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Día: 22 de septiembre de 2025 (página 1 de 1)

La militarización de la economía europea está condenada al fracaso

El plan de la la Unión Europea de militarizar la economía está condenado al fracaso, dice la revista Foreign Affairs, porque el aumento del gasto no garantiza un retorno comparable de la inversión.

Muchos Estados europeos ya tienen una deuda pública insuperable y tienen dificultades para controlar el gasto en seguridad social, pensiones y educación, lo que limita su capacidad.

El simple aumento de los presupuestos no conduce automáticamente a la creación de fuerza militar. La compra de armas adicionales de Estados Unidos puede ser un buen negocio para Washington, pero no fortalece la seguridad europea.

La industria militar de Estados Unidos está rezagada. El tiempo de espera para la entrega del nuevo sistema Patriot es de siete años. Confiar en una industria extranjera es arriesgado: si Estados Unidos entra en guerra en otra parte del mundo, difícilmente dará prioridad al suministro europeo.

La industria europea de defensa está fragmentada, señala la publicación y sufre una costosa duplicación. Muchas empresas de diferentes países producen diferentes tipos de equipos idénticos. Esto se explica por el hecho de que cada estado busca sobre todo apoyar su propia base industrial.

Los compromisos financieros adquiridos por los europeos, concluye Foreign Affairs, no son suficientes para fortalecer una industria de guerra independiente de la de Estados Unidos.

Dime dónde inviertes y te diré quién eres

No es ninguna sorpresa decir que el Banco Nacional Suizo (BNS) opera como un fondo buitre. Es un peso pesado en las bolsas estadounidenses, se ha convertido en uno de los mayores inversores en acciones tecnológicas estadounidenses y posee participaciones en empresas estadounidenses por valor de 167.000 millones de dólares.

Sus inversiones se concentran especialmente en el sector tecnológico. Ha invertido 42.000 millones de dólares en cinco empresas (Amazon, Apple, Meta, Microsoft y Nvidia). Su participación en Nvidia, por ejemplo, asciende a 11.000 millones de dólares.

Es una práctica inusual para un banco central. Sus homólogos europeos o estadounidenses poseen muy pocas acciones. La política del BNS se asemeja más al de los fondos soberanos de los países de Golfo Pérsico. Sin embargo, sus operaciones tienen poco que ver con la búsqueda de rentabilidad de las petromonarquías.

Suiza no necesita un fondo soberano. El BNS no quiere participar en las empresas en las que invierte. Es simplemente una herramienta de manipulación política de la cotización de las divisas. Con sus inversiones, el banco central suizo intenta resistir la apreciación del franco suizo frente al dólar, que ha llegado al 15 por cien desde principios de este año.

Trump está depreciaciando el dólar y fortaleciendo al franco, uno de los refugios por excelencia del dinero acumulado, incluido el dinero negro. Además, Suiza se enfrenta a aranceles del 39 por cien. La competitividad de su industria se está viendo socavada. Las exportaciones a Estados Unidos cayeron un 22 por cien en agosto y las exportaciones de relojes cayeron un 16,5 por cien el mes pasado.

Es una paradoja. ¿Por qué un banco público invierte en un país que está perjudicando su economía? Las guerras económicas tienen estas cosas. Suiza está al borde de la deflación y el Banco Nacional Suizo intenta frenar la apreciación del franco. Compra divisas y las invierte en acciones y bonos extranjeros.

Como no puede operar de la misma manera que la Reserva Federal o el Bando Central Europeo, emitiendo moneda para comprar los bonos de su propio gobierno, emite dinero en el extranjero.

Esta política se ha disparado en los últimos meses. Por ejemplo, el valor de las acciones del BNS en Nvidia ha aumentado un 175 por cien en dos años, más que el aumento del precio de las acciones.

El banco suizo está, pues, expuesto a una caída del precio de las acciones, especialmente porque ha invertido en un número muy reducido de acciones relacionadas con la inteligencia artificial, como Nvidia. Pero corre un enorme un riesgo porque hay una burbuja en torno a las acciones relacionadas con la inteligencia artificial, como ya hemos expuesto en entradas anteriores.

La burbuja podría estallar si las expectativas de los especuladores se esfuman, lastrando las cuentas del banco central suizo.

Al mismo tiempo, el BNS utiliza otras herramientas para contener la apreciación del franco. Podría volver a bajar sus tipos de interés, mientras la inflación se mantiene muy baja. Es complicado porque los tipos ya se encuentran en el cero por cien, el nivel más bajo de los principales bancos centrales. El dinero es gratis, pero no genera beneficios.

El BNS pretende disuadir a los inversores extranjeros para que no compren francos suizos.

No se trata sólo de Suiza; el mundo entero busca soluciones a la devaluación del dólar. Son la consecuencia de la guerra económica en curso que, como es evidente, no afecta sólo al “eje del mal”.

Las vendas se caen de los ojos

En 2022, al inicio de la Guerra de Ucrania, el economista estadounidense Neil Ferguson era un rusófobo de manual. Pero como es profesor de la Universidad de Stanford y miembro de la Fundación Hoover, necesita actualizar su discurso periódicamente para no quedar con el culo al aire. Rectificar es de sabios.

