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Autor: Redacción (página 1172 de 1368)

El delirio militarista se apodera del Departamento de Estado

En el curso de las pasadas décadas, el Departamento de Estado de Estados Unidos ha sufrido un deterioro, pasando de ser una sede profesional de diplomacia y realismo a ser una guarida de guerreros de sofá, poseídos de delirios imperiales, un fenómeno peligroso subrayado por el reciente “desacuerdo” masivo a favor de eliminar a más gente en Siria.

Cincuenta y un “diplomáticos” del Departamento de Estado firmaron un memorándum distribuido a través del canal oficial “discrepante”, pidiendo golpes militares contra el gobierno sirio de Bashar Al-Assad, cuyas fuerzas dirigen la contraofensiva contra los extremistas islamistas que persiguen el control de esta importante nación de Oriente Medio.

El hecho de que un contingente tan amplio de funcionarios del Departamento de Estado abogue abiertamente por una guerra expansiva, en línea con los planes de los neoconservadores (planes que colocan a Siria en una lista de objetivos desde hace dos décadas), es un símbolo revelador de la locura que afecta al Departamento de Estado.

Este Departamento parece ahora una combinación de convencidos neocons e intervencionistas liberales, junto a algunos “trepas” que comprueban que lo inteligente es comportarse con el resto del mundo como procónsules mundiales, dictando soluciones o buscando “cambios de régimen”, en vez de comportarse como diplomáticos que tratan a los extranjeros respetuosamente en busca de compromisos sinceros.

Incluso algunos funcionarios que conozco personalmente y que no son “per se” halcones neoliberales, actúan como si hubieran bebido algún brebaje. Hablan con dureza y se comportan de forma arrogante hacia los habitantes de países bajo su supervisión. Los extranjeros son tratados como objetos estúpidos que pueden ser coaccionados o sobornados.

Por ello, no es del todo sorprendente que bastantes docenas de “diplomáticos” de Estados Unidos ataquen la posición más templada del presidente Obama sobre Siria, mientras se colocan a sí mismos y toman posiciones proclives, anticipándose a un gobierno bajo Hillary Clinton, de la que se espera que autorice una invasión ilegal de Siria, bajo la tapadera de establecer “zonas de exclusión aérea” y “zonas de seguridad”, lo que significa la masacre de jóvenes soldados sirios. Los “diplomáticos” muestran su disposición al “uso de armas aéreas y de largo alcance”.

El deseo de estos halcones de nuevas guerras es tan intenso que no calculan el riesgo de un conflicto directo con Rusia, quitando levemente importancia a esta posibilidad de choque con una potencia nuclear diciendo que “no son partidarios de una pendiente resbaladiza que acabe en un enfrentamiento militar con Rusia”. Algo que reconforta de veras…

Abrir el camino a una victoria yihadista

Existe también el peligro de que una intervención directa norteamericana colapse al Ejército sirio, despejando el camino a una victoria del Frente Al-Nosra, de Al-Qaeda, o del Califato Islámico. El memorándum no clarifica el delicado equilibrio entre hacer a Siria el daño suficiente, evitar una victoria total de los yihadistas y evitar un choque con Rusia.

Presumiblemente, cualesquiera que sean los líos producidos, el ejército estadounidense se quedaría solo para arreglarlos, asumiendo que abatir algunos aviones de guerra rusos y matar a personal militar ruso no supondría una escalada hacia una conflagración termonuclear.

En resumen, parece que el Departamento de Estado se ha convertido en un manicomio colectivo dirigido por sus internos. Pero esta locura no es una aberración a corto plazo que pueda ser fácilmente revertida. Lleva en marcha largo tiempo, y podría requerir una limpieza desde los cimientos hasta el tejado del cuerpo “diplomático” para restaurar al Departamento de Estado a su papel tradicional de evitar guerras en vez de exigirlas.

Aunque siempre han existido locos en el Departamento de Estado, normalmente entre las filas de los más veteranos, el fenómeno de una locura institucional ha tenido lugar en las últimas décadas. Y yo he visto ese cambio.

He cubierto la política exterior estadounidense desde los últimos 70, cuando había mucha más cordura en el cuerpo diplomático. Había gente como Robert White y Patricia Derian (ambos ya fallecidos), que luchaban por la justicia y los derechos humanos, representando a lo mejor de Estados Unidos.

Pero el descenso del Departamento a ser un núcleo de poco más que bien vestidos y bien hablados matones, que apoyan la hegemonía USA, comenzó con el gobierno de Reagan. El presidente Ronald Reagan y su equipo tenían un odio patológico hacia los movimientos sociales de los países centroamericanos que buscaban la libertad de sus opresivas oligarquías y sus brutales fuerzas de seguridad.

Durante la década de los años 80, los diplomáticos norteamericanos con integridad fueron marginados de forma sistemática, acosados o destituidos. La coordinadora de Derechos Humanos Derian cesó al final del gobierno de Carter y fue sustituida por el neoconservador Elliot Abrams; White fue despedido del puesto de embajador norteamericano en El Salvador, explicando que “rechacé una petición del secretario de Estado Alexander M. Haig Jr. para que yo usara los canales oficiales para tapar la responsabilidad del ejército salvadoreño en los asesinatos de las cuatro monjas norteamericanas”.

