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Categoría: Espionaje (página 12 de 13)

La mayor organización de narcotraficantes del mundo: la CIA

Son hechos probados y reconocidos. La CIA financió a los sicarios de los dictadores sudamericanos, guerrillas como la Contra, con el tráfico de drogas. La demanda que había desatada en Estados Unidos, su propio país, como consecuencia de la crisis del petróleo y las primeras políticas neoliberales, fue una oportunidad que no dejaron pasar. El documental “Crack: Cocaine, Corruption & Conspiracy” explica este episodio histórico que hizo que EE.UU. pasase de 300.000 reclusos en 1980 a más de dos millones en la actualidad.

La serie de FX que ha distribuido HBO, Snowfall, es un thriller mafioso con todos los clichés del género, bastante entretenido, situado en los barrios de Los Ángeles desde donde empezó a extenderse el consumo de crack. La película “Kill the messenger” contaba la historia del periodista que destapó el tráfico de drogas en el que estaba involucrada la CIA para financiar guerrillas contrarrevolucionarias en América Latina. Un reportero, Gary Webb, que fue difamado públicamente, perdió su empleo y apareció muerto en un supuesto suicidio; supuesto pues tenía dos tiros en la cabeza, aunque había enviado cartas a sus familiares anunciando sus planes y despidiéndose.

Ahora Netflix contraataca sin ficción. Con un documental, “Crack: Cocaine, Corruption & Conspiracy”, en el que pone en perspectiva el daño que sufrió la comunidad afroamericana cuando se extendió el consumo de crack. Es un gran reportaje porque sitúa la gravedad del fenómeno en los factores complejos: Uno, la desigualdad económica y la pobreza extrema; dos, unos medios de comunicación irresponsables; tres, políticos oportunistas, y cuatro, la criminalización de sectores de la población por el color de su piel.

La solución que se dio a la segunda crisis del petróleo fue la sociedad dual. A unos sectores de la población les va bien o aceptablemente y a los que no, quedan excluidos y abandonados a su suerte, igual que sus hijos y nietos. Concretamente, el documental denuncia la eliminación de la ayuda social de medio millón de personas, los cupones de comida a un millón y los programas de comedor infantil a 2,6 millones de niños.

Esta situación coincidió con el auge de la cocaína como droga recreativa y el descenso de su precio cocinada para venderla en base. Por primera vez era asequible para las capas populares. En familias donde no había ingresos, un menor de edad pasando crack podía ganar en media hora lo mismo que en meses trabajando en el McDonald’s, donde a su sueldo mínimo de 3,5 dólares la hora, tenía que descontarle los impuestos. Fue dinero fácil para muchos de ellos y se lanzaron a su comercio sin pensar en las consecuencias. Antiguos camellos entrevistados en el documental dicen que se convirtieron en “capitalistas callejeros” y citan casos como llegar a venderle crack a sus propias madres. Un chaval espabilado solo necesitaba 200 dólares para invertir en cocaína, cocinarla y empezar así su negocio.

Tanto dinero supuso la adquisición muchas armas y las batallas entre bandas de traficantes se convirtieron en enfrentamientos entre, prácticamente, señores de la guerra. La policía también se corrompió. Salían de casos como su involucración en el tráfico de heroína de Nueva York en los 70 y volvían a meterse en otra.

Con los cadáveres tirados en la calle, los medios entraron en escena. Siguió una campaña sensacionalista como pocas que puso el acento en personajes tan dispares como las embarazadas negras. Lograron que fueran acusadas de facilitar drogas a menores a través del cordón umbilical y que muchos médicos se dedicasen a denunciar a toxicómanas en estado en lugar de asistirlas. Entretanto, la CIA era partícipe del lucrativo negocio de esa demanda de cocaína para financiar a los sicarios de las dictaduras latinoamericanas de espaldas al Congreso, que no daba su aprobación.

El resultado fue la criminalización de toda la comunidad afrocamericana. Estaban incontrolados porque se metían crack, se metían crack porque estaban incontrolados. Esta neurosis llevó a los políticos a iniciar una competición por la mano dura en las elecciones de 1986. Con leyes como la “Antidrug abuse act” se imponían penas de cárcel según los gramos que se llevase encima, pero con cierta desproporción. Un gramo de crack era un año de cárcel, como cien gramos de cocaína. La nueva ley estaba dirigida a un colectivo y la policía, básicamente, solo actuaba sobre él. Un código penal similar al de la Ley Seca, que también tenía una faceta racista al estar dirigida sobre todo a los trabajadores católicos, como los italianos, alemanes e irlandeses.

