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La histeria ha llegado para quedarse


Al ahorcado no le mata el verdugo sino su propio peso, dice un viejo refrán. Si además es uno mismo quien se pone la soga al cuello, es difícil que podamos acusar a terceros de ser los responsables de la muerte.

Las medidas terroristas impuestas por los diferentes Estados como consecuencia de la histeria no sólo cuentan con el aplauso de una parte importante de sus víctimas, sino que hay quien pide más y pone como ejemplo a China, donde el confinamiento ha sido muy estricto. Como en China la epidemia ha remitido, queda demostrado que, en efecto, es una medida eficaz.

Sin embargo, si observamos la imagen veremos un hospital de campaña instalado en Camp Brooks, Boston, en 1918 como consecuencia de otra epidemia mucho peor que ésta: la llamada “gripe española”, donde los médicos sacaron a los enfermos al aire libre para que tomaran el sol, es decir, todo lo contrario del confinamiento.

La consecuencia que sigue al confinamiento es la detención, cuyo fundamento no es el delito sino la salud. El ministro de Justicia de Estados Unidos ya lo ha pedido al Congreso. El encarcelamiento será indefinido, o bien hasta que se cure, o bien hasta que un médico diga que ya no es un “riesgo”, es decir, que la víctima sabe cuándo entra pero no cuándo sale (si es que sale alguna vez porque quizá no se cure nunca).

La actual mascarilla será sustituida por un distintivo que diferencie a los sanos de los apestados, que serán discriminados. Desde luego que no podrán entrar en locales públicos porque son “personas de riesgo”, es decir, sospechosos de algo. A fin de que no se mezclen, habrá locales para unos y para otros debidamente señalizados. En los autobuses los sanos se sentarán en un lugar debidamente habilitado y los demás en otro un poco alejado del anterior.

Las fronteras se cerrarán para siempre, pero según y como ordene el Estado. Por motivos de salud pública, para ciertos países apestados el turismo se ha acabado y con él ciertas líneas aéreas, ciertos hoteles, balnearios, turoperadores…

La salud pública no permitirá que consumamos determinados productos que proceden de países sospechosos y consumiremos lo mismo, pero procedentes de países seguros, sanitariamente impecables, aunque tendremos que pagar un poco más, lo cual siempre es recomendable porque reunirán todas las garantías, que serán muy estrictas (con unos y no con otros).

Ya han llegado los salvoconductos sanitarios, que antes estaban reservados sólo para los perros. Todos deberemos llevarlo encima, junto con nuestro DNI, el pasaporte, el abono de transporte y el de socios del Rayo Vallecano. En Italia los salvoconductos no los extiende un médico sino el Ministerio del Interior. A quienes la policía no les entregue dicha acreditación, les darán un carnet que los convertirá en un punto intermedio entre los ciudadanos de pleno derecho y los extranjeros.


Quedan prohibidos los partidos políticos de riesgo, pero como todos somos iguales, a los apestados también les dejarán votar, aunque en colegios diferentes y en urnas diferentes. Es más, el voto será obligatorio, pero sólo se podrán elegir a cargos sanos porque, para evitar el contagio, en el Congreso no se podrán juntar unos diputados con otros. Las coaliciones de sanos y enfermos no serán posibles.

El estado de sitio será permanente. El ejército seguirá patrullando las calles por si acaso. Aprovisionarán a la policía con drones intimidatorios dotados de altavoces para impartir órdenes a los vecinos, como en Niza. A su vez, aprovisionarán a los drones con lectores de código de barras, a los cuales habrá que mostrar la documentación.

En lo sucesivo las personas deberán guardar una distancia de seguridad unas de otras. Por si acaso. Es recomendable no hablar con nadie, no saludar a nadie, no abrazar a nadie y si encuentras pareja, lo primero que debes hacer es exigirle un certificado de sanidad para que no te contagie.

Para que el miedo nunca salga del cuerpo, periódicamente el ejército desinfectará aparatosamente ciertos lugares públicos, de mucho tránsito, a plena del día, para que todo el mundo lo vea y no olvide que su vida está en riesgo si no toma las debidas precauciones.

(Nota: Se entiende que “tomar las debidas precauciones” consiste en hacer lo que los expertos digan que hagas)

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Si buscas coronavirus, los encontrarás por todas partes, tanto en los enfermos como en los sanos

Doctor Wolfgang Wodarg

Desde principios de año, la atención del público, la ciencia y las autoridades sanitarias ha cambiado por completo de repente. Algunos médicos de Wuhan, una ciudad de 12 millones de habitantes, han logrado atraer la atención del mundo con, inicialmente, menos de 50 casos y algunas muertes en la clínica donde habían identificado los coronavirus como patógeno. Los coloridos mapas que nos presentan ahora sobre el papel o la pantalla son impresionantes pero, en general, tienen menos que ver con la enfermedad que con el trabajo de los esforzados virólogos y los múltiples de reporteros sensacionalistas.

