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Un tercio del mundo está sometido a las sanciones de Estados Unidos

Actualmente el gobierno estadounidense impone sanciones a un tercio de los países del mundo, afectando desproporcionadamente a los países más pobres. El 60 por cien de los cuales están sujetos a algún tipo de sanción estadounidense (1).

Esta tendencia ha aumentado durante los últimos cuatro gobiernos estadounidenses y ha alcanzado su punto máximo con Biden, quien impuso más de 6.000 sanciones en sólo dos años.

Se ha convertido en la herramienta de política exterior más importante del arsenal de Estados Unidos, pero nadie en Washington está seguro de que esta política funcione.

La excesiva dependencia de Washington del dólar estadounidense como arma de guerra dio un giro decisivo tras los ataques del 11 de septiembre en Nueva York. Hasta entonces, las sanciones económicas apuntaban principalmente a “estados rebeldes” como Cuba y Libia, con el fin de impedirles participar en el sistema financiero mundial y facilitar golpes de Estado.

Sin embargo, a partir de 2001, los sucesivos presidentes estadounidenses aplicaron sanciones con mayor libertad para aislar a ciertos países del mundo, en particular cambiando su política hacia Asia central.

La escalada de sanciones en todo el mundo ha ido acompañada del crecimiento de una industria paralela multimillonaria de grupos de presión e influencia en la que gobiernos extranjeros y empresas transnacionales gastan sumas exorbitantes para orientar las directrices políticas.

El Congreso inunda el Departamento de Estado y la Casa Blanca con demandas de sanciones, muchas de las cuales están destinadas a eliminar la competencia extranjera de las industrias estatales de origen. En una fiesta navideña en 2011, Adam Szubin, entonces director de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), cantó una canción llamada “Everything Little Thing We Do Is Sanctions” (Cada pequeña cosa que hacemos es un castigo), que recordaba al grupo Police (“Everything Little Thing She Does Is Magic”).

Las sanciones inteligentes son un menú con la capacidad de adaptarlas a la conducta y la vulnerabilidad del país. Pero en Washington vieron la carta y dijeron: “Quiero ponerlo todo en el plato”.

La postura adoptada por una serie de dirigentes de la Casa Blanca ignora el efecto devastador de las políticas de coerción económica sobre las poblaciones civiles, ya que innumerables estudios han demostrado que las sanciones causan un sufrimiento inmenso e incluso la muerte de cientos de miles de personas.

Las sanciones afectan indirectamente la salud de las poblaciones con consecuencias generalmente devastadoras. Poco después de la imposición de sanciones económicas a un país, muchos tratamientos médicos que salvan vidas dejan de estar disponibles. Incluso la producción de algunos medicamentos fabricados en un país se ve disminuida o incluso detenida debido a la escasez de componentes básicos o repuestos para las máquinas, escribió el investigador iraní Farrokh Habibzadeh en una carta publicada por The Lancet en 2018 (2).

“La falta de alternativas afecta no sólo a los equipos médicos, sino también a otras infraestructuras esenciales como los generadores de electricidad. Los frecuentes cortes de energía provocan graves problemas (pérdida de medicamentos, ventiladores, monitores, etc.) Cientos de miles de personas mueren en silencio. Este asesinato en masa silencioso en una parte del mundo sumida en la agitación apenas se nota, e incluso se ignora”, añade Habibzadeh.

No pensamos en los daños colaterales de las sanciones de la misma manera que pensamos en los daños colaterales de la guerra.

En 2021 los funcionarios del Departamento del Tesoro de Estados Unidos redactaron una propuesta interna para que el gobierno de Biden reestructurara el sistema de sanciones en lo que podría haber sido la revisión más sustancial de la política de sanciones en décadas. Sin embargo, la Casa Blanca se ha negado a implementar la mayoría de los cambios, prefiriendo mantener miles de sanciones contra cientos de países.

Cuando el Tesoro publicó su Revisión de Sanciones de 2021 en octubre de ese año, el borrador de 40 páginas se había reducido a ocho y contenía las recomendaciones más diluidas del documento anterior.

Debates similares sobre la revisión de las políticas de coerción económica de Washington fracasaron en 2022 tras el inicio de la guerra entre Rusia y Ucrania.

