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El soviético que descifró el código maya

Yuri nació en Járkov (actualmente Ucrania) en 1922. De pequeño le gustaba tocar el violín, dibujar, escribir poesía. Siempre era un niño introvertido, solitario, enamorado de los libros. En 1940 ingresó en la facultad de Historia de la Universidad Estatal de Moscú Lomonósov, pero poco tiempo después, cuando empezó la Segunda Guerra Mundial, se alistó al ejército como soldado de artillería.

En mayo en 1945 formó parte de las tropas soviéticas que entraron en Berlín. Allí, en medio del caos, rescató dos libros que marcaron el rumbo de su vida. Hay fuentes que afirman que Knorozov logró salvar los libros de un incendio, pero el propio lingüista lo desmintió en una entrevista: “Es una leyenda. No hubo ningún incendio. Las autoridades alemanas prepararon la biblioteca [actualmente la Biblioteca de Berlín] “para su evacuación y tenían que llevarla supuestamente a los Alpes, en Austria. Los libros colocados en cajas estaban en medio de la calle. Entonces, escogí dos”, confesó el científico.

Aquellos libros fueron la edición de 1933 de Los códices mayas de los hermanos Villacorta y Relación de las cosas de Yucatán de Diego de Landa. El joven Yuri todavía no tenía claro lo que iba a hacer con estas obras, pero sentía una atracción irresistible por la cultura maya. Su amigos y alumnos cuentan que de joven leyó un artículo sobre la historia de los maya y se quedó con ganas de saber más de esa civilización.

Knorozov volvió a Moscú con este “trofeo” de guerra. Continuó sus estudios de egiptología, la lengua árabe y los sistemas de escritura de la antigua India y China en la Universidad Lomonósov de Moscú. Después de defender su tesis, se fue a Leningrado donde ingresó en el Instituto de Etnografía para dedicarse por completo al estudio de la escritura maya.

Muchos pensaban que era una locura, que Knorozov no lo iba a conseguir, que era demasiado joven e inexperto para eso. Sin embargo, su maestro, Serguei Tokarev, confiaba en él y le apoyó plenamente, aunque tuvo que advertir a su alumno de que el camino iba a ser muy largo y lleno de dificultades. Los académicos dejaron a Knorozov seguir su propia metodología. Entonces, el científico se puso manos a la obra.

“Cuando era estudiante, leí el artículo ‘El desciframiento de la escritura maya: problema irresoluble’ del prestigioso investigador alemán, Paul Schellhas”, cuenta Knorozov en una entrevista. “Decidí que no podía aceptar su tesis. ¿Cómo puede ser un problema irresoluble? Mi tesis era y siempre será la misma: lo que fue creado por una mente humana puede ser entendido por otra mente humana. En este sentido, los problemas sin solución no existen y no debe existir en ninguna área científica”, afirmó Yuri. Y así fue.

Yuri empezó por el alfabeto del fray Diego de Landa, un misionero español de la Orden Franciscana en Yucatán que fue obispo de esa misma provincia en los años 1570 e hizo las primeras investigaciones de las escrituras mayas. “En realidad, no hice nada -contaba Knorozov- solo seguí a Landa. Y es así cómo llegué al éxito”.

A lo largo de cinco siglos, cientos de científicos intentaron descifrar el código maya, sin embrago, solo lo consiguió el ruso Knorozov. Yuri encontró los fallos en la metodología de Diego de Landa, lo que le llevó al descubrimiento del código maya. Landa quería encontrar un equivalente de los signos mayas para cada letra del alfabeto español, pero no había equivalencia, ya que la escritura maya era silábica. Knorozov averiguó que la lectura estaba compuesta por 355 signos de los códices, y estos signos correspondían con la escritura fonética y morfémico-silabica. Es decir, los glifos escritos por los mayas contenían tanto logogramas (signos que representan una palabra entera), como signos fonéticos. Esa fue la clave que le permitió descifrar la escritura maya.

Cuando le preguntaban a Knorozov por qué fue precisamente él quien lo consiguió, el científico respondió que la gran mayoría de los que lo intentaron habían sido arqueólogos, mientras que él era lingüista.

Pero el descubrimiento no tuvo reconocimiento internacional. Knorozov publicó sus primeros artículos en 1952. Sus obras desataron una gran polémica por todo el mundo. Su principal rival fue el británico Eric Thompson, el especialista en mayas más respetado de la época. Frente a él, Knorozov era un don nadie, un representante de la ciencia soviética basada en los principios del marxismo-leninismo. La Guerra Fría también se desató en el campo lingüístico. Thompson incluso llegó a cuestionar la integridad personal y científica de Knorozov. Tuvieron que pasar más de veinte años para que el mundo reconociera el descubrimiento de Knorozov.

En 1992 el investigador británico Michael Coe publicó el libro “Breaking the Maya Code (Rompiendo el Código Maya, en español) en el que reconoció oficialmente el acierto de Knorozov y los errores de su compatriota. “Todos ahora somos “knorozovistas”, dijo Coe en una entrevista.

Lo curioso es que Knorozov hizo el descubrimiento sin haber estado nunca en las tierras de los mayas. Y, por cierto, tampoco hablaba español. La URSS era un país cerrado, de hecho, trabajar sobre un tema tan poco relevante (en los ojos del gobierno soviético) como las escrituras mayas, era en sí un reto para el científico. Su primer viaje a Centroamérica Knorozov hizo en 1990, 38 años después de su descubrimiento. Entonces, visitó Guatemala invitado por el presidente del país, que le entregó la gran Orden del Quetzal, la distinción más importante del gobierno guatemalteco.

