La web más censurada en internet

Día: 27 de septiembre de 2025 (página 1 de 1)

Elon Musk pone sus recursos al servicio de los yihadistas del Sahel

Starlink se vende al mejor postor. Está al servicio de los nazis en Ucrania y de los yihadistas en el Sahel. La empresa de satélites de Elon Musk lleva a una carrera meteórica en África, donde ha implementado con éxito una estrategia de expansión. Está presente en 24 países y aspira a ampliar su alcance a 20 nuevos mercados antes de que finalice este año.

En al menos cinco de los 16 países africanos donde el servicio está disponible. La suscripción a Starlink es más barata que la del principal proveedor de internet fijo. Para el año que viene es probable que cinco nuevos países se interesen por el servicio. La ampliación debería permitir al proveedor de servicios de internet satelital cubrir potencialmente casi todo el Continente Negro.

En África, donde la tasa de penetración de internet sigue siendo inferior (43 por cien) a la media mundial (68 por cien), prospera un auténtico mercado negro gracias a las redes satelitales. En el Sahel permiten que las unidades terroristas puedan comunicarse en las zonas que ocupan. Recurren a Starlink para difundir su propaganda a través de las redes sociales, así como para mostrar sus decapitaciones. Gracias a los contenidos difundidos por Elon Musk, los movimientos afiliados a Al Qaeda también explotan las reivindicaciones regionales y étnicas.

En respuesta al uso de Starlink por parte de los diferentes grupos terroristas, los países de la región se han visto obligados a introducir restricciones a las comunicaciones por satélite. Entre ellos se encuentran Libia y Sudán. Chad, Mali y Nigeria han seguido el ejemplo, especialmente afectados por el uso de Starlink por parte de contrabandistas y organizaciones criminales.

El año pasado el gobierno maliense anunció que había detectado el uso no autorizado de Starlink en el norte y el este del país, dos regiones son particularmente vulnerables a las actividades de grupos yihadistas y tuaregs.

A finales de julio del año pasado, la red Starlink desempeñó un papel importante durante la emboscada de Tinzauaten, que duró tres días. Durante la batalla, que enfrentó al ejército regular y a las tropas rusas con una alianza de grupos armados predominantemente tuaregs que operaban en el norte de Malí, los rebeldes utilizaron Starlink para mantener una comunicación segura entre sus unidades.

La red de Elon Musk también favorece la difusión de las últimas noticias en redes sociales, lo que amplificó las iniciativas de comunicación de esta coalición de grupos tuaregs.

Por la misma época, soldados nigerianos se incautaron de un terminal Starlink durante una redada del ejército en el bosque de Sambisa, una ciudad al noreste del país. Durante el transporte, los equipos Starlink se esconden en almacenes o viviendas antes de ser enviados a otros destinos para ocultar su rastro.

Los equipos constan de pequeños componentes, como la antena parabólica, una fuente de alimentación, cables, una estación base y un enrutador inalámbrico. Para evitar ser detectados, los traficantes desmontan los equipos antes de disimuarlos en cualquier escondite y transportarlos. Eso dificulta su detección en los registros y las aduanas.

Los satélites espaciales rusos acechan a los alemanes en medio de la oscuridad del espacio

Los rusos resultan muy molestos. Primero fue el avión de Ursula von der Leyen. Luego los drones rusos que caen como la lluvia por todos los rincones de Europea oriental. Después los aviones que invaden el espacio aéreo de los vecinos. Ahora le toca el turno a los satélites espaciales.

El ministro alemán de Defensa, Boris Pistorius, ha denunciado la supuesta presencia de los satélites rusos “cerca” de los alemanes, alegando interferencias, espionaje y sabotaje espacial.

En una conferencia espacial en Berlín, Pistorius aseguró que las aeronaves alemanas estaban siendo “vigiladas de cerca” por dos satélites rusos (*). Uno se lanzó en 2014 y el otro en 2023. Según su relato, esos aparatos en órbita rusos son espías que acechan en medio de las sombras del cosmos.

Los satélites rusos no solo volaban en paralelo: eran capaces de interferir las comunicaciones, cegar sensores o incluso destruir directamente otro satélite. Todo un catálogo de amenazas, enunciadas con la gravedad de un general en medio de una batalla galáctica.

