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El capitalismo socializa las pérdidas de bancos y empresas privadas

La agencia financiera internacional Moody’s ha rebajado la calificación de todo el sistema bancario estadounidense de estable a negativa.

“Hemos cambiado nuestra perspectiva sobre el sistema bancario estadounidense a negativa desde estable para reflejar el entorno operativo en rápido deterioro tras la salida de depósitos del Silicon Valley Bank (SVB), Silvergate Bank y Signature Bank (SNY), así como la quiebra de SVB y SNY”, ha señalado Moody’s.

El lunes por la noche la agencia advirtió de que reduciría su perspectiva sobre el sistema bancario estadounidense y pondría bajo vigilancia a siete instituciones financieras distintas.

Al rebajar la calificación de todo el sector, la agencia destacó las medidas extraordinarias adoptadas para apoyar a los bancos afectados. Pero señala que otras instituciones con pérdidas latentes o depositantes no asegurados pueden estar aún en riesgo.

Se está produciendo un rápido deterioro del mercado financiero, a pesar de los llamamientos a la calma y los esfuerzos por apuntalar el sector. Biden intenta convencer a la población de que deben confiar en que el sistema bancario de Estados Unidos es seguro.

La FDA ha puesto en marcha un mecanismo para garantizar que las entidades con problemas de liquidez tengan acceso a efectivo. El Tesoro ha respaldado el programa con 25.000 millones de dólares en fondos y ha prometido que los depositantes tendrán acceso a su dinero, cualquiera que sea la cantidad depositada en el banco.

A pesar de todo, el mercado financiero mundial se ha llenado de preguntas y dudas. No conocen las medidas que pueden tomar los banco centrales para mitigar el pánico en masa y evitar una crisis catastrófica.

Se embolsan los beneficios y reparten las pérdidas

En Estados Unidos el seguro de depósitos bancarios es de 250.000 dólares por  cada cuenta. Los depositantes con más dinero abren más cuentas adicionales, dependiendo de la cantidad. El cliente que pone todo su dinero en una cuenta que supere los 250.000 pierde la diferencia en caso de insolvencia.

Pues bien, más del 90 por cien de los depósitos del SVB superan esa cantidad, por lo que los clientes deberían perder el resto del dinero. Es una chapuza que explica la decisión tomada por el Tesoro de rescatar todas las cuentas, cualquiera que sea la cantidad depositada.

El fenómeno se repite siempre: el dinero público rescata las chapuzas de las empresas privadas, además de los bancos en quiebra.

Luego llegan los catedráticos, los expertos y los medios de comunicación para tranquilizar a los incautos diciéndoles que lo del SVB no ha sido un rescate porque no van a recurrir al dinero público.

Su argumento es impecable. El fondo de garantía de depósitos (FDIC) sacará el dinero de los demás bancos a través de un gravamen especial. Pero eso no significa que los trabajadores no vayan a pagar el rescate. Los bancos simplemente repercutirán los costes adicionales a sus clientes en forma de comisiones bancarias e inflación.

El capitalismo siempre socializa las pérdidas.

Por lo demás, habrá contagio. El efecto dominó continuará durante meses. Las quiebras seguirán.

Un castillo de naipes

El capital financiero es ficticio cada vez en mayor medida, lo que habitualmente se llama “burbuja”. Para tapar la crisis capitalista, los bancos centrales ponen cada vez más dinero en circulación, normalmente en forma de deuda.

Pero como a cualquier toxicómano, al capitalista no le basta con una cierta dosis de dinero y necesita cada vez más, hasta que los activos financieros se desconectan de la producción. No son más que papeles.

Sin embargo, en cualquier momento los propietarios de los papeles se pueden creer que tienen algo entre sus manos; venden sus papeles y quieren dinero en efectivo. Por eso mantienen la ilusión de que al tener bonos, letras y pagarés tienen dinero. A veces dicen que han invertido su dinero en bonos.

Para que el sistema aguante hay que mantener esa ilusión y por eso la FDA ha garantizado los depósitos del SVB. Es otra ilusión, porque la FDA no puede garantizar esa conversión de los activos en efectivo… con una excepción, que es la de imprimir billetes sin descanso.

