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Autor: Redacción (página 1172 de 1371)

La guerra de Irak fue una guerra por el petróleo de Irak

Los gobiernos estadounidense y británico se pelearon con dureza por el control del petróleo iraquí tras el derrocamiento de Sadam Hussein, según ha revelado el informe Chilcot. Tony Blair parecía más preocupado que los estadounidenses por la idea de que los críticos vieran la invasión como una guerra por el petróleo: les decía que sería muy perjudicial que se viera que los dos países “se llevaban el petróleo de Irak”.

Pero sir David Manning, asesor en política exterior de Tony Blair, dijo a Condoleezza Rice, la asesora de seguridad nacional de Estados Unidos, el 9 de diciembre de 2002 en Washington que Reino Unido aún quería más parte del botín.


“Sería inapropiado que el Gobierno entrara en debates sobre ningún reparto de la industria del petróleo iraquí”, dijo. “Sin embargo, es esencial que nuestras empresas [británicas] tengan acceso en igualdad de condiciones a este y otros sectores”.

Altos cargos del gobierno británico convocaron a un equipo de BP a una reunión sobre las perspectivas para el sector de la energía de Irak el 23 de enero de 2003, dos meses antes de la invasión, que acabó en mayo.

Más adelante en ese mismo año, la empresa petrolera británica comenzó una revisión técnica del campo de Rumaila, el segundo más grande del mundo. Para 2009, BP se había hecho con un contrato de servicios para aumentar la producción del campo, que tiene 20.000 millones de barriles de petróleo extraíble.

Edward Chaplin, el embajador británico en el Irak ocupado, habló de favorecer “los intereses de BP y Shell” cuando mantuvo conversaciones con el primer ministro provisional de Irak, Ayad Allawi, el 13 de diciembre de 2004.

Blair le había dicho al presidente de Estados Unidos, George W. Bush, en una reunión en mitad de la invasión el 31 de marzo de 2003, que hacía falta tener una imagen más clara de cómo sería un Irak post-Sadam para “esbozar un futuro político y económico y disipar el mito de que estábamos ahí para hacernos con el petróleo”.

Sin embargo, ese mismo año, una comunicación interna del Gobierno para Geoff Hoon –el entonces ministro británico de Defensa– antes de unas conversaciones con su homólogo estadounidense, Donald Rumsfeld, hablaba de la necesidad de “igualdad de condiciones: grandes contratos para reconstruir Irak. Puesta a salvo de las vidas británicas. Expectativas de igualdad de condiciones para las empresas de Reino Unido en el petróleo y otros sectores”.

El embajador británico en Naciones Unidas, sir Jeremy Greenstock, identificó los presupuestos y el petróleo como los dos ejemplos más claros de asuntos en los que Reino Unido no fue consultado por la autoridad provisional establecida para gobernar Irak por la coalición coordinada por Estados Unidos.


“No vimos nada en absoluto en el sector del petróleo, la autoridad provisional lo mantuvo en manos estadounidenses, porque querían gestionarlo ellos”, dijo a los investigadores de Chilcot, según se cita en el informe final.

Al mismo tiempo, una comunicación entre dos funcionarios británicos el 6 de septiembre de 2004 se titulaba “Estrategia energética para Irak” y destacaba que Reino Unido sacaría provecho de Irak, que tiene algunas de las mayores reservas de petróleo del mundo. “El desarrollo del sector energético de Irak será complementado con la implicación creciente de las empresas británicas, que llevará a una inversión sostenida en los próximo cinco o diez años y un negocio considerable para Reino Unido”.

BP ha declinado hacer declaraciones.

Fuente: http://www.eldiario.es/theguardian/EEUU-Reino-Unido-pelearon-petroleo_0_535096840.html

Aniversario sangriento de la ‘independencia’ de Sudán del sur

Salva Kiir y Riek Machar
Los combates en Juba, la capital de Sudán del sur, entre los partidarios del presidente Salva Kiir y los del vicepresidente Riek Machar, no conocen tregua y han causado 150 muertos, a pasar de que el sábado se cumplió el quinto aniversario de la “independencia” del país.

En agosto del año pasado se firmó una breve tregua entre ambas facciones, que se combaten mutuamente desde diciembre de 2013. El país nace de una división sangrienta que ha conducido a otra, no menos sangrienta.

Sudán del sur es el Estado más joven del mundo. Si Sudán logró la independencia de Egipto, luego Sudán del sur logró la suya propia porque el imperialismo quiere imponer el minifundismo como medio de dominación en todo el mundo y, en particular, en la cuenca del Nilo, donde recursos naturales, como el petróleo, abundan.

Este año no ha habido ninguna celebración para recordar cinco amargos años de “independencia”. Si hubiera algo que celebrar no habría con qué hacerlo porque el hambre asola a la población.

El viernes por la noche se escucharon disparos en los alrededores del Palacio Presidencial en el que los cabecillas de las facciones enfrentadas se pusieron de acuerdo para lo único que son capaces: un comunicado oficial. El día anterior otro tiroteo mató a varios partidarios del presidente Kiir y al día siguiente se volvieron a escuchar disparos, ráfagas de ametralladora e incluso lanzamiento de obuses durante media hora.

El sábado un portavoz oficial del vicepresidente reconoció que los disparos había causado 150 muertos, aunque la cifra puede aumentar. Por su parte, los cabecillas no han dado explicaciones y califican los enfrentamientos de “desgraciados”, como si llovieran del cielo.

Durante el aniversario, las patrullas de soldados y milicianos recorrieron unas calles tan desérticas como las despensas de los sudaneses.

Desde la reanudación de los combates en diciembre de 2013, los muertos se cuentan por decenas de miles y el número de personas que vagan por los caminos huyendo de los tiroteos se calcula en tres millones. Uno de cada cinco ha abandonado su casa, su familia, su tierra y sus pertenencias. Otros cinco millones dependen de la ayuda exterior para sobrevivir.

El acuerdo “de paz” firmado el año pasado supuso el retorno del vicepresidente Machar a Juba y la formación de un gobierno de unidad nacional con su rival Kiir. Es papel mojado. En la calle los combates siguen. En junio, en Wau los combates obligaron a 88.000 personas a huir.

Wau se ha convertido en la segunda ciudad más importante del país después de que otras más grandes, como Malakal, Bor y Bentiu fuesen parcialmente destruidas durante la guerra.

