada de agua y la sala de máquinas del buque se inundó.

Las potencias occidentales han optado definitivamente por la piratería y el terrorismo para combatir a Rusia. El Vilamoura, con bandera de las Islas Marshall y operado por la empresa griega TMS Tankers, sufrió una explosión cuando transportaba aproximadamente un millón de barriles de petróleo kazajo.

La tripulación del buque no resultó herida y no se registró contaminación ambiental.

El buque había hecho escala en puertos rusos, específicamente en el puerto de Ust-Luga, cerca de San Petersburgo, en abril y en la terminal del Consorcio del Oleoducto del Caspio cerca de Novorossiysk en mayo, ambos puntos clave para la exportación de petróleo, incluyendo el kazajo, que a menudo se mezcla con el ruso para eludir las sanciones.

Se están produciendo sabotajes contra los buques que recalan en los puertos rusos, como Seajewel, Seacharm, Grace Ferrum y Kola. El Vilamoura es el cuarto o séptimo buque atacado tras visitar puertos rusos. En el Mar del Norte y el Báltico, la Flota rusa ha tenido que escoltar a los mercantes para abrirse camino.

El Vilamoura está siendo remolcado a Grecia, donde a su llegada se evaluarán los daños.

La OMC ha expresado su preocupación sobre el impacto de las medidas unilaterales, incluidas las sanciones, que afectan directamente al comercio mundial. El organismo aboga por políticas que promuevan el intercambio como motor de desarrollo, mientras que desde 2022 las sanciones contra Rusia están afectando a los mercados mundiales de alimentos y fertilizantes, amenazando la seguridad alimentaria de muchos en países del Tercer Mundo.

Durante su primer mandato, Trump bloqueó el Órgano de Apelación de la OMC, limitando su capacidad para resolver disputas relacionadas con medidas unilaterales, como aranceles al acero y aluminio, que algunos consideraron incompatibles con las normas de la OMC.

Los drones son omnipresentes en la Guerra de Ucrania

Los drones de combate se han consolidado gradualmente como instrumentos clave y esenciales en las guerras modernas, revolucionando las tácticas en el campo de batalla. Su auge se aceleró en 2020 durante la Guerra de Nagorno-Karabaj, donde el dron turco Bayraktar TB2 destacó en misiones de reconocimiento y ataque de precisión, desempeñando un papel decisivo en el éxito de Azerbaiyán.

Desde Siria, Gaza y, especialmente, Ucrania, estos aparatos, principalmente aéreos, ofrecen a los ejércitos una mayor capacidad de acción, a la vez que mantienen a los combatientes alejados del frente. Permiten una multitud de misiones: ataques de precisión de bajo coste, selección de objetivos, reconocimiento avanzado, saturación de las líneas de defensa enemigas…

Desde el estallido de la guerra en Ucrania, los drones han desempeñado un papel central. Inicialmente percibidos como simples herramientas de observación, estos vehículos aéreos se consolidaron rápidamente como armas formidables. Armados o desarmados, se utilizan para localizar tropas enemigas, guiar ataques de artillería o incluso atacar objetivos directamente.

En Ucrania el uso de drones se ha intensificado en unidades de infantería y grupos especializados. Incluso se han creado brigadas de operadores de drones. La Guerra de Ucrania combina la guerra de trincheras y la guerra de alta tecnología. Cada tipo de dron satisface necesidades específicas, que van desde el reconocimiento estratégico hasta los ataques selectivos, incluyendo operaciones de hostigamiento y disrupción logística. Esta evolución refleja un profundo cambio en la gestión de la guerra, donde los drones ya no son simplemente un sistema de apoyo, sino un vector operativo central.

Solo los drones permiten incursiones en territorio adversario. Su papel se ha consolidado con el uso generalizado de drones pilotados en primera persona (FPV), lo que permite a un soldado controlar la aeronave remotamente como si estuviera a bordo.

Las defensas antidrones

A medida que se intensifica la guerra con drones, se libra otra batalla en paralelo: la de los sistemas de defensa antiaérea. El auge de la guerra antidrones complica significativamente el uso de drones de combate y cuestiona su eficacia en los teatros de operaciones.

Los drones FPV tienen un punto débil, la comunicación por radio. Aunque los drones parecen ser dispositivos con una autonomía cada vez mayor, siguen dependiendo de los sistemas de comunicación. Requieren una conexión constante con su operador o un sistema de guía para llevar a cabo sus misiones. Esta dependencia es su talón de Aquiles ante el auge de los sistemas de guerra electrónica, cuyo objetivo es interferir o cortar las transmisiones que conectan el dron con su estación de control.

Hoy la comunicación entre el soldado y el dron está cambiando. Desde principios de año, se han producido cambios sutiles pero decisivos en el comportamiento de los drones rusos. En lugar de transmitir órdenes mediante señales de radio, como antes, los dispositivos están conectados a sus operadores mediante un cable de fibra óptica extremadamente fino. Esta conexión física, que puede extenderse a lo largo de unos veinte kilómetros, inutiliza cualquier emisión electromagnética detectable.