En 1994 el gobierno mexicano le otorgó la Orden Mexicana del Águila Azteca en la Embajada de México en Moscú. En 1995 Knorozov visitó México para participar en el III Congreso Internacional de Mayistas y en 1997 el científico emprendió su último viaje a México, donde visitó varios sitios arqueológicos de Yucatán.

En los años posteriores al desciframiento, Knorozov leyó un sinfín de textos, sobre todo los que estaba grabados en las vasijas, e hizo importantes observaciones sobre el mundo maya.

Por ejemplo, averiguó que en Palenque debía de haber la tumba de una mujer. Y efectivamente, en 1995 se descubrió allí la tumba de la Reina Roja (se llamaba así por la cantidad de cinabrio rojo que la cubría).

Yuri Knorozov murió en 1991 en San Petersburgo a causa de un derrame cerebral que se le complicó con una neumonía, que desarrolló en un hospital donde no estuvo debidamente atendido.

Poco antes de su muerte Knorozov explicó en una entrevista por qué dedicó toda su vida a la cultura maya: “La creación de una civilización que se puede comparar con las del Antiguo Oriente fue lo que me fascinó a mí y a todos los investigadores. Además, creo que los mayas consiguieron hacer una observaciones más exactas que las del Viejo Mundo. Por ejemplo, su zodiaco tenía 13 constelaciones, mientras que en el Viejo Mundo se conocían 12. Pero los mayas tenían razón: son 13 constelaciones. También su sistema de numeración está perfectamente elaborado, su observaciones históricas y astronómicas. En ciertos aspectos, sus logros superaron los del Viejo Mundo realizados al mismo tiempo”, afirmó el científico.

—http://es.rbth.com/technologias/ciencia/2017/02/20/el-ruso-que-descifro-el-codigo-maya_706061

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Se multiplican las acusaciones contra la policía francesa por violar a los detenidos

Cuando aún no se ha apagado el eco de las manifestaciones por la violación del joven negro Theo Luhaka, en la localidad de Bobigny, cercana a París, se ha abierto otro juicio esta mañana contra otro policía acusado de violar a otro detenido con su porra en 2015.

Durante la detención, uno de los policías le introdujo su porra por el recto a un joven de 27 años en el furgón en el que le encerró para trasladarle a la comisaría.

Lo mismo que en el caso de Theo Luhaka, el detenido también tuvo que ser ingresado de urgencia en un hospital para ser operado de un desgarro. Tuvo que estar ingresado durante 10 días bajo observación médica.

El informe de los facultativos que le atendieron dejaron constancia de la brutal violación del detenido y el juez ordenó la detención de tres de los policías que intervinieron en la agresión. A uno de ellos le intervinieron la porra con restos de ADN.

El abogado del detenido acusa a los tres policías de participar en una “violación colectiva”, mientras que el fiscal sólo ha pedido seis meses de prisión para el autor material de la agresión sexual.

Las torturas de la policía francesa son un tabú en un país que alardea de ser la patria de los derechos humanos, motivo por el cual agrede a terceros países, como Libia, Mali o Siria.

Pero dentro de la policía se han creado “brigadas de apoyo” que atacan por la noche los barrios obreros de las grandes ciudades, deteniendo, golpeando y agrediendo a los jóvenes. En algunos casos, los detenidos han referido a los jueces violaciones, especialmente con la introducción de los dedos en el ano.

Los barrios viven en un estado de terror policial permanente. Los casos se repiten asiduamente en el caso de minorías raciales, habiéndose denunciado casos de violaciones anales colectivas por parte de la policía, así como de pedofilia, además de los habituales insultos y ofensas verbales.

Las violaciones de los detenidos van seguidas de amenazas, incluso a los familiares, en el caso de que las torturas se denuncien, si bien algunas han trascendido incluso a la prensa (1). Recientemente un profesor universitario denunció que la policía le amenazó con detenerle y violarle porque había grabado la detención violenta de un joven en el metro de París.

Una turista canadiense fue violada en los locales de la dirección regional de la policía judicial en París y a pesar de que los violadores se vanagloriaron de su fechoría a través de mensajes de SMS, el tribunal los absolvió porque los mensajes desaparecieron “misteriosamente” en el propio tribunal que juzgaba el caso (2).

En 1999 Francia fue condenada por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos por las torturas padecidas por un detenido, que incluyeron ataques sexuales con las porras. No obstante, hasta enero de este año sólo hay un policía condenado por agresiones parecidas, que no cumplió el castigo impuesto ya que el tribunal le concedió el beneficio de la remisión condicional de la pena.

(1) http://www.lemonde.fr/police-justice/article/2015/12/18/espece-de-libanais-de-merde-connards-sales-noirs-des-adolescents-portent-plainte-pour-violences-policieres_4834472_1653578.html

(2) https://rebellyon.info/Justice-pour-Theo-et-pour-tous-les-autres-17468

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Mueren cuatro militares rusos en Siria al estallar una mina al paso de su vehículo

Alexander Projorenko
El jueves cuatro militares rusos murieron en Siria al estallar un explosivo al paso del vehículo en el que viajaban en la ciudad de Homs, en el centro de Siria.

Una mina activada a distancia causó la muerte de los cuatro soldados rusos e hirió a otros dos. El vehículo formaba parte de un convoy del ejército regular sirio que marchaba hacia Homs desde el aeropuerto de Tiyas.

El Ministerio ruso de Defensa no ha proporcionado datos oficiales del número de bajas rusas desde que en setiembre de 2015 se inició la intervención en Siria del ejército de aquel país.

