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Autor: Redacción (página 829 de 1360)

10 años de expansión militar del imperialismo en África

En tiempos de la República, en España se calificaba como “africanistas” a la peor calaña de altos oficiales del ejército. El Continente Negro era un “territorio virgen” en el que cualquier aventurero sin escrúpulos, como Franco, podía trepar rápidamente en el escalafón.

Hay quien cree que eso ha cambió con la descolonización, mientras otros pensamos que nunca se fue y que es ahora cuando se hace más presente. Es ahora cuando el imperialismo ha puesto a África en pie de guerra para justificar su intervención militar.

De ahí que el Africom, el mando militar de Estados Unidos en el Continente, fuera creado en 2008 con el pretexto del terrorismo y el yihadismo que lo atraviesa desde el Océano Atlántico hasta el Índico.

El Africom ha sustituido al cuerpo diplomático de Estados Unidos en África. Un periodista de investigación somalí, Rageh Omaar, publicó un reportaje sobre Africom hace años en Al Jazira, que se titulaba así precisamente: “El nuevo frente de Estados Unidos: ¿diplomáticos o combatientes?”(*).

En efecto, los imperialistas han abierto un frente en África y su contrapartida de que la oposición a la escalada militar también aumenta, incluso en Estados Unidos, especialmente entre los negros.

La coartada exige asegurar, además, que el terrorismo en África es de tal magnitud que los gobiernos locales son débiles y no pueden hacer frente al desafío sin la “ayuda” de Estados Unidos.

Si el terrorismo no existiera en África, alguien debería inventarlo para que el Pentágono pudiera tener allá sus tropas.

Otro de los pretextos para enviar sus tropas a África desata la risa: lo mismo que una ONG, el Pentágono dice que su presencia en el Continente Negro tiene por objeto promover el “desarrollo económico”.

Si el subdesarrollo no existiera en África, habría que inventarlo para que el Pentágano pudiera imponer sus “planes económicos”: el presupuesto militar en África supera los 500.000 millones de dólares.

La tercera pata de la mesa, el impulso de la “democracia”, tampoco podía faltar, de no ser porque, según cifras de Freedom House, es decir, de los propios imperialistas, de los 49 gobiernos catalogados como “dictaduras” que hay en el mundo, Estados Unidos apoya y suministra armas a 36, es decir, que el 73 por ciento de las dictaduras del mundo las sostienen ellos.

(*) https://web.archive.org/web/20120208224958/


https://youtu.be/MYoRiCLX6Tk

Estados Unidos e Israel se preparan para un ataque coordinado contra Irán

La situación en Siria se mantiene relativamente estable en el contexto de la continuación de los limitados ataques del Califato Islámico contra las FDS (Fuerzas Democráticas Sirias) respaldadas por Estados Unidos en la orilla oriental del Éufrates y de las violaciones del alto el fuego en la zona desmilitarizada de Idlib.

En los últimos días, fuentes militares han afirmado repetidamente que el ejército regular sirio, e incluso las fuerzas aeroespaciales rusas, han llevado a cabo ataques contra “objetivos de la oposición” en el norte de Hamah y el sur de Idlib. Aunque la mayoría de estas informaciones son propaganda exagerada, la situación es complicada, de hecho, ya que ambas partes se atacan entre sí de forma más o menos constante.

Al mismo tiempo, el ejército sirio y las tropas rusas lograron un éxito significativo y comenzaron a evacuar finalmente a los civiles del campamento de refugiados de Al-Rukban a través de corredores humanitarios abiertos. Fuentes progubernamentales dicen que cuando todos los civiles sean evacuados, Estados Unidos perderá el pretexto oficial para mantener fuerzas en la carretera Bagdad-Damasco en la región de Al-Tanf. Sin embargo, incluso si eso sucede, no significa que Estados Unidos se retirará voluntariamente de ese área clave en un futuro próximo.

Las FDS han rechazado una serie de ataques del Califato Islámico contra la orilla oriental del Éufrates. El incidente más notable ocurrió cerca de Al-Hissan cuando el grupo eliminó a un terrorista suicida del Califato Islámico.

Mientras tanto, los medios de comunicación militantes especulan con que Teherán va a entregar un nuevo lote de armas y equipos para grupos pro-iraníes a la base aérea T4. Esto se produciría en un contexto de deterioro de las relaciones entre Irán y Estados Unidos.

Irán e Irak han acordado cooperar en el campo de la defensa aérea para hacer frente a los desafíos que enfrenta su espacio aéreo, dijo el 7 de abril el Presidente del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas iraníes, general de división Mohammad Baqeri, tras reunirse con su homólogo irakí, el general Othman Al-Ghanimi.

Baqeri aseguró que la coordinación tiene como objetivo abordar cualquier amenaza aérea que pueda provenir de las fronteras occidentales de Irán, obviamente refiriéndose a posibles acciones estadounidenses o israelíes.

El 8 de abril la Casa Blanca anunció que catalogaba a la Guardia Revolucionaria Iraní como una “organización terrorista”, acusándoles de financiar y promover el “terrorismo” en la región.

Anteriormente, el asesor del Secretario de Estado, Brian Hook, responsabilizó a Irán de la muerte de al menos 608 militares estadounidenses en Irak durante el período 2003-2011. En respuesta, el Consejo iraní de Seguridad designó al Comando Central de Estados Unidos como una “organización terrorista”.

Estos acontecimientos demuestran que Washington se ha embarcado en una nueva escalada contra Irán. En los próximos meses, Estados Unidos probablemente tomará más medidas diplomáticas, económicas y quizás incluso militares para aumentar la presión sobre el gobierno iraní y limitar su influencia en Oriente Medio. Una campaña ampliada de Estados Unidos e Israel contra presuntos objetivos iraníes en Siria se cita como una de las opciones actualmente en estudio por parte de Estados Unidos.

https://southfront.org/syrian-war-us-and-israel-prepare-for-coordinated-campaign-against-iranian-forces/

También la matemática se rebela contra Venezuela

Juan Alberto Sánchez Marín

193 países son miembros de la ONU. 54 países reconocieron al golpista Juan Guaidó como presidente interino. Es decir, a 139 estados no les pasó por las cabezas gubernamentales que Nicolás Maduro no fuera el auténtico presidente de Venezuela. O, lo que es lo mismo, 139 países no reconocieron como presidente al invento estadounidense.

Por estos días convulsos Guaidó vuelve a hablar de los muchos que lo reconocen. Que superan los 60, dice; pero nadie los nombra ni se halla el repertorio en parte alguna. Ni siquiera en la Wikipedia, que actualiza cada tanto sus gazapos al respecto. Nuevos estados han de haberse agregado, pero de incógnitos. Otros son vergonzantes, porque reconocen en el fuero interno que no debieron reconocerlo.

Un reconocimiento por convicción ajena, con excepción de los Estados Unidos, que son el fértil criadero de las falacias por indudable conveniencia, y de Colombia, cuyos gobiernos siempre hallan la forma y la normativa para creérselas.

O por ladinos de la minería y los hidrocarburos, mayúsculos y aprovechados, como Canadá, u oportunistas de doble vía, como España, que de instar al presidente Maduro para convocar a elecciones, con grosería y a término fijo, y de poner a Pedro Sánchez a leer las definiciones de diccionario de la democracia que no tienen desde hace exactamente ochenta años (1 de abril de 1939), pasó a trabajar con los países de la Unión Europea “para garantizar que los representantes de Guaidó en la UE no recibieran estatus diplomático o privilegios”.

Lo cierto es que Guaidó está rodeado de embajadores sin credenciales y sin sede, y de emisarios, los más listos, no hay duda, que nunca aparecieron por sus misiones ni se movieron de sus aposentos particulares.

En la fogosidad febrerista (a la venezolana, que no a la paraguaya, pero casi) y con un sentido colombo lefebvrista de la renovación diplomática, Guaidó nombró a Gustavo Tarre Briceño como su representante ante la OEA, otro más en la larga nómina de los embajadores, más extraordinarios que plenipotenciarios, nombrados a dedo.

Eso sí, designado a la medida de Alejandro Ordóñez Maldonado, el exprocurador colombiano que en la misma organización estadounidense representa al país vecino como el cura de las misas a las que asiste: de espaldas a la feligresía.

Viejos figurines de Acción Democrática (AD) resurgen en familiares interpuestas, hijas y sobrinas, y seniles caudillos de Copei que aún actúan de cuerpo presente. Para que no lo despellejen vivo, Guaidó echa mano de vetustos acorazados, vuelve la vieja data de nuevo cuño y remozada la IV República. Ansían que de la V el país vaya (regrese) a la IV, que sí fue de quinta.

La prepotente UE, que le dio ocho días a Maduro para convocar a elecciones bajo la amenaza de reconocer a Guaidó como presidente, mira para otro lado cuando asoman sus nombrados y apenas les da carácter de representantes personales de quien a la hora de hablar en serio no descifran qué representa, sabiendo eso sí de sobra que no es al país.

El inaudito presidente de transición ahora es de nuevo el agitador y lenguaraz en trance que espera derrocar a Maduro esparciendo caos y planillas traducidas del inglés, y teniendo por escuderos a caudillos venidos de la nada a menos: Manuel Rosales, Henrique Capriles, Henry Ramos Allup, Edgar Zambrano, Luis Florido, para citar por citar unos cuantos dummies presentes en el lanzamiento exhibicionista de la Operación Libertad.