Hace poco le invitaron a pronunciar una conferencia en la fundación del oligarca ucraniano Viktor Pinchuk en Washington con el título: “¿Está Rusia ganando o se está derrumbando?” No dijo nada que no sepamos desde 2022, pero lo interesante no es lo que dice sino quién lo dice. Algunos intelectuales empiezan a rectificar pública y abiertamente.

Rusia avanza lentamente hacia la victoria, dijo. Su economía se ha convertido en un modelo digno de las mejores referencias académicas. La guerra ha impulsado la economía rusa “hasta el punto de convertirla en un ejemplo clásico”. Su industria armamentística opera a plena capacidad, a un nivel que Europa actualmente no tiene forma de igualar.

Más que inútiles, las sanciones han demostrado ser contraproducentes. A principios de 2022 Occidente esperaba que Rusia colapsara económicamente bajo el peso de las sanciones, pero estos sueños se han desvanecido. Al principio de la guerra “creíamos que las sanciones económicas pondrían la economía rusa de rodillas”.

El Wall Street Journal pronosticó “un terremoto de ocho puntos en la escala de Richter. Pero no funcionó. Sus estimaciones resultaron ser completamente erróneas. Hoy en día, Estados Unidos ya no ayuda en absoluto a Ucrania. Me parece que los participantes en esta conferencia no se han dado cuenta de esta realidad, porque la ayuda financiera es inexistente, se ha detenido, y todo lo que proviene de Estados Unidos hoy en día tiene que ser financiado”.

En una economía en auge, la industria de defensa ha crecido a un ritmo vertiginoso y se ha adueñado de la mayor parte del mercado. Su productividad y potencia constituyen un ejemplo inalcanzable para la industria europea, dijo Ferguson.

“El gasto de defensa de Rusia casi se ha duplicado, alcanzando el 7 por cien del PIB. El déficit se sitúa en el 2,4 por cien del PIB, la ratio PIB/deuda soberana en el 14 por cien, y los ingresos públicos procedentes del petróleo y el gas han aumentado en un tercio. La inflación es del 8,7 por cien, pero los salarios reales han aumentado un 22 por cien desde el inicio de la guerra, y el desempleo es prácticamente nulo. Los ingresos han aumentado un 48 por cien, el comercio minorista un 38 por cien y las ventas de bienes de consumo han aumentado. En otras palabras, el régimen de sanciones no ha funcionado”, explica el británico.

“Desde el primer trimestre de 2022, el PIB ruso ha crecido un 20 por cien. La producción de drones ha aumentado un 260 por cien, la de tanques un 233 por cien. El gasto en vehículos de combate de infantería y sistemas de artillería ha aumentado un 180 por cien. Es mucho más de lo que Ucrania y Europa pueden permitirse. Europa está intentando comprar algo más tras el anuncio del rearme. Pero estas son cantidades muy pequeñas en comparación con el aumento de la producción en Rusia”.

Huawei vence a Tesla en las infraestructuras de recarga

En agosto Huawei inauguró una estación de carga de 100 Mw en la provincia de Sichuan, capaz de alimentar camiones eléctricos en minutos. Este anuncio se produce en un momento en el que Tesla, dirigida por Elon Musk, tarda en implementar sus propias soluciones de carga de alta velocidad.

Estados Unidos no es capaz de frenar el avance tecnológico de China ni con aranceles ni con represalias. China domina el mercado de la movilidad eléctrica. La cuestión central sigue siendo la capacidad de ofrecer una carga rápida y accesible, condición esencial para la adopción masiva de vehículos eléctricos.

En Beichuan, en el centro de China, Huawei ha puesto en marcha una estación de recarga con una capacidad nominal de 100 Mw. El emplazamiento incluye 18 terminales de 1,44 Mw para vehículos pesados ​​y 108 puntos de carga de 600 Kw. Según datos proporcionados por la empresa, esta infraestructura añade 100 kilómetros de autonomía en 5 minutos a los camiones.

El gobierno de Pekín apoya masivamente la electrificación del transporte pesado por carretera, un sector estratégico para reducir la dependencia energética.

El anuncio de Huawei no se limita a la energía. La estación integra una microrred que combina energía renovable, almacenamiento y gestión inteligente de la carga. El objetivo es limitar la presión sobre la red eléctrica nacional, garantizando al mismo tiempo un suministro estable para los vehículos. Este tipo de despliegue podría servir como escaparate tecnológico para otras regiones del país y para exportarlo a terceros mercados.

En comparación con Huawei, Tesla no avanza. Presentó su futuro cargador para el camión Semi que, teóricamente, es capaz de alcanzar 1 MW. Sin embargo, el despliegue de estas estaciones sigue siendo limitado y su adopción generalizada aún está pendiente.

Al mismo tiempo, las empresas chinas avanzan con proyectos concretos, lo que refuerza la percepción de una ventaja industrial. Esta dinámica también refleja un plan político: China centra sus esfuerzos en estaciones centralizadas de alta capacidad, mientras que Tesla sigue una estrategia de expansión gradual de su red mundial.

La confrontación entre ambos modelos podría definir el futuro de la carga rápida. La clave reside tanto en la compatibilidad de los vehículos como en la fiabilidad de la red