El 7 de diciembre de pasado año se informó que el coronel Ruslán Galitski había fallecido a raíz de un ataque artillero contra uno de los barrios residenciales de Alepo.

Dos días antes se dio a conocer que dos médicas rusas murieron en un ataque contra un hospital de campaña en Alepo.

El 1 de agosto un helicóptero ruso Mi-8, que realizaba una misión humanitaria, fue derribado en la provincia de Idlib.

El 22 de julio se dio a conocer que el soldado ruso Nikita Shevchenko fue asesinado en la provincia siria de Alepo cuando acompañaba a una caravana de vehículos del Centro ruso para la Reconciliación en Siria que trasladaba alimentos y agua para los habitantes locales.

En la entrada a una localidad cerca del automóvil en el que iba detonó un explosivo colocado por los yihadistas.

El 8 de julio dos pilotos rusos, el coronel Riafagat Jabibulin y el teniente Evgueni Dolguin, murieron a bordo de un helicóptero Mi-25 que fue alcanzado por un proyectil disparado desde tierra.

El ataque se produjo en la provincia de Homs, poco después de que los pilotos rusos atacaran un grupo del Califato Islámico que intentaba romper las defensas del ejército sirio en la zona.

El 19 de junio el Ministerio ruso de Defensa informó de la muerte del sargento Andréi Timoshenkov, un guardia militar del convoy humanitario del Centro ruso para la Reconciliación en Siria, que detuvo el vehículo de un terrorista suicida que lo hizo explotar.

En mayo otro militar que murió en una misión de combate en Siria, Asker Bizhoev, recibió en su natal Kabardia-Balkaria, una condecoración póstuma del presidente ruso.

En mayo murieron los militares Antón Yeriguin y Mijail Shirokopoyas por ataques de los yihadistas.

El 12 de abril un helicóptero Mi-28N Cazador Nocturno de las Fuerzas Armadas de Rusia se estrelló en el área de la ciudad de Homs en Siria y los dos miembros de la tripulación murieron en el accidente.

El 24 de marzo un portavoz de los militares rusos de la base aérea Hmeymim en Siria informó que el oficial ruso Alexandr Projorenko había fallecido en un ataque aéreo después de proporcionar coordenadas a las Fuerzas Aéreas de Rusia sobre objetivos del Califato Islámico en la región de Palmira.

El 1 de febrero a raíz de un ataque de mortero de los yihadistas de Daesh contra una guarnición militar, donde se ubica una de las unidades del Ejército sirio, un asesor militar ruso Iván Cheremisin fue herido de muerte.

El 25 de noviembre de 2015 fue enterrado otro oficial ruso fallecido en Siria, Fiodor Zhuravliov, que perdió la vida mientras guiaba los misiles estratégicos de largo alcance.

El 24 de noviembre cuando el Su-24 ruso fue derribado por F-16 turco sobre el territorio sirio, murieron el piloto Oleg Peshkov —al catapultarse tras ser atacado desde tierra— y otro militar ruso que participaba en la operación de rescate del copiloto.

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El ejército sirio se apresta a desatar una batalla de gran envergadura en dirección a Raqqa

En un artículo publicado en el sitio gazeta.ru, el analista militar ruso Yuri Larogov anuncia una “gran batalla” en Siria para impedir el avance del ejército turco en el norte y el desmembramiento de Siria en pedazos.

Larogov estima que dicha batalla se producirá en el término de dos meses, siendo Raqqa la dirección que tomará la ofensiva, donde no solamente atacarán las posiciones del Califato Islámico, sino también las del Frente Al-Nosra, ya que ambas organizaciones están fuera de las conversaciones de Astana.

Desde comienzos de este año la prensa iraní viene lanzando un dardo tras otro contra Erdogan, un bien índice de que el eje que se había formado durante la Guerra de Siria empieza a resquebrajarse. Según los iraníes el bombardeo ruso en el que murieron tres soldados turcos no fue ningún error sino una advertencia claramente dirigida a poner los límites a la intervención turca en el norte de Siria.

El analista ruso considera que el ejército turco pretende imponer por su cuenta las “zonas de seguridad” de las que habló Trump, para lo cual ha ocupado una gran parte de territorio en el norte de Siria, obligando al gobierno de Damasco a denunciar la invasión ante el Consejo de Seguridad de la ONU.

Ahora la prensa rusa se une a la iraní y Larogov asegura que el ejército sirio debe tomar el control de Al-Bab, desalojando a los turcos de la ciudad. La “gran batalla” de Siria tiene el visto bueno de Rusia porque Turquía no está cumpliendo con los compromisos contraídos con Rusia, lo que califica como “un golpe de Estado”. Recientemente el nuevo director de la CIA, Mike Pompeo, ha estado en Ankara, su primer viaje después de la llegada de Trump a la Casa Blanca.

El gobierno turco tiene buenas expectativas, por lo que han empezado a emitir declaraciones cada vez más confusas, especialmente sobre el asalto a Raqqa, una tarea complicada a la vista de las debilidades que ha mostrado el ejército turco para capturar Al-Bab.

Un indicio de que las relaciones de Erdogan con Estados Unidos pueden mejorar es la inminente suspensión de la ayuda del Pentágono a las milicias kurdas de PYG, que van a ser sustuitidas por Emiratos Árabes Unidos. Eso explica que en la reciente gira de Erdogan por varios países árabes se haya suspendido su visita a Abu Dabi sin ninguna clase de explicaciones.