Para despejar dudas, los Estados Unidos conminaron a los medios a que en sus coberturas no se les ocurriera llamar líder opositor ni presidente autoproclamado al autodenominado Juan Guaidó, porque, según ellos, ninguno de los dos calificativos sería (¿Es? ¿Era?) correcto, en esa acendrada manía de justipreciar al lacayo y menospreciar al contradictor.

¿Por qué? No existe una razón democrática. No hay ningún fundamento en la jurisprudencia. Los artículos constitucionales citados para avalar la intentona de golpe en Venezuela (233, 333 y 350, y la amenaza eterna del 187, numeral 11) no tienen nada que ver con las motivaciones por las que eran y son traídos por los pelos. No son factibles las excusas de liberación o las salvaciones. No cupo altruismo ni el carácter excepcional de nada ni de nadie.

Los Estados Unidos se han autoproclamado adalides del planeta. Se adjudican las riquezas existentes en las regiones que someten. Su autoridad amenaza a los países que eligen el destino de no ser sus peones o secuaces. Se asignaron a ellos mismos el papel de héroes de tira cómica y buenos de película mala. Eso es lo que sucede.

“Referirse a Juan Guaidó de cualquier otra forma que no sea presidente interino es falso, cae en la narrativa de una dictadura”, afirmó Robert Palladino, portavoz del Departamento de Estado. Lo único tan grotesco como lo que anunció es la manera ridícula en que lo hizo: sin convicción, sin la menor cortesía hacia el tonto que tomaba nota de lo que decía.

En la vida cotidiana, las centenas de horas perdidas aprendiendo cálculos y aritméticas, álgebras y matemáticas, apenas son una hilera de agraciadas esdrújulas y saber descifrar “>” y “<“ (mayor que y menor que), dos signos solitarios e inútiles.

De tal suerte, podemos afirmar sin miedo a error que 54 > 193, o, lo que es lo mismo, 193 < 54. Es de lo que trataron de convencernos en asuntos de números, sumas y restas, los mismos que nos han persuadido de que tienen y tenemos democracia, tienen y tenemos justicia, tienen y tenemos al alcance esa ave arisca que se llama felicidad. La verdad es que cualquier otra lectura de la realidad es amañada y le sigue el juego a “una dictadura”. Las matemáticas maniatadas no mienten.

Las sumas armadas

En las intenciones de los golpistas venezolanos, los militares siempre fueron la joya de la corona, el objetivo principal a cautivar y sobornar. En América Latina, particularmente, un golpe de estado sin militares sería igual a una revolución de colores sin la CIA, la NED, Soros o la USAID.

Hasta el 24 de febrero, a la mañana siguiente de la fecha establecida para el definitivo derrocamiento de Maduro, luego de la gran parafernalia montada, Guaidó, los altos funcionarios gringos, el tunante secretario general de la OEA, el aún más tunante presidente de Colombia, alguno que otro solícito advenedizo y los medios hegemónicos daban partes alegres cuando un militar incauto mordía el anzuelo de los veinte mil dólares ofrecidos por cabeza desertora.

Cada soldado era esperado con una expectación cómica y a los que arribaron primero les tenían lista la gestión de la nueva ciudadanía colombiana (gestión que semanas después sigue en papeleo, es decir, en veremos y empapelada) y un micrófono para decir alguna chorrada antipatriótica de Venezuela y patriotera del vecino.

Como si saltar unas cuantas vallas fuera tan heroico como incendiar un camión sin cruzarlas siquiera. El caballo de Troya ardiendo antes de cruzar el país fortificado con contenedores vacíos.

De uno en uno fueron agregándolos y exhibiéndolos ante las cámaras, hora tras hora, días tras días, hasta que se escabulleron las lentes y se terminaron los tiempos pregonados. La suma total de los evadidos, con la ayuda de la aritmética y de otros malabares en desuso, más abstractos que el álgebra, a duras penas sobrepasó el medio millar.

Aunque, después de abandonado el asunto, el arrinconado Guaidó sostuviera en un pretérito resignado que los tránsfugas llegaron a ser más de mil. Algo es algo, por no decir que fue nada de nada. Pues la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) está integrada por 235.000 militares.

Guaidó, en la última oportunidad en que se refirió al tema con menos distracción, ratificó que más de seiscientos militares le habían “dado la espalda a Maduro”. Lo soltó como si la cifra fuera un éxito. Y se permitió agregar que “un 80% de las Fuerzas Armadas está (yo le quité la “n”) a favor del cambio”, y que se mantenía en “el proceso para buscar más apoyo”.

Por estos días de consternación, el autoproclamado manifiesta que las simpatías giran en torno al 90%, pero que aún le falta un tanto, lo cual permite suponer que esas avenencias castrenses son inversamente proporcionales a la perturbación de sus opciones. ¿Qué ocurrirá cuando franquee el 100% del apoyo militar y el 100% del de la población? ¿Cuánto por ciento falta, en su criterio variable, para que suceda algo, y cuánto sobra para que no pase nada?

¿De qué niveles de apoyo requiere Guaidó? ¿Y eso por qué será? Hasta en los sistemas de las mal llamadas democracias y en la mayoría de las entidades y empresas si alguien cuenta con la mitad (el 50%) más uno de los votos ya ganó. Apenas y si acaso reformas constitucionales o decisiones súper trascendentales se toman con mayorías cualificadas, digamos, el 55%, el 65%, las dos terceras partes de un parlamento o de una junta.

Este es entonces un caso particular donde el que cuenta con el 80 o 90% a favor dispone de las dificultades del que tiene el 10 o el 20%, o menos, y está en la obligación de remontar. Algo que no cuadraría si se tratara de las matemáticas normales, de pensum y currículos, pero sabemos que no es así.

Si no, tampoco sería posible que seiscientos fueran el 80% de 235.000 y, por consiguiente, querría decir que el golpista apenas llegó al 0,25% de las fuerzas militares para dar el golpe. Con razón le fue como le fue.

Además, hay que considerarlo, Maduro obtuvo 6.248.864 votos en las elecciones presidenciales de mayo de 2018. Un guarismo nada despreciable, que representó el 67.84% del total de los votos escrutados (9.387.449).

El único cargo de Guaidó cosechado por elección popular ha sido el de diputado de la Asamblea Nacional por el estado Vargas, en 2015, donde se ubicó de segundo para los dos puestos con que contó el pequeño estado. Allí contabilizó 97.492 del total de los 410.342 votos escrutados (el 26,01%).

Según las matemáticas de la escuela, la simplona cuestión de saber qué porcentaje de votos tiene Guaidó con respecto a Maduro se resuelve con una regla de tres simple. Si tenemos que los votos de Maduro son el 100%, ¿cuál es el porcentaje de los votos de Guaidó? Pues bien, basta con multiplicar la cifra de Guaidó por cien y el resultado dividirlo por la de Maduro, y tendremos que el autoproclamado cuenta con poco menos del 1,56% de los votos de Maduro.

En términos electorales eso de por sí podría tolerarse, al fin y al cabo, alguien puede alegar que es como comparar peras con manzanas, pues una cosa son las elecciones presidenciales y otra las legislativas, en mecanismos, en identificación, en participación. Cierto, aunque en términos estrictamente cuantitativos votos son votos y números son números. Deberían serlo, digo.

El colmo del descaro es basar la legitimidad de Guaidó en el respeto a las reglas de juego de la democracia, a ganar elecciones, y además ir pregonando a los cuatro vientos que él merece la presidencia precisamente por la razón que le da la democracia, que le dan los votos, que le debería dar la gente que no lo conoce como individuo ni lo reconoce como presidente.

Claro, cuenta con grupos de extremistas pagos, e inadaptados y matones de allende la llanura. Y para esos pagos y viáticos el autoproclamado presidente puede hacer autogiros de los recursos que los Estados Unidos le roban a Venezuela, que van a dar a sus arcas y que a la larga fueran un autorrobo si creyéramos que él hace parte del pueblo por el que invoca la lucha.

Habrá que ver cuánta hambre van a aguantar en Cúcuta los soldados y cabos y sargentos renegados esperando los ofrecimientos incumplidos, que iban desde unos cuantos dólares hasta el redimido país de Nuncajamás al que les prometieron que regresarían de la mano de Guaidó varios días después, hace ya semanas que pronto serán hartos meses.

Al fin y al cabo, debieron darse por bien servidos que luego del show no los acusaran de espías en Colombia y los deportan como amenazas a la seguridad nacional de uno de los países a los que menos les importa la inseguridad rampante.

Ojalá que a aquel coronel de Maracaibo, sin nombre como el de García Márquez, a pesar de que fue lo primero y lo único que leyó más o menos bien ante la cámara del texto que le redactó de afán algún enemigo, cuando menos haya tenido quien le escriba y le haya informado que se jodió.

Totalitarismo democrático

De los 49 gobiernos catalogados como dictaduras en el mundo, los Estados Unidos abrazan y suministran ayuda militar a 36 de ellos. Lo que sería igual a decir que el gobierno federal apoya más del 73% de las dictaduras del mundo.

Los datos corresponden a Freedom House, la tendenciosa “organización de vigilancia independiente dedicada a la expansión de la libertad y la democracia alrededor del mundo”, que elabora anualmente el reporte Freedom in the World.

