El comandante de la Armada estonia, Ivo Vark, ha dado marcha atrás, declarando que a partir de ahora Estonia ya no abordará los buques pertenecientes a la “flota en la sombra” rusa porque “el riesgo de una escalada militar es demasiado alto”.
El comandante de la Armada estonia, Ivo Vark, ha dado marcha atrás, declarando que a partir de ahora Estonia ya no abordará los buques pertenecientes a la “flota en la sombra” rusa porque “el riesgo de una escalada militar es demasiado alto”.
Cuarenta y cinco días después del inicio de la guerra en Oriente Medio, el tráfico marítimo en el Estrecho de Ormuz sigue paralizado. Más de 800 buques permanecen varados, entre ellos 47 petroleros de gran tamaño. Es una de las principales incógnitas para el futuro.
Si nosotros no podemos cruzar, entonces nadie va a cruzar, debieron pensar ayer en la Casa Blanca y, en lugar de abrir el Estrecho de Ormuz van a intentar bloquearlo por partida doble. Es una prueba de resistencia; veremos quién aguanta más, debe ser el desafío.
La jefa del Estado Mayor de la Defensa de Canadá, la general Jennie Carignan, declaró ayer que las Fuerzas Armadas canadienses deben experimentar una profunda transformación para afrontar la nueva realidad política mundial. En una entrevista con la cadena Sky, hizo un llamamiento a reorientar al ejército hacia guerras de alta intensidad, rompiendo con tres décadas de doctrina centrada en operaciones expedicionarias selectivas.
Los últimos avances tecnológicos militares chinos están cambiando la guerra convencional, particularmente en la guerra contra Irán porque tecnológicamente China está a la cabeza del mundo, dice uno de los informes Sirius (*). Los avances chinos han mostrado la vulnerabilidad del armamento occidental.
En Estados Unidos se han quedado sorprendidos por la precisión de los ataques iraníes contra infraestructura logística, depósitos de combustible y posiciones de defensa antimisiles estadounidenses. No es posible que los iraníes los hayan ejecutado por sí mismos, sin ayuda de terceros. Naturalmente, se refieren a China, que empieza a enseñar los dientes.
La cacharrería aérea de Estados Unidos ha dado buena muestra su vulnerabilidad frente a las defensas iraníes. En sólo cinco semanas de guerra, el balance de pérdidas sufridas es de 39 aeronaves. Otras 10 resultaron dañadas en diversos grados. Sin embargo, no se ha producido nunguna batalla aérea al viejo estilo.
Las grandes potencias dependen cada vez más de sus marinas de guerra, que deben ser capaces de actuar en grandes profundidades debido, entre otras cosas, a la creciente dependencia económica de las infraestructuras submarinas, como cables de telecomunicaciones, gasoductos o el mismísimo túnel bajo el Canal de la Mancha.
Trump amenazó con arrasar la civilización iraní si no lograba un acuerdo antes del 8 de abril. Teherán rechazó el ultimátum y reiteró que cualquier acuerdo debe poner fin a la guerra por completo, en lugar de suspenderla temporalmente.
En una acción paralela, el primer ministro pakistaní, Shehbaz Sharif solicitó una prórroga de dos semanas para facilitar las negociaciones y reabrir el Estrecho de Ormuz.
En los años ochenta y noventa el enemigo de Israel era Irak porque mantenía estrechos lazos con la OLP de Yasser Arafat. Entonces Irán no formaba parte del panorama, ya que Israel lo consideraba más bien un aliado. Irán es el país chiíta más grande de la región, por lo que Israel lo veía como un aliado, geográficamente situado detrás de sus adversarios sunitas.
Mientras Estados Unidos presenta a Irán como un régimen debilitado, obligado a negociar por la presión de los ataques aéreos estadounidenses, el Financial Times revela lo contrario: fue Washington quien intensificó sus esfuerzos para lograr un alto el fuego, a partir de finales del mes de marzo (*).