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Categoría: Ecología (página 1 de 30)

La temperatura media mundial ha caído drásticamente en enero

Hace más de dos décadas, el climatólogo Mojib Latif, del Instituto Max Planck de Meteorología de Alemania, sostuvo que debido al calentamiento mundial, Alemania ya no experimentaría inviernos rigurosos con nieve y fuertes heladas como en épocas anteriores.

A la luz del crudo invierno de este año en Alemania, las declaraciones de Latif, lo mismo que las de otros “expertos” han caido en el ridículo. Un artículo publicado en el Berliner Zeitung señala que las profecías de Latif han envejecido muy mal (*). Alemania ha quedado sepultada por gruesas capas de nieve, lo mismo que otros países europeos.

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10 personas han muerto en Japón debido al temporal de frío

Al menos diez personas han muerto estos días en Japón debido a las fuertes nevadas y las repetidas olas de frío que afectaron amplias zonas del país. Solo en la provincia de Niigata, a lo largo de la costa del Mar de Japón, al menos seis personas murieron. Dos personas murieron por la caída de nieve desde los tejados en la zona de la ciudad de Nagaoka, mientras que otras cuatro fallecieron mientras limpiaban la nieve en diferentes partes de la provincia.

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La ola de frío polar paraliza todo el continente europeo

Desde hace años los “expertos” oficiales venían anunciando el fin definitivo de los inviernos gélidos. Prometieron temperaturas cada vez más suaves. Sin embargo, ante el frío glacial generalizado en Europa y Estados Unidos, los principales medios de comunicación se hacen los sorprendidos. El dogma del calentamiento se enfrenta de repente a unos termómetros que no estaban previstos.

Lo mismo cabe decir de las sequías, que los “expertos” quieren asociar mecánicamente al calor. En España está lloviendo torrencialmente y el truco publicitario es cambiarle el nombre a las cosas: se trata de un “fenómeno meteorológico extraordinario”. Si hay sequía es por el calentamiento y si llueve es por el mismo motivo.

Las alertas y declaraciones de emergencia por frío y nieve han llegado a todos los rincones del hemisferio norte. La ola de frío ha resultado mortal. Regularmente aparecen noticias sobre la muerte de mendigos en las calles por hipotermia, como en Badalona y Barcelona.

El servicio meteorológico francés indicó que la ola de frío es una de las más intensas que ha experimentado el país en al menos ocho años. Se prevé que en Europa las temperaturas caigan entre 12 y 15°C por debajo de los promedios estacionales en Europa central, occidental y sudoccidental (1).

Las redes de transporte en varios países se han visto gravemente perturbadas, con cientos de vuelos retrasados o cancelados, servicios ferroviarios suspendidos u operando a capacidad reducida y cierres importantes de carreteras debido a la nieve, el hielo y los accidentes.

Un campamento dentro del aeroperto de Amsterdam

En medio del silencio mediático hay que poner en primer plano noticias que los medios sólo publican cuando de trata de Cuba o Venezuela, como la siguiente: los vecinos de Berlín han estado cuatro días sin luz a causa de los cortes de suministra causados por la ola de frío (2).

Esta semana se han cancelado unos 2.000 vuelos en el aeropuerto Schiphol de Ámsterdam. El miércoles más de mil pasajeros pasaron la noche en las terminales. El personal del aeropuerto instaló cientos de camas de campaña y sirvieron el desayuno a los viajeros mientras las tripulaciones trabajaban para quitar la nieve de las pistas y descongelar los aviones.

El principal operador ferroviario neerlandés informó que algunos trenes, incluidos los internacionales, no circulaban según lo previsto. El Puerto de Róterdam, el más grande de Europa, informó que, si bien permaneció abierto, la visibilidad en el puerto fue reducida. Añadió que algunas terminales de contenedores cerraron temporalmente debido a la nieve.

En Reino Unido se suspendieron los partidos de fútbol y las carreras de caballos debido a la nieve y las heladas, mientras que un corte de energía causado por el hielo obligó a cerrar el metro de Glasgow.

En Goteborg, Suecia, todos los tranvías de la ciudad quedaron fuera de servicio el miércoles por la mañana debido a la nieve. Al circular por los raíles, los convoyes sacudían la nieve, lo que representaba un riesgo para los vehículos.

En Finlandia las dificultades para arrancar los autobuses diésel que habían estado parados en el frío durante las vacaciones y las malas condiciones de conducción provocaron cancelaciones de autobuses y retrasos en la zona de Helsinki.

El aeropuerto Charles de Gaulle, en París, canceló alrededor de un 40 por cien de los vuelos. En el otro aeropuerto, el de Orly, las cancelaciones afectaron a una cuarta parte de los vuelos.