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Ataques con cócteles Molotov a la sede de Syriza en Atenas

Esta mañana un comando integrado por varias personas disfrazadas con máscaras de carnaval han lanzado varios cócteles Molotov contra la sede de Syriza, el partido del primer ministro griego, Alexis Tsipras, en el centro de Atenas sin causar víctimas pero sí daños materiales.

El comando arrojó dos o tres cócteles incendiarios que dañaron dos vehículos aparcados en las inmediaciones del edificio y ennegrecieron las paredes de la fachada.

El ataque se produce cuando, ante el fracaso de los anteriores, el gobierno de Tsipras se dispone a mendigar mañana lunes un tercer rescate a la Unión Europea.

Los ministros de Economía y Finanzas de la zona euro reanudan sus conversaciones sobre otro rescate, para lo cual los acreedores de Grecia (Banco Central Europeo, Comisión Europea), así como el FMI, exigen más ajustes, que se sumarían a los anteriores.

En total, 3.600 millones más de recortes. Exigen que las familias que ahora están exentas de pagan impuestos a causa de pobreza extrema, lo hagan. Quieren que el gobierno siga liquidando las pocas propiedades que aún están en manos públicas. Reclaman una nueva rebaja de las pensiones, una nueva reforma laboral…

El servilismo de Syriza no ha servido para nada y en julio estará al borde de la suspensión de pagos, otra vez. En solo cuatro años ha rebajado en 12 ocasiones las pensiones y los sueldos públicos. El dinero de los anteriores rescates a ido a pagar deudas, es decir, a manos de los bancos.

Mientras, Grecia sigue exactamente donde estaba, a punto de ahogarse. La cuarte parte de la población está declarada pobre oficialmente. En los últimos cuatro años, más de 2.500 personas se han suicidado. Desde que empezó la crisis hasta hoy, más de una persona se ha suicidado cada día.

Los trabajadores, los jubilados, los parados… todos han perdido la paciencia por completo; no pueden aguantar ningún recorte más y empiezan a echar mano de la gasolina.

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El yihadismo como arma de guerra no convencional del imperialismo

Alejandra Loucau

La nueva cúpula de la CIA, presidida por Mike Pompeo, el flamante jefe mundial de espías y operaciones encubiertas elegido por el presidente Trump, hizo entrega de un premio al príncipe heredero saudí, Mohamad bin Nayef bin Abdulaziz Al Saud, en honor a su “lucha antiterrorista y sus contribuciones para asegurar la paz y la seguridad internacional”. Demasiadas ironías en una sola oración.

Inmediatamente después de este escandaloso acto condecorativo, numerosos analistas se aprestaron a juzgar el hecho como “una broma de mal gusto”, teniendo en cuenta no sólo la responsabilidad de la CIA en la creación y organización de las principales redes terroristas en todo el mundo, especialmente árabe, sino también el oscuro prontuario del reino saudí en el financiamiento y reclutamiento de los grupos extremistas activos en la región mediooriental. Pero el hecho en sí no sólo se trata de un acto de hipocresía de los que nos tienen acostumbrados los miembros de la alta política global; expresa además un elemento de continuidad en materia de política exterior que indica ciertos indicios de la relación entre el presidente Trump y su aún incierta estrategia hacia esta zona invadida, saqueada y destruida por las distintas caras de la intervención imperialista durante las últimas décadas.

Antes de adentrarnos en especulaciones debemos pensar qué tan ciertas o posibles pueden ser las ideas del nuevo presidente norteamericano, respecto a las intenciones declaradas de acabar “realmente” con Daesh y Al-Qaeda y, por decantación, con la estrategia de la CIA de utilizar al terrorismo como arma de guerra “no convencional” contra gobiernos opuestos a los planes norteamericanos. Para analizar este tema debemos tener en cuenta algunos elementos.

Después de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos creó oficialmente la CIA como parte fundamental de una nueva estructura de dominación global. La llamada Guerra de cuarta generación fue introducida en la doctrina militar norteamericana muchas décadas antes, pero cobró impulso en esta época como un cambio cualitativo en la forma de ejercer el poder. Así, Estados Unidos reemplazó la vieja doctrina de lo que Eric Hobsbawn llamó el  “imperialismo formal” (a través del cual las potencias coloniales dominaban y administraban de forma directa los pueblos subyugados militar y económicamente) por una doctrina más “informal” de dominación imperialista, que se desligó del problema de la administración colonial y la ocupación militar permanente, optando por utilizar mecanismos más indirectos, claro está, sin abandonar nunca la táctica de la intervención militar directa.

Tal orientación implicó, en el plano militar, el desarrollo de técnicas no convencionales y el uso de lo que se conoce actualmente como “guerra en las sombras” o “guerra sucia” para ejercer el dominio sobre países cuyos gobiernos eran hostiles a sus designios o ejercían algún tipo de obstáculo para los intereses de los capitales transnacionales. La manipulación de los medios de comunicación, la organización de atentados y asesinatos políticos, la tortura sistemática, el reclutamiento de mercenarios, etc. fueron elementos empleados en el marco de esta estrategia. El terrorismo fue apropiado por la CIA como un método ‘anónimo’ para producir el caos, la desestabilización o a la eliminación de actores políticos a escala internacional.