La cosa es tan grave que, a pesar del carácter ultraderechista y pro estadounidense de la institución, hay que tener en cuenta sus estadísticas porque no hay más. Según Rich Whitney, los informes de Freedom House “parecen ser el mejor indicador (si no el único) de derechos políticos y libertades que abarca a todas las naciones del mundo”.

Whitney desarrolla la investigación para responder una inquietud elemental: “¿El gobierno de los Estados Unidos realmente se opone a las dictaduras y es el campeón de la democracia alrededor del mundo, como se nos dice repetidamente?”. La conclusión a la que llega es elemental: No.

El hecho es que, más allá de las feroces dictaduras conocidas, que el gobierno estadounidense exculpa y protege, como la monarquía de Arabia Saudita o la represiva junta militar de Egipto, las relaciones son muy cordiales con un buen cúmulo de gobiernos del mismo corte brutal.

Las matemáticas, otra vez, como las conocemos, no operan en la realidad, porque no son un asunto numérico ni se trata de las operaciones básicas de sumar y restar, sino de cuestiones morales, que son aun más relativas e imprecisas que una ciencia exacta.

Por lo tanto, en la enrevesada escala de valores estadounidense, en la que el contrario es denigrado, el competidor es execrable y el adversario merece la erradicación, deberíamos también aceptar que unos pocos importan más que muchos y que, desde luego, 1 > 39.

Eso aclara por qué la terquedad de los Estados Unidos contra el gobierno de un país como Venezuela y contra unos presidentes que, de Chávez a Maduro, no hicieron otra cosa que tratar de llevársela bien con ellos.

Porque la verdad es que nunca expropiaron una sola empresa gringa, si acaso nacionalizaron algunas y procedieron a indemnizarlas con creces. Nunca dejaron de suministrarle su petróleo a las poderosas refinerías estadounidenses del Golfo de México ni de la costa Oeste. Jamás les cerraron sus locales de tapadera ni les tocaron un pelo a sus funcionarios atrevidos ni a sus espías de medio pelo.

A lo mejor por eso ahora están haciendo lo que desde un principio se sabía que iban a terminar haciendo, pues es lo que siempre han hecho: dándole una patada a las buenas intenciones de la contraparte y tratando de quedarse con todas las apuestas sobre la mesa.

No contaron con que las patas de palo de la silla del oponente estaban puestas sobre un pueblo y unas fuerzas militares sólidas, ambos coherentes con el designio de una patria respetable y con la disposición para soportar el juego sucio de los adversarios.

Así que lo que en un comienzo calificamos como una obsesión de los Estados Unidos es apenas la consecuencia dialéctica de una escala de valores puesta de revés, antes que por los insanos señores de la guerra, por los desnivelados amantes de la intimidatoria paz que pregonan.

34 billones = 20 millones

Los economistas contra Venezuela airean las dificultades del país con regodeo. A la contracción de la economía, la hiperinflación y el desabastecimiento de productos básicos le adicionan el colapso del sistema eléctrico, cuyas pérdidas, estimadas desde antes de ocasionarlas, rondarían los cuatrocientos millones de dólares por día de apagón, es decir, entre dos mil quinientos y tres mil millones de dólares en total. ¿De dónde salen los datos? De ellos mismos buscándose y hallándose en cualesquiera de los buscadores más charlatanes, pero populares.

Y adentro continúan causando apagones y afuera la Oficina de Control de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro estadounidense no deja de agrandar la lista negra de los sancionados por comerciar con Venezuela. Cifras y más cifras, que son dolor y penurias de una población, para compartir y disfrutar.

¿Son ciertas esas cifras o quizás aproximadas? Nadie lo sabe, y menos aún lo saben quiénes las sueltan con absoluta irresponsabilidad, en el mismo estilo desabrochado con el que dan datos inventados y fechas perversamente precisas para la caída del gobierno, o juegan con las fechas precisas y estipuladas en los propios artículos de la Constitución que aluden.

Las causas de la debacle eléctrica, sostienen estos entendidos, corresponden a la falta de inversión y mantenimiento de la red eléctrica durante dos décadas. La teoría de la conspiración es reemplazada por la casualidad, y se niega cualquier acceso a las manos sigilosas de la causalidad.

Azar de los azares, el sistema sufre un síncope del ciento por ciento a unos días del fiasco humanitario, a dos días del regreso sin pena ni gloria de Guaidó y a unas horas del enojo sin contención en las declaraciones de los altos funcionarios estadounidenses.

Como para recordar, en todo caso, la aseveración de Robert Coveyou, el célebre matemático británico: “La generación de números aleatorios es demasiado importante para ser dejada al azar”.

Como el periodista “mayamero” sin escrúpulos Jaime Baily sabía, y así lo confiesa, del magnicidio dispuesto hace unos meses contra el jefe de estado venezolano, igual estaban avisados del ataque contra la infraestructura eléctrica (ocurrido 16:55 hora local de Caracas [GMT-4]), el senador estadounidense Marco Rubio (trino a las 17:18, hora local de Washington D. C. [GMT-4]) y el autoproclamado en tarima Juan Guaidó (trino a las 18:24, hora local [GMT-4]), y así lo constatan los trinos.

A 89 minutos del atentado eléctrico, Guaidó dejaba claro que el atentado era de grandes proporciones y en su trino, mitad triunfalismo, mitad amenaza, advirtió que la luz demoraría. Y Rubio, el mandamás latino de las maquinaciones, está aún más al tanto de los pormenores y a sólo 23 minutos del ataque confirma que los generadores de respaldo también habían fallado. Y sí, por supuesto, “fallaron”.

O el congresista Rubio tiene un talento en tiempo real para la deducción lógica y las inferencias fatídicas. O es un irresponsable que trina por trinar y alarma a una población angustiada, lo que comportaría un sadismo vistoso. O es alguien presto a servirles a los saboteadores furibundos de caja de resonancia en directo. O Rubio sabía de antemano el delito en el que iban a incurrir sus incondicionales.

De pronto, del mismo modo que invitaron a Bayly los amigos que lo creen periodista y que él trata de hacernos creer que son fuentes para comunicarle entre sorbo y sorbo de café que “el sábado vamos a matar a Maduro con drones”, así le notificaron a Rubio que “el jueves vamos a acabar con el sistema eléctrico venezolano”, y él, qué más iba a decir, al igual que Bayly, respondió: “¡Hágale!”. ¡Háganle pa’ esa! Y lo hicieron.

Como lo hicieron los Estados Unidos en Irak y en Libia: destruyeron las plantas y las torres de energía, cortaron el suministro de agua y envenenaron las fuentes naturales que no pudieron romper ni frenar con bombas.

Los Estados Unidos, a través de la USAID, hablaron de una donación de veinte millones de dólares en una ayuda humanitaria que el gobierno venezolano se negó a recibir, no por capricho, sino con fundamentos.

Porque las ayudas de esta entidad socia de la CIA no sirven, lo cual experimentó Bolivia en carne propia con la ayuda alimentaria suministrada a comienzos de los años dos mil, un maíz transgénico no apto para el consumo humano.

Porque son forzadas. Ningún país con un asomo de dignidad pensaría siquiera en aceptarlas. Tampoco es soberbia, sino la rabia que producen montajes mediocres y dañinos contra una población a la que tratan con desprecio, junto al pueril desafío de que las ayudad entran porque entran. Como dice el refrán mexicano, «ni amor obligado, ni zapato ajustado”.

Lo más grave, porque se utilizan como punta de lanza para la invasión de países; son el complemento de la infiltración y el generador de desestabilización que justifica las intervenciones humanitarias, operaciones tan generosas como criminales, acompañadas de miles de marines que multiplican de modo exponencial la crisis sanitaria y el hambre: Somalia, Libia, Iraq, Haití, en fin. Contraindicadas las medicinas y contraproducentes los alimentos; la exposición peligrosa e innecesaria por una limosna.

A los veinte millones se le sumarían los cien mil dólares del Venezuela Aid Live. Pero nadie da razón del producido en el grotesco concierto: ¿Fue a dar a los bolsillos de unos avispados en Cúcuta? No creo. ¿A las faltriqueras de Bosé y su recua de faranduleros? No sé. ¿O se disipó en bombones para la aeronave VSS Unity de Virgin Galatic? ¡Vaya uno a saberlo!.

El Banco de Inglaterra, de otra parte, se niega a devolverle a Venezuela las reservas de oro valoradas en más de 1.500 millones de dólares. Los estadounidenses presionan para que los activos se desvíen hacia el control de Guaidó y le sirvan de sustento para su actividad golpista, y para que la esposa merodee por Washington y se haga la consabida foto junto a Pence y a Trump. Una Tintori añadida (la esposa del jefe preso de Guaidó), o una María Corina en épocas de George W. Bush, antes del desuso al que la relegarían sus colegas de mala causa.

Los Estados Unidos aducen que asfixian el comercio del oro venezolano y bloquean el acceso del país a sus reservas con el pretexto de evitar su malversación por parte de las autoridades legales en acciones de corrupción y mala gestión, y antes de que estas dañen la infraestructura y afecten la ecología del país.

