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Categoría: Estrategia (página 15 de 150)

El Pentágono invierte en la explotación de tierras raras para asegurar sus suministros

El Pentágono invierte en la explotación de tierras raras para asegurar sus suministros y se convierte en el mayor accionista de MP Materials, una empresa minera estadounidense. El acuerdo acelerará el desarrollo de una cadena de suministro de principio a fin en Estados Unidos y reducirá la dependencia del extranjero, explicó la empresa en un comunicado.

La compra supone un compromiso a largo plazo del Pentágono. Tiene un precio de miles de millones de dólares e incluye un préstamo de 150 millones en doce años. La empresa pretende lanzar la construcción de una segunda planta de fabricación de imanes en cuanto localice un lugar apropiado.

La producción, que se espera que comience en 2028, está destinada a servir tanto a clientes de defensa como a particulares. Esto le permitirá tener una capacidad total de 10.000 toneladas de imanes al año, combinada con su infraestructura existente ubicada en Mountain Pass, California, que es el segundo sitio de extracción de tierras raras más grande del mundo.

La producción actual alcanza las 1.000 toneladas anuales para unos 500.000 vehículos eléctricos en la fábrica californiana, que se está ampliando a 3.000 toneladas, mientras que se espera que el nuevo emplazamiento tenga una capacidad de 7.000 toneladas al año. El fabricante estadounidense General Motors es uno de sus primeros clientes.

El Pentágono comprará el equivalente a 400 millones de dólares de acciones preferenciales convertibles de nueva emisión, así como el derecho a comprar acciones ordinarias durante diez años, todo a un precio unitario de 30 dólares. En definitiva, se espera que el Pentágono alcance el 15 por cien del capital de la empresa, lo que lo convierte en su primer accionista.

Entre los actuales accionistas se encuentra el grupo chino Shenghe Resources, con alrededor del 7 por cien del capital, pero a partir de ahora la empresa ya no enviará la producción a China, dijeron los cabecillas en una conferencia. La cotización de las acciones de la empresa subió un 51 por cien en Wall Street.

El Pentágono se ha comprometido a pagar un precio mínimo de 110 dólares por kilo durante diez años por su producción de aleación de neodimio y praseodimio utilizado en motores y generadores. Es un precio mucho más elevado que el actual, unos 60 dólares, y pretende garantizar un flujo estable de liquidez a la empresa. Si el precio es más alto, el acuerdo establece que el Pentágono recuperará una participación del 30 por cien del superávit. También se asegurará de que todos los imanes producidos por la segunda fábrica -conocida como 10X- se compren durante diez años después del final de su construcción.

Zelensky vende el puerto de Odesa para sostener la guerra

Zelensky ya no sabe lo que queda por vender para sostener una guerra que tiene perdida desde hace tiempo. El lunes vendió Olimpex, la mayor terminal del puerto de Odesa, a fondos buitre estadounidenses tras una disputa internacional. Los nuevos propietarios son los fondos estadounidenses Argentem Creek Partners e Innovatus Capital Partners. El precio de la transacción no se ha revelado.

Lo más interesante de la transacción es su origen: el antiguo propietario de la terminal, el empresario ucraniano Vladimir Naumenko, fue detenido en mayo y condenado por fraude en Ucrania en un caso relacionado con el grano ucraniano y una deuda impagada de 100 millones de dólares al Estado.

Es solo la punta del iceberg. Naumenko es un empresario ucraniano y cofundador de G.N. Terminal Enterprises (GNT), un grupo de transporte de grano que gestionaba las terminales Olimpex y MetalsUkraine en el puerto de Odesa. Junto con su socio, Serhiy Groza, Naumenko desempeñó un papel central en un importante litigio relacionado con préstamos por un total de decenas de millones de dólares otorgados por los fondos buitre estadounidenses Innovatus Capital Partners y Argentem Creek Partners.

Naumenko fue detenido en mayo por fraude y falsificación de documentos en la desaparición de más de 100.000 toneladas de grano prometidas como garantía para los préstamos. La fiscalía alega que, bajo la dirección de Naumenko, GNT falsificó inventarios de grano y participó en un plan para simular la destrucción de garantías inexistentes o no disponibles, especialmente durante el caos tras el inicio de la Guerra de Ucrania.

Meses antes de su detención, en octubre de 2024, Naumenko y Groza fueron condenados a 21 meses de prisión por un juez del Tribunal Superior inglés por incumplir una orden de congelación mundial diseñada para proteger los intereses de los acreedores. Los procedimientos legales posteriores los obligaron a pagar aproximadamente 150 millones de dólares en deudas pendientes a Argentem Creek Partners. Al parecer, ni Naumenko ni Groza se atrevieron a viajar a Reino Unido.

Uno de los nuevos propietarios de la terminal es Argentem Creek Partners, fundada en 2015 por Daniel Chapman y su antiguo equipo en Black River Asset Management, una filial de Cargill. Daniel Chapman es el fundador y codirector de inversiones. Otro cabecilla es Maarten Terlouw, codirector de inversiones. Con sede en Nueva York, la empresa opera internacionalmente, con presencia en Abu Dabi, Buenos Aires, Londres y Minneapolis.

