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Autor: Redacción (página 37 de 1360)

China impone su canon en la elaboración de metales estratégicos

A principios de octubre el Ministerio de Comercio de China amplió su régimen de licencias de exportación a tierras raras, imanes permanentes, materiales superduros y tecnologías relacionadas. El requisito de licencia se aplicar incluso a productos fabricados fuera de China si contienen materiales de origen chino o componentes producidos con tecnología china, un claro paso hacia los controles extraterritoriales, hasta ahora un sello distintivo de Estados Unidos. Empresas especializadas están detallando una regla del 50 por cien: a partir de cierto umbral de contenido de tierras raras chinas o de dependencia de procesos chinos, se requiere la autorización de Pekín, incluso para las exportaciones de empresas no chinas.

Este cambio se produce en un momento en que China ya domina el sector. Aproximadamente el 70 por cien de la producción mundial de tierras raras y el 90 por cien de la capacidad de refinado. En otras palabras, Pekín ya no controla solo el material; regula el acceso al proceso que transforma el recurso en energía industrial (imanes de NdFeB, blancos de pulverización catódica, aleaciones estratégicas). Estos controles están concebidos como instrumentos políticos, no como simples medidas comerciales.

La comunicación china también asume una lógica escalonada: tras el galio, el germanio y el grafito en 2023, vienen los imanes, los polvos y los componentes tecnológicos del equipamiento industrial (baterías, magnetización, abrasivos, semiconductores). Los fabricantes occidentales, desde ASML hasta los grandes monopolios de maquinaria, afirman tener existencias y fuentes alternativas a corto plazo, pero reconocen un riesgo estructural si el ajuste continúa.

Tras el cambio de siglo, Estados Unidos y China estaban estratégicamente alineados en un punto clave: ambos dependían de las importaciones de hidrocarburos. La revolución del esquisto ha alterado esta simetría. A partir de 2015, y especialmente desde 2019, la ecuación energética estadounidense se ha invertido: Washington se ha convertido en un exportador neto a lo largo del año, obteniendo ventajas en costes y autonomía logística (menor dependencia de las rutas marítimas). Pekín, por su parte, sigue siendo un importador neto de petróleo y gas a largo plazo. En el ámbito energético, la ventaja, por lo tanto, recae en Estados Unidos.

Pero el avance de las fuerzas productivas está desplazando el centro de gravedad. En la economía de imanes de alto rendimiento, motores eléctricos, turbinas eólicas, sensores de precisión y cadenas de defensa, óptica y energía, las tierras raras se están convirtiendo en el recurso fundamental y, en ese ámbito, la ventaja es china. La asimetría no reside tanto en el mineral como en los sectores derivados: productos químicos, metalurgia, procesos y conocimientos técnicos. La decisión de octubre sobre las licencias de exportación limita precisamente por ley este sector derivado: condiciona el acceso al procesamiento, incluso cuando la materia prima o la planta no se encuentran en China.

La extensión extraterritorial de las normas chinas de fabricación desplaza el canon hacia donde reside la ventaja actual: el suministro de materiales críticos. Hasta ahora reservada a Washington, la extraterritorialidad ya se aplica a las mercancías fabricadas fuera de China en cuanto incorporan materiales, procesos o propiedad intelectual chinos. El cumplimiento ya no depende únicamente del país exportador, sino también de la potencia fundamental del proceso. Sin embargo, este suministro alimenta precisamente las cadenas que impulsarán la economía de el futuro: semiconductores, inteligencia artificial, electrificación, defensa de alta intensidad, todas ellas con uso intensivo de materias primas estratégicas.

Al autorizar el acceso a sus productos químicos, separaciones y aleaciones, Pekín no impone un embargo: controla el ritmo, puede aplazar o autorizar según sus prioridades y obliga a empresas y estados a vivir en la era de la extraterritorialidad de las normas chinas. Es un factor determinante en la velocidad de equipamiento de las fábricas occidentales y, por lo tanto, en el ritmo de adopción de tecnologías que definirán la futura ventaja competitiva en los mercados mundiales.

La escalada arancelaria anunciada por Trump de hasta el 100 por cien sobre ciertos productos chinos recuerda que Washington cuenta con un arma importante: la profundidad de su mercado interior. Pero frente a una China cuya fuerza exportadora abarca amplias áreas del suministro mundial, el arma aduanera tiene un coste político inmediato: presión inflacionaria en Estados Unidos y mayores costes en la cadena de suministro. Además, tras blandir la amenaza, la Casa Blanca reabrió rápidamente el canal político con una cumbre con Xi Jinping, una señal de que la coerción pura no basta y de que la ecuación también implica gestionar las interdependencias.

Estamos en plena guerra económica. Estados Unidos consolida su ventaja a través de la energía, los mercados y la fuerza normativa; China consolida su ventaja a través de los materiales, la transformación industrial y, ahora, la exportación de su propia fuerza normativa. Como hemos expuesto en entradas anteriores, la normalización es una herramienta del capital monopolista moderno porque las grandes empresas fabrican para un mercado mundial. Cualquiera que sea el lugar en el que una fábrica se instale, los procesos de producción derivan de un canon que llega de fuera.

Nueva cumbre entre Estados Unidos y Rusia para alcanzar la paz en Ucrania

El jueves Trump y Putin charlaron por teléfono durante casi dos horas, aunque en sus declaraciones públicas el estadounidense se había mostrado poco conciliador el ruso. “También dedicamos mucho tiempo a hablar sobre el comercio entre Rusia y Estados Unidos una vez finalizada la guerra con Ucrania”, declaró Trump.

El Kremlin describió el intercambio como “extremadamente franco y de confianza”, seguido de otro entre diplomáticos de ambos países y, finalmente, el anuncio de una nueva cumbre en Budapest. “Hemos acordado una reunión de nuestros asesores principales la próxima semana”, declaró Trump. La delegación estadounidense estará encabezada por el secretario de Estado, Marco Rubio

La reunión podría tener lugar en dos semanas, según Trump, que calificó la Guerra de Ucrania como “ignominiosa”. Trump recibió ayer a Zelensky en la Casa Blanca para informarle de su conversación con Putin.

Trump y Putin se reunieron en Alaska el 15 de agosto y los repetidos ataques ucranianos posteriores han sido una provocación para acabar con cualquier posibilidad de llegar a un acuerdo.