El 13 de febrero de 2020 se practicaban casi 9.000 pruebas semanales en 38 laboratorios de toda Europa, donde se encontraron rápidamente resultados positivos y cada caso se convirtió en un acontecimiento mediático. El hecho de que el descubrimiento de una infección por coronavirus lleve a una búsqueda intensiva en el entorno de la persona explica el aumento de casos en una región.

Los informes del horror de Wuhan son algo que los virólogos de todo el mundo han estado esperando. Inmediatamente, las cepas de virus de los refrigeradores se escanearon y compararon febrilmente con los recién llegados de Wuhan. Un laboratorio benéfico ganó la carrera con la OMS y se le permitió comercializar sus pruebas internas en todo el mundo a varias veces el precio habitual.

Sin embargo, es mejor no hacerse la prueba de coronavirus por 200 euros. Según varios años de investigación prospectiva en Escocia de 2005 a 2013 incluso si sólo tienes una leve infección parecida a la gripe, el riesgo de detectar el coronavirus es de un 7 a un 15 por ciento. Una detección de coronavirus tendría graves consecuencias para la vida cotidiana de las personas sometidas a prueba y su entorno, en el sentido más amplio, como se puede ver en todos los medios de comunicación sin perder mucho tiempo en investigarlo.

Sin embargo, el descubrimiento en sí mismo no tiene importancia clínica. Es sólo uno de los muchos nombres que se dan a las enfermedades respiratorias agudas (ARI), que cada invierno incapacitan temporalmente, a unos un poco más, a otros un poco menos, del 20 al 40 por ciento de la población de nuestro país [Alemania].

Según un buen estudio realizado en Escocia, los patógenos más comunes de las enfermedades respiratorias agudas eran: 1. los rinovirus, 2. los virus de la gripe A, 3. Virus de la gripe B, 4. Virus RS (sincitial respiratorio), y 5. Coronavirus. Este orden ha cambiado ligeramente de año en año. Aparentemente el elenco de virus que compiten en nuestras células de la mucosa pueden cambiar, como sabemos por nuestros intestinos en el caso de los microorganismos y por el Parlamento en el caso de los partidos políticos.

Por lo tanto, si ahora hay un número creciente de infecciones de coronavirus “probadas” en China o Italia, entonces, ¿puede alguien decir cuántas veces tales pruebas se han llevado a cabo en los inviernos anteriores?, ¿a quién, por qué razón y con qué resultados? Cuando se afirma que algo está aumentando, seguramente debe referirse a algo que ha observado antes.

Como epidemiólogo experimentado de la enfermedad, uno se sorprende cuando observa la agitación actual, el pánico y el sufrimiento que se deriva [de la epidemia de coronavirus]. Si estuvieran en contra de la corriente principal, muchas personas responsables se arriesgarían probablemente a perder sus trabajos ahora como les ocurrió antes con la “gripe porcina”.

Cada invierno tenemos una epidemia de virus con miles de muertes y millones de personas infectadas, también en Alemania. Y los coronavirus siempre están ahí por algo. Así que, si el gobierno alemán quiere hacer algo bueno, puede hacer como los epidemiólogos de Glasgow y hacerlo para que las mentes brillantes del Instituto Robert Koch miren “de frente” y vean que en invierno el viroma (1) de la población alemana cambia cada año.

Los políticos también deben asegurar que el trabajo científico fiable del Instituto Robert Koch, el Instituto Paul Ehrlich y otros departamentos vuelva a ser más fácil. Trabajar científicamente no significa seguir los deseos de la política y la economía. La ciencia es fiable si utiliza métodos transparentes para impugnar los supuestos conocimientos siempre y en todo momento de manera profesional y coherente. Aunque eso a veces lleva mucho tiempo, puede salvarnos de muchas aberraciones costosas en materia de salud, que los guardianes de la gripe, motivados por el interés, querrían hacer pasar por beneficiosas para nosotros.

Y para los individuos se aplica lo siguiente: cualquiera que sea forzado a la cuarentena y sufra un daño económico únicamente por un test positivo en la prueba de PCR (2) para el coronavirus, tiene derecho a una indemnización en Alemania en virtud del artículo 56 de la Ley de protección contra las infecciones.

(1) Un viroma es el conjunto de virus presentes en un ecosistema, como el interior de cada uno de los órganos del cuerpo humano.
(2) El PCR (Polymerase Chain Reaction) es un test indirecto de identificación de virus que arroja numerosos “falsos positivos”, como ya advirtió su descubridor, Kary Mullis, Premio Nobel de Química.


https://www.wodarg.com/vortr por cientoC3 por cientoA4ge/ https://www.kla.tv/15925

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Están inflando al máximo las cifras de muertos por coronavirus en Italia

Uno de los detalles más sorprendentes que aparecen entre los datos oficiales sobre la “pandemia” revela la disparidad en las cifras de mortalidad según los distintos países. El virus es el mismo en todo el mundo, pero la cifra de fallecidos a causa de su contagio se multiplica por seis, en diferentes zonas. ¿Cómo es posible?