Bush y Clinton continuaron con esa espiral de mano dura. Se militarizó a la policía y se llenaron las cárceles hasta alcanzar los niveles más elevados del mundo en una supuesta democracia. Un documental de Ava DuVernay analizó este fenómeno en un extraordinario documental, 13th , en el que enlazaba la “War on drugs” (guerra contra las drogas) con el auge de las cárceles privadas, el trabajo de los presidiarios y los beneficios que obtienen de él grandes empresas, conformando un sofisticado sistema de pura y llana esclavitud que afecta, fundamentalmente, a negros y latinos.

La paradoja es que en la actualidad, cuando la epidemia de opioides ha afectado a la clase trabajadora blanca, los medios la han tratado en términos sanitarios, no criminales, denuncian los entrevistados. Por eso no es casual que Dave Chappelle comentara en uno de sus últimos monólogos que cuando ha visto a tanto blanco enganchado a la heroína por fin ha podido saber lo que sentía un blanco, porque, decía: “me da igual”.

—https://valenciaplaza.com/un-documental-sobre-como-el-crack-asolaba-las-comunidades-negras-mientras-la-cia-traficaba<

Más información:
– La CIA llenó de drogas los barrios pobres de Los Ángeles

Trump emprende un purga a fondo de la cúpula del espionaje estadounidense

Le ha costado pero, al fin, Trump ha emprendido la purga de la cúpula del espionaje estadounidense, que ha quedado “decapitada”, decía ayer The Guardian. No ha podido hacerlo en cuatro años y ha esperado que la atención estuviera fija en el coronavirus y a que las elecciones se le echaran encima.

El viernes destituyó a Michael Atkinson, inspector general de eso que en Estados Unidos llaman la “comunidad de inteligencia”, que no ha tenido bastante con desestabilizar a los países del Eje del Mal, y se metió a desestabilizar el suyo.

Trump le nombró y Trump le ha destituido. A los demócratas y la prensa les ha faltado tiempo para denunciar el oportunismo del Presidente.

Atkinson se enfrentó a Trump por el montaje de Ucrania, pero no se enfrentó a Biden y a su hijo por los negocios que tenían en su sucursal de Kiev, como ya hemos explicado en varias entradas anteriores.

Biden acudirá a las próximas elecciones presidenciales en representación del Partido Demócrata y la troika golpista (espías, prensa, demócratas) quiere echar tierra encima del candidato cargando contra Trump.

También ha salido por la puerta de atrás el director en funciones de la inteligencia nacional, Joseph Maguire, que ha sido reemplazado por un perrito faldero de Trump: Richard Grenell.

Trump planea colocar a Steve Feinberg, un especulador multimillonario y aliado político suyo, como director de inteligencia nacional.

Más información:
— El proceso de destitución iniciado contra Trump salpica el presente y el pasado de Ucrania
— Elecciones y guerra sucia: comienza la carrera electoral hacia la Casa Blanca

La CIA falsificó los informes sobre el ‘Caso Skripal’ para incentivar una política agresiva hacia Rusia

La directora de la CIA y reina de la tortura, Gina Haspel, mintió a Trump para impulsar una política más agresiva hacia Rusia.

En marzo de 2018 el gobierno británico afirmó, sin aportar pruebas, que el supuesto envenenamiento de Serguei y Julia Skripal con Novichok fue organizado por Rusia. Luego instó a sus aliados a expulsar a los funcionarios rusos que hubiera en el país.

Sólo Estados Unidos expulsó a 60 funcionarios rusos. Trump se enfureció al enterarse de que los países de la Unión Europea habían expulsado a menos de 60 en total. Hace un año, el Washington Post describió la escena gráficamente (1).

Trump parecía distraído en marzo cuando sus asistentes le informaron en su casa de vacaciones en Florida, del plan del gobierno de expulsar a 60 diplomáticos rusos por espionaje.

Estados Unidos, explicaron, expulsaría a casi el mismo número de rusos que sus aliados europeos, como parte de un esfuerzo coordinado para castigar a Moscú por envenenar en suelo británico a un antiguo espía ruso y a su hija.

Entonces Trump ordenó expulsar al mismo número que los europeos, según un alto funcionario del gobierno. “Nosotros no tomamos la iniciativa. Nos ajustaremos a sus números”.

Al día siguiente, cuando anunciaron públicamente las expulsiones, Trump explotó. Para su consternación, Francia y Alemania sólo expulsaron a cuatro funcionarios rusos, mucho menos de los 60 de los que su gobierno había decidido.