También, porque con tal oro el gobierno legítimo podría agravar la situación de los Derechos Humanos, agrandar la crisis de los refugiados, y, lo que es peor, mejorar la situación humanitaria a la que el país ha sido conducido por los Estados Unidos y sus cómplices, lo que no se menciona, y hacer aún más inútil de lo que ya fue el ingreso de la ayuda envenenada.

Pero eso no es todo. El gobierno estadounidense intensifica las medidas económicas contra Venezuela en todos los ámbitos. Se toma la refinería CITGO y secuestra sus cuentas, para usar sus fondos en el pago de bonos de deuda privilegiados al antojo.

No cesan las sanciones contra PDVSA, que se volverán un búmeran contra el propio mercado estadounidense, contra las refinerías de Texas y Luisiana, y que pondrán a toda la costa del Golfo a escupir el azufre de los petróleos canadienses de malas calidades. Pero providencias que, con el orgullo herido, la soberbia maltrecha y la invasión sin pudores en los espíritus de John, Mike, Elliott y Marco, se adoptan porque se adoptan.

Se congelan las cuentas del Gobierno de Venezuela y del Banco Central de Venezuela abiertas en bancos en los Estados Unidos, y se procede a amenazar a las instituciones financieras de todo el mundo que efectúen operaciones con el gobierno.

Según las estimaciones reveladas a mediados de febrero por Ricardo Menéndez, ministro del Poder Popular de Planificación de Venezuela, las pérdidas directas en producción de bienes y servicios y en actividad petrolera, producto de los embargos financieros impuestos por Estados Unidos, ascienden a 38.000 millones de dólares.

El presidente Maduro, al inicio del año, en entrevista con el periodista Ignacio Ramonet, señaló que las pérdidas del país, sólo en 2018, fueron cercanas a los veinte mil millones de dólares debido a la persecución criminal de los Estados Unidos.

Así que las cantidades que los Estados Unidos anunciaron una vez como aporte son migajas minúsculas. Veinte millones que, en definitiva, serían para el bolsillo de Guaidó, o de Vecchio, o de los dummies, y no para el país. Una cuantía que no cubre lo perdido por Venezuela en las comisiones de una sola operación cambiara, por ejemplo, la de compra de medicamentos, de paso congelada por los estadounidenses. Monedas ofrecidas con bombos y platillos y en momentos cruciales que, por adición, jamás llegan, tal cual es la costumbre con las dádivas oportunistas.

Los valores nulos que no son cero

Están lejos los tiempos en los que Guaidó pregonaba su disposición para “ofrecer amnistía a Maduro”. Terminó este ofreciéndole impunidad a Guaidó, por la elemental razón de que en la cárcel la baraúnda mediática haría de él un preso político, un inmolado en aras de supuesta libertad.

En tanto que afuera de las rejas el autoproclamado no es sino otro cero a la izquierda en la vasta fila de ceros a la izquierda de la derecha venezolana. La tozudez ideológica que no ceja en el empeño de ser una cifra dividida y un valor vacío en la vida política del país.

Guaidó no sumó una presidencia, pero restó un parlamento. Le hicieron creer que tenía un poder ejecutivo entre las manos y él terminó dejando al descubierto el carácter inservible de la Asamblea Nacional tolerada en el desacato, quizás el único espejismo que habría podido ayudarle a pasar el trago amargo de los seis años por venir de Maduro.

No tenía nada y quedó con menos, porque la desvergüenza quita. Eso sí, se las agenció para que ciertos personajes ignominiosos de la región lo fueran aún más y en un apretón de manos.

Sobre sus costillas queda que el gobierno colombiano sobrepasara los límites más extremos del ridículo en los asuntos de política internacional: el presidente Duque y su canciller Holmes Trujillo no superarán con facilidad los niveles de sandez a los que se condujeron “por enguandiosos y atarantados”, diría en antioqueño simple el verdadero presidente colombiano, Álvaro Uribe.

Pero no lo dijo porque en realidad él fue el artífice del yerro garrafal. Fue Uribe quien le originó a Duque y a Trujillo la picazón de hablar por hablar con la misma caradura que él lo hacía en sus tiempos (de pocas semanas atrás) las cosas gratuitas que el paso del tiempo reveló que eran meras tonterías.

Al haber de Guaidó fue a dar el hecho de que al locuaz excapitán Bolsonaro se le entumeciera el discurso militar. Y que a los europeos, ay, a los europeos, tan cerca del Brexit duro y tan lejos del Reino Unido, no les quedara otra que regurgitar con disparates la bobada que habían engullido.

El imprudente Macron se arriesgó un día a leer los acontecimientos venezolanos con las cenizas de tabaco en que había convertido las calles de París. El injerencista embajador de Alemania, declarado persona non grata, hizo maletas y se esfumó con el apagón. Claro, aun en medio de los gestos de guerra sucia en marcha dio el adiós al entrañable autoproclamado.

A Guaidó le quedará de por vida el excepcional lucimiento de haber engañado a los mismos personajes que lo engañaron. Fue un corpóreo presidente ante los presidentes que sabían que no era nadie. Y volverá pronto a lo que sus dotes a máxima potencia le permiten ser: el faro vaporoso de los saboteadores que lo saben de sus filas y se lo tragan como de en carne y hueso.

No será fácil la corrección de tanta estupidez gubernamental y diplomática para los cincuenta y tantos países que en una vez remota lo reconocieron como presidente interino. Lo mejor que les puede suceder es que borren pronto con los codos el pintarrajo que hicieron con las manos.

Empezando por Estados Unidos, que deshaga ese imposible pronto, junto a la turbulenta boludez de Bolton, la pomposidad esperpéntica de Pompeo. Y ¡ábrase el lesivo Abrams!

Es difícil, claro está, moverse de la fantasía exultante a la desesperanza, sin hacer escalas en los acontecimientos ciertos. Medio verídicos, siquiera. Todos se mintieron entre todos, unos a otros se trampearon y manipulan a las huestes desinformadas por los medios embusteros. Es lo que hicieron y siguen haciendo.

El gobierno estadounidense burla al Congreso. Los partidos se pelean por las cosas que tienen en común para aparentar disimilitudes y se avienen en las diferencias porque los afiliados son políticos por negocio y no por política.

Los demócratas tienen predilección por las invasiones y los republicanos prefieren las intervenciones, y porque quizás de veras lo creen y lo justifican con idearios disparatados que vienen del “Destino Manifiesto” al “Gran Garrote”, de la “Doctrina Monroe” a su “Corolario Roosevelt”, de la “Seguridad Nacional” a los bloqueos, tratan de convencernos de que no son las mismas guerras cruentas que propalan y a las que les dan continuidad desde la conquista del Oeste hasta las dos guerras del Golfo Pérsico (que fueron tres); de las guerras bananeras a Libia, de la ocupación y robo de la mitad del territorio de México a la guerra nunca declarada de Vietnam; de Cuba y Siria a Venezuela e Irán. Contra el comunismo, el terrorismo, las drogas, ¡qué importa el subterfugio!

Lo único que unos y otros, republicanos y demócratas, recuerdan de América Latina es su reputación de despensa atiborrada de riquezas para el usufructo. Un pormenor que no la hace distinta a un montón de esquinas en el resto del mundo, pero a la mano. Para completar el tinglado, desde los tiempos de Bolívar hasta los actuales, unos latinos taimados que se pasan de listillos por las ganas de poder, y que juegan con fuego.

Y todos, de Duque a James Story, el gringo disfrazado de encargado de negocios de la Embajada de los Estado Unidos en Venezuela hasta que lo echaron con su parranda de entrometidos, insisten en el cuento de estar del lado correcto de la historia.

Como si en la historia hubiera orillas y no flujos, y como si en ella tuvieran cabida las valoraciones de correcto o incorrecto, cuando no es más que una sucesión de tergiversaciones según el ritmo y el rumbo al que navegue el que la cuenta. Como si la misma historia para unos no fuera las grandes cifras cuya multiplicación da cero y para otros la serie de naderías que al dividirlas son el todo. Pura minería de relatos y simples matemáticas elementales.

https://www.alainet.org/es/articulo/199201

Manifestaciones populares contra los abusos de los militares kurdos en el norte de Siria

El lunes los suburbios occidentales de Deir Ezzor, en Siria, fueron escenario de manifestaciones contra la presencia de los kurdos de las FDS (Fuerzas Democráticas Sirias), apoyadas por Estados Unidos.

En la provincia siria de Deir Ezzor, las FDS no son bienvenidas. Robos, torturas y detenciones arbitrarias son los métodos que utilizan para controlar la situación.

Las manifestaciones en Deir Ezzor tuvieron lugar después de que, bajo la protección de una patrulla de las FDS,  hombres vestidos de civil atracaran una oficina de cambio de divisas en la aldea de Al-Saouda al oeste de la provincia de Deir Ezzor, según informa Al-Ahed. El dueño de la oficina logró escapar de los atracadores.

Según Al-Jabur, cientos de vecinos de la aldea salieron a la calle a protestar. Bloquearon las carreteras principales, prendieron fuego a los neumáticos y exigieron que las FDS y otros paramilitares anexos a ellas se retiraran de su localidad.

Después de los incidentes, el PYD (Partido de la Unión Democrática) envió una delegación al lugar para tratar de calmar a los vecinos.

En las zonas que siguen bajo su control, las FDS se enfrentan a fuertes protestas populares contra las malas condiciones de vida y los abusos que cometen contra la población local. Las milicias kurdas tratan de controlar la situación con redadas y detenciones de manifestantes.