El ascenso de los neoconservadores

A medida que los profesionales de la vieja guardia iban abandonando, una nueva camada de neoconservadores agresivos entró, como Paul Wolfowitz, Robert McFarlane, Robert Kagan y Abrams. Tras ocho años de Reagan y cuatro años de George H.W. Bush, el Departamento de Estado fue reformado en un hogar de neocons, pero algunos rasgos de profesionalidad aún aguantaban los ataques.

Aunque se pudiera haber esperado que los demócratas del gobierno Clinton hubieran revertido estas tendencias, no lo hicieron. Por el contrario, la “triangulación” de Bill Clinton se aplicó a la política exterior estadounidense tanto como a los programas interiores. Siempre se buscaba el “medio” políticamente seguro.

A medida que avanzaban los 90, la aniquilación de expertos en política exterior del tipo de White y Derian dejó a muy pocos en el bando demócrata que tuvieran la suficiente valentía y habilidades para desafiar a los neocons atrincherados. Muchos demócratas de la era de Clinton se acomodaron al dominio neocon reinventándose a sí mismos como “intervencionistas liberales”, compartiendo el amor de los neocons por la fuerza militar, pero justificando las matanzas en motivos “humanitarios”.

Este enfoque era la forma de los “liberales” de protegerse a sí mismos contra acusaciones de la derecha de “debilidad”, una acusación que ha marcado profundamente a los demócratas durante los años de Reagan y Bush, pero esta postura de “chicos duros” marginó a los diplomáticos serios que favorecían el tradicional toma y daca con los dirigentes extranjeros y sus pueblos.

Así teníamos a demócratas como la entonces embajadora en las Naciones Unidas (y más tarde secretaria de Estado) Madeleine Albright justificando las brutales sanciones de Bill Clinton contra Irak, a las que las Naciones Unidas culparon de la muerte de 500.000 niños iraquíes, y considerando que “fue una elección muy difícil, pero pensamos que el precio valió la pena”.

Los ocho años de “triangulación” de Clinton que incluyó la brutal guerra aérea contra Serbia, fue continuada por ocho años de George W. Bush que acomodaron aún más a los neocons en el entorno de la política exterior estadounidense. Por entonces, lo que quedaba de los viejos republicanos “realistas”, como Henry Kissinger y Brent Scowcroft, estaban envejecidos o estaban tan íntimamente comprometidos que los neocons no tuvieron una oposición significante dentro de los círculos republicanos. Los funcionarios demócratas en política exterior se han hecho indistinguibles de los neocons, excepto en su uso de argumentos “humanitarios” para justificar guerras de agresión.

La capitulación de los medios de comunicación

Antes de la invasión de Irak por parte de Bush, gran parte del “establishment” de los medios liberales (desde el New York Times al New Yorker) se puso de forma unánime del lado de la guerra, planteando pocas cuestiones difíciles y no presentando casi ningún obstáculo. “Favorecer” la guerra se convirtió en la postura cómoda.

Pero emergió un naciente movimiento antiguerra entre los demócratas de base, impulsando a Barack Obama, un demócrata contrario a la guerra de Irak, a la nominación presidencial en 2008, por encima de una Hillary Clinton que apoyaba la guerra. Pero estos sentimientos pacíficos sobre la “base” demócrata no alcanzaron de forma intensa a los expertos demócratas en política exterior.

Cuando Obama entra en la Casa Blanca, se encuentra con un difícil desafío. El Departamento de Estado necesita una profunda purga de neocons y halcones liberales, pero había pocos expertos demócratas que no se hubieran pasado a los neocons. Toda una generación de políticos demócratas se había educado en un mundo controlado por los neocons en seminarios, reuniones, cumbres y “think tanks”, en donde un estilo verbal duro sonaba bien, mientras que el que hablaba de la diplomacia tradicional sonaba blando.

Por el contrario, la mayoría del ejército e incluso la CIA favorecían enfoques mundiales menos beligerantes, en parte porque habían combatido una “guerra mundial contra el terror”, de Bush, sin ningún futuro. Pero unos altos mandos elegidos por Bush y proclives a los neocons, como el general David Petraeus, seguían en su sitio e impulsaban las guerras tanto en Irak como en Afganistán.

Obama hizo entonces una de las más funestas decisiones de su presidencia. En vez de limpiar la casa en el Pentágono y el Departamento de Estado, escuchó a algunos consejeros, y mantuvo en su sitio a los dirigentes militares de Bush, incluyendo a Robert Gates como Secretario de Defensa, y llegó a nombrar a la agresiva Hillary Clinton como Secretaria de Estado. En otras palabras, Obama no solo no tomó el control del aparato de política exterior, sino que reforzó el poder de los neocons y de los halcones liberales. Dejó a ese poderoso bloque de Clinton-Gates-Petraeus conducirle a un temerario brote de “contrainsurgencia” en Afganistán, que lo único que consiguió fue más de 1.000 muertos entre los soldados norteamericanos junto a muchos más afganos.

También permitió a Clinton sabotear su intento de compromiso con Irán en 2010, que buscaba limitaciones a su programa nuclear, y también sucumbió a su presión en 2011 para invadir Libia, bajo el falso pretexto de establecer una zona de exclusión aérea para proteger civiles, que se convirtió en un desastroso “cambio de régimen”, calificado por Obama como su mayor error de política exterior.

La guerra contra Siria

Obama resistió a los llamamientos de Clinton a favor de otra intervención militar en Siria, aunque autorizó algún apoyo militar limitado a los supuestamente “moderados” rebeldes, y permitió a Arabia saudí, Qatar y Turquía dar mucho más apoyo a los yihadistas relacionados con Al-Qaeda e incluso con el Califato Islámico.

