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Los imperialistas pretenden crear una fuerza ‘árabe’ que eternice la ocupación militar de Siria

El último cartucho del imperialismo: crear una “fuerza árabe” que legalice la ocupación militar de Siria. Washington ha encargado a Arabia saudí y Emiratos Árabes Unidos que se pongan a ello, anunció ayer el Wall Street Journal.

La “fuerza árabe” estaría financiada por Arabia saudí, Emiratos Árabes Unidos y Qatar, que sustituirían a las tropas norteamericanas, con el pretexto de la “estabilidad” del país.

Es una constante contemporánea esa de tratar de convencer de que la estabilidad no se logra con la salida de las tropas extranjeras de un país, sino al revés: metiéndolas dentro.

El anuncio llega después de los ataques aéreos llevadas a cabo desde el viernes por la noche hasta el sábado pasado, por Estados Unidos, Francia y el Reino Unido contra el gobierno de Bashar Al-Assad.

El nuevo asesor de seguridad nacional de Trump, John Bolton, se ha puesto en contacto con el jefe de la inteligencia egipcia, Abbas Kamal, para convencer al gobierno de que participe en la iniciativa.

Además de Egipto, la Casa Blanca ha solicitado el apoyo de Arabia saudí, Emiratos Árabes Unidos y Qatar, en particular para financiar la ocupación militar de Siria.

“Arabia, Qatar y Emiratos se han puesto en contacto para una posible contribución, financiera o de otro tipo”, dijo un funcionario estadounidense al periódico. Además, Trump ha pedido a los sátrapas de Riad que contribuyan con 4.000 millones de dólares a la “reconstrucción” de Siria, añadió el funcionario.

El plan de sustituir a las fuerzas estadounidenses en Siria por otras árabes ha sido particularmente bien recibido por el fundador de la empresa de mercenarios Blackwater, Erik Prince, que impuso fuerzas de seguridad privadas en Somalia y en Emiratos. Prince ha confesado al Wall Street Journal que funcionarios de los países árabes se habían puesto en contacto con él sobre este tema.

Hoy Arabia saudí ha reiterado su disposición a enviar tropas a Siria, “junto con otros países”, para “estabilizar” la situación allí. “Estamos negociando con Estados Unidos y lo hemos estado desde el comienzo de la crisis siria” en 2011, dijo el ministro de Asuntos Exteriores saudí, Adel Al-Jubeir, en una conferencia de prensa conjunta con el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, en Riad. “Habíamos hecho una propuesta a la administración Obama [que estipulaba] que si Estados Unidos enviaba tropas […] Arabia saudí consideraría, junto con otros países, enviar fuerzas como parte del contingente”, añadió el ministro.

El despliegue de una fuerza conjunta en Siria permitiría a Estados Unidos retirarse de Siria, una decisión anunciada por Trump antes de los ataques químicos ficticios de principios de abril: “Hemos tenido mucho éxito contra el Califato Islámico y es hora de volver a casa”, escribió Trump.

Los ataques químicos ficticios y los posteriores ataques aéreos han forzado de nuevo a Trump a volver sobre sus pasos. Ahora se trataría de prolongar dicha presencia de manera indefinida de una manera camuflar: revestida con las bendiciones de la Liga Árabe.

Posiblemente sea esto lo que explique que la embajadora de Estados Unidos en la ONU, Nikki Haley, ha dicho en la ONU lo contrario de Trump: las tropas permanecerán en Siria todo el tiempo que sea necesario.

A Trump le están haciendo la cama desde que llegó a la presidencia. En este caso, sus planes de abandonar Siria se los han frustrado con el camelo de los ataques químicos de Duma y el posterior bombardeo aéreo.

En Washington quien da las órdenes es cualquiera menos Trump, un auténtico pelele atrapado en las redes de quienes realmente llevan las riendas del poder político.

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Antifascismo

El franquismo contra la cultura: la quema de libros en la España más negra (1936–1939)

Cuando se habla de quema de libros en el siglo XX, la imagen que suele venir a la retina es la Beberplatz de Berlín el 10 de mayo de 1933, escenario de una gran hoguera en la que ardieron miles de ejemplares de obras consideradas “antialemanas”. Ni que decir tiene que, a lo largo de la historia, ha habido muchos otros episodios de fuego purificador, desde el incendio de la biblioteca de Alejandría pasando por la quema de libros de Confucio en China durante la dinastía Qin, o el auto de fe de octubre de 1861 en Barcelona en el que fueron pasto de las llamas 300 volúmenes espiritistas, por citar solo tres de ellos. Menos conocido es el hecho de que, desde el golpe de julio de 1936 hasta el final de la guerra, numerosas piras se encendieron en las ciudades y pueblos de la España nacional en las que ardieron gran número de publicaciones tildadas de “antiespañolas” y “envenenadoras del alma popular”.En los primeras días del conflicto no se habían dictado todavía órdenes por parte de los nuevos gobernadores civiles sobre la prohibición de la literatura disolvente, pero el modus operandi de los sublevados incluía siempre la destrucción del “material peligroso” que constituían determinadas obras. Así, a la entrada de las fuerzas requetés en varias localidades de La Rioja, lo primero que hicieron fue depurar las bibliotecas y quemar los archivos de las distintas sedes sindicales, donde se suponía que existía “literatura perniciosa”.

En Córdoba, ya el 19 de julio una de las prioridades de los sublevados era también la limpieza de librerías y kioscos como lo señalaba el Jefe de Orden Público y teniente general de la Guardia Civil Bruno Ibáñez Gálvez en una nota publicada por el ABC de Sevilla el 26 de septiembre:

“En nuestra querida capital, al día siguiente de iniciarse el movimiento del Ejército salvador de España, por bravos muchachos de Falange Española fueron recogidos de kioscos y librerías centenares de ejemplares de esa escoria de la literatura que fueron quemados como merecían. Asimismo, muy recientemente, los valientes y abnegados Requetés realizaron análoga labor, recogiendo también otro gran número de ejemplares de esas malditas lecturas que deben desaparecer para siempre del pueblo español”.

En Palma, el primer día del golpe, el 19 de julio de 1936, según testimonio del cenetista Manuel Pérez (Osuna, Sevilla, 1887–Río de Janeiro, 1964), atrapado en la isla con motivo del congreso constituyente de la regional de la CNT en Baleares, los sublevados actuaron de forma similar:

“Ocupados los centros oficiales donde los rebeldes no hallaron la menor resistencia, se inició el asalto a las organizaciones obreras y a los locales donde tenían su residencia las agrupaciones de izquierdas. Nada escapó a la furia vandálica de las hordas fascistas. Después de destrozarlo todo: muebles, cuadros, instrumentos de trabajo, etc., recordando los autos de fe de la Santa Inquisición, hicieron hogueras con los libros que encontraron en las bibliotecas”.