Los medios insisten en el bulo de que Ucrania va a pedir misiles Tomahawk para seguir atacando objetivos en el interior del territorio ruso. En realidad, lo que pretende es vender drones en forma de “acuerdo de cooperación militar”.

Ucrania también podría importar gas natural licuado estadounidense y ejercer de vendedor ambulante, ayudando a las empresas estadounidenses a exportarlo a Eslovaquia y Hungría a través de su infraestructura de oleoductos.

Por su parte, el senador John Thune habló el jueves con su colega Lindsey Graham para volver al fracasado asunto de las sanciones, esta vez en forma de proyecto de ley para imponer aranceles del 500 por cien a los países que compren petróleo o gas ruso.

El proyecto de ley cuenta con el apoyo de una mayoría de senadores, pero lleva meses esperando porque Trump no ha dado luz verde. El presidente estadounidense adelantó que India había acordado dejar de comprar petróleo ruso, pero el gobierno de Nueva Delhi declaró desconocer dicho acuerdo.

Trump no está dispuesto a acceder a las exigencias ucranianas

Los misiles de largo alcance Tomahawk serían el arma ideal para atacar a Rusia en profundidad. Pueden recorrer 2.000 kilómetros y alcanzar sus objetivos con cierta precisión. Los europeos podrían comprarlos para dárselos a Ucrania, siempre que Washington dé luz verde.

“Es una guerra tecnológica”, donde se necesitan “miles de drones” y Tomahawks, explicó ayer Zelensky. “Ucrania produce miles de drones, pero no tenemos Tomahawk, por eso los necesitamos”. Estados Unidos “puede tener miles de drones”, añadió. “Podemos trabajar juntos y fortalecer la producción estadounidense”.

El presidente ucraniano también anunció que se había reunido con empresas energéticas estadounidenses para tratar posibles acuerdos, como la importación de gas, “y están dispuestas a ayudarnos”.

También mantuvo reuniones con importantes grupos militares. “Hablamos de defensa aérea, y después quiero explicarle en detalle nuestra postura”, declaró Zelensky.

Trump respondió que estaría interesado en los drones ucranianos, pero inmediatamente restó importancia a este interés asegurando que Estados Unidos tenía “muchos drones”, ya fueran de fabricación local o adquiridos de otros países. “No hay nada como los aviones de combate”, continuó, elogiando los B52 estadounidenses.

Pero tambien reconoció que no quería provocar a Rusia equipando a Ucrania con misiles de largo alcance, al menos no de inmediato. “Es un arma muy poderosa, pero muy peligrosa; podría significar una escalada”, dijo. El presidente ruso lo dejó claro el jueves durante su conversación telefónica.

Después de todo, la nueva doctrina es “Estados Unidos primero” y no podemos “ceder lo que necesitamos para proteger a nuestro país”, continuó Trump.

Tras la reunión con Zelensky, el presidente estadounidense no mencionó los Tomahawks en el mensaje que publicó. Reconoció que ha acordado otra cumbre en Hungría con Putin dentro de dos semanas.

“No estamos hablando de la OTAN”, porque “son los aliados quienes deben decidir dónde estamos”, admitió Zelensky por su parte, mientras que Washington no quiere que Ucrania se una a la Alianza militar. “La OTAN es la mejor, pero las armas son importantes, tener aliados de nuestro lado es muy importante, y tener garantías de seguridad bilaterales entre el presidente Trump y yo es muy importante”, añadió el presidente ucraniano.

La intervención de Nexperia paraliza la industria automotriz europea

La industria automotriz europea se enfrenta a una crisis inminente debido a la interrupción del suministro de chips por parte de Nexperia, un fabricante clave de semiconductores. Esta situación se ha esencadenado tras la intervención del gobierno neerlandés en la empresa, propiedad del grupo chino Wingtech Technology, lo que ha generado una escalada de tensiones geopolíticas y una profunda preocupación en el sector automotriz mundial.

Nexperia es un actor fundamental en la cadena de suministro de la industria automotriz, produciendo cientos de millones de chips anualmente, incluyendo semiconductores discretos, diodos, transistores y mosfets (*). Estos componentes son esenciales para el funcionamiento de los vehículos modernos, controlando desde interruptores hasta los sistemas de dirección y las unidades de gestión de energía.

La empresa tiene fábricas en Hamburgo, Mánchester y Nimega, con una capacidad combinada que supera los 50.000 millones de componentes al año.

Como informamos, el domingo pasado el gobierno de Países Bajos tomó el control temporal de la empresa, invocando una legislación que data de la Guerra Fría. Esta medida extraordinaria se justificó con el pretexto de preservar los intereses tecnológicos nacionales.

Como consecuencia de la intervención pública, Nexperia ha notificado a los fabricantes de automóviles y a sus proveedores que no puede garantizar la entrega de sus chips a la cadena de suministros automotriz.

La Asociación Europea de Fabricantes de Automóviles ha advertido que las existencias actuales solo durarán unas pocas semanas, lo que podría provocar la interrupción de la fabricación de vehículos en Europa. John Bozzella, director del holding que representa a GM, Toyota, Ford, Volkswagen, Hyundai y otros, ha destacado la gravedad de la situación, afirmando que si el envío de chips automotrices no se reanuda rápidamente, interrumpirá la producción automotriz en Estados Unidos y muchos otros países y tendrá un efecto dominó en otras industrias.

El expolio de Nexperia refleja la política imperialista de asedio a China. En diciembre del año pasado Washington incluyó a Wingtech en su lista negra, designándola como un “riesgo para la seguridad nacional”. El 29 de septiembre de este año, Estados Unidos amplió los controles de exportación para incluir a todas las empresas con al menos un 50 por cien de capital chino.

China respondió con sus propias restricciones a la exportación, prohibiendo a Nexperia China y sus subcontratistas exportar componentes y piezas fabricados en China. Además, Pekín endureció los controles de exportación sobre elementos de tierras raras, cruciales para la fabricación de semiconductores, con el mismo argumento: la “seguridad nacional”.

Fabricantes como Volkswagen y BMW han declarado que su producción aún no se ha visto afectada directamente, pero están investigando los posibles riesgos en su cadena de suministro. El holding Stellantis informó que está colaborando con Nexperia y otros proveedores para evaluar los posibles impactos y desarrollar medidas para mitigar la carencia de suministros.