La alianza de los 5 Ojos vigila a todo el mundo

Un reciente estudio de la Universidad de Stanford pone de manifiesto las posibilidades de vigilancia sobre la población que ofrece el cruce de los datos obtenidos del uso de herramientas digitales de comunicación, como las llamadas de móvil y el envío de mensajes SMS.

El grupo universitario trabajó con las informaciones que rodean a un mensaje, tales como duración de la llamada, número del destinatario u hora de uso del teléfono, con excepción del propio contenido del mensaje. En la jerga informática se llaman metadatos.

En 2013 tanto Obama como la propia agencia de espionaje estadounidense NSA se excusaron del rastreo masivo de las comunicaciones que suponían una injerencia en la vida privada de las personas, algunos de ellos Jefes de Estado, ya que no captaban el contenido de los mensajes, los datos, sino “sólo” los metadatos. Los incautos se sintieron aliviados.

Los investigadores de Stanford trabajaron durante varios meses con los móviles de 823 personas que se prestaron voluntariamente al estudio. Finalmente, analizaron los metadatos correspondientes a 251.788 llamadas de voz y 1.234.231 mensajes escritos.

Después los universitarios analizaron de manera automática los metadatos, lo que les permitió llegar a importantes conclusiones acerca de los usuarios de las nuevas tecnologías, tales como averiguar el barrio en el que viven u otras circunstancias de su vida privada.

Analizando a uno de ellos, por ejemplo, dedujeron que padecía un problema cardiaco, ya que muchas de sus llamadas estaban dirigidas a centros médicos, laboratorios y a una farmacia.

En el caso de otras personas, dedujeron que tenía un problema de sobrepeso o que había comprado un arma de fuego. No obstante, a pesar de los geolocalizadores incorporados a los móviles, los investigadores tuvieron problemas para identificar el lugar de residencia en casi la mitad de los casos. Pero en un 90 por ciento de ellos acertaron con un error de 80 kilómetros de diferencia respecto a la vivienda habitual.

En una entrevista al periódico “The Guardian”, uno de los investigadores aseguró que el estudio muestra a pequeña escala lo que la policía es capaz de hacer a una escala mucho mayor, en función de los colosales medios de los que disponen, gracias a la utilización indiscriminada de datos de tipo personal.

Pero las grandes potencias no sólo vigilan y controlan el mundo entero por su cuenta sino que están coordinados entre sí en una alianza de espionaje colectivo creada en los años cuarenta del siglo pasado y llamada “Los 5 Ojos” (la red Echelon) de la que forman parte la CSE canadiense, la NSA de Estados Unidos, el GCHQ británico, la ASD australiana y el GCSB neozelandés.

Las centrales de espionaje no sólo recopilan todo tipo de datos acerca de personas, empresas e instituciones del mundo entero sino que comercian con ellas, según se desprende de un informe canadiense del pasado año publicado por el diario “Globe & Mail”. El informe indica que el intercambio de datos sobre comunicaciones telefónicas comenzó en 2005 y la colaboración mutua entre los centros de espionaje se remonta a 2009. En realidad comenzó mucho antes.

Las compraventas de gigantescas bases de datos están a la orden del día, por lo que las informaciones privadas circulan entre quienes pueden pagar por ellas y les concede un enorme poder de manipulación y chantaje. En torno a ellas se ha creado toda una industria de seguridad, especialmente utilizada por las grandes multinacionales y el capital financiero como instrumento de competencia. Las mismas empresas que compran datos padecen fugas de sus propios datos, tratan de conocer al adversario y de impedir que el adversario sepa acerca de ellos.

El reciente caso de los papeles de Panamá ha demostrado, además, el interés en la instrumentalización política y económica de las grandes bases de datos, al que se califica cínicamente como “periodismo de investigación” y que en realidad no es otra cosa que el llamado “periodismo de filtración”, es decir, la instrumentalización y manipulación de la prensa por parte de las multinacionales y los Estados.

Los invocados derechos fundamentales y las leyes que protegen el derecho a la intimidad de las personas son papel mojado desde hace muchos años. Las bases de datos no pueden interferir en la vida privada de las personas, y mucho menos se puede traficar con ella y venderla a países extranjeros. Todas las legislaciones occidentales impiden este tipo de negocios, considerándolos como delictivos.

La justificación política de este tipo de delitos admitidos y cometidos por el propio Estado, supone un viraje de 180 grados ante el que los parlamentos de las grandes potencias, es decir, todos los partidos institucionales, la prensa domesticada y los juristas claudican sistemáticamente: el control sistemático de la vida privada de las personas no es delito sino que se lleva a cabo para evitar el delito, para lo cual se invocan recursos que son ya tópicos, como la lucha contra “el terrorismo”.

Por ejemplo, en 2011 Canadá autorizó por ley que los espías cometieran delitos contra la vida privada de sus ciudadanos sacando a pasear el espantajo Al-Qaeda, ese comodín que lo mismo sirve para un roto que para un descosido.

En manos de los espías de las grandes potencias imperialistas las bases datos ya no pueden ser mayores de lo que ya son. Se ha producido un problema que algunos califican de “infobesidad”. Ya lo guardan todo y la recopilación de información es tan grande que su problema es administrarla y digerirla.

Sólo una ínfima parte de la información, en torno a un tres por ciento, puede ser tratada y analizada por los espías. Las centrales de inteligencia, como el CNI español, se dedican a reclutar cada vez más informáticos, estadísticos e ingenieros de telecomunicaciones capaces de metabolizar la información. Los espías ya no son lo que eran; ni siquiera salen ya de sus oficinas ni levantan los ojos de la pantalla del ordenador. La información se la damos nosotros y ellos sólo tienen que almacenarla, clasificarla e interpretarla. Algunos lo llaman “bulimia digital”.

En sus aburridos y rutinarios trabajos cuentan con el apoyo de determinadas universidades y departamentos, como la de Alcalá de Henares en España que, a cambio de dinero, elaboran programas específicos para el CNI, la policía y la Guardia Civil. Las universidades cada vez se parecen más a las fábricas de armamento.

En el Reino Unido la “infobesidad” ha conducido a otra cadena de tópicos que siempre salen a relucir en este tipo de asuntos escabrosos: la falta de personal, la falta de medios y los recortes presupuestarios. La glotonería del espionaje no conoce ninguna clase de límites. Si no tienen medios es porque tienen tanta información que no saben qué hacer con ella.