Por lo tanto, al final lo único que garantiza el castillo de naipes es la inflación, que es uno de los signos distintivos del capitalismo monopolista de Estado.

Ahora bien, la inflación multiplica el problema y donde antes había una modesta deuda ahora hay una montaña de ellas, como en el caso de Grecia, cuando el Banco Central Europeo transformó un problema inicial de 35.000 millones de euros en otro de 272.000 millones.

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Los países Brics ya tienen un peso económico superior a los del G7

La correlación de fuerzas en el mercado mundial está cambiando. Occidente está dejando paso a los Brics (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). Empiezan a dominar el G7, según un estudio de Refinitiv Datastream y Acorn Macro Consulting. El PIB de estos países, que no ha dejado de aumentar desde 1990, es ahora del 31,5 por cien, frente al 30,7 por cien del G7.

El poder económico de los Brics, con Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, está en pleno auge, mostrando perspectivas de dominio sobre Occidente.

Sus volúmenes totales de PIB han superado a los de los países del Grupo de los Siete. Éste incluye a los países occidentales, considerados grandes potencias (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Reino Unido).

A escala mundial, la tasa de los Brics es del 31,5 por cien, frente al 30,7 por cien del G7, según datos de octubre del año pasado, retransmitidos por Refinitiv Datastream y la empresa británica de investigación macroeconómica Acorn Macro Consulting.

La paridad de poder adquisitivo de los países en cuestión ha sido la base de este análisis del PIB.

Es probable que esta brecha se acentúe. En 2025 los Brics podrían alcanzar casi el 35 por cien, mientras que el PIB del G7 parece que seguirá cayendo, hasta situarse en torno al 28 por cien.

Los países Brics no dejan de crecer desde una tasa total de alrededor del 16 por cien en los años noventa. Al mismo tiempo, el peso del G7 se debilita. En 40 años, ha perdido casi un 15 por cien, pasando del 45 por cien al 30,7 por cien.

El número de países Brics tiende a ampliarse, con tres países (Argelia, Argentina e Irán), que ya han solicitado su adhesión. Otros también han manifestado su interés: Arabia Saudí, Bangladesh, Grecia, Indonesia, Kazajstán, México, Siria, Tayikistán, Tailandia y Turquía.

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Ya sabemos quién va a pagar la burbuja financiera de 620.000 millones de dólares

En medio de una guerra, las grandes potencias sufren una segunda derrota que no esperaban, en un campo de batalla que creían suyo: las finanzas mundiales. Janet Yellen, la Secretaria del Tesoro estadounidense, estaba más preocupada por rescatar a Ucrania que al sistema bancario estadounidense.

No aciertan ni una. La empresa consultora KPMG dio por válidas las cuentas de SVB y Signature Bank en las auditorías que realizó muy pocos días antes del hundimiento de ambos bancos. Menos de un mes antes del colapso, la revista Forbes decía que SVB era uno de los mejores bancos de Estados Unidos.

Como tantos otros, durante la pandemia el SVB se aprovechó del dinero fácil. El banco lo utilizó para comprar bonos del Tesoro a largo plazo y triplicó sus activos.

Cuando se acabó la pandemia, la FED empezó a subir los tipos de interés para combatir la inflación. Un bono que costaba 100 dólares en términos relativos cayó a 80 dólares. Lo que parecía muy sólido se convirtió en humo.

En Estados Unidos otros tres bancos están al pie de los caballos: First Republic Bank, Pacific Westerns y Western Alliance. En Reino Unido la sucursal del SVB la ha comprado HSBC por el módico precio de una libra. En Alemania la filial local ha sido cerrada por el gobierno. Es sólo la parte visible de la burbuja que está empezando a estallar tras el colapso del SVB.

El director de la Corporación Federal de Seguros de Depósitos de Estados Unidos ha advertido de que los bancos de todo el país acumulan 620.000 millones de dólares en “pérdidas latentes”. Se trata de activos que se han depreciado pero cuyas pérdidas no aparecen en la contabilidad porque aún no se han vendido.

