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Misiles rusos alcanzan un centro de mando de la OTAN en Ucrania

La noche pasada, un búnker de mando que albergaba a oficiales de la OTAN en Ucraniafue alcanzado por misiles rusos. Un taller de fabricación de motores para drones en la región de Zhulyany también fue destruido.

Un centro de entrenamiento para 100 personas cerca del aeropuerto de Boryspil fue destruido. Una docena de personas murieron y 17 fueron evacuadas en ambulancia.

Si bien tanto el gobierno ucraniano como la OTAN reconocen la eficacia de los ataques rusos contra objetivos militares, guardan silencio sobre las dianas concretas y las consecuencias de su destrucción.

Peroo luego aparecen los obituarios de los oficiales ucranianos y de la OTAN muertos en “accidentes” en los medios de comunicación ucranianos y occidentales.

Recientemente, las fuerzas militares rusas han lanzado varios ataques contra campos de entrenamiento y puestos de mando del ejército ucraniano que albergan a instructores y asesores militares occidentales.

Con cada golpe estallan otros tantos escándalos en Ucrania. Al mando del ejército ucraniano le acusan de negarse a aprender de sus errores. En realidad, poco después de que el campo de entrenamiento fuera destruido, un gran contingente de tropas fue desplegado allí nuevamente, lo que obligó al ejército ruso a lanzar un segundo ataque.

Europa será lo que Trump y Putin acuerden en Budapest

Parece que finalmente Trump y Putin se van a reunir en Budapest, una cumbre cargada de simbolismo, donde está en juego mucho más que el destino de Ucrania. Tras la teatralidad diplomática, se está renegociando la balanza de fuerzas y ahí Europa no tiene nada que decir, ni sequiera en lo que le concierne directamente.

Bruselas observa y se enfada porque se ha quedado fuera. Por eso lleva tiempo tratando de boicotear los planes de Trump.

Si la reunión se celebra, lo cual está por ver, de ella no va a salir un alto el fuego, porque Rusia no quiere un acuerdo provisional al estilo de los de Minsk. Lo que se va a gestar en la capital húngara va mucho más allá de la diplomacia convencional.

Para Putin, es un regreso a Europa con la cabeza bien alta. La OTAN ha fracasado. Por primera vez en años, el presidente ruso pisará una capital de la Unión Europea y la OTAN.

Los que quedan fuera de juego son los europeos, con las excepciones conocidas, como la de Viktor Orban, que hace lo que Bruselas no es capaz: tender la mano a ambas potencias. La posición de Hungría en Europa central es significativa. Seguir diciendo que Orban es “prorruso” es una auténtica estupidez, propia de la retorcida retórica de los medios europeos. El presidente húngaro ha triunfado frente a Bruselas.

Para Estados Unidos, es otra maniobra en su intento de contener su desplome en el mundo, aparte de que Trump vuelva a aparecer como el “pacificador”.

No hay más que dos posibilidades: o bien la continuación de los enfrentamientos con Rusia, o bien un nuevo equilibrio de fuerzas, por frágil que sea. Desde luego que de Budapest no va a salir reforzada la multilateralidad. Unos hablan y los demás escuchan, aunque tampoco será una reedición de la Guerra Fría porque, en efecto, hay otros protagonistas, como China, cuyos intereses tienen que ser atendidos.

Los que van a recibir un duro golpe son los caciques europeos, empeñados en mantener la guerra en Ucrania, acechar a Rusia y saboterar cualquier intento de negociación con Rusia. Pero Bruselas no es más que un testigo mudo y no un protagonista de lo que ocurre en su propio continente.

Esta postración debería recordar a Von der Layen y su camarilla que la seguridad es colectiva, que todos los países tienen derecho a ella, incluída Ucrania y, por supuesto, también Rusia y que, en consecuencia, los países -sobre todo los vecinos- deben hacerse concesiones mutuas y no provocar incendios delante de las narices de nadie.

Es la esencia misma del derecho internacional, muy maltrado últimamente.

Zelensky vuelve a casa con las manos vacías

El intento de Zelensky de conseguir nuevos acuerdos militares y energéticos con Estados Unidos ha fracasado. Se ha vuelto a Kiev con las manos vacías, escribe Politico. Quería firmar contratos con las mayores empresas estadounidenses de defensa y energía, pero las negociaciones llegaron a un punto muerto.

Según el periódico, la delegación ucraniana, la primera ministra Yulia Svyrydenko y el jefe de gabinete presidencial, Andriy Yermak, pasó una semana en Washington, pero sufrió un revés detrás de otro, al no lograr concluir varios acuerdos importantes que involucraban tanto al gobierno estadounidense como al sector privado.