El Presidente, que parecía creer que otros países, individualmente, igualarían en gran medida a Estados Unidos, estaba furioso de que su gobierno fuera presentado en los medios de comunicación como el que tenía, con mucho, la posición más dura hacia Rusia.

El incidente refleja una tensión en el corazón de la posición cada vez más agresiva del gobierno de Trump hacia Rusia. El Presidente se había opuesto instintivamente a muchas de las medidas punitivas impuestas por su gabinete que han paralizado su capacidad para forjar una relación estrecha con el Kremlin.

Ha habido expulsiones masivas de diplomáticos rusos, sanciones contra oligarcas que han costado miles de millones de dólares a la economía rusa y, por primera vez, un twit presidencial criticó a Putin por su nombre por su apoyo al dirigente sirio Bashar Al-Assad.

El martes el New York Times pintaba (2) un cuadro de las relaciones entre Gina Haspel y Trump. Los autores parecen estar de acuerdo con su posición y la de la CIA. Esto incluye una anécdota sobre esta decisión de expulsión en relación con el Caso Skripal, que demuestra que la CIA manipuló al presidente para su propio propósito.

En marzo pasado, altos funcionarios de seguridad nacional se reunieron en la Casa Blanca para discutir con Trump la respuesta al ataque contra Serguei Skripal, el antiguo agente de inteligencia ruso, en Gran Bretaña.

Londres estaba presionando a la Casa Blanca para que expulsara a docenas de presuntos agentes rusos, pero Trump se mostró escéptico. Durante la discusión, Haspel, entonces directora adjunta de la CIA, se dirigió a Trump. Esbozó las posibles respuestas con voz discreta pero firme, luego se inclinó hacia adelante y le dijo al presidente que la opción fuerte era expulsar a 60 diplomáticos.

Para persuadir a Trump, los funcionarios, incluida Haspel, también trataron de demostrarle que Skripal y su hija no eran las únicas víctimas del ataque ruso.

Haspel mostró fotografías, proporcionadas por el gobierno británico, de niños pequeños hospitalizados después de haber sido envenenados por el agente nervioso Novichok, el mismo que afectó a los Skripal. Luego mostró una fotografía de patos que, según los británicos, habían sido asesinados inadvertidamente a causa del descuidado trabajo de los espías rusos.

Haspel no fue la primera en utilizar imágenes en movimiento para motivar al Presidente, pero combinarlas con su realismo sin concesiones resultó ser eficaz: Trump se centró en las fotos de niños enfermos y patos muertos. Al final de la sesión informativa, adoptó la opción más dura.

No hay ningún informe sobre niños afectados por Novichok ni patos muertos. En la historia oficial, antes de ir al restaurante, los Skripal dieron pan a los patos en un estanque de Queen Elizabeth Gardens de Salisbury. También dieron pan a tres niños para que pudieran alimentar a los patos. Los niños fueron examinados y se les hizo un análisis de sangre.

No se encontró veneno y ninguno de ellos enfermó. Ningún pato murió. El episodio sobre la alimentación de los patos también refuta la afirmación de que los Skripal fueron envenenados al tocar el pomo de una puerta.

Si el artículo del New York Times es correcto, la directora de la CIA, en cooperación con el gobierno británico, mintió a Trump sobre el incidente. Su objetivo era sabotear la política de Trump de mejorar las relaciones con Rusia. El truco funcionó.

El New York Times no dice que las fotos que Gina Haspel mostró a Trump fueran falsas. Afirma que sus mentiras eran “información nueva” y que ella no estaba allí para manipularla.

Es un ejemplo de que Haspel es una de las pocas personas que puede cambiar la posición de Trump sobre la base de “información nueva”.

Los colegas y amigos de Haspel rechazan la idea de que ella manipulara al presidente. Por el contrario, ella trató de que la escuchara y de protejer a la CIA, según antiguos funcionarios de inteligencia que la conocen.

El trabajo de la directora de la CIA es servir al Presidente, no proteger las políticas internas de la centrl. Esperemos que Trump despida a Haspel. También debería deshacerse de su protector, Pompeo, que probablemente desempeñó algún papel en este juego.

Haspel se ganó la confianza de Pompeo y permaneció leal a él. Como resultado, Trump ve a Haspel como una extensión de Pompeo, una perspectiva que ayuda a protegerla, han declarado varios funcionarios de inteligencia.

