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El accidente ferroviario de Grecia: la privatización se paga con vidas humanas

El 28 de febrero se produjo un choque frontal entre dos trenes en Grecia, cerca de la ciudad de Larissa. Murieron 57 pasajeros y hay, además, cientos de heridos, lo que ha desatado una ola de indignación popular que se ha prolongado a lo largo del mes de marzo.

Se han convocado manifestaciones masivas en más de 60 ciudades que, en algunos casos, han acabado en violentos enfrentamientos con la policía, con barricadas e incendios, especialmente en Atenas.

El domingo se celebró una concentración ante el Parlamento griego y los sindicatos han convocado una huelga general.

Durante bastante tiempo un tren dirigió contra otro que se desplazaba en dirección contraria por la misma vía sin que saltara ninguna alarma. El gobierno dijo que la tragedia fue el resultado de un error humano. Sin embargo, todos los sistemas de control remoto, e incluso los semáforos, estaban averiados.

Un choque así es imposible con la tecnología disponible en la actualidad. Hace unos meses los griegos descubrieron su versión local del Caso Pegasus. El gobierno tenía capacidad para vigilar y rastrear las comunicaciones y los movimientos de miles de personas, pero no era capaz de seguir los movimientos de dos trenes que circulaban por la misma vía.

Aquella noche, en la estación de Larissa sólo había un trabajador en su puesto. Había consiguido el empleo gracias a las redes clientelares del partido del gobierno: Nueva Democracia. El enchufe no le había resultado suficiente para tener un contrato estable ni una formación adecuada. Sólo estudió durante unos meses antes de ser trasladado a un nudo ferroviario estratégico con una gran carga de trabajo. No habría podido hacer frente a ninguna dificultad ni siquiera en una estación pequeña.

La venta secreta de los ferrocariles por 45 millones de euros

Antiguamente los ferrocarriles griegos eran explotados por un organismo público, la OSE (Organización Helénica de Ferrocarriles), similar a la Renfe. En vísperas de la crisis financiera de Grecia, la OSE empleaba a 20.000 trabajadores ferroviarios con contratos indefinidos a tiempo completo.

Durante décadas los sucesivos gobiernos griegos incumplieron sistemáticamente sus obligaciones financieras con la OSE, que se vio obligada a cubrir los gastos de funcionamiento mediante préstamos. Las deudas acumuladas ascendían a más de 10.000 millones de euros en 2011 y se convirtieron en el principal argumento para su privatización.

Tanto el gobierno como la Unión Europea inflaron aquellas cifras de deudas para justificar la venta del patrimonio público.

El primer acto de la tragedia transcurrió de 1996 a 2003, en tiempos del PASOK (Movimiento Socialista Panhelénico), cuando dividieron la OSE en pequeñas empresas, más fáciles de vender, recortaron plantillas y sustituyeron a los trabajadores fijos por precarios.

Tras el desmantelamiento de la OSE, se crearon muchas empresas nuevas. La primera fue Ergose, creada en 1996, se encargó de las costosas inversiones en infraestructuras y, como tal, estaba destinada a permanecer en el sector público. Trainose, creada en 2005 como filial al cien por cien de la OSE, se encargó de la explotación comercial del transporte de pasajeros y mercancías. Creada en 2001, Gaiose se hizo cargo de la gestión y explotación de los activos inmobiliarios de la OSE. Pero había más empresas, todo un laberinto comercial.

La política de privatizaciones continuó cuando la derecha (Nueva Democracia) sustituyó a la izquierda. No se notó nada diferente con el gobierno de Konstantinos Karamanlis (2004-2009), excepto que en 2007 se redujo drásticamente el número de trabajadores ferroviarios.

El acto final de la tragedia fue la venta de Trainose a “Ferrovie dello Stato Italiane” (FDSI) en 2017, que firmó el gobierno de Syriza (2015-2019) por presiones de la Unión Europea. Tsipras presentó el acuerdo como “un paso hacia el crecimiento”, prometiendo “una inversión muy importante, el comienzo de una serie de inversiones italianas muy cuantiosas en Grecia”.

Con la compra de Trainose los italianos adquirieron la explotación de todo el transporte ferroviario en Grecia por el módico precio de 45 millones de euros. Había que mantener la ganga en secreto porque se trataba de un escándalo mayúsculo. La facturación anual de Trainose era de más de 120 millones de euros y el gobierno griego se comprometió a subvencionar al FDSI con 50 millones de euros anuales.