El uso continuo de sanciones por parte de Estados Unidos ha empujado a muchos países de todo el mundo a considerar la desdolarización del comercio bilateral, y bloques económicos alternativos como Brics, Mercosur y la Organización de Cooperación de Shanghai han despertado lógicamente un renovado interés.

(1) https://www.washingtonpost.com/business/interactive/2024/us-sanction-countries-work/
(2) https://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736(18)31944-5/fulltext

La desindustrialización de Europa

En Europa no hace falta predicar el decrecimiento. El continente ha perdido peso en el mundo y la industria ha perdido peso en el continente. La industria se contrajo más de 10 puntos porcentuales, del 25 al 15 por cien de la producción mundial.

Las políticas “verdes” pueden dar la puntilla a la industria europea y, de paso, a la misma Europa.

En febrero más de 840 empresas y 350 asociaciones instaron a la Unión Europea a adoptar una política industrial de apoyo que pueda lograr que sea competitiva y atractiva para la inversión. En la patronal la llaman la Declaración de Amberes y, a veces, el Acuerdo Industrial Europeo.

Tras las sanciones a Rusia, la industria europea ha dejado de ser competitiva y los monopolistas tratan de impedir la deslocalización a países donde el coste de la electricidad sea más bajo y, de rebote, evitar una profunda recesión económica.

Por primera vez desde el inicio de la pandemia, Europa importa más capital del que exporta, alcanzando un nivel 2,5 veces superior al del período anterior a 2020 (una disminución de 65.100 millones de euros frente a 26.300 millones de euros). En el cuarto trimestre de 2022 la fuga de capitales volvió a aumentar 3,3 veces hasta alcanzar los 216.500 millones de euros.

Ahora bien, son los capitalistas europeos los que exageran la desindustrialización y la deslocalización para lograr más subsidios públicos para las industrias intensivas en energía y el complejo militar-industrial, así como para garantizar el apoyo de Bruselas en la guerra comercial con Estados Unidos.

La desindustrialización va de la mano del desarrollo de nuevas tecnologías, donde los países de la Unión son fuertes: cuántica, navegación, biotecnología y robótica. En 2022 se crearon 194 empresas de inteligencia artificial en la Unión Europea, por delante de China, Reino Unido e India.

La población mundial comenzará a reducirse hacia el año 2080

La población mundial superará los 10.000 millones mucho antes de finales de este siglo, en 2080, y luego comenzará a disminuir debido a la caída de las tasas de fertilidad, según un nuevo informe de la ONU.

El aumento de la población mundial, que se espera que continúe hasta mediados de la década de 2080, sugiere dos tendencias opuestas. Por un lado, la continuación o el advenimiento del declive demográfico entre los países desarrollados. Por otro, mantener un fuerte crecimiento demográfico en las regiones menos desarrolladas.

Se avecina una verdadera inversión del equilibrio, ya que China, el Estado más poblado del mundo, ya ha superado su punto máximo. Se espera que dentro de treinta años pierda 200 millones de habitantes, es decir, el 14 por cien de su población.

La tendencia general sigue siendo ascendente, como lo predijeron proyecciones anteriores de la ONU. El planeta, que apenas contaba con 1.000 millones de habitantes a principios del siglo XIX y 2.600 millones en 1950, superó la marca de los 8.000 millones de seres humanos el 15 de noviembre de 2022. Desde entonces, la población ha aumentado aproximadamente un 2,5%, hasta alcanzar 8.200 millones en 2024.

La ONU espera que la población mundial aumente otro 25 por cien, alcanzando los 10.300 millones de personas a mediados de la década de 2080. Este sería un pico. Luego debería estabilizarse antes de comenzar un ligero descenso hasta los 10.200 millones en 2100.

El aumento de la esperanza de vida, vinculado a la lucha contra el hambre, a un acceso más fácil a la asistencia sanitaria y a los avances en la educación, explica en gran medida el crecimiento demográfico. Según las Naciones Unidas, la esperanza de vida mundial al nacer alcanzó los 73,3 años en 2024, frente a los 46,5 años en 1950. Se espera que aumente a 77 años en 2050.