(1) https://www.washingtonpost.com/gdpr-consent/?destination=%2fworld%2fnational-security%2ftrump-a-reluctant-hawk-has-battled-his-top-aides-on-russia-and-lost%2f2018%2f04%2f15%2fa91e850a-3f1b-11e8-974f-aacd97698cef_story.html
(2) https://www.nytimes.com/2019/04/16/us/politics/gina-haspel-trump.html

¿Mantuvo el espionaje francés a la multinacional Lafarge en Siria para financiar a los yihadistas?

Los servicios secretos franceses ¿son co-responsables de mantener a la multinacional cementera Lafarge en Siria hasta 2014 para financiar a los grupos yihadistas? Frente a los jueces, un oficial de inteligencia ha admitido que llevaron a cabo una recogida de información “oportunista” y “cínica”, pero aseguró que no había dado “ninguna instrucción” a la empresa.

“Operamos de manera totalmente oportunista, aprovechando su presencia continuada, pero nadie les pidió que se quedaran”, dijo un policía de la Dirección General de Seguridad Interior (DGSI), entrevistado el 4 de octubre por la jueza de instrucción Charlotte Bilger, en una audiencia.

“Mi trabajo consistía únicamente en recopilar información para detectar a las personas”, en particular a los franceses que partieron a la yihad en Siria, “no dimos instrucciones”, explicó el espía de contacto de Lafarge, que inicialmente se encargó de asesorar a las empresas sobre la protección de sus activos.

“Operamos de una manera totalmente cínica, es cierto. Hay que darse cuenta de que es un trabajo enorme, un trabajo de hormiga, pero es esencial”, justificó el oficial, que ya en abril de 2012 organizó una conferencia para el Comité Ejecutivo de Lafarge.

En ese momento, era la persona de contacto de Jean-Claude Veillard, entonces Director de Seguridad de Lafarge. Este último, un antiguo militar, dijo a los jueces que había transmitido regularmente información sobre la situación en la región a los distintos servicios de inteligencia franceses sin “clasificarla”.

Contactos estrechos, en particular a través de los correos electrónicos archivados, que continuaron durante toda la guerra en Siria. En mayo de 2016 Veillard comió con los sucesores de su contacto en la DGSI.

Pero para el juez encargado de la investigación, “la demostración de que los servicios de inteligencia tenían un conocimiento detallado de las acciones” de Lafarge y sus directivos, “no tiene relación” con la posible responsabilidad penal de la multinacional, por lo que se niega a llevar a cabo audiencias adicionales de espías.

Todas estas audiencias fueron solicitadas por los abogados defensores, en particular porque ponen en duda la imparcialidad de la DGSI, uno de los tres servicios de investigación del caso.

El agente entrevistado el 4 de octubre aseguró que existe una “compartimentación” entre la esfera judicial de la DGSI y la de inteligencia, al tiempo que admitió que su información podría remontar al “más alto nivel”, a su director, “e incluso más allá».

“Eso no cambia el hecho de que Lafarge haya decidido quedarse y negociar con organizaciones terroristas”, ha dicho Marie Dosé, abogada de la ONG Sherpa, acusación particular en este caso. Lafarge “no escapará a su juicio multiplicando el número de juicios de intenciones”.

La multinacional fue procesada en junio por “financiación de una organización terrorista” y “complicidad en crímenes contra la humanidad”. Se calcula que pagó casi 13 millones de euros a través de su filial LCS entre 2011 y 2015 a los grupos yihadistas, incluido el Califato Islámico, para mantener la producción en su planta de Jalabiya mientras el país se hundía en la guerra.

Ocho ejecutivos y gerentes, incluyendo al Presidente Bruno Lafont, han sido acusados de “financiar una organización terrorista” y “poner en peligro la vida” de sus trabajadores. Dos de los intermediarios locales que están en el centro de la investigación, Amro Taleb y Firas Tlass, también tienen una orden de detención.

La investigación plantea interrogantes sobre lo que las autoridades francesas sabían o no de las acciones de Lafarge y sobre si la diplomacia permitió o incluso alentó a la empresa cementera. En la audiencia de este verano, el antiguo ministro de Asuntos Exteriores, Laurent Fabius, aseguró que “nunca se había ocupado” de esta cuestión.