Para tapar la porquería, la empresa cambió de nombre a Hellenic Trains y los italianos de FDSI obtuvieron un acceso privilegiado a una gran superficie de terreno que antes pertenecía a la OSE, cerca del puerto del Pireo, con grandes depósitos y almacenes. Los terrenos estaban destinados a la construcción de un gigantesco centro logístico para Cosco, la empresa china de transporte naval que había comprado el puerto del Pireo.

A través de Cosco, los italianos se acercaban a China… por ferrocarril, para enlazar con la Nueva Ruta de la Seda algún día.

Promesas, promesas y más promesas

Para hacerse con el control estratégico de ls ferrocarriles griegos, FDSI prometió un importante plan de inversiones para la transición a los trenes de alta velocidad. El plan era otra mentira. Se transfirieron trenes obsoletos que habían sido retirados de los ferrocarriles europeos por ser inseguros. Fueron reacondicionados por la empresa y presentados como las “flechas blancas” que operan en la línea Turín-Milán-Venecia-Adriático. Era otro fraude más: su velocidad era similar a la de los antiguos trenes de la OSE.

Tras llegar al gobierno en 2019, Mitsotakis hizo otro ajuste en el contrato con FDSI: Grecia se hacía cargo de la infraestructura ferroviaria y no financiaría el proyecto de control electrónico de los trenes, exigido por las directivas de la Unión Europea. Por su parte, FDSI quedaba liberado de la obligación de invertir en vías y trenes.

La colisión del 28 de febrero fue la consecuencia directa de ese acuerdo.

El proyecto de telemando de los trenes se adjudicó inicialmente a un consorcio formado por Aktor, una gran constructora griega, filial del holding Ellaktor, muy presente en Grecia y el sudeste de Europa, y la francesa Alstom. Siguiendo la norma habitual en este tipo de empresas conjuntas público-privadas, y a pesar de ser conscientes de los peligros que corrían los pasajeros, el consorcio retrasó la entrega del proyecto en busca de una remuneración cada vez mayor. El retraso duró más de una década, hasta llegar finalmente al acuerdo.

Los despidos y recortes de plantilla no se pagan sólo con dinero

Durante este tiempo, el número de trabajadores ferroviarios se redujo. Hoy en día sólo hay 850 trabajadores fijos a tiempo completo en las vías ferroviarias de Grecia. Las vacantes se cubren con subcontratas y trabajos precarios. Por eso, la fatídica noche, en la estación de Larissa, sólo había un jefe de estación sin experiencia, sin formación y agotado por las largas jornadas de trabajo.

Las personas que murieron en la colisión son víctimas de la codicia y la privatización, por lo que la ira generalizada de la sociedad griega es totalmente lógica.

En un intento de desviar la culpa, Mitsotakis aceptó la dimisión de su ministro de Transportes, Kostas Karamanlis. Su sucesor, el Secretario de Estado Giorgos Gerapetritis, tiene estrechos vínculos con la empresa constructora GEK-TERNA, un holding empresarial cuya rama de construcción es una de las mayores de Grecia.

El desmantelamiento de los ferrocarriles griegos está vinculado a las relaciones de las empresas adjudicatarias con los monopolios de distribución de carburantes y con las empresas de construcción que se benefician de la explotación de las principales carreteras.

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Hacia un corralito de alta tecnología

Durante los tres años de pandemia los gobiernos paralizaron deliberadamente la actividad económica. Generaron una cantidad gigantesca de deudas y, para pagarlas, liberaron dinero fiduciario a espuertas.

Esa gran masa de moneda circulante (dólares, euros, libras) aumentó aún más con la Guerra de Ucrania, desatando una inflación galopante. El coste de la energía y los alimentos redujo los salarios reales de los trabajadores.

Para frenar la inflación, los bancos centrales elevaron los tipos de interés, tras lo cual el valor de los bonos se desplomó y el castillo de naipes empezó a tambalearse.

Algunos bancos han quebrado y la respuesta política es reforzar la supervisión “para que no se vuelva a repetir”. En las crisis financieras, los bancos centrales siempre salen absueltos. Los medios ni siquiera hablan de ellos, como si sólo fueran árbitros. Quieren dar la impresión de que no tienen la culpa del corralito, que es consecuencia de los bancos privados.

Es la gran coartada socialdemócrata: lo público es mejor que lo privado, hay que cambiar las reglas del juego, intensificar los controles, regular los mercados…

Las criptomonedas son uno de esos asuntos privados. Dos de los bancos que se han hundido (Silvergate y Signature) habían invertido en ellas, lo mismo que el SVB. Quieren aparentar que las criptomonedas son un peligro para el sistema financiero porque son privadas.