Hacia el final de la Guerra Fría surgió la Doctrina Reagan que comenzó a considerarse válida contra gobiernos o grupos con respaldo soviético, y que, años después, fue revitalizada ante los atentados del 11-S por la Doctrina Bush, que implicó el desarrollo de tácticas usadas contra diferentes insurgencias, el radicalismo, el crimen transnacional y otras actividades que se empezaban a denominar genéricamente como terroristas. Desde este punto de vista, se introducía una concepción de guerra total basada en operaciones políticas y psicológicas enmarcadas en conflictos de baja intensidad. De esta manera, la estrategia militar utilizada en este tipo de conflictos se convertía en política.

Transcurridos más de 15 años de los atentados de las torres gemelas y desde que la denominada “primavera árabe” llegó al mundo árabe, fuimos testigos del surgimiento y la multiplicación de numerosos grupos terroristas surgidos en el contexto de las desastrosas incursiones por parte de Estados Unidos, con la complicidad de las potencias de la OTAN, en Medio Oriente. Hay que recordar que el grupo terrorista EIIL (Daesh, en árabe) nació al calor de la intervención militar norteamericana en Libia, que culminó con el asesinato de su entonces presidente Muamar Gadafi, en 2011. Previamente a este suceso, los más altos estrategas norteamericanos junto a sus “seguidores” de la OTAN se encargaron de armar una compleja red de grupos radicales de índole terrorista que sirvieron como punto de apoyo para desencadenar desestabilización en aquellos países donde los gobiernos no fueran lo suficientemente colaborativos con sus intereses. La CIA formó parte constitutiva de esta orientación funcionando como nexo entre los servicios de inteligencia de las principales potencias mundiales y los colaboradores regionales. Dicha agencia organizó la entrada en Libia de estos grupos desde Túnez y Egipto, durante los bombardeos que realizó el gobierno francés.

Posteriormente, esos núcleos recibieron armamento a través de una red montada por la misma CIA cuando, después de haber ayudado al derrocamiento de Gadafi, pasaron a Siria en 2011 para derrocar a Al-Asad y seguidamente atacar Irak, en momentos en que el gobierno de Al Maliki se alejaba de Occidente y se acercaba a China y Rusia.

En consecuencia, se fueron diseminando los grupos extremistas por territorios particularmente estratégicos para asentar sus centros de mando. El infierno de la guerra y la anarquía resultaron un buen escenario para reclutar y entrenar a cientos de terroristas.

Cuando el presidente Obama puso en manos de la CIA la brillante idea de organizar a diversos grupos armados, la agencia “ya sabía que tenía un socio dispuesto a financiarla: Arabia Saudita”. Junto con Qatar, Jordania y los Emiratos Árabes Unidos, el reino wahabita “proporcionó armas y miles de millones de dólares, mientras que la inteligencia estadounidense dirigió el entrenamiento de los rebeldes”. Así lo documentó el New York Times en una investigación publicada el 23 de enero de 2016. Wikileaks hizo lo propio al sacar a la luz las conexiones entre la ex Secretaria de Estado y posterior candidata presidencial Hillary Clinton y el lobby saudí, para llevar adelante los mencionados planes.

Pero antes, George Bush Junior había declarado que los atentados del 11-S “fueron perpetrados por Al-Qaeda”, lo cual justificaba la invasión de Afganistán y posteriormente de Irak, luego de la escandalosa mentira mundial posteriormente probada de que Sadam Hussein albergaba en su territorio armas de destrucción masiva y planeaba utilizarlas contra la población norteamericana.

En 15 años, Estados Unidos había sacrificado a más de 10.000 vidas estadounidenses, mientras el saldo de ciudadanos medioorientales muertos fue de más de 2 millones, sin contabilizar el desplazamiento poblacional, la destrucción y la guerra inacabada en el continente. Durante todos esos años se ocultó el rol jugado por Arabia Saudí como cerebro de Al-Qaeda y, más concretamente, su relación con los terroristas que llevaron supuestamente a cabo los atentados del 11-S.

Pero la estrecha colaboración entre los servicios secretos de Estados Unidos y Arabia Saudí ya tenía sus antecedentes. En Angola la CIA apoyó, con financiamiento saudita, a los rebeldes que operaban contra el gobierno de Luanda, aliado de la URSS; en Afganistán Estados Unidos organizó una red de grupos extremistas para luchar con los soviéticos, que Arabia Saudita financió a través de una cuenta de la CIA en un banco suizo; los saudíes financiaron la operación de la CIA para ayudar a los contras en Nicaragua con 32 millones de dólares a través de una cuenta en las Islas Caimán, sólo por nombrar algunos casos recopilados por Red Voltaire.

Republicanos y demócratas han sabido aprovechar la especial relación con esta potencia del Golfo Pérsico que, a su vez, también ha recibido sus beneficios. Por ello nunca vimos que Estados Unidos condenara la violación de los derechos humanos o la ejecución de civiles entre las fronteras que protegen a esta monarquía. No obstante, este trabajo de colaboración desigual también se extiende a otras esferas. Arabia Saudí es principal exportador de crudo del mundo, de un gobierno que, por su poder es el único en el mundo árabe que puede contrarrestar el alcance regional de su archirrival Irán. De hecho, el Estado árabe constituyó una pieza clave para mantener los precios del petróleo bajos cuando estos comenzaron a desplomarse en el 2015. La petromonarquía se negó a recortar su cuota de producción, inclusive en su propio desmedro, para poder amortiguar la caída estrepitosa de la renta proporcionada por este recurso natural a partir de la disminución de la oferta. La medida fue tomada luego de una clara presión por parte de Estados Unidos, que sí logró sus cometidos al lograr desequilibrar rápidamente, en mayor o menor medida, los pilares de las economías de países que se resistían a sus órdenes como Venezuela, Rusia e Irán.