Lafarge, que se fusionó con Holcim de Suiza en 2015, finalmente abandonó su planta de cemento en septiembre de 2014, cuando el Califato Islámico se apoderó de ella.

https://www.romandie.com/news/Scandale-Lafarge-en-Syrie-une-gestion-cynique-et-opportuniste-des-services-secrets/982482.rom

Más información:

— La multinacional francesa Lafarge financió al Califato Islámico para continuar su negocio en Siria
— Lafarge trabajaba en Siria para los servicios secretos de Francia
— La multinacional Lafarge-Holcim confiesa que financió al terrorismo en Siria
— Francia pidió a Estados Unidos que no bombardeara a la empresa que financiaba al yihadismo en Siria

Empresas informáticas creadas y subcontratadas por la CIA: el Caso Palantir

Hace tiempo que las políticas económicas de privatización de servicios públicos llegaron a los ejércitos y al espionaje. La información se compra y se vende y, como toda mercancía, puede ser buena o mala, veraz o fraudulenta.

La CIA es una central adelantada a la subcontratación de todo tipo de tareas de espionaje, para lo cual no se ha limitado acudir al mercado, como cualquier otro cliente o consumidor. No; ha creado las empresas suministradoras, lo que tiene tres explicaciones.

La primera es que al repartir una información entre varios clientes, el precio sale más barato. Las segunda es que la información depende cada vez más del desarrollo de las fuerzas productivas y de la tecnología. Sabe más quien tiene más medios. La tercera es que la información procede cada vez más de lo que los espías califican como “fuentes abiertas”, es decir, información que está a disposición de cualquiera.

Las tres razones conducen de cabeza a internet y a lo que rodea a internet, como las gigantescas bases de datos (“big data”) que se manejan hoy.

Por eso las empresas que se ofrecen para ese tipo de servicios, no son lo que parece. No son ajenas a la CIA sino que son la CIA misma porque, además, al trabajar para varios clientes capturan mucha más información.

En España pronto todo el mundo empezará a hablar de Palantir, una de esas empresas filiales de la CIA, dirigida por Peter Thiel, consejero informático del gobierno de Trump.

Para que se hagan una idea, Thiel fue uno de los primeros inversores de Facebook, uno de los fundadores de PayPal, estuvo en la creación de YouTube, la red LinkedIn, la aplicación Yelp… Cuando se analizan los “grandes éxitos” de internet (“start ups”), lo que aparece es que casi todos ellos fueron creados por las mismas personas, un grupo muy selecto de personajes, como Peter Thiel, todos ellos muy estrechamente relacionados entre sí.

El nombre elegido para la empresa no es ninguna casualidad. Procede de las novelas de J.R.R. Tolkien, autor de “El señor de los anillos”, entre otras, donde la palabra “palantir” no es más que el panóptico de Bentham: “el ojo que todo lo ve”, la bola de cristal que permite predecir el futuro, la vieja la piedra filosofal.

Thiel creó Palantir con dinero de In-Q-Tel, es decir, de la CIA y hay que recordar algo importante: en abril Estados Unidos aprobó la Ley Nube (Clarifying Lawful Overseas Use of Data Act) que obliga a las empresas estadounidenses a informar al gobierno, incluso aunque hayan obtenido la información fuera del país.

Palantir trabaja con grandes monopolios, bancos, aseguradoras y multinacionales, lo mismo que con instituciones públicas, dentro y fuera de Estados Unidos, del tipo de la agencia tributaria, los juzgados o la seguridad social. Trabaja con la policía Nueva Orleans y Los Angeles en los programas de policía predictiva, de los que ya hemos hablado. Tampoco hay que olvidar a tinglados tan sospechosos, como el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación que destapó los Papeles de Panamá (de los que ya nadie se acuerda).

Prologado por el mafioso de Zuckerberg, Thiel escribió un libro en 2015, traducido al castellano (*), que se titula del “Del cero al uno” para dar la impresión de que trata sobre lógica binaria. Lo realmente bueno es el subtítulo, “Cómo inventar el futuro” porque la CIA, y otros organismos parecidos, no sólo tienen la pretensión de conocer el futuro sino de diseñarlo (a su imagen y semejanza). Quieren que en el futuro seamos como ellos quieren.

Es como uno de esos libros de autoayuda tan anglosajones que te enseñan a triunfar en la vida, lo cual consiste en ser un emprendedor, crear una empresa exitosa que rente muchos beneficios. Para ello no tienes más que seguir el manual de instrucciones de Thiel, aunque no te dice nada de asociarte con la CIA. ¿Por que será?

(*) Los más morbosos lo pueden descargar desde este enlace: https://mega.nz/#!S08CWbTT!BDkOcB1X9Cho0u6afnDpuPIUqcmyEc6_GsQg_m2757M

Stark: el papel de la CIA en el tráfico de drogas en Europa

El libro que escribió el sociólogo Giuseppe De Lutiis hace 20 años, “I servizi segreti en Italia” (Los servicios secretos en Italia), es un obra autorizada no tanto por la titulación universitaria del autor como por ser un integrante de los servicios secretos. De Lutiis escribe, pues, desde dentro.