La falta de límites es preocupante y se pone de manifiesto en los debates legislativos, cuando exigen sistemáticamente nuevos poderes para la policía, es decir, borrar de un plumazo todas y cada una de las normas vigentes que aún protegen, aunque sea de manera formal, los derechos y las libertades de las personas en beneficio de los mismos de siempre, de la policía y de los espías, y con las mismas viejas excusas de siempre, el terrorismo y el yihadismo.

La desfachatez no conoce límites. Recientemente la ministra del Interior de Reino Unido, Theresa May, defendía la necesidad de una ley de vigilancia electrónica para obligar a las empresas de telecomunicaciones a tener a disposición de la policía durante un año un registro sobre el empleo que sus abonados hacen de internet.

Como el espionaje y la policía no dan abasto, descargan sobre terceros una parte de la carga de trabajo, en este caso de las empresas de telecomunicaciones. Los usuarios pagan por un servicio que consiste en que les espíen sus comunicaciones.

Ya están en marcha otro tipo de normas para hacer lo mismo en materia de atención médica, así como de periodismo, actividades que siempre han estado consideradas como protegidas por el derecho al secreto profesional.

Beyoncé protesta por el asesinato de otros dos negros a manos de la policía

El asesinato de dos negros, Alton Sterling y Philando Castile, por disparos de la policía ha vuelto a suscitar la protesta, entre otros, de la cantante Beyoncé contra el derramamiento racista de sangre.

Al mismo tiempo, en Dallas algunos se han lanzado por el camino de las represalias, ejecutando a cinco policías para devolverles un poco de su propia medicina.

Por su parte, el movimiento Black Lives Matter exige parar los pies a los policías, que han dado muestras más que suficientes de que tienen un gatillo fácil porque cada negro muerto les resulta gratis.

La cantante Beyoncé ha hecho pública una dura carta de protesta contra las salvajes actuaciones policiales, cuyo número de víctimas se cuentan por millares y siempre tienen el mismo color de piel.

“Es nuestra responsabilidad tomar posición y exigir que paren de matarnos”, dice Beyoncé en su llamamiento público.

“Ya tenemos bastantes asesinatos contra hombres y mujeres jóvenes en nuestra comunidad”, añade. “No buscamos simpatía sino que todo el mundo respete nuestras vidas”.

“Vamos a permanecer en pie como comunidad y vamos a luchar contra los que creen que los asesinatos o cualquier otro acto de violencia cometido por los que han jurado protegernos deben quedar impunes”.

En algunos párrafos, realmente vibrantes, Beyoncé apela a los que se sienten marginados, sin distinguir entre raza, sexo u orientación sexual. Habla del robo de vidas que “nos hace sentirnos indefensos y sin esperanza”.

Sin embargo, afirma la cantante, la lucha es por las próximas generaciones, por los jóvenes que nos siguen: “La guerra contra las personas de color y contra las minorías debe cesar”.

Beyoncé ha mostrado su compromiso con numerosas acciones políticas contra los crímenes de la policía y la discriminación racial, incorporando la protesta y la denuncia a sus canciones y sus números musicales.

Amnistía Internacional acusa a la oposición ‘moderada’ siria de cometer crímenes de guerra

El general francés Bruno Puga
Las ONG son tan gubernamentales que, como las veletas, cambian según la dirección en la que sopla el viento y, desde setiembre del año pasado, las cosas no le van bien al bando de los “moderados” en la guerra de Siria.

Hasta ahora nos habían contado que quienes cometían crímenes de guerra eran las tropas de Bashar Al-Assad, pero ahora Amnistía Internacional nos dice que los verdaderos criminales son los “moderados”, a quienes la prensa había calificado como “combatientes de la libertad”, nada menos, dejando en muy mal lugar a quienes les apoyan y a los “defensores de los derechos humanos”.

Pero si los “moderados” cometen crímenes de guerra, ¿qué hacen los “radicales”?


El informe de Amnistía Internacional, presentado ayer (1), analiza a cinco grupos entrenados por los imperialistas y que combaten en los frentes de Alepo e Idlib desde 2012: el Movimiento Nur Al-Din Zinki, el Frente Al-Shamia y la Brigada 16 que el año pasado se unieron en la coalición “Conquista de Alepo” (Fatah Halab). Además, también se refiere al Frente Al-Nosra y a Ahrar Al-Sham en Idilib.

El informe asegura que dichos grupos tienen su propio aparato judicial, que aplica “la sharia” en las zonas que controla y ha puesto en pie fuerzas de policía y “centros de detención no oficiales”. Sin embargo, el informe asegura que al menos algunos de los jueces nombrados por los grupos armados ni siquiera conocen el contenido de “la sharia”.

Amnistía Internacional enumera 24 casos de secuestro por parte de esos grupos armados, incluyendo casos en los que las víctimas son militantes pacíficos, menores de edad y miembros de las minorías que han convertido en objetivo “únicamente a causa de su religión”, en referencia a los cristianos. Los secuestros han ido seguidos de torturas y ejecuciones.

El último montaje “moderado” de los imperialistas, el llamado “Nuevo Ejército Sirio”, supuestamente no islamista, que han organizado en Jordania acaba de ser destrozado por el Califato Islámico en Bukamal, cerca de la frontera irakí.

Los intentos del imperialismo de prolongar cruelmente la guerra de Siria son cada vez más desesperados. Bajo cuerda, a medida que sus montajes se hunden, refuerzan las filas del Frente Al-Nosra, una organización que se ha alegrado públicamente de los atentados de París en noviembre del año pasado.

Sin embargo, como reconoce la revista Atlántico (2), son las mismas oficinas de la Presidencia de la República francesa las que coordinan el apoyo en Siria a organizaciones yihadistas como el Frente Al-Nosra, convirtiéndose en cómplices de los crímenes de guerra que cometen.

A esa coordinación la revista le pone nombre y apellidos, el del general Bruno Puga, jefe particular del Estado Mayor de François Hollande, a su vez máximo dirigente del partido socialista. Sin embargo, quien puso en ese cargo al referido general y carnicero de Siria fue el anterior Presidente, Nicolás Sarkozi, que el actual ha mantenido en su cargo para demostrar que los gobiernos del cambio no cambian nada. Ni a nadie.

(1) http://www.amnesty.fr/Presse/Communiques-de-%20presse/Syrie-Enlevements-%20torture-et-%20executions-sommaires-aux-%20mains-des-%20groupes-armes-18746

(2) http://www.atlantico.fr/decryptage/opposants-bachar-el-assad-combattants-liberte-rapport-amnesty-international-fait-volet-en-eclat-nos-mythes-gentils-rebelles-2758031.html

Estados Unidos pierde la hegemonía en la fabricación de alta tecnología

El Pentágono ha contratado la fabricación de los microprocesadores electrónicos que llevan los satélites espías, los misiles y los aviones de combate a una empresa pública radicada en Abu Dhabi.