Caben varias explicaciones. La primera es que los datos son falsos o se han inventado. Otra manera de decir lo mismo de una manera más elegante, es que “hay un sesgo en el recuento”. Una tercera podría derivar de que los sistemas de salud en el mundo son muy diferentes. Una cuarta nos conduce a las características demográficas de la población en cada país. Una quinta apunta a los métodos de detección de los enfermos, especialmente de los que tienen sintomas más leves.

Cuando nos referimos al mundo, es posible que haya diferentes combinaciones y explicaciones, lo que no cambia la conclusión de que las cifras se están inflando al máximo para que la pandemia sea una realidad aparente.

La periodista Sarah Newey, corresponsal de Global Health Security (Seguridad Sanitaria Mundial), ofrece una explicación desde las páginas del periódico británico The Telegraph (*). Sostiene que Italia tiene una serie de desventajas que pueden explicar su mayor tasa de mortalidad en Europa y también en el mundo. Pero un factor que explica elevados porcentajes de mortalidad es un “exceso de notificaciones de muertes”.

El profesor Walter Ricciardi, asesor científico del Ministro de Sanidad de Italia, afirma que el exceso de denuncias de muertes en Italia se debe a la forma en que se contabiliza el número de muertes en Italia, donde se considera que los pacientes que mueren en un hospital con el coronavirus tienen el coronavirus, mientras que sólo en el 12 por ciento de las muertes registradas aparece una causa directa relacionada con el coronavirus: “La forma en que codificamos las muertes en nuestro país es muy generosa en el sentido de que todas las personas que mueren en los hospitales con el coronavirus se consideran que están muriendo de coronavirus”.

“Tras la reevaluación del Instituto Nacional de Salud, sólo el 12 por ciento de los certificados de defunción mostraron una causa directa del coronavirus, mientras que el 88 por ciento de los pacientes que murieron tenían al menos una premorbilidad y muchos tenían dos o tres”. Eso significa que han multiplicado por 9 la tasa de mortalidad directamente relacionada con el coronavirus.

Una enfermera británica que trabaja en un hospital italiano dice que “los pacientes de coronavirus en Italia son tratados como números”. El coronavirus “es sólo una acumulación de muertes», dice esta enfermera.

Los expertos también advierten contra las comparaciones entre países debido a las discrepancias entre las pruebas. Martin McKee, profesor de Salud Pública Europea en la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, dice que los países no tienen todavía un buen indicador del número de infecciones leves que se producen.

Si las pruebas adicionales muestran que más casos asintomáticos se están propagando sin ser detectados, la tasa de mortalidad bajará, sostiene McKee.

“Es demasiado pronto para hacer una comparación en toda Europa”, dice. “No tenemos una serovigilancia detallada de la población y no sabemos cuántas personas asintomáticas lo están propagando”.

McKee añade que las pruebas no son actualmente uniformes en todo el continente, ni en todo el mundo. “En Alemania, la vigilancia epidemiológica es más difícil, simplemente por la complejidad del trabajo en un estado federal y porque la salud pública está organizada a escala regional”.

Pero hay otros factores que pueden haber contribuido a las tasas de mortalidad de Italia, según los expertos. Estos incluyen una alta tasa de fumadores y una alta tasa de la mayoría de las muertes se produjeron en la región septentrional de Lombardía, conocida por la mala calidad del aire.

No hay duda de que una parte del sistema de salud italiano ha sido abrumado por la afluencia de pacientes con coronavirus y están luchando para hacer lidiar con ello. “Los médicos en Italia no tenían que tratar con uno o dos pacientes… sino hasta con 1.200”, dice el doctor Mike Ryan, director ejecutivo de emergencias sanitarias de la Organización Mundial de la Salud.

“Hay tres factores en juego en Italia: en primer lugar, la población es mucho más vieja, en segundo lugar, el sistema de salud se ha visto desbordado y en tercer lugar, hay tuvo una pérdida significativa de trabajadores de la salud debido a la alta tasa de infección de coronavirus entre ellos”, dice McKee.

(*) https://www.telegraph.co.uk/global-health/science-and-disease/have-many-coronavirus-patients-died-italy/

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Francia refuerza las medidas antiterroristas con el pretexto de la epidemia de coronavirus

El sábado Ministro del Interior francés, Christophe Castaner, anunció la puesta en marcha del dispositivo antiterrorista Sentinel (Centinela) con el pretexto de la epidemia de coronavirus.

El objetivo es que los militares franceses de plan antiterrorista apoyen las misiones de seguridad de los gendarmes y la policía y ayuden al personal sanitario: “El ejército, en algunas misiones, está al lado de nuestras fuerzas de seguridad interna […] los militares no hacen controles de papel sino que hacen seguridad, son un verdadero apoyo […] acompañarán a las fuerzas de seguridad y al personal sanitario”, dijo el ministro.

Desplegada en toda Francia desde los ataques terroristas de 2015, la Operación Sentinel moviliza de forma permanente a cerca de 7.000 soldados con una reserva de 3.000 soldados.