El copropietario, Innovatus Capital Partners, es otro fondo de especuladores fundado en 2016 por David Schiff y Andrew Dym, presidente y director de riesgos. Estos dos sujetos cuentan con una amplia experiencia en capital privado, mercados de crédito e inversión basada en activos. Otros accionistas y directivos clave incluyen a Andrew Hobson, socio, director financiero (CFO) y miembro con derecho a voto del Comité de Inversiones, y Ravi Bhagavatula, socio y director de Estrategia de Mercados en Dificultades.

Pero llegan malas noticias para los especuladores. El lunes el ejército ruso lanzó un ataque con dos misiles Iskander contra la terminal. Destruyeron los almacenes y oficinas de los nuevos propietarios de la terminal. Los buitres estadounidenses no habrán quedado contentos con el bombardeo. Las perspectivas para la exportación de grano son sombrías.

Después de las alfombras voladoras y los ovnis llegan los caprichos de los chusqueros

El cuento de la alfombra voladora surgió en la literatura árabe y persa hacia el siglo XII, mucho antes de se conociera la aviación. A mediados de siglo pasado llegaron las historias de ovnis o, como se decía entonces, de “platillos volantes”. Como hemos contado en otras ocasiones, los F-35 son el tercer capítulo de este mismo recorrido. A la pantalla de casa llegarán las fantásticas leyendas de avistamientos de F-35 en el cielo.

Las alfombras voladoras respondían a su nombre y los platillos volantes también. En el caso de los F-35 aún no se sabe, pero no importa porque Lockheed los vende igual, aunque mucho más caros que una alfombra persa. Es posible que sea porque los chusqueros encargados del economato no leen los periódicos. “Los cazas F-35 de la Fuerza Aérea Británica solo son capaces de llevar a cabo un tercio del número de misiones establecidas por el Ministerio de Defensa debido a la escasez de ingenieros, repuestos y corrosión del metal, según reveló un informe de la Oficina Nacional de Auditoría”.

¿Será propaganda prorrusa la auditoria británica? “El Ministerio de Defensa [británico] no ha podido cumplir de forma sostenible sus objetivos de disponibilidad de aeronaves, lo que ha resultado en horas de vuelo inferiores a las requeridas por los pilotos. En 2024, la flota británica de F-35 tenía una tasa de capacidad operativa (definida como la capacidad de una aeronave para realizar al menos una de las siete misiones requeridas) correspondiente a aproximadamente la mitad del objetivo del Ministerio [de Defensa]. Su tasa de capacidad operativa total (definida como la capacidad de un F-35 para realizar todas las misiones requeridas) correspondía a aproximadamente un tercio de este objetivo”, dice la auditoria.

En resumen, entre octubre de 2024 y enero de 2025, algunos F-35 no estuvieron disponibles para ninguna misión debido a que se encontraban en el taller de mantenimiento. Después de tanto rearme, la próxima guerra va a sorprender a los europeos con los aparatos en el taller.

El 6 de julio el diario suizo “24 Heures” titulaba “Los F-35 ya no son aviones” (*). Suiza ha comprado un buen surtido de estos aparatos (36 en total) que “ya no son aviones de combate”. ¿Será la típica campaña de propaganda prorrusa? Imitando a los lacayos de la OTAN, en 2035 Suiza va a destinar a la guerra el 1 por cien del PIB. Pero, ¿no era un país neutral? ¿en qué guerras se ha visto involucrada Suiza en los últimos siglos? ¿dónde están los enemigos que quieren atacar a Suiza?

Es muy posible que los F-35 sean “los aviones más eficaces del mundo”… si fueran capaces de despegar de la pista. Pero debe ser propaganda del Kremlin porque los “expertos” dicen que sólo tiene problemas para despegar con mal tiempo, mientras que las guerras son para el verano, como las bicicletas.

La propaganda del Kremlin añade, además, que el coste de mantenimiento es gigantesco y que el desarrollo de los aparatos dará aún más problemas en el futuro.

¿Dónde están las grandes bombas que deben acompañar a estos aviones? No se sabe y la Comisión de Gestión del Consejo Nacional Suizo se ha puesto a investigar. ¿Van las bombas incluidas en el precio de los aviones o hay que comprarlas aparte?

Lockheed vende los F-35 como vendió los F-104 Starfighter en los años sesenta, que sufrieron 700 “accidentes” con destrucción de la aeronave y, a menudo, muerte del piloto en una década. No hay que desesperar. El F-35 no tendrá una tasa tan alta de fallos porque -sencillamente- pasa la mayor parte del tiempo en el taller.

Lo peor de todo no es que una empresa fabrique chatarra sino que haya quien la compre teniendo desguaces mucho mejores en su propio país.