La aversión a los libros llegó hasta extremos delirantes como recoge Josep Massot i Muntaner en Cultura i vida a Mallorca entre la guerra i la postguerra (1930–1950), (Abadia de Montserrat, 1978):

“L’odi contra els llibres m’ha estat confirmat per un testimoni de primer ordre: a Inca, per exemple, foren cremades totes les obres en català d’una biblioteca pública –entre les quals el primer volum del Diccionari Català–Valencià–Balear– i la biblioteca pública circulant de Sencelles –prou considerable– fou assaltada i, després de fer un caramull amb els llibres hom hi defecà al damunt”.

Por esas mismas fechas, en la localidad abulense de Barco, los libros de la Agrupación Socialista, los de la Sociedad de Oficios Varios y los de la Agrupación de Trabajadores de la Tierra “fueron destruidos por las Milicias a su llegada a esta localidad en los preliminares del Glorioso Movimiento Nacional”.

En Soria, el jefe de la Biblioteca Pública de la ciudad castellana, refiere, según José Andrés de Blas y Fernando Larraz en la primera entrega de “La Guerra Civil española y el mundo del libro. Censura y represión cultural (1936–1937)” que “en los primeros días del Movimiento Nacional, se dispuso la recogida inmediata de los pocos ejemplares que, sin destruir, quedaban en esta plaza, ya que, al pasar por Soria, la columna de requetés del general Mola, prendió fuego a los libros que había en un kiosco dedicado a dicho comercio y los que fueron recogidos después sufrieron la misma suerte en una dependencia de este Gobierno Civil”.

En la localidad cacereña de Herrera de Alcántara tuvo lugar una “expurga” de obras en la Biblioteca Municipal “verificada en los primeros días del Movimiento Glorioso” en la que se quemaron los libros considerados como literatura disolvente, según informó el consistorio del pueblo al Ministerio de Educación Nacional cuando este asumió las competencias en materia de bibliotecas.

En Córdoba se quemaron los libros de segunda mano de los puestos de la plaza de la Corredera como cuenta el escritor y abogado Carmelo Casaño Salido en su libro Nuestra ciudad (apuntes del recuerdo y las cosas) (Delegación de Cultura, Ayuntamiento de Córdoba, 1984):

“Un día desaparecieron los libros. Los compraron al peso y se los llevaron a Las Tendillas, para quemarlos, porque estaban celebrando las Misiones. La tarde de aquel domingo, después del sermón de un jesuita con bonete, ardieron, crepitando, los viejos libros que dormían en la Corredera. Definitivamente murieron todos: el Ars Amandi y La vida de San Esperanto. Él echó en la pira dos novelas de Hugo Wast, y todavía le duele la mano cuando lo recuerda”.

La censura de libros quedó bajo control militar en las primeras semanas de la guerra. De hecho muchos títulos incautados, que no fueron quemados, también fueron custodiados por las autoridades militares. El bando del 28 de julio de 1936, que declaraba el estado de guerra, imponía la censura previa de todo impreso o documento destinado a la publicidad o difusión. Posteriormente, la censura se estableció por orden del 29 de mayo de 1937 aunque se tendría que esperar hasta el 23 de abril de 1938 para su regulación con la Ley de Prensa, impulsada por Ramón Serrano Suñer y que tenía como objetivo que los españoles leyesen “noticias basadas exclusivamente en la verdad y en la responsabilidad”. Esta era la “noble idea” de la que debía impregnarse toda la prensa.

El periódico Arriba España de Pamplona en su primer número del 1 de agosto incitaba a la destrucción de libros en estos términos: “¡Camarada! Tienes obligación de perseguir al judaísmo, a la masonería, al marxismo y al separatismo. Destruye y quema sus periódicos, sus libros, sus revistas, sus propagandas, ¡Camaradas! ¡ Por Dios y por la patria!” Su director era el clérigo falangista Fermín Yzurdiaga, que acabaría siendo Jefe Nacional de prensa y Propaganda.

La diatriba del órgano oficial de Falange Española en Navarra fue seguida al pie de la letra por los soldados requetés que ocuparon Tolosa, el 11 de agosto. Los franquistas apilaron en la plaza Zaharra de la localidad guipuzcoana los libros de la imprenta de Ixaka López Mendizábal, los volúmenes en euskera de la biblioteca municipal, los de las escuelas y los quemaron.

El 14 de agosto los soldados del coronel Yagüe entran en Badajoz y, según informaba el Jefe de la Biblioteca Provincial de la capital pacense, a requerimiento de Javier Lasso de la Vega al hacerse cargo de la Jefatura de Archivos y Bibliotecas, organismo creado a fines de marzo de 1938:

“Pocos días después de conquistada esta capital por las tropas nacionales, se realizó, por elementos heterogéneos afectos al movimiento, una visita de inspección y requisa por todas las librerías y kioscos en los que se recogieron cuantos libros de carácter extremista y pornográfico fueron hallados y se reunieron en la Oficina de Censura Militar donde una vez comprobada la tendencia perniciosa fueron condenados al fuego”.

La primera gran quema pública se produjo, sin embargo, en La Coruña el 19 de agosto de 1936. Más de 1.000 libros ardieron en varias hogueras en la dársena del puerto de la ciudad gallega, frente al Club Náutico. Se trataba de obras de autores como Blasco Ibáñez, Ortega y Gasset, Pío Baroja o Miguel de Unamuno junto a la biblioteca personal del diputado de Izquierda Republicana y presidente del Consejo entre mayo y junio de aquel año, Santiago Casares Quiroga (La Coruña, 1884–París, 1950) y la del centro de estudios sociales “Germinal” de la urbe coruñesa.

El acto presidido por un sacerdote apellidado Maseda (que hizo la selección de volúmenes a incendiar) fue recogido en el periódico El Ideal Gallego el 19 de agosto:

“A orillas del mar, para que el mar se lleve los restos de tanta podredumbre y de tanta miseria, la Falange está quemando montones de libros y folletos de criminal propaganda comunista y antiespañola y de repugnante literatura pornográfica”.

En Galicia también se incautaron los bienes de la sociedad “Alianza Republicana” de Carballo, en La Coruña, cuya documentación se conserva. Se decomisaron en los locales el Reglamento de la Sociedad y el Libro de Actas. El gobernador civil dispuso la destrucción del material confiscado con estas palabras: “Debo manifestarle que procede sean quemados los libros y demás documentos incautados y los fondos que existan deberán remitirlos a esta Delegación”.

La inquina en contra de las lenguas no castellanas provocó el asalto y la quema de los libros de la editorial gallega Nós y su director, Anxel Gasol, fue fusilado.

En Oviedo, tras la entrada el dia 8 de agosto de una Columna Gallega, de inmediato se clausura la B.P.C. (Biblioteca Popular Circulante) y parte de la directiva sufre la represión política o el exilio. La biblioteca es expurgada y las obras de Felipe Trigo, Blasco Ibáñez o José María Carretero arden en la Pedrera, seleccionadas por el poeta Casimiro Cienfuegos, entre otros.

En estos primeros meses de la guerra no solamente las bibliotecas y librerías fueron blanco de la ira de los sublevados sino que también la padecieron los propietarios en sus personas.