En 1994 le nombraron consultor de una comisión parlamentaria que se formó en Italia para analizar ciertos atentados cometidos por la OTAN/Gladio y sus colegas del espionaje durante los “años de plomo” (1968-1978 aproximadamente).

De Lutiis tuvo la oportunidad de analizar documentación reservada de Estados Unidos que bien podría resumirse en el informe de ROS (Raggruppamento Operativo Speciale), un equipo de los Carabineros, titulado “Apuntes sobre las actividades de guerra psicológica y no ortodoxa llevadas a cabo en Italia entre 1969 y 1974 a través del Aginter Presse”.

Dedica varias páginas a exponer detalles sobre el papel de la CIA en el tráfico de drogas, tanto dentro de Estados Unidos como en Europa, un asunto ya muy conocido que en De Luttis aparece vinculado a la OTAN/Gladio, a los grupos fascistas y, naturalmente, a la mafia, que no es nada distinto de los otros dos.

Además de la mafia, Estados Unidos tiene en común con Italia a un espía de la CIA, Ronald Stark, al que sus jefes encargaron la difusión de las drogas desde los años sesenta dentro de los movimientos progresistas de la costa oeste de Estados Unidos para lograr su desmovilización. Se llamó Operación Luna Azul.

El juez italiano Giorgio Floridia documentó que el origen de Stark era militar. A principios de los años sesenta trabajó en el departamento de “proyectos especiales” del Pentágono y luego, de forma periódica, siguió recibiendo cheques firmados en Fort Lee, en Nueva Jersey, uno de los centros logísticos del ejército estadounidense.

Stark empezó en la costa oeste, de donde pasó a Nueva York y luego saltó a Europa donde no se presentaba como agente de la CIA, ni tampoco como vendedor de drogas. Era un “revolucionario” entregado a “la causa” en cuerpo y alma, sobre todo a la de Palestina. No había mejor salvoconducto. Al mejor estilo de aquella época, el postureo le permitía meter las narices en todo tipo de ambientes y no hacer nada.

La policía italiana le detuvo en febrero 1975 en el hotel más lujoso de Bolonia, donde encontraron mucho dinero en divisas y casi 5 kilos de marihuana, morfina y cocaína. Portaba cuatro pasaportes diferentes, uno de ellos británico bajo el nombre de Terrence W. Abbott.

Lo interesante del caso es que el pasaporte era genuino, pero la historia de quién se lo dió nunca se divulgó, ni falta que hace, porque es obvia la condición de una institución que puede expedir un pasaporte auténtico que es falso (o al revés).

No obstante, la policía no tardó en descubrir su verdadera identidad. Había nacido en Nueva York el 9 de abril de 1938, era propietario de dos granjas en California y un “holding” en Liechtenstein, aunque lo más jugoso era su centro de investigación biomédica en Le Clocheton, Bélgica, la tapadera de un laboratorio de la CIA para la fabricación de LSD. En sólo dos años, según el informe de ROS, el laboratorio había fabricado 50 millones de dosis de LSD.

Como buen espía, además Stark tenía una caja fuerte en una sucursal romana del Banco Comercial, donde la policía encontró documentación para la síntesis del LSD, además de cálculos para el envío y siembra de semillas de marihuana y cristales de LSD que entonces no eran muy conocidos. En una ampolla había algo no identificado, quizá una muestra de THC, el principio activo del cáñamo.

Otro tipo de documentos de la caja fuerte probaban la relación de Stark y de la CIA con la escoria italiana: el antiguo presidente de la Junta Minera Siciliana, el mafioso Graziano Verzotto, el procónsul de Andreotti y de la democracia cristiana, Salvo Lima, el príncipe golpista Giovanni Alliata di Montereale, y el antiguo jefe del Servizio Informazioni Difesa, Vito Miceli.

Además, Stark mantenía sus contactos al otro lado del Atlántico, de los que recibía cartas con membretes de embajadas. En la cárcel, recibió la visita del vicecónsul de Estados Unidos en Florencia, Wendy M. Hansen, y sostuvo reuniones con varios policías y agentes de inteligencia italianos.

La biografía de cada uno de estos sujetos da para escribir una enciclopedia. Pero sería redundante; es más de lo mismo: la OTAN/Gladio, la CIA, la mafia, los servicios secretos italianos, los golpistas, los fascistas… Seis personas distintas encarnadas en un único dios verdadero.