El tráfico se detuvo por completo en el aeropuerto de Nantes, según informó la autoridad de aviación civil francesa en redes sociales.

Varias zonas de Francia estaban prohibiendo la circulación de camiones pesados.

(1) https://www.severe-weather.eu/global-weather/arctic-cold-blast-winter-storm-snow-bomb-forecast-europe-january-2026-mk/
(2) https://weather.com/news/news/2026-01-07-europe-snow-storm-goretti

La Unión Europea se desprende de sus señas de identidad verdes

A mediados de diciembre la Comisión Europea anunció la eliminación de la prohibición de venta de coches con motor térmico, una de las medidas estelares del Pacto Verde, que sólo ha durado cinco años. A los verdes su desaparición les apena.

Era una de las señas de identidad de la Unión Europea y de Ursula von der Layen en particular, que había convertido a la Agenda 2030 en el emblema de su cargo. Pero los más afectados son los de la “izquierda domesticada”, que se lamentan: si lo que nos diferenciaba de la “extrema derecho” eran nuestras posiciones ambientales, ¿qué nos queda?

Lo realmente dramático no es el fin de unas políticas absolutamente descabelladas, que nunca se hubieran podido llevar a cabo, sino el fin de las subvenciones. Los diferentes movimientos verdes se van a quedar sin fondos y no tardarán en quedar marginados, lamiéndose sus heridas.

El Pacto Verde nunca fue otra cosa que una palanca de acumulacion de capital y un mecanismo para la competencia industrial en los mercados mundiales de cierto tipo de industrias y nuevas tecnologías, particularmente en energías renovables y vehículos eléctricos. Su objetivo central siempre fue estimular el beneficio privado.

Si aún se mantienen en vigor ciertos capítulos del Pacto Verde no es por motivos ambientales sino para hacer la competencia a China, que se ha apoderado de las tecnologías de transición energética.

Hoy lo que absorbe las energías de Europa es la carrera armamentista. Los países miembros de la Unión Europea y la OTAN se han comprometido a gastar el 5 por cien de su PIB en la guerra para 2035. Son 500.000 millones de euros más cada año para la guerra.

La mayoría de los países europeos recorta ahora masivamente el gasto público para redirigir recursos al complejo militar industrial. El caso de España demuestra que las cartas están encima de la mesa. El rearme no depende de los gobiernos nacionales, ni de los partidos de “derecha” o de “izquierda”, de votaciones, ni de parlamentos de ningún tipo.

Ni siquiera depende de los movimientos “verdes”, que han pasado del “ecopacifismo” al militarismo más desquiciado. El partido verde se fundó en Alemania en 1980 con un manifiesto en el que pedían la “disolución inmediata de los bloques militares, en particular la OTAN y el Pacto de Varsovia”. En plena Guerra Fría una de sus reivindicaciones era “el desmantelamiento de la industria armamentista alemana y su conversión a una producción pacífica”.

Desde la Guerra de Yugoslavia los Verdes son el partido de la guerra. Es lo que les llevó al gobierno de Berlín en 1998. En marzo apoyaron una enmienda constitucional para eliminar todas las restricciones presupuestarias al ejército y los servicios de inteligencia.

Sus planes ambientalistas fracasaron y no les va a dar tiempo para comprobar si sus planes militaristas triunfan, porque empiezan a ser un partido residual desde el punto de vista electoral. En Europa se han acabado las políticas verdes tanto como los políticos verdes.

‘Los combustibles fósiles son un regalo de dios’

Del 10 al 21 de noviembre se ha celebrado la COP30 en Belén, Brasil, una gigantesca reunión con casi 70.000 participantes. Significa que las conferencias climáticas tienen ya 30 años de historia, con muchas frases, declaraciones solemnes, compromisos ambiciosos y fracasos más que abolutos, como cabía suponer: desde la Cumbre de la Tierra que inició el proceso de descarbonización, las emisiones de CO2 han aumentado un 65 por cien.

COP significa Conferencia de las Partes. Es una reunión anual de los Estados que han ratificado el Convenio de la ONU sobre el Cambio Climático, aprobado en 1992 en Rio de Janeiro para reducir las emisiones de CO2.

En 1997 el Protocolo de Kioto fue histórico. Por primera vez se acordó que el cambio climático era un drama mundial, que necesitaba de normas internacionales vinculantes y, en definitiva, de un “gobierno mundial”.

A pesar de haberlo negociado, el gobierno Clinton-Gore de Estados Unidos, entonces el mayor emisor del mundo, se negó a ratificar el tratado.