En 2004 el Departamento de Defensa firmó un contrato de 10 años con IBM para fabricar los componentes electrónicos para las fuerzas armadas y la Agencia de Seguridad Nacional.

Las fábricas que elaboraban los semiconductores especializados se calificaban “Trusted Foundries” porque los militares los podían utilizar con plena confianza en todos los equipos militares y de seguridad.

Pero en julio del año pasado IBM vendió su división de semiconductores a Global Foundries, una empresa del emirato de Abu Dhabi.

El nuevo contrato de 7 años firmado con Global Foundries, que vence en 2023, pone fin a meses de incertidumbre sobre el suministro de microprocesadores al ejército de Estados Unidos, concluyendo así una primera etapa dedicada a proteger los sistemas de defensa, que se han mostrado muy sensibles a ciberataques y otras manipulaciones informáticas.

Durante este tiempo el Pentágono ha buscado nuevos suministradores y va a extender las precauciones necesarias para impedir que los componentes electrónicos sean trucados o caigan en manos poco fiables.

Global Foundries forma parte de cuatro empresas identificadas en el mundo como fabricantes de semiconductores avanzados para el Pentágono. A ella se suman TSMC de Taiwan, Samsung de Corea del sur e Intel, que no fabrica microprocesadores específicos para la seguridad y la defensa.

El organismo de supervisión del Congreso ha expresado su inquietud por la dependencia del Pentágono de una única fuente de suministro de semiconductores, una industria que se desplaza progresivamente hacia las fábricas asiáticas, que producen centenares de millones de componentes para los aparatos electrodomésticos de gran consumo en todo el mundo.

China ha anunciado una inversión gigantesca de 200.000 millones de dólares en tecnología de semiconductores, una plan para convertirse en autosuficiente en un sector que es estratégico para la guerra comercial.

En lugar de desarrollar su propia industria de semiconductores, muy dependiente de las importaciones de otros países, China ha decidido crear su propia industria empezando por comprar empresas microelectrónicas por todo el mundo, incluido Estados Unidos, para llevar la técnica a su propio país.

El Pentágono ha perdido influencia en una industria puntera que lleva financiando desde 1960. Las fuerzas armadas dependen de microprocesadores especializados que, a diferencia de los de consumo doméstico, se fabrican en muy pequeñas cantidades.

La nueva generación de aviones de combate F-35 tiene centenares de microprocesadores, cuyo número exacto se desconoce, que nada tienen que ver con los centenares de millones que integran los ordenadores, las lavadoras o los móviles.

Las multinacionales que los fabrican están volcando su interés por la producción civil en masa, un mercado en el que la competencia obliga a una renovación casi mensual, mientras que los componentes militares tienen un plazo de actualización mucho mayor y se fabrican en cantidades micho menores.

Esta situación ha conducido a que el Pentágono no pueda contar sólo con una única empresa estadounidense que trabaje en componentes militares, sino que extienda sus proveedores al terreno por todo el mundo.

El director de Darpa, la sección tecnológica del Pentágono, William Chappell hace de la necesidad virtud y asegura que al abrirse a las empresas civiles, las fuerzas armadas modernizarán su tecnología.

Pero no pueden estar seguros de que los nuevos componentes sean fiables. No es la primera vez que el Pentágono descubre “puertas traseras” en los microprocesadores que compra a terceros países, como China.

A pasos agigantados, Estados Unidos se está convirtiendo en un país dependiente en materia de tecnología y Darpa trabaja en un sistema de “marcado” de los procesadores que compra para comprobar su fiabilidad y seguridad.

Las técnicas de “marcaje” de Darpa han suscitado el interés de empresas civiles, como las financieras, para impedir el espionaje de la competencia y los ciberataques, dentro de una escalada de la paranoia de seguridad que es típica de Estados Unidos.

Pero para los estadounidenses lo único seguro es lo que fabrican ellos mismos, por lo que en el paraíso del neoliberalismo los fabricantes de microprocesadores se han agrupado para exigir al gobierno ayudas públicas que les permitan continuar con la producción  de alta tecnología en condiciones competitivas con otros países.

En todo el mundo la seguridad es un mercado cada vez más grande, el típico negocio de vendedores de humo del que se han apoderado los militares.

Las conexiones de los periodistas con la policía para orquestar montajes políticos

En su declaración ante el Juzgado de Instrucción 2 de Madrid, el comisario José Manuel Villarejo Pérez, del que ya hemos hablado aquí en varias ocasiones, reconoció su estrecha relación con los periodistas Eduardo Inda y Esteban Urreiztieta para orquestar una campaña intoxicadora, entre otros, contra los independentistas catalanes a finales de 2014.

El juzgado investiga la revelación de secretos por parte de la cúpula policial en sus peleas barriobajeras contra otros aparatos del Estado. En ellas el comisario colaboraba con Francisco Nicolás Gómez Iglesias, alias El Pequeño Nicolás, un conocido estafador y agente del CNI que trabajaba para el PP.

La causa ha vuelto a poner de manifiesto, como ya explicamos aquí, la existencia de una unidad secreta de inteligencia de la que es miembro el comisario Villarejo y que organizaba directamente el recién jubilado jefe de la Dirección Adjunta Operativa de la Policía, Eugenio Pino. Junto a ellos, siempre se alude a los mismos nombres, entre ellos el inspector jefe José Ángel Fuentes Gago, organizador de las reuniones entre el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, y el director de la Oficina Antifraude catalana, Danial de Alfonso.

Villarejo reconoció ante el juez que Inda y Urrieztieta le “han sido de ayuda en algunos trabajos”. Entre octubre de 2014 y enero de 2015, estos periodistas publicaron varias informaciones falsas contra medios independentistas catalanes e inventaron la supuesta cuenta del entonces alcalde de Barcelona, Xavier Trias. También fabricaron un montaje policiaco-periodístico contra Podemos que se denominó PISA (Pablo Iglesias Sociedad Anónima).

Entre los policías involucrados en la unidad secreta de inteligencia dedicada a fabricar informes falsos contra rivales políticos del PP, se cruzaron más de 200 llamadas telefónicas con Inda y Urreiztieta, precisamente a partir de cuatro días después de la última de las conversaciones entre el ministro del Interior y el jefe de la Oficina Antifraude catalana.