A pesar del número y la gravedad de los delitos, Stark sólo estuvo cuatro años en la cárcel, aunque en 1982 le volvieron a detener cuando se dirigía de Nueva York a Holanda, una operación en la que la policía capturó un alijo de 16 kilos de hachís y una falsa identidad libanesa.

Esta vez la cárcel fue aún más liviana: un año de encierro.

Pero el nombre de Stark siguió apareciendo por los rincones más insospechados de los bajos fondos italianos, por lo que los jueces pidieron su extradición a Estados Unidos bajo la acusación esta vez de… terrorismo. La respuesta no pudo ser más terrorífica: el 25 de enero de 1985 la policía estadounidense asegura que Stark había muerto en las Antillas el mes de julio anterior, es decir, en julio de 1984.

La respuesta iba acompañada del correspondiente certificado de defunción… Sí, uno parecido al de Paesa y tan verídico como él.

‘Dejé los servicios secretos británicos cuando el MI6 decidió financiar a Osama Bin Laden’

“Dejé los servicios secretos británicos cuando el MI6 [espionaje británico] decidió financiar a los socios de Osama Bin Laden”, declaró David Shayler durante la conferencia internacional “Axis for Peace”, organizada los días 17 y 18 de noviembre de 2005 en Bruselas por la Red Voltaire.

“Traté de dar la alerta, pero fue a mí a quien metieron en la cárcel”, agregó Shayler.

Agente de los servicios de contraespionaje de Su Majestad la reina de Inglaterra (MI5), David Shayler reveló a fines de los años noventa del siglo pasado la financiación por el MI6 de una célula terrorista en Libia para asesinar a Gadafi.

El proyecto fracasó cuando otro vehículo que no era el de Gadafi explotó, causando la muerte a otras personas. Más tarde Shayler fue encarcelado en Francia, a solicitud del gobierno británico, al no poder ser extraditado legalmente, por haber violado la Ley de Secretos Oficiales.

El libro en el que Shayler cuenta su historia está prohibido en el territorio británico.

El ex agente británico hizo una muy notable intervención durante la conferencia de Bruselas, explicando que la mayoría de los actos de terrorismo que se atribuyen a Al Qaeda en realidad son organizados por los servicios secretos anglosajones, sobre todo británicos, con el objetivo de hacer avanzar los intereses de sus países.

Además explicó la importante presencia de los grupúsculos fundamentalistas musulmanes en Reino Unido porque ha permitido a los servicios secretos infiltrarlos y manipularlos. “Ese terrorismo está coordinado por el MI6 y la CIA”, subrayó Shayler.

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Nota a pie de página interesante:

El artículo anterior fue públicado por la Red Voltaire hace 12 años nada menos (1). Entonces nadie hizo ni caso, pero después de la Guera de Siria se entiende mucho mejor.

Otra nota a pie de página igualmente interesante:

Si leen la pagina que la Wikipedia tiene sobre David Shayler (2), averiguarán que fue un espía integrado en la Rama F del contraespionaje británico, que se dedica a luchar contra los movimientos populares y progresistas británicos.

De ahí pasó a integrarse en la Rama T, que se dedica a la lucha contra el movimiento de liberación nacional irlandés. De ahí pasó a la G9, que mueve los hilos de Oriente Medio, formando parte del equipo que conspiraba en Libia. Por lo tanto, sabe de lo que habla. A través de sus tentáculos sobre el terreno, fue el MI6 quien organizó los atentados terroristas contra Gadafi al más puro estilo que luego hemos conocido también en Siria: creando una oposición “moderada” (o sea, terroristas entrenados por ellos) cuyos últimos hilos llegaban hasta Londres.

De esa “oposición” formaba parte del Grupo Islámico Combatiente de Belhadj, o sea, Al Qaeda en Libia. A través suyo, en febrero de 1996 el MI6 organizó el intento de asesinato de Gadafi al que se refiere el artículo de la Red Voltaire, de lo que Malcolm Rifkind, ministro británico de Asuntos Exteriores tuvo pleno conocimiento, ya que tuvo que pagar 100.000 libras a los mercenarios que prepararon el complot.

Los preparativos del ataque los pueden consultar en la Wikipedia, en donde consta que el atentado terrorista falló porque no acabaron con Gadafi, pero que murieron muchos civiles inocentes, entre ellos varios niños.

También se enterarán de que los espías envían regularmente informes falsificados a los periódicos para intoxicar a la población a través suyo.