(*) https://www.24heures.ch/1000-vies-les-f-35-ne-sont-plus-des-avions-960298255125

Rusia podría retirar del servicio a su único portaaviones

A diferencia de las potencias imperialistas, Rusia no posee una aviación naval digna de tal nombre. Nunca le ha dado gran importancia, ni siquiera durante la Guerra Fría, porque su estrategia es defensiva y no tiene otro escenario que el propio suelo. Desde los tiempos de la URSS, priorizó los bombarderos estratégicos de largo alcance, los misiles de largo alcance y las capacidades submarinas.

Sin embargo, en los años setenta del pasado siglo, fabricó cuatro portaaviones de propulsión convencional en la denominada configuración “stobar” (Short Takeoff But Arrested Recovery) (*). De ellos, solo el Bakú (Almirante Gorshkov) sigue en servicio hoy en día pero en la India, bajo el nombre de INS Vikramaditiya.

A partir de 1983 se construyeron otros dos buques del mismo tipo: el Varyag, vendido por Ucrania a China, que lo convirtió en el CNS Liaoning, y el Almirante Kuznetsov, el único portaaviones de la Armada rusa.

Puesto en servicio en 1995, doce años después del inicio de su construcción, el Almirante Kuznetsov fue desplegado en el Mediterráneo oriental en octubre de 2016 para apoyar al ejército ruso en Siria. Ha sido su única operación de combate. En un ejemplo de que tanto para la URSS como para Rusia, los portaaviones son un adorno muy costoso.

Tras su único despliegue, el Almirante Kuznetsov se dirigió a Severodvinsk para su modernización. Esto implicó la sustitución de cuatro de sus ocho calderas, su equipamiento con nuevos sistemas (guerra electrónica, comunicaciones, defensa aérea) y la modernización de su sistema de combate e instalaciones aeronáuticas. Se preveía que este proyecto durara tres años.

Sin embargo, ocho años después, el portaaviones aún no ha reanudado su ciclo operativo, a pesar de que el astillero United Shipbuilding Corporation (USC) había asegurado que estaría listo para las pruebas a partir de 2024.

Como tantas otras armas, el Almirante Kuznetsov se ha quedado obsoleto en muy poco tiempo. Puede que nunca vuelva a zarpar. El 11 de julio el periódico ruso Izvestia reveló que la Armada rusa y la USC estaban considerando finalizar el programa de modernización del portaaviones, que sería cancelado. A la espera de una decisión, las obras se han suspendido.

Queda por ver si Rusia reemplazará su único portaaviones en el futuro. En los últimos años, se han anunciado varios proyectos, pero ninguno se ha materializado hasta la fecha.

Los portaaviones plantean dos estrategias diferentes a Rusia. Para el almirante Serguei Avakyants, antiguo comandante de la Flota Rusa del Pacífico, no son necesarios, son demasiado caros y muy vulnerables. “El futuro pertenece a los portaaviones robóticos y a los drones», escribe en el Izvestia. Por lo tanto, detener las reparaciones del Almirante Kuznetsov “sería una decisión totalmente acertada”, concluye.

El oficial de reserva Vasily Dandykin opina lo contrario. “El hecho de que muchos países, como India y China, estén desarrollando flotas de portaaviones sugiere que estos buques son necesarios”, afirmó. Ilya Kramnik, miembro del Centro de Estudios de Planificación Estratégica de la Academia Rusa de Ciencias, comparte esta opinión. “Una flota moderna es impensable sin apoyo aéreo, y la ausencia de portaaviones significa que todo depende del apoyo de la aviación costera”, asegura. Aunque está a favor de retirar el Almirante Kuznetsov, dado que está obsoleto, Krmanik aboga por la construcción de un portaaviones más pequeño.

Según él, el caza Su-33 es demasiado grande para un portaaviones. A falta de aparatos del tamaño adecuado, Rusia podría recurrir a China para obtener los aviones de alerta aérea J-35 y KJ600. A menos que para entonces Sujoi desarrolle una versión naval del Su-75 Checkmate.

(*) La configuración “stobar” (Short Takeoff But Arrested Recovery) es típica de la Marina soviética. Es un sistema de despegue y aterrizaje cortos de los aparatos en la plataforma de los portaaviones. Los aviones se lanzan por catapultas y aterrizan utilizando cables de captura.

Ejecutado un coronel ucraniano del SBU en pleno centro de Kiev

El jueves fue ejecutado en el centro de Kiev Ivan Voronych, coronel del SBU, el servicio secreto ucraniano, encargado de las accioes de sabotaje en el interior de Rusia. El Kremlin ha acusado al SBU de orquestar una serie de asesinatos de alto perfil de oficiales del ejército ruso desde el comienzo de la guerra en febrero de 2022.

Medios ucranianos publicaron lo que parecen ser imágenes de una cámara de seguridad que muestran a un hombre caminando por un aparcaamiento con bolsas siendo atacado por otro hombre que corrió hacia la víctima.