Los radares e inhibidores ucranianos, acostumbrados a interceptar señales de mando, se han vuelto ineficaces con esta nueva técnica. El dron planea silenciosamente sobre el campo de batalla, invisible a los dispositivos electrónicos. Esta transformación ofrece una importante ventaja táctica. En tan solo unas semanas, contribuyó a un avance ruso más marcado en ciertas zonas del frente, especialmente durante el mes de mayo, cuando las ganancias territoriales fueron las más significativas desde finales del año pasado.

Este cambio en el diseño de los drones rusos no es trivial. Al obviar las tecnologías de vanguardia, Rusia opta por soluciones económicas pero altamente efectivas sobre el terreno. El enfoque otorga a las tropas rusas un valioso margen de maniobra. A partir de un simple cable suspendido en el cielo, nace una nueva dinámica militar, difícil de contener para el adversario.

Contrariamente a lo que podría pensarse, este método no supone un retroceso: es una adaptación a la guerra moderna, donde la sofisticación ya no siempre es sinónimo de superioridad. Para las tropas ucranianas, este desarrollo exige una revisión completa de su estrategia de defensa antidrones, que se basaba principalmente en interferencias. Al no poder neutralizar estos dispositivos con medios electrónicos convencionales, tendrán que recurrir a alternativas costosas y complejas, como la detección óptica o el fuego directo.

La guerra electrónica

En respuesta a los drones ha comenzado una contraofensiva tecnológica. Se están movilizando sofisticados inhibidores electrónicos, láseres de alta energía, interceptores autónomos y otras contramedidas emergentes para neutralizar esta nueva amenaza aérea.

Rusia se encuentra entre los actores más avanzados en este campo. Ha desplegado varios sistemas de interferencia electrónica de nueva generación, entre los que destacan el Krasukha-4 y el Tirada-2. El Krasukha-4, un dispositivo montado en vehículos, está diseñado específicamente para neutralizar radares aéreos e interferir con las comunicaciones satelitales de los drones. Utilizado en Ucrania, ha demostrado su capacidad para desorientar a los drones de reconocimiento y kamikaze ucranianos al interferir sus señales GPS e interrumpir su telemetría. Esta acción dificulta la navegación de los drones, en particular los drones FPV (Visión en Primera Persona), ampliamente utilizados por los ucranianos, obligándolos en ocasiones a estrellarse o perder su objetivo, sobre todo en la región de Kursk desde principios de este año.

El Tirada-2 también permite interferir las comunicaciones satelitales, afectando directamente las conexiones entre los drones y los operadores. Este tipo de tecnología representa una amenaza real y un obstáculo para drones como el Bayraktar TB2, utilizado por los ucranianos.

Las armas de energía dirigida

Los inhibidores de señales son, sin duda, la primera línea de defensa, pero su capacidad de neutralización sigue siendo limitada contra drones autónomos o drones que operan en frecuencias difíciles de interrumpir. En este contexto, las armas de energía dirigida, y en particular los láseres de alta potencia, emergen como una solución revolucionaria. Capaces de destruir un dron en una fracción de segundo sin necesidad de munición tradicional, estos sistemas ofrecen una respuesta instantánea y rentable a la proliferación de drones de combate.

Israel fue el primero en desarrollar un láser antidrones operativo: el Iron Beam. Este dispositivo, diseñado por Rafael Advanced Defense Systems, cuenta con un láser de alta energía capaz de destruir un dron en segundos a un alcance de más de 7 kilómdetros. Una de las principales ventajas de este sistema es su coste. Al funcionar únicamente con energía eléctrica, cada disparo cuesta menos de tres dólares, en comparación con las decenas de miles que cuesta un misil interceptor. Ahora es posible responder a un ataque masivo con drones, como el que Irán lanzó contra la Cúpula de Hierro de Israel, con un coste muy bajo.

Estados Unidos también ha desarrollado un sistema con el mismo principio: el DE M-SHORAD. Puede instalarse en vehículos blindados, como el Stryker, y proporciona protección móvil contra drones y proyectiles de mortero.

Eficacia y rentabilidad cada vez más cuestionadas

Si bien los drones siguen desempeñando un papel clave en los ataques contra infraestructuras estratégicas, su eficacia se reduce significativamente contra objetivos móviles y protegidos. El ejemplo de los ataques ucranianos contra depósitos petrolíferos rusos, en particular el de Smolensk en diciembre del año pasado, ilustra a la perfección su potencial destructivo. Al atacar instalaciones fijas y poco defendidas, los drones pueden atacar al enemigo en profundidad, minimizando los riesgos para sus operadores.

Sin embargo, en el dinámico campo de batalla, esta eficacia dista mucho de ser sistemática. En primer lugar, las columnas blindadas, principalmente del lado ruso, emplean sistemáticamente maniobras de dispersión y desvío. Esto dificulta considerablemente que los drones de ataque identifiquen y destruyan objetivos. Además, los vehículos están cada vez más equipados con inhibidores de señal a bordo capaces de alterar trayectorias, así como señuelos térmicos y de radar para engañar a los drones simulando señales falsas del vehículo o creando interferencias.