El primer compromiso fue la reducción de las emisiones en un 5,2 por cien para los países industrializados para el período 2010-2012 que, como cabía esperar, nunca se cumplió porque los compromisos climáticos nunca han sido más que eso, brindis al sol, las típicas leyes que no se cumplen porque no se aprueban para ser cumplidas, sino para adornar el escaparate.

Hace apenas unos años la Agencia Internacional de la Energía anunció un “pico” inminente en la demanda de combustibles fósiles. No aciertan nunca: a pesar de los ambiciosos objetivos climáticos internacionales y la promesa de una rápida transición energética, la demanda mundial de combustibles fósiles no ha disminuido, sino que continúa aumentando.

La creciente demanda de energía de la economía mundial choca directamente con las expectativas verdes y el llamado “pico del petróleo”. Lejos de reducirse, entre 1990 y 2010 las emisiones aumentaron un 32 por cien. El consumo mundial de combustibles llamados “fósiles” ha seguido aumentando. Suponen casi el 87 por cien de la energía que mueve el mundo.

Las previsiones anteriores han quedado obsoletas. Actualmente las energías renovables no están reemplazando a las fuentes convencionales, sino que las complementan. Si bien la energía solar y eólica se están expandiendo masivamente, esto no es suficiente para satisfacer la creciente demanda energética mundial.

El presidente brasileño, Lula, es el típico hipócrita que firma todas las declaraciones seudoecologistas que le ponen encima de la mesa, al mismo tiempo que autoriza la exploración petrolera en la parte brasileña de la Guayana, frente a la costa del río Amazonas. La retórica va por un ado y la realidad por otro muy distinto.

El año pasado, en la inauguración de la COP29 en Bakú, el presidente azerbaiyano Ilham Aliyev, declaró que “los combustibles fósiles son un regalo de dios”. Esta declaración reflejaba el fin de una era, en la que la ONU ha hecho el ridículo durante 30 años.

Es lógico que los jefes de Estado ya no acudan a este tipo de cumbres climáticas, salvo que estén en periodo electoral y necesiten salir por la televisión para recaudar votos. Dejan la tarea a los ministros de medio ambiente, que para eso los nombran.

Con el tiempo, en este tipo de eventos se ha ido colando, poco a poco, la energía nuclear, que antes estaba muy mal vista por las organizaciones verdes. Si se trata de descabonizar, nada mejor que construir centrales nucleares. En Dubai, en paralelo a la COP, se celebró una conferencia para revitalizar la energía nuclear.

Incluso han comenzado a oirse voces contra la decarbonización, algo normal cuando una cumbre seudoecologista se celebra en Bakú, el centro petrolífero mundial por excelencia. En Varsovia, en medio de una COP, se celebró otra reunión paralela para promover la minería del carbón porque una de las máximas prioridades del mundo sigue siendo una energía barata y abundante.

‘El mundo está harto de las políticas climáticas’

La 30 Conferencia Mundial sobre el Clima convocada en Belén, Brasil, pasará a la historia de los jolgorios climáticos como un punto de inflexión. Ningún jefe de Estado de los cuatro países a los que acusan de las mayores emisiones de CO2 (China, Estados Unidos, India y Rusia) se presentó a la cita.

Durante décadas han saturado al mundo con cataclismos y falsas alarmas. Antes de la reunión, el New York Times tituló: “El mundo está harto de las políticas climáticas”. Pocos días antes, Bill Gates, uno de los mayores promotores de las alarmas climáticas, advirtió explícitamente de que el pánico ya no conmueve a los espectadores.

Un presentador de la televisión estadounidense, Glenn Beck, explicó el cambio de opinión de Bill Gates: “No se trata de ciencia, se trata de Trump”. Dicho de otro modo, se trata de minimizar los daños para sus propias empresas, que planean realizar inversiones multimillonarias en centros de datos en Estados Unidos y a escala mundial.

Los centros dependen de la electricidad generada por nuevas centrales de gas a corto plazo, ya que la reactivación de las antiguas centrales nucleares no será suficiente, y la construcción de otras nuevas aún tardará varios años. A Gates le dieron a elegir entre el clima y el negocio, y no lo dudó ni un minuto. El clima le pertenece al mundo y el negocio sólo a él.

En la Conferencia cada país debía informar sobre sus planes futuros para la reducción del consumo de “combustibles fósiles”. Pero solo un tercio de los gobiernos del mundo se tomó esa molestia. El drama se ha acabado; ningún país hace ya planes de reducción de emisiones sino todo lo contrario.

El Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) esperaba reducir las emisiones mundiales de CO2 en un 45 por cien para 2030, en comparación con 2015, pero van a seguir aumentado como siempre. El consumo mundial de carbón aumentará un 30 por cien, el de petróleo un 25 por cien y el de gas un 40 por cien, en comparación con 2015.

Solo la Comisión Europea sigue haciendo el ridículo y hablando de cero emisiones netas para 2050. Alemania, el antiguo motor industrial de Europa, es aún más ambiciosa y pretende ser climáticamente neutra para 2045. La reducción de emisiones en Alemania se verá inevitablemente compensada por el aumento de las emisiones en otros países de la Unión Europea y de mundo. El Sistema Europeo de Comercio de Emisiones permite que los derechos de emisión no utilizados por Alemania los consuman otros países europeos.

Cada vez está más claro a lo que se refería el Wall Street Journal cuando calificó la política energética alemana como “la más absurda del mundo”.

Unos días antes de la reunión, los europeos acordaron un objetivo común: lograr una reducción del 90 por cien de las emisiones de CO2 para 2040 con respecto a 1990. El 5 por cien de este compromiso podría provenir de reducciones de emisiones en el extranjero, lo que, por supuesto, también implicaría un alto coste. El ministro alemán de Medio Ambiente celebró el acuerdo. como “buenas noticias para la economía alemana, ya que ahora todos tendrían las mismas condiciones competitivas”.

El gobierno alemán ha perdido el norte por completo. La industria alemana no solo exporta a los países europeos. La mitad va fuera del continente, y tiene que soportar la carga de los impuestos sobre las amisiones, además de los altos precios de la energía.

El ridículo empeño alemán por la descarbonización no le importa a nadie en el mundo, y por eso cuando canciller Merz habló en Belén, la sala estaba casi totalmente vacía.

El dinero público garantiza la rentabilidad de los buitres

Probablemente, el único resultado de la conferencia de Belén será la creación de un fondo de inversión, propuesto por Lula, para financiar la protección de los bosques tropicales.

El proyecto es totalmente especulativo: los países aportan 25.000 millones de dólares y los fondos buitre (inversores privados) otros 100.000 millones. Los países reciben una rentabilidad entre el 4 por cien y el 4,8, que corresponde a la rentabilidad de sus bonos gubernamentales, ya que generalmente deben obtener el dinero mediante deuda pública. Para los buitres privados la rentabilidad estará entre el 5,8 y el 7,2 por cien.

El dinero se invertirá en bonos gubernamentales de mercados emergentes, que ofrecen un interés relativamente alto debido al mayor riesgo. Por ejemplo, los bonos del gobierno brasileño actualmente ofrecen un 12,25 por cien. Los buitres privados tienen prioridad, seguidos de los países donantes. Si queda algún remanente después de la distribución de las beneficios entre los los países y los buitres, se destinará a 74 países con bosques tropicales. De esa manera esperan distribuir entre 3 y 4.000 millones de dólares anuales a los países con bosques tropicales.

Para atraer a los buitres a la carroña, les dan preferencia en el orden de pago, por delante de los países que, además, deben garantizar la solvencia del fondo. Un impago por parte de un mercado emergente podría llevar rápidamente a la insolvencia del fondo. En tal caso, los países serían responsables y, en el peor de los casos, perderían el dinero.

Explicado de otra manera, el dinero público garantiza la rentabilidad de los buitres privados, como BlackRock. El cambio climático sirve de pretexto para lograr este tipo de grandes pelotazos internacionales.

Es lógico que este tipo de chanchullos tengan dificultades. El fondo sólo se pondrá en marcha si los Estados aportan 10.000 millones de dólares. Hasta el momento (salvo Alemania), sólo han recaudado 5.600 millones.

Si el fondo se crea, los fondos de inversión serán los primeros en beneficiarse, con altas rentabilidades garantizadas por los Estados, y luego los mercados emergentes, que podrán vender sus bonos gubernamentales de alto riesgo.

¿Alguien cree en serio que las selvas tropicales se beneficiarán de esta trama financiera?

El gran negocio de la mierda

En los inodoros y las aguas fecales hay un tesoro escondido. El Foro de Davos lo califica como “la cuarta revolución industrial”. Por su parte, los “expertos” aseguran que es un nicho de mercado que hasta ahora nadie se había preocupado de explotar. Hay programas para producir hidrógeno y electricidad; otros para elaborar carbón vegetal biológico, minerales, fertilizantes, alimentos y agua potable.

En 2016 varias multinacionales formaron un chiringuito, la Toilet Board Coalition, para promover la “economía circular”. La coalición colabora con varios organismos de la ONU, como UNICEF, ONU-Agua (UN-Water) y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en el marco de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, uno de los cuales son las letrinas, los saneamientos e inodoros.