China toma represalias contra Europa por la subida de los aranceles

Las relaciones comerciales entre China y Europa experimentan actualmente una escalada de tensiones sin precedentes. El 4 de julio la Unión Europea impuso fuertes aranceles a las importaciones de vehículos eléctricos chinos: un 38 por cien que se suma al 10 por cien que ya estaba vigente.

La medida sigue a una investigación que concluye que las subvenciones públicas chinas amenazan a la industria automotriz europea. Pero son varias las puertas del mercado mundial que se cierran para China. En los últimos meses Bruselas ha iniciado otras investigaciones, en particular contra una filial del gigante ferroviario CRRC y contra empresas de energía alternativa en Rumanía.

Lo que no dicen en Bruselas es que ellos hacen lo mismo y que Estados Unidos acaba de aprobar más subvenciones a su propia industria de vehículos eléctricos. Por lo tanto, todos los países del mundo subvencionan una nueva tecnología, pero sólo una, la china, está teniendo éxito en el mercado mundial.

El Ministerio de Comercio hace lo mismo que Bruselas: anuncia una investigación sobre las prácticas comerciales de la Unión Europea, consideradas discriminatorias contra las empresas chinas. Es un paripé para mantener en ascuas a la Comisión Europea hasta el 10 de enero del año que viene, cuando se acabe la investigación.

Los sectores amenazados por China son las empresas ferroviarias, la energía fotovoltaica y la energía eólica. Han despertado al dragón dormido. Hasta ahora China había optado por la contención, favoreciendo la diplomacia y la negociación. Sin embargo, la proliferación de ataques europeos dirigidos a empresas chinas han acabado con su proverbial paciencia. La táctica de “ojo por ojo” acabará transformando el mercado internacional en un campo de minas.

La investigación china es el espejo en el que se mira la Unión Europea. Refleja sus propias acciones y la Unión Europea es el segundo socio comercial de China, detrás de Estados Unidos.

La elección de los sectores a los que se dirige la investigación china no es trivial. Al centrarse en las empresas ferroviarias y las energías alternativas, Pekín toca el corazón de la política europea de transición energética: está presionando los tendones de la economía europea, poniendo a prueba su resistencia.

El año pasado China se convirtió en el primer exportador mundial de automóviles gracias a su dominio en el sector de las energías alternativas. Europa, por su parte, intenta proteger su propia industria frente a la competencia china y los aranceles no son más una prueba de su fracaso.

Pero la guerra comercial no se va a parar en el sector automotriz. Su eco llegará a las cadenas de suministro mundiales más importantes.

La economía está en el centro de las preocupaciones del PCCh

Mañana comienza en Pekín el Tercer Pleno del Buró Político del Partido Comunista de China (PCCh), una reunión clave durante la cual los dirigentes aprobarán un programa de reformas económicas.

El pleno examinará principalmente las cuestiones relacionadas con la profundización general de las reformas y el avance de la modernización de China, a la que han puesto fecha de desembarco: 2035.

El pleno revisará la relación fiscal entre los gobiernos central y local, que se ha convertido en una gran preocupación en los últimos años, dada la crisis del mercado inmobiliario, hasta el punto de que las ventas de tierras, que alguna vez fueron la principal fuente de ingresos para los gobiernos locales, ahora están casi completamente agotadas.

Al PCCh le preocupa el sobreendeudamiento del sector inmobiliario, un pilar tradicional del crecimiento que durante mucho tiempo ha representado una cuarta parte del PIB de China.

Otra preocupación es el alto desempleo entre los jóvenes, que pesa sobre el poder adquisitivo. El presidente Xi Jinping pidió en mayo que el desempleo juvenil fuera la “máxima prioridad”.

Su tasa de paro alcanzó niveles récord el año pasado. Entre las personas de 16 a 24 años en las ciudades superó el 21 por cien en el pasado mes de junio.

Las exportaciones de China también preocupan a causa del bloqueo de Estados Unidos y la Unión Europea. Históricamente han sido una importante palanca de crecimiento económico y su evolución impacta directamente en el empleo de miles de empresas.

El primer ministro chino, Li Qiang, ha pedido oponerse al bloqueo económico y a la subida de los aranceles de la Unión Europea, un socio comercial clave para China.