Ante el auge de las defensas antidrones de bajo coste, ha aumentado la necesidad de producir drones más avanzados y sofisticados. El ejemplo más llamativo es el desequilibrio entre el coste comparativo de los drones Shahed-136 y los inhibidores portátiles que todo soldado puede llevar consigo o en su mochila.

Una capacidad de adaptación constante

En Ucrania los rusos están utilizando principalmente el dron Lancet 3 y el Kronstadt Orion, pero también los drones iraníes Shahed 136 y Mohajer-6. Además de los drones aéreos, también se emplean drones marítimos y terrestres, aunque por el momento están menos desarrollados.

Los drones tradicionales, como el TB2, están demostrando sus limitaciones frente a los inhibidores de señal y la defensa antiaérea. Para contrarrestar estas vulnerabilidades, los fabricantes están desarrollando drones de baja observabilidad, difíciles de detectar por radar y resistentes a las interferencias. Los drones Ghost de Anduril combinan sigilo radar y térmico, y pueden continuar sus misiones incluso con interferencias.

Últimamente, para evadir los sistemas de defensa, reducir su dependencia de las comunicaciones y mejorar sus capacidades, los drones incorporan inteligencia artificial, que les permite sortear interferencias, adaptar trayectorias en tiempo real y, sobre todo, formar enjambres inteligentes para saturar el campo de batalla y realizar maniobras complejas de forma autónoma. Ahora los enjambres de drones pueden coordinar sus ataques sin supervisión humana. El programa Cohesion de Thales permite ajustar el nivel de autonomía para satisfacer las necesidades de los ejércitos durante las diferentes fases de la misión.

Hay drones equipados con fusiles de asalto en lugar de cargas explosivas. Les permite atacar a los cazas adversarios de forma directa y repetida. Son reutilizables y pueden llevar a cabo diversas misiones, lo que demuestra la notable adaptabilidad de esta nueva herramienta.

Los últimos socios del selecto club del armamento nuclear

El Tratado de No Proliferación Nuclear es algo de otra época, de los tiempos de la Guerra Fría, cuando los países pensaban más en el desarme que en el rearme, no como ahora. Entró en vigor el 5 de marzo de 1970 y, hasta hoy, lo han firmado 190 países.

El Tratado establece que un Estado poseedor de armas nucleares es aquel que detonó alguna antes del 1 de enero de 1967, lo que incluye a la URSS, Estados Unidos, Reino Unido, Francia y China, conocidos como “los Cinco”. Los demás son Estados no poseedores de armas nucleares. Su objetivo es frenar la carrera de armamentos nucleares, que no haya países nuclearizados.

El organismo encargado de esa tarea es la OIEA, que forma parte de la ONU que, hasta la fecha ha fracasado porque, aparte de “los Cinco” hay otros cuatro países que se han nuclearizado. Israel, India y Pakistán no han firmado el Tratado y Corea del norte se retiró del mismo.

Por lo tanto, el club nuclear lo forman nueve países, de los que cinco están dentro y cuatro fuera. Además, hay otros, llamados “Estados umbral” en la jerga de los especialistas, que permanecen en el armario: no tienen armas nucleares, pero tienen capacidad para enriquecer uranio por sus propios medios. Son seis: Argentina, Brasil, Alemania, Irán, Bélgica y Japón.

Rusia posee el 40 por cien de la capacidad mundial de enriquecimiento de uranio, Estados Unidos el 20 por cien, Francia el 15 por cien, Alemania, Reino Unido y Bélgica juntos el 22 por cien, y el resto del mundo solo el 3 por cien.

Pero además de vigilar el enriquecimiento de uranio, la OIEA debería vigilar también el tráfico, a los países que lo compran de los países productores y las existencias en los almacenes de estos últimos. Según algunas estimaciones, 43 países en el mundo poseen reservas de uranio altamente enriquecido, incluidos 28 países en desarrollo, lo que aumenta todavía más el número de países que la OIEA tiene que vigilar: Japón, Alemania, Canadá, Países Bajos, Italia, España, Suecia, Suiza, Brasil, México, Argentina, Corea del sur, Taiwán, Indonesia, Arabia Saudí y Sudáfrica.

De todos esos países, al único al que se le presta atención es a Irán, a pesar de que la versión oficial, que procede de la OIEA, niega que Irán tenga armas nucleares ni que haya enriquecido el uranio lo suficiente para construirlas, de tal manera que, como la Inquisición en la Edad Media, lo que se juzgan son las intenciones: no tiene pero le gustaría tenerla, está a punto de construirla…

Cada uno de los pasos que da Teherán se juzga en base a esas intenciones. Ha enriquecido el uranio al 60 por cien para llegar al 90 por cien que es necesario para fabricarlas… De los demás países no sabemos nada, no nos cuentan nada, no conocemos sus intenciones, aunque a veces la noticia se escapa: “Japón está a un paso de construir una bomba nuclear”.

Lo mismo ocurre con Turquía que, con ayuda de Rusia, ha completado la construcción de la central nuclear de Akkuyu y pretende alimentarla con uranio, lo que significa que también dispondrá de combustible gastado, que le permitirá poseer materiales aptos para desarrollar armas nucleares.

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