Varias multinacionales forman parte de la coalición, entre ellas Unilever, que vende numerosas marcas de alimentación, y Firmenich, una empresa suiza especializada en la producción de sabores y aromas artificiales, algo que nunca puede faltar cuando la materia prima son los orines y excrementos. El buen gusto siempre tiene que llegar a los paladares más exigentes.

En 2020 Firmenich se asoció con Microsoft para elaborar sabores artificiales con inteligencia artificial. A los alimentos de “carne vegetal” les daba un sabor a res “ligeramente asada”.

Según una investigación del propio holding, el mercado podría alcanzar un valor de 62.000 millones de dólares solo en India. Es una materia prima desaprovechada de 3,8 billones de litros de “valiosos recursos biológicos cada año” (1), que es una manera elegante de referirse a los orines y deposiciones.

Del holding de los saneamientos también forma parte otra empresa, llamada Veolia, que recicla las aguas residuales para convertirlas en potables. No se trata de proyectos quiméricos: hace dos años que Veolia suministra agua a los vecinos de Les Sables d’Olonne, en Francia. Según su propia página web, en 2023 puso en marcha en la localidad el Programa Jourdain, calificado como “el primer experimento en Francia y Europa en el tratamiento de aguas residuales, para asegurar el suministro de agua potable en la región” (2).

En 2011 la Fundación Gates financió el concurso RTTC (“Reinvent the Toilet Challenge”) en el que participaron ocho universidades para filtrar y separar los diversos componentes de las aguas fecales.

La retórica que justifica el reciclado de las aguas residuales es el mantra de siempre: el cambio climático va a causar sequías, por lo que hay que asegurar el suministro de agua potable “de muy alta calidad”, dicen los folletos publicitarios de la industria de los saneamientos.

Si una multinacional, como Unilever, forma parte de la coalición de los inodoros, es porque la economía política de los excrementos incluye un componente alimentario, específicamente destinado a transformar los orines y las heces humanas en alimentos nutritivos y sanos.

La materia prima es abundante. Los 8.000 millones de habitantes del planeta fabrican excrementos humanos cada día, lo que equivale a 3,8 billones de litros. Una vez capturados, ofrecen posibilidades de reciclado muy interesantes, dice la Toilet Board Coalition. Por eso el gobierno de India inició un ambicioso programa para que las personas no defequen al aire libre. La materia primera se pierde y, para recuperarla, instalaron cien millones de letrinas. De esa manera India se convierte en un país con la etiqueta ODF (“libre de defecación en espacios abiertos”). El negocio es doble: unas empresas fabrican los inodoros y las otras recogen los excrementos.

La técnica para reciclar las aguas fecales se basa en la cría de larvas de la mosca soldado negra (Hermetia illucens). Las llaman las “moscas ecológicas” por su excepcional capacidad de convertir los desechos orgánicos en proteínas de alta calidad, lípidos y nutrientes esenciales. El polvo se procesa en un producto digerible, denso en nutrientes que se utiliza en una amplia variedad de alimentos y bebidas: harina, masa para pasteles y galletas, barritas proteicas, cerveza, cereales para el desayuno y otros succedáneos de la carne y los lácteos (3).

Una empresa sudafricana, Gourmet Grubb, ahora llamada De Novo Foodlabs, vende helados Entomilk (4) y otros productos “alimenticios” procesados por esas larvas: leche, yogures, quesos…

La técnica de utilizar larvas de mosca negra para crear nuevos “alimentos” a partir de excrementos humanos recogidos en las alcantarillas es un proyecto que cuenta con el apoyo de EAWAG, el instituto de investigación del agua, que tiene su sede en Zurich y que en 2012 fue subvencionado por la Fundación Gates con 40.000 dólares por su labor en el diseño de los nuevos inodoros capaces de reciclar las aguas fecales (5).

Para capturar el máximo posible de heces, EAWAG se asoció con la empresa austriaca Eoos para fabricar una letrina móvil que contiene su propio filtrado de aguas y no necesita alcantarillas. Fue desarrollado dentro del programa de subvenciones de la Fundación Gates y lo llaman “Blue Diversion Toilet”. Al separar y reciclar las aguas, el inodoro sirve también de grifo para beber agua reciclada, e incluso de ducha (6).

Las larvas de mosca negra se utilizan para elaborar fertilizantes y biocombustibles, así como en la “alimentación animal”. En 2023 la Unión Europea aprobó su comercialización para la “alimentación humana” bajo la etiqueta de “nuevos alimentos”. Ciertos productos procesados que contienen larvas de mosca negra —como harinas, proteínas o ingredientes en barras energéticas— se pueden comercializar legalmente en la Unión Europea.