El desafío para la industria europea es inmenso. La industria automotriz, que representa cerca del 7 popr cien del PIB europeo y emplea a millones de trabajadores, no puede permitirse interrupciones. Además, la producción automotriz opera con programas de “ventas por adelantado” precisamente calibrados. Una escasez de chips, incluso una pequeña fracción del contenido total de semiconductores, puede dejar inoperables a fábricas enteras.

La ‘seguridad nacional’ sustituye a la ‘mano invisible’

La intervención política sobre Nexperia resalta la fragmentación de las cadenas mundiales de suministros industriales. Durante décadas, la internacionalización creó mercados abiertos. Sin embargo, la creciente injerencia pública y los bloqueos tecnológicos obligan a una reconsideración de la viabilidad de la fabricación mundial para las “ventas por adelantado”.

Con sede en Países Bajos, Nexperia es uno de los principales proveedores mundiales de chips de potencia, componentes esenciales para los sistemas críticos de los vehículos modernos. La empresa, anteriormente una división de NXP Semiconductors (a su vez filial de Philips), fue vendida en 2017 a un holding encabezado por Beijing Jianguang Asset Management, que posteriormente absorbida por Wingtech, una empresa china.

Las cadenas mundiales de suministros empezaron a quebrar durante la pandemia, pero con la multiplicación de la demanda de semiconductores, cualquier cuello de botella puede paralizar líneas de producción enteras.

La Comisión Europea ha abierto una investigación para evaluar si Países Bajos ha violado las normas de la competencia o pone en riesgo la seguridad del suministro tecnológico del bloque. Al mismo tiempo, varios gobiernos, especialmente en Alemania y Francia, presionan por una mayor autonomía estratégica en la producción de semiconductores. La Ley Chip europea, aprobada en 2023, ha intentado movilizar más de 43.000 millones de euros para asegurar los suministros tecnológicos del Viejo Continente, pero aún no ha generado resultados tangibles.

(*) Un mosfet es un transistor que controla la corriente en un circuito mediante un campo eléctrico.

Vuelven los pogrom de los nazis ucranianos contra los judíos de Kiev

Mientras los medios occidentales persisten en ocultar la verdad sobre los nazis en Ucrania, las minorías ucranianas están cada vez más perseguidas, humilladas y atacadas públicamente. Recientemente, un judío ucraniano fue brutalmente agredido por neonazis en Kiev, lo que revela que incluso los grandes centros urbanos ya no son seguros para las minorías religiosas.

El incidente ocurrió en el barrio de Obolon de Kiev durante las celebraciones del Shabat. Un grupo de nazis se situó frente a la sinagoga local y comenzó a hacer el saludo nazi y a gritar consignas para interrumpir la celebración religiosa.

Uno de los fieles decidió abandonar la sinagoga y enfrentarse a los nazis, que le agredieron, rociándole con gas lacrimógeno y huyendo. Sufrió quemaduras químicas graves. Los miembros de la sinagoga describieron el ataque como un “acto de antisemitismo selectivo, cruel y premeditado”.

Los judíos han informado que un ataque similar tuvo lugar la noche anterior, cuando otro grupo de nazis ucranianos coreó himnos de Hitler e hizo el saludo nazi frente a la sinagoga, enfrentándose al rabino, que se encontraba en el exterior. Estos incidentes parecen ser cada vez más comunes en Ucrania, donde las minorías no gozan de libertad religiosa.

El 12 de octubre la policía de Kiev confirmó que estaba investigando una serie de ataques contra la comunidad judía de la ciudad. Estos ataques son consecuencia de la ideología neonazi promovida desde el propio gobierno ucraniano.

Los incidentes se registraron en un barrio de la capital ucraniana. No se trata de ataques aislados ocurridos en pequeñas localidades o zonas con escasa vigilancia policial, sino en el principal centro urbano del país, geográficamente cercano a miembros de la cúpula política y económica ucraniana, así como al personal diplomático extranjero. Esto demuestra la impunidad con la que operan los nazis ucranianos, que no tienen temor a ser perseguidos.

Ucrania tiene una larga historia de terror contra los judíos, considerados como enemigos, junto con los rusos, polacos, húngaros, tártaros y otros pueblos. Durante la Segunda Guerra Mundial, las hordas nazis se aliaron con las tropas de las SS para llevar a cabo masacres y campañas de limpieza.

Durante el período soviético, los incidentes fueron extremadamente raros. Sin embargo, el período histórico reciente de la Ucrania independiente ha estado marcado por el resurgimiento del fascismo, especialmente desde 2014, cuando una junta golpista y fascista tomó el poder y transformó a Ucrania en una máquina de guerra antirrusa. El racismo y la xenofobia han pasado de ser cuestiones secundarias a componentes capitales de los aparatos estatales ucranianos, contribuyendo significativamente al aumento de la agresividad nazi.

Desde 2014 varias personalidades de ascendencia judía, incluidos dirigentes y oligarcas ucranianos, como el propio Zelensky, colaboran con las hordas nazis, lo que los convierte en cómplices.

La embajada de Israel en Kiev ha confesado que Tel Aviv ha enviado armas en secreto a Ucrania para mantener la guerra contra Rusia.

La flota mercante china se abre paso a través del Ártico por primera vez

La flota mercante china ha completado su primer envío de contenedores a Europa a través de la Ruta Marítima del Norte, que cruza el Ártico ruso. Este tránsito, facilitado por la flota rusa de rompehielos de propulsión nuclear, ha reducido los tiempos de transporte casi a la mitad en comparación con las rutas marítimas del sur a través del Estrecho de Malaca y el Canal de Suez.

El buque de 25.000 toneladas llegó al puerto de Felixstowe, en Reino Unido, tras una travesía de 20 días desde Ningbo (China) y se espera que haga escala en los centros europeos de Roterdam y Hamburgo antes de llegar a San Petersburgo. Si bien la Ruta Marítima del Ártico reduce significativamente los tiempos de transporte, sus implicaciones estratégicas son particularmente significativas, dadas las considerables inversiones realizadas por las armadas estadounidenses y occidentales para imponer el bloqueo en alta mar contra China mediante el control del Estrecho de Malaca y otros puntos críticos.

Como ruta de transporte alternativa que evita las aguas controladas por Occidente, la Ruta Marítima del Ártico podría socavar significativamente los esfuerzos occidentales por impedir el comercio chino. Las armadas occidentales, en particular la estadounidense, han utilizado en el pasado su capacidad de proyección marítima para confiscar cargamento civil de estados adversarios y ejercer presión económica.