Por su parte, el gobernador del banco central admitió que la economía china se enfrenta a desafíos, al tiempo que descartó la aprobación de un plan de recuperación. El gobierno chino se resiste a ello y trata de consolidar las finanzas públicas para alcanzar un crecimiento de alrededor del 5 por cien este año.

Alemania purga sus redes digitales de componentes chinos

El jueves Nancy Faeser, ministra de Interior alemana, anunció en una rueda de prensa que los fabricantes de equipos chinos Huawei y ZTE tienen que hacer las maletas. Ya no admiten sus servicios en las redes 5G. “En las redes centrales 5G los componentes de Huawei y ZTE ya no podrán utilizarse a más tardar a finales de 2026. Para las redes de acceso y transporte 5G, los sistemas de gestión críticos de ambos fabricantes deben sustituirse a más tardar a finales de 2029”, añadió la ministra.

Esta decisión “se aplicará a toda Alemania”. Por lo tanto, afectará a todos los operadores del país, empezando por Deutsche Telekom, el número uno europeo en telecomunicaciones, que utiliza los servicios de Huawei. Lo mismo ocurre con la filial alemana de Vodafone, así como con la española Telefónica. En los últimos años estas empresas han realizado instalaciones con equipos de Huawei y ZTE para modernizar sus antenas 4G y actualizarlas al 5G. El 59 por cien de ellas proceden de proveedores chinos. Huawei disfruta de una mayor cuota de mercado en Berlín que en Pekín, donde comparte mercado con ZTE y otros proveedores.

La decisión va a costar muy cara a los operadores alemanes. Tendrán que sustituir sus equipos chinos por los de los otros dos grandes fabricantes mundiales de equipos, la finlandesa Nokia y la sueca Ericsson. Eso va a ralentizar el despliegue de 5G en Alemania, en un contexto en el que esta tecnología es importante para mejorar la competitividad de las empresas.

El pretexto del gobierno de Berlín es la seguridad. Por eso el anuncio procede de una ministra de Interior. La decisión tiene como objetivo “proteger el sistema nervioso de la economía alemana, así como las comunicaciones de nuestros conciudadanos y empresas de nuestro país”, explicó Faeser.

Los dos gigantes chinos de las infraestructuras digitales despiertan las peores paranoias en Europa. Además de las preocupaciones sobre el espionaje, muchos países plantean el riesgo de un cierre deliberado de las comunicaciones en caso de guerra, con efectos devastadores en sectores críticos y altamente digitalizados, como el transporte, la energía o la salud. En el Viejo Continente, varios países -como España, Reino Unido, Francia o Suecia- ya han tomado medidas para prohibir la presencia de los fabricantes de equipos chinos en las redes 5G.

Hace apenas un año, la Comisión Europea pidió a los 27 países miembros de la Unión Europea que tomaran medidas para excluir a Huawei y ZTE de las redes móviles. Thierry Breton, comisario de Mercado Interior, no ocultó su paranoia. “No podemos darnos el lujo de mantener dependencias que podrían convertirse en armas contra nuestros intereses”, afirmó. Es un riesgo demasiado grande para la seguridad europea”.

El pasado mes de enero el Parlamento europeo amplificó la paranoia. Pidió a la Comisión que “propusiera estándares de seguridad adicionales para los proveedores chinos de redes 5G”.

El gobierno alemán ha tardado más de cinco años en purgar a Huawei y ZTE de sus redes. Ha postergado la decisión para tratar de preservar sus intereses económicos, porque China sigue siendo su principal socio comercial. Durante mucho tiempo Berlín ha temido que un boicot a Huawei y ZTE empujaría a China a tomar represalias económicas en su contra.

China se ha convertido en el principal mercado para la poderosa industria automovilística alemana. Sus fabricantes generan allí un tercio de su volumen de negocios y de sus beneficios. Las represalias de Pekín están cantadas.

China bota otro buque rompehielos

Si la nieve y el hielo van a desaparecer del planeta, como pregonan los movimientos “verdes”, no tiene sentido que haya países, como China, empeñados en fabricar rompehielos. China construyó su primer rompehielos en Ucrania en 1994 y en 2018 comenzó fabricarlos en su país.