El Ministro del Interior también anunció que si bien el sistema de contención no se endurecerá este fin de semana, se aplicará más estrictamente, con controles reforzados, en particular en los aeropuertos y estaciones de ferrocarril, donde sólo circula el 15 por ciento del tráfico ferroviario.

Al día siguiente, domingo, de manera apresurada, el Parlamento francés aprobó un proyecto de ley autorizando al gobierno de Macron a imponer un “estado de urgencia sanitario” durante dos meses.

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Estados Unidos amenaza a los familiares de los miembros del Tribunal Penal Internacional

El Tribunal Penal Internacional ha abierto una investigación sobre los crímenes de guerra cometidos por Estados Unidos en Afganistán. El Secretario de Estado, Mike Pompeo, ha respondido amenazando con castigar a los miembros del Tribunal y a sus familiares.

Pompeo ha asegurado que Washington tomará medidas punitivas contra ellos si el Tribunal juzga a los soldados estadounidenses por crímenes de guerra.

En marzo del año pasado el Departamento de Estado amenazó con revocar o denegar los visados a todo el personal del Tribunal Penal Internacional que investigará los crímenes cometidos por las tropas estadounidenses.

Un año más tarde, el 5 de este mes, el Tribunal dio un paso adelante al aprobar formalmente una investigación sobre las denuncias de crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad cometidos por el ejército de Estados Unidos y la CIA en Afganistán.

Pompeo respondió condenando al Tribunal y sus procedimientos. Su reacción fue un aparente intento de desacreditar la institución, de la que Estados Unidos no forma parte.

En una posterior reunión informativa con la prensa celebrada el 17 de este mes, Pompeo lanzó otra diatriba contra el Tribunal, degradándolo a “supuesto tribunal”, “órgano abiertamente político” y “una vergüenza”.

El antiguo director de la CIA llevó la denuncia aún más lejos, amenazando a los familiares de la plantilla del Tribunal. “Queremos identificar a los responsables de esta investigación partidista y a sus familiares que puedan querer viajar a Estados Unidos o participar en actividades incompatibles con la protección de los estadounidenses”, dijo Pompeo, según la transcripción oficial del Departamento de Estado.

Esta amenaza de Estados Unidos contra los familiares de los miembros del Tribunal Penal Internacional forma parte de una pauta histórica más larga de ataque de Washington a las instituciones internacionales que no siguen sus instrucciones.

Al comienzo de la llamada “guerra contra el terrorismo” emprendida por Bush en 2002, el Congreso de Estados Unidos aprobó una ley llamada “de protección de los miembros del servicio, aunque se la conoce como “Ley de Invasión de La Haya”.

Esta legislación, que no tiene precedentes en ninguna otra parte del mundo, declara que el gobierno de Estados Unidos se concede a sí mismo unilateralmente el derecho a invadir militarmente La Haya si un ciudadano de Estados Unidos o de un país aliado es juzgado en un tribunal internacional.

Las amenazas de Pompeo tampoco son las primeras. El gobierno de Washington se ha caracterizado por atacar a miembros de las familias de organizaciones internacionales.

José Bustani, ex director de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ), dijo que John Bolton, ex subsecretario de estado con Bush y asesor de seguridad nacional de Trump, lo amenazó a él y a su familia cuando Bustani negoció con el gobierno irakí para permitir el ingreso de inspectores de armas de la OPAQ a Irak.

“Tiene 24 horas para abandonar la organización, y si no cumple con esta decisión de Washington, tenemos formas de tomar represalias contra usted”, le dijo Bolton a Bustani, al más puro estilo matón. “Sabemos dónde viven sus hijos. Tienes dos hijos en Nueva York”.

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Italia: la histeria del coronavirus no se sostiene con cifras oficiales

El 17 de marzo el Instituto Superior de Salud Pública de Italia publicó (1) un informe oficial muy esclarecedor sobre la paranoia del coronavirus. Siendo Italia hoy el ojo del huracán de la “pandemia”, las conclusiones no pueden ser más relevantes.

De 2003 casos fatales, la media de edad de los fallecidos está por encima de los 80 años. Las mujeres representan el 30 por ciento de los fallecimientos (601) con una edad media de 83,7 años. Los hombres fallecidos tenían una media de 79,5 años.

Edad             Número de muertes

30–39            5
40–49            12
50–59            56
60–69            173
70–79            707
80–89            852
90 +              198

La edad media de los fallecidos corresponde a la esperanza de vida italiana en un año: 84,8 años para las mujeres y 80,5 años para los hombres, con una esperanza de vida sana de 72,8 años, según el informe de la OMS de 2015.

En el informe se identifican las patologías preexistentes sobre la base de una muestra de 355 casos, el 18 por ciento de todas las víctimas, con el siguiente balance:

Muertos          Número de patologías

3                      0 (0,8 por ciento)
30–39              5
40–49              12
50–59              56
60–69              173
70–79              707
80–89              852
90 +                198

La edad media de los fallecidos corresponde a la esperanza de vida italiana en un año: 84,8 años para las mujeres y 80,5 años para los hombres, con una esperanza de vida sana de 72,8 años, según el referido informe de la OMS.