La primera disposición de la Junta de Defensa Nacional, organismo de gobierno de la España sublevada hasta el 30 de septiembre, sobre depuración de bibliotecas y el control de las lecturas fue la Orden del 4 de septiembre en la que acusaba al Ministerio de Instrucción republicano de haber difundido obras marxistas entre la infancia. Por ello era necesario hacer desaparecer esas publicaciones de escuelas y bibliotecas y obligaba a la destrucción de las mismas, autorizando solo aquellas “aquellas cuyo contenido responda a los sanos principios de la Religión y de la Moral, y que exalten con su ejemplo el patriotismo de la niñez”.

Ese mismo día Queipo de Llano hacía público su bando número 25 en cuyo segundo punto se obligaba a todos los establecimientos editoriales, a las librerías y a los kioscos radicados en la Segunda División Orgánica a entregar todas las publicaciones prohibidas a las autoridades militares en un plazo improrrogable de 48 horas. Y en el tercer punto se hacía extensiva esta obligación a todos los particulares, a entidades públicas y a corporaciones privadas.

Atendiendo a esta bando, los falangistas de Sevilla, según el testimonio del delegado de Propaganda, Antonio Bahamonde, recorrieron las editoriales y librerías. Las obras de autores que, según su criterio, eran de tendencia marxista, eran requisadas y destruidas allí mismo.

El carácter indiscriminado de la purga lo puso de manifiesto incluso un historiador poco sospechoso de afinidad con el bando republicano como Rafael Abella en La vida cotidiana durante la guerra civil. La España nacional (Planeta, 1973):

“En cuanto a la censura de libros, su implantación tuvo características inicialmente draconianas en expurgo de bibliotecas públicas y privadas y retirada de la venta de toda la literatura conceptuada de pornográfica, de marxista, de ácrata o de disolvente, término en el que incluía lo que era de matiz contrario a la línea del Movimiento. Desde Nakens a a Martín de Lucenay, desde Belda a Kropotkin se quemaron en grandes piras que, a modo de autos de fe, convirtieron en humo un montón de letra impresa considerada nefasta– y, en ciertos casos con razón–, para los españoles. Y digo en ciertos casos porque al socaire de esta depuración se destruyeron muchos libros de editoriales tachadas de peligrosas –Cenit, Oriente, Ulises, España– y otros tantos editados por Biblioteca Nueva, por Pueyo y por Espasa–Calpe. Entidades significadas en lo literario más que en lo social”.

El 23 de diciembre de 1936, la Junta Técnica del Estado –creada por Franco en octubre del mismo año y sucesora de la Junta de Defensa Nacional de España– promulgó un Decreto que declaraba ilícitas todo tipo de publicaciones socialistas, comunistas, libertarias, pornográficas y disolventes.

Esta disposición legal contemplaba sanciones contra aquellos que incumplieran su aplicación. Las infracciones implicaban una multa de 5.000 pesetas y si se reincidía aquella aumentaba un quíntuplo y además llevaba aparejada la pérdida de empleo público, o bien la inhabilitación del sancionado para el ejercicio de la industria editorial o de librería, así como el cierre del respectivo establecimiento.

En estos primeros meses de la guerra algunos libreros y bibliotecarios pagaron con la vida su compromiso con la cultura. Es el caso del librero Miguel d’Iom de Ceuta, asesinado en una de las sacas por los sublevados junto a otros militantes anarquistas de la ciudad. No fue un caso aislado.

En agosto la prensa cordobesa informaba de la detención del librero, editor e impresor Rogelio Luque (Priego, Córdoba, 1897– Córdoba, 1936), librepensador, naturista y esperantista. Editó y colaboró en numerosas revistas culturales como Popular, La Pluma, Biblis y Quijote y fundó, con su hermano la librería Luque que, con diferentes emplazamientos, pervivió hasta los años noventa. Los rebeldes lo fusilaron el 16 de agosto.

Pilar Salvo, maestra de Zaragoza, responsable de una biblioteca infantil fue asesinada en aquel mismo mes.

Juana María Capdeviele

Juana María Capdeviele Sanmartín (Madrid, 1905–Rábade, Lugo, 1936), pedagoga y bibliotecaria, fue la primera mujer jefa de una biblioteca de facultad (la de Filosofía y Letras) de la Universidad Central de Madrid, puesto al que accedió en 1933. Además desarrolló una importante labor como jefa técnica de la biblioteca del Ateneo de la capital española. En 1936 se casó con Francisco Pérez Carballo, el cual sería designado, tras la victoria del Frente Popular, gobernador civil de La Coruña.En el ejercicio de su cargo fue apresado y asesinado el 25 de julio. Al llamar al Gobierno Civil para tener noticias de su esposo, se le comunicó que sería recogida –estaba embarazada–, y conducida junto a él. Sin embargo, fue detenida y encarcelada y se la puso al tanto de la trágica suerte de su cónyuge. En la noche del 18 de agosto fue asesinada y se encontró su cuerpo con dos tiros en las proximidades de Rábade, en Lugo.

Los profesionales que habían permanecido en la zona gubernamental fueron sancionados a posteriori a medida que los franquistas iban ocupando los territorios. Así, María Moliner (Paniza, Zaragoza, 1900–Madrid, 1981), una de las máximas responsables del servicio de bibliotecas durante la guerra en Valencia y autora del Plan de Bibliotecas Públicas de 1938, fue expedientada por colaborar con la política republicana. Carmen Caamaño fue separada definitivamente del Cuerpo de Archivos y Bibliotecas por orden del 29 de julio de 1939 a causa de su militancia política, por citar solamente dos casos.

La primera biblioteca universitaria purgada fue la de Valladolid en 1937 de la que se quemaron miles de libros en varias hogueras y algo parecido sucedió en la de Santiago de Compostela donde los libros de Castelao sufrieron un destino incierto. Tales acciones contaron con el apoyo de rectores como el de la Universidad de Zaragoza, Gonzalo Calamita Álvarez.

El 16 de septiembre de 1937 se promulgó otra normativa sobre la formación de comisiones depuradoras de las bibliotecas públicas y centros de lectura en cada distrito universitario. En todos los distritos universitarios debían formarse comisiones depuradoras presididas por el rector o un delegado suyo y formada por un catedrático de la Facultad de Filosofía y Letras, un representante de la autoridad eclesiástica, un funcionario del Cuerpo de Facultativos de Archiveros y Bibliotecarios, un representante de la autoridad militar, otro de la Delegación de Cultura de FET de las JONS y otro de la Asociación Católica de Padres de Familia. Las comisiones debían retirar aquellos “libros, revistas, publicaciones, grabados e impresos que contengan en su texto láminas o estampados con exposición de ideas disolventes, conceptos inmorales, propaganda de de doctrinas marxistas y todo cuanto signifique falta de respeto a la dignidad de nuestro glorioso Ejército, atentados a la unidad de la Patria, menosprecio de la Religión Católica y de cuanto se oponga al significado y fines de nuestra Cruzada Nacional”.