La ejecución se cometió de una manera profesional hacia las 9:00 de la mañana. El sospechoso disparó cinco veces a quemarropa contra la víctima con una pistola con silenciador. A causa de las heridas recibidas, el coronel murió en el mismo lugar de los hechos.

El autor de los disparos huyó en un vehículo todoterreno en dirección desconocida. En la capital ucraniana la policía activó un plan de captura, aunque la búsqueda sigue activa.

Voronych tenía 50 años y dirigía el primer departamento de la Decimosexta Dirección del Centro de Operaciones Especiales del SBU.

No cabe duda de que, con sus sabotajes y asesinatos en el interior de Rusia, el SBU abrió la caja de Pandora y ahora va a pagar las consecuencias. Los dirigentes ucranianos no van a poder dormir tranquilos.

El SBU ha cometido numerosos crímenes en el interior de Rusia. En octubre de 2022 una explosión dañó el puente de Kerch, una infraestructura clave que conecta Crimea con Rusia, causando la muerte de cinco personas.

En agosto del mismo año mataron mediante un atentado con coche bomba a Darya Dugina. Para cometer la acción el contrató a una ciudadana ucraniana, Natalya Vovk, quien después huyó a Estonia.

El gobierno de Kiev negó oficialmente cualquier participación, pero fuentes estadounidenses citadas por el New York Times sugirieron que la operación fue ordenada por el ejecutivo ucraniano.

En abril de 2023 una explosión en un café de San Petersburgo asesinó al corresponsal militar Maxim Fomin, conocido como Vladlen Tatarsky. Una mujer rusa, que afirmó haber entregado la figura por orden de un contacto en Ucrania, fue declarada culpable y condenada a 27 años de prisión.

El 6 de mayo del miso año el escritor Zajar Prilepin resultó gravemente herido en un atentado con coche bomba en la región de Nizhny Novgorod. Su chófer murió en el ataque. La policía r rusa detuvo a un ciudadano ucraniano, Alexandr Permiakov, quien confesó haber actuado bajo órdenes del SBU, detonando una bomba por control remoto.

El 11 de julio el SBU asesinó a tiros al capitán de la marina rusa Stanislav Rzhitsky mientras corría en Krasnodar.

En diciembre de 2023 Ilia Kiva, antiguo diputado ucraniano que había huído a Rusia, fue asesinado a tiros cerca de Moscú. La inteligencia militar ucraniana elogió el asesinato, advirtiendo que otros “traidores a Ucrania” correrían la misma suerte.

El 22 de marzo del año pasado se produjo el brutal atentado en la sala de conciertos Crocus, en las afueras de Moscú, que casó 144 muertos y 360 heridos.

El 16 de noviembre el SBU asesinó a Oleksandr Slisarenko, jefe de la administración militar-civil de Jarkov en un atentado con coche bomba en Belgorod.

En diciembre Igor Kirillov, jefe de la unidad de armas químicas del ejército ruso, murió a causa de una bomba colocada en una motocicleta en Moscú. Su asistente también perdió la vida. Fuentes de seguridad ucranianas informaron a CBS News que el SBU se atribuyó la muerte de ambos militares.

En abril un artefacto explosivo destrozó un coche aparcado cerca de Moscú, matando al general ruso Yaroslav Moskalik. La bomba estaba cargada con metralla.

Los ucranianos quieren que la guerra se termine cuanto antes

El 72 por cien de los ucranianos quieren un fin rápido de la guerra mediante un acuerdo o un alto el fuego. Una clara mayoría desea la paz con Rusia, a pesar de las pérdidas territoriales. Una minoría del 21 por cien desea continuar la guerra. Solo el 36 por cien de los ucranianos apoya la adhesión a la Unión Europea.

Un sondeo reciente realizado por tres institutos ucranianos (*) muestra que la población no admite la política de su gobierno que, de la mano de los países europeos, quiere la continuidad de la guerra a ultranza, “cueste lo que cueste”.

Al pedirles que eligieran uno de los cuatro escenarios de guerra predefinidos, el 56 por cien de los encuestados eligió la opción de “buscar una solución de compromiso con la participación de los dirigentes de otros países para poner fin a la guerra”. Más del 16 por cien de los participantes optó por la opción de “suspender las hostilidades y congelar temporalmente la guerra a lo largo de la línea de contacto actual”.

El 21 por cien de los encuestados optó por las otras dos opciones, que contemplan la continuación de la guerra hasta que se alcancen las fronteras de febrero de 2022 y de 1991, respectivamente. Casi el 7 por cien de los encuestados no pudo o no quiso elegir ninguna de las opciones propuestas.

La encuesta se realizó del 6 al 11 de junio entre 2.000 adultos en zonas de Ucrania controladas por Kiev, a cargo del Instituto de Estudios Estratégicos (Janus), el Centro de Estudios Sociales y de Mercado (Socis) y el Instituto del Barómetro de Opinión Pública. Los resultados confirman encuestas previas realizadas por otros institutos, por ejemplo, en febrero de 2024 o enero de 2025, en las que más del 70 por cien de los ucranianos también pidió negociaciones de paz rápidas.