El martes botó otro más, el Jidi (“Polar”), un buque de investigación capaz de atravesar hielo marino de un metro de espesor. Está equipado con drones, barcos no tripulados y robots submarinos autónomos.

Hubo una celebración en el muelle del Centro Olímpico de Vela de Qingdao cuando el Ministerio de Recursos Naturales de China anunció oficialmente la botadura. Tendrá a Qingdao como su puerto base.

El buque, que ha estado en construcción desde noviembre de 2022, partió a finales de junio del astillero de Nansha hacia Qingdao, donde entró en servicio el 5 de julio.

Junto al Jidi estaba amarrado el Xue Long 2, el rompehielos que en los últimos años ha sido el principal barco de investigación del Ártico y la Antártida de China. Poco después de la ceremonia de puesta en servicio de Jidi, el Xue Long 2 se hizo a la mar para la expedición ártica de este año. El rompehielos navegará a lo largo de la mayor parte de la costa ártica rusa, incluidos el Mar de Siberia Oriental, el Mar de Laptev y el Mar de Kara.

El Jidi está diseñado para operaciones de verano en aguas árticas, pero no está claro si este año se unirá al Xue Long 2 hacia el norte. Es una nueva generación de buques de investigación rompehielos diseñados y construidos por empresas chinas.

El barco tiene casi cien metros de eslora y un desplazamiento a plena carga de 5.600 toneladas. Tiene una tripulación de 60 personas y puede mantenerse de forma autónoma en el mar durante 80 días. Es capaz de atravesar hielo marino de un metro de espesor a una velocidad de 2 nudos.

El buque está equipado con una variedad de dispositivos de reconocimiento marino y puede realizar simultáneamente tareas integrales de observación e investigación de la atmósfera, el hielo marino, el agua, geofísica y otros ambientes marinos.

A bordo hay una variedad de tecnología avanzada y equipos de investigación, incluidos drones, navíos no tripulados y robots autónomos submarinos. Entre ellos se encuentra un dron de combustible de carga pesada que puede transportar 250 kilogramos de carga a la vez.

La tecnología del barco aplica el sistema de red de satélites independiente de China para realizar investigaciones en el aire, el espacio, el mar, el hielo marino y bajo el agua.

Durante la última década, China ha intensificado significativamente su atención al Ártico y en 2018 aprobó un documento de política ártica.

Arabia saudí presiona a Europa para que devuelva el dinero robado a Rusia

Cuando las barbas de tu vecino veas pelar…. El embargo de los activos rusos ha puesto las orejas tiesas a los mercados financieros internacionales. Ya nadie se fia de Europa y mucho menos de Estados Unidos. No les puedes confiar ni un céntimo porque te lo quitan.

Los saudíes también tienen el dinero guardado en Europa y Estados Unidos y ya no se fían de que alguna vez hagan lo mismo con ellos. Por eso están presionando a los países del G7 a fin de que reconsideren el embargo y devuelvan el dinero robado a Rusia.

El problema es que cuando la confianza se rompe ya no se puede vovler a recuperar nunca, pero la decepción sería menor si los chorizos de Bruselas volvieran sobre sus pasos. En caso contrario, el Ministerio de Finanzas saudí se plantea vender sus paquetes de deuda europea.

Así de claro se lo plantearon antes de las reuniones del G7 de mayo y junio.

El impacto potencial de la venta de la deuda europea, en particular la emitida por la Hacienda francesa, sería considerable. Podría transformarse en un golpe contra el euro.

Riad trata de impedir la creación de un precedente en materia de incautación de activos extranjeros.

Por eso la reacción del G7 ante el embargo de los activos rusos han sido tan suave. Sólo propusieron un préstamo de 50.000 millones de dólares a Ucrania, garantizado por los intereses generados por los activos rusos robados. Están temblando.

Por lo demás, la reacción saudí ante el embargo a Rusia pone de manifiesto que las grandes potencias ya no tienen las manos libres, que las contradicciones internacionales se agudizan y que en el escenario hay otros protagonistas, como los saudíes, además de los primeros espadas. El panorama mundial se ha complicado. La hegemonía es menos hegemónica.

China produce el doble de energía ‘verde’ que el resto del mundo junto

China es el campeón indiscutible del mundo en el ámbito de la producción de energía “verde”. Produce el doble de energía “limpia” que el resto del mundo junto.