En el ocaso de su mandato, Obama aprobó una operación de venta de armas a los saudíes por un valor de 154,9 millones de dólares, en el medio de la feroz agresión que dicha monarquía sigue perpetrando aún hoy contra el pueblo yemení. Ya en 2014, Arabia Saudí se había convertido en el mayor importador de armas del mundo con la compra de equipamiento militar, principalmente de Estados Unidos, por un valor de 6.400 millones de dólares.

[…] El nuevo presidente Donald Trump no ve razón alguna para estropear tan provechosas relaciones. Si bien su administración, ya desde la época preelectoral viene declarando la intención de dejar de apoyar y financiar a grupos extremistas, no parece que la relación con los principales patrocinadores del terrorismo internacional vaya a menguar.

El objetivo principal de la utilización del terrorismo como arma se enmarca en la necesidad más general por parte de la principal potencia del mundo, de influir a través de actividades clandestinas en gobiernos extranjeros, organizaciones o personalidades, con el fin de lograr un escenario adecuado para la aplicación de su política exterior, sin tener que recurrir a la costosa (desde todo punto de vista) intervención militar clásica. Esta estrategia es constitutiva del aparato de dominación imperialista contemporáneo y, por ende, imprescindible para la conservación de la hegemonía en un mundo globalizado.

[…] Debemos analizar si efectivamente están dadas las condiciones para que el presidente Trump cambie de rumbo en la estrategia política exterior de Estados Unidos. ¿Dejará Trump en el pasado la táctica que promueve la utilización de actores indirectos como “contras” o “terroristas” en sus acciones internacionales, para pasar a desarrollar políticas de injerencia directa? ¿O combinará ambos métodos, como lo hizo el segundo presidente Bush? En el primer caso, el método resultaría por demás anacrónico y obsoleto, con casi ninguna esperanza de éxito para sus perpetradores; más bien nos hallaríamos ante el empleo de un recurso por extrema debilidad, que dejaría mucho más expuestos los mecanismos del poder imperialista. En el segundo, los resultados recientes no han sido nada exitosos para los paladines de la política imperialista y catastróficos para el resto de la humanidad.

En definitiva, sólo cuando se acabe la incertidumbre que genera el hoy imprevisible rumbo que marca el nuevo jefe de la Casa Blanca y el imperialismo norteamericano pase a la acción, se podrán resolver las actuales incógnitas, lo que nos pondrá a los incómodos analistas en la obligación de pensar la entrada en una nueva y desconocida era de “guerras no convencionales”.

http://www.resumenmediooriente.org/2017/02/18/trump-la-cia-y-medio-oriente-la-mano-invisible-de-la-guerra/

Reagan recibe en la Casa Blanca a los principales dirigentes de Al-Qaeda
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Estados Unidos organizó el tráfico de drogas en todo el mundo a través de Pablo Escobar

Pablo Escobar
La ruta de la cocaína desde Colombia hasta Miami, denominada “El Tren”, por la que se enviaban 800 kilos a la semana, estaba garantizada por la CIA y la DEA, según el hijo del fallecido narcotraficante colombiano Juan Pablo Escobar en su segundo libro “Pablo Escobar: In fraganti”, presentado en Argentina recientemente.

La impunidad era tan descarada que los narcotraficantes llevaban la cocaína abiertamente en sus maletas, con las que atravesaban las fronteras y aduanas. “Lo que hacía la CIA era comprar los controles para que entrase la droga a su país y obtener un maravilloso negocio”, escribe el hijo de Escobar.

El dinero obtenido de esta operación de tres años de duración era utilizado por la CIA para financiar “la lucha contra el comunismo en Centroamérica”, en una trama que involucraba al por entonces jefe de la agencia, George Bush padre.

Además de la CIA, Pablo Escobar y los narcotraficantes colombianos tenían vínculos muy estrechos con el PSOE. Tras la victoria electoral de 1982, Escobar y sus guardaespaldas estuvieron en Madrid celebrándolo con Felipe González en persona, Carlos Zayas, Enrique Sarasola y demás socialmafiosos (*).

El hijo de Escobar afirma que “su padre fue un engranaje más de un gran negocio del narcotráfico universal. Cuando ya no les sirvió, lo mandaron a matar”. Los narcotraficantes latinoamericanos son los más pobres de la cadena del narcotráfico, donde los estadounidenses se llevan el gran bocado. Ese dinero nunca vuelve a Latinoamérica, “se queda en el sistema financiero estadounidense”, asegura el hijo de Escobar.

Durante los años ochenta la CIA y la DEA organizaron una compleja trama de tráfico de armas a Irán y venta de drogas a barrios pobres de Los Ángeles para financiar a la contrainsurgencia nicaragüense. Esta operación fue dirigida por Bush padre para sortear la restricción impuesta al gobierno de Reagan para financiar la guerra contra el gobierno sandinista de Nicaragua.

Mientras Escobar trabajaba para la CIA, uno de sus lugartenientes, Henry de Jesús López Londoño, alias “Mi Sangre”, trabajaba como agente encubierto del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos, bajo el mando de la DEA y la Policía de Inmigración y Aduanas, de acuerdo a unos documentos oficiales del gobierno estadounidense revelados por el diario argentino Ámbito Financiero.

Tras la muerte de Escobar, López Londoño se integró en el grupo paramilitar Autodefensas Unidas de Colombia, dedicado a la guerra sucia contra las guerrillas colombianas y obviamente al narcotráfico.