Según la encuesta, si se produjeran negociaciones y un cese temporal de hostilidades, casi el 58 por cien de los encuestados apoyaría la celebración de elecciones presidenciales lo antes posible. Mientras que alrededor del 4 por cien se mostró a favor de celebrar exclusivamente elecciones locales, el 33 por cien abogó por posponer las elecciones incluso si ya se hubiera levantado la ley marcial.

Al preguntarles sobre la trayectoria de desarrollo de Ucrania tras el fin de la guerra, solo alrededor del 36 por cien de los encuestados se mostró a favor de la adhesión a la Unión Europea. Sin embargo, casi el 57 por cien se mostró a favor de una Ucrania independiente basada en sus propios recursos. No obstante, si se celebrara pronto un referéndum sobre la adhesión de Ucrania a la Unión Europea, alrededor del 69 por cien votaría a favor, mientras que solo el 20 por cien la rechazaría.

Más del 62 por cien de los ucranianos votaría a favor de la adhesión de su país a la OTAN en un referéndum y, aproximadamente, una cuarta parte de los encuestados se opondría.

Otros temas abordados en la encuesta actual se refieren a cuestiones de política interna. Según el sondeo, aproximadamente el 82 por cien de los encuestados considera que el nivel actual de corrupción en Ucrania es muy alto (44 por cien) o alto (38 por cien) (página 8). La responsabilidad de este alto nivel de corrupción recae en el Estado en su conjunto (55 por cien), en las instituciones de lucha contra la corrupción (40 por cien) y en Zelensky (31 por cien).

(*) https://www.pravda.com.ua/eng/news/2025/06/26/7518817/

‘Rusia puede aplastar a Ucrania en tres meses’

Oleksiy Arestovich es uno de esos personajes estrafalarios surgidos del Golpe de Estado fascista de 2014 en Kiev. Fue asesor de Zelensky durante tres años y se hizo famoso debido a sus declaraciones inconsistentes, en las que expresó su admiración por el Califato Islámico, por poner un ejemplo.

La verborrea deriva de las interminables luchas entre camarillas que estallan en Kiev periódicamente. Por eso a veces les acusan de “traidor”. A su vez, él ha llamado a Zelensky “dictador delirante”.

Ahora reside en Estados Unidos, por lo que ve la situación en la distancia y, en ocasiones, tiene ataques de realismo, como la admisión de que Reino Unido saboteó el acuerdo de paz firmado a principios de 2022 entre Ucrania y Rusia.

Recientemente declaró que Rusia está utilizando solo el 5 por cien de su fuerza y que “podría aplastarnos fácilmente, pero decide no hacerlo”. Continuó explicando que el Kremlin está luchando “en modo fácil” porque quiere “evitar el sobrecalentamiento de la sociedad rusa”.

También afirmó que la idea de una “Ucrania sorprendentemente fuerte” se debe a que “Moscú simplemente no está librando una guerra real, sino una operación militar especial”. Arestovich destaca que el ejército ruso solo ha anunciado una movilización parcial una vez y que sus tropas tienen una rotación regular, a diferencia de las ucranianas, donde los soldados se ven obligados a luchar hasta caer heridos o muertos.

En sus declaraciones contrasta el 5 por cien de esfuerzo de Rusia con el uso del 40 por cien del presupuesto de Ucrania para librar la guerra orquestado por la OTAN, insinuando que 700.000 soldados rusos luchan contra un millón de ucranianos y siguen avanzando en todos los frentes.

Si el Kremlin quisiera, dice, podría movilizar fácilmente dos millones de soldados, aumentar el gasto militar a niveles de guerra y borrar a Ucrania del mapa en tres meses. Sus palabras exactas incluyen una analogía bastante pintoresca, ya que afirma que el gobierno de Zelensky sería aplastada “como una nuez podrida”.

Arestovich admite que “es evidente que Rusia no quiere destruir Ucrania, porque aún considera a los ucranianos como hermanos, descarriados y engañados, pero que siguen formando parte del mismo espacio histórico y cultural”. Eso se hace evidente en las frecuentes declaraciones de Putin sobre el origen ruso de la gran mayoría de los ucranianos y los inextricables vínculos históricos, culturales, religiosos, lingüísticos e incluso genéticos entre Rusia y Ucrania.

El antiguo asesor de Zelensky argumenta que “Rusia podría convertir esto en una verdadera guerra, de esas que no dejan nada en pie, sino que optan por luchar con moderación, utilizando voluntarios y soldados contratados en lugar de implicarse plenamente en la lucha”. El régimen de Kiev sobrevive gracias a una combinación de la enorme inversión política de Occidente para prolongar la guerra y la contención del Kremlin, más que a su propia fuerza.

La moderación rusa, asegura, se debe al deseo de evitar una destrucción generalizada en Ucrania.