Otros países, como Canadá, Suiza y algunos en Asia, también han avanzado en la regulación de los insectos como fuentes de proteínas para consumo humano, incluyendo las larvas de mosca negra.

Mientras las grandes multinacionales se apoderan de los manantiales de agua potable y la venden embotellada, los demás se tendrán que conformar con beber las aguas fecales recicladas. Sin denominación de origen. Se trata de experimentos que ya se han probado en África. Por ejemplo, las letrinas de última tecnología “Blue Diversion Toilet” se probaron en Uganda en 2013 y al año siguiente en Kenya.

Si los negros no se mueren al consumir el agua reciclada, pronto los veremos en nuestras grandes metrópolis y urbanizaciones… además de en nuestras mesas.

(1) https://medium.com/@TheToiletBoard/accelerating-the-sanitation-economy-the-fortune-in-our-toilets-28653366d952
(2) https://www.veolia.com/en/our-media/news/vendee-eau-help-veolia-preparing-future-through-its-jourdain-programme-first
(3) https://www.marketresearchintellect.com/blog/black-soldier-fly-larvae-powder-the-eco-friendly-superfood-revolutionizing-the-food-and-beverage-industry/
(4) https://edition.cnn.com/2019/07/25/business/gourmet-grubb-insect-ice-cream-intl
(5) https://www.gatesfoundation.org/Ideas/Media-Center/Press-Releases/2012/08/bill-gates-names-winners-of-the-reinvent-the-toilet-challenge
(6) https://www.dezeen.com/2015/04/06/blue-diversion-toilet-eoos-eawag-sanitation-water-filter/

Las oscilaciones oceánicas tienen una gran influencia sobre el clima

Es frecuente escuchar en los medios de comunicación que, debido al cambio climático, la frecuencia e intensidad de los fenómenos meteorológicos extremos, como los ciclones tropicales, están aumentando. No es así. La climatología histórica informa sobre la evolución de estos fenómenos, que, aunque extremos, no son extraordinarios, ya que son comunes en muchas partes del mundo.

El análisis de más de 800 documentos históricos del periodo colonial español (cuadernos de bitácora de galeones que cruzaban el Atlántico) revela un aumento significativo de huracanes y ciclones tropicales a finales de los siglos XVI y XVIII. En cambio, el siglo XVII fue relativamente tranquilo, con menos ciclones y naufragios. Al comparar estos datos históricos con los resultados del análisis de anillos de crecimiento de pinos centenarios, se observa una disminución del 75 por cien en el número de ciclones tropicales durante el período frío conocido como el Mínimo de Maunder (1645-1715), cuando el número de manchas solares y la energía recibida del sol disminuyeron, lo que provocó un descenso significativo de las temperaturas.

Durante los tres siglos y medio transcurridos entre 1500 y 1850, más de 600 barcos españoles se hundieron al cruzar el Atlántico a causa de huracanes. Estos datos muestran que durante la Pequeña Edad de Hielo, un período frío y claramente preindustrial, el Atlántico experimentó con frecuencia condiciones climáticas extremas. La investigación científica moderna demuestra que las oscilaciones oceánicas tienen una gran influencia en los patrones climáticos y, en consecuencia, en los denominados fenómenos meteorológicos extremos. La imagen de portada ilustra la trayectoria seguida por el gran número de ciclones tropicales que se han producido en el Atlántico Norte (desde 1851) y el Pacífico Nororiental (desde 1949).

Para comprender estos procesos meteorológicos, es necesario considerar la inmensa extensión de agua que existe en nuestro planeta. La Tierra tiene una superficie de aproximadamente 510 millones de kilómetros cuadrados, de los cuales aproximadamente el 71 por cien, o aproximadamente 361 millones de kilómetros cuadrados, está cubierta por mares y océanos. Este inmenso volumen de agua convierte a los océanos en las mayores reservas de calor del planeta y les confiere un papel fundamental, probablemente el más importante de todos, en la evolución del tiempo y el clima. Esta importancia es particularmente pronunciada en las regiones tropicales (cercanas al ecuador), donde la formación de nubes sobre los océanos tiene una gran influencia en la evolución de las corrientes y los vientos oceánicos, la temperatura de las aguas superficiales y otros parámetros. Además, esta influencia se extiende a otras regiones oceánicas alejadas del cinturón ecuatorial, hacia los polos, influyendo en la nubosidad baja, un componente que tiene una influencia muy significativa en la evolución de la temperatura atmosférica.