Bajo la secretaria Clinton, el bloque neocon-liberal consolidó su control del cuerpo diplomático en el Departamento de Estado. Bajo la dominación neocon, el Departamento de Estado se movía desde un “grupo de pensamiento” a otro. Sin aprender nada de la guerra de Irak, la conformidad se siguió aplicando hacia Libia, Siria Afganistán, Ucrania, Rusia, China, Venezuela, etc., etc.

En todos los lugares la meta era la misma: imponer la hegemonía USA para obligar a los dirigentes locales a plegarse a los dictados estadounidenses, llevándoles hacia las soluciones propias del “libre mercado” neoliberal, que fueron asimiladas con “democracia” aunque la mayoría de la población de los países afectados estaba en desacuerdo.

La ambigüedad en el lenguaje y en el pensamiento reemplazó a las políticas realistas. “Las comunicaciones estratégicas”, es decir, el uso agresivo de la propaganda para impulsar los intereses norteamericanos, era la consigna. “El poder inteligente”, la aplicación de sanciones financieras, amenaza de detenciones, golpes militares de corto alcance y otras formas de intimidación, fue otra.

Cada episodio de propaganda, tales como el ataque con gas sarín en Siria en 2013, o el derribo del Vuelo 17 de Malaysia Airlines sobre el este de Ucrania, fueron manipulados a fondo para poner a los adversarios a la defensiva, aunque los análisis de la inteligencia norteamericana dudaron de que las pruebas apoyaran las acusaciones.

La mentira en los más altos niveles del gobierno, pero especialmente entre los funcionarios veteranos del Departamento de Estado, se hizo epidémico. Tal vez algo peor, los “diplomáticos” parecían creerse su propia propaganda. Mientras, el grueso de los medios informativos estadounidenses experimentaban una caída en la órbita de la dominación neocon y el “trepe” en lo profesional, eliminando importantes noticias que controvertían las falsedades oficiales.

Victoria Nulland: ha nacido una estrella

La nueva estrella del Departamento de Estado, a la que se supone un apoyo de alto nivel por parte del presidente Clinton, es la neocon asistente a la Secretaría de Estado para Asuntos Europeos, Victoria Nulland, quien organizó el golpe de 2014 en Ucrania, derribando a un presidente electo con simpatías en Rusia y reemplazándole con un nacionalista de la línea dura, que lanzó violentos ataques militares contra la etnia rusa en el este que se resistió al golpe.

Cuando Rusia vino en ayuda de estos ciudadanos ucranianos enfrentados, lo que incluía aceptar la petición de Crimea para volver a Rusia, el Departamento de Estado y los mass media norteamericanos hablaron con una sola voz, lamentando la “invasión rusa”, y apoyando las maniobras militares de la OTAN en las mismísimas fronteras rusas para detener la “agresión rusa”.

Cualquiera que ose cuestionar este enfoque, que hunde al mundo en una peligrosa nueva Guerra Fría, se ve calificado como “apologista del Kremlin” o como “secuaz de Moscú”, lo mismo que los escépticos sobre la guerra de Irak eran despreciados como “apologistas de Saddam”. Virtualmente todas las figuras importantes del Washington oficial marchan en formación cerrada hacia guerras y más guerras (Victoria Nulland está casada con Robert Kagan, lo que les hace una de las parejas del poder supremo en Washington).

Este es el contexto de la última rebelión del Departamento de Estado contra las políticas más templadas de Obama en Siria. Con vistas a una probable presidencia de Hillary Clinton, estos 51 “diplomáticos” han firmado una “disconformidad”, que aboga por bombardear al ejército sirio para proteger a los rebeldes “moderados” que, en la medida en que existen, luchan principalmente bajo el paraguas del Frente Al Nosra de Al Qaeda, y sus cercanos aliados, Ahrar Al Sham.

El embrollo de esta “discrepancia” es que bombardeando al ejército sirio, el gobierno de Estados Unidos puede aumentar el poder de los rebeldes, y supuestamente obligar a Assad a negociar su propia sustitución. Pero no hay motivos para pensar que este plan pudiera funcionar.

A principios de 2014, cuando los rebeldes ostentaban una posición relativamente fuerte, Estados Unidos organizó una conferencia de paz dominada por los rebeldes que hicieron de la marcha de Assad una precondición y excluía la presencia de los aliados iraníes de Siria. No sorprendentemente, los representantes de Assad se fueron a casa y las conversaciones fracasaron. Ahora, mientras Assad mantiene una postura relativamente fuerte, respaldada por la potencia aérea de Rusia y las fuerzas de tierra iraníes, los diplomáticos “discrepantes” dicen que la paz es imposible, porque los rebeldes no están en condiciones de producir la salida de Assad. De esta forma, los “discrepantes” recomiendan que Estados Unidos aumente su papel en la guerra para aupar de nuevo a los rebeldes, pero esto solo significaría más exigencias maximalistas de los rebeldes.

La locura continuará y se hará aún más peligrosa

Esta proposición de una guerra más amplia acarrearía algunos graves riesgos, incluyendo la posibilidad de que el ejército sirio colapsara, abriendo las puertas de Damasco al Frente Al-Nosra de Al Qaeda y a sus aliados, o al Califato Islámico, un escenario que, como indica el New York Times, “el escrito no trata”.