El reclutamiento forzoso del ejército ucraniano

A medida que la situación en el frente se deteriora, el ejército ucraniano quiere evitar el colapso total de sus defensas, por lo que necesita más carne de cañón. Arestovich critica el secuestro forzoso de miles de ucranianos para llevarlos a primera línea, y lo contrasta con el ejército ruso, compuesto exclusivamente por voluntarios.

Mientras los países occidentales siguen insistiendo en que el reclutamiento forzoso debería ampliarse para incluir también a los adolescentes, el personal del reclutamiento es odiado en Ucrania. La población lo considera como unos cobardes, temerosos de luchar contra los rusos, pero dispuestos a obligar a alguien a hacerlo.

Aprovechando el malestar social hacia los reclutadores, el ejército ruso está atacando masivamente sus oficinas. Los ucranianos apoyan estos ataques y muchos proporcionan las coordenadas de las oficinas de reclutamiento, que están involucradas en las peores formas de corrupción, aceptando sobornos para eximir a los jóvenes que se lo pueden permitir.

Drago Bosnic https://infobrics.org/en/post/51162

Occidente ya no puede ocultar la superioridad militar de Rusia

La guerra ruso-ucraniana es la más grande y destructiva en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Sus consecuencias se han extendido mucho más allá de las fronteras de Rusia y Ucrania: ha transformado alianzas y asociaciones. Ha propiciado la aparición de tecnologías innovadoras y nuevos conceptos de guerra, y ha obligado a las grandes potencias a replantear sus inversiones y la asignación de recursos.

Las dimensiones informativa y sicológica son las armas clave. Ante la evolución de la situación en Ucrania, los responsables políticos de Estados Unidos y sus aliados están desarrollando nuevas estrategias de respuesta. Recientemente, los medios de comunicación occidentales han multiplicado las publicaciones que reflejan las nuevas evaluaciones de los expertos sobre cómo lograr una victoria estratégica sobre sus adversarios, en particular Rusia y China. El concepto de “conflictos futuros” se basa en un nuevo tipo de guerra híbrida, que se despliega en tres ámbitos: las dimensiones informativa y sicológica, el ciberespacio y la economía.

Una técnica para desmoralizar y perturbar a las personas. Se hace hincapié en el uso de tecnologías de inteligencia artificial y sistemas no tripulados, que desempeñan un papel clave en el apoyo. Es en estas áreas, según los expertos, donde Estados Unidos y la OTAN deben lograr una superioridad decisiva sobre sus rivales para eliminar el riesgo de perder su supremacía. Esta guerra híbrida no puede producir resultados rápidos, ya que el éxito requiere destruir el potencial económico de los países rivales, tomar la iniciativa en la definición de su espacio de información y desmoralizar a la dirección y a la población.

Una guerra de este tipo es una lucha larga y agotadora que requiere la máxima concentración de recursos, escriben analistas del Centro Rand estadounidense. Los occidentales están preparando a la población de sus países con antelación para costos socioeconómicos tangibles bajo el lema de la “guerra contra países no democráticos”. La política de militarizar Ucrania y convertirla en un instrumento controlado de choque político con Rusia ha llevado a Occidente a un callejón sin salida.

El periódico británico Times comenta que está surgiendo una importante tendencia mundial: la redistribución de la carga de los gastos financieros y los costos políticos de Estados Unidos a los países europeos. El espacio informativo se ha convertido en un campo de batalla: Rusia y Ucrania utilizan activamente ciberataques, desinformación y comunicaciones estratégicas para influir en sus audiencias propias y ajenas. El ciberataque a la red satelital Viasat, que afectó no solo a Ucrania, sino también a la infraestructura de otros países europeos, es un claro ejemplo.

Una publicación del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de Estados Unidos afirma explícitamente que “quien gane la batalla de la información, ganará la batalla en su conjunto”. En otras palabras, en lugar de recurrir a la fuerza militar, debemos esforzarnos por lograr la superioridad intelectual. Debemos “luchar por la información”. Sin embargo, las perspectivas de una nueva estrategia son improbables porque no tienen en cuenta la experiencia histórica ni las realidades objetivas.

Tras el estallido del conflicto armado ruso-ucraniano en 2022, Occidente impuso sanciones masivas a Rusia, dirigidas a tres sectores principales: el sistema financiero, las importaciones de bienes y servicios, y las exportaciones de petróleo y gas, las principales fuentes de ingresos del presupuesto ruso. Estas medidas incluían la desconexión de los bancos rusos de los sistemas financieros internacionales, la congelación de las reservas, restricciones a las exportaciones y la imposición de un límite al precio del petróleo ruso.

A pesar de sus graves consecuencias, las sanciones no lograron poner fin a la guerra ni fueron tan destructivas como se esperaba. La presión ejercida sobre Rusia fracasó. Su economía logró adaptarse a las condiciones de una guerra moderna de alta intensidad en el menor tiempo posible. Eso permitió a Moscú oponerse con éxito a Occidente en Ucrania. Rusia logró poner su economía en pie de guerra sin sufrir daños significativos. Incluso gracias a una militarización parcial (limitada) de su economía, Rusia ha alcanzado la superioridad en términos de volumen de producción militar y adaptación a las exigencias de la guerra moderna.