La relación entre Villarejo y estos periodistas, a los que ha llegado a proponer como testigos en otros procedimientos, data de 1994, cuando las informaciones sobre la operación Malaya le unieron a Inda y después a Urreiztieta, por ser compañero de aquel.

En España las estrechas conexiones políticas de los periodistas con la policía proceden del franquismo, con figuras como Manuel Marlasca y Alfredo Semprún, entre otros que han fabricado siniestras campañas de intoxicación.

Uno de los agresores sexuales de los sanfermines es guardia civil

Uno de los cinco detenidos por la agresión sexual sufrida por una joven de 19 años en Pamplona durante los sanfermines es guardia civil, según ha informado EiTB, la cadena autonómica de televisión. Los detenidos tienen entre 23 y 26 años.

El tatuaje que luce en el pecho uno de ellos y las imágenes captadas por una cámara situada en la calle Mercaderes han sido claves para la identificación de los agresores.

También ha resultado favorable que la investigación del delito la hayan llevado a cabo fuerzas de la policía foral, así como la policía municipal de Pamplona.

Una agente de policía municipal observó a varios jóvenes que sospechó podrían ser los agresores porque sus rasgos físicos correspondían a los facilitados por la víctima. Se les hizo un seguimiento y posteriormente fueron localizados en la plaza de toros.

Entre las pruebas de cargo hay una filmación de los hechos ocurridos el jueves hacia las 04:30 horas en un céntrico edifico de la calle Paulino Caballero de la capital navarra.

Los agresores metieron en el portal a la víctima, una joven madrileña de 19 años, y allí abusaron sexualmente de ella.

Este caso de brutal agresión sexual en el primer día de los sanfermines ha provocado la condena unánime de instituciones, peñas y ciudadanos, que han vuelto a rechazar en la calle cualquier tipo de violencia o actitud sexista.

Los cinco detenidos continúan en comisaría y pasarán mañana a disposición judicial. Los acusados niegan los hechos y aseguran que las relaciones fueron consentidas.

Para proteger el buen nombre de la Benemérita, no se ha proporcionado información sobre la identidad de los agresores, ni se han publicado fotos, algo que es habitual cuando es la Guardia Civil quien detiene.

Revolución y contrarrevolución en Tíbet

Tíbet es uno de los lugares más remotos del planeta. Es una meseta en el corazón de Asia, separado del sur del continente por las más altas montañas del mundo, el Himalaya. Seis cordilleras dividen la región en valles aislados. El Tíbet había pertenecido a China desde hacía 700 años, pero la falta de comunicaciones le había aislado de China y del mundo.

El budismo penetró en Tíbet en el siglo VII de nuestra era. El príncipe Strong-tsan-gampo, artífice de la unidad del Tíbet, empleó la religión para unificar el país. Durante mucho el tiempo el budismo fue la religión de la cúpula feudal, mientras el pueblo practicaba los ritos chamanistas y de clan (religión bon o bon-po).

A partir del siglo IX el budismo se extendió en el pueblo bajo la forma mahayana. A comienzos del siglo X el partido antibudista apoyado en la vieja aristocracia feudal lanzó persecuciones contra los budistas, pero éstos asesinaron al rey Lang-darma. En el siglo XI el budismo venció definitivamente bajo la forma de una nueva corriente llamada tantrismo. Durante los siglos XI y XII se construyeron en Tíbet numerosos monasterios budistas con multitud de monjes llamados lamas. En 1271 Kublai Khan, fundador de la dinastía mongol de los Yuan (1270-1370), nombró al jefe de la secta budista más importante ministro de asuntos civiles y religiosos de Tíbet. La dinastía china de los Ming, que reinó de 1368 a 1644, protegió también la religión budista pero aplicó una política de fragmentación del país que la debilitaba. Surgió una corriente reformadora que impuso una severa disciplina monacal y la obligación de llevar ropa y gorros amarillos. Todo el poder se concentró en manos de dos jerarcas supremos: el Panchem-rimpoche y el Dalai-rimpoche (futuro Dalai Lama). Ambos fueron declarados encarnaciones de las deidades budistas mas veneradas.

Nominalmente la máxima autoridad eran los emperadores chinos que cobraban impuestos y nombraban funcionarios encargados de cobrarlos pero los jerarcas budistas ejercían mucha influencia. En 1639-1640 el khan mongol Gushi asesinó al príncipe local y transfirió todo el poder secular al Dalai Lama. Al comienzo de la dinastía manchú China restableció su soberanía sobre el Tíbet pero el poder real permaneció en manos del Dalai Lama y, sobre todo, de los lamas supremos que le rodeaban. En Tíbet se estableció una forma peculiar de régimen feudal en que los grandes señores (monjes y seglares) dominaban una masa de campesinos privados de derechos y el poder político era acaparado por los jerarcas budistas. En lo más alto de la jerarquía estaba el Panchem-Lama considerado padre espiritual del Dalai Lama que era quien tenía el poder temporal. Una autora china escribió que sólo 626 personas poseían el 93 por ciento de la tierra y la riqueza nacional y el 70 por ciento de los yakes en Tíbet. Entre ellos estaban los 333 cabezas de monasterios y autoridades religiosas y las 287 autoridades seculares (contando la nobleza y el ejército) y seis ministros del gabinete. La clase alta la formaban cerca del 2 por ciento de la población y el 3 por ciento eran sus agentes: capataces, administradores de sus fincas y comandantes de sus ejércitos privados. El 80 por ciento eran siervos, el 5 por ciento esclavos y 10 por ciento eran monjes pobres que trabajaban como peones para los abades y rezaban. A pesar de la supuesta regla lamaísta de no violencia, estos monjes eran azotados continuamente.

Hoy el actual Dalai Lama se presenta ante el mundo como un hombre sagrado a quien no le interesan las cosas materiales. La realidad es que fue el principal dueño de siervos del Tíbet. Según la ley era dueño de todo el país y de sus habitantes. En la práctica su familia disponía de 27 fincas, 36 prados, 6170 siervos y 102 esclavos domésticos.