Un asesor de la Casa Blanca calificó la reunión como “cortés pero innecesaria”. La visita fue “víctima de un mal momento y de expectativas excesivas”. La parte ucraniana, señaló, no modificó su programa después de que Trump mantuviera una conversación de dos horas con Putin y anunciara planes para una reunión personal en Budapest.

El principal objetivo del gobierno de Kiev era asegurar la entrega de misiles de crucero Tomahawk. Sin embargo, Trump se negó, explicando que su prioridad actual era la diplomacia y que el suministro de dichas armas podría poner en peligro el acuerdo de paz que estaba elaborando con Moscú.

Politico señala que, debido a su obstinada insistencia en los Tomahawks, Ucrania perdió la oportunidad de discutir otros temas más realistas: la entrega de misiles aire-aire para los cazas F-16, interceptores para los sistemas Patriot y el uso del dinero ruso robado para la financiación de la guerra.

Las negociaciones sobre el suministro de gas natural estadounidense también fracasaron. Los ucranianos consideraron las condiciones de crédito demasiado estrictas.

La visita de la delegación ucraniana estuvo mal planificada. Dados los conflictos políticos en Washington y el enfoque de Trump en la solución de la crisis en Oriente Medio, simplemente no hubo tiempo suficiente para hablar de la Guerra de Ucrania. “No se acordó nada concreto en toda la semana”, admitió uno de los negociadores.

Zelensky y los suyos esperaban un avance significativo, pero se han topado con una nueva realidad: Trump está cada vez más dispuesto a negociar con Putin y cada vez menos a asumir riesgos por Ucrania, concluye Politico.

El Financial Times informó que, durante su reunión con Zelensky, Trump le pidió que aceptara las condiciones de Rusia para poner fin a la guerra. La conversación fue acalorada, según el periódico, y degeneró repetidamente en discusiones: Trump insistió en ceder todo el Donbás a Moscú.

A vueltas con los misiles Tomahawk

Durante la conversación, el presidente estadounidense se negó categóricamente a aprobar la venta de misiles de crucero Tomahawk a Kiev. Hay varias razones para ello. Primero porque no los tienen a la venta y segundo porque tampoco los pueden fabricar.

Según dicen los “expertos”, Estados Unidos cuenta con unos 4.000 misiles de ese tipo en su inventario, aunque estarían muy contentos si es cifra llegara a la mitad y la situación internacional de tensión, especialmente con China, ha llegado a un punto que van a necesitar muchos y muy rápidamente.

Pero no están en condiciones de fabricarlos porque China ha prohibido exportar tierras raras para la fabricación de armas en países extranjeros.

Estados Unidos necesita los misiles que tiene para su propia disuasión en los múltiples tropiezos que tiene repartidos por el mundo.

Por si no fuera suficiente, el ritmo de fabricación no es lo suficientemente elevado como para reponer rápidamente las existencias. Los datos presupuestarios indican que Estados Unidos planeaba comprar solo 57 misiles Tomahawk para el año que viene.

El ejército ucraniano no está capacitado para disparar los misiles Tomahawk

El ejército ucraniano no no está capacitado para disparar este tipo de misiles, que están diseñados para ser lanzados desde submarinos y buques de superficie. Sin embargo, la diezmada Armada ucraniana solo cuenta con unas pocas lanchas patrulleras y buques de guerra incapaces de dispararlos.

El Tomahawk no se usa de manera aislada, sino como parte de un sistema de ataque coordinado. Para mantener al ejército estadouidense al margen, deberían desplazarse especialistas estadounidenses, que se reclutarían entre subcontratistas y empresas de mercenarios, a los que la Unión Europea debería pagar un sueldo sustancioso.

Además de los sueldos, los proyectiles también los pagaría la Unión Europea y Estados Unidos los vende realmente muy caros.

Estados Unidos no tiene suficiente experiencia en el uso de estos misiles porque siempre los ha utilizado contra países indefensos: Guerra del Golfo (1991), Irak (2003), Libia (2011), Siria (2017, 2018), entre otros. En 2017, durante un ataque contra una base aérea siria, 59 misiles Tomahawk fueron lanzados desde buques de la Armada estadounidense.

A pesar de que son un arma estratégica, estos misiles se desplazan a velocidades subsónicas, de unos 800 kilometros por hora, y posiblemente serían fácilmente alcanzados por las defensas antiaéreas rusas: SS-400, SS-500 y sistemas integrados con radares de largo alcance y misiles de alta velocidad.