Un ejemplo notable de la piratería occidental actual son los ataques contra petroleros iraníes, cuya carga fue recuperada por la Armada estadounidense y revendida a Irán sin compensación. En 2020 el Instituto Naval de Estados Unidos propuso reclutar corsarios, una especie de piratas mercenarios, para atacar de forma similar a buques civiles chinos si, las relaciones se deterioraban aún más. Otros ejemplos de este tipo de acciones se han dirigido con mayor frecuencia contra buques norcoreanos e iraníes y se han llevado a cabo sistemáticamente.

Como hemos explicado, Rusia ha desplegado nueve rompehielos de propulsión nuclear, cuatro de ellos de última generación, para garantizar la navegación durante todo el año a lo largo de la Ruta del Ártico, lo que debería generar ingresos considerables. Estos buques crean canales a través del hielo, lo que permite a los buques de carga convencionales utilizar el paso. Si bien es más seguro que otras rutas, el Ártico es un punto de tránsito preferente para los países del bloque occidental, que buscan aumentar su presencia allí, lo que también podría poner en peligro el transporte de mercancías en la región. La posibilidad de un despliegue de fuerzas chinas para reforzar la seguridad marítima en el Ártico ruso se ha debatido anteriormente, aunque Rusia ya ha incrementado significativamente su presencia militar en la zona.

Los estrategas navales de imperialismo tratan de encontrar maneras de contrarrestar el creciente poder de la armada china. La solución más trillada es exigir más buques y aeronaves, pero con un presupuesto de defensa que ha alcanzado su límite, esa solución podría no ser viable. La piratería, autorizada mediante patente de corso, podría ser una herramienta de bajo costo para mejorar la disuasión y obtener ventaja en tiempos de guerra. Abordaría una vulnerabilidad asimétrica de China, cuya flota mercante ya es mucho mayor que la de Estados Unidos. De hecho, un ataque al comercio internacional de China socavaría su economía.

La tercera guerra mundial contra Rusia se adelanta a 2028

El comandante de una unidad de inteligencia ucraniana, Denis Yaroslavsky, afirma que el espionaje británico pronostica una tercera guerra mundial con Rusia a partir de 2028. Toda Europa del este quedará envuelta en llamas. Rusia no se detendrá, afirmó el oficial ucraniano.

Están haciendo todo lo posible para que la profecía se cumpla. Por ejemplo, artículos recientes han abogado por una intervención occidental cada vez mayor, al mismo tiempo que los aliados europeos han admitido que mantienen conversaciones sobre algún tipo de campaña de intervención aérea para ayudar a Ucrania (1).

Otra opción propuesta por un grupo de altos dirigentes políticos y militares occidentales es desplegar un muro antiaéreo sobre el oeste de Ucrania para derribar misiles y drones rusos, con la posibilidad de extender este escudo —una zona de exclusión aérea efectiva— sobre Kiev.

En Estonia estalló la histeria tras el avistamiento de “hombrecillos verdes” rusos en la frontera: “Hemos detectado grupos armados involucrados en actividades sospechosas. Claramente no son guardias fronterizos, y la situación representa una amenaza real”, declararon los guardias fronterizos estonios.

Kaja Kallas ha declarado que Rusia está “jugando con la guerra” tras una serie de incursiones de drones y cazas en el espacio aéreo de la Unión Europea. La OTAN ha reforzado la defensa antiaérea a lo largo de su flanco oriental, acusando a Moscú de poner a prueba a los miembros de la Alianza mediante cruces repetidos de fronteras con drones y una reciente incursión de aviones en territorio de Estonia. “Cada vez que un dron o avión ruso viola nuestro espacio aéreo, existe un riesgo de escalada”, declaró Kallas, que insta a Europa a “convertir su poder económico en disuasión militar”.

Pero la intimidación sicológica se agota a fuerza de repeticiones. Las campañas ya no logran el efecto deseado y el bulo ha quedado al descubierto. Lo mismo está ocurriendo con la “flota fantasma”. Francia inmovilizó un “buque ruso” que lanzaba drones hacia Europa.

Las imágenes parecían el rodaje una película de alto presupuesto: comandos franceses enmascarados atracando junto a un petrolero oxidado, fusiles de asalto en mano y la búsqueda de pruebas de que el barco había sido responsable del lanzamiento de drones rusos sobre aeropuertos daneses.

Dos días después, tras el regreso de Macron de la cumbre europea de Copenhague, el buque reanudaba discretamente su viaje. El capitán del barco fue acusado de desobedecer las órdenes de la Armada francesa de hacer escala. Como cabía esperar, no encontraron ninguna prueba de su participación en los drones que supuestamente sobrevolaron el aeropuerto de Copenhague el 30 de septiembre.

Los grandes medios de comunicación se han cansado de este tipo de fantasmadas. El diario Spectator denuncia la “flota fantasma” como un fraude ridículo (2). La compra y venta de petróleo ruso ni siquiera está prohibida. La “flota fantasma” alude a petroleros que enarbolan pabellones con escasa regulación y no están asegurados en Londres, sino que cuentan con pólizas suscritas por aseguradoras rusas, indias o chinas.

“Las incursiones de comandos [franceses] dan mucho que hablar en la televisión. Pero solo distraen del verdadero problema: los consumidores europeos de energía siguen siendo los principales financiadores de la maquinaria de guerra de Putin”, concluye el diario.

(1) https://www.telegraph.co.uk/world-news/2025/09/30/why-russia-is-testing-nato-now/
(2) https://www.spectator.co.uk/article/the-shadow-fleet-tanker-raid-was-pure-theatre/

Las contradicciones entre los países del Golfo impulsan la guerra civil en Sudán

Emiratos Árabes Unidos ha desempeñado un papel importante en el panorama económico de Sudán durante la última década y parece dispuesto a mantener su participación en medio de la guerra en curso. El mes pasado el ejército sudanés acusó al libio Jalifa Haftar de coordinar un ataque fronterizo conjunto con las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR). Si bien es la primera vez que se alega la participación directa de Libia en la guerra, se suma a la creciente evidencia de la participación de Emiratos Árabes Unidos, principal partidario de Haftar, en la guerra civil sudanesa.

Emiratos también ha sido acusado de financiar y armar a las FAR, dirigidas por Mohammad Hamdan Dagalo, alias “Hemedti”, y una de las dos partes principales de la guerra. Eso incluye el suministro de armas al movimiento con sede en Darfur, con el pretexto de operaciones de “ayuda humanitaria” para los sudaneses desplazados en Chad.

¿Qué intereses tiene Emiratos Árabes Unidos en Sudán? Los países del Golfo, incluido Emiratos, estuvieron profundamente involucrados en la economía de Sudán incluso durante la era de las sanciones internacionales bajo el expresidente Omar Al Bashir. A pesar de los riesgos políticos, pudieron realizar fuertes inversiones en comercio, banca, agricultura y otros sectores. Los emiratíes han desempeñado un papel importante en el panorama económico de Sudán durante la última década y parece dispuesto a mantener su participación en medio de la guerra en curso.

1. El oro impulsa la guerra

Las minas de oro de Sudán se ha convertido en el motor de la guerra civil. Casi todo el comercio se canaliza a través de Emiratos Árabes Unidos, lo que enriquece tanto al ejército como a los paramilitares.

Emiratos Árabes Unidos han sido el principal comprador de oro sudanés desde al menos principios de la década de 2010 y siguen siendo el principal destino del oro de contrabando procedente de Sudán. Emiratos importó oro sudanés por valor de 2.290 millones de dólares en 2022, aunque las cifras reales son mucho mayores. El 90 por cien de la producción, que asciende a unos 13.400 millones de dólares en tráfico ilícito, se saca fuera del país, a menudo a través de rutas de tránsito en Chad, Egipto, Etiopía, Uganda y Sudán del sur antes de llegar a Emiratos.

El oro solo se convirtió en un activo estratégico para Sudán entre 2011 y 2012, debido a la pérdida del 75 por cien de sus reservas de petróleo tras la secesión de Sudán del sur, el descubrimiento de importantes yacimientos de oro en Darfur del norte y el aumento de los precios mundiales del oro. En respuesta, el gobierno sudanés centralizó el control sobre el oro, y para 2012, este representaba el 60 por cien de las exportaciones del país.

Desde 2014 Emiral Resources, una empresa ruso-emiratí registrada en Dubai, ha estado activa en el sector de la minería de oro de Sudán a través de su filial, Alliance for Mining. La empresa es un importante productor, con una producción anual de aproximadamente tres toneladas. Fue una creación conjunta de Kush E&P (68 por cien), la empresa estatal Sudamine (25 por cien) y un accionista privado no identificado (7 por cien). Kush E&P tiene vínculos con las FAR, que han proporcionado seguridad a las operaciones de la empresa en Kordofán del sur.

El descubrimiento de oro en Jebel Amer llevó riqueza a Darfur del norte. Las tribus libraron feroces guerras para asegurarse el control de los yacimientos en la región durante 2013 y 2014, antes de que la zona quedara bajo el control de la milicia Janjaweed y, a partir de 2017, de las FAR.

Tras la caída de Al Bashir el gobierno de transición quiso adquirir la propiedad de las minas de Jebel Amer. Se llevó a cabo tras un acuerdo para indemnizar a la empresa Al Junaid con 200 millones de dólares, así como con la familia Dagalo con una participación del 33 por cien en Sudamin, una empresa pública minera.

Cuando en 2023 estalló la guerra civil entre las FAR y el ejército regular, ambas fuerzas se disputaban el control del Estado y sus recursos económicos. Las FAR se apoderaron rápidamente de la refinería de oro de Sudán en Jartum, que albergaba 1,6 toneladas de oro refinado y existencias adicionales sin procesar valoradas en 150 millones de dólares. Eso a pesar de que la economía se ha contraído drásticamente desde el inicio de la guerra. En febrero la empresa pública Sudan Mineral Resources Company anunció que la producción de oro alcanzó las 64 toneladas en 2024, frente a las 41,8 toneladas de 2022.

2. El granero de Emiratos Árabes Unidos

Desde la década de los setenta, los países del Golfo han invertido en el sector agrícola de Sudán como parte de sus esfuerzos para acabar con la inseguridad alimentaria regional. La idea de que Sudán fuera el “granero del mundo árabe” impulsó la mecanización agrícola, un plan respaldado formalmente por los países del Golfo ya en 2003. Como principal productor agrícola tanto de África como de Oriente Medio, la agricultura sigue siendo la piedra angular de la economía de Sudán, representando el 60 por cien de las exportaciones totales y contribuyendo con un tercio del PIB en 2022.

Sudán desempeña un papel fundamental para satisfacer la demanda alimentaria de Emiratos Árabes Unidos, ya que este país importa el 90 por cien de sus alimentos debido a la escasez de tierras cultivables y agua. Para proteger su suministro de alimentos, Emiratos ha desarrollado una red agrícola mundial que abarca alrededor de un millón de hectáreas de tierras de cultivo, conectadas a través de puertos y centros logísticos. Una parte significativa de estas tierras agrícolas se encuentra en África, y Sudán atrae una gran parte de la inversión emiratí, centrada principalmente en la alimentación animal, así como en la producción agrícola y ganadera.

En medio de la guerra en curso, dos empresas emiratíes —International Holding Company (IHC), la mayor empresa cotizada en bolsa de Emiratos Árabes Unidos, y Jenaan— cultivaban más de 50.000 hectáreas de tierra en Sudán. Poco antes del estallido de la guerra, IHC firmó un acuerdo con el Grupo DAL para desarrollar 162.000 hectáreas adicionales de tierras agrícolas en Abu Hamad, en el norte de Sudán.

En los años previos a la guerra el gobierno sudanés rechazó varios intentos emiratíes de conseguir acuerdos agrícolas adicionales en Sudán. Se opuso a los acuerdos porque implicaban ganancias desproporcionadas para Emiratos Árabes Unidos y ofrecían beneficios mínimos a las poblaciones locales.

Las FAR se han convertido en una plataforma para los inversores extranjeros. Los emiratíes saquean la riqueza del territorio. Al no lograr apropiarse de tierras, comenzaron a colonizarlas directamente, utilizando las FAR.

3. El control de los puertos estratégicos

Con 700 kilómetros de costa a lo largo del Mar Rojo, Sudán es estratégicamente importante para las ambiciones regionales de Emiratos Árabes Unidos. Su ubicación lo convierte en un objetivo prioritario para los esfuerzos emiratíes por controlar puertos clave. Como en otras partes del Cuerno de África, Emiratos Árabes Unidos suelen promover estos intereses a través de frentes comerciales como los puertos de Abu Dabi y Dubai.