Ayer la FED apuntó tres líneas de actuación adicionales. La primera es que va a garantizar los depósitos de los bancos, incluido el SVB, y que los depositantes no van a sufrir pérdidas. La segunda es que comprará todos los bonos por su valor nominal y no por su valor de mercado. La tercera es que las subidas de tipos se han acabado y hay que volver a los tiempos del dinero fácil.

Pero la tarea parece imposible porque hay más de 23 billones de dólares en depósitos en el sistema bancario de Estados Unidos y no es posible garantizar ese volumen de deudas, ni de lejos.

La FED ha enseñado algo importante a los especuladores de cara al futuro: los bonos del Estado ya no tienen valor de mercado. No existe un mercado libre de bonos. Su precio no cambia. Valen siempre lo mismo y la FED los recompra  a ese precio, independientemente del valor de mercado. No puede haber más pérdidas por comprar bonos públicos porque su precio no puede bajar.

Eso aleja el fantasma de un colapso bancario a corto plazo y nuestra pregunta de ayer ya tiene respuesta: la FED va a tapar el agujero con más papeles, más deuda y más ingeniería financiera. El capital financiero está atrapado en un círculo vicioso. No sabe hacer otra cosa que seguir llenando de aire la burbuja.

Por supuesto que la política de restricción monetaria se acaba aquí. La FED no volverá a subir los tipos de interés. Por lo tanto, cabe esperar que la inflación siga disparándose. El precio de la burbuja financiera lo pagarán los trabajadores con una reducción de sus salarios reales.

Es lo mismo de siempre: los beneficios se los llevan los capitalistas y las pérdidas las pagan todos los demás.

Ahora hay que ver si el Banco Central Europeo va a hacer lo mismo, es decir, seguir pagando la ruina económica del sistema financiero con más papeles y hasta cuándo.

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La burbuja financiera tenía que pinchar y queda por saber quién va a pagar el agujero

El capital financiero se pregunta si la quiebra del Silicon Valley Bank (SVB) en Estados Unidos es un caso excepcional o el primero de una serie de bancarrotas en cascada. El banco es la punta del iceberg. Lo que empezó con un agujero de 2.500 millones saltó a 50.000 millones y unas horas después las pérdidas en los mercados ascendían ya a 500.000 millones de dólares.

No sólo es el SVB. Los bancos están sentados sobre montañas de activos de muy bajo rendimiento que, por la subida de los tipos, se han convertido en ruinosos de la noche a la mañana (*). A finales del año pasado las subidas acabaron con cerca del 28 por cien del capital financiero de Estados Unidos. La burbuja financiera tenía que pinchar, cuanto antes mejor. Queda por saber quién va a pagar el agujero.

Es posible que las empresas tecnológicas sean las más afectadas porque necesitan tipo de interés bajos que ya no existen. El ministro británico de Economía, Jeremy Hunt, declaró ayer que la quiebra del SVB podría amenazar seriamente la tecnología británica. El gobierno estadounidense ha dicho que quiere evitar el contagio al resto del sistema bancario, pero no quiere rescatar al banco.

El viernes la Corporación de Seguros de Depósitos (FDIC) tomó el control del SVB tras la retirada masiva de sus clientes y los infructuosos intentos de captar fondos. Desde entonces, varias entidades medianas o regionales se han desplomado en bolsa, como las californianas First Republic y Signature Bank, que han perdido un tercera parte de su cotización bursátil.

El sábado los clientes del First Republic Bank hacían cola para retirar sus depósitos. Si el pánico sigue, podría provocar nuevas quiebras. El valor de la criptodivisa USDC cayó al nivel más bajo desde su creación después de que su creador, Circle, anunciara que había dejado 3.300 millones de dólares en las manos de SVB.

Circle anunció que no había logrado retirar todos sus depósitos del SVB y la Corporación de Seguros de Depósitos de Estados Unidos lo ha tenido que intervenir.

Para evitar un efecto dominó, la Secretaria del Tesoro estadounidense, Janet Yellen, explicó que el gobierno estaba trabajando para resolver la situación, pero descartó un rescate con dinero público. Confía en una absorción por parte de la Agencia de Garantía de Depósitos.