Estas comisiones, una vez analizados los fondos, debían enviar a la Comisión de Cultura y Enseñanza las listas con los títulos de las publicaciones que considerasen un peligro para los lectores. En la Comisión de El Ferrol participó el escritor Gonzalo Torrente Ballester. Después la Comisión de Cultura examinarían los listados haciendo la siguiente clasificación: por un lado las obras pornográficas de carácter vulgar sin ningún mérito literario. Por otro las publicaciones destinadas a propaganda revolucionaria o a la difusión de ideas subversivas sin contenido ideológico de valor esencial. Y finalmente, aquellos libros y folletos con mérito literario o científico, que por su contenido ideológico pudieran ser nocivos para los lectores “ingenuos o no suficientemente preparados para la lectura”. Los dos primeros grupos serían destruidos, mientras que el último permanecería guardado en los respectivos establecimientos en espacios restringidos. Estas obras sólo podrían ser consultadas con un permiso especial. La sala con libros prohibidos empezaron a proliferar a partir de entonces, los llamados infiernos. El infierno de la Biblioteca Pública de Oviedo no fue abierto al público hasta 1975.

Como se ha comentado anteriormente, uno de los motivos de la purga de libros era la destrucción de las publicaciones que “menospreciaban” la religión católica. En tal empeño, los rebeldes contaron con la colaboración, salvo en contadas excepciones, de las autoridades eclesiásticas. Un ejemplo de ello es la pastoral del obispo de Palencia, Manuel González y García (Sevilla,1877–Madrid,1940) “Lecciones de la tragedia presente. Preparando soluciones para la posguerra”, de noviembre de 1937 donde abogaba por la desinfección cultural y por la reconstrucción del pensamiento sobre las ruinas del liberalismo secularizador. El prelado acusaba al gobierno republicano de haber promovido la difusión de una literatura extranjerizante, anticatólica y pornográfica:

“Libros sobre cuestiones sexuales se vendían donde quiera rápidamente, y era una gran cantidad de prosa tóxica y pornográfica se ofrecía abiertamente en los quioscos. Ganapanes, aprendices, muchachas de servir, mozuelas de taller, elementos generalmente jóvenes y poco preparados, rodeaban los tenderetes de aquella baja mercancía, que el gobierno republicano ofrecía al pueblo para que… se ilustrase. La campaña pornográfica iba junto con la propaganda comunista. Había interés en debilitar el sentimiento y la dignidad de la institución familiar y de todas aquellas fuerzas morales que fuesen obstáculo a la demagogia moscovita”.

Manuel González García fue canonizado por el Papa Francisco en marzo del 2016 en Roma. A la ceremonia asistió una delegación española presidida por el entonces ministro del Interior Jorge Fernández Díaz, el alcalde de Palencia, Alfonso Polanco Rebolleda y la presidenta de la Diputación, Ángeles Armisén Pedrejón. Las campanas de la ciudad castellana repicaron ese día para celebrarlo.

El jesuita Constancio Eguía Ruiz (Santander, 1871–?) se distinguió, igualmente, por su ataque al libro porque consideraba que las publicaciones difundidas durante la República eran una de las mayores responsables de la tragedia de la guerra civil. Arremetió contra los sellos más innovadores que se hicieron eco de la literatura antibelicista y social de entreguerras y de la teoría política y social como Zeus, Cenit, CIAP, Hoy, Caro Raggio e incluso contra firmas convencionales como Espasa–Calpe, Revista de Occidente y Dossat que se habían dejado arrastrar al incluir colecciones y títulos “malignos” para hacer negocio y estar en boga.

En mayo de 1938, el obispo de Salamanca Enrique Pla y Daniel (Barcelona, 1876– Toledo, 1968) publicó otra pastoral titulada Los delitos del Pensamiento y los falsos ídolos intelectuales, menos conocida que la de Las dos ciudades, un duro alegato contra el liberalismo, origen de todos los males y contra la libertades de prensa, creación y lectura.

La Iglesia “adora la Verdad, pero no es fetichista del libro, porque sabe que hay libros buenos y libros malos, libros benéficos y libros venenosos y corruptores. ¡El fetichismo del libro, de los intelectuales! ¿Podrán medirse los estragos que ha causado, sobre todo desde fines del siglo décimo octavo, el no querer distinguir entre libros buenos y malos y dar beligerancia a cuanto se presente en tipos de imprenta en tipos de imprenta? Esta ha sido la tesis del liberalismo”.

El papel de FET de las JONS fue también decisivo. Así, en 1938 el falangista Fernando García Montoto, furibundo partidario de la quema de libros, folletos, periódicos y de la eliminación física de sus autores en En el amanecer de España (Tetuán, Imprenta Hispana, 1938) denunciaba en estos términos las preversidades de ciertas obras:

“Significa que el libro y la prensa mal inspirados –verdaderamente estupefacientes del alma– habían intoxicado ya la conciencia colectiva, aletargándola. Significa, en fin, que el Enemigo estaba a punto de conseguir su objeto, de corromper la médula de un gran pueblo. Guerra, por tanto, al libro malo. Imitemos el ejemplo que nos brinda Cervantes en el capítulo sexto de su Obra inmortal”.

E incitaba a encender hogueras en todos los pueblos para destruir los libros envenenadores del alma popular:

“Y que un día próximo se alcen en las plazas públicas de todos los pueblos de la nueva España las llamas justicieras de fogatas, que al destruir definitivamente los tóxicos del espíritu almacenados en librerías y bibliotecas, purifiquen el ambiente, librándolo de sus mismas contaminadores. ¡Arriba España! ¡Viva Franco! ¡Viva España!”

La exhortación de García Montoto a hacer piras con los libros malignos fue seguida al pie de la letra por los falangistas que habían ocupado Madrid el 28 de marzo de 1939. Un mes después, el 30 de abril, tuvo lugar lo que el periódico Ya calificaba en su edición del 2 de mayo como “Auto de Fe en la Universidad Central”. Era la manera que tenía el Sindicato Español Universitario (SEU) de celebrar la Fiesta del Libro. El periódico nacionalcatólico reproducía el discurso que pronunció para la ocasión Antonio de Luna, catedrático de Derecho, que había permanecido en la ciudad durante la guerra formando parte de la Quinta columna. En 1940 fue apartado de su cátedra.

Don Antonio Luna comenzó su discurso con la lectura de un pasaje del Quijote y, finalmente, se leyó el acta del auto de fe, redactada en rudos y rotundos términos: “Para edificar a España Una, Grande y Libre, condenamos al fuego los libros separatistas, los liberales, los marxistas, los de la leyenda negra, los anticatólicos, los del romanticismo enfermizo, los pesimistas, los pornográficos, los de un modernismo extravagante, los cursis, los cobardes, los seudocientíficos, los textos malos y los periódicos chabacanos. E incluimos en nuestro índice a Sabino Arana, Juan Jacobo Rousseau, Carlos Marx, Voltaire, Lamartine, Máximo Gorki, Remarque, Freud y al Heraldo de Madrid”. Prendido fuego al sucio montón de papeles, con alegre y purificador chiporroteo, la juventud universitaria, brazo en alto, cantó con ardimiento y valentía el Cara al Sol.