Las cifras han sido reveladas por la organización Global Energy Monitor (GEM). El país asiático representa hoy 339 GW de producción de energía solar y eólica, lo que supone el 64 por cien de la producción anual total. Le sigue Estados Unidos, con 40 GW, así como Brasil, con 13 GW.

Las inversiones en energía solar y eólica son enormes pero, a pesar de ello, para satisfacer las crecientes necesidades de electricidad de la economía, sigue dependiendo del carbón.

China también encabeza la nueva era de la aviación eléctrica. El gigante CATL, la mayor empresa del mundo en la producción de baterías para vehículos eléctricos, acaba de alcanzar un hito notable en el desarrollo de baterías de alto rendimiento destinadas a la aeronáutica.

Recientemente CATL probó una batería de nueva generación con una densidad energética de 500 Wh/kg, el doble que las baterías de mayor rendimiento disponibles actualmente en el mercado. Esta prueba, realizada en colaboración con Comac, una empresa pública china del sector aeronáutico, arrojó resultados prometedores, sugiriendo la posibilidad de realizar vuelos más largos y pesados.

Según CATL, la batería permitió a un avión eléctrico de cuatro toneladas realizar un vuelo de prueba de larga distancia. Aunque se han publicado pocos detalles sobre el rendimiento exacto durante este vuelo, la empresa afirma que la misma tecnología podría permitir que un avión de ocho toneladas recorra hasta 2.000 o incluso 3.000 kilómetros, lo representaría un avance significativo, ya que los aviones eléctricos actuales generalmente tienen una autonomía limitada a unos cientos de kilómetros.

La estrategia de CATL no termina ahí. Al posicionarse en el mercado de la aviación de negocios, la empresa pretende ofrecer jets privados capaces de transportar hasta nueve pasajeros en largas distancias, una perspectiva atractiva para empresas y taxis aéreos.

La evolución de la tecnología de baterías para la aviación eléctrica, en particular la desarrollada por CATL, podría tener un profundo impacto. En primer lugar, este avance de las fuerzas productivas aumenta la viabilidad de los aviones eléctricos para vuelos comerciales más largos, abriendo la puerta a una adopción más amplia de esta tecnología en segmentos de mercado previamente dominados por aviones de propulsión tradicional.

Además, al duplicar la densidad energética de las baterías, CATL se ha puesto a la cabeza de manera decidida. El éxito del proyecto fortalece la posición cabecera de China en el desarrollo de tecnologías avanzadas, lo que contrasta con el reciente cierre de la fábrica de Audi de coches eléctricos en Bruselas que la subida de los aranceles de la Unión Europea no ha podido evitar.

Desde principios del siglo XXI, la aviación ha experimentado importantes avances tecnológicos que han transformado tanto los aspectos de diseño como de funcionalidad de los aviones. La introducción de materiales más ligeros y resistentes, como los compuestos de fibra de carbono, ha hecho posible construir aviones más robustos y con mayor rendimiento energético.

Al mismo tiempo, la creciente adopción de tecnologías digitales ha revolucionado la navegación aérea y la gestión del tráfico, haciendo que los vuelos sean más seguros y eficientes. Estos avances, que simbolizan una era de transformación, sientan las bases para una aviación futura más sostenible y accesible, donde innovaciones como la aviación eléctrica ya no sean meras curiosidades sino realidades emergentes.

Las sanciones son la continuación de las guerras por otros medios

Las sanciones económicas no son nuevas, pero hasta ahora tampoco eran corrientes. Hasta la Segunda Guerra Mundial sólo se utilizaron unas cien veces. Ahora se han institucionalizado como un instrumento de presión habitual de las potencias imperialistas.

Su objeto ha cambiado. Antes pretendían evitar las guerras, como en los años noventa del siglo pasado en Irak. Mediante la presión económica pretendían lograr los mismos resultados que con la guerra. Ahora las sanciones complementan y acompañan a las guerras. Son parte de ellas. Son un arma de guerra y una declaración indirecta de guerra. Cuando era ministro de Finanzas, el francés Bruno Lemaire, llamó a las sanciones a Rusia “armas nucleares financieras”.