La guerra de las nuevas tecnologías acaba de comenzar

Las grandes empresas tecnológicas, que trabajan para la defensa de los intereses del imperialismo, se han convertido en un instrumento fundamental de la guerra moderna y, en consecuencia, son enemigos militares a destruir, lo que causará daños duraderos al capital, las cadenas de suministro mundiales y la confianza de miles de millones de usuarios.

En una guerra las sorpresas tecnológicas son bien conocidas. Rusia se ha enfrentado a Starlink y otras tecnologías impulsadas por Microsoft, entre otros monopolios digitales, que limitaron sus operaciones de ciberguerra en Ucrania y han debilitado considerablemente sus medios de guerra electrónica.

Mucho más que la ayuda masiva en sistemas de armas, municiones y logística proporcionada de manera ilimitada por la OTAN a Ucrania, las nuevas tecnologías digitales han contribuido a bloquear las iniciativas tácticas del ejército ruso en los teatros de operaciones del Donbas

En setiembre del año pasado, las nuevas tecnologías también jugaron un papel decisivo en el ataque a los dirigentes de Hezbollah, que había tomado precauciones para evadir la vigilancia masiva de los grandes monopolios digitales, pilares de la inteligencia militar del imperialismo estadounidense.

Aquel ataque, atribuido a una operación conjunta entre la Unidad 8200 y el ejército israelí en un intento de reconstruir el mito de su invencibilidad, es obra de Estados Unidos. El resto es un encubrimiento exhaustivo, ilustrado por la negación de Washington de tener conocimiento alguno de lo ocurrido en Líbano.

Los modernos artilugios conectados son exactamente igual que los drones. Por razones evidentes, Hezbollah no ha revelado la magnitud de sus pérdidas y, sobre todo, la desorganización de sus estructuras de mando y comunicaciones. La pérdida de su cuartel general y, a su vez, de los comandantes de sus fuerzas de choque, así como de los misiles balísticos, formaron parte del despliegue de nuevas tecnologías para el espionaje y la interceptación de señales electromagnéticas de radio.

Los ataques contra dispositivos de comunicaciones inalámbricas en Líbano son los primeros en la historia de las guerra posmodernas. Ya sea por el uso de radiofrecuencias que provocan el sobrecalentamiento y la posterior explosión de dispositivos alimentados por baterías de iones de litio o polímero de litio, o por la piratería de cadenas de suministro industriales a través de empresas fantasma e intermediarios, los ataques fueron limitados en su alcance para evitar el pánico fuera de Líbano y, sobre todo, el fin de la confianza en los monopolios de las nuevas tecnologías, así como en las empresas que fabrican y venden dispositivos alimentados por baterías de iones de litio o polímeros de litio.

El ataque ha asestado un golpe fatal a ciertas industrias. Los objetivos se centraron, desde una perspectiva propagandística, principalmente en dos tipos de dispositivos utilizados por un grupo de usuarios bastante definido: buscapersonas y walkie-talkies. Se han atacado otros dispositivos, pero los medios de comunicación no les han dado demasiada importancia, ya que desvirtúan la narrativa sobre la que se ha construido la publicidad de productos electrónicos y eléctricos durante las últimas dos décadas.

Los ‘accidentes’ no suceden por casualidad

Como venimos diciendo, la “seguridad nacional” ha sustituido a la “mano invisible” de los mercados. La conclusión más obvia es que los “accidentes” no suceden por casualidad. Se preparan y se planifican cuidadosamente. La dirección tomada por la industria de las baterías y las decisiones en el desarrollo de la electrónica de consumo están orientadas políticamente. La elección de las baterías de iones de litio dista mucho de ser óptima y, de ninguna manera, es la única vía posible para el diseño de otro tipo de baterías.

La elección de baterías no extraíbles en móviles, altavoces y otros dispositivos domésticos destapa consideraciones que van más allá de las comerciales y tecnológicas. Los grandes monopolios digitales las han impuesto como normas generales para el mundo entero, combinadas con el control absoluto de un solo país sobre la informática, los sistemas operativos, los nuevos lenguajes y las emisiones de radio electromagnéticas. De esa manera es posible militarizar uno de los sectores de la industria.

El ataque de Líbano podría haber ocurrido en cualquier otro lugar, sin que se supiera con certeza si se trataba de un ataque de tipo militar o no, como ha ocurrido en la Península Ibérica durante el apagón del mes de abril. Su ocurrencia en Líbano, en medio de la guerra entre Israel y Hezbollah, reveló su naturaleza. En cuestión de minutos y en dos oleadas sucesivas con 24 horas de diferencia, decenas de personas murieron y miles más resultaron heridas por la explosión de sus dispositivos inalámbricos.