Las interdependencias e interacciones entre el Sol, los océanos y la atmósfera terrestre son extremadamente complejas, y aún queda mucho para comprenderlas plenamente. Para entender los mecanismos que controlan su formación, describiremos brevemente algunos fenómenos cíclicos denominados oscilaciones oceánicas. Estas oscilaciones representan variaciones periódicas en la temperatura y la dirección del movimiento del agua oceánica.

Se sabe que estos cambios cíclicos ocurren en todos los océanos del mundo y su interacción desempeña un papel fundamental en el cambio climático. Así, la Oscilación del Atlántico Norte (OAN) interactúa con la Oscilación Ártica (OA) y controla los patrones climáticos en las latitudes europeas. Es responsable de los contrastes entre la zona cálida de altas presiones de las Azores, al sur, y las zonas de bajas presiones y aire más frío, al norte (región islandesa). La intensidad de la Oscilación del Atlántico Norte (OAN) se cuantifica mediante el “índice OAN”, definido por las diferencias entre las presiones medias de dos estaciones meteorológicas de referencia, una en las Azores y otra en Islandia. Cuando la diferencia es grande, el índice OAN es positivo (OAN+). Cuando la diferencia es pequeña, el índice OAN es negativo (OAN-).

La OAN es responsable de las tendencias climáticas plurianuales, generando inviernos suaves con abundantes precipitaciones en Europa Central cuando la tendencia es OAN+, mientras que condiciona inviernos relativamente fríos y secos en las regiones mediterránea y norteafricana cuando la tendencia es OAN-. Otro parámetro meteorológico de gran importancia es la Oscilación Multidecadal Atlántica (OMA), que describe los cambios cíclicos repetidos en las corrientes atlánticas que influyen en las temperaturas del agua cerca de la superficie, afectando también a las temperaturas atmosféricas en el hemisferio norte.

Una fase de OMA+ se produce cuando las masas de agua cálida de las zonas tropicales fluyen con mayor frecuencia hacia el Atlántico Norte, acelerando así el deshielo. Las fases negativas corresponden a situaciones meteorológicas con el efecto contrario, donde las masas de agua cálida fluyen más lentamente hacia el norte. Las consecuencias típicas de una OMA- son una disminución de las temperaturas en América del Norte y Europa, mientras que la masa de hielo polar aumenta. Por el contrario, las regiones árticas experimentan una disminución del hielo durante las fases de OMA+, como ha ocurrido en las últimas décadas, aunque la fase positiva actual parece haber perdido intensidad desde principios del nuevo milenio.

La OMA tiene una influencia significativa en las tendencias de las precipitaciones. Los períodos de fuertes lluvias en el norte de Europa corresponden a fases de índice AMO- y períodos de baja actividad solar, mientras que, al mismo tiempo, la precipitación disminuye en el sur de Europa, el norte de África y la costa este de Norteamérica.

De igual manera, la AMO tiene una influencia significativa en el desarrollo de huracanes. Al analizar el número de huracanes ocurridos después de la Pequeña Edad de Hielo, entre 1856 y 2005, como muestra la imagen anexa, se observa que su frecuencia varía con los ciclos de la Oscilación Multidecadal Atlántica. El mismo gráfico también muestra que el número promedio de huracanes por década no aumentó significativamente durante el siglo XX.

Los registros indican que, desde 2005, la fuerza, la duración y la frecuencia de los huracanes en el Atlántico Norte han disminuido. No hay evidencia de que los fenómenos meteorológicos extremos se estén intensificando en este océano. La actividad de los huracanes se ha seguido durante varios siglos, y las variaciones en la duración de cada oscilación han demostrado la extrema complejidad de las influencias e interrelaciones entre las variaciones en la actividad solar y los cambios en los océanos y la atmósfera.

La evolución de las oscilaciones oceánicas coincide con ciclos de actividad solar a corto y mediano plazo, como los ciclos básicos de aproximadamente 11 años, o múltiplos de estos, como los de aproximadamente 22 años, o ciclos de entre 50 y 70 años, como muestra la Figura 2. Sin embargo, cabe recordar que la evolución temporal de estos procesos es muy compleja, ya que estos ciclos de corto plazo probablemente se superponen con ciclos que duran varios siglos, además de la influencia de ciclos de actividad solar que duran uno o dos milenios.

Otro parámetro importante para caracterizar huracanes y ciclones tropicales es la medición de la energía ciclónica acumulada (ECA). La energía liberada por los ciclones se estima en función de su duración, velocidad y otros parámetros. La Figura 3 muestra la evolución de la ECA (a nivel mundial y para el hemisferio norte) desde la década de 1970. El gráfico no muestra un aumento de la ECA en los últimos 52 años, sino una tendencia periódica de altibajos, con un patrón similar a la evolución de El Niño/Oscilación del Sur (ENOS). Por lo tanto, las oscilaciones oceánicas tienen una gran influencia en el desarrollo del clima y la formación de los ciclones tropicales.