Inicialmente el bloqueo afectaba a los ejércitos y a la industria de guerra, para lograr el desarme de un país. No eran letales, ni afectaban a la población civil. Después empezaron a poner a los civiles en el punto de mira causando estragos. Las sanciones impuestas a Irak en los años noventa demostraron que pueden ser más letales que las propias guerras. Aquellas sanciones fueron autorizadas por la ONU por la anexión de Kuwait y alcanzaron incluso a los productos farmacéuticos. Costaron la vida a un millón y medio de personas, entre ellos 600.000 niños menores de cinco años.

Aquel embargo a Irak es el mayor crimen cometido por la ONU a lo largo de su historia. Por sí mismo, merecería que sus responsables fueran llevados ante un tribunal para ser juzgados por crímenes contra la humanidad.

Las sanciones son asimétricas, un instrumento de presión de las grandes potencias contra países más pequeños. Estos no pueden responder con la misma moneda hacia los países más grandes, salvo de una manera simbólica.

Antes las sanciones eran temporales pero, tras la entrada del capitalismo en su fase imperialista y la Primera Guerra Mundial, se han generalizado. Los bloqueos, los embargos y las sanciones forman parte esencial del mercado mundial.

Las sanciones que imponen las grandes potencias son contrarias al derecho internacional por su naturaleza unilateral y porque son una injerencia en los asuntos internos de otros países. Por eso los imperialistas se acogen al artículo 21 de los estatutos de la OMC (Organización Mundial de Comercio), que las autoriza por razones de “seguridad nacional”, que los documentos de las organizaciones internacionales también llaman “intereses esenciales”.

Las sanciones dirigen políticamente el mercado mundial, que ni está abierto ni se rige por principios económicos, sino por intereses estratégicos y militares.

El artículo 21 de la OMC se ha convertido en el principio más importante que rige el comercio internacional y por eso, con el tiempo, las potencias imperialistas han ampliado considerablemente el concepto de “seguridad nacional” para convertir en legal lo que es ilegal, de manera que la OMC rechazó el recurso de Rusia contra las sanciones impuestas en su contra tras la anexión de Crimea en 2014.

Estados Unidos ha sido el país que más ha recurrido a ellas. Las ha utilizado múltiples veces (contra Corea del norte, Cuba, Irán, Siria y Venezuela) tras las fallidas guerras de Afganistán (2001) e Irak (2003).

La Unión Europea también se ha convertido en uno de los mayores sancionadores del mundo: 34 países estaban bajo sanciones europeas en 2019, frente a solo 6 en 1991, antes de la aprobación del Tratado de Maastricht que creó la PESC (Política Europea de Seguridad y Cooperación).

El bloqueo y las sanciones crean ventajas competitivas. Por ejemplo, una empresa estadounidense, General Cigar, aprovechó el embargo a Cuba para apropiarse del nombre comercial “Cohiba” para vender su propio tabaco como si fuera de origen cubano.

El bloqueo no es sólo una medida directa, sino también indirecta. No sólo alcanza a un determinado país sino a terceros, así como a las empresas que comercian con ellos. Para ser eficacia requieren de segundones, es decir, de paises que se sumen a las sanciones. Finalmente, acaban afectando a las empresas de transportes, especialmente a las navieras, al turismo, a la hostelería y, en última instancia, a todos los países y a todas las empresas del mundo.

Las sanciones no son sólo prohibiciones, sino que inventan delitos que, además, son extraterritoriales, es decir, que caen bajo la jurisdicción de los tribunales de Estados Unidos. Quienes comercien con paises sujetos al bloqueo, pueden acabar en prisión o con órdenes de busca y captura internacionales que les impiden viajar.

Si el embargo comercial hacia Cuba es el más prolongado que ha conocido la historia moderna, las sanciones impuestas a Rusia desde el inició de la Guerra de Ucrania en 2022 son las de mayor alcance, por el tamaño económico de Rusia. Han afectado a las personas individuales, han expulsado a los bancos rusos del sistema Swift y han embargado las reservas de divisas del Banco Central ruso. Aproximadamente el embargo ha capturado la mitad de las reservas del Banco, que ascienden a 670.000 millones de dólares.