Cuando éstos se desmovilizaron en 2006 con el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, pasó a operar como integrante de Los Urabeños con presencia en Colombia y Venezuela. En todo ese tiempo su trabajo estuvo relacionado a operaciones de narcotráfico y de infiltración, tal como lo hizo en el equipo de campaña del presidente Juan Manuel Santos para conocer su visión sobre la política interna de Colombia.

A López Londoño le encomendaron infiltrarse en el gobierno de Hugo Chávez para obtener información sobre las actividades de Rusia en el país sudamericano. Este narcotraficante fue extraditado de Argentina a Estados Unidos, donde pidió desclasificar los documentos que lo involucraban en el Departamento de Seguridad Nacional.

(*) ¿Qué vínculos unen al PSOE con los narcotraficantes colombianos?

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El mito del ‘lobo solitario’ yihadista encubre la responsabilidad de las cloacas policiales

Dice la Wikipedia que Mohammed Merah era un joven francés que perpetró los asesinatos de Toulouse y Montauban en 2012, uno de los primeros que en Francia se imputaron a la ola yihadista.

Antes Merah, añade la Wikipedia, viajó a Afganistán y a Pakistán. Pero si al cometer los atentados tenía 23 años y jamás había trabajado, hay que peguntar de dónde sacó el dinero para pagar ese tipo de viajes, que no son baratos precisamente.

Como tantos otros yihadistas, por no decir todos, Merah era un delincuente habitual de poca monta. Fue condenado hasta en quince ocasiones, la mayoría de ellas por robos, algunos perpetrados con violencia. Por ello, estuvo en la cárcel durante cortos periodos de tiempo en 2007 y 2009, añade la Wikipedia.

Es otro rasgo típico de los yihadistas: lo que Merah sabía no lo aprendió en el Corán sino en el Código Penal. Tenía más contacto con policías, jueces, fiscales, abogados y carceleros que con su padre, que le abandonó cuando tenía cinco años. Quiso alistarse en la Legión Extranjera, pero desistió.

En uno de los ataques, dirigido contra militares, Merah mató al soldado Albert Chennouf, cuyo padre ha concedido una entrevista a la revista Le Point (*) que no aparece en la Wikipedia porque en ella afirma bien claro a quién responsabiliza de la muerte de su hijo: al jefe de la Dirección Central de Información Interior, una de las ramas de los servicios secretos franceses, al que pone nombre y apellidos: Bernard Squarcini.

Lo mismo que los demás yihadistas, en Francia y fuera de ella, Merah era un confidente de los servicios secretos, lo cual explica, como bien afirma el padre del soldado asesinado, que hubiera regresado de Siria pasando por… Israel, nada menos, algo imposible para quien alguna vez haya intentado atravesar una aduana israelí, sobre todo si su nombre es árabe.

No existen lobos solitarios, ni células durmientes, que son otras tantas estupideces para que los “expertos” en yihadismo se pongan a largar en las tertulias de televisión. Después de calificar de “asesino” al dirigente de los servicios secretos, el padre de Chennouf dice también que le mintió al juez, lo cual no es tampoco ninguna novedad, ni en Francia ni fuera de ella.

La ola de crímenes yihadistas cometidos por los apéndices de la policía francesa han servido para reforzar sus propios poderes, para imponer el estado de excepción, detener a mansalva, torturar impunemente y crear un clima de pánico que les permita retornar a donde siempre han querido: a acabar con cualquier resquicio de derechos y libertades. Todo por la libertad, pero sin la libertad.

Desde setiembre del pasado año a Squarcini le pasa como a Al Capone: los tribunales no le persiguen por sus asesinatos, sino por las menudencias de siempre (tráfico de influencias, malversación de fondos públicos, falsificación de documentos oficiales…)

(*) http://www.lepoint.fr/societe/exclusif-affaire-merah-hollande-a-peur-de-la-verite-08-11-2012-1526828_23.php

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Corrupción

El caso de los 5.000 niños yemeníes secuestrados por el Estado de Israel

En los años cincuenta 5.000 bebés judíos de origen yemenita desaparecieron de Israel y, después de ser secuestrados, fueron vendidos en adopción con la complicidad del Estado, la policía y las maternidades.

Es un caso muy parcido al de los bebés robados por los franquistas en España, entendiendo claramente que el “franquismo” se prolongó mucho más allá de la muerte del criminal Franco, hasta los años noventa, y que en tal categoría política, además del personal sanitario, se deben incluir a los católicos que participaron en los secuestros y compraventas de los recién nacidos.

En ambos casos los Estados no sólo fueron cómplices: siguen siendo cómplices cada minuto que pasa negando los crímenes y dejando de investigar los secuestros de niños para luego decir que eso ocurrió hace muchos años y hay que dar la espalda al pasado. Todos los archivos públicos que contienen información sobre este crimen colectivo se han tratado de mantener cerrados hasta 2066.

El caso de los niños judíos yemenitas comprende la etapa 1948 y 1954, es decir, el nacimiento mismo de Israel, un Estado cuyas raíces con todas ellas abiertamente criminales.

Cuando los niños eran hospitalizados por encontrarse enfermos, a los padres se les decía que habían fallecido; si reclamaban el cuerpo para darle sepultura al cadáver, les respondían que el hospital ya había procedido al enterramiento.

Como suele ocurrir, el crimen se hubiera mantenido oculto si los padres se hubieran conformado con las explicaciones falaces de los funcionarios públicos y los profesionales sanitarios, es decir, si las personas creyeran lo que les dicen y, además, si no hubieran emprendido una lucha heroica, larga y amarga, si hubieran desfallecido durante más de medio siglo sin averiguar el paradero de sus hijos.