Francesc Tur https://serhistorico.net/2018/04/04/el–bibliocausto–en–la–espana–de–franco–1936–1939/

Un fascista posa satisfecho tras quemar libros en Tolosa, Gipuzkoa
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Los planes de la CIA de 1986 para desatar una guerra civil en Siria

Un documento de la CIA desclasificado el pasado año puso al descubierto un plan para derrocar al gobierno sirio en 1986 provocando tensiones entre las distintas confesiones religiosas.

He aquí algunos extractos sustanciosos:

“Aunque juzgamos que el miedo a las represalias y los problemas de organización hacen improbable un segundo desafío suní, una reacción excesiva del gobierno ante brotes menores de disidencia suní podría desencadenar disturbios a gran escala. En la mayoría de los casos, el régimen tendría los recursos para aplastar un movimiento de oposición sunita, pero creemos que la violencia generalizada entre la población podría estimular a un gran número de oficiales sunitas y reclutas a desertar o amotinarse, preparando el escenario para una guerra civil”.

¿Suena familiar? Pues hay mucho más entre los papeles de la CIA de hace 30 años:

“Creemos que una renovación de la violencia social entre alauitas y sunitas podría inspirar a los sunitas en el ejército para volverse contra el régimen.

“La disidencia suní ha sido mínima desde que Assad aplastó a los Hermanos Musulmanes a principios de la década de 1980, pero las tensiones profundamente arraigadas siguen manteniendo viva la posibilidad de que incidentes menores se conviertan en grandes estallidos de violencia social […] La fuerza excesiva del gobierno para sofocar tales disturbios podría ser vista por los sunitas como evidencia de una venganza del gobierno contra todos los sunitas, precipitando protestas aún mayores por parte de otros grupos sunitas.

“Confundiendo las nuevas protestas con un resurgimiento de la Hermandad Musulmana, el gobierno intensificaría el uso de la fuerza y lanzaría ataques violentos contra un amplio espectro de dirigentes de la comunidad sunita, así como contra aquellos que participan en las protestas. Los esfuerzos del régimen para restaurar el orden fracasarían si la violencia del gobierno contra los manifestantes inspirara una amplia violencia social entre alauitas y sunitas”.

“Una campaña general de violencia alauí contra los sunitas podría empujar incluso a los sunitas moderados a unirse a la oposición. Los restos de la Hermandad Musulmana -algunos de los cuales regresarían de su exilio en Irak- podrían proporcionar un núcleo de dirección para el movimiento. Aunque el régimen tiene recursos para aplastar esta iniciativa, creemos que los ataques brutales contra civiles sunitas podrían inducir a un gran número de oficiales y reclutas sunitas a desertar o a organizar motines en apoyo de los disidentes, e Irak podría suministrarles armas suficientes para iniciar una guerra civil”.

Tampoco pasa desapercibido otro pequeño detalle:

“En nuestra opinión, los intereses de Estados Unidos estarían mejor servidos por un régimen sunita controlado por moderados orientados a los negocios. Los empresarios moderados tendrían una necesidad fuerte de ayuda e inversión occidental para construir la economía privada de Siria, abriendo así el camino para lazos más fuertes con los gobiernos occidentales”.

(*) https://www.cia.gov/library/readingroom/docs/CIA-RDP86T01017R000100770001-5.pdf
https://www.zerohedge.com/news/2017-02-26/new-declassified-cia-memo-presents-blueprint-syrian-regime-collapse

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La CIA organizó el primer golpe de Estado en Siria en 1949

Shukri Al-Quwatli
La CIA organizó su primer golpe de Estado en Siria el 29 de marzo de 1949 para derrocar a un presidente elegido democráticamente, Shukri Al-Quwatli e instalar un dictador militar Husni Al-Zaim que aceptara la construcción del Tapline (Oleoducto Transarábigo).

Fue el primer alzamiento militar en la historia moderna de Siria que derrocó a un gobierno democrático. Estuvo dirigido por el jefe de Estado Mayor del Ejército Árabe Sirio en aquel momento, Husni Al-Zaim, quien fue nombrado presidente el 11 de abril.

El poder legislativo sirio, encarnado en la conocida en esa época como Cámara de Representantes, fue disuelto, a la vez que muchos dirigentes políticos acabaron en prisión.

El golpe fue llevado a cabo con el apoyo de Estados Unidos y especialmente la recién creada CIA.  Los esbirros de la CIA que estuvieron involucrados directamente en el golpe fueron Miles Copeland y Stephen Meade (1).

En una entrevista de 1969, el agente de la CIA Miles Copeland confirmó
declaraciones que había hecho en sus memorias de que habían intentado
derrocar al gobierno sirio 20 años antes.

Un objetivo primordial de la política estadounidense en la Siria de entonces era conseguir la construcción del Oleoducto Transarábigo (Tapline), cuyo proyecto había sido bloqueado por el gobierno democrático sirio y posteriormente ratificado inmediatamente por las nuevas autoridades golpistas.

Siria, el corazón de Oriente Medio, siempre ha sido uno de los objetivos del imperialismo. Pero no el único. En 1956 hubo una intervención llamada Operación Straggle (2), que fue seguida de la Operación Wappen. En 1957 hubo un complot de asesinato de la CIA y el MI6 (3).

(1) https://en.wikipedia.org/wiki/CIA_activities_in_Syria
(2) https://www.tandfonline.com/doi/abs/10.1080/02684528908432017?journalCode=fint20
(3) https://www.theguardian.com/politics/2003/sep/27/uk.syria1

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Érase una vez la prima Victoria que vivía en Yaroslav, un pueblo de la Rusia profunda

Había una vez una vez una familia común y corriente que vivía en Rusia. El padre, Serguei Skripal, trabajaba de espía hasta que se puso al servicio del MI6, el bando contrario, los espías británicos.

Le detuvieron, le condenaron por alta traición, entró en la cárcel pero le canjearon por otro espía como quien intercambia cromos. Al salir del talego se fue a vivir con sus padrinos británicos.

Tenía una hija, Julia, que se dedicaba a los negocios y viajaba frecuentemente de ida y vuelta entre Rusia y Gran Bretaña.

Tras la muerte de su hermano, Julia recibió una gran suma de dinero, lo cual hubiera sido un alivio para su futuro y el de su padre de no ser porque un mes después ambos fueron envenenados durante una visita en Salisbury, un pueblecito de la campiña inglesa.

Se montó un lío muy gordo. Intervino hasta la Primera Ministra, Teresa May, quien se enfadó mucho con los envenenadores, aunque no sabía quiénes eran. Pero en los cuentos esas cosas no importan porque los malos son siempre los mismos. Los malos son los malos, o sea, los rusos, Iván El Terrible, Rasputín, Stalin, Putin y demás.