En consecuencia, pretenden regular las criptomonedas y la mejor manera es que sean los bancos centrales quienes las emitan. En la jerga de los expertos se llaman CBDC.

Esa política económica conduce a reforzar el capitalismo monopolista de Estado en los mercados financieros. Del mismo modo que España acabó con las cajas de ahorros (públicas) en beneficio de los bancos (privados), ahora tratan de eliminar a los pequeños bancos en beneficio de los grandes. Habría menos bancos y searán más fáciles de manejar para los bancos centrales.

A su vez, los bancos centrales ya funcionan de manera “independiente” de los gobiernos respectivos, es decir, no son tan políticos ni públicos como antes. El modelo es la Reserva Federal de Estados Unidos, un banco privado: instituciones privadas ejerciendo funciones públicas (de política económica).

En el caso de las criptomonedas, el sistema funcionaría al revés: una institución pública asumiría funciones privadas. Es otro espejismo: a muchos las CBDC les parecen más seguras que las criptomonedas de los bancos privados porque las emite un organismo público (que no tiene ánimo de lucro ni, por lo tanto, un afán de especular con la moneda digital).

Pero si, como ocurre, los fondos de garantía de depósitos cubren las cuentas de los clientes de los bancos quebrados, cualquiera que sea la cantidad, las instituciones públicas ya están sustituyendo a las privadas.

Lo que se está preguntando ahora mismo el capital financiero es: ¿las CBDC serán un factor de estabilización financiera?, ¿cómo afectarían a los futuros corralitos? Eso significa que hay algo que tienen muy claro: el actual sistema financiero internacional es insostenible y puede desatar una crisis económica sin precedentes.

En enero de este año, el Foro Económico Mundial publicó un documento titulado : “¿Pueden las monedas digitales de los bancos centrales ayudar a estabilizar los mercados financieros mundiales?” El Banco de Pagos Internacionales respondió que puede ocurrir todo lo contrario: las CBDC (y el dinero digital en general) pueden agravar las crisis bancarias, pero sólo respecto de los bancos que tengan dificultades. Ahora bien, como permiten transferir dinero de forma instantánea, los depositantes huirían de los pequeños bancos para marcharse a los fuertes.

Por lo tanto, de momento, el capital financiero sólo piensa en crisis bancarias localizadas en los pequeños bancos y juegan con la suposición de que los bancos centrales no van a dejar caer a los grandes, que se beneficiarían de la crisis de los demás, es decir, que se produciría una monopolización aún mayor del mercado financiero.

Con más razón se puede decir eso mismo de las CBDC: los depositantes de los bancos privados comprarían las CBDC de los bancos centrales a golpe de móvil, sin necesidad de guardar cola en la sucursal del banco, ni en el cajero automático.

Los corralitos serían mucho más discretos, sin gritos en las calles, pero mucho más acelerados y, por lo tanto, más graves. Bastaría que los rumores corrieran por las redes sociales para vaciar las cuentas en muy pocos segundos. Las retiradas de fondos serían más frecuentes y más masivas, llevando a los bancos privados a la quiebra.

Con los CBDC los bancos centrales van a hacer exactamente lo mismo que con el dinero fiduciario, creando más inestabilidad financiera y provocando el colapso de los bancos privados, las aseguradoras y, finalmente, las bolsas de valores.

Antes de que esa situación se produzca, quienes estén enganchados a los móviles y sus aplicaciones se encontrarán con una sorpresa desagradable: empezarán a pulsar las teclas pero no podrán recuperar su dinero. El móvil dejará de mover dinero sin esperar a que el corrallito haya aparecido. Es política preventiva. Para evitar una quiebra lo mejor es dejar a los clientes sin su dinero.

Se acabaron las crisis, las quiebras y los corralitos. No es futurología; ya ocurrió con las acciones de GameStop hace un par de años. En lo sucesivo no bastará tener cuidado con los bancos, sino también con las aplicaciones de los móviles, como Robin Hood, que funcionan muy rapido y dejan de funcionar más rápido aún.

La plataforma digital Robin Hood hizo todo lo contrario de lo que cabía esperar de una denominación así: robó el dinero a los pobres para dárselo a los ricos. No sólo los bancos funcionan así; también las empresas tecnológicas, aunque presuman de “alternativas”.