En estos casos el Estado conoce a la perfección lo que ocurrió. Por eso mantiene el secreto de los archivos. Pero hace como que no sabe nada y cuando le presionan dice que empieza a investigar. En junio del año pasado Netanyahu encargó al ministro Tzachi Hanegbi que echara un vistazo a los archivos ocultos para ver la manera de calmar las protestas y tapar el asunto un tiempo más.

No lo lograron y en noviembre tuvieron que abrir los archivos, al menos en parte. Hay más de 100.000 documenos de los que cabe esperar que no hayan acabado en la hoguera. La decisión del gobierno, ha dicho el ministro Hanegbi, debe ayudar a que las familias de los niños secuestrados dejen de desconfiar del Estado de Israel que, a su vez, confía salir indemne de esta prueba y por eso aún no se ha disculpado.

Pero si el Estado no participó en los crímenes, no tiene sentido ni negarlos ni ocultarlos. Si todo fue obra de determinados profesionales sanitarios que actuaron a sus espaldas, debería ser el primer interesado en poner nombre y apellidos a los delincuentes que, en este tipo de asuntos, forman una red muy extendida. No se trata sólo de los autores materiales sino de los cómplices que están en la policía, en los fiscales, los jueces, los abogados, las funerarias, los burócratas de los registros…

Es imposible cometer estos crímenes masivos sin falsificar montones de documentos oficiales que garantizan el silencio para que luego Presidentes del Gobierno, como Felipe González, aseguren públicamente que “no hay pruebas ni las habrá nunca”. Los criminales pueden vivir tranquilos porque siempre hay algo que juega a favor del Estado delincuente: las víctimas son niños procedentes siempre de las familias más pobres y marginadas. Ni siquiera saben o tienen recursos para presentar una denuncia.

El rabino Uzi Meshulam

Sólo 745 padres presentaron denuncia en su época; de ellos dos tercios son yemeníes, si bien en 1994 el rabino Uzi Meshulam dio un giro a la protesta cuando extendió el radio de las desapariciones no sólo a ellos sino a los Balcanes y Oriente, donde también se habían secuestrado niños. En agosto el diario Haaretz siguió ampliando el radio de acción de las desapariciones con niños de familias originarias de Europa. No obstante, ahora que las investigaciones se han ampliado, la proporción sigue siendo parecida: el 70 por ciento de los secuestrado son yemeníes y sólo el 4 por ciento son europeos, lo que pone de manifiesto el móvil racista de los crímenes.

La vivienda del rabino Meshulam se convirtió en el centro de la protesta y la lucha, incluida la lucha armada. Durante 52 días las fuerzas especiales de la policía asediaron la vivienda, mataron a un manifestante y detuvieron a Meshulam, al que condenaron a seis años y medio de cárcel. Salió de ella a los cinco años, muriendo en 2013.

Una de las claves que va apareciendo en la investigación es que, además de maternidades y centros de salud, la mayor parte de los secuestros se llevaron a cabo en instituciones sionistas, como Hadassah (Organización Sionista de Mujeres de América) y WIZO (Organización Internacional de Mujeres Sionistas).

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Noticias

Muere en prisión uno de los primeros agentes de la CIA que impulsó el yihadismo

Omar Abdel Rahman
Ayer murió en la prisión federal de Butner, en Carolina del norte, Omar Abdel Rahman, que cumplía una pena de cadena perpetua por instigar el primer atentado contra el World Trade Center en 1993 y el asesinato del antiguo presidente egipcio Hosni Mubarak. Tenía 78 años de edad.

Antes de emigrar a Estados Unidos, Abdel-Rahman Omar Abdel Rahman dirigió el grupo yihadista Al Yamaa Al Islamiya en Egipto, donde había nacido. Rahman era un clérigo ciego que padecía diabetes y una enfermedad del corazón.

El 26 de febrero de 1993 un camión lleno de explosivos estalló en el estacionamiento subterráneo de una de las torres del World Trade Center, lo que causó seis muertos y más de 1.000 heridos.

A Rahman le relacionaron con el ataque cuando se descubrió que los acusados habían frecuentado la mezquita de Nueva Jersey en la que predicaba. Fue condenado en octubre de 1995 y sentenciado a cadena perpetua.

El atentado fue un presagio del ataque del 11 de septiembre de 2001 contra el World Trade Center. Poco después de su condena, en 1995, Ayman Al Zawahry, que entonces dirigía el grupo Al-Yihad y hoy Al-Qaeda, amenazó a Estados Unidos con represalias.

En 1981 el grupo yihadista Al Yamaa Al Islamiya, brazo armado de los Hermanos Musulmanes, se responsabilizó del atentado mortal contra el Presidente egipcio Anuar Al-Sadat. En 1997 la organización también se responsabilizó del atentado en Luxor en el que murieron unos 60 turistas que visitaban las pirámides.

El clérigo fallecido fue uno de los precursores del yihadismo, siempre apoyado de manera muy estrecha por la CIA. En los años ochenta, antes de que naciera Al-Qaeda, participó en la movilización de la “carne de cañón” que los imperialistas necesitaban en Afganistán para combatir al ejército soviético.

Tuvo que huir a Sudán pero, gracias a la CIA, obtuvo un visado para continuar con su labor yihadista desde Estados Unidos. Tras su condena, en 1993 Qatar estuvo dispuesto a acogerle como refugiado político y lo mismo hizo Morsi tras ganar las elecciones en Egipto en 2011. Al final del gobierno de Obama hubo varias propuestas para indultarle.