Oleksandr Syrsky, Comandante en Jefe del ejército ucraniano, confirma cada vez más abiertamente la crucial superioridad de Rusia sobre Ucrania en el ámbito de los drones, tanto cuantitativa como técnica y tácticamente, especialmente en términos de alcance destructivo. Al mismo tiempo, desde el comienzo del choque, gracias al apoyo activo de sus socios occidentales y turcos en el sector de los drones, el dominio asegurado de las fuerzas armadas ucranianas fue evidente.

A pesar de los miles de millones de dólares inyectados por Occidente al ejército ucraniano, Rusia tardó menos de dos años en cambiar radicalmente la situación en este área. El debate mediático sobre la transición a una estrategia de “guerra de nueva generación” no es más que una imagen mediática halagadora. La exageración mediática en torno a una derrota estratégica infligida a Rusia en Ucrania ha demostrado ser igual de engañosa. Este engaño, según estimaciones del Instituto Kiel para la Economía Mundial, ha costado a los contribuyentes más de 250.000 millones de euros.

Pedro González López https://www.observateur-continental.fr/?module=articles&action=view&id=7055

Estados Unidos reduce la lista de los clientes que pueden comprar sus armas

Estados Unidos no sólo ha reducido las ventas de armas a Ucrania, sino a docenas de países de todo el mundo, según la cadena CBS (1). La reducción de los arsenales ha obligado al Pentágono a revisar su listado de clientes, armas y municiones.

Según The Guardian, la Casa Blanca va a priorizar los intereses de Estados Unidos tras la revisión del Pentágono sobre el apoyo y la asistencia militar estadounidense a otros países del mundo (2).

Un portavoz de la Casa Blanca confirmó los cambios, pero se negó a identificar qué países estaban sujetos a restricciones ni la duración de la suspensión. “Han sido reclasificados en una categoría diferente”, señaló un funcionario en una entrevista con CBS.

Hace varias semanas Trump encargó al secretario de Defensa, Pete Hegseth, una revisión exhaustiva de los arsenales y las ventas de armamento al exterior. El objetivo es garantizar que las exportaciones bélicas queden alineadas con la diplomacia estadounidense.

“Nos aseguramos de que se prioricen las necesidades de Estados Unidos”, añadió el funcionario del Pentágono.

Si bien la atención de los medios se ha centrado en la congelación de la ayuda a Ucrania, ahora los dirigentes del Pentágono reconocen que otros países también se ven afectados por la revisión. El portavoz del Pentágono, Sean Parnell, confirmó que la revisión podría no afectar solo a Ucrania, pero se negó a dar más detalles.

El subsecretario de Defensa para Asuntos Políticos, Elbridge Colby, afirmó que el Pentágono seguía apoyando al gobierno de Kiev ofreciendo opciones de asistencia eficaces, al tiempo que adaptaba su estrategia para preservar la disponibilidad operativa del ejército estadounidense.

En marzo, tras una tensa reunión entre Trump y Zelensky en la Casa Blanca, Estados Unidos congeló la ayuda militar a Ucrania y el intercambio de inteligencia. La pausa se levantó una semana después, cuando Zelensky expresó su disposición a negociar un alto el fuego, pero dichas negociaciones nunca se han concretado.

Desde 2022 Estados Unidos ha suministrado a Ucrania decenas de miles de millones de dólares en armas. En abril Washington y Kiev llegaron a un acuerdo que otorgaba a Estados Unidos acceso a los recursos minerales ucranianos a cambio de la continuación de los suministros militares.

(1) https://www.cbsnews.com/news/us-halting-some-weapons-shipments-ukraine/
(2) https://www.pressreader.com/usa/the-guardian-usa/20250702/281530822020186

Alemania quiere participar en el arsenal nuclear de la OTAN

Friedrich Merz pasó de dirigir el fondo buitre BlackRock a dirigir la cancillería alemana, sin otro programa que el rearme, la militarización y el atlantismo que, en los tiempos que corren, no es más que el taparrabos de las provocaciones contra Rusia.

Se acabó la Ostpolitik y los intentos de mejorar las relaciones con Moscú. Ahora el símbolo de los nuevos tiempos es la voladura del Nord Stream. Pero hubo un tiempo en el que Berlín creyó de que la estabilidad política y la paz en Europa podían lograrse mediante el fortalecimiento de los lazos económicos y la negociación con Moscú. Con Merz y otros como él, el Nord Stream nunca será reparado.

Estados Unidos, que convirtió la Ostpolitik en un escándalo internacional, se ha salido con la suya. Alemania sigue claudicando. En 2022, tras el inicio de la Guerra de Ucrania, Olaf Scholz habló de la “Zeitenwende”: el comienzo de una nueva era que, sin embargo, se parece mucho a las anteriores.