Actualmente, el Califato Islámico, y en menor grado el Frente Al-Nosra, están en retirada, atacados por el ejército sirio y la fuerza aérea rusa, y por algunas fuerzas kurdas con apoyo norteamericano. Pero estas ganancias pueden ser fácilmente perdidas. También existe el riesgo de encender una guerra más amplia con Irán y/o Rusia.

Pero tales riesgos no son nuevos para los halcones neocons y liberales. Tienen esquemas ideados que pueden sonar bien en la conferencia de un think tank o en un artículo, pero fracasan ante la cruda verdad cuando normalmente los soldados norteamericanos se suponen que van a arreglar los problemas.

Hemos visto salir mal a las buenas intenciones en Irak, Afganistán, Libia, Ucrania e incluso en Siria, en donde la aquiescencia de Obama en proporcionar armas y entrenar a los denominados “unicornios”, los difíciles de detectar rebeldes “moderados”, contempló a esos combatientes y a sus armas absorbidos en las filas de Al Qaeda o del Califato Islámico.

Sin embargo, los halcones que controlan el Departamento de Estado, y que persiguen activamente la presidencia de Hillary Clinton nunca abandonarán estas locas ideas hasta que se haga un esfuerzo concertado que evalúe todos los fracasos que han causado a la política exterior de Estados Unidos.

Mientras esa evaluación no se haga, mientras el presidente de Estados Unidos no domine a estos belicistas, la locura continuará y se hará aún más peligrosa.

Robert Parry https://consortiumnews.com/2016/06/17/the-state-departments-collective-madness/

Estados Unidos ha convertido a Alemania en un ‘Estado vasallo’

A pesar de que hoy en día “Alemania tiene la capacidad de actuar en el escenario mundial como una fuerza independiente”, la política alemana sigue subordinada a los intereses de Estados Unidos, señala Dmitri Sedov en un artículo publicado en el portal ruso Fondsk (Fundación de Cultura Estratégica) (*).

Sin embargo, añade Sedov, Alemania es “un Estado vasallo” de Washington, lo que cual constituye “uno de los pilares del orden mundial moderno”, que se explica por cuatro factores fundamentales que derivan de la correlación de fuerzas que se originó al final de la Segunda Guerra Mundial.

Con la declaración de Washington y Londres después de la Segunda Guerra Mundial sobre la “inclusión de la Alemania derrotada en el concierto de las naciones libres de Europa”, Estados Unidos y Reino Unido pretendieron “descartar para siempre el resurgimiento de los alemanes como rivales y como jugadores mundiales capaces de pasarse al bando de los enemigos”.

El control de las potencias anglosajonas sobre Alemania se realiza por medio de cuatro instrumentos principales: las bases militares estadounidenses en Alemania, que albergan un arsenal de armas nucleares tácticas, las finanzas, los medios de comunicación y lo que Sedov califica como “americanización” de la oligarquía política alemana.

Para Estados Unidos y Alemania la Segunda Guerra Mundial no acabó nunca. Las tropas de ocupación de Estados Unidos siguen desde entonces estacionadas en suelo alemán, “lo que significa que la soberanía de la República Federal de Alemania sigue siendo limitada”.

Sedov cita al general retirado de Estados Unidos William Odom, que asesoró sobre cuestiones militares al consejero de seguridad nacional Zbigniew Brzezinski, y que además fue director adjunto del Estado Mayor del Ejército de Estados Unidos para la inteligencia y director de la Agencia Nacional de Seguridad.

De acuerdo con Odom, la OTAN no fue creada con el objetivo de protegerse de la amenaza soviética, sino como “un instrumento dirigido contra Alemania”.

El segundo factor de sometimiento es que Estados Unidos tiene secuestrado el oro alemán. En 1958 el presidente del Banco Central de Alemania, Karl Blessing, tuvo que firmar un acuerdo con Estados Unidos por el cual la mayor parte del oro alemán se tiene que guardar en el Banco de la Reserva Federal de Nueva York y Alemania no tiene la posibilidad de retirarlo.

En 2013 el Bundesbank anunció que quería repatriar a Alemania tanto las 374 toneladas depositadas en el Banco de Francia en París como las 300 toneladas almacenadas en la Reserva Federal de Nueva York. Sin embargo, al año siguiente el gobierno de Merkel abandonó la idea de que el oro volviera a Alemania.

Estados Unidos ha robado el oro alemán y posiblemente no lo puede devolver porque ya se lo ha gastado en su propio provecho.

El tercer factor es el control de Estados Unidos sobre los medios de comunicación alemanes, impuesto gracias a la participación de capital estadounidense en las empresas editoriales.

Los medios de comunicación alemanes “seleccionan de manera consciente y con habilidad” el flujo de “información” para imponer la ideología del atlantismo. El principal distribuidor de ese flujo es la Oficina de Impresión Federal, que está estrechamente vinculada al ACG (American Council on Germany, Consejo Estadounidense para Alemania), que trabaja bajo la tutela del Consejo de Relaciones Exteriores de Washington.

La ACG adopta la apariencia exterior de una ONG cuya tarea consiste en acercar a la burguesía alemana a la órbita política de Estados Unidos. Este es el cuarto factor que destaca Sedov: “El principal objetivo del ACG es imponer a los socios alemanes enfoques y estándares norteamericanos con los que se pretende debilitar su conexión con la tradición europea y convertirlos en los conductores de la política de la globalización”, agregando que “la mayor parte de la élite política alemana está ya ‘americanizada’”.