Este tipo de ataque, calificado de terrorista por Líbano, debió de probarse en un laboratorio y luego a escala real, probablemente dirigido contra sistemas pertenecientes a países que no podrían haber sospechado nada. Los “accidentes” ocurren a diario y, a menudo, es prácticamente imposible determinar con precisión las causas reales de algunos de ellos, ya sean industriales, aéreos o de otro tipo. Nadie ha podido descubrir aún qué sucedió con el vuelo MH370 de Malaysia Airlines y sus desafortunados pasajeros el 8 de marzo de 2014.

El dominio del espectro electromagnético

El dominio del espectro electromagnético precede al de internet y es exclusivo e inherente a la hegemonía estadounidense, ya que es más importante que los espacios aéreo, marítimo y espacial de ese país. Eso explica el bloqueo tecnológico de China y la negativa categórica de Washington a compartir un monopolio exclusivo que no puede transferir a nadie. Son otros países usuarios de internet los que se convierten en personajes pasivos de ese espacio, y no al revés. De ahí las inmensas, pero no insuperables, dificultades que enfrentan países como China y Rusia para liberarse de una matriz que pertenece a un actor que se considera su adversario y no duda en utilizar su monopolio para obtener ventajas comparativas en lo que considera una guerra para mantener su hegemonía mundial.

Hezbollah no se equivocó al optar por mecanismos de comunicación de bajo coste para escapar de la trampa de la vigilancia de los móviles e internet. Lo que no sabía es que los dispositivos elegidos incluían un elemento armado (baterías de iones de litio) que podía activarse a distancia. La guerra de Oriente Medio es un claro ejemplo de cómo serán las próximas. Ciertos objetos de uso cotidianos, que se han convertido en indispensables y adictivos, son bombas de relojería preparadas para sembrar el terror en cualquier momento.

Por eso han propagado el mito del Internet de las Cosas (IoT) que, lo mismo que los drones, son espadas de Damocles que penden sobre las cabezas de millones de usuarios. El hogar es inteligente y está conectado a internet, lo mismo que la alarma de “seguridad”. Pueden vigilar el interior desde tu móvil. La iluminación se conecta y controla mediante una aplicación que utiliza un servidor a miles de kilómetros de distancia. El reloj de pulsera ya es “inteligente” y está conectado a internet. El coche también está conectado y la conducción es “inteligente”. En casi ninguna vivienda falta una televisión conectada, un ordenador portátil con batería o una consola de videojuegos. Las bicicletas y los patinetes ya son eléctricos y están conectados. Los walki-talkis son dispositivos obsoletos, pero aún los utilizan la policía, los bomberos y las unidades de emergencia. Lo mismo ocurre con los buscapersonas, los bipers y los receptores GPS.

Lo ocurrido en Líbano es solo la punta del iceberg. Israel y sus socios creyeron necesario revelar al mundo un recurso técnico secreto, cuya sola mención condenaba a su divulgador a acusaciones de “conspiranoia”. Fue una admisión de debilidad. Cualquier nueva tecnología que no se explote hábilmente para ganar una guerra se vuelve contra su poseedor. El uso de tecnologías militares punteras siempre ha deslumbrado, como se comprueba con la aparición de la radio y luego del radar, o incluso de los aviones a reacción, los satélites espaciales y la bomba atómica.

La pérdida de confianza en los monopolios digitales

La consecuencia del empleo de estas técnicas es la destrucción irreversible de la confianza en ellas, en la información y la comunicación, impactando así en los enormes ingresos generados por una industria integrada dentro de los aparatos militares de Estados Unidos. Una persona no entiende por qué debe gastar más de mil euros en un móvil de alta gama con obsolescencia programada, que proporciona a su propio gobierno y a otros las mejores herramientas del mercado para rastrear, geolocalizar, robar sus datos y escrutar sus movimientos. Mucho menos puede aceptar pagar la misma cantidad por un dispositivo capaz de transformarse en una bomba controlada remotamente, que puede activarse para destruirlos con una simple orden de radiofrecuencia, algo que ya se está experimentando en España con las riadas, tanto si son verdaderas como falsas.

Los múltiples bloqueos a China demuestran que los países han perdido la confianza en las cadenas de suministro industriales y comerciales mundiales. También desconfían de los productos con un alto coeficiente tecnológico añadido, y esta tendencia se acentuará aún más cuando se trate de productos sensibles o sistemas de armas. Las razones esgrimidas en el pasado por muchos países no alineados para su negativa a comprar sistemas de armas occidentales están justificadas. Estas armas, en particular los aviones de combate y los misiles, permanecen bajo control mediante puertas traseras y sistemas de autodestrucción ocultos.

El progreso de las fuerzas productivas se ve deliberadamente restringido por consideraciones militares. Debido a la creciente adicción a los smartphones y objetos conectados entre todos los segmentos de la población mundial, es muy posible que nadie pueda prescindir de estos dispositivos, incluso siendo conscientes de los riesgos asociados a su uso. Algunos incluso aceptarán que su móvil les explote en la cara.

Es una hipnosis colectiva parecida a la de la pandemia de 2020. Los dispositivos conectados han usurpado la vida cotidiana. Incluso en las calles son mayoría los que caminan pegados a un móvil.

Las maniobras militares ‘Dacian Fall 2025’ de la OTAN mantienen la tensión en Europa oriental

Las relaciones entre la OTAN y Rusia siguen siendo tensas, con un clima de incertidumbre en Europa oriental. Por parte de la OTAN no hay ningún interés en relajar la situación. Todo lo contrario. Quiere estrechar filas y demostrar a Rusia que es capaz de actuar rápida y coordinadamente en cualquier situación.

Desde el lunes diez miembros de la Alianza participan en el ejercicio “Dacian Fall 2025”, desplegado en varias sedes de Rumanía y Bulgaria. El despliegue demuestra que la OTAN combina la preparación militar con la estrategia política.

Las maniobras involucran a más de 5.000 soldados y unos 1.200 vehículos, distribuidos en diferentes áreas para simular diversas situaciones operativas.

Entre los participantes se encuentran los miembros fundadores de la OTAN, Francia, Italia y Portugal, así como miembros más recientes como Macedonia del Norte. El ejercicio tiene como objetivo poner a prueba la coordinación entre los aliados y verificar la capacidad de las fuerzas para moverse con rapidez, proporcionando al mismo tiempo el apoyo logístico necesario para operaciones complejas.

Desde principios de este año, las provocaciones de la OTAN contra Rusia han aumentado considerablemente, con el pretexto de incursiones de drones y aeronaves rusas en el espacio aéreo de países miembros de la OTAN, como Polonia, Rumanía y Estonia.

El entrenamiento militar es un mensaje claro: la OTAN no va a reajar el cerco de Europa oriental en ningún momento. Los escenarios probados ayudan a identificar puntos débiles, afinar los intercambios entre unidades y garantizar que todos los miembros puedan actuar en armonía en caso de agresión.

Rusia recicla los misiles antitanque soviéticos para combatir los drones

Los drones son una de las herramientras de ataque más poderosas que han aparecido en los campos de batalla de Ucrania. Aún no hay un antídoto eficaz, a pesar de que la Unión Europea quiere construir un “muro antidrones” y no tiene la más remota de idea de la manera de hacerlo.

En la guerra entre Rusia y Ucrania, ambos bandos se esfuerzan por desplegar sus más recientes descubrimientos tecnológicos. El último anuncio ruso es un misil antitanque adecuado contra los drones Baba Yaga (1).

Pero no es tan nuevo sino una nueva versión del misil antitanque Vikhr, diseñado al final de la era soviética, en la década de los ochenta, señala Defense Express (2). Según la empresa Kalashnikov, que supervisa su producción, el proyectil tiene una capacidad de defensa modernizada que permite neutralizar los ataques occidentales.

Cuando se introdujo en 1985, el Vikhr ya estaba equipado con tres tipos de cohetes: combinados, de impacto y de proximidad. Este último, que se supone que aumenta su eficiencia contra aviones o helicópteros, ofreció un alcance de cinco metros. En otras palabras, el nuevo arma antidrones existió hace casi cuarenta años; es un proyectil reciclado.

En una entrevista transmitida por los medios rusos, Alan Lushnikov, director de Kalashnikov, aseguró que el trabajo de diseño se completó y que el misil solo requería pruebas de vuelo antes de que entrara en producción.

El Vikhr utiliza una guía láser semiactiva y puede ser disparado desde los helicópteros de ataque Mi-28NM o Ka-52. Con un alcance de unos diez kilómetros, sigue siendo formidable contra los vehículos blindados, pero está por ver si ofrece las mismasa prestaciones ante los enjambres de drones ucranianos, ahora capaces de saturar las defensas más sofisticadas.

Rusia no es la única que prueba las armas existentes contra los drones. Ucrania. El ejército de Estados Unidos ha adaptado cohetes APKWS de 70 milímetros para este propósito. Pero la diferencia es notable: estos disparos se realizan desde plataformas terrestres o aviones de ala fija.

Al resucitar el Vikhr, Moscú está tratando de imitar una tendencia mundial, pero a partir de equipos antiguos.

(1) En la cultura eslava Baba Yaga es una bruja malvada. Surca los aires creando tempestades a su paso. A menudo acompaña a la muerte en sus viajes, devorando las almas de las personas. Coloquialmente los rusos llaman así a cierto tipo de drones ucranianos.
(2) https://en.defence-ua.com/industries/russia_pushes_35_year_old_vikhr_atgm_as_innovative_upgrade_for_shooting_down_uavs-15600.html

Nueva cumbre entre Estados Unidos y Rusia para alcanzar la paz en Ucrania

El jueves Trump y Putin charlaron por teléfono durante casi dos horas, aunque en sus declaraciones públicas el estadounidense se había mostrado poco conciliador el ruso. “También dedicamos mucho tiempo a hablar sobre el comercio entre Rusia y Estados Unidos una vez finalizada la guerra con Ucrania”, declaró Trump.

El Kremlin describió el intercambio como “extremadamente franco y de confianza”, seguido de otro entre diplomáticos de ambos países y, finalmente, el anuncio de una nueva cumbre en Budapest. “Hemos acordado una reunión de nuestros asesores principales la próxima semana”, declaró Trump. La delegación estadounidense estará encabezada por el secretario de Estado, Marco Rubio

La reunión podría tener lugar en dos semanas, según Trump, que calificó la Guerra de Ucrania como “ignominiosa”. Trump recibió ayer a Zelensky en la Casa Blanca para informarle de su conversación con Putin.

Trump y Putin se reunieron en Alaska el 15 de agosto y los repetidos ataques ucranianos posteriores han sido una provocación para acabar con cualquier posibilidad de llegar a un acuerdo.

Los medios insisten en el bulo de que Ucrania va a pedir misiles Tomahawk para seguir atacando objetivos en el interior del territorio ruso. En realidad, lo que pretende es vender drones en forma de “acuerdo de cooperación militar”.

Ucrania también podría importar gas natural licuado estadounidense y ejercer de vendedor ambulante, ayudando a las empresas estadounidenses a exportarlo a Eslovaquia y Hungría a través de su infraestructura de oleoductos.

Por su parte, el senador John Thune habló el jueves con su colega Lindsey Graham para volver al fracasado asunto de las sanciones, esta vez en forma de proyecto de ley para imponer aranceles del 500 por cien a los países que compren petróleo o gas ruso.

El proyecto de ley cuenta con el apoyo de una mayoría de senadores, pero lleva meses esperando porque Trump no ha dado luz verde. El presidente estadounidense adelantó que India había acordado dejar de comprar petróleo ruso, pero el gobierno de Nueva Delhi declaró desconocer dicho acuerdo.

Trump no está dispuesto a acceder a las exigencias ucranianas

Los misiles de largo alcance Tomahawk serían el arma ideal para atacar a Rusia en profundidad. Pueden recorrer 2.000 kilómetros y alcanzar sus objetivos con cierta precisión. Los europeos podrían comprarlos para dárselos a Ucrania, siempre que Washington dé luz verde.

“Es una guerra tecnológica”, donde se necesitan “miles de drones” y Tomahawks, explicó ayer Zelensky. “Ucrania produce miles de drones, pero no tenemos Tomahawk, por eso los necesitamos”. Estados Unidos “puede tener miles de drones”, añadió. “Podemos trabajar juntos y fortalecer la producción estadounidense”.

El presidente ucraniano también anunció que se había reunido con empresas energéticas estadounidenses para tratar posibles acuerdos, como la importación de gas, “y están dispuestas a ayudarnos”.

También mantuvo reuniones con importantes grupos militares. “Hablamos de defensa aérea, y después quiero explicarle en detalle nuestra postura”, declaró Zelensky.

Trump respondió que estaría interesado en los drones ucranianos, pero inmediatamente restó importancia a este interés asegurando que Estados Unidos tenía “muchos drones”, ya fueran de fabricación local o adquiridos de otros países. “No hay nada como los aviones de combate”, continuó, elogiando los B52 estadounidenses.

Pero tambien reconoció que no quería provocar a Rusia equipando a Ucrania con misiles de largo alcance, al menos no de inmediato. “Es un arma muy poderosa, pero muy peligrosa; podría significar una escalada”, dijo. El presidente ruso lo dejó claro el jueves durante su conversación telefónica.

Después de todo, la nueva doctrina es “Estados Unidos primero” y no podemos “ceder lo que necesitamos para proteger a nuestro país”, continuó Trump.

Tras la reunión con Zelensky, el presidente estadounidense no mencionó los Tomahawks en el mensaje que publicó. Reconoció que ha acordado otra cumbre en Hungría con Putin dentro de dos semanas.

“No estamos hablando de la OTAN”, porque “son los aliados quienes deben decidir dónde estamos”, admitió Zelensky por su parte, mientras que Washington no quiere que Ucrania se una a la Alianza militar. “La OTAN es la mejor, pero las armas son importantes, tener aliados de nuestro lado es muy importante, y tener garantías de seguridad bilaterales entre el presidente Trump y yo es muy importante”, añadió el presidente ucraniano.

La flota mercante china se abre paso a través del Ártico por primera vez

La flota mercante china ha completado su primer envío de contenedores a Europa a través de la Ruta Marítima del Norte, que cruza el Ártico ruso. Este tránsito, facilitado por la flota rusa de rompehielos de propulsión nuclear, ha reducido los tiempos de transporte casi a la mitad en comparación con las rutas marítimas del sur a través del Estrecho de Malaca y el Canal de Suez.

El buque de 25.000 toneladas llegó al puerto de Felixstowe, en Reino Unido, tras una travesía de 20 días desde Ningbo (China) y se espera que haga escala en los centros europeos de Roterdam y Hamburgo antes de llegar a San Petersburgo. Si bien la Ruta Marítima del Ártico reduce significativamente los tiempos de transporte, sus implicaciones estratégicas son particularmente significativas, dadas las considerables inversiones realizadas por las armadas estadounidenses y occidentales para imponer el bloqueo en alta mar contra China mediante el control del Estrecho de Malaca y otros puntos críticos.

Como ruta de transporte alternativa que evita las aguas controladas por Occidente, la Ruta Marítima del Ártico podría socavar significativamente los esfuerzos occidentales por impedir el comercio chino. Las armadas occidentales, en particular la estadounidense, han utilizado en el pasado su capacidad de proyección marítima para confiscar cargamento civil de estados adversarios y ejercer presión económica.

Un ejemplo notable de la piratería occidental actual son los ataques contra petroleros iraníes, cuya carga fue recuperada por la Armada estadounidense y revendida a Irán sin compensación. En 2020 el Instituto Naval de Estados Unidos propuso reclutar corsarios, una especie de piratas mercenarios, para atacar de forma similar a buques civiles chinos si, las relaciones se deterioraban aún más. Otros ejemplos de este tipo de acciones se han dirigido con mayor frecuencia contra buques norcoreanos e iraníes y se han llevado a cabo sistemáticamente.

Como hemos explicado, Rusia ha desplegado nueve rompehielos de propulsión nuclear, cuatro de ellos de última generación, para garantizar la navegación durante todo el año a lo largo de la Ruta del Ártico, lo que debería generar ingresos considerables. Estos buques crean canales a través del hielo, lo que permite a los buques de carga convencionales utilizar el paso. Si bien es más seguro que otras rutas, el Ártico es un punto de tránsito preferente para los países del bloque occidental, que buscan aumentar su presencia allí, lo que también podría poner en peligro el transporte de mercancías en la región. La posibilidad de un despliegue de fuerzas chinas para reforzar la seguridad marítima en el Ártico ruso se ha debatido anteriormente, aunque Rusia ya ha incrementado significativamente su presencia militar en la zona.

Los estrategas navales de imperialismo tratan de encontrar maneras de contrarrestar el creciente poder de la armada china. La solución más trillada es exigir más buques y aeronaves, pero con un presupuesto de defensa que ha alcanzado su límite, esa solución podría no ser viable. La piratería, autorizada mediante patente de corso, podría ser una herramienta de bajo costo para mejorar la disuasión y obtener ventaja en tiempos de guerra. Abordaría una vulnerabilidad asimétrica de China, cuya flota mercante ya es mucho mayor que la de Estados Unidos. De hecho, un ataque al comercio internacional de China socavaría su economía.

La tercera guerra mundial contra Rusia se adelanta a 2028

El comandante de una unidad de inteligencia ucraniana, Denis Yaroslavsky, afirma que el espionaje británico pronostica una tercera guerra mundial con Rusia a partir de 2028. Toda Europa del este quedará envuelta en llamas. Rusia no se detendrá, afirmó el oficial ucraniano.

Están haciendo todo lo posible para que la profecía se cumpla. Por ejemplo, artículos recientes han abogado por una intervención occidental cada vez mayor, al mismo tiempo que los aliados europeos han admitido que mantienen conversaciones sobre algún tipo de campaña de intervención aérea para ayudar a Ucrania (1).

Otra opción propuesta por un grupo de altos dirigentes políticos y militares occidentales es desplegar un muro antiaéreo sobre el oeste de Ucrania para derribar misiles y drones rusos, con la posibilidad de extender este escudo —una zona de exclusión aérea efectiva— sobre Kiev.