Si nos remontamos más atrás en el tiempo, los estudios geológicos realizados en sedimentos de entre 2.500 y 10.000 años de antigüedad resultan muy interesantes. Estos estudios han permitido determinar la intensidad relativa de las tormentas midiendo la velocidad del viento necesaria para transportar diferentes fracciones de tamaño de grano de arena. La evolución de esta intensidad a lo largo del tiempo también indica la existencia de periodicidades de aproximadamente 200, 300 y 2.500 años, que coinciden con los ciclos de variación de la actividad solar. Se ha interpretado que las fluctuaciones en la intensidad de las tormentas influyen en los patrones de precipitación en el norte de Europa. Como se muestra en la Figura 4, podría existir una relación con los cambios en la posición e influencia del Anticiclón de las Azores y el vórtice polar.

Estos dos fenómenos atmosféricos, de gran importancia meteorológica y climatológica en el Atlántico Norte, están controlados por oscilaciones oceánicas, que a su vez dependen de la energía solar incidente. El panel inferior de la Figura 4 también ilustra la correlación entre el transporte de sedimentos de icebergs (sedimentos derivados del hielo) y la intensidad de las tormentas. Llama la atención que los períodos de máxima intensidad de las tormentas coincidan con el Óptimo Climático Atlántico y el Período Minóico.

Al hablar de fenómenos meteorológicos extremos, no debemos olvidar los tornados, remolinos de aire, generalmente cargados de polvo, que giran en espiral y se desplazan sobre la tierra a velocidades de hasta 500 kilómetros por hora, destruyendo todo a su paso. Se forman principalmente en regiones y estaciones con fluctuaciones de temperatura significativas, por ejemplo, cuando el aire cálido del Golfo de México se encuentra con vientos terrestres mucho más fríos de las Montañas Rocosas de Estados Unidos Estas fluctuaciones de temperatura tienden a ser mayores durante los períodos fríos que durante los cálidos, cuando el equilibrio térmico suele ser mayor. Cada año, estos ciclones dejan una estela devastadora en Estados Unidos. Cuando los tornados se desplazan sobre el mar, sus espirales se llenan de agua y se denominan “trompas marinas”.

El gráfico anexo muestra el número anual de tornados en los 48 estados contiguos continentales de Estados Unidos entre 1950 y 2022. La curva azul claro indica el número total de tornados, la curva morada solo los de alta intensidad (intensidad EF-2 o superior) y la curva roja indica el número promedio anual de manchas solares, un indicador de la actividad solar.

En Estados Unidos, la intensidad de los tornados se clasifica según su velocidad, utilizando una escala llamada Escala Fujita Mejorada (EF), que llega hasta EF-5 para tornados extremadamente potentes. Los tornados más débiles, EF-1, alcanzan velocidades de hasta 177 kilómetros por hora (110 mph), mientras que los que alcanzan velocidades más altas se clasifican como EF-2 y superiores.

El número total de tornados anuales aumentó durante el período estudiado, mientras que el número de manchas solares disminuyó ligeramente (línea roja). Sin embargo, el número de tornados de alta intensidad está disminuyendo ligeramente, lo que sugiere que la baja intensidad solar favorece la formación de tornados, especialmente los más débiles, mientras que los más violentos están disminuyendo. En cualquier caso, se observa que el número de tornados devastadores en Estados Unidos ha disminuido en los últimos 70 años.

Las interacciones entre los sistemas del Sol, el Océano y la Atmósfera son extremadamente complejas y que aún estamos lejos de comprenderlas por completo, tanto en el presente como en el pasado, ya que han estado sujetas a cambios constantes, incluso en tiempos geológicos recientes. Además, no debe olvidarse que la actividad de estos tres sistemas puede verse alterada por eventos aislados y de corta duración, como erupciones volcánicas de alta intensidad.

Desde sus inicios, la humanidad ha temido los fenómenos meteorológicos inexplicables, ahora descritos como extremos e incontrolables. Pero los datos estadísticos sobre la evolución de estos fenómenos a lo largo del tiempo indican claramente que ningún aumento crítico está asociado a una crisis climática inexistente, y que los huracanes y ciclones se producen al mismo ritmo secular que la naturaleza siempre ha impuesto.

(*) Stefan Uhlig, Enrique Ortega Gironés y José Antonio Sáenz de Santa María Benedet https://editorialaulamagna.lantia.com/libro/cambios-climaticos

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