Condiciones de vidas de las masas populares

La vida de los siervos tibetanos antes de 1949 era breve y durísima. Tanto los hombres como las mujeres trabajaban en las faenas más duras y en trabajos forzados, llamados “ulag” durante 16 ó 18 horas al día. Debían entregar a los dueños que no trabajaban el 70 por ciento de la cosecha. No podían usar los mismos asientos, palabras ni utensilios que los dueños. Los castigaban con latigazos si tocaban alguna cosa del propietario. No podían casarse ni salir de una finca sin permiso del amo. Los siervos y las mujeres eran considerados animales parlantes que no tenían derecho a mirar a la cara a los amos. El experto en Tíbet A. Tom Grunfeld relata que una hija de los dueños hacía que sus siervos la alzaran para subir y bajar las escaleras (4). A los esclavos los golpeaban, no les daban comida y los mataban a trabajar. En la capital Lasha se compraban y vendían niños.

La palabra mujer, “kimen”, significaba nacido inferior. Las mujeres tenían que rezar Que abandone este cuerpo femenino y renazca como varón. El budismo les impedía levantar los ojos más allá de la rodilla de un hombre. Era común quemar a las mujeres por ser brujas, a menudo porque practicaban los rituales de la religión “bon”. Dar a luz gemelos era prueba de que una mujer había copulado con un espíritu maligno y en las zonas rurales era frecuente que quemasen a la madre y a los gemelos recién nacidos. Un hombre adinerado podía tener muchas esposas y un noble con poca tierra tenía que compartir una mujer con sus hermanos.

El pueblo sufría constantemente de frío y hambre. Antes de la liberación no había en Tíbet ni electricidad, ni carreteras, ni hospitales ni casi escuelas. Muchos siervos enfermaban a causa de la desnutrición mientras algunos monasterios atesoraban riquezas y quemaban grandes cantidades de alimentos como ofrendas. La mayoría de los recién nacidos morían antes de cumplir un año. La mortalidad infantil era en 1950 del 43 por ciento. La viruela afectaba a una tercera parte de la población y en 1925 exterminó a 7.000 habitantes de Lasha. La lepra, la tuberculosis, el bocio, el tétanos, la ceguera, las enfermedades venéreas y las úlceras causaban gran mortalidad. La esperanza de vida en 1950 era de 35 años.

Las supersticiones extendidas por los monjes les hacían oponerse a los antibióticos. Les decían a los siervos que las enfermedades y la muerte se debían a los pecados y que la única manera de prevenir las enfermedades era rezar y pagar dinero a los monjes.

Los feudales mantenían al pueblo en la incultura más completa para mejor someterlo y lavarle el cerebro. En 1951 el 95 por ciento de la población era analfabeta. El lenguaje escrito solo servía para el culto religioso.

El sistema feudal impedía el desarrollo de las fuerzas productivas. No permitía el uso de arados de hierro, extraer carbón, pescar, cazar, ni hacer innovaciones sanitarias de ningún tipo. No había ni comunicaciones ni comercio ni ninguna industria por elemental que fuera. Mil años atrás, cuando se introdujo el budismo, se calcula que en Tíbet vivían diez millones de personas pero en 1950 sólo quedaban dos o tres millones.

¿Cómo llegó el socialismo a Tibet?

El Partido Comunista de China se planteó un problema en relación al Tíbet: el tremendo atraso y la dominación feudal hacía imposible el surgimiento de una rebelión de los siervos sin ayuda exterior. Pero era necesario intervenir en Tíbet antes de que se convirtiese en una plaza fuerte de la contrarrevolución desde la que las clases dominantes derrocadas de China, los feudales locales y el imperialismo pusiesen en peligro la joven República Popular. Los feudales lamaístas se habían mostrado complacientes con los colonialistas británicos que entraron en Lasha en 1904 desde la India y con el intento norteamericano de reconocer un Tíbet independiente en 1949 con un asiento en la ONU. La práctica confirmaría que al igual que en otros lugares, la clase dominante local se aliaría con las fuerzas imperialistas para combatir al enemigo común, la revolución socialista triunfante.

Los comunistas sabían que la revolución no se puede exportar a otro país con las bayonetas de un ejército ocupante y por eso actuaron con tacto y prudencia hasta crear las condiciones de un movimiento revolucionario bien arraigado en el seno de las masas populares tibetanas. El Ejército Popular de Liberación, ejército de obreros y campesinos revolucionarios forjado en 20 años de combates y dirigido por el Partido Comunista de China, avanzó hacia las llanuras tibetanas en octubre de 1950. En Chambo derrotó fácilmente al ejército enviado por los feudales tibetanos pero allí paró y les mandó un mensaje con una propuesta: si Tíbet se integraba en la República Popular de China, el gobierno de propietarios de siervos (llamado “kashag”) podría seguir gobernando durante un tiempo bajo la dirección del gobierno central popular. Los comunistas no abolirían las prácticas feudales ni tomarían medidas contra la religión hasta que el pueblo no apoyase los cambios revolucionarios. El Ejército Popular de Liberación protegería las fronteras para evitar una intervención imperialista. El gobierno feudal aceptó la propuesta y firmó el Acuerdo de 17 puntos que reconocía la soberanía china y se aplicaba en las zonas sometidas al “kashag” y no en otras zonas tibetanas donde vivía la mitad de la población. El 26 de octubre de 1951 el Ejército Popular de Liberación entró pacíficamente en Lasha bajo el mando del general Zhang Guojua.

La conspiración de la nobleza lamaísta

Lógicamente los feudales no acogieron con los brazos abiertos a los comunistas sino que empezaron a conspirar para intentar perpetuar su sistema de dominación. Hicieron lo posible por enemistar a sus siervos con el Ejército Popular de Liberación: difundieron rumores de que usaban sangre de niños tibetanos como combustible para sus camiones, les acusaban de matar perros por eliminar los perros rabiosos que aterrorizaban a la gente,… Ciertos monasterios se convirtieron en centros de la actividad secreta contrarrevolucionaria y en almacenes de armas que la CIA norteamericana enviaba desde la India. La CIA estableció un centro de entrenamiento de agentes tibetanos en el campo Hale de Montanas Rocosas en Colorado, por su gran altitud. También fueron entrenados mercenarios tibetanos en las bases estadounidenses de Guam y Okinawa. En total Estados Unidos entrenaron militarmente a 1.700 tibetanos en los años cincuenta y sesenta del siglo pasado.

El Ejército Popular de Liberación tenía ordenes estrictas de respetar a la población, su cultura y sus creencias, incluso sus temores supersticiosos que no podían ser erradicados rápidamente. Los siervos se sorprendieron cuando fueron contratados por un sueldo para construir un camino que conectase Tíbet con las provincias centrales de China. Varios siervos jóvenes fueron animados para educarse en los Institutos para las Minorías Nacionales en las ciudades del este de China y aprender lectura, escritura y contabilidad. Empezaron a llegar mercancías que mejoraron la vida de la población como té y fósforos, se instalaron los primeros teléfonos, telégrafos, emisoras e imprentas y las primeras escuelas. En 1957 6.000 alumnos acudían a 79 escuelas primarias. Los equipos médicos empezaron a tratar y curar a la población, incluidos los nobles; la mentalidad empezó a cambiar.