La protesta popular en los suburbios occidentales de Deir Ezzor se produce un día después de que los profesores de la escuela Al-Hurra de Gharanij, al oeste de Deir Ezzor, iniciaran una huelga para denunciar la práctica de la tortura contra siete de sus colegas.

Las manifestaciones antikurdas y antiestadounidenses han alcanzado a Hassakeh, una provincia estratégica al este del Éufrates. También han estallado protestas en Quneitra contra el reconocimiento por parte de Trump de la soberanía de Israel sobre el Golán ocupado.

Algunas fuentes aseguran que los estadounidenses han reclutado yihadistas para incorporarlas a las filas de las FDS (Fuerzas Democráticas Sirias).

Otras dicen de que las fuerzas kurdas no controlan la situación en la provincia de Deir Ezzor. Varias personas murieron y otras resultaron heridas cuando una motobomba estalló cerca de un puesto de control en la aldea de Al-Hassan. Otra persona resultó muerta por las balas disparadas por dos hombres armados desde una motocicleta en la aldea de al-Channan.

Aunque el 23 de marzo las FDS anunciaron la liberación de Baghouz de las manos del Califato Islámico, el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, con sede en Londres, reafirmó este sábado que un convoy militar, formado por unos 60 camiones cargados de armas, había llegado a las zonas controladas por las FDS al este del Éufrates.

El ejército de Israel encadena una mentira detrás de otra desde el mismo momento de su fundación

La semana pasada, durante la visita de Netanyahu a Moscú, se produjo algo que calificaremos como  “un malentendido”, que resultaría puramente anecdótico de no ser por la candidez con la que muchos contemplan las relaciones internacionales.

Para entender la historia hay que remontarse a junio de 1982, en plena agresión de Israel contra Líbano. Durante la batalla llamada de Sultán Yacub desaparecieron tres soldados israelíes: Yehuda Katz, Zvi Feldman y Zachary Baumel.

Este último comandaba un tanque del 362 Batallón Blindado del Tsahal.

En Israel dijeron a sus familias que sus cuerpos estaban en algún lugar del valle de la Bekaa, es decir, en territorio libanés, por lo que no era fácil recuperarlos.

Sorpresivamente, el miércoles el ejército israelí anuncia que tras desplegar la Operación Canción Dulce Amarga en Siria ha recuperado el cadáver del sargento Baumel.

Era una doble mentira. La primera, el ejército israelí llevaba 37 años mintiendo al decir que los cadáveres estaban en el valle de la Bekaa. Lo cierto es que aprovechando la agresión contra Líbano, en 1982 había atacado también a Siria. El cadáver apareció en el campamento de refugiados palestinos de Yarmuk, muy cerca de Damasco.

La segunda mentira es que no fueron ellos quienes localizaron el cadáver, ni hubo tal Operación Canción Dulce Amarga. Lo encontraron los rusos, le practicaron la autopsia y entregaron los restos a Israel.

Luego, una tras otra, las mentiras se han ido encadenando al lado de las ocultaciones: “No hubo acuerdos ni negociaciones para regresar a Baumel. Fue devuelto en una operación militar”, precisó el portavoz del Tsahal, general de brigada Ronen Manelis. “No estamos diciendo dónde se encontró su cuerpo”, añadió.

Las mentiras y ocultaciones también tienen sus causas, que en este caso son las elecciones generales que celebran los israelíes. Netanyahu se quería poner una medalla que no le correspondía.

Pero eligió el peor momento posible porque delante de las narices, Putin le desmintió públicamente. En los anales de la diplomacia pocas veces se habrá visto un bochorno mayor que el padecido por Netanytahu en Moscú.

La moraleja es que, en contra de lo que solemos escuchar tantas veces, en estos territorios “no todos los gobiernos mienten”, ni mienten de la misma manera, ni por los mismos motivos. Tampoco todas las mentiras tienen el mismo alcance.

Nota, post data y addenda: llevamos una semana esperando que los cazadores de bulos denuncien a la prensa israelí e internacional por contar noticias falsas, pero es inútil. Nos vamos a acabar convirtiendo nosotros mismos en un detector de mentiras.

Lean la noticia según la versión de “Noticias de Israel”, que se vanagloriaba nada menos que de “la dedicación de Israel a sus tropas cautivas y desaparecidas, un aspecto fundamental de su ética y una meta a la que dedica considerables recursos”.

Pues lo que dijo Putin es que la “ética” y los “recursos” llegaron con su ejército, añadiendo además que el único apoyo con el que habían contado sus tropas era con el del ejército… sirio.

Emiratos Árabes Unidos, la ‘costa de los piratas’ lava más blanco

En los libros antiguos de geografía, Emiratos Árabes Unidos se describía como la “costa de los piratas” y hoy podría conservar aquella vieja denominación aunque los piratas ya no tienen pata de palo ni parche en el ojo.

En la actualidad los bancos de Emiratos Árabes Unidos operan en economías abiertas, donde la internacionalización y su corolario, el libre comercio, afectan a todas las áreas. La fuerza bancaria emiratí se basa en sus tres fondos soberanos, que sirven como vehículo económico, diplomático, geoestratégico y a veces militar, como en Yemen y Libia.

El primero, el MEIA (Mubadala Emirates Investment Authority), creado en 1984, con fondos de la IPIC (International Petroleum Investment Company) de Abu Dhabi, se desarrolló a partir de 2002 para diversificar aún más la economía. Este fondo ha prosperado como inversor activo en todo el mundo y en diversos sectores de actividad.

El segundo, el ADIA (Abu Dhabi Investment Authority), fundado en 1976, que desempeñó un papel clave en la crisis de 2008, con 800.000 millones de sus fondos invertidos en toda clase de activos. El 75 por ciento de sus fondos activos se invierten en Europa y norteamérica; el resto se diversifica hacia los países emergentes.

El tercero, Mubadala Abu Dhabi, depende enteramente de Amir Mohamed Bin Zayed. Con sus 300.000 millones de dólares, rastrea las economías asiáticas para transferir tecnología con el fin de hacer del emirato un centro atractivo en los campos de la aeronáutica, la energía, la hostelería y el turismo, pero también en grupos de inversión como Carlyle y General Electric y otros grupos del sector de capital riesgo y de capital privado.

Los sátrapas de Emiratos Árabes Unidos no sólo están satisfechos con las reservas de estos fondos soberanos, sino que también cuentan con una multitud de bancos que ofrecen servicios y una garantía máxima de protección y secreto.

Desde la crisis de las hipotecas de alto riesgo de 2008, bajo el impulso de la OCDE, se ha aplicado en todo el mundo una política de lucha contra el fraude fiscal y el blanqueo de capitales. Emiratos Árabes Unidos no cumple con las nuevas normas ya que no creen que nadie les imponga sanciones.

Sin embargo, el 12 de marzo, Emiratos Árabes Unidos fue incluido en la lista de paraísos fiscales de la Unión Europea junto con Barbados, Bermudas, las Islas Vírgenes y Marshal, Guam, Samoa…

Desde 2012, los bancos emiratíes se han convertido en el receptáculo de dinero sucio procedente de la corrupción de los países árabes y africanos.

El fantasma del BCCI (Banco de Crédito y Comercio Internacional) emerge -una vez más- a la sombra de la actividad del capital financiero emiratí en todo el mundo.

En estas páginas no es la primera que hablamos de los chanchullos del BCCI, un banco privado domiciliado en Luxemburgo y fundado en 1972 por Agha Hassan Abidi, involucrado en los escándalos de Enron y Parmalat, por no hablar del blanqueo del dinero negro procedente del tráfico de drogas, las actividades de espionaje y la financiación del yihadismo.

Todas esas son áreas en las que ha destacado el BCCI, hasta el punto de que el Banco de Inglaterra se vio obligado a intervenirlo en el verano de 1991 para proteger a los 120.000 depositantes británicos.

https://mondafrique.com/emirats-arabes-unis-vers-un-scandale-des-dubai-papers/

Más información:
– La CIA y Arabia saudí en la historia inconfesable de Al-Qaeda (1)
– El banco más sucio de todos los bancos
 

Libia: una guerra que empezó asesinando a Gadafi y puede llevar a Haftar al poder

El general Jalifa Haftar
En marzo de 2011 Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia destruyeron el Estado libio. Los terroristas de la Hermandad Musulmana y Al-Qaeda unieron sus fuerzas, equipadas por Qatar y apoyadas por Gran Bretaña, para tomar la ciudad de Bengasi. La aviación estadounidense y francesa destruyó las tropas de tierra del gobierno y ayudó a los terroristas a capturar y asesinar a Gadafi. El caos se produjo cuando varias fuerzas tribales, milicias locales e terroristas lucharon por el control de las ciudades y el saqueo.

El antiguo general Jalifa Haftar se ha movido en el caos como el nuevo dirigente de Libia. Había participado en el golpe de Estado que llevó a Gadafi al poder, pero se peleó con él y cambió de bando. La CIA lo patrocinó para lanzar un golpe de Estado contra Gadafi. El golpe fracasó y desde 1990 Haftar vivió en Virginia, donde le concedieron la ciudadanía estadounidense.

El intento de Haftar de tomar el poder en medio del caos de 2011 fracasó. Los terroristas de la Hermandad Musulmana lo consideraron un seguidor secular de Gadafi y lo repudiaron.