Hay que tener mucho cuidado con los “alternativos”. Forman parte de lo mismo: robar a los pobres para dárselo a los ricos, porque es la manera de paliar las crisis capitalistas.

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La crisis financiera ya ha llegado a Europa

La crisis financiera ya ha llegado a Europa. El fondo de pensiones más grande de Suecia ha perdido 1.100 millones de dólares por la subida de los tipos de interés. El banco Credit Suisse también se hunde. Los clientes ya han retirado 110.000 millones de francos suizos de sus cuentas y depósitos. El año pasado las pérdidas fueron de 7.300 millones de francos y las acciones cotizan cerca de su mínimo histórico después de caídas espectaculares en la bolsa de Zurich.

EuroVita, una empresa aseguradora italiana ha sido intervenida por el regulador italiano de seguros, IVASS. El propietario es la empresa británica de capital riesgo Cinven, que inyectó 100 millones de euros de ayuda de emergencia en su aseguradora italiana (*). Pero la ayuda no fue suficiente para evitar que Eurovita se convierta en la primera aseguradora del país en ser intervenida.

Las reservas de efectivo de Eurovita se agotaron en la segunda mitad del año pasado por el repentino aumento de los tipos de interés, que afectó al valor de su cartera de bonos públicos, consistentes en gran parte en emisiones de deuda francesas y alemanas.

Aquellos bonos se compraron en los últimos años a tipos de interés negativos. Ahora nadie los quiere, ni regalados. Ya no valen nada porque los tipos están al 3 y al 4 por cien.

A la desesperada, el IVASS trató de vender la empresa a la competencia, otra empresa de capital riesgo, JC Flowers, pero fracasó y tuvo que intervenirla. Todos los fondos han quedado congelados: 15.000 millones de euros.

Para frenar las fugas de capital, Eurovita paralizó los rescates anticipados de sus pólizas de seguros hasta finales de este mes. Los clientes ya no pueden acceder a su dinero. Se trata de la primera aplicación en Europa de las directivas europeas contra el pánico financiero.

(*) https://www.reuters.com/markets/deals/cinven-puts-100-mln-euros-into-italian-life-insurer-eurovita-2023-02-22/

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El capitalismo socializa las pérdidas de bancos y empresas privadas

La agencia financiera internacional Moody’s ha rebajado la calificación de todo el sistema bancario estadounidense de estable a negativa.

“Hemos cambiado nuestra perspectiva sobre el sistema bancario estadounidense a negativa desde estable para reflejar el entorno operativo en rápido deterioro tras la salida de depósitos del Silicon Valley Bank (SVB), Silvergate Bank y Signature Bank (SNY), así como la quiebra de SVB y SNY”, ha señalado Moody’s.

El lunes por la noche la agencia advirtió de que reduciría su perspectiva sobre el sistema bancario estadounidense y pondría bajo vigilancia a siete instituciones financieras distintas.

Al rebajar la calificación de todo el sector, la agencia destacó las medidas extraordinarias adoptadas para apoyar a los bancos afectados. Pero señala que otras instituciones con pérdidas latentes o depositantes no asegurados pueden estar aún en riesgo.

Se está produciendo un rápido deterioro del mercado financiero, a pesar de los llamamientos a la calma y los esfuerzos por apuntalar el sector. Biden intenta convencer a la población de que deben confiar en que el sistema bancario de Estados Unidos es seguro.

La FDA ha puesto en marcha un mecanismo para garantizar que las entidades con problemas de liquidez tengan acceso a efectivo. El Tesoro ha respaldado el programa con 25.000 millones de dólares en fondos y ha prometido que los depositantes tendrán acceso a su dinero, cualquiera que sea la cantidad depositada en el banco.

A pesar de todo, el mercado financiero mundial se ha llenado de preguntas y dudas. No conocen las medidas que pueden tomar los banco centrales para mitigar el pánico en masa y evitar una crisis catastrófica.

Se embolsan los beneficios y reparten las pérdidas

En Estados Unidos el seguro de depósitos bancarios es de 250.000 dólares por  cada cuenta. Los depositantes con más dinero abren más cuentas adicionales, dependiendo de la cantidad. El cliente que pone todo su dinero en una cuenta que supere los 250.000 pierde la diferencia en caso de insolvencia.

Pues bien, más del 90 por cien de los depósitos del SVB superan esa cantidad, por lo que los clientes deberían perder el resto del dinero. Es una chapuza que explica la decisión tomada por el Tesoro de rescatar todas las cuentas, cualquiera que sea la cantidad depositada.