A la hora de buscar alternativas, la explicación de Sedov es infantil. No depende de la capacidad de Merkel ni de ningún otro político, sino de las contradicciones entre ambas potencias imperialistas. Con el tiempo dichas contradicciones se irán agudizando y Alemania tendrá que sacudirse la tutela de Estados Unidos.

(*) http://www.fondsk.ru/news/2016/06/06/amerikanskij-kapkan-dlja-angely-merkel-40694.html, https://actualidad.rt.com/actualidad/209652-eeuu-alemania-control-merkel-otan

El futuro de Europa es la guerra

Refugiados africanos atrapados en Calais
Franco Berardi ‘Bifo’

[…] La decisión de los trabajadores ingleses de hundir definitivamente la Unión Europea es un acto de desesperación que sigue a la violencia del ataque financiero que hace años empobrece a los trabajadores de todo el continente y de esa isla del carajo.

La City se preparaba para celebrar la enésima victoria de las finanzas, pero fue conseguida por los proletarios vueltos nacionalistas debido a la desesperación (y a la patética arrogancia imperialista blanca).

Sin embargo, no podemos descartar como fascistas las razones de aquellos que quieren salir de la trampa europea, ya que ha quedado totalmente demostrado que la UE no es (ni ha sido) más que un dispositivo de empobrecimiento de la sociedad, de precarización del trabajo y de concentración del poder en manos del sistema bancario. Buena parte de esas razones son comprensibles, tanto es así que la mayor parte del “leave” proviene de zonas obreras, mientras las fuerzas del poder financiero daban por hecha la victoria a pesar de los que en nombre de los “valores europeos” se dejan robar el salario.

Pero el problema no está en las razones, el problema está en las consecuencias. La UE hace tiempo que no existe, al menos desde julio de 2015, cuando Syriza fue humillada y el pueblo griego fue definitivamente sometido. ¿Necesitamos quizás una Europa más política, como repiten ritualmente las izquierdas al servicio de los bancos? Hace años que creemos en el cuento de hadas de una Europa que debe volverse más política y más democrática. También nosotros hemos creído en él, lamento decirlo, pero jamás ha sido una posibilidad real. La UE es una trampa financiera desde Maastricht.

Un artículo de Paolo Rumiz (“Come i Balcani”) publicado el pasado 23 en La Reppubblica dice algo que desde hace algún tiempo me parecía claro: el futuro de Europa es la Yugoslavia de 1992. Rumiz lo dice bien, solo que olvida el rol que el Deutsche Bank tuvo en el empujón que se le dio a los yugoslavos hacia la guerra civil (algo para lo que Wojtila también hizo su parte).

Ahora creo que debemos decirlo sin eufemismos: el futuro de Europa es la guerra. Su presente es la guerra contra los migrantes que ya ha costado decenas de miles de muertos y una cantidad incalculable de violencia. Quizás suene un poco antiguo, pero al menos para mí sigue siendo cierto que el capitalismo trae la guerra como la nube trae la tempestad.

¿Qué se hace en estos casos? ¿Se detiene la guerra imponiendo los intereses de la sociedad sobre los de las finanzas? Naturalmente que sí, cuando esto es posible. Pero hoy detener la guerra no es posible porque la guerra ya está en marcha, aunque hasta el momento los muertos sean decenas de miles de migrantes en un Mediterráneo en el que el agua salada ha sustituido al Zyklon B.

Los movimientos han sido destruidos uno tras otro. ¿Entonces? Entonces se pasa a la otra parte del adagio leniniano (señalo a quien le quede alguna duda que nunca he sido leninista y no pretendo ahora convertirme en uno). Se transforma la guerra imperialista en guerra civil revolucionaria.

¿Qué quiere decir esto? No lo sé, y nadie puede hoy saberlo. Pero en los próximos años creo que vamos a tener que pensar únicamente en esto. No en cómo salvar la UE, que se la lleve el diablo. No en cómo salvar la democracia que jamás ha existido. Sino en cómo transformar la guerra imperialista en guerra civil revolucionaria. Pacífica y sin armas, si es posible. Guerra de los saberes autónomos contra el control y la privatización.

[…]

Fuente: http://comune-info.net/2016/06/inglese-brexit/
http://anarquiacoronada.blogspot.com.es/2016/06/los-ingleses-se-han-largado-y-solos-nos.html

El Reino Unido le hace un favor a la Unión Europea

Tras el resultado del referéndum británico para abandonar la Unión Europea, Montserrat Mestre ha recordado un capítulo de la serie británica de televisión “Sí, Ministro” emitida en los ochenta por la BBC, considerada la mejor comedia política de todos los tiempos.

La serie muestra el funcionamiento de un ministerio inglés ficticio y los entresijos de la política británica. En una de las escenas el nuevo ministro de la cartera de Asuntos Administrativos mantiene el siguiente diálogo con el secretario:

Ministro: ¿Pero el Ministerio de Asuntos Exteriores no se da cuenta de que con estas políticas daña la idea de Europa?

Secretario : Estoy seguro de que sí y por eso las apoya.

– ¿Pero el ministerio no es proeuropeo?

– Sí y no. Es proeuropeo porque en realidad es antieuropeo. Toda la Administración estaba unida en su deseo de que el Mercado Común no tuviera éxito. Por eso entramos.

– ¿Qué quiere decir?

