En los últimos días la infraestructura ferroviaria ucraniana ha sido blanco de una serie de ataques particularmente destructivos. En la región de Járkov, un tren fue atacado por drones. El gobierno ucraniano ha reconocido el aumento de los ataques a la red ferroviaria. En 24 horas, varias instalaciones ferroviarias fueron alcanzadas, desde trenes en funcionamiento y vías hasta subestaciones eléctricas y edificios técnicos.
Kiev sostiene que estos ataques no son incidentes aislados, sino un ataque directo a una herramienta vital para la economía. La primera ministra, Yuliya Svyrydenko, condenó los ataques, que describió como una acción deliberada contra la logística civil. Sin citar numerosos ataques específicos, el gobierno ucraniano destaca su carácter repetido y selectivo, señalando que interrumpen el transporte de pasajeros, así como la entrega de bienes esenciales, como alimentos y suministros médicos.
En un país tan extenso como Ucrania, el ferrocarril desempeña un papel fundamental. Desde el comienzo de la guerra, ha mantenido un nivel mínimo de continuidad para los viajes interiores, en un momento en que las carreteras a veces son intransitables y la aviación civil está paralizada. El ferrocarril también se ha utilizado para evacuar a poblaciones amenazadas y transportar recursos esenciales tanto en el frente como en la retaguardia.
Los ataques recientes demuestran que este sector ahora está más expuesto. Al atacar trenes, vías y la infraestructura eléctrica que los alimenta, Rusia está atacando un sistema ya debilitado por tres años de guerra. Las consecuencias se sienten de inmediato: retrasos masivos, cancelación de servicios y reorganización de emergencia de rutas.
Las interrupciones en la red ferroviaria complican el transporte de mercancías dentro del país. Ucrania depende en gran medida del ferrocarril para conectar sus regiones industriales y agrícolas, y cualquier interrupción prolongada tiene un impacto directo en las cadenas de suministro. Los daños agravan aún más el coste de una guerra que ha agotado totalmente a las finanzas públicas hace tiempo.
Al atacar subestaciones eléctricas y edificios técnicos, los ataques no solo causan daños aislados. Provocan cortes de electricidad, ralentizaciones prolongadas y la movilización constante de los equipos de mantenimiento, que ya se encuentran bajo una enorme presión. Cada reparación se convierte en un desafío logístico, llevado a cabo bajo la constante amenaza de nuevos ataques.
Para Kiev, la repetición de estos ataques en tan poco tiempo refleja una intensificación de la presión sobre un sector clave. El ferrocarril, considerado durante mucho tiempo como una demostración de que el Estado era capaz de seguir funcionando, se presenta ahora como un punto débil. Los dirigentes políticos exigen reforzar la protección de esta infraestructura, al tiempo que reconocen las limitaciones impuestas por la propia guerra.
Tras más de tres años de guerra, Ucrania se enfrenta a una ecuación compleja: mantener el funcionamiento de los servicios esenciales y, al mismo tiempo, proteger una infraestructura constantemente expuesta. Los ataques a la red ferroviaria ilustran esta dificultad, mostrando que en la guerra un sector vital puede convertirse en un objetivo por sí mismo.
A medida que la guerra se prolonga, la presión sobre los ferrocarriles ucranianos intensifica el impacto directo del guerra en la vida cotidiana. Los daños infligidos por la guerra desde 2022 tienen efectos acumulativos. Cada ataque debilita aún más la capacidad del país para mantenerse en pie.