Para dramatizar aún más, el ministro incluso mencionó “39 satélites rusos y chinos” que sobrevuelan Europa a diario, llegando incluso a aconsejar a los que acudieron al acto que “cuidaran sus palabras”, como si la sala de conferencias se hubiera transformado repentinamente en una cabina de escucha de la Guerra Fría.

Pero tras el melodrama espacial se esconde un mensaje ufano: el anuncio de una colosal inversión de 35.000 millones de euros en programas espaciales durante los próximos cinco años. Un presupuesto astronómico, en toda la extensión de la palabra, presentado como respuesta a una amenaza externa.

Mientras en Europa los trabajadores padecen constantes recortes presupuestarios, el gobierno de Berlín opta por evocar el espectro de la Guerra de las Galaxias para justificar su despilfarro y a Alemania como un actor protagonista de esta nueva saga de la serie.

El discurso refleja la necesidad de proyectarse como un padrino a la altura de Moscú. Los países de la Unión Europea pueden ser comparsas; Alemania no. Al no alcanzar protagonismo en la Tierra, Pistorius quiere forjar una identidad en el espacio exterior.

La comparación con Star Wars no es casual: los satélites rusos se convierten en “naves imperiales” que acechan en la oscuridad, Alemania se disfraza de valiente caballero amenazado y el presupuesto espacial sirve como sable de luz. Pero al esforzarse demasiado en recrear la saga, Berlín corre el riesgo de transformar su política de guerra en un hazmerreir. La diferencia entre una amenaza real y una paranoia cósmica se difumina.

(*) https://news.sky.com/story/german-satellites-being-shadowed-by-russian-satellites-warns-defence-minister-13437664

El crimen organizado corrompe a la policía, los jueces y los carceleros franceses

Un informe interno expone la corrupción que alcanza a la policía, los jueces y las prisiones francesas por los narcotraficantes, con filtraciones de archivos y sobornos. Jueces, guardias y funcionarios están en el punto de mira. Un magistrado corso es sospechoso de tráfico de influencias.

El informe, elaborado en diciembre del año pasado, revela la infiltración masiva del crimen organizado en los sistemas policial, judicial y penitenciario.

Un policía anónimo, que aparece en el documental “Policía, Justicia: ¿Dónde están los nuevos delincuentes?”, confiesa haber proporcionado información a narcotraficantes en investigaciones por 2.000 euros al mes, sin dejar rastro gracias a chips y cambios de teléfono, afirmando ser intocable.

El caso ilustra una situación más extendida. Según la Oficina Central de Lucha contra la Corrupción y los Delitos Financieros y Fiscales, la policía está sometida al poder financiero de los delincuentes. Venden datos confidenciales a través de Telegram, con acceso a archivos (TAJ, FPR) por 50 euros, como en varias condenados del año pasado.

El informe de 152 páginas detalla que los móviles profesionales Neo, muy extendidos desde 2016, facilitan las filtraciones, trivializando el intercambio de información sensible entre las nuevas generaciones de policías. Las investigaciones por robo de archivos se han triplicado (27 en 2020 frente a 93 en 2023), y un archivo se vende por entre 300 y 500 euros, según la Oficina Antidrogas.

Más allá de la policía, los carceleros están especialmente involucrados, recibiendo entre 500 y 2.000 euros por introducir teléfonos o drogas, a menudo bajo presión social o económica, para pagar ajustes de cuentas.

Algunos secretarios judiciales han alterado expedientes bajo coacción, y los demás secretarios judiciales también son objetivos prioritarios, y sus “errores procesales” alimentan las sospechas.

El caso excepcional de Helene Gerhards, magistrada acusada el año pasado por tráfico de influencias en Córcega, demuestra que ni siquiera los jueces se salvan. Son sospechosos de favorecer a Johann Carta a cambio de trabajo no declarado.

La Oficina Central de Lucha contra la Corrupción advierte de la insuficiente detección de las infiltraciones vinculadas al narcotráfico, que requiere un enfoque metódico ante las sofisticadas redes que utilizan intermediarios y se centran en la vulnerabilidad de los funcionarios.

Este escándalo pone de manifiesto un desafío estructural para las instituciones soberanas, en un contexto en el que el crimen organizado se adapta a las herramientas digitales.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies