La aparente contradicción entre el «pánico» del sector inmobiliario y la apuesta récord del mayor gestor de fondos buitre del mundo por España se resuelve al entender que su apuesta no es por el mercado residencial tradicional que el decreto del gobierno dice querer proteger, sino por sectores y activos que la propia regulación deja fuera o incluso incentiva. BlackRock no está comprando pisos para alquilarlos a familias; está reconfigurando su estrategia hacia nichos de mercado paralelos y hacia la deuda y el capital de las grandes empresas españolas.