En 2020 dirigentes sudaneses revelaron que el gobierno estaba negociando un acuerdo con el gigante logístico emiratí Dubai Ports World (DP World) para gestionar la Terminal de Contenedores de Puerto Sudán. Sin embargo, el acuerdo se enfrentó a una fuerte oposición de la Autoridad Portuaria Sudanesa y los sindicatos, que rechazaron la operación privada de un activo nacional tan crucial. En 2020 DP World firmó un contrato de cabildeo por 5 millones de dólares con Ari Ben Menashe y su firma Dickens & Madson, con sede en Montreal. Ben Menashe, agente de inteligencia israelí, fue contratado para presionar en nombre de DP World y obtener una concesión de 20 años en Sudán.

En diciembre de 2022 el gobierno sudanés firmó un acuerdo con un consorcio emiratí compuesto por la empresa pública Abu Dhabi Ports Group e Invictus Investment para desarrollar el puerto de Abu Amama en el Mar Rojo. El sitio, que anteriormente albergaba una pequeña base naval, estaba previsto reubicarse para dar paso al proyecto emiratí. Este desarrollo tiene una importancia estratégica para Emiratos Árabes Unidos, ya que apoya la expansión de AD Ports Group cerca del Canal de Suez.

La inversión, valorada en 6.000 millones de dólares, implica el desarrollo del complejo portuario de Abu Amama, ubicado a 200 kilómetros al norte de Puerto Sudán. El acuerdo también incluye la creación de una zona de libre comercio y la construcción de una carretera de 500 kilómetros que conectará el puerto con el proyecto agrícola a gran escala mencionado anteriormente.

4. El control la infraestructura económica de Sudán

Antes de la guerra, el sector bancario de Sudán estaba subdesarrollado debido a las prolongadas sanciones estadounidenses que aislaron al país del sistema financiero internacional. Las sanciones prohibieron la mayoría de las transacciones comerciales y financieras con Sudán. Hasta 2017 Estados Unidos no comenzó a flexibilizar las restricciones, lo que permitió a Sudán volver a conectarse a las instituciones bancarias internacionales.

Durante el período de sanciones estadounidenses, el Banco Islámico Faisal de Sudán y el Banco Islámico de Abu Dabi fueron prácticamente las únicas instituciones que facilitaron las transferencias financieras hacia y desde Sudán. Además, la inversión emiratí en el sector financiero de Sudán ya venía creciendo mucho antes del levantamiento de las sanciones.

Hace dos décadas el gobierno puso a la venta el Banco de Jartum, de propiedad pública. Fundado en 1913, es el banco más grande y antiguo de Sudán. En 2005 el gobierno vendió el 60 por cien de sus acciones al Banco Islámico de Dubai, que posteriormente se fusionó con el Banco de Emiratos y el Banco de Sudán en 2008. Este último fue fundado por un consorcio de bancos de Emiratos Árabes Unidos y pasó a ser propiedad mayoritaria de estas entidades.

Casi al mismo tiempo, el gobierno sudanés privatizó el Banco El Nilein, vendiendo una participación del 60 por cien al Banco Bareiní Al Salam e inversores emiratíes. El banco tiene una sucursal en Abu Dabi, donde Tradive General Trading, propiedad del hermano de Hemedti, Algoney Dagalo, mantiene una cuenta que se utiliza para facilitar transferencias financieras a las FAR.

El Banco Islámico de Abu Dabi se convirtió en el primer banco extranjero en abrir en Sudán en 2012, con la asistencia del expresidente Al Bashir a la ceremonia de apertura. Le siguió el Banco Nacional de Abu Dabi, que inició operaciones en 2013. Cabe destacar que el Banco Nacional de Abu Dabi está vinculado a una cuenta de las FAR dedicada a reciclar las ventas de oro.

Hoy en día, muchos bancos conjuntos en Sudán incluyen a inversores del Golfo, así como a políticos, élites con conexiones políticas y sus familias, quienes a menudo poseen acciones significativas. Por ejemplo, el Banco Al Jalij, del cual la empresa emiratí Al Jil Al Qadem General Trading posee el 14 por cien, está controlada por las FAR y la familia Hemedti.

La mayoría de los bancos extranjeros que operan en Sudán tienen su sede en los países del Golfo, principalmente Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Qatar. En conjunto, siete bancos extranjeros poseen el 23 por cien de los activos bancarios totales de Sudán. Su principal objetivo es apoyar y facilitar las inversiones del Golfo en la economía sudanesa.

Se podría argumentar que la participación de Emiratos Árabes Unidos en la guerra busca afianzar su posición como principal proveedor de servicios financieros en Sudán.

5. Una guerra indirecta entre los países del Golfo

La guerra civil de Sudán se ha convertido en un conflicto indirecto entre dos países árabes del Golfo que compiten por expandir su influencia en África. Del lado del ejército regular se encuentra Arabia Saudí, que ha forjado una estrecha relación con su dirigente, el general Abdel Fattah Al Burhan, mientras que Emiratos Árabes Unidos se ha aliado con las FAR.

Eso refleja la rivalidad que se ha estado gestando en los últimos años. Tradicionalmente, ambos países han sido aliados, unidos por intereses regionales compartidos, como la hostilidad hacia Irán. Sin embargo, la competencia económica ha tensado su relación, sobre todo a través del Programa de Sedes Regionales de Arabia Saudí, que exige que las empresas multinacionales que operan en Oriente Medio establezcan sus sedes regionales en el Reino, evitando así centros de operaciones consolidados como Dubai.

En el contexto sudanés, los dirigentes saudíes consideran que el Mar Rojo es vital para el crecimiento económico del Reino, tanto como centro turístico como ruta estratégica para salvaguardar las exportaciones de petróleo al reducir la dependencia del Estrecho de Ormuz. Durante la guerra de Sudán, Arabia Saudí ha buscado posicionarse como intermediario organizando conversaciones de paz y tratando de fortalecer su reputación internacional.

Las acciones de Emiratos Árabes Unidos en Sudán se alinean con la estrategia más amplia de Abu Dabi de apoyar a actores no estatales (a menudo con tendencias secesionistas) para obtener acceso a valiosos recursos y ubicaciones estratégicas. Este objetivo refleja la participación de Emiratos Árabes Unidos en otras regiones, en particular en el este de Libia y Somalia.