La quiebra de SVB es la mayor quiebra bancaria desde la de Washington Mutual en 2008 y sus repercusiones no se detienen en Estados Unidos. En Londres preocupa la suerte de su filial británica.

El Banco de Inglaterra ha anunciado su intención de solicitar al tribunal que lo someta a un procedimiento de quiebra bancaria. Sin embargo, el Tesoro británico aseguró que los problemas del SVB no tienen implicaciones para otros bancos que operan en Reino Unido.

El Bank of London, que abrió sus puertas hace dos años, tenía intención de estudiar la posibilidad de hacerse cargo de la sucursal británica del SVB. Por su parte, el ministro de Economía británico expresó su preocupación por la economía de Reino Unido. “Existe un grave riesgo para nuestros sectores tecnológico y científico, muchos de los cuales hacen negocios con este banco”.

(*) https://www.ft.com/content/9d00c9b7-5f22-47af-98a3-9d55624b6143

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Para subir los salarios hay que enfrentarse a la OTAN

La semana pasada Bélgica quedó marcada por numerosas huelgas, que culminaron el viernes con un parón masivo de todos los transportes públicos. Sin embargo, las protestas no merecieron ni una sola línea de cobertura periodística en los dos principales diarios francófonos: Le Soir y La Libre Belgique.

El gobierno belga está entre la espada y la pared por dos motivos. El primero es que los confinamientos vaciaron las arcas públicas y no hay posibilidad de pedir más dinero prestado con los tipos de interés por las nubes. El segundo es que el apoyo militar a Ucrania es otra ruina.

Bélgica ya estaba muy endeudada mucho antes de la pandemia, al igual que Francia, Italia, Grecia y otros países de la Unión Europea y no le queda dinero en los bolsillos para aumentar los salarios de los trabajadores del sector público.

Entre la guerra de Ucrania y sus propios trabajadores, el gobierno belga no ha vacilado: lo primero es enviar tanques a Ucrania. Hace tiempo que en Europa los trajadores se han dado cuenta y por eso en las calles las dos consignas del momento son para las mejoras salariales y contra la ayuda militar a Ucrania.

En otras palabras, para que los salarios puedan subir hay que enfrentarse a la OTAN y cambiar la política exterior y militar de los países miembros de la Unión Europea.

En Francia ocurre lo mismo: para defender las pensiones también hay que abandonar la política belicista de la OTAN y la carrera de armamentos. Hay que dejar de armar a Ucrania y luchar por el alto el fuego y las negociaciones de paz, así como por el levantamiento de las sanciones a Rusia.

Algunos sindicatos europeos ya han comenzado a darse cuenta, por fin, de que una cosa (los aumentos salariales) y la otra (la lucha por la paz) están estrechamente ligados entre sí.

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Canadá prohíbe las importaciones rusas de aluminio, hierro y acero

El gobierno canadiense ha prohibido las importaciones de aluminio y acero procedentes de Rusia. Entró en vigor el viernes y se aplica a todos los productos de aluminio rusos, como el aluminio en bruto, el papel de aluminio y los productos acabados, incluidos los envases de aluminio y otros artículos domésticos de aluminio.

También están prohibidos todos los productos rusos de acero primario, incluidos el hierro y el acero sin alear, los productos semiacabados y los productos acabados, como tubos y tuberías.

La importación, compra o adquisición de hierro, acero, aluminio y productos rusos procedentes de proveedores rusos está prohibida no sólo para los ciudadanos canadienses, sino también para todos los residentes en Canadá. Ninguna empresa que opere en Canadá puede ahora importar estos metales de Rusia.

Según el Ministerio de Finanzas canadiense, en 2021 Canadá importó aluminio ruso por valor de 45 millones de dólares. El coste de los productos metálicos importados de Rusia ascendió a 213 millones de dólares.

Se espera que esta prohibición de las importaciones provoque una subida de los precios de los metales en el mercado canadiense mientras las empresas clientes identifican nuevos proveedores. El índice canadiense de precios al consumo subió un 5,9 por cien en términos anuales en enero de este año, tras haber subido un 6,3 por cien en diciembre del año pasado.