La situación cambió en 2014 cuando el ejército egipcio destituyó a Morsi, alineado con la Hermandad Musulmana, del poder. Con el general Sisi a las riendas, Egipto quiso eliminar a las bandas yihadistas. Llamaron a Haftar para tomar el control de Bengasi y Emiratos Árabes Unidos financió el proyecto. Con el dinero de Emiratos Árabes Unidos, el apoyo aéreo egipcio, los suministros rusos, el espionaje francés y el apoyo de fuerzas especiales, Haftar fue derrotando poco a poco a las diversas bandas yihadistas y tomó el control de Bengasi.

Le llevó más de tres años consolidar su control y crear un Ejército Nacional Libio (LNA) para hacerse cargo de la parte occidental de Libia, incluida la capital, Trípoli. Esa parte está controlada por varias familias, clanes y tribus rivales, cada una con su propia milicia.

Además, hay un gobierno nominal bajo la dirección de Fayez Al-Sarraj, reconocido por la ONU aunque carece de fuerzas propias. Depende del apoyo de la milicia local en Trípoli y del apoyo de la ciudad costera de Misrata. Esta ciudad tiene una fuerte milicia tribal que incluso explota una pequeña fuerza aérea.

Misrata impidió a Haftar mover sus tropas desde Bengasi a lo largo de la costa hasta Trípoli, en el oeste. Tuvo que hacer un rodeo por el sur, poco poblado. Un primer intento fracasó el año pasado cuando las milicias locales del sur, apoyadas por el ejército argelino, resistieron el ataque de Haftar.

Ahora Argelia tiene sus propios problemas, que han obligado al Presidente Bouteflika a dimitir. El ejército argelino está muy ocupado en casa, buscando un sustituto. De nuevo con el dinero de Emiratos Árabes Unidos, Haftar ha sobornado a las fuerzas del sur, logrado abrirse camino hacia Trípoli. También ha tomado el control de Sirte en el norte y de los campos petroleros de El Sharara cerca de Wasi Al-Hayaa en el sur. El yacimiento produce unos 300.000 barriles de petróleo al día que pueden ser exportados a través de los puertos de Sirte. El control de estos activos dio a Haftar un gran impulso.

El ejército de Haftar está ahora a unos 20 kilómetros de Trípoli, pero la resistencia de las milicias y fuerzas locales enviadas por Misrata se ha intensificado. Las tropas de Haftar tomaron brevemente el antiguo Aeropuerto Internacional de Trípoli, pero fueron desalojados rápidamente. Hoy, los aviones de combate de Misrata siguen atacando a sus fuerzas.

Si Haftar quiere tener éxito, tendrá que tomar el camino entre Trípoli y Misrata para separar a sus enemigos. Entonces podría capturar Trípoli y anunciar la formación de su propio gobierno. Hay rumores de que algunos señores de la guerra de Trípoli están dispuestos a cambiar de bando y unirse a Haftar.

El general cuenta con el apoyo abierto de Francia, Emiratos Árabes Unidos, Arabia saudí, Egipto y Rusia. Trump no ha dado muestras de interés por meterse en este avispero. Haftar es un viejo peón de la CIA y si toma el control sobre Trípoli, hay una buena posibilidad de que Estados Unidos tenga influencia sobre él. Mientras el petróleo libio fluya y mantenga bajo el precio mundial del petróleo, Trump estará contento. Rusia está tratando de permanecer en segundo plano para no dar a Washington una excusa para intervenir.

Los Hermanos Musulmanes, apoyados por Turquía y Qatar, siguen son las potencias que apoyan a Misrata, pero han perdido influencia sobre el terreno.

Haftar y sus tropas parecen tener el viento a su favor. Su ruta de suministro desde Bengasi a Trípoli a través del sur es demasiado larga, pero Francia está ayudando a protegerla manteniendo bajo control a los rebeldes de Chad y Malí en el sur de Libia. La Fuerza Aérea Egipcia podría ayudar de nuevo y destruir todos los aviones que Misrata dejó atrás.

No obstante, la guerra es impredecible y las milicias en Libia a menudo han cambiado de bando inesperadamente. Puede tardar 10 días en llegar a Trípoli sin matar a demasiada gente ó también cabe la posibilidad de que se estallen 100 días de combates intensos. El intento puede fracasar incluso.

Libia es un país tribal. Gadafi pudo controlarlo distribuyendo los ingresos de sus recursos petrolíferos y manteniendo a los yihadistas bajo mínimos. Haftar puede ser capaz de reproducir el modelo. Pero tiene 75 años. Hace un año le tuvieron que trasladar a Francia por una emergencia médica.

Desde la caída de Gadafi, en Bengasi los predicadores wahabíes, formados en Arabia saudí, han introducido un régimen del mismo estilo retrógrado.

https://www.moonofalabama.org/2019/04/libya-from-ghaddafi-to-hafter.html

Los gobiernos ‘de izquierda’ condujeron a la OTAN con metiras a una guerra de agresion en los Balcanes

Hace veinte años, el 24 de marzo de 1999, trece Estados miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), incluidos Estados Unidos, Francia y Alemania, bombardearon la República Federal de Yugoslavia. Esta guerra duró setenta y ocho días y fue alimentada por mentiras de los medios de comunicación diseñadas para alinear las opiniones de las poblaciones occidentales con las del estado mayor. Los serbios cometen “genocidio”, “juegan al fútbol con las cabezas cortadas, los cuerpos despellejados, arrancan los fetos de las mujeres embarazadas asesinadas y los fríen”, afirmó el ministro alemán de Defensa, el socialdemócrata Rudolf Scharping, cuyos comentarios fueron cubiertos por los medios de comunicación; mataron a “100.000 a 500.000 personas” (TF1, 20 de abril de 1999), incineran a sus víctimas en “estufas similares a las utilizadas en Auschwitz” (The Daily Mirror, 7 de julio).

Una por una esas informaciones falsas serán destruidas a pedazos -pero después de que el conflicto hubiera terminado- incluyendo la investigación del periodista estadounidense Daniel Pearl (The Wall Street Journal, 31 de diciembre de 1999). También se desinfló una de las manipulaciones más sonoras de finales del siglo XX: el plan Potkova (herradura), un documento que pretendía demostrar que los serbios habían programado la “limpieza étnica” de Kosovo. Su distribución por Alemania en abril de 1999 sirvió de pretexto para la intensificación de los bombardeos. Lejos de ser usuarios paranoicos de internet, los principales deformadores fueron los gobiernos occidentales, la OTAN y los medios de comunicación más respetados.

Entre ellos, Le Monde, un diario cuyas posiciones editoriales sirvieron de referencia para el resto de la galaxia mediática francesa. Su redacción, dirigida por Edwy Plenel, admite haber “tomado partido por la intervención”. En la primera página de la edición del 8 de abril de 1999 aparece un artículo de Daniel Vernet que anuncia “un plan de ‘herradura’ para deportar a los kosovares”. El periodista utiliza la información dada a conocer el día anterior por el ministro alemán de Asuntos Exteriores, el ecologista Joschka Fischer. El “plan del gobierno de Belgrado que detalla la política de limpieza étnica aplicada en Kosovo […] se llama ’Horseshoe’, probablemente para simbolizar las tenazas tendidas sobre la población albanesa”, escribe Vernet, para quien el asunto “parece suscitar pocas dudas».

Dos días después, el diario repitió el crimen a lo ancho de su primera plana: “Cómo había preparado Milosevic para la limpieza étnica”. El plan serbio “Potkova” programó el éxodo forzado de los kosovares ya en octubre de 1998 y siguió aplicándose durante las negociaciones de Rambouillet. Le Monde se refiere a un “documento de origen militar serbio” y retoma las afirmaciones de funcionarios alemanes, hasta el punto de reproducir la nota de síntesis completa -lo que ahora llamaríamos los “elementos del lenguaje»- distribuida a los periodistas por el Inspector General del ejército alemán. Berlín pretendía entonces justificar ante un público más bien pacifista la primera guerra librada por el Bundeswehr desde 1945, además contra un país ocupado cincuenta años antes por la Wehrmacht.

Sin embargo, ese plan era falso: no procede de las autoridades serbias, sino que fue elaborado a partir de elementos recopilados por los servicios secretos búlgaros y transmitidos a los alemanes por ese país, que a continuación intentó incorporarse a la OTAN con todas sus furzas. La historia la reveló el 10 de enero de 2000 el semanario Der Spiegel y fue confirmada doce años más tarde por el ex ministro búlgaro de Asuntos Exteriores.

En retrospectiva, el documento debería haber sido aún más desconfiado porque se dice que “herradura” es “potkovica” en serbio, no “potkova”, como señaló el diputado alemán Gregor Gysi el 15 de abril de 1999 en el Bundestag. En marzo de 2000, el general de brigada alemán Heinz Loquai expresó en un libro sus “dudas sobre la existencia de tal documento”; su investigación obligó al Sr. Scharping a admitir que no tenía una copia del “plan” original. Al mismo tiempo, el portavoz del Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia describe los elementos del llamado plan como “material no concluyente” (Hamburger Abendblatt, 24 de marzo de 2000), y la fiscal Carla Del Ponte ni siquiera se referirá a él en la acusación de Milosevic en 1999 y 2001.