El fenómeno se repite siempre: el dinero público rescata las chapuzas de las empresas privadas, además de los bancos en quiebra.

Luego llegan los catedráticos, los expertos y los medios de comunicación para tranquilizar a los incautos diciéndoles que lo del SVB no ha sido un rescate porque no van a recurrir al dinero público.

Su argumento es impecable. El fondo de garantía de depósitos (FDIC) sacará el dinero de los demás bancos a través de un gravamen especial. Pero eso no significa que los trabajadores no vayan a pagar el rescate. Los bancos simplemente repercutirán los costes adicionales a sus clientes en forma de comisiones bancarias e inflación.

El capitalismo siempre socializa las pérdidas.

Por lo demás, habrá contagio. El efecto dominó continuará durante meses. Las quiebras seguirán.

Un castillo de naipes

El capital financiero es ficticio cada vez en mayor medida, lo que habitualmente se llama “burbuja”. Para tapar la crisis capitalista, los bancos centrales ponen cada vez más dinero en circulación, normalmente en forma de deuda.

Pero como a cualquier toxicómano, al capitalista no le basta con una cierta dosis de dinero y necesita cada vez más, hasta que los activos financieros se desconectan de la producción. No son más que papeles.

Sin embargo, en cualquier momento los propietarios de los papeles se pueden creer que tienen algo entre sus manos; venden sus papeles y quieren dinero en efectivo. Por eso mantienen la ilusión de que al tener bonos, letras y pagarés tienen dinero. A veces dicen que han invertido su dinero en bonos.

Para que el sistema aguante hay que mantener esa ilusión y por eso la FDA ha garantizado los depósitos del SVB. Es otra ilusión, porque la FDA no puede garantizar esa conversión de los activos en efectivo… con una excepción, que es la de imprimir billetes sin descanso.

Por lo tanto, al final lo único que garantiza el castillo de naipes es la inflación, que es uno de los signos distintivos del capitalismo monopolista de Estado.

Ahora bien, la inflación multiplica el problema y donde antes había una modesta deuda ahora hay una montaña de ellas, como en el caso de Grecia, cuando el Banco Central Europeo transformó un problema inicial de 35.000 millones de euros en otro de 272.000 millones.

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Los países Brics ya tienen un peso económico superior a los del G7

La correlación de fuerzas en el mercado mundial está cambiando. Occidente está dejando paso a los Brics (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). Empiezan a dominar el G7, según un estudio de Refinitiv Datastream y Acorn Macro Consulting. El PIB de estos países, que no ha dejado de aumentar desde 1990, es ahora del 31,5 por cien, frente al 30,7 por cien del G7.

El poder económico de los Brics, con Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, está en pleno auge, mostrando perspectivas de dominio sobre Occidente.

Sus volúmenes totales de PIB han superado a los de los países del Grupo de los Siete. Éste incluye a los países occidentales, considerados grandes potencias (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Reino Unido).

A escala mundial, la tasa de los Brics es del 31,5 por cien, frente al 30,7 por cien del G7, según datos de octubre del año pasado, retransmitidos por Refinitiv Datastream y la empresa británica de investigación macroeconómica Acorn Macro Consulting.

La paridad de poder adquisitivo de los países en cuestión ha sido la base de este análisis del PIB.

Es probable que esta brecha se acentúe. En 2025 los Brics podrían alcanzar casi el 35 por cien, mientras que el PIB del G7 parece que seguirá cayendo, hasta situarse en torno al 28 por cien.

Los países Brics no dejan de crecer desde una tasa total de alrededor del 16 por cien en los años noventa. Al mismo tiempo, el peso del G7 se debilita. En 40 años, ha perdido casi un 15 por cien, pasando del 45 por cien al 30,7 por cien.

El número de países Brics tiende a ampliarse, con tres países (Argelia, Argentina e Irán), que ya han solicitado su adhesión. Otros también han manifestado su interés: Arabia Saudí, Bangladesh, Grecia, Indonesia, Kazajstán, México, Siria, Tayikistán, Tailandia y Turquía.

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Ya sabemos quién va a pagar la burbuja financiera de 620.000 millones de dólares

En medio de una guerra, las grandes potencias sufren una segunda derrota que no esperaban, en un campo de batalla que creían suyo: las finanzas mundiales. Janet Yellen, la Secretaria del Tesoro estadounidense, estaba más preocupada por rescatar a Ucrania que al sistema bancario estadounidense.