La colocación de una bomba que explotó en 1994 en la embajada de Israel en Londres también era conocida por el servicio de inteligencia, que no hizo nada por impedirlo…

En 1994 Israel colocó una bomba en su propia embajada en Londres en un ataque de bandera falsa, según denunció 30 años después la antigua espía británica del MI5, Annie Machon (3). Luego la policia británica incriminó a dos palestinos, Samar Alami y Jawad Botmeh, que fueron condenados a 20 años de cárcel por un delito que no cometieron.

Por lo repetidas, este tipo de historias ya aburre tener que contarlas. Son todas iguales; sólo cambian los personajes, aunque la conclusión es siempre la misma: todos y cada uno de los hilos de los atentados yihadistas en Europa conducen siempre a los propios gobiernos de Londres o París, que se lamentan luego de ellas como plañideras que son.

(1) http://www.voltairenet.org/article131278.html
(2) http://en.wikipedia.org/wiki/David_Shayler
(3) https://x.com/MyLordBebo/status/1792645704998846901

Reino Unido ayudó a la CIA a convertir televisores de Samsung en micrófonos ocultos

Los documentos de la primera serie de la filtración “Vault 7” de Wikileaks ofrecen muchos datos escalofriantes, pero uno de ellos afecta a su relación con un país europeo (por ahora). Se trata de la colaboración llevada a cabo entre la CIA y el MI5 de Reino Unido para convertir televisores Samsung en micrófonos ocultos mediante un modo “fake off” del que los usuarios no saben nada.

El comunicado de Wikileaks afirma que este proyecto, bajo el nombre “Weeping Angel” es, probablemente, el logro más emblemático de esta forma de entender la seguridad.

Más especificamente, el objetivo del programa, que estaría en marcha desde 2014, era hackear la serie F8000 de televisores inteligentes de Samsung.

Según la documentación de Wikileaks, en la lista de desarrollos futuros de este proyecto había cosas como capturar vídeo. “Samsung ofrece soporte remoto. ¿Es ésta un área de funcionalidades a investigar?”, señalan además los documentos, en los que lamentan que la capacidad de almacenamiento de los televisores sea sólo de 700 MB.

El nombre de “Weeping Angel” (El Llanto del Ángel) es especialemente sarcástico teniendo en cuenta que al parecer se trata de un proyecto conjunto con Reino Unido. Los “weeping angels” son una de las razas extraterrestres más escalofriantes de las últimas temporadas de la serie británica de ciencia-ficción Dr. Who. Una formada por personajes que sólo se mueven cuando tú no miras. Exactamente igual que esta estremecedora tecnología.

https://www.merca2.es/reino-unido-ayudo-a-al-cia-a-convertir-televisores-de-samsung-en-microfonos-ocultos/

A la CIA le espera la purga más horrible de toda su historia

El enfrentamiento de Trump con la CIA es un secreto a voces que, como es lógico, no obedece en absoluto a discrepancias de tipo personal y está muy lejos de haber llegado a su final, a pesar de que el transpaso de poderes en la Casa Blanca se producirá en muy pocos días.

A Trump no le queda otro remedio que ordenar una depuración a fondo de los cargos directivos más importantes de la agencia de espionaje, cuyo alcance tampoco se conoce hasta la fecha.

En Estados Unidos la CIA no es cualquier cosa, sino una hidra con numerosos tentáculos y ramificaciones tendidas durante más de medio siglo, especialmente en los medios de comunicación, verdadera palestra en la que se están ridiculizando unos a otros.

La depuración está abriendo una etapa de navajazos por debajo de la mesa entre unos y otros, llenos de reproches, con la virtud de poner al descubierto los planes que tenía la CIA para el caso de que Clinton hubiera llegado a la Casa Blanca y, de rebote, los que Trump puede poner en marcha.

Por medios indirectos, los defensores de la CIA se lamentan de que les espera “la purga más horrible de toda su historia”, a la que posiblemente se le añada una “reestructuración” y un recorte de fondos en beneficio de otras instituciones de espionaje, menos castigadas por el fracaso cosechado en la Guerra de Siria.

A la mayor parte de los que lloran en los medios de comunicación de Estados Unidos por este “ataque contra la CIA” las nuevas políticas de Trump le importan un comino, pero eso de reducir los fondos, la lluvia de dólares… eso es otro cantar.

Lo peor de todo es que el encargado de meter mano a la CIA no es otro que el general Flynn. Ya le llaman “el terrible Flynn”.

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