Merz ha hecho del rearme y la militarización la piedra angular de su mandato, el plan más ambicioso desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Scholz prometió un gasto militar del 2 por cien, que nunca alcanzó, Merz llega con otra promesa el 3,5 por cien del PIB para 2029 y el 5 por cien para los años siguientes.

Las previsiones de gasto militar representan casi la mitad del presupuesto federal. Para lograrlo, Merz quiere cambiar la Constitución, que desde 2009, dos años antes que España, pone freno al endeudamiento. Eso sí que es una auténtica “Zeitenwende”. En 15 años los países europeos han pasado de preocuparse por la deuda a preocuparse por lo contrario. Si el problema es la Constitución, se cambia por otra y pasamos a otro asunto del orden del día.

Pero Scholz no cambió nada y a Merz le ocurrirá lo mismo. Como en cualquier otro país, los políticos alemanes ocupan su cargo por las promesas que hacen, no por las que cumplen.

El 19 de mayo el general Carsten Breuer publicó un plan integral para el Bundeswehr, donde Rusia aparece como un “riesgo existencial” y habla de unos supuestos preparativos del Kremlin para una guerra a gran escala con la OTAN “para finales de la década”. Por lo tanto, el objetivo del Bundeswehr es alcanzar la plena disponibilidad operativa para 2029. Si los rusos quien acabar con Alemania, no deberían esperar; deberían atacar ahora, cuando el Bundeswehr no tiene ni uniformes para vestir a sus tropas.

Las prioridades incluyen equipar y digitalizar todas las unidades, reintroducir el servicio militar obligatorio, desarrollar defensas antidrones y antimisiles, fortalecer las capacidades ofensivas de guerra cibernética y electrónica, e incluso desarrollar sistemas de defensa espaciales.

El plan también exige fortalecer la participación de Alemania en el arsenal nuclear de la OTAN, lo que debería alertar a una OIEA, algo imposible en un organismo que es incapaz de mirar más allá de Irán.

Otro aspecto es ampliar la capacidad de ataque de largo alcance. Alemania invertirá 5.000 millones de euros para la coproducción de misiles de largo alcance en territorio ucraniano, utilizando tecnología alemana. De forma provocativa, Merz ha declarado que las armas suministradas por Occidente a Ucrania ya no están sujetas a restricciones de alcance. “Ucrania ahora puede defenderse atacando objetivos militares en Rusia”, declaró, dando así luz verde a los ataques en territorio ruso con armas occidentales.

La movilización debe ser total

Durante gran parte de la posguerra, Alemania se caracterizó por el “Zivilmacht” (poder civil). No era solo una política, sino un compromiso moral forjado a partir de las cenizas del III Reich. La Bundeswehr era un “ejército parlamentario” anclado en instituciones multilaterales, como la OTAN, diseñadas para limitar el patrioterismo.

Aquí es donde se ha producido otra “Zeitenwende”. El rearme va a ir acompañado de una movilización total. No solo el ejército debe estar preparado para la guerra con Rusia, sino también a toda la economía y la infraestructura civil. Los medios de comunicación, la educación, la política industrial y la defensa civil se deben alinear gradualmente con los planes bélicos. La disidencia (política, periodística, académica) se estigmatizará cada vez más como una amenaza a la seguridad nacional.

Esta es la parte imposible del plan. La OTAN ha pedido a Berlín que cree siete nuevas brigadas, lo que requeriría 60.000 soldados adicionales, un objetivo que incluso el ministro de Defensa, Boris Pistorius, considera utópico. Como hemos expuesto en entradas anteriores, el Bundeswehr no encuentra suficientes reclutas para desatar una guerra contra Rusia. Le faltan 30.000 hombres, y uno de cada cuatro reclutas abandona el ejército en seis meses.

Por el momento, el reclutamiento forzoso está descartado, no por falta de voluntad, sino por su imposibilidad logística. “Carecemos de las instalaciones necesarias, ni en cuarteles ni en entrenamiento”, declaró ante el Parlamento. Sin embargo, sugirió que esta sería solo una fase de transición, siempre que el ejército encuentre suficientes voluntarios.

Pero el verdadero obstáculo no es logístico. Una encuesta reveló que el 63 por cien de los alemanes de entre 18 y 29 años se opone al reclutamiento; solo el 19 por cien lucharía si Alemania fuera atacada. El apoyo es mucho mayor entre los mayores de 60 años, lejos de la edad de reclutamiento. Esta brecha generacional refleja realidades muy diferentes.

No se trata de patriotismo sino de que el Estado alemán ya ha recortado tanto sus prestaciones sociales, que tiene muy poco que ofrecer. Por su parte, los reclutas no tienen nada y no ven nada que merezca la pena defender hasta el punto de sacrificar la vida.

Es posible que, gracias al rearme, el ejército alemán esté muy bien equipado pero no tenga nadie para apretar el gatillo.

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