Los fallecidos con menos de 40 años son casos aislados. Uno, de 39 años con un tumor previo; otro, de 39 años, sufría diabetes, obesidad y otras dolencias. El 15 de marzo hubo también un fallecido de 38 años, hasta ahora el más joven de Italia, en la región de Puglia. El joven estaba en silla de ruedas y llevaba años de tratamiento de diálisis.

En el informe se identifican patologías preexistentes sobre la base de una muestra de 355 casos (el 18 por ciento de todas las víctimas):

Muertos     Número de patologías

3                 0 (0,8 por ciento)
89               1 (25,1 por ciento)
91               2 (25,6 por ciento)
172             3 (48,5 por ciento)
3                 0 (0,8 por ciento)

En la muestra analizada por el ISS sólo 3 personas (el 0,8 por ciento), no tenía ninguna patología. En promedio, las personas que murieron por el coronavirus sufrieron otras 2,7 patologías.

El informe del ISS afirma que sólo 17 víctimas eran menores de 50 años, 5 de ellas menores de 40 años. Todos ellos son hombres que padecen graves patologías preexistentes (cardiovasculares, renales, psiquiátricos, diabéticos, obesidad).

La microbióloga y directora del Hospital Sacco de Milán, Maria Rita Gismondo, uno de los hospitales en la zona cero, lo resumió muy claramente en una intervención en el canal de televisión Rete 4: “El efecto del coronavirus es similar al de una gripe estacional. Recordemos que en Italia, en 2019, han muerto 8.000 personas por gripe estacional. Las muertes por coronavirus no significa que han muerto por coronavirus, sino que al morir portaban el coronavirus” (2).

Lo mismo sostuvo Angelo Borrelli, director de Protección Civil Italia, el 10 de marzo: “Hay que precisar que no se trata de muertos por coronavirus, sino de personas que han fallecido y entre sus diversas patologías tienen el coronavirus” (2).

El año pasado en Italia murieron 647.000 personas por todo tipo de causas. Los muertos atribuidos al coronavirus son 3.400 por lo que, de momento, el aumento de mortalidad es insignificante: poco más de un 0,5 por ciento.

(1) https://www.epicentro.iss.it/coronavirus/bollettino/Report-COVID-2019_17_marzo-v2.pdf

(2) https://www.elconfidencial.com/mundo/europa/2020-03-18/sistema-salud-italia-coronavirus_2501467/

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Ultimátum de Rusia a Turquía y a sus milicias yihadistas

En contra del acuerdo alcanzado por Rusia y Turquía, los yihadistas no han respetado el alto el fuego y Turquía y Ankara no ha podido (o no ha querido) obligarles a ello.

Como consecuencia de ello, Rusia ha emitido un ultimátum a ambos para imponerlo, según informó el viernes Al-Masdar News.

Moscú considera que Idlib y Aleppo deben quedar completamente liberadas de yihadistas.

“Las fuerzas armadas rusas dieron a los terroristas de Idlib hasta finales de marzo para abandonar todas las áreas alrededor de la autopista M4. Según los informes, todos los grupos terroristas, incluidas las fuerzas apoyadas por Turquía, deben abandonar la autopista M4 y sus alrededores”.

Si los yihadistas no abandonan la zona de la autopista M4, el ejército sirio, con el apoyo del ejército ruso, reanudará la ofensiva en la provincia de Idlib.

Dada la reciente acumulación de fuerzas del ejército sirio en el sur de Idlib, parece que se concentrarán en las dos ciudades estratégicas de Jisr Al-Shoghur y Ariha, que están situadas a lo largo de la autopista M4, según Avia.pro, cercano al Ministerio de Defensa ruso.

Algunos yihadistas ya han rechazado el acuerdo con Moscú, por lo que es probable que no se retiren de la autopista M4 a finales de este mes.

En el contexto del ultimátum ruso, Turquía ha comenzado a retirar sus armas pesadas de la provincia de Idlib, en particular, los tanques, la artillería y las lanzadoras múltiples.

Hace dos días, grupos armados cercanos a Turquía, que se han negado a respetar el alto el fuego en la provincia de Idlib, desplegaron fuerzas adicionales en el frente.

Los yihadistas se están preparando para una contraofensiva e intensifican las amenazas contra la policía militar rusa que patrulla a lo largo de la autopista M4 cerca de sus posiciones.

El 7 de marzo el contraalmirante Oleg Zhuravlev, jefe del Centro Ruso para la Reconciliación de las Partes en Conflicto en Siria, informó de que los yihadistas con base en la zona de distensión de Idlib habían violado el alto el fuego establecido el 6 de marzo en 19 ocasiones en un solo día.