No aciertan ni una. La empresa consultora KPMG dio por válidas las cuentas de SVB y Signature Bank en las auditorías que realizó muy pocos días antes del hundimiento de ambos bancos. Menos de un mes antes del colapso, la revista Forbes decía que SVB era uno de los mejores bancos de Estados Unidos.

Como tantos otros, durante la pandemia el SVB se aprovechó del dinero fácil. El banco lo utilizó para comprar bonos del Tesoro a largo plazo y triplicó sus activos.

Cuando se acabó la pandemia, la FED empezó a subir los tipos de interés para combatir la inflación. Un bono que costaba 100 dólares en términos relativos cayó a 80 dólares. Lo que parecía muy sólido se convirtió en humo.

En Estados Unidos otros tres bancos están al pie de los caballos: First Republic Bank, Pacific Westerns y Western Alliance. En Reino Unido la sucursal del SVB la ha comprado HSBC por el módico precio de una libra. En Alemania la filial local ha sido cerrada por el gobierno. Es sólo la parte visible de la burbuja que está empezando a estallar tras el colapso del SVB.

El director de la Corporación Federal de Seguros de Depósitos de Estados Unidos ha advertido de que los bancos de todo el país acumulan 620.000 millones de dólares en “pérdidas latentes”. Se trata de activos que se han depreciado pero cuyas pérdidas no aparecen en la contabilidad porque aún no se han vendido.

Ayer la FED apuntó tres líneas de actuación adicionales. La primera es que va a garantizar los depósitos de los bancos, incluido el SVB, y que los depositantes no van a sufrir pérdidas. La segunda es que comprará todos los bonos por su valor nominal y no por su valor de mercado. La tercera es que las subidas de tipos se han acabado y hay que volver a los tiempos del dinero fácil.

Pero la tarea parece imposible porque hay más de 23 billones de dólares en depósitos en el sistema bancario de Estados Unidos y no es posible garantizar ese volumen de deudas, ni de lejos.

La FED ha enseñado algo importante a los especuladores de cara al futuro: los bonos del Estado ya no tienen valor de mercado. No existe un mercado libre de bonos. Su precio no cambia. Valen siempre lo mismo y la FED los recompra  a ese precio, independientemente del valor de mercado. No puede haber más pérdidas por comprar bonos públicos porque su precio no puede bajar.

Eso aleja el fantasma de un colapso bancario a corto plazo y nuestra pregunta de ayer ya tiene respuesta: la FED va a tapar el agujero con más papeles, más deuda y más ingeniería financiera. El capital financiero está atrapado en un círculo vicioso. No sabe hacer otra cosa que seguir llenando de aire la burbuja.

Por supuesto que la política de restricción monetaria se acaba aquí. La FED no volverá a subir los tipos de interés. Por lo tanto, cabe esperar que la inflación siga disparándose. El precio de la burbuja financiera lo pagarán los trabajadores con una reducción de sus salarios reales.

Es lo mismo de siempre: los beneficios se los llevan los capitalistas y las pérdidas las pagan todos los demás.

Ahora hay que ver si el Banco Central Europeo va a hacer lo mismo, es decir, seguir pagando la ruina económica del sistema financiero con más papeles y hasta cuándo.

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La burbuja financiera tenía que pinchar y queda por saber quién va a pagar el agujero

El capital financiero se pregunta si la quiebra del Silicon Valley Bank (SVB) en Estados Unidos es un caso excepcional o el primero de una serie de bancarrotas en cascada. El banco es la punta del iceberg. Lo que empezó con un agujero de 2.500 millones saltó a 50.000 millones y unas horas después las pérdidas en los mercados ascendían ya a 500.000 millones de dólares.

No sólo es el SVB. Los bancos están sentados sobre montañas de activos de muy bajo rendimiento que, por la subida de los tipos, se han convertido en ruinosos de la noche a la mañana (*). A finales del año pasado las subidas acabaron con cerca del 28 por cien del capital financiero de Estados Unidos. La burbuja financiera tenía que pinchar, cuanto antes mejor. Queda por saber quién va a pagar el agujero.

Es posible que las empresas tecnológicas sean las más afectadas porque necesitan tipo de interés bajos que ya no existen. El ministro británico de Economía, Jeremy Hunt, declaró ayer que la quiebra del SVB podría amenazar seriamente la tecnología británica. El gobierno estadounidense ha dicho que quiere evitar el contagio al resto del sistema bancario, pero no quiere rescatar al banco.

