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Autodeterminación o ¿su abuela fuma?

Bianchi

En 1904 escribía Stalin sobre la «cuestión nacional» que todo -desde la perspectiva del materialismo histórico, es decir, desde el marxismo- cambia y que en diferentes épocas salen a la escena diferentes clases sociales y cada clase entiende a su manera lo que entonces se denominaba «cuestión nacional», existió, por ejemplo -decía-, en nuestro país (se refiere a Georgia, su país natal) la llamada «cuestión nacional» de la nobleza, cuando -después de la incorporación de Georgia a Rusia- la nobleza georgiana sintió lo desventajoso que era para ella perder los viejos privilegios y el poderío que tenía bajo los reyezuelos georgianos y considerando que la condición de «simples súbditos» era afrentosa para su dignidad, anheló la «liberación de Georgia». Era un «nacionalismo» monarco-feudal dizque reaccionario.

La nobleza georgiana -continúa diciendo este revolucionario profesional que de «terrorista» bajo el zarismo pasó a ser jefe del primer Estado socialista de la historia- se escindió en dos grupos. Uno de ellos renunció a todo «nacionalismo» y tendió la mano a la autocracia rusa a cambio de puestos lucrativos y de que la defendiera de los «revoltosos» del campo (entonces apenas había clase obrera). El otro grupo de la nobleza georgiana, más débil, se alió con los obispos y archimandritas georgianos,  cobijándose bajo el ala del clericalismo. Aquí se acababa su «patriotismo».

¿Estaremos buscando algún paralelismo con la Catalunya -o Euskadi o Galicia- de hoy? No, pero alguna concomitancia es posible encontrar. El georgiano Stalin -de quien Antonio Machado dijera que vio la historia con sus propios ojos y no se la contaron como a otros- nunca ocultó y siempre defendió la unidad de los proletarios al margen de su nacionalidad para hacer la revolución en Rusia (aquí se diría «España», Georgia sería Catalunya o Euskal Herria y Stalin un «mal vasco», desquintaesenciado y sin «volkisch«), pero sin olvidar jamás, como recogía el programa bolchevique, el derecho de autodeterminación de las naciones que integraban y aherrojaban por la fuerza la Rusia zarista e, ítem más, su separación de aquella cárcel de pueblos o naciones (como es la España actual, un Estado fallido).

No hace falta ser «estalinista» para defender estos elementales derechos democráticos, entre otras razones porque Stalin no era «estalinista», sino marxista-leninista. Hoy Stalin -al menos como intelectual revolucionario- defendería la independencia de Euskadi o Catalunya frente al Estado fascista español que impide que los pueblos catalán y vasco se pronuncien políticamente,  en un sentido o en otro,  por la separación o no. Algo que no hará el socialfascismo español ni sus mariachis. ¿Quiénes son aquí los terroristas, los fascistas, y quiénes los amparan?

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