La guerra, explicó Plenel poco después de que comenzara el bombardeo, “es el reto más loco para el periodismo. Aquí es donde demuestra o no su credibilidad, su fiabilidad. “El investigador nunca se ha retractado de este gran vacío con el “amor por los pequeños hechos reales” que proclama en su panfleto a favor de la intervención de la OTAN. Le Monde volverá a mencionar la falsificación, pero como si siempre la hubiera considerado con cautela: “Horseshoe” sigue siendo un documento muy controvertido, cuya validez “nunca ha sido probada” (16 de febrero de 2002). Los periodistas Jean-Arnault Dérens y Laurent Geslin, especialistas en los Balcanes, describen el plan Potkova como “un arquetipo de las noticias falsas difundidas por los ejércitos occidentales y recogidas por los principales periódicos europeos”.

La celebración de un aniversario por sí solo no habría justificado una vuelta a este asunto. Pero algunas de sus consecuencias aún pesan en la vida internacional. Para lo que fue su primera guerra desde su nacimiento en 1949, la OTAN decidió atacar a un Estado que no había amenazado a ninguno de sus miembros. Alegaba un motivo humanitario y actuaba sin un mandato de las Naciones Unidas. Tal precedente sirvió a Estados Unidos en 2003 cuando invadió Irak, ayudado una vez más por una campaña masiva de desinformación. Unos años más tarde, la declaración de independencia de Kosovo en febrero de 2008 socavaría el principio de la inviolabilidad de las fronteras. Y Rusia se basaría en esta independencia cuando, en agosto de 2008 reconoció la independencia de Abjasia y Osetia del Sur, dos territorios que se habían separado de Georgia. Luego, en marzo de 2014, cuando se anexionó Crimea.

Dado que la guerra de Kosovo fue dirigida por la mayoría de los gobiernos “de izquierda” y apoyada por la mayoría de los partidos conservadores, a nadie le interesa revertir las falsificaciones oficiales. Y es fácil entender que los periodistas más obsesionados con el tema de las noticias falsas también prefieren buscar en otra parte.

https://www.monde-diplomatique.fr/2019/04/HALIMI/59723

Hambre y corrupción franquista en el campo de concentración de Castuera que recluyó a 15.000 republicanos

La clasificación de los presos que llegaban a Castuera, la represión sistemática y la reeducación bajo los valores del nacional-catolicismo resumen la esencia de este campo de concentración. Se cumplen 80 años de la apertura de un “infierno” de alambre y espinos por el que pasaron alrededor de 15.000 personas a lo largo de un año.

Su ubicación no era casual, ya que Castuera se había convertido en la capital “roja” del frente de La Serena, una línea de resistencia republicana que surcaba las estribaciones de la comarca pacense hasta la frontera con la provincia de Cáceres. Allí las trincheras y el combate cuerpo a cuerpo se mantuvieron hasta el verano de 1938.

Fue uno de los campos de prisioneros de Extremadura, una región donde hubo al menos 17 según las investigaciones del periodista Carlos Hernández de Miguel. Se levantó semanas antes del final de la guerra, cuando los militares franquistas ya tenían claro cuál iba a ser el resultado de la contienda. Tuvo cautivos a militares afines al régimen, civiles, sindicalistas o políticos.

Los testimonios orales de los supervivientes narran la falta de higiene y las duras condiciones que soportaron alrededor de unos barracones desmontables, en los que había mucho tiempo libre y poco pan.

El historiador Antonio López, autor del libro “Cruz, Bandera y Caudillo”, explica que el hambre se agravó con un caso de corrupción perpetrado por los responsables del campo, que desviaron parte del dinero destinado a alimentar a los presos. Con sus “mordidas” eliminaron el rancho caliente previsto en su dieta, que quedó reducida a escasas latas de sardina para compartir y mendrugos de pan.

Se vieron implicados el jefe del campo y el director de la prisión provincial de Badajoz, junto con los directores de las cárceles de Herrera del Duque y Puebla de Alcocer. El caso se destapó cuando se multiplicaron las muertes por inanición y las enfermedades, a lo que se sumó un importante incremento de fugas. Tras los interrogatorios militares los implicados fueron multados e inhabilitados, sólo unos meses.

Uno de los testimonios orales recogidos por el investigador, un guardián original de Fuente de Cantos, relata que las primeras bajas por hambre y enfermedad fueron las de los “valencianos”. Se trataba de prisioneros llegados desde la zona del Levante, cuyos cadáveres fueron arrojados a unas de las fosas cercanas al campo.

La muerte les sacudió con más virulencia porque estaban lejos de sus casas y no podían recibir apoyo familiar. No tuvieron la suerte de los reclusos de Extremadura, que tenían el respaldo de los allegados que se desplazaban hasta allí. Algunos incluso se establecieron en Castuera.

La práctica del terror y la violencia con la entrada de los jefes de la Falange fue una constante. Un modo de amedrentar a todos los prisioneros que se sumaba a las condiciones infrahumanas en las que vivían.

El mejor testimonio que han documentado hasta el momento es el de Albino Garrido, fallecido hace dos años. Conoció el barracón de incomunicados, destinado a quienes iban a morir en un consejo de guerra. Fue protagonista de una historia de resistencia en mayúsculas, porque Albino escapó del campo, estuvo preso casi un año y salió con vida. Más tarde se refugió en Francia, donde fue apresado y trasladado a un campo nazi.

En su libro de vivencias relató la crudeza y la sangre fría de los franquistas. Cuenta el caso de su amigo Isaías Carrillo Sosa, asesinado mientras estaba despiojando a otro preso. En mitad de la rutina de la limpieza que se hacían unos a otros se acercó un falangista, sacó su pistola y lo mató sin mediar palabra. A la víctima la sacaron del barracón ante el pavor y el terror de todos sus compañeros.


“Cruz, Bandera y Caudillo” es el nombre que da título al trabajo documental del investigador extremeño Antonio López, un título que resume a la perfección la estampa que daba la bienvenida a la finca.

Se conserva muy poco de la estructura del campo, por su carácter desmontable, aunque llama la atención una peana de grandes dimensiones que soportaba una cruz erigida en el patio de ceremonias. Un elemento simbólico que dejaba claro el interés del régimen por reeducar a todos aquellos que habían sido fieles a la República, o que habían participado de alguna manera en la revolución social años atrás.

La bandera franquista estaba fuera del recinto alambrado, a 90 pasos. “Un modo de decirle a los prisioneros: tenéis que ser buenos católicos, y luego ya españoles cuando nosotros queramos, claro”, señala López, que también es miembro de la Asociación Memorial Campo de Castuera.

Había unos 80 barracones que se distribuían en torno a un patio central, con dos núcleos de filas a ambos lados. Eran estructuras desmontables, con cubierta de uralita y chapa que rápidamente se llenaron de presos.

El gran volumen de internos hizo necesaria una ampliación del campo y se levantaron “covachas”, cabañas recubiertas de matorrales en los que eran ubicados de dos en dos. Eran conocidas con el nombre de “Villaverde”. Ellos mismos tenían que dar forma a las estructuras para refugiarse, al mismo tiempo que se encargaban del adecentamiento de las calles.

Una de las claves de Castuera es la llegada de Ernesto Navarrete como jefe del campo, “que ya tenía a sus espaldas una hoja de servicios lo suficientemente sangrienta como para estar al frente”. Además estará en la sombra Manuel Carracedo, encargado del servicio de información de policía militar, tal como confirmó él mismo en unos testimonios grabados.

En su cautiverio los presos veían el tiempo pasar, a la espera de un destino incierto y al antojo de las órdenes del jefe del campo y del resto de militares. Permanecían a la espera de recibir informes políticos y sociales. A favor o en contra.

Lo primero que se hacía con ellos, tras ser detenidos a pie de trinchera, era una hoja declaratoria. En ella se reflejaba información relativa a la guerra, su lugar de origen y su municipio.

Una vez recopilados todos los datos los servicios de información se ponían manos a la obra y contactaban con la localidad. Solicitaban informes políticos y sociales al alcalde, el jefe de la Falange, el cura y a otras personas “de bien” -todas de derechas- para que dieran su correspondiente opinión.

A partir de los datos se clasificaba al reo. Se le podía abrir diligencias, con las que comenzaba la instrucción de un consejo de guerra o se le podía dejar allí. “El servicio de información va a facilitar la represión y los juicios sumarísimos en menos de una semana, algo que va a permitir acelerar los fusilamientos”.

Los representantes de la resistencia republicana van a acabar en barracones incomunicados, de los que no paraban de salir nuevas “sacas” de fusilamientos. Las diferentes campañas de catas y excavaciones han constatado varias fosas comunes, como la que se localizó en el cementerio.

El historiador habla de otras fuentes que apuntan a la práctica de la “cuerda india” en Castuera, por la que decenas de presos habrían sido atados y empujados al interior de la mina de La Gamonita, cercana al municipio. Posteriormente se habrían arrojado bombas de mano a su interior para acabar con sus vidas. Es una versión que ya relata Justo Vila en su libro sobre la guerra civil en 1985, y a la que también han hecho referencia los testimonios de los prisioneros supervivientes.

El campo funcionó hasta abril de 1940, a lo largo de un año completo. No se sabe cuántas personas llegaron a pasar con exactitud por la falta de documentación que existe.