El viernes la Corporación de Seguros de Depósitos (FDIC) tomó el control del SVB tras la retirada masiva de sus clientes y los infructuosos intentos de captar fondos. Desde entonces, varias entidades medianas o regionales se han desplomado en bolsa, como las californianas First Republic y Signature Bank, que han perdido un tercera parte de su cotización bursátil.

El sábado los clientes del First Republic Bank hacían cola para retirar sus depósitos. Si el pánico sigue, podría provocar nuevas quiebras. El valor de la criptodivisa USDC cayó al nivel más bajo desde su creación después de que su creador, Circle, anunciara que había dejado 3.300 millones de dólares en las manos de SVB.

Circle anunció que no había logrado retirar todos sus depósitos del SVB y la Corporación de Seguros de Depósitos de Estados Unidos lo ha tenido que intervenir.

Para evitar un efecto dominó, la Secretaria del Tesoro estadounidense, Janet Yellen, explicó que el gobierno estaba trabajando para resolver la situación, pero descartó un rescate con dinero público. Confía en una absorción por parte de la Agencia de Garantía de Depósitos.

La quiebra de SVB es la mayor quiebra bancaria desde la de Washington Mutual en 2008 y sus repercusiones no se detienen en Estados Unidos. En Londres preocupa la suerte de su filial británica.

El Banco de Inglaterra ha anunciado su intención de solicitar al tribunal que lo someta a un procedimiento de quiebra bancaria. Sin embargo, el Tesoro británico aseguró que los problemas del SVB no tienen implicaciones para otros bancos que operan en Reino Unido.

El Bank of London, que abrió sus puertas hace dos años, tenía intención de estudiar la posibilidad de hacerse cargo de la sucursal británica del SVB. Por su parte, el ministro de Economía británico expresó su preocupación por la economía de Reino Unido. “Existe un grave riesgo para nuestros sectores tecnológico y científico, muchos de los cuales hacen negocios con este banco”.

(*) https://www.ft.com/content/9d00c9b7-5f22-47af-98a3-9d55624b6143

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Para subir los salarios hay que enfrentarse a la OTAN

La semana pasada Bélgica quedó marcada por numerosas huelgas, que culminaron el viernes con un parón masivo de todos los transportes públicos. Sin embargo, las protestas no merecieron ni una sola línea de cobertura periodística en los dos principales diarios francófonos: Le Soir y La Libre Belgique.

El gobierno belga está entre la espada y la pared por dos motivos. El primero es que los confinamientos vaciaron las arcas públicas y no hay posibilidad de pedir más dinero prestado con los tipos de interés por las nubes. El segundo es que el apoyo militar a Ucrania es otra ruina.

Bélgica ya estaba muy endeudada mucho antes de la pandemia, al igual que Francia, Italia, Grecia y otros países de la Unión Europea y no le queda dinero en los bolsillos para aumentar los salarios de los trabajadores del sector público.

Entre la guerra de Ucrania y sus propios trabajadores, el gobierno belga no ha vacilado: lo primero es enviar tanques a Ucrania. Hace tiempo que en Europa los trajadores se han dado cuenta y por eso en las calles las dos consignas del momento son para las mejoras salariales y contra la ayuda militar a Ucrania.

En otras palabras, para que los salarios puedan subir hay que enfrentarse a la OTAN y cambiar la política exterior y militar de los países miembros de la Unión Europea.

En Francia ocurre lo mismo: para defender las pensiones también hay que abandonar la política belicista de la OTAN y la carrera de armamentos. Hay que dejar de armar a Ucrania y luchar por el alto el fuego y las negociaciones de paz, así como por el levantamiento de las sanciones a Rusia.

Algunos sindicatos europeos ya han comenzado a darse cuenta, por fin, de que una cosa (los aumentos salariales) y la otra (la lucha por la paz) están estrechamente ligados entre sí.

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Canadá prohíbe las importaciones rusas de aluminio, hierro y acero

El gobierno canadiense ha prohibido las importaciones de aluminio y acero procedentes de Rusia. Entró en vigor el viernes y se aplica a todos los productos de aluminio rusos, como el aluminio en bruto, el papel de aluminio y los productos acabados, incluidos los envases de aluminio y otros artículos domésticos de aluminio.

También están prohibidos todos los productos rusos de acero primario, incluidos el hierro y el acero sin alear, los productos semiacabados y los productos acabados, como tubos y tuberías.