En última instancia, Sudán está pagando el precio de esta fracturada relación con los países del Golfo. Mientras persista esa rivalidad, Sudán seguirá atrapado en el fuego cruzado.

Mohammad Khansa https://allafrica.com/stories/202508010010.html

Hacia la congelación de la Guerra de Ucrania

La reciente cumbre en Copenhague demostró una vez más la brecha entre la retórica cada vez más agresiva hacia Rusia y la práctica ausencia de resultados operativos, como el proyecto del “muro antidrones”.

Los dirigentes europeos se encaminan hacia la congelación de la Guerra de Ucrania, que se libra más bien en el plano político y comunicacional, y no en los campos de batalla.

Posponer el fin de la guerra de manera indefinida parece ahora un mal menor, teniendo en cuenta las narrativas, oportunidades políticas y económicas que se abren en tal caso.

En cuanto a las narrativas, un conflicto congelado le permite a Europa evitar dos reconocimientos que conducen a la inestabilidad política: el éxito militar de Rusia y el fracaso del proyecto “Ucrania”, concebido en Washington mucho antes de la invasión como una herramienta de desgaste estratégico de Moscú.

Reconocer esto hoy equivale a anular años de movilización política y mediática, creando una crisis de confianza en las instituciones europeas y atlánticas que construyeron su consenso interno sobre dicha narrativa. Mantener una guerra “abierta pero manejable”, por el contrario, permite controlar el daño narrativo y evitar el reconocimiento formal del resultado militar precisamente porque la guerra técnicamente aún continúa.

En el plano político, Europa recurre a la táctica clásica de utilizar crisis externas para distraer la atención de los problemas internos. Keir Starmer en Reino Unido, Macron en Francia y Friedrich Merz en Alemania, no por casualidad los miembros más activos de la llamada “coalición de los implicados”, son simultáneamente aquellos que poseen la legitimidad interna más frágil.

Igor Pellicciari https://globalaffairs.ru/articles/konflikt-i-ritorika-pellichchiari/

Los palestinos han triunfado por encima del hambre y la muerte

Los palestinos han triunfado en la Guerra de Gaza por encima del hambre y la muerte. Netanyahu no ha logrado expulsarlos de su tierra, como planeaba tras el estallido de las hostilidades el 7 de octubre de 2023.

Mucho más que la continuidad de las operaciones de la resistencia, que han perdido su eficacia con el transcurso de la guerra, es la perseverancia de los gazatíes frente a la infernal maquinaria israelí lo que resulta fatal para el proyecto de Netanyahu, quien no ha ocultado su deseo de imponer el Gran Israel, que incluye la Franja de Gaza, Cisjordania y otras regiones de Oriente Medio. Citando la amenaza existencial, ha declarado repetidamente a lo largo de esta guerra que aspira a una victoria total.

Los palestinos que sobrevivieron al genocidio siguen repitiendo que nunca abandonarán el enclave. Su presencia en su tierra es su principal problema existencial.

Otra razón, más relacionada con la guerra, debería enorgullecer a los palestinos, especialmente a los combatientes de la resistencia: el ejército israelí no ha podido liberar a ninguno de los cautivos israelíes, a sabiendas de que había lanzado esta ofensiva genocida con ese objetivo. El gobierno israelí finalmente reconoció que solo mediante negociaciones con sus captores podría lograr su liberación.

En este sentido, otro logro que debería enorgullecer a los palestinos, especialmente a los combatientes de la resistencia, es que los israelíes se han tenido que resignar a dialogar con sus dirigentes para lograr esta liberación. Es señal de que no los han derrotado. Trump describió a estos negociadores como “buenos, muy fuertes e inteligentes”, un halago que no debería engañarlos, dada la naturaleza voluble de la Casa Blanca a menos que se le concedan todos sus deseos. Acatando plenamente los deseos de Netanyahu, los amenaza constantemente con el infierno que ya viven.

Al señalar que Israel no ha derrotado ni debilitado a Hamas, los analistas israelíes están convencidos de que Israel ha perdido la guerra. “Un fiasco estratégico”, denunció Alon Ben David, del Canal 13. Cifró el número de israelíes muertos en 1.972, incluidos 913 soldados, y el de heridos y mutilados de guerra en 30.000, incluyendo 10.000 diagnosticados con lesiones sicológicas.

Esta lamentable cifra no ilustra en absoluto el agotamiento del ejército israelí, que no ha dado señales de desaceleración durante la guerra más larga desde su fundación, y la más feroz. Si hay exasperación, se verá aliviada por los avances tecnológicos que, además de las ofensivas terrestres, le permiten librar una guerra como si fuera un videojuego.

Sin embargo, Netanyahu finalmente accedió a poner fin a la guerra sin haber asegurado a los rehenes israelíes, sin lograr desplazar a los palestinos de Gaza y sin haber acabado con Hamas. De ahí la pregunta de por qué la detuvo.

Que Trump lo obligara a hacerlo o que fuera tras consultarlo con él durante su última reunión en Washington el lunes pasado no cambia mucho. Las razones que llevaron a uno deberían ser las mismas que habrían llevado al otro a dimitir. Huelga decir que la guerra contra Gaza es tanto una guerra estadounidense como israelí. Más aún, fue Netanyahu quien supuestamente propuso su cese sin que se hubiera logrado la victoria total prometida.

El coste de la guerra sin duda podría haber tenido algo que ver. Ha superado los 200.000 millones de dólares. Las pérdidas causadas por dos años de guerra ascienden a cientos de miles de millones, pero no parecen preocupar a Netanyahu. Cree poder remediarlas a través de las redes internacionales que lo apoyan de manera incondicional. Su victoria total los cautiva para tentarlos con proyectos futuros.

La exasperación de la opinión pública israelí debido a la larga duración de la guerra podría haberse tomado en cuenta, excepto que las encuestas muestran que más de la mitad de los israelíes estaán a favor de su continuación. Todavía los tiene de su lado. La promesa de una victoria total los ha unido a su alrededor.