Antonio López aclara que la cifra de 15.000 presos debe entenderse de manera orientativa, porque la información que se conserva está incompleta y es heterogénea. Hubo gente que sólo estuvo un día, mientras que otros pudieron estar meses cautivos, o el año entero.

A día de hoy se sigue sin tener acceso a toda la información de la represión franquista. Los investigadores y familiares denuncian que no tienen vía libre al archivo de la Guardia Civil, a lo que se suman los documentos depositados en dependencias del Ejército, que custodia documentación histórica. Por ello han reclamado de manera reiterada que la información sea depositada en el Ministerio de Cultura y en los archivos correspondientes para su libre acceso.

No obstante se sabe, a través de algunos archivos militares y las estimaciones realizadas, que en el mes de abril llegó a haber casi 6.000 prisioneros, y en mayo la misma cantidad. Mientras, en los meses de comenzó a bajar la cifra hasta las 3.000 personas. El número va fluctuando hasta el final, cuando se cierra con unos 1.200 prisioneros.

El número de desaparecidos sigue aumentando, “no paran de llegar biografías que se truncan cuando llegan al campo”. Se trata de familiares de víctimas que pierden el rastro de sus seres queridos allí, como confirman las cartas conservadas, y que ahora reclaman verdad, justicia y reparación.

El campo se cierra finalmente por la propia degradación de las instalaciones y porque las funciones para las que estaba destinado pasan a Mérida, Badajoz o Almendralejo. Los 1.200 prisioneros que quedaban dentro cuando llegó el momento de la clausura fueron repartidos entre Puebla de Alcocer y Herrera, donde los conventos funcionaron a modo de prisión.

Otras personas fueron enviadas a un batallón de trabajos forzosos, al no tener nada que imputarle. Llegan a parar a lugares como las colonias penitenciarias de Montijo, el eufemismo usado para ocultar al campo de concentración que mantuvo en Montijo y otras dos localidades a a 1.500 presos. Fueron obligados a construir parte del actual canal de Montijo y la presa que lleva el mismo nombre.

https://www.eldiario.es/eldiarioex/sociedad/Hambre-corrupcion-franquista-Castuera-concentracion_0_885411842.html

En Alemania el prototipo del delincuente es… aleman (y no un extranjero, ni un emigrante, ni un refugiado)

En septiembre del año pasado la policía regional de Sarre hizo públicas las cifras sobre ataques con cuchillo cometidos entre enero de 2016 y abril de 2018. Las estadísticas policiales apuntaban que la mayoría de ataques fueron cometidos por ciudadanos alemanes. Concretamente, del total de 1.490 denuncias y infracciones de la ley registradas en ese periodo, 842 casos fueron agresiones con cuchillo cometidas por ciudadanos alemanes; el resto de los ataques fueron protagonizados por ciudadanos de otros Estados de la Unión Europea (94) o por extranjeros extracomunitarios (158).

La estadísticas quedaban lejos de confirmar una de las tesis más repetidas por los neonazis de AfD, es decir, que la criminalidad ha aumentado en Alemania debido a la inmigración y a la llegada de refugiados. Por eso, en febrero de 2019, y partiendo de la base de que muchos de agresores con pasaporte alemán eran ciudadanos de origen extranjero nacionalizados, el diputado regional de AfD Rudolf Müller lanzó una pregunta parlamentaria al Gobierno del Sarre. Con ella quería saber cuáles eran los nombres más repetidos en el grupo de 842 agresores con pasaporte alemán registrados por la policía.

Tras volver a analizar sus bases de datos, la respuesta de la policía tampoco pudo satisfacer a los neonazis. Los trece nombres de pila más comunes en el grupo de agresores eran, en orden descendente, los siguientes: Michael, Daniel, Andreas, Sascha, Thomas, Christian, Kevin, Manuel, Patrick, David, Jens, Justin y Sven. Ni un sólo nombre árabe apareció en la respuesta de las autoridades locales. Además, de los 842 agresores con pasaporte alemán, sólo 14 contaban con otro pasaporte, es decir, tenían doble nacionalidad. La relación que los racistas constantemente intentan establecer entre migración e inseguridad, y con la que quiere alimentar un discurso islamófobo e incluso xenófobo, recibía otro jarro de agua fría estadístico.

La historia procedente del Sarre fue la antesala de la presentación esta semana del informe de estadísticas criminales a nivel federal. El Ministerio de Interior, Fomento y Patria alemán, en manos del socialcriastino bávaro Horst Seehofer, registró 5,4 millones de delitos a lo largo de 2018. Se trata de la cifra más baja desde 1992. “Alemania es uno de los países más seguros del mundo”, dijo Seehofer, uno de los políticos conservadores alemanes que más ha coqueteado con las tesis racistas.

Llama la atención que tanto la cifra de robos como la de la criminalidad callejera se hayan venido reduciendo en Alemania de manera constante desde 2015, mientras que las de agresiones físicas se han mantenido estables tras un pequeño incremento en 2016. En verano de 2015 se produjo la llamada “crisis de refugiados”, cuando más de un millón de personas procedentes mayoritariamente de Oriente Próximo buscó refugio en Alemania después de que la canciller alemana Angela Merkel decidiera no cerrar las fronteras del país.

El informe del Ministerio del Interior alemán también especifica qué porcentaje de sospechosos o criminales son extranjeros: un 30,5 por ciento de todos ellos no cuenta con un pasaporte alemán y de ese porcentaje, solo un 8,8 por ciento son inmigrantes. El 20 por ciento restante fueron, por tanto, extranjeros que cometieron algún tipo de delito cuando estaban de paso en el país. Esto último provoca lo que Holger Münch, presidente de la Oficina Federal de Investigación Criminal, considera un “efecto distorsionador”.

En recientes declaraciones al tabloide “Bild Zeitung”, Münch ponía como ejemplos de ello el hincha de un club de fútbol extranjero que es detenido por la policía durante disturbios antes o después de un partido de Liga de Campeones, el turista que comete algún tipo de infracción o el criminal que cruza eventualmente las fronteras de Alemania, pero que no reside en el país.

Por tanto, y a pesar de que como reconocen las autoridades alemanas, hay un cierto repunte en la criminalidad en el grupo de inmigrantes procedentes del norte de África y del África subsahariana, este último incremento sigue siendo insuficiente para sostener la tesis de AfD: que hay una relación directa entre la inmigración y el aumento de la delincuencia y la inseguridad en Alemania. Según las cifras oficiales, la amplia mayoría de infracciones sigue siendo cometidas por ciudadanos alemanes y la criminalidad ha disminuido desde la llamada “crisis de los refugiados” de 2015.

“Aquello que se siente es también realidad”, dijo en septiembre de 2016 Georg Padzerski, dirigente fascista de AfD en Berlín, en un debate televisado previo a las elecciones regionales en las que el partido nazi obtuvo 230.000 votos y más del 14 por ciento de todos los sufragios en la multicultural y mayoritariamente liberal capital alemana. Padzerski respondía así a una pregunta sobre por qué su partido solía mostrar una imagen negativa de la inmigración pese a que la inmensa mayoría de extranjeros residentes en el país no son criminales y viven de una manera pacífica.

Padzerski hacía así referencia a una de las estrategias fundamentales del joven partido ultraderechista: capitalizar una creciente sensación de inseguridad entre la ciudadanía alemana que se da, paradójicamente, mientras las estadísticas de criminalidad menguan. Así lo apunta una investigación confeccionada por el Instituto Max-Planck, en colaboración con la Oficina Federal de Investigación Criminal, y que también fue presentada esta semana, paralelamente a la de las estadísticas de criminalidad dadas a conocer por el Ministerio de Interior federal.

Según el estudio del Instituto Max-Planck, más de un 20 por ciento de los ciudadanos alemanes se sintió inseguro en 2017 al salir de casa. Ese porcentaje suponía un crecimiento del 5 por ciento con respecto a 2012, cuando se hizo el último estudio al respecto. Curiosamente, las personas con trasfondo migratorio, y especialmente los ciudadanos alemanes con raíces turcas (la mayor minoría del país), perciben un mayor peligro de ser víctimas de un delito.

La procedencia de la percepción de la inseguridad parece, sin embargo, irrelevante para el partido fascista más exitoso de la historia de la República Federal de Alemania, sino sólo la percepción de la inseguridad en sí misma, que puede seguir siendo una fuente de votos para AfD. Los dirigentes del partido fascista, consecuentemente, no dejan pasar oportunidad alguna para agitar el discurso del miedo.

“¿De verdad es Alemania uno de los países más seguros del mundo?”, se preguntaba Alice Weidel, copresidenta de la fracción nazi en el Bundestag, al postear en su cuenta de Twitter un vídeo de presuntos ciudadanos árabes intentando apuñalar a un sin techo en el metro de Berlín. Ello, sólo un día después de la presentación de las estadísticas oficiales de criminalidad. Ni la policía ni el texto de la noticia posteada por Weidel confirmaban que los agresores fueran extranjeros ni tuvieran origen árabe, pero para la dirección de AfD la sensación de inseguridad, digan lo que digan las estadísticas, vale tanto o más que la pura realidad.

https://www.elconfidencial.com/mundo/europa/2019-04-07/el-criminal-prototipo-se-llama-andreas-no-mohamed-fiasco-de-la-ultraderecha-alemana_1927958/

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