En Estonia estalló la histeria tras el avistamiento de “hombrecillos verdes” rusos en la frontera: “Hemos detectado grupos armados involucrados en actividades sospechosas. Claramente no son guardias fronterizos, y la situación representa una amenaza real”, declararon los guardias fronterizos estonios.

Kaja Kallas ha declarado que Rusia está “jugando con la guerra” tras una serie de incursiones de drones y cazas en el espacio aéreo de la Unión Europea. La OTAN ha reforzado la defensa antiaérea a lo largo de su flanco oriental, acusando a Moscú de poner a prueba a los miembros de la Alianza mediante cruces repetidos de fronteras con drones y una reciente incursión de aviones en territorio de Estonia. “Cada vez que un dron o avión ruso viola nuestro espacio aéreo, existe un riesgo de escalada”, declaró Kallas, que insta a Europa a “convertir su poder económico en disuasión militar”.

Pero la intimidación sicológica se agota a fuerza de repeticiones. Las campañas ya no logran el efecto deseado y el bulo ha quedado al descubierto. Lo mismo está ocurriendo con la “flota fantasma”. Francia inmovilizó un “buque ruso” que lanzaba drones hacia Europa.

Las imágenes parecían el rodaje una película de alto presupuesto: comandos franceses enmascarados atracando junto a un petrolero oxidado, fusiles de asalto en mano y la búsqueda de pruebas de que el barco había sido responsable del lanzamiento de drones rusos sobre aeropuertos daneses.

Dos días después, tras el regreso de Macron de la cumbre europea de Copenhague, el buque reanudaba discretamente su viaje. El capitán del barco fue acusado de desobedecer las órdenes de la Armada francesa de hacer escala. Como cabía esperar, no encontraron ninguna prueba de su participación en los drones que supuestamente sobrevolaron el aeropuerto de Copenhague el 30 de septiembre.

Los grandes medios de comunicación se han cansado de este tipo de fantasmadas. El diario Spectator denuncia la “flota fantasma” como un fraude ridículo (2). La compra y venta de petróleo ruso ni siquiera está prohibida. La “flota fantasma” alude a petroleros que enarbolan pabellones con escasa regulación y no están asegurados en Londres, sino que cuentan con pólizas suscritas por aseguradoras rusas, indias o chinas.

“Las incursiones de comandos [franceses] dan mucho que hablar en la televisión. Pero solo distraen del verdadero problema: los consumidores europeos de energía siguen siendo los principales financiadores de la maquinaria de guerra de Putin”, concluye el diario.

(1) https://www.telegraph.co.uk/world-news/2025/09/30/why-russia-is-testing-nato-now/
(2) https://www.spectator.co.uk/article/the-shadow-fleet-tanker-raid-was-pure-theatre/

Hacia la congelación de la Guerra de Ucrania

La reciente cumbre en Copenhague demostró una vez más la brecha entre la retórica cada vez más agresiva hacia Rusia y la práctica ausencia de resultados operativos, como el proyecto del “muro antidrones”.

Los dirigentes europeos se encaminan hacia la congelación de la Guerra de Ucrania, que se libra más bien en el plano político y comunicacional, y no en los campos de batalla.

Posponer el fin de la guerra de manera indefinida parece ahora un mal menor, teniendo en cuenta las narrativas, oportunidades políticas y económicas que se abren en tal caso.

En cuanto a las narrativas, un conflicto congelado le permite a Europa evitar dos reconocimientos que conducen a la inestabilidad política: el éxito militar de Rusia y el fracaso del proyecto “Ucrania”, concebido en Washington mucho antes de la invasión como una herramienta de desgaste estratégico de Moscú.

Reconocer esto hoy equivale a anular años de movilización política y mediática, creando una crisis de confianza en las instituciones europeas y atlánticas que construyeron su consenso interno sobre dicha narrativa. Mantener una guerra “abierta pero manejable”, por el contrario, permite controlar el daño narrativo y evitar el reconocimiento formal del resultado militar precisamente porque la guerra técnicamente aún continúa.

En el plano político, Europa recurre a la táctica clásica de utilizar crisis externas para distraer la atención de los problemas internos. Keir Starmer en Reino Unido, Macron en Francia y Friedrich Merz en Alemania, no por casualidad los miembros más activos de la llamada “coalición de los implicados”, son simultáneamente aquellos que poseen la legitimidad interna más frágil.

Igor Pellicciari https://globalaffairs.ru/articles/konflikt-i-ritorika-pellichchiari/

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