El fracaso de las sanciones contra Rusia ha sido mayor en cuanto más se han ampliado. Su objetivo era conseguir la declaración de impago de la deuda, es decir, aparentar una quiebra de Rusia.

Las sanciones son una de las expresiones de la fragmentación del mercado mundial por motivos políticos y militares, es decir, una vuelta a la formación de bloques. Por lo tanto, es otro fracaso de las políticas económicas implementadas por el capital desde 1945 y, más en concreto, de la OMC, basadas en la división internacional del trabajo y la deslocalización.

Los bloques rompen la integridad del mercado internacional en una etapa en el que las empresas están cada vez más especializadas y los países son cada vez más dependientes de dicho mercado y de una cadena de suministros que es internacional. Hoy las grandes unidades productivas se limitan a ensamblar piezas procedentes de decenas de empresas diferentes, de diferentes países y con fuerza de trabajo de distinto origen nacional.

El capitalismo, que buscaba la desregulación, ha pasado a una regulación cada vez más estricta de los intercambios, lo que han calificado como una “OTAN económica”. Se ha creado un comercio con pasaporte, que no depende tanto de las empresas como del lugar donde la misma tenga su sede social. La deslocalización solo es posible si se dirige a un “país amigo”. La fragmentación política se suma a la económica, pero si ésta incrementa el mercado mundial, la otra lo reduce.

¿Juega Ucrania a convertirse en el patito feo de la Unión Europea?

Una cosa es predicar y otra dar trigo, dice el refrán. En Bruselas se desviven en alabanzas hacia Ucrania, pero la cosa cambia mucho cuando se trata de recaudar y poner aranceles a sus exportaciones para proteger la producción propia.

La Comisión Europea ha reintroducido los aranceles sobre las exportaciones ucranianas de huevos, avena y azúcar. Es exactamente lo mismo que han hecho recientemente con los vehículos eléctricos de fabricación china. ¿También hacen dumping los huevos ucranianos?

La medida marca el fin de una exención temporal establecida tras el inicio de la guerra contra Rusia. La medida, que entrará en vigor en junio del año que viene, responde a la creciente presión de los agricultores europeos, descontentos con las importaciones procedentes de Ucrania.

En 2022 la Unión Europea abrió sus fronteras a los productos agrícolas ucranianos para ayudar al gobierno de Kiev. Ante el bloqueo del Mar Negro, Ucrania reorientó sus exportaciones hacia el mercado europeo, convirtiéndose rápidamente en un importante proveedor. El año pasado representó el 7 por cien de las importaciones agroalimentarias de la Unión Europea, ubicándose detrás de Brasil y Reino Unido.

Esta afluencia de productos ucranianos particularmente competitivos ha provocado un aumento de las tensiones entre los agricultores europeos, que están en pie de guerra con Bruselas a causa de las políticas monopolistas. La Comisión Europea ha reaccionado reintroduciendo los aranceles para determinados productos. Para la avena, el azúcar y los huevos, se impondrán derechos de aduana tan pronto como las exportaciones ucranianas superen los niveles medios anuales observados entre mediados de 2021 y finales de 2023.

La aplicación de estas medidas se desencadenó en junio para la avena y en julio para los huevos y el azúcar, después de que sus exportaciones superaran las cuotas anuales. En 2022 Ucrania exportó 7.000 toneladas de avena a todo el mundo, cifra que aumentó hasta 11.173 toneladas entre julio de 2023 y mayo de 2024, incluyendo destinos como India, Irak y Turquía, además de la Unión Europea.

Las organizaciones agrarias europeas han expresado su preocupación por la eficacia de estas medidas para limitar las importaciones ucranianas. Destacan el diferencial de costos de producción entre Ucrania y la Unión Europea, que podría seguir favoreciendo las importaciones de bajo costo a pesar de los nuevos aranceles aduaneros.

La reintroducción de derechos de aduana sobre ciertos productos ucranianos por parte de la Unión Europea demuestra que Bruselas no tiene una política económica a largo plazo dirigida hacia el campo, ni tampoco hacia Ucrania. Es puro oportunismo político. Lo que establecen hoy se puede cambiar mañana.

Por su parte, en Kiev están tan desespeados por ingresar en la Unión Europea que firmarían cualquier acuerdo económico que les permitiera incorporarse.

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