Theresa les dijo a todos que el padre y la hija envenenados agonizaban en un hospital y que nunca podrían recuperar su salud porque los malvados les habían suministrado una pócima a la misma altura, o sea, muy mala y venenosa. Letal.

Un Estado (Rusia) había atacado en el territorio de otro Estado a civiles comunes y corrientes, como los Skripal, lo cual es intolerable, dijo Theresa muy enfadada. “Es una declaración de guerra”, añadió a gritos.

Entonces apareció la prima Victoria, que vivía en Yaroslavl. La noticia de sus primos envenenados en Gran Bretaña la tenía agobiada y quería hablar con ellos para saber de primera mano lo que había ocurrido.

Naturalmente eso no era posible porque Serguei y Julia agonizaban en el hospital.

Pero la prima Victoria quería mucho a sus primos y se empeñó en que le dieran un visado para viajar a Londres. Como no le hacían caso, empezó a protestar. Se convirtió en el elefante en la cacharrería: se fue a hablar con los periodistas británicos, aparece en las cadenas de televisión rusas…

En un asunto así, donde todo está bajo un estricto control, no hay nada peor que una mosca cojonera como la prima Victoria.

Fue en ese preciso momento cuando, de repente, Julia despertó de su letargo. La moribunda no era tal; no agonizaba, sólo descansaban y dormía plácidamente. Incluso había recuperado el habla y lo primero que hizo fue llamar por teléfono a su prima Victoria desde un número desconocido. Su voz no era la de alguien que se había enfrentado a la muerte y salía del coma. En absoluto.

Por medio de Julia, May y sus chicos del MI6 querían calmar a una prima de Yaroslav que no entraba dentro de los cálculos y podía meter sus narices en el pastel que cocinaban en el horno.

Los espías (rusos, claro) que lo graban todo, grabaron también aquella conversación y, lo que es peor, no se lo guardaron en el acostumbrado armario sucio, sino que fueron con el cuento a sus amigos, reporteros como nosotros, que tenemos una copia y la vamos a traducir del ruso:

Victoria: ¡Hola!
Julia: ¡Hola!, ¿me oyes?
V.: Te escucho.
J.: Soy Julia Skripal.
V.: ¡Oh! ¡Julia, eres tú! ¡Oh, Dios mío! ¡Se por tu voz que eres tú! ¡No lo entiendo! Te dimos el teléfono, ¿verdad?
J.: Sí, sí, sí.
V.: ¡Gracias a Dios! Mi pequeña Julia, ¿estás bien?
J.: Estoy bien. Todo está bien. Todo está bien.
V.: Mira, si mañana consigo el visado, puedo ir a verte el lunes.
J.: Um, Vic, nadie te va a dar el visado.
V.: Bueno, eso es lo que pienso yo también. Vale, pero si lo regalan, necesito que me digas si puedo verte o no. Tienes que decir que sí.
J.: Um, no lo creo. Aquí, la situación es así. Veremos más tarde.
V.: Sí, lo sé. Lo sé todo.
J.: Sí, más tarde será mejor. De todos modos, todo está bien. Después todo será más claro.
V.: ¿Es ese tu teléfono?
J.: Es temporal, ya sabes, esto.
V.: Um, entiendo.
J.: Hasta ahora todo va bien. Entonces veremos, arreglaremos todo sobre la marcha. La situación es así, ¿entiendes? De todos modos, todo está bien. Todo está bien. Todo está bien. Todo va a ir bien. Todos se curarán. Todo el mundo está vivo.
V.: OK. ¿También Papá está bien?
J.: Todo está bien. Ahora está descansando. Está durmiendo. Todo el mundo está sano. Nada irreparable para nadie. Ya ves. Pronto saldré del hospital. Todo está bien. Todo está bien.
V.: Vale, te beso conejito mío.
J.: ¡Vamos, hola!

Como ven, un cuento nunca tiene nada que ver con la realidad: una
moribunda Julia que sale del coma profundo trata por todos los medios de que su prima de Yaroslav
no viaje a Londres para visitarles en el hospital.

No debía ir a Londres porque podía meter la pata. Podía ver con sus propios ojos algo que no tenía nada que ver con la verdad: nadie estaba enfermo, sólo dormían, descansaban.

El cuento podía acabar aquí y quedaría redondo: sin razón alguna, el gobierno británico no le da el visado a la prima Victoria de Yaroslav para que pueda visitar a sus familiares moribundos, despedirse de ellos, darles el último abrazo…

Pero los pérfidos rusos volvieron a hacer de las suyas y revelaron la conversación telefónica entre los primos que habían grabado con muy malas artes. Entonces los británicos tuvieron que despertar también al padre. ¡Qué éxtasis!

Estuvimos al borde de una guerra internacional por nada, por la agonía de una familia común y corriente.

Luego estuvimos al borde de otra por otro envenenamiento, aunque esta vez no ocurrió en Salisbury sino en el mismo lugar de la Mil y Una Noches: en un oasis de Oriente Medio, muy cerca de Damasco. Alguien se ha aficionado a los cuentos y no para de contarlos a quien quiera escucharlos.

Tenemos
muchos cuentos como estos, de pócimas, venenos, brebajes, brujas y malvados. ¿Les
gustan a Ustedes los cuentos o prefieren la cruda realidad?

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El tóxico con el que envenenaron a los Skripal procede de la OTAN y no de Rusia

El laboratorio suizo de investigación Spitz asegura que el tóxico con el que envenenaron a los Skripal procede de los arsenales del ejército de Estados Unidos, Gran Bretaña y otros países de la OTAN y que nunca ha sido fabricado en Rusia.Según el ministro de Asuntos Exteriores ruso Sergei Lavrov, el 27 de marzo el laboratorio suizo Spitz (Schweizerisches Institut für ABC-Schutz) investigó la toxina utilizada contra los Skripal.

El laboratorio trabajó sobre las muestras tomadas por la OPAQ (Organización para la Prohibición de las Armas Químicas) en el lugar de los hechos en Salisbury, y ha concluido su informe asegurando que pertenecen al arsenal de las fuerzas armadas de Estados Unidos, Gran Bretaña y otros países de la OTAN:

El informe ha sido remitido a la OPAQ, ha explicado Lavrov. En el curso de la investigación se detectaron en las muestras rastros de la sustancia química tóxica BZ y sus precursores, incluidas dentro de las armas químicas prohibidas por una Convención Internacional.

“BZ es un veneno neurotóxico que causa daño temporal. El efecto psicotóxico se desarrolla entre 30 y 60 minutos después de la ingestión y dura de dos a cuatro días”, dijo Lavrov.

“Esto significaba que pertenecía al arsenal de las fuerzas armadas de Estados Unidos, Gran Bretaña y otros países de la OTAN. En la Unión Soviética y Rusia  nunca se fabricanron tales sustancias químicas”.

El neurotóxico A234, conocido en Gran Bretaña como “Novitschok”, también se encontró en las muestras pero, según los especialistas, la alta concentración de Novitschok causaría inevitablemente la muerte.