El 23 de febrero el gobierno ya prohibió la exportación a Rusia de determinados componentes químicos para uso en electrónica y prohibió la importación, compra o adquisición de armas rusas, municiones y otras armas, dondequiera que se encuentren o procesen, procedentes de Rusia o de cualquier persona registrada en Rusia.

El acero y el aluminio rusos están sujetos a restricciones impuestas por otros Estados occidentales. Estados Unidos, en su paquete de sanciones programado para coincidir con el aniversario del inicio de la guerra en Ucrania, introdujo un arancel del 200 por cien sobre las importaciones de productos de aluminio procedentes de Rusia a partir del 10 de marzo, y a partir del 10 de abril se aplicará el mismo importe de arancel a los productos fabricados con materias primas rusas. Bloomberg escribió en octubre del año pasado que Washington estaba considerando la opción de prohibir completamente las importaciones de aluminio de Rusia.

La Unión Europea prohibió el suministro de productos rusos de acero y hierro en marzo del año pasado. Entonces se embargaron moldes y perfiles de hierro y acero sin alear; productos de estaño; diversos tipos de chapas de acero; productos de refuerzo y alambre; tubos soldados y sin soldadura.

En octubre del año pasado la Unión Europea amplió la lista de productos siderúrgicos prohibidos. Se añadieron a la lista los desbastes de acero (utilizados para fabricar productos planos) y los tochos cuadrados (utilizados para fabricar barras de refuerzo). Sin embargo, el embargo sobre ellos no empezará a aplicarse hasta el año que viene.

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El dinero contante y sonante vuelve a Suecia

En Suecia cada vez hay más personas que no llevan monedero. Casi todo se puede pagar con una tarjeta bancaria, sin compra mínima. Pero el experimento de erradicar el dinero en efectivo ha fracasado. Hay desconfianza hacia el dinero digital y el control que supone, además de miedo a los ciberataques. No hay nada mejor que guardar el dinero en el bolsillo de uno mismo. Es el fin del “todo digital” pregonado desde Bruselas.

En Suecia el declive del efectivo era tan rápido que la proporción de pagos en efectivo en las tiendas cayó del 40 por cien en 2010 al 15 por cien en 2016. En las ciudades hay que dar un largo paseo para encontrar un cajero automático. Los comercios que rechazan el efectivo se multiplicaron.

En las iglesias la colecta fue sustituida por Swish, una especie de Bizum que vincula el número de teléfono a la cuenta bancaria. En vez de tender la mano en la calle, los mendigos, llevan su número Swish en el pecho. Los 56.000 millones de coronas que aún circulan por el país representan ahora sólo el 1,2 por cien del PIB, el nivel más bajo del mundo (la media en la eurozona es del 10 por cien), y el efectivo se utiliza únicamente en el 6 por cien de las transacciones.

El 1 de enero de 2020 entró en vigor una ley para obligar a los bancos a prestar servicios de caja. A partir de ahora, los suecos deberán poder retirar efectivo -y depositarlo para las empresas- en un radio de 25 kilómetros de su domicilio.

El gobierno sueco vende la moto de la siguiente manera: hay que proteger a los más vulnerables: “Los ancianos, los discapacitados, los que acaban de llegar a Suecia deben poder pagar en efectivo”, explicó el ministro de Finanzas, Per Bolund.

Cualquiera no puede tener dinero digital. Hace falta un número de registro universal, una cuenta bancaria y una dirección fija, que no tienen los inmigrantes, los turistas y las personas en situación precaria. Exige dominar los artilugios digitales y consultar la cuenta bancaria en una terminal. Requiere un acceso permanente a la red telefónica y a internet, lo que no siempre es posible en las zonas rurales.

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Un monopolismo de nuevo tipo: Amazon

Amazon es lo más parecido a un mercadillo del siglo XXI. La mayor parte de las mercancías que vende no son propias sino de terceros. En 2021 había unos seis millones de vendedores únicos activos en Amazon y casi 2.000 nuevos vendedores abrían cuentas cada día. Son otra subespecie de “falsos autónomos” creados por el moderno desarrollo de las fuerzas productivas, especialmente los mercados en línea.