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El capitalismo es incompatible con la salud pública

I El capitalismo es un modo de producción guiado por el lucro individual. Unos se hacen ricos no sólo a costa de otros sino a costa de cualquier cosa. Todo lo que no sea lucro no importa nada. Nadie presta ninguna atención a algo no da dinero.

La salud no es rentable y, por lo tanto, no es un negocio; el negocio está en la enfermedad. Luego, donde hay un negocio tiene que haber enfermos, cuantos más mejor.

La enfermedad es el reverso de la salud. Mientras la primera es un negocio real, basado en el lucro, la salud es la ideología que lo encubre. El negocio se monta en torno a la enfermedad pero se justifica en torno a la salud.

Además, tampoco se defiende con argumentos egoístas sino altruistas; por el bien de los demás. Es uno de esos pocos momentos en los que el capitalismo aparenta que se preocupa “por el bien común”.

Hay dos maneras de ampliar el mercado de la enfermedad: o bien lograr que los sanos enfermen, o bien convencerles de que no están sanos sino enfermos.

Uno de los lemas de la medicina moderna es: “No hay personas sanas sino mal diagnosticadas”. Si un médico busca a fondo, siempre encuentra una enfermedad, real o ficticia. Desde hace un siglo el mercado de la enfermedad se ha ampliado con las epidemias y las pandemias.

Cualquier análisis clínico de una persona sana encuentra bacterias y virus porque en el cuerpo humano hay muchas más bacterias y virus que células. Permanecemos vivos gracias a nuestras bacterias y virus, que no sólo vienen “de fuera” sino que los llevamos dentro desde el mismo momento de la gestación.

Una manera de conseguir más enfermos es diagnosticar más enfermedades, cuantas más mejor. Desde el descubrimiento del litio medicinal hace 50 años, cada vez hay más enfermedades síquicas, más enfermos, más personas medicalizadas y más personas encerradas que no han cometido ningún delito.

Algunos de los monopolios más grandes del mundo se han organizado en torno a la enfermedad y, sobre todo, a enfermedades masivas. Son las empresas aseguradoras, las mutuas y las farmacéuticas. Ellas dictan la política sanitaria mundial, y no lo hacen por ninguna razón médica, sino para ganar más dinero (única y exclusivamente).

Con el pretexto de la salud, las industrias del gremio se han convertido en una gigantesca lavadora de dinero. Además de sus beneficios propios, obtienen subvenciones, exenciones fiscales y donaciones privadas. Para ello cuentan con redes de fundaciones benéficas y ONG.

II Las enfermedades encubren la explotación. Una de las mayores plagas del capitalismo son los mal llamados “accidentes de trabajo”, las mutilaciones y gravísimas lesiones de los obreros para toda la vida, así como las enfermedades que tienen su origen en el trabajo. Pero ningún gobierno ha declarado una epidemia por ese motivo.

La reforma laboral impuso el despido de los enfermos. El sistema sanitario no admite que las bajas laborales se prolonguen porque pueden dar lugar a una pensión por incapacidad, es decir, alguien que estaba generando dinero, deja de ser rentable y se convierte en una carga.

La actividad o inactividad de un trabajador (baja, invalidez, incapacidad) no se determina por razones médicas, sino económicas, por lo que depende de una burocracia integrada por distintos tipos de tribunales.

Las pensiones que paga el sistema público son tan sumamente miserables que los trabajadores no se lo pueden permitir y tienen que seguir en activo a pesar de su enfermedad. Por el mismo motivo, también obligan a los pensionistas a seguir trabajando de manera encubierta.

Por lo tanto, a efectos de la explotación, el capitalismo funciona a la inversa: convierte a los (trabajadores) enfermos en sanos para que la maquinaria del lucro no se detenga.

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¿Están los médicos tomando las decisiones sobre ‘la pandemia’ en función de criterios clasistas?

Un médico yemení ha dado en el clavo de esta paranoia: en su país la gente muere masivamente a causa del cólera, pero a lo que le tienen miedo es al coronavirus. Lo importante no es la realidad, lo que ocurre, sino la imagen que de ella transmiten a la población a través de los medios.

Lo mismo está ocurriendo en todas partes: a los hospitales no acuden en masa los enfermos sino los hipocondríacos que están sanos, pero quieren hacerse “la prueba”. Por si acaso.

Las escenas son de ansiedad y agobio, tanto por ellas mismas como por sus hijos o mayores.

La OMS recomienda practicar “la prueba” al máximo número de personas posible (1). Da lo mismo que sean enfermos o sanos. De ese modo es más fácil que la profecía se cumpla: cuantas más pruebas se hagan, más se confirmará la declaración de pandemia y más alarma se podrá generar. El que busca siempre encuentra (si no es una cosa la otra).

Sin embargo, tras una política económica de recortes, los hospitales ni siquiera tienen mascarillas, y mucho menos pueden practicar pruebas de diagnóstico.

Las decisiones que han tomado los médicos no han sido dictadas por criterios sanitarios sino clasistas: testar en función del “valor social” de los pacientes (y de la esperanza de vida, que es tanto como decir “a ojo de buen cubero”).