El laboratorio militar británico de Porton Down ya había anunciado también que no había podido probar el origen ruso del tóxico.

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Siria: concurso de tiro al plato con misiles

La mafia Washington-París-Londres ha vuelto a bombardear Siria. Han enviado a sus aviones de guerra contra un Estado miembro de la ONU para destruir lo que ya está más que destruido.

Han vuelto a experimentar con la táctica de los golpes quirúrgicos, ensayados desde tiempos de Clinton.

Operan a distancia, con misiles, teniendo cuidado para no enfrentarse a un adversario capaz de darle réplica en el campo de batalla.

El ataque relámpago de ayer es militarmente inútil. Es sólo una venganza por la derrota que no va a cambiar el equilibrio de fuerzas.

Está destinado para la galería, para el consumo de los medios y la propaganda de guerra.

No tuvo ningún resultado operativo, ni ningún impacto sicológico. Fue lo más parecido a un concurso de tiro al plato.

Eso han sido los misiles “inteligentes y bellos” de Trump, que acabarán como piezas de chatarra en el futuro museo de la guerra de Damasco.

La defensa antiaérea siria, que ha sido la única en responder, ha disfrutado de un ejercicio de entrenamiento a escala real absolutamente exitoso: ha destruido las tres cuartas partes de los misiles lanzados.

Si el bombardeo hubiera sido una batalla real, no cabría lugar a dudas de que Siria ha vuelto a ganar. De ahí que las primeras imágenes de Damasco sean las de una población feliz que ondea con orgullo la bandera árabe y el retrato de Bashar Al-Assad.

Los portavoces del imperialismo dicen que el objetivo era castigar al gobierno sirio por el uso de armas químicas contra civiles en Guta, pero las únicas pruebas que muestran son los vídeos que los yihadistas han subido a Youtube.

Nos aseguran que tienen otras pruebas “abrumadoras” pero que no nos las pueden enseñar porque son “secretas”.

Se reproduce la misma cantinela de 2003 con las “armas de destrucción masiva” que nunca aparecieron en Irak.

Primero disparan y luego preguntan. La Organización Internacional para la Prohibición de las Armas Químicas aceptó la invitación del gobierno sirio para investigar el asunto, pero el mismo día en que llegaron los expertos, los imperialistas ya habían bombardeado Damasco.

La guerra a distancia que han emprendido está perdida de antemano. La salva de misiles que ha caído sobre Siria no cambiará absolutamente nada el curso de los acontecimientos. Guta ha sido liberada y las demás provincias serán lo serán muy pronto.

Todo el mundo se ha dado cuenta, si es que antes no lo sabía. También lo saben los criminales de Washington, Londres y París. Por eso tensan pero no rompen la cuerda. Sus intereses inmediatos ya no están en Siria. Este país es una batalla perdida para ellos.

Fotografía nocturna de Damasco con el lanzamiento de un misil de la defensa antiaérea siria para interceptar las bombas lanzadas por los bandidos imperialistas
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Los imperialistas bombardean de nuevo las ciudades de Siria

Eran las 4:47 horas de la madrugada en Siria cuando Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña han bombardeado tres ciudades de Siria, incluida Damasco, la capital, donde han escuchado más de 20 explosiones.

Hasta el momento se registran tres heridos en la provincia de Homs producto de la agresión bélica, basada en el envío de más de 100 misiles de crucero y misiles aire-tierra.

La defensa antiaérea ha interceptado al menos 13 de los misiles en la localidad Al Kiswah, al sur de Damasco, donde civiles y militares celebraron el fracaso del ataque. No obstante, dos de ellos han alcanzado a un centro de investigación científica y un aeropuerto militar.

La agresión ha provocado la reacción de decenas de ciudadanos sirios, que han salido a las calles de Damasco con banderas de la República Árabe y de Rusia para celebrar el fracaso del ataque. “Hemos resistido el ataque”, declaró un representante del ejército sirio citado por la agencia Reuters.

Estados Unidos ha atacado Siria desde 2014 en reiteradas ocasiones y ha apoyado a los yihadistas para derrocar por la fuerza al gobierno presidido por Bashar Al-Assad.

En días pasado Trump había advertido a Rusia a través de un mensaje en Twitter de que atacaría a Siria con misiles con el pretexto de unos falsos ataques químicos en Duma por parte del ejército de Damasco registrados el pasado sábado en la ciudad siria de Duma.

Entre otros países, Siria y Rusia solicitaron una investigación internacional para aclarar la falsedad del ataque químico. El bombardeo se ha producido antes de la llegada de la delegación de la
OPAQ encargada de investigar el supuesto ataque químico, que estaba
prevista para hoy mismo.

Sin esperar a los resultados, Trump decidió volver a bombardear el país árabe, apoyado por la Primera Ministra británica Theresa May y el Presidente francés Emmanuel Macron.

Rusia advirtió con antelación al ejército sirio del ataque, que evacuó todas las instalaciones militares hace unos días.

La agresón ordenada por Trump no ha sido aprobada por el Congreso de su país. “Estos ataques son inconstitucionales, ilegales y temerarios”, denunció el parlamentario Justin Amash.

“Es el Congreso, no el presidente (…) quien tiene la competencia para autorizar la acción militar (…) Al bombardear ilegalmente Siria, el presidente ha negado una vez más al pueblo estadounidense, cualquier supervisión o rendición de cuentas en esta guerra interminable”, aseveró la congresista republicana, Barbara Lee.

“Estos ataques son inconstitucionales, ilegales y temerarios”, agregó el parlamentario Justin Amash.

Asimismo, 88 parlamentarios republicanos y demócratas exhortaron a Trump de abstenerse de atacar a Siria, ya que no existe ninguna amenaza directa contra Estados Unidos, además de inventarse un inexistente ataque químico.

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Huelga de hambre de los presos políticos de las FARC

Los presos políticos de las FARC se han declarado en “desobediencia pacífica” y huelga de hambre por tiempo indefinido, en solidaridad con el dirigente del partido Jesús Santrich.

A través de un breve comunicado publicado en las redes sociales, los antiguos guerrilleros encarcelados añaden que la huelga fue inicia también en protesta por el incumplimiento de los acuerdos de paz, en lo relativo al derecho a su liberación.

La víspera el Consejo Político Nacional de la FARC trasmitió un mensaje de solidaridad a Santrich, uno de los principales dirigentes de la antiguo movimiento guerrillero, que fue detenido por la fiscalía colombiana por su supuesta implicación en el delito de narcotráfico.

La dirección de las FARC, que calificó la detención de montaje orquestado por Estados Unidos con el concurso de la fiscalía local, respaldó la decisión de Santrich de iniciar una huelga de hambre y llamó a que esa medida fuera acompañada por el resto de los antiguos guerrilleros que siguen encarcelados.