La indignación de la opinión pública internacional, especialmente en Occidente, también podría haber sido un factor importante en esta decisión. Incluso los aliados incondicionales de Israel dentro de la clase dominante se encuentran en una posición incómoda, enfrentados a una opinión pública ofendida que no pueden controlar. En el siglo XXI, ningún movimiento de solidaridad ha resistido tanto a pesar de las medidas represivas. El choque que ha provocado entre las instituciones gubernamentales y las constitucionales que neutralizaron las medidas represivas es perjudicial. Los israelíes no pueden soportar perder el caldo de cultivo de su causa sionista, su base de retaguardia. Pero Netanyahu está convencido de que su victoria total silenciará a todo este movimiento.

Sin embargo, lo que más ha pesado en la balanza es, sin duda, el riesgo de que los rehenes israelíes restantes perdieran la vida y no fueran devueltos a casa. Sus familiares y amigos, aunque son una minoría, nunca le habrían perdonado que los sacrificara para continuar la guerra. Esto habría abierto heridas del pasado que nunca han sanado.

En dos años el ejército israelí ha sido incapaz de liberar a los rehenes por la fuerza, a pesar del lanzamiento de ofensivas terrestres, incluida la última contra la ciudad de Gaza. Aquí reside el mayor problema de Israel: a lo largo de una guerra devastadora, el asunto de los rehenes ha sido su talón de Aquiles.

Otra debilidad de Netanyahu: todas sus batallas de alto nivel contra los pilares del Eje de la Resistencia desde el 7 de octubre de 2023 están inconclusas, con la excepción de Siria.

Tras eliminar al secretario general de Hezbollah, Sayyed Hassan Nasrallah, se jactó de haber acabado con el “Eje del Mal”, creyendo que “eran ellos quienes utilizaban a Irán”. Pero Hezbollah, que realizó el mayor número de ataques contra Israel durante la guerra en apoyo a Gaza, no ha sido eliminada.

Continuó con Irán, que respondió a su ataque de 12 días, infligiendo los ataques más dolorosos desde su fundación, pero su poder se mantiene, incluso fortalecido.

De igual manera, con las fuerzas de Saná, cuyos ataques contra Israel, aunque menos dolorosos en comparación con los de los demás miembros del Eje, son los más sostenidos en el tiempo, nada parece quebrantar a Ansarollah, que continúa consolidando su poder por el apoyo que brinda a los palestinos.

Lo mismo ocurre con Hamas y las demás facciones de la resistencia palestina, que nunca han sido eliminadas. Es más, siempre han logrado resurgir de las cenizas.

¿Se conformará Netanyahu con depender una vez más de la presión de sus aliados estadounidenses y regionales para concluir estas batallas, por medios políticos, económicos o de otro tipo? ¿Sabiendo que las experiencias previas han sido en vano?

¿Admitirá que no logró hacer realidad su objetivo del Gran Israel, que ahora conmueve profundamente a muchos sionistas y que debería coronar su promesa de “victoria total”, con la que cuenta para neutralizar los puntos débiles que lo asedian?

Hay mucho en juego. Basta con que Netanyahu no lo comprenda para ser declarado como el gran perdedor. Esta guerra es más que nunca un todo o nada. Sus enemigos acérrimos saben que ese es otro de sus puntos débiles.

El lucrativo negocio de la guerra permanente

El complejo militar industrial estadounidense sigue siendo una fuerza dominante en la política y la economía mundial. No solo ha persistido, sino que ha evolucionado hacia una red económica de empuje colosal, cuyas dinámicas incentivan las guerras permanentes, a menudo enmascaradas con pretextos “humanitarios” que ocultan devastadoras pérdidas por muertes, desapareciones y mutilaciones.

La industria de guerra es un pilar indispensable de la economía estadounidense. El presupuesto del Pentágono ronda los 850.000 millones de dólares, una cifra que puede alcanzar el billón de dólares si se incluyen las partidas para las guerras en curso. Supone más del 3 por cien del PIB nacional, superando los presupuestos de defensa combinados de los diez países siguientes.

Este gigantesco flujo de dinero sustenta un vasto entramado. El sector aeroespacial y de defensa emplea directamente a más de 1,1 millones de trabajadores, una cifra que se eleva a más de 2,2 millones si se consideran los empleos indirectos de la cadena de suministro. Monopolios gigantes como Lockheed Martin, Boeing y Raytheon (RTX) dominan el mercado, con ingresos anuales que superan colectivamente los 150.000 millones de dólares, garantizados en gran medida por adjudicaciones públicas.

Esta influencia se extiende más allá de la economía productiva. Los grupos de presión del sector han invertido más de 150 millones de dólares en contribuciones políticas en las últimas dos décadas, creando un círculo vicioso: las empresas de defensa financian campañas y equipos de análisis que abogan por políticas exteriores agresivas, lo que a su vez perpetúa la demanda de armamento.

El negocio depende de la guerra. Sin guerras o amenazas, reales e inventadas, la demanda de armas disminuye, poniendo en riesgo beneficios y puestos de trabajo. Desde 1991 Estados Unidos ha iniciado al menos 251 intervenciones militares.

Estas operaciones no son gratuitas; generan contratos masivos. Solo las guerras posteriores al 11-S (en Irak y Afganistán) tuvieron un coste superior a los 8 billones de dólares, un derroche de dinero que impulsó las ventas de armas y enriqueció a los contratistas privados. La dinámica crea un interés económico perverso en el mantenimiento de un estado de guerra permanente, que sirve para justificar constantes aumentos del presupuesto de defensa.

La retórica que acompaña a estas guerras son siempre parecidas, una moralina repugnante. Un caso emblemático es el de las sanciones contra Irak en la década de los noventa. Impuestas para contener a Saddam Hussein, resultaron en la muerte de aproximadamente 500.000 niños irakíes menores de cinco años, según estudios de la ONU, debido a la malnutrición y enfermedades previsibles.

En 1996, la entonces Secretaria de Estado Madeleine Albright, interrogada sobre esta sangría en el programa “60 Minutes”, afirmó que “mereció la pena”. Esta declaración ilustra la frialdad con la que pueden sacrificarse vidas humanas en aras de objetivos geopolíticos y los intereses de la industria de guerra.

Intervenciones similares, como las de Kosovo (1999) o Libia (2011), presentadas como protectoras de la población civil, han desembocado con frecuencia en inestabilidades prolongadas que, a su vez, abren nuevos mercados para el armamento estadounidense. El complejo militar industrial se beneficia del caos que ayuda a crear, un ciclo vicioso con consecuencias devastadoras para millones de personas.

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