Así se recoge en el documento “Recomendaciones éticas para la toma de decisiones en situación excepcional de crisis por pandemia COVID19 en las unidades de cuidados intensivos”, de la Sociedad Española de Medicina Intensiva, Crítica y Unidades Coronarias (Semicyuc), que cuenta con el aval de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI) (2).

Tienen el morro de llamar a eso “ética”. Es una tomadura de pelo.

Lector: si socialmente no vales nada, ni te molestes en acudir a un hospital (a no ser que tu esperanza de vida sea igual a tu valor social, o sea, cercano a cero).

La política económica de los médicos es un buen pretexto: si testamos a todos, los hospitales quedarían saturados. Lo mejor es la chapuza sanitaria. Si nos aplauden es que lo estamos haciendo bien, de una manera “ética”.

Esa misma “ética” ha conducido a otra aberración, aún mucho más grave: la Generalitat valenciana ha abierto una línea telefónica para atender a los enfermos de coronavirus. Además de diagnosticar la enfermedad a distancia, prescribirán unas “vacunas” y remedios que no existen a enfermos que no conocen.

La medicina ha desaparecido y la salud pública también. Con la “atención a distancia” empieza una nueva era de la sanidad en la que no se hace lo que se debe sino lo que -buenamente- se puede. El próximo recorte en sanidad es la “telesanidad”, que es el pariente más cercano de la “telebasura”.

Lo mismo ocurre en la Comunidad de Madrid, donde “consideran como positivos a pacientes con síntomas leves sin realizarles las pruebas” (3).

La situación es similar en Gran Bretaña, donde la sanidad pública no hará tests de coronavirus ni siquiera a los médicos, por más que tengan los síntomas de la enfermedad (4).

Lo mismo podemos decir de Suiza, pero tomen nota: en un país que es sede de las mayores multinacionales farmacéuticas, no hay reactivos para hacer las pruebas a los enfermos (y a los sanos), dice Daniel Koch, el responsable de la OFSP (Organización Federal de Salud Pública) (5).

La conclusión es más que evidente, tanto para Suiza como para el resto del mundo: como las cifras que están lanzando a cada minuto los medios de comunicación son falsas, la OFSP ha decidido que ya no va a publicar ningún dato detallado más (6). ¿Para qué?

En Francia los médicos confiesan que les ha ocurrido como en China: “primero intentaron atender a todo el mundo y luego acabaron haciendo diagnósticos mediante radiografías”.

En consecuencia, los diagnósticos son inciertos, es decir, “ciertas muertes atribuidas al coronavirus pueden tener como causa otras patologías”, dice un virólogo francés al periódico Le Monde (7).

Según datos oficiales del Ministerio de Sanidad, en Francia la capacidad máxima para diagnosticar el coronavirus es de 2.500 pruebas diarias, por lo que se practican slectivamente (8).

En Estados Unidos hay mucha más información al respecto porque el Partido Demócrata quiere aprovechar la situación para cargar contra Trump. Dicen que as pruebas iniciales también se limitaron a las personas que habían viajado a las zonas de riesgo y a las que habían estado en contacto con personas infectadas.

Los primeros kits distribuidos para detectar el coronavirus no han dado resultados concluyentes, ni positivos ni negativos, debido a un problema con los reactivos.

En un estudio publicado el lunes en el Journal of the American Medical Association, epidemiólogos de las universidades Johns Hopkins y Stanford aseguran que, al principio, la única prueba utilizada fue la desarrollada por los CDC. Se basó en la misma tecnología que un ensayo desarrollado en Alemania y distribuido en todo el mundo tras recibir la aprobación de la Organización Mundial de la Salud (9).

Epílogo 1: Si esto es lo que está ocurriendo en algunos de los países considerados como avanzados en sistemas públicos de salud, podemos imaginar lo que ocurre en los demás.

Epílogo 2: Ante esta situación, ¿qué valor tienen los datos epidemiológicos con los que nos bombardean diariamente?, ¿no es cierto que se están sacando los datos de la manga?

(1) https://www.bbc.com/news/av/world-51916707/who-head-our-key-message-is-test-test-test
(2) https://www.heraldo.es/noticias/nacional/2020/03/20/medicos-ingreso-uci-esperanza-vida-valor-social-1364985.html
(3) https://www.eldiario.es/madrid/Comunidad-Madrid_0_1005100590.html
(4) https://www.channel4.com/news/exclusive-why-frontline-health-workers-may-not-be-tested-for-coronavirus-even-if-they-have-symptoms
(5) https://www.rts.ch/play/tv/19h30/video/depistage-du-covid-19-les-reactifs-pour-les-tests-sont-produits-a-letranger-et-commencent-a-manquer-?id=11179305
(6) https://www.heidi.news/articles/a-des-chiffres-precis-l-ofsp-prefere-un-indice-approximatif-pour-evaluer-l-epidemie-de-coronavirus
(7) https://www.lemonde.fr/planete/article/2020/03/11/coronavirus-les-strategies-de-depistage-laissent-perplexes-patients-et-professionnels_6032554_3244.html
(8) https://www.francetvinfo.fr/sante/maladie/coronavirus/epidemie-de-coronavirus-sept-questions-sur-les-tests-de-depistage_3871449.html
(9) https://www.bfmtv.com/international/coronavirus-des-experts-denoncent-la-strategie-de-detection-aux-etats-unis-1872799.html