La importación, compra o adquisición de hierro, acero, aluminio y productos rusos procedentes de proveedores rusos está prohibida no sólo para los ciudadanos canadienses, sino también para todos los residentes en Canadá. Ninguna empresa que opere en Canadá puede ahora importar estos metales de Rusia.

Según el Ministerio de Finanzas canadiense, en 2021 Canadá importó aluminio ruso por valor de 45 millones de dólares. El coste de los productos metálicos importados de Rusia ascendió a 213 millones de dólares.

Se espera que esta prohibición de las importaciones provoque una subida de los precios de los metales en el mercado canadiense mientras las empresas clientes identifican nuevos proveedores. El índice canadiense de precios al consumo subió un 5,9 por cien en términos anuales en enero de este año, tras haber subido un 6,3 por cien en diciembre del año pasado.

El 23 de febrero el gobierno ya prohibió la exportación a Rusia de determinados componentes químicos para uso en electrónica y prohibió la importación, compra o adquisición de armas rusas, municiones y otras armas, dondequiera que se encuentren o procesen, procedentes de Rusia o de cualquier persona registrada en Rusia.

El acero y el aluminio rusos están sujetos a restricciones impuestas por otros Estados occidentales. Estados Unidos, en su paquete de sanciones programado para coincidir con el aniversario del inicio de la guerra en Ucrania, introdujo un arancel del 200 por cien sobre las importaciones de productos de aluminio procedentes de Rusia a partir del 10 de marzo, y a partir del 10 de abril se aplicará el mismo importe de arancel a los productos fabricados con materias primas rusas. Bloomberg escribió en octubre del año pasado que Washington estaba considerando la opción de prohibir completamente las importaciones de aluminio de Rusia.

La Unión Europea prohibió el suministro de productos rusos de acero y hierro en marzo del año pasado. Entonces se embargaron moldes y perfiles de hierro y acero sin alear; productos de estaño; diversos tipos de chapas de acero; productos de refuerzo y alambre; tubos soldados y sin soldadura.

En octubre del año pasado la Unión Europea amplió la lista de productos siderúrgicos prohibidos. Se añadieron a la lista los desbastes de acero (utilizados para fabricar productos planos) y los tochos cuadrados (utilizados para fabricar barras de refuerzo). Sin embargo, el embargo sobre ellos no empezará a aplicarse hasta el año que viene.

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El dinero contante y sonante vuelve a Suecia

En Suecia cada vez hay más personas que no llevan monedero. Casi todo se puede pagar con una tarjeta bancaria, sin compra mínima. Pero el experimento de erradicar el dinero en efectivo ha fracasado. Hay desconfianza hacia el dinero digital y el control que supone, además de miedo a los ciberataques. No hay nada mejor que guardar el dinero en el bolsillo de uno mismo. Es el fin del “todo digital” pregonado desde Bruselas.

En Suecia el declive del efectivo era tan rápido que la proporción de pagos en efectivo en las tiendas cayó del 40 por cien en 2010 al 15 por cien en 2016. En las ciudades hay que dar un largo paseo para encontrar un cajero automático. Los comercios que rechazan el efectivo se multiplicaron.

En las iglesias la colecta fue sustituida por Swish, una especie de Bizum que vincula el número de teléfono a la cuenta bancaria. En vez de tender la mano en la calle, los mendigos, llevan su número Swish en el pecho. Los 56.000 millones de coronas que aún circulan por el país representan ahora sólo el 1,2 por cien del PIB, el nivel más bajo del mundo (la media en la eurozona es del 10 por cien), y el efectivo se utiliza únicamente en el 6 por cien de las transacciones.

El 1 de enero de 2020 entró en vigor una ley para obligar a los bancos a prestar servicios de caja. A partir de ahora, los suecos deberán poder retirar efectivo -y depositarlo para las empresas- en un radio de 25 kilómetros de su domicilio.

El gobierno sueco vende la moto de la siguiente manera: hay que proteger a los más vulnerables: “Los ancianos, los discapacitados, los que acaban de llegar a Suecia deben poder pagar en efectivo”, explicó el ministro de Finanzas, Per Bolund.

Cualquiera no puede tener dinero digital. Hace falta un número de registro universal, una cuenta bancaria y una dirección fija, que no tienen los inmigrantes, los turistas y las personas en situación precaria. Exige dominar los artilugios digitales y consultar la cuenta bancaria en una terminal. Requiere un acceso permanente a la red telefónica y a internet, lo que no siempre es posible en las zonas rurales.