Canadá quiere imponer aranceles a las importaciones procedentes de China

El gobierno canadiense de Mark Carney arrastra una contradicción: se ha opuesto a los aranceles estadounidenses, pero ahora quiere imponer de medidas proteccionistas a China.

En Davos Carney denunció un mercado internacional donde las grandes potencias utilizan los derechos de aduana como palanca y las cadenas de suministro como armas. Ahora quiere hacer lo mismo.

Los sectores más afectados son particularmente las hortalizas y los productos de madera, que no son sectores marginales: la madera representa un importante pilar industrial y exportador, mientras que la horticultura afecta directamente a las carteras de los canadienses. El motivo es un aumento de las importaciones de bajo costo, particularmente de mercados muy competitivos, como China.

En varias provincias, las señales de alerta están aumentando. Los horticultores denuncian una caída de los precios relacionada con la llegada de productos importados a costos que son difíciles de sostener. La misma observación en el sector maderero, donde los fabricantes hablan de saturación del mercado y de erosión de los márgenes, ligada en particular a la llegada de productos importados de bajo coste.

Las importaciones de ciertos productos agrícolas han aumentado más del 15 por cien interanual, mientras que los precios al productor se estancan o incluso caen. La evolución debilita sectores ya expuestos a la volatilidad de los costes del transporte y la energía.

La crisis ha cambiado el sistema económico internacional

Los mercados internacionales fueron la clave del desarrollo económico de la posguerra. Se producía para exportar. La crisis del capitalismo pone los problemas de cada país en primer lugar. El movimiento “maga” sólo es una expresión de que, ante la crisis, se impone el “sálvese quien pueda”.

Los mercados internacionales dependen cada vez más de bloques y decisiones políticas. El modelo son las sanciones. Las consideraciones políticas están en primero plano. Los lugares de compra y de venta no dependen sólo del precio sino de las afinidades políticas.

En Canadá son especialmente contradictorias. Por un lado, Ottawa se opone a los aranceles de su vecino en nombre del “libre comercio” y, por el otro, cuando le conviene se olvida.

No es sólo un problema comercial. A los trabajadores les han reducido los salarios hasta el límite de la superviviencia. El coste de la vida ha subido y los gobiernos vigilan los precios. Los aranceles sobre los alimentos de primera necesidad tienen un impacto directo en los bolsillos. Necesitan admitir las importaciones de mercancías más baratas de primera necesidad.

Pero esas importaciones suponen una competencia que los productores locales no pueden soportar.

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