“Libertad para Santrich. Todos somos Santrich”, declaró Iván Márquez, el dirigente de las FARC, al dar a conocer la posición del partido en relación con lo sucedido. “Nuestra solidaridad con Santrich. Su voluntad es de acero. Todo nuestro apoyo a la huelga de hambre que ha iniciado y a su llamado a que sea acompañada por los prisioneros y prisioneras de guerra que aún se encuentran en las cárceles del régimen”, agregó Márquez.

Unos 1.000 antiguos combatientes de la FARC permanecen aún en prisión, pese a la ley de amnistía vigente desde diciembre del 2016.

El jefe de la delegación de paz de las FARC en La Habana citó la locución latina “Pacta sunt servanda” (lo pactado obliga), para indicar que “no cumplir el acuerdo es engañar”. “No queremos engaños, queremos que se cumplan los acuerdos. Nosotros hemos cumplido totalmente”, recalcó Márquez en una rueda de prensa.

Márquez se equivoca: los pactos siempre los cumplen los mismos. Estados Unidos y el gobierno colombiano ya tienen lo que querían. Ahora a ellos les queda echarse a llorar. Se llama “derecho al pataleo” y es una de esas formas de “desobediencia pacífica” que preconizan.
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Oriente Medio: el imperialismo tensa pero no rompe la cuerda

Un soldado ruso monta guardia en Alepo
Cada vez son más los que sostienen que estamos en vísperas de una nueva guerra mundial. La situación mundial nunca ha sido tan explosiva; ni siquiera en los peores tiempos de Guerra Fría. Las noticias hablan de un inminente ataque estadounidense contra Siria que provocaría una respuesta de los aliados de Damasco, desencadenando así una escalada bélica.

Es el contexto típico de cualquier guerra: amenazas y contraamenazas, acusaciones mutuas y colapso total del Consejo de Seguridad de la ONU.

Sin embargo, este escenario no es nuevo; se viene repitiendo desde 2011 cada vez que el ejército regular sirio logra importantes avances militares, lo cual es un dato a tener en cuenta. El ejército regular sirio y sus aliados (Irán, Rusia, Hezbollah) son la columna vertebral de la resistencia contra el imperialismo en Siria y, por extensión, en Oriente Medio.

Desde que la Batalla de Alepo desequilibró el balance de fuerzas de manera definitiva sobre el terreno, los planes de los imperialistas y sus secuaces locales, se desploman uno tras otro y tratan de encubrirlo con montajes propagandísticos cada vez más burdos para distraer la atención.

Es propio de estúpidos creer que un ejército, como el sirio, que está ganando la guerra, incluso en los barrios de la Guta, decida utilizar armas tóxicas contra criminales que negocian un acuerdo de evacuación.

Esta tensión, lo mismo que la impuesta a Corea del norte recientemente, no significa que esté a punto de estallar una nueva guerra, y menos a escala internacional. Hasta la fecha el imperialismo viene recurriendo tanto a la intoxicación como a la tensión, manteniendo la presión hasta los últimos extremos, tanto en Oriente Medio (Siria) como el Extremo Oriente (Corea, China).

La experiencia acumulada durante la Guerra Fría lo que demostró es que la mayor parte de las veces al imperialismo le basta con mostrar y hacer exhibiciones de fuerza, más que en utilizarla. Cuestión diferente es que las potencias hegemónicas sean capaces de mantener una situación así, sin que se le vaya de las manos. Con la guerra no pueden jugar ni siquiera los ejércitos más poderosos, como el de Estados Unidos, que por su propia exhuberancia tienen tendencia a pasarse de rosca.

Para los imperialistas el riesgo es tanto mayor en cuanto que sobre el terreno se rodean de unos cómplices, especialmente Israel y Arabia saudí, que tienen su propios planes y han dado sobradas muestras de que intentan provocar a Estados Unidos para que vaya mucho más lejos. Da la impresión de que es eso lo que explica montajes reales o inventados, como el ataque tóxico del sábado pasado.

La llegada de Trump a la Casa Blanca está favoreciendo las provocaciones militares de Israel, que busca una guerra contra Siria e, indirectamente, contra Irán, en Oriente Medio, un propósito en el que coincide con los sátrapas saudíes. Ambos, sionistas y saudíes, creen que nunca van a tener una oportunidad mejor para sus propósitos que con Trump al frente del gobierno de Estados Unidos.

En particular, Israel esta jugando con fuego con ataques como el desencadenado contra el aeropuerto T4, que causó la muerte de sirios e iraníes.

Pero la experiencia demuestra también que en Oriente Medio no hay manera de mantener una guerra limitada, y ahora menos que nunca, cuando Siria y sus vecinos tienen el territorio más militarizado del mundo. Más en concreto: no hay manera de desatar un ataque a Siria sin entrar en guerra con Rusia, lo cual son palabras mayores.

El embajador ruso en Beirut ha advertido con claridad que su ejército responderá a cualquier ataque imperialista contra Damasco. Por su parte, a pesar de las amenazas de guerra de Trump, ahora mismo el Pentágono es reacio a un ataque así. A pesar de las agresivas acusaciones lanzadas contra Rusia, Estados Unidos ha eludido cuidadosamente un choque directo, para lo cual tienen abiertos numerosas canales, civiles y militares, a fin de evitar “malos entendidos”. El Pentágono prefiere seguir presionando a través de sus sicarios yihadistas y kurdos.

En la ecuación queda una incóginita, Turquía, cuya evolución diplomática no ha podido ser peor para los planes imperialistas. Erdogan no cae simpático a nadie, pero aún no ha acabado de jugar todas sus cartas, aunque todo indica que la OTAN no puede contar con quien hasta ahora con un ejército que hasta ahora había sido un perro muy fiel. Más bien al contrario, los negocios con Rusia van viento en popa, sobre todo en dos aspectos tan capitales, como los oleoductos y las centrales nucleares. A ello hay que unir, en el terreno político, una luna de miel en la que entra Irán.

En la última cumbre, Turquía ha admitido la derrota de los yihadistas en la Guta oriental y se ha comprometido a evacuar a los dirigentes -que son sus propios peones- hacia Jarablus.

A pesar de la verborrea, la escalada de la tensión en Oriente Medio es muy contenida, tanto que su objetivo se focaliza ahora en Irán, donde ya han emprendido las típicas acciones de desestabilización y protestas, al tiempo que Trump anunciaba su retirada del acuerdo nuclear.

El plan imperialista es el siguiente: una parte muy importante de los yihadistas que están abandonando Siria se están instalando en Afganistán en una región fronteriza con Irán, Baluchistán, poblada principalmente por sunitas. Es el talón de Aquiles de Irán y el foco de la desestabilización de los últimos meses.

Trump cancelará el acuerdo nuclear con Irán el próximo mes, coincidiendo con una nueva “primavera” de protestas al estilo de las de 2011 en los países árabes. A cambio de aflojar la trensión, los imperialistas exigirán que las unidades militares iraníes se retiren de Siria y Líbano. Sería una manera indirecta de aislar a Siria y Hezbolah y alejar el fantasma de una guerra generalizada.