Aunque los críticos afirman que la empresa ha tenido un efecto nocivo en las empresas familiares, Amazon promociona el número de terceros que venden a través de su plataforma. Como dijo Bezos a la Cámara de Representantes de Estados Unidos en 2020, “el éxito de Amazon depende en gran parte del éxito de las miles de pequeñas y medianas empresas que también venden sus productos a través de las tiendas de Amazon”.

Pero limitarse a considerar a Amazon como un monopolio subestima la transformación que se ha producido entre las pequeñas empresas del propio sitio. Los vendedores de Amazon se parecen menos a entidades independientes que a un híbrido de trabajadores a la carta y comerciantes de barrio.

Amazon transfiere el riesgo a los vendedores de forma parecida a lo que Uber hace con los conductores. Sin embargo, les niega el “libre mercado”, ya que están sujetos al peaje que cobra Amazon por utilizar su red: una media del 34 por cien del precio de cada venta.

Muchos vendedores se incorporaron al mercado a raíz de la recesión de 2008, y la mayoría no tenía experiencia previa en el comercio minorista. Convierten sus casas en centros de distribución y sus coches en vehículos de reparto. Se endeudan para comprar anuncios en la plataforma y fijan precios por debajo de lo que constituiría un beneficio para ganar protagonismo en el escalafón de la multinacional.

Es una especie de metrópoli que gobierna eficazmente el comercio mundial de diferentes maneras. Los vendedores le permiten a Amazon acceder a nuevos mercados. Delinean sus límites, exploran la frontera, colonizan nuevos territorios y se adentran en la jungla. Son los embajadores de un proyecto mucho mayor que ellos mismos.

El propio mercado de Amazon era una frontera. El interlocutor es un conquistador, un colono o un competidor a la carrera venido de todo el mundo para reclamar su parte del terreno que Amazon había permitido arrebatar a los minoristas convencionales. Pero si los vendedores imaginaban Amazon como un territorio, también hablaban con frecuencia de su autoridad colonial.

Amazon creó programas que enviaban a aspirantes a vendedores por todo el mundo -a tiendas Big Lots en dificultades en Missouri, ferias de suministros en Nueva Delhi y fábricas en Guangdong- para extender los territorios de la empresa. Los vendedores de la plataforma no sólo reclaman un nuevo territorio sino que actúan en cuyo nombre del monopolio. No son ellos mismos; son Amazon.

Aunque en su mayoría de ellos son personas que tenían negocios preexistentes que luego llevaron al mercado en línea para aumentar su número de clientes, casi todas las historias tienen que ver con un negocio nativo de Amazon; aquellos que inventaron o diseñaron un producto en un contexto ajeno a Amazon han tenido dificultades para competir y proteger sus mercancías.

Las empresas nativas de Amazon pueden dividirse en tres categorías: los que compran productos para revenderlos a través de Amazon; propietarios de marcas, que desarrollan, marcan y patentan nuevos productos para venderlos a través de Amazon; y vendedores internacionales, que utilizan los servicios de Amazon para desarrollar o comercializar productos de marca en mercados extranjeros.

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El capital financiero ya ha entrado en pánico

El sector bancario de Estados Unidos está bajo presión. Las finanzas se tambalean desde hace días. El miércoles por la noche, el banco californiano Silvergate Bank, conocido en el mundillo de las criptomonedas, anunció su liquidación, arrastrado por el colapso de la plataforma de intercambio de divisas digitales FTX.

Al día siguiente las dificultades de otro banco, el Silicon Valley Bank (SVB), también hicieron tambalearse al capital financiero, hasta que esta mañana el gobierno estadounidense ha tenido que tomar el control tras el desplome de la cotización de sus acciones. El objetivo es evitar el pánico entre los especuladores y clientes. A pesar de ello la reacción en cadena ya ha comenzado, con retiradas masivas de clientes.

El SVB es un banco desconocido para muchos, pero nuclear en el ecosistema tecnológico estadounidense. Es el prestamista de Silicon Valley, la meca de las empresas tecnológicas. Es el socio bancario de casi la mitad de las empresas emergentes estadounidenses respaldadas por capital riesgo que salieron a bolsa el año pasado.