Los terratenientes feudales vieron en peligro su poder y organizaron las primeras rebeliones armadas en 1956. En las zonas en las que no regía el acuerdo de 17 puntos, los comunistas animaban a los siervos a dejar de pagar alquiler a los monasterios y a los nobles, lo que exasperaba a éstos. En marzo de 1959 se produjo una rebelión en gran escala apoyada por la CIA, que envió sus agentes entrenados y lanzó cargamentos de municiones y subametralladoras desde aviones C-130 de la fuerza aérea norteamericana. Los monjes y sus agentes armados atacaron la guarnición del Ejército Popular de Liberación en Lasha. Los comunistas respondieron no sólo militarmente sino sobre todo políticamente: 1.000 estudiantes tibetanos volvieron rápidamente de los Institutos para las Minorías Nacionales para participar en una gran campaña de cambios revolucionarios.
La derrota del feudalismo en Tíbet

El gobierno del “kashag”, que había apoyado la rebelión, fue disuelto. En todas las regiones se crearon órganos de poder llamados Oficinas para reprimir la revuelta. El nuevo gobierno se llamo comité preparatorio para la región autónoma de Tíbet. Se abolió el “ulag”, el trabajo forzoso y la servidumbre. Los esclavos de los nobles fueron liberados. Los principales conspiradores fueron detenidos. La mujer fue liberada de la poligamia. Los siervos dejaron de pagar alquiler a los monasterios y la mitad de los mismos tuvieron que cerrar. Los nómadas de un aislado campamento llamado Pala se levantaron en armas con los partidarios del Dalai Lama. La periodista británica Sara Flounders escribe que millones de campesinos pobres se movilizaron a para expulsar a los antiguos terratenientes. Los antiguos siervos recibieron 20.000 escrituras de tierras y ganado, decoradas con banderas rojas y el retrato del presidente Mao.

Tras la derrota de la rebelión, el Dalai Lama número 14, llamado Tenzin Gyatso, huyó al exilio acompañado por 13.000 personas integrantes de la nobleza y el alto clero lamaísta, con muchos de sus esclavos, guardias armados y caravanas de mulas cargadas de riquezas. La CIA lo convirtió en un símbolo de la guerra contra la revolución socialista y el Partido Comunista. El Dalai Lama instaló en la ciudad india de Dharamsala un gobierno en el exilio. A partir de 1964 figura en la lista de los asalariados de la CIA, que le asignó una cantidad anual de 180.000 dólares en el cuadro de un programa para derribar los regímenes comunistas. Su gobierno recibió anualmente 1,7 millones de dólares. En los años noventa seguía recibiendo dinero de la CIA.

Desde entonces este reaccionario sigue teniendo un gran apoyo del lobby antichino norteamericano, de la industria de Hollywood, que produce películas de propaganda a su favor, de la Fundación Nacional para la Democracia (pantalla de la CIA), que financia el Fondo Tíbet, la radio Voz del Tíbet y la campaña internacional por el Tíbet. En 1987 fue recibido en la comisión de derechos humanos del Senado norteamericano. En agosto de 1999 el Departamento de Estado norteamericano organizó su visita a Nueva York.

Los sectores anticomunistas occidentales, como el juez español Garzón, denuncian públicamente a China por el supuesto genocidio cometido en Tíbet desde 1959. Este genocidio aparece en la propaganda antichina pero nadie ha ofrecido la menor prueba. Tales sectores son los que contribuyen a que le sea concedido en 1989 el premio Nóbel de la paz, que ya poseen conocidos criminales de guerra como Henry Kissinger, Menahem Beguin y Simon Peres.

Aunque el budismo prohíbe matar y toda forma de violencia, el actual Dalai Lama ha apoyado con entusiasmo la guerra de la OTAN contra Yugoslavia de 1999. En ese año se declaró en Santiago de Chile a favor de no perseguir al criminal Augusto Pinochet.

Está perfectamente ubicado en un campo: el de los explotadores y enemigos del pueblo. Aunque goza de una aureola de santidad y es considerado un dios, no es más que un instrumento eficaz de la contrarrevolución y el imperialismo. Para ser aceptado por sus aliados ha reformado algunas de las tradiciones más horribles y ha adoptado el discurso cínico de los derechos humanos, las autoridades títeres irakíes y otros lacayos de los norteamericanos. Pero el sistema político que representa es una dictadura religiosa en la que no existen derechos políticos para las mujeres ni para nadie que cuestione su autoridad. Por ejemplo, la secta tíbetana de los “shugden” formada por cien mil personas exiliadas en la India que no reconocen dicha autoridad, son sistemáticamente marginadas y perseguidas. Muchos occidentales angustiados y desestabilizados por la sociedad burguesa se sienten ilusamente atraídos por el misticismo lamaísta, lo que redunda en beneficio de los buenos negocios de los tibetanos.

Las autoridades chinas le ofrecen abrir el diálogo a cambio de que él reconozca la pertenencia de Tíbet a la República Popular de China.

Tíbet hoy

En 1980 el secretario general del Partido Comunista de China Hu Yaobang visitó Lasha. En septiembre de 1987 se produjo una insurrección de monjes nacionalistas en la capital tibetana, que asaltaron una comisaría de policía. En 1988 hubo otros estallidos. En la primavera de 1989, en el contexto de un movimiento contrarrevolucionario en toda China apoyado por los imperialistas, se produjo una nueva rebelión en Lasha que condujo a detenciones y a la proclamación de la ley marcial. En 1996 y 1997 estallaron bombas en Lasha. La tragedia que han conocido los pueblos de la antigua URSS, a los que la contrarrevolución capitalista arrebató todas sus conquistas y que han sufrido devastadoras guerras civiles (recordemos las guerras de Chechenia, Moldavia, Georgia, Nagorno-Karabaj…), se pudo evitar en China.

La acusación de que la República Popular de China obliga a la población a restringir su crecimiento demográfico es negada por los dos antropólogos norteamericanos que hemos citado y que realizaron investigaciones en Tíbet en 1985 y 1988 bajo los auspicios de National Geographic. Las mujeres tibetanas no están limitadas a tener un único hijo, como es el caso para la mayoría del pueblo chino.