– Pues que Gran Bretaña tiene el mismo objetivo desde hace 500 años, crear una Europa desunida. Por eso hemos luchado con los holandeses contra los españoles, con los alemanes contra los franceses, con los franceses e italianos contra los alemanes y al lado de los franceses contra alemanes e italianos. Dividir para vencer. ¿Por qué tendríamos que cambiar?

Los guionistas de la televisión siempre lo han tenido más claro que los analistas políticos. En el diálogo no aparece ninguna de las tonterías con las que los “expertos” explican el Brexit. No se habla de economía, ni de la recuperación de una soberanía perdida, de un nuevo nacionalismo, etc.

Ahí de lo que se habla es de estrategia. Al menos desde hace 30 años estaba claro que el Reino Unido era un Caballo de Troya dentro de la Unión Europea. También estaba claro que su política no era “independiente” sino que formaba parte de la estrategia de Estados Unidos contra Europa.

Pero para entender eso primero hace falta darse cuenta de que no existe sintonía de Estados Unidos con la Unión Europea, por más que ambas partes guarden las apariencias, a costa de que los países del Viejo Continente se hayan visto arrastrados a todas y cada una de las operaciones estadounidenses en Ucrania, en Oriente Medio, en Afganistán y en el Báltico.

La salida del Reino Unido va definiendo mucho mejor los bloques imperialistas. Deja claro que este Continente no es una prioridad para Estados Unidos, que la Unión Europea es una nueva versión del III Reich, es decir, que responde a los intereses de Alemania, que la gran novedad histórica es el eje franco-alemán y que el siguiente polo de esa misma ecuación es la alianza de Alemania con Rusia.

Solución al Brexit: ¡cambiar de pueblo !

B.

En ciencia política, se suele decir que los referendums los organiza, cuando los monta, el poder, o, al menos, el Gobierno de turno, para ganarlos. Con el general Franco, si no había elecciones inorgánicas, las que conocemos, las había “orgánicas” (familia, municipio y sindicato, que se decía al gusto falangista), y también referéndums, y más de uno en pleno franquismo, que, por descontado, se ganaban por goleada, valga el símil futbolístico.

Resulta que en una democracia burguesa formal, o sea, que guardan las formas por lo menos, como la inglesa, se convoca un referéndum para que el pueblo decida si quiere salirse de la Unión Europea o seguir en ella, convocado por un Gobierno conservador (aunque dividido en sus filas al igual que la “izquierda”), y lo pierde. Inmediatamente se tacha al premier británico, David Cameron (que ya ha dimitido, por cierto) de “irresponsable”, sobre todo desde el Estado español y es que, se ha oído decir, “los referéndums los carga el diablo”, como las escopetas, al parecer. No importa el referéndum en sí ni lo democrático que supone en sí mismo, algo que no se debería discutir si se va de “demócrata” por la vida, sino que el hecho de convocarlo es un acto “irresponsable”. Y, sobre todo y encima, si el resultado de la consulta es negativo para la Europa de los mercaderes. Esos referéndums dan pie al “populismo” -nuevo mantra que aquí se adjudica a “Podemos” cuyo líder, Iglesias, acaba de decir que ellos son “la ley, el orden y las instituciones” frente a los “antisistema” que serían “la casta”, un auténtico liante si no se estuviera ya avisado de las mañas de estos tahúres- o a partidos de extrema derecha europeos que se suben al carro para pedir referéndums en sus países.

Afortunadamente, en España no ocurren estas cosas. El Gobierno, el que sea no importa su pelaje, es “responsable” y, por tanto, nos ahorrará la aventura de preguntarnos que qué cojones opinamos sobre esto, lo otro o lo de más allá (no vaya a pasar como los referéndums que se convocaron sobre la adhesión a Europa que rechazaron algunos países y volvieron a convocar hasta que saliera el “sí” gubernamental aburriendo al personal). Esto no es Suiza. Ni la “Pérfida Albión”, Gran Bretaña donde ya se arriesgó el Gobierno de Cameron con Escocia, y le salió bien, pero ahora no, ahora ha provocado un “terremoto”. Ya será menos…

Buenas tardes.

Marruecos arroja la toalla en Yemen

Altos mandos militares de Marruecos han anunciado públicamente que sus tropas abandonan la coalición dirigida por Arabia saudí que ha invadido Yemen.

Los 1.500 mercenarios marroquíes volverán a su país, poniendo fin a la agresión militar en aquel país árabe.

El pasado mes de diciembre, Marruecos envió 1.500 soldados del Ejército de Tierra para apoyar la agresión militar que encabeza Riad contra Yemen y las desplegó en la base aérea de Rey Jaled, sita en el suroeste de Arabia saudí.

El anuncio marroquí se produce después de que el ministro emiratí de Asuntos Exteriores, Anwar Qarqash, también anunciara el pasado 15 de junio el fin de la operación militar de su país contra Yemen.

No obstante, Qarqash afirmó que su país todavía está en guerra contra Yemen.

La agresión militar extranjera, llamada Operación Tormenta Decisiva por los saudíes, comenzó el 25 de marzo de 2015 con una ofensiva de bombardeos aéreos sobre la población yemení.

La guerra había comenzado en setiembre del año anterior, cuando los rebeldes hutis conquistaron la capital Saná tras un levantamiento de la población contra el gobierno.

El 19 de enero de 2015 los hutis disolvieron el parlamento y el presidente Hadi dimitió, aunque posteriormente logró huir y retiró su dimisión.