Fundado hace cuarenta años y cotizado en el Nasdaq, SVB ha crecido históricamente en California, pero se ha extendido por Estados Unidos, sobre todo en torno a Boston para financiar empresas biotecnológicas.

Las dificultades de SVB son consecuencia de la subida de los tipos de interés en los mercados financieros, en relación con el endurecimiento de los tipos de los bancos centrales.

Tuvo que vender urgentemente bonos por valor de 21.000 millones de dólares, lo que le supuso unas pérdidas de 1.800 millones, y su matriz, SVB Financial Group, se vio obligada a realizar una ampliación de capital de emergencia por valor de 2.250 millones.

El jueves SVB Financial Group cayó un 60 por cien en Wall Street y perdió otro 22 por cien en las operaciones posteriores al cierre. Todo el sector bancario estadounidense se vio arrastrado a su estela. El índice KBW Bank perdió alrededor de un 7 por cien, con caídas significativas de grandes nombres como JP Morgan (-5,4 por cien) y Bank of America (-6,2 por cien).

Según Reuters, los bancos estadounidenses se han llevado por delante más de 80.000 millones de dólares de capitalización bursátil en Wall Street.

La debacle ha sacudido al capital financiero europeo, especialmente en España donde las acciones han descendido de forma pronunciada. El Banco Sabadell ha perdido el 5,57 por cien.

En Reino Unido el SVB se estableció hace ya 18 años. Se calcula que financia hasta la mitad del capital riesgo de Reino Unido, al igual que en Estados Unidos.

En Frankfurt, Deutsche Bank perdió un 7,4 por cien, mientras que en Londres, Barclays bajó un 5,8 por cien. Esta mañana, Societe Generale cayó un 5,35 por cien, BNP Paribas un 4,6 por cien y Credit Agricole SA un 3,4 por cien.

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Ford anuncia la supresión de 1.100 puestos de trabajo en su fábrica de Valencia

Esta mañana el monopolio automovilístico Ford ha anunciado la supresión de 1.100 puestos de trabajo en su fábrica de Valencia, en el marco de un plan de reorganización de su producción en Europa.

“La decisión se debe al fin de la producción de los modelos S-Max y Galaxy en la planta en abril de 2023”, indicó una portavoz de la empresa.

La Agenda 2030 y el vehículo eléctrico entusiasman a los verdes, pero en Valencia más de mil trabajadores irán a la calle por los recortes de plantilla.

En una entrevista en la Cadena Ser, la ministra española de Industria, Reyes Maroto, expresó, su preocupación.

El plan social, presentado a los sindicatos esta mañana, se suma a los 3.800 recortes de empleo en Europa ya anunciados a mediados de febrero por el monopolio estadounidense, principalmente en Alemania (2.300 empleos) y Reino Unido (1.300 empleos).

Estas 3.800 supresiones de empleo de aquí a 2025, que representan alrededor del 10 por cien de la plantilla europea actual de Ford, afectarán principalmente a los equipos de investigación y desarrollo de mercancías, y no a la producción de vehículos.

El fabricante americano justifica la reducción de plantilla porque necesita costes más competitivos en Europa, donde atraviesa dificultades. Para ello, reducirá el número de modelos diseñados para Europa, centrándose en sus modelos alimentados por baterías y en sus ventas de vehículos comerciales, muy rentables.

El monopolio, antaño pilar de la industria automovilística europea, ha visto caer en picado su cuota de mercado en los últimos 20 años en Europa. En 2022 representó el 4,6 por cien de las ventas de coches nuevos en Europa, con 516.614 unidades vendidas.

Como el resto de la industria automovilística, Ford apuesta por los coches eléctricos, una tecnología que requiere un fuerte gasto en investigación, una modernización completa de sus fábricas y en la que pretende invertir 50.000 millones de dólares hasta 2026.

El plan llega en un momento en que el temor a la deslocalización de la industria automovilística crece en Europa desde que Washington introdujo grandes subvenciones para los vehículos eléctricos fabricados en Estados Unidos.