Tíbet es hoy una Región autónoma del Oeste de la República Popular de China que, como toda la parte occidental del país, tiene un menor desarrollo económico y social en comparación con las provincias de la costa este. El 15 por ciento de la población es pobre pero sólo tres comarcas de la región pertenecen a las 63 más pobres de la República Popular de China. Un Fondo para el Alivio de la Pobreza en Tíbet desarrolla programas anti-pobreza. El gobierno está impulsando el desarrollo capitalista también en dicha región. En 1967 funcionaban en todo Tíbet 67 fábricas y en 1975 250 empresas que producían bienes de consumo básicos: ollas a presión, herramientas, pequeñas plantas eléctricas… En 1993 había 41.830 pequeños negocios. En Lasha funcionan hoy varias fabricas (de cerámica, cemento y cerveza) y numerosos talleres (textiles, muebles, alfombras…). Ahora mismo se construye la vía férrea más alta del mundo que permitirá terminar con el tradicional aislamiento. Hasta el 2020 se prevé incrementar la producción eléctrica tres veces y la industrial 14 veces. Internet permite conectar con el mundo a los habitantes de los valles más apartados, ubicados a 4.500 metros de altura. Los militantes tibetanos del Partido Comunista son promocionados. El 80 por ciento de los cuadros dirigentes son tibetanos y la lengua y cultura tibetana disfruta de protección especial. También se ha impulsado el turismo como fuente de ingresos. Los campesinos tibetanos, liberados de la servidumbre feudal, desarrollan en régimen de contrato familiar, las parcelas de terreno donde explotan agricultura y ganadería.

El Partido Comunista considera, con razón evidente, que el poder religioso debe someterse al poder político y no ser un ariete de la contrarrevolución y la guerra civil, como ha ocurrido en los antiguos países socialistas de los Balcanes, Polonia, el Cáucaso, Afganistán y el centro de Asia. Es por eso que la religión lamaísta es autorizada y respetada, siempre que no se convierta en un foco organizado de lucha contra el sistema político.

En 1999 había 2.632 médicos, 95 hospitales municipales y 770 clínicas. La mortalidad infantil era en 1998 del tres por ciento. La esperanza de vida es de 65 años. Hay un trabajador sanitario por cada 200 habitantes. En 1997 se inauguró un hospital moderno en Lasha. La escolarización de los niños llega al 82 por ciento, y se hace en chino y tibetano. Ciudadanos chinos de la nacionalidad mayoritaria se han instalado en las ciudades de Tíbet y tibetanos emigran a las zonas más desarrolladas en búsqueda de un mayor bienestar económico. Pero el Tíbet no está invadido por dos millones de colonos “han”, como dice la propaganda. Según un censo de octubre de 1995, Tíbet tenía 2.389.000 habitantes de los que sólo el 3,3 por ciento era de origen “han”, menos que en 1990, que era el 3,7 por ciento. En 1949 había un 1 por ciento de “han”. Según un informe del servicio de investigación del Congreso norteamericano la población “han” en Tíbet era en 1989 del 5 por ciento.

¿Son los españoles ‘ratas de laboratorio’?

Attac es un buen ejemplo de la manera en que el imperialismo crea sus propios anticuerpos, se recicla a sí mismo… antes de que otros, los de verdad, le den la patada definitiva.

La presidenta de honor de Attac (Acción para la Tasa Tobin de Ayuda a los Ciudadanos) es Susan George, que también es presidenta del Instituto Transnacional, otro de los satélites que orbitan alrededor del imperialismo y de especuladores como George Soros.

Entre los que financian Attac también está el periódico “Le Monde Diplomatique” que, a su vez, forma parte del conocido monopolio intoxicador Prisa-El País (15 por ciento), así como de Lagardere (17 por ciento).

En 2003 el propio gobierno francés puso dinero para financiar Attac, a pesar de que es de esos que alardean de ser “no gubernamentales”.

Cuando en los noventa lograron ponerlos de moda, Attac estuvo entre los impulsores de aquellos Foros Mundiales que lograron distraer la atención de la pequeña burguesía radicalizada hacia la globalización, la troika, el neoliberalismo, la tasa Tobin y demás señuelos propios del utopismo de los que ya nadie se acuerda.

Junto a Attac, entre quienes ponían el dinero para aquellas farsas mundiales estaba la Fundación Ford, a su vez ligada a la CIA y antes al III Reich.

La tasa Tobin es un buen ejemplo de las batallas en las que le gusta embarcarse a la pequeña burguesía. No se trataba de erradicar la especulación financiera mundial, sino de que los especuladores, como el propio Soros, pagaran un impuesto por los movimientos internacionales de capital, es decir, legalizar y consolidar la rapiña.

El propio Soros ha defendido la imposición de una tasa a las transacciones financieras internacionales internacionales, lo mismo que otros conocidos tiburones del imperialismo, como Jacques Delors, Butros Ghali o Alan Greenspan.

Susan George, cabecilla de Attac

Susan George, cabecilla de Attac

Para comprender la naturaleza de tinglados como Attac basta recordar lo que dijeron sobre acontecimientos, como la Primavera Árabe, a la que calificaron como una “revolución” para ocultar que detrás estaba la largo mano de los imperialistas.

Al propio Grupo Islámico Combatiente de Libia (LIFG) que participó en el derrocamiento de Gadafi lo calificaron como una “fuerza revolucionaria”. Ellos dicen que en 2011 Libia vivió una “transición hacia democracia” y que Libia está mejor sin Gadafi.

Cuando se reunió en Túnez poco después de la “Revolución de los Jazmines”, el Foro Social no tuvo ni una palabra crítica hacia los criminales bombardeos de la OTAN sobre la población libia. “El que calla otorga”.

Este tipo de canallas se creen a sí mismos por encima de la media, del vulgo aborregado. Son esos que desprecian e insultan a las personas porque no hacen lo que ellos dicen, cuando dicen que hay que hacerlo. Son los que profieren expresiones contra los trabajadores porque -según ellos- votan a “la derecha” cuando en realidad su verdadero voto debería ser a la “izquierda”.

Susan George es de ese tipo de gentuza. En 2012 se permitió lujo de decir que “los griegos y los españoles son ratas de laboratorio: a ver cuánto castigo toleran sin rebelarse”. No se da cuenta de que cuando las ratas se rebelen echarán a la basura a la gente de su calaña.

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