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Médicos estadounidenses contagiaron la sífilis y la gonorrea a 1.500 guatemaltecos

Cutler, un Mengele ‘made in USA’
En la década de los cuarenta los médicos y científicos estadounidenses contagiaron la sífilis y gonorrea en la población guatemalteca, de lo que hay constancia en los Archivos Nacionales de Estados Unidos de Atlanta, en Georgia, que están publicados en internet.

Los documentos fueron redactados por el doctor John C. Cutler, quien dirigió el experimento bajo el control del Servicio de Salud Pública estadounidense. No se trató, pues, de un crimen individual porque en el mismo también participó la Organización Panamericana de la Salud.

La colección de archivos, donada por el propio Cutler en 1990 a la Universidad de Pittsburgh, en Pensilvania, incluye alrededor de 12.000 páginas de informes, fotografías, cartas e historiales médicos de los pacientes.

Entre ellos no hay ningún informe final que detalle las conclusiones del experimento, que trataba de determinar si la penicilina, utilizada para curar la sífilis, podía, además, prevenir que la enfermedad se extendiera por el organismo en las primeras etapas del contagio.

Para ello, infectaron con la bacteria a 1.500 personas sanas -la mayoría de ellos presos y pacientes de instituciones mentales- a través de visitas de prostitutas que tenían la enfermedad, por inoculación directa en su órgano sexual, o incluso mediante inyecciones en la médula espinal.

Una vez enfermos, se promovió el contacto sexual con personas sanas para seguir el rastro del contagio.

Un informe realizado por el estadounidense Departamento de Salud y Recursos Humanos en 2010 concluyó que 71 de las personas inoculadas con sífilis murieron, aunque no relaciona directamente su fallecimiento con la inoculación.

Los documentos de Cutler apuntan que un funcionario de salud guatemalteco propuso que el crimen lo condujeran médicos estadounidenses, aunque no aclaran si lo hizo con pleno conocimiento sobre lo que implicaban los mismos.

Una de las víctimas guatemaltecas
El crimen de Cutler fue avalado por el Servicio de Salud Pública de Estados Unidos durante el gobierno de Truman (1945-1953). Cuando salió a la luz, los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos admitieron que también hubo “algún tipo de complicidad” por parte del gobierno del presidente guatemalteco Juan José Arévalo Bermejo (1945-1951), pero hasta el momento no han aparecido pruebas de su implicación.

Los datos personales y cuadros médicos de los pacientes contenidos en los documentos permiten determinar que hubo al menos una víctima mortal, fallecida por un ataque epiléptico.

El caso fue destapado por la investigadora Susan Reverby, que refirió sólo 696 de los casos. A un tercio de los conejillos de Indias ni siquiera se le dio tratamiento posterior a la infección intencional.

Hace diez años la investigación de Reverby provocó sendas llamadas de Obama, entonces presidente de Estados Unidos, y la secretaria de Estado, Hillary Clinton, al Presidente de Guatemala, Álvaro Colom, para disculparse por el estudio desarrollado entre 1946 y 1948.

Tras la asunción de responsabilidades por parte de Obama, centenares de guatemaltecos presentaran una demanda en Washington en contra del gobierno, para lograr una indemnización en nombre de los afectados.

Al mismo tiempo que llevaba a cabo estos experimentos, Estados Unidos condenó en Nuremberg a una veintena de médicos nazis por los suyos en los campos de concentración.

A día de hoy la hipocresía no ha terminado: se habla mucho del médico nazi Josef Mengele y nada de Cutler (y otros como él) porque éste actuaba con el beneplácito del gobierno de Estados Unidos.

A todos ellos no les importa si tienes trabajo o no. Tampoco les importa si tienes vivienda o duermes en la calle. Nunca te han preguntado si el salario te alcanza para pagar la luz o si has pasado frío este invierno. ¿Por qué te empeñas en suponer que, por el contrario, tu salud sí les importa? Si tanto les preocupa la salud, a qué vienen los recortes en sanidad?, ¿por qué crees que hay médicos que curan la salud de los enfermos y no hacen enfermar a los sanos?, ¿por qué esos criminales tienen el apoyo de gobiernos e instituciones sanitarias internacionales?, ¿por qué utilizan a los países del Tercer Mundo?, ¿por qué se ensañan con los más marginados de la sociedad?

(La información fue reproducida por el periódico ‘El Tiempo’ de Colombia, el 2 de octubre de 2010, pero la han eliminado de internet:
http://www.eltiempo.com/mundo/euycanada/ee-uu-pidio-perdon-por-infectar-a-cientos-con-sifilis-_8040060-1)