Estados Unidos está prestando apoyo logístico a la brutal campaña de bombardeos saudíes contra la población. También ha desplegado a sus fuerzas de operaciones especiales.

La excusa para la presencia de tropas en Yemen es la “lucha” contra Al-Qaeda en la Península Arábiga (AQAP).

A principios de mayo, el Pentágono también envió más de 200 marines a la ciudad portuaria de Al-Mukala en una misión independiente para evaluar la seguridad y el tamaño de las figuras locales que podrían cooperar con Estados Unidos en el futuro.

El reciente despliegue de tropas estadounidenses en Yemen se ha ampliado un año después de que el 21 de marzo del pasado año el Pentágono las retirase “debido al deterioro de la seguridad”.

Lo cierto es que la salida de sus tropas se produjo un día después de que Al-Qaeda capturase la ciudad de Al-Huta, situada en el suroeste de Yemen, muy cerca a la base aérea estadounidense de Al-Anad.

Los nazis ucranianos se divierten en la Eurocopa

El periódico deportivo francés L’Equipe publica una información denunciando la presencia de nazis ucranianos en las gradas de los estadios franceses para ver el partido de su selección nacional, finalmente eliminada de la competición.

Se trata de milicianos del Batallón Azov, reconocibles por sus tatuajes, que se corresponden con los distintos nazis de su organización y otros conocidos símbolos de las SS, como el sol negro o la cruz gamada.

El reglamento de la UEFA prohibe la exhibición de simbología fascista en los partidos que organiza, por lo que los nazis hubieran debido ser expulsados, tanto de los estadios como de Francia.

En medio de un despliegue policial y militar sin precedentes, la prensa francesa se pregunta cómo es posible que hayan permitido la presencia de criminales en las ciudades francesas.

Es preferible prohibir las manifestaciones obreras contra la reforma sindical que las que llevan a cabo los fascistas.

Fuente: http://www.lequipe.fr/Football/Actualites/Des-tatouages-nazis-de-supporters-ukrainiens-filmes-dans-les-tribunes-a-lyon/696083

Los vínculos de los Mateen y los Tsarnaiev con la CIA

El padre de Omar Mateen –el individuo que mató unos 50 miembros de la comunidad gay de Orlando (Florida)– trabajó para los servicios de inteligencia de Estados Unidos en Afganistán durante la guerra de 1979-1989 contra el gobierno de aquel país y su aliado soviético. Seddique Mir Mateen emigró posteriormente a Estados Unidos, donde nació su hijo Omar, tristemente célebre desde hace unos días.

Seddique Mir Mateen dirige medios de comunicación dirigidos a los afganos residentes en el exterior. Actualmente presenta un programa titulado Durand Jirga Show, difundido a través de la televisión satelital Payam-e-Afghan (con base en San Francisco).

Originario de una tribu pashtún, el padre de Omar Mateen respalda a los talibanes, sucesores de los “Muyahidines de la Libertad” que la CIA había organizado junto al millonario saudita Osama ben Laden para luchar contra los soviéticos. Desde que el anterior presidente afgano Hamid Karzai salió del poder, en septiembre de 2014, Seddique Mir Mateen rechaza el compromiso entre Ashraf Ghani y Abdullah Abdullah y se autoproclama presidente de Afganistán en el exilio.

Su hijo, Omar Mateen, era empleado de la transnacional de servicios de seguridad G4S. Nunca fue considerado un individuo radicalizado, ni en el plano político ni en materia de religión. Aunque era casado, Omar Mateen frecuentaba el club nocturno gay donde perpetró la masacre y se sabe que había mantenido relaciones sexuales con al menos otro cliente.

Los hermanos Djokhar y Tamerlan Tsarnaev, señalados como autores del doble atentado con bombas perpetrado el 15 de abril de 2013 contra los participantes en el maratón de Boston, eran sobrinos políticos de Graham E. Fuller, un ex alto responsable de la CIA que dirigió las operaciones en Afganistán.

Ansor Tsarnaev, padre de los hermanos Tsarnaev, es un checheno que colaboró con la CIA en tiempos de la Unión Soviética, antes de emigrar a Estados Unidos. El mayor de los hermanos Tsarnaev, Tamerlan, había participado en 2012 en un seminario de la asociación georgiana Fondo para el Cáucaso (Кавказский фонд). Esta ONG, creada por la Fundación Jamestown, creada a su vez por la CIA, se dedicaba al reclutamiento y la formación de jóvenes con intenciones de utilizarlos para “desestabilizar Rusia”.

Los hermanos Tsarnaev tampoco habían sido detectados ni clasificados como individuos radicalizados en el plano político o religioso.

El analista estadounidense Webster Tarpley señala la existencia de lo que llama “el esquema ya familiar: ex combatientes extranjeros, que han trabajado para la CIA o el Departamento de Estado en alguna zona de conflicto, emigran a Estados Unidos para vivir el ‘sueño americano’. Se mantienen en estrecho contacto con la comunidad de inteligencia estadounidense y sus hijos –a menudo nacidos en EEUU– se dedican a participar en operaciones terroristas, al estilo de la nobleza europea, en la que el hijo menor estaba destinado a hacer carrera como militar”.

Fuente: http://www.voltairenet.org/article192367.html

El gobierno francés prohíbe una manifestación por primera vez desde hace decenios

Esta mañana el gobierno francés ha prohibido una manifestación contra la reforma laboral, un hecho inédito que no se producía desde hacía más de medio siglo.

La decisión la ha tomado el prefecto después de que siete sindicatos rechazaran limitar la protesta a una concentración que la policía podría controlar más fácilmente.

En un comunicado, los dirigentes de los sindicatos FO y CGT, Jean Claude Mailly y Philippe Martinez, han reaccionado exigiendo ser recibidos inmediatamente por el ministro del interior Bernard Cazeneuve.

Las amenazas de la policía no han surtido ningún efecto. Ayer 130.000 personas firmaron un manifiesto afirmando que no respetarán la prohibición de manifestarse impuesta por el prefecto.

La prohibición de una manifestación en Francia es un hecho sin precedentes, según ha reconocido el diputado socialista Christian Paul, uno de los que más enérgicamente se oponen a la reforma laboral de su partido.

Hay que remontarse a 1958 para encontrar la vez anterior que se prohibió una manifestación convocada por los sindicatos.

Mailly, el dirigente de FO (Fuerza Obrera), ha afirmado a la radio RMC que su el gobierno prohibía la manifestación, habría que incluir a Francia en el pelotón de países a los que no se puede calificar de democráticos.

Los dirigentes sindicales ponen de manifesto una increíble escalada “autoritaria” por parte del gobierno de Manuel Valls para hacer frente a las multitudinarias protestas obreras que recorren las calles francesas desde el mes de febrero.

Son varios los medios que han hablado abiertamente de “guerra civil” para describir el clima de enfrentamientos y sabotajes cotidianos, que ya han causado un número elevado de heridos y decenas de detenidos.

El clima de “guerra civil” en Francia se desata en medio del estado de emergencia impuesto desde hace meses por los atentados yihadistas de París, que el gobierno socialista de Hollande y Valls ha venido prorrogando sin ningún fundamento.

La socialdemocracia vuelve a demostrar que no sólo es la fuerza de choque encargada de intensificar la explotación de la clase obrera, sino también de imponer el clima de terror que necesariamente los acompaña.

El silencio sobre un crimen contra la humanidad muy inconveniente

“Las violaciones de derechos de la minoría musulmana de los rohingyas en Birmania, especialmente el derecho de ciudadanía, los trabajos forzados y las agresiones sexuales, podrían ser consideradas como crímenes contra la humanidad”, advirtió el lunes un informe de la ONU.

El documento del Alto Comisariado de la ONU para los derechos humanos analiza el tratamiento de las minorías étnicas y religiosas en el país asiático y denuncia importantes crímenes cometidos contra la minoría musulmana, llamados rohingyas.

La ONU considera que dichos crímenes son sistemáticos y tienen una enorme amplitud, lo que puede desembocar en una acusación contra Birmania por crímenes contra la humanidad ante un tribunal internacional.

A causa de los saqueos, los incendios y los matanzas los rohingyas huyen de Birmania hacia los países vecinos, muchos de ellos atravesando el océano en patera y muriendo por centenares en el trayecto.

Sin embargo, desde siempre su grave situación es objeto de un silencio absoluto que forma parte de la ola islamofóbica que -de forma sistemática- convierte a los musulmanes en autores y en ningún caso de víctimas de crímenes atroces.

El silencio no sólo es mediático sino que concierne muy especialmente a las ONG, una de cuyas tareas es la denuncia de hechos tan graves como los que padecen los rohingyas. Cabe exceptuar a Humans Rights Watch, que el año pasado publicó un estremecedor informe de 170 páginas.

Se titulaba “All you can do is pray, Crimes against Humanity and ethnic cleansing of Rohingya Muslims in Burma’s Arakan State” (Todo lo que Usted puede hacer es rezar. Los crímenes contra la humanidad y la limppieza étnica de los musulmanes rohingya en el Estado birnamo de Arakan). Antes se podía leer en una dirección de internet (http://www.hrw.org/sites/default/files/report/burmah0413) que ya no existe.

Otra excepción es la del Centro Skjodt para la prevención de los genocidios, dependiente del Museo del Holocausto de Washington, que envió a un equipo de expertos en marzo de pasado año, pero sus conclusiones no han tenido ningún eco.

Pero el colmo del cinismo llega en abril del año pasado de la mano de los campeones del cinismo, la Comisión Europea, que publica un informe canallesco (“The Rohyngia Crisis, EchofactSheet”) en donde la situación de los rohingya se califica como una “crisis humanitaria” o conflicto entre dos colectivos humanos provocado por el control de los recursos naturales.

El tratamiento propagandístico discriminatorio que lleva a cabo el imperialismo privilegia al budismo porque los medios de propaganda del imperialismo no sólo crean países buenos y malos, sino también religiones buenas y malas de manera esencial, es decir, que una religión -cualquiera que sea- es la misma por encima de factores tales como el país, el lugar, la clase social, el Estado, la cultura o la confesionalidad.

En este reparto de papeles, el budismo siempre es bueno por sí mismo y sus practicantes se nos muestran como gentes pacíficas.

A pesar de la dramática situación de los musulmanes birmanos, los imperialistas no han impuesto ningún bloqueo contra el país, ni han declarado una guerra contra su gobierno para derrocarlo y democratizarlo.

La burguesía siempre discrimina. Además de cadáveres, establece minorías de primera y de segunda.

Más información:
Cuando el terror viste ropajes budistas:
https://mpr21.info/2015/11/cuando-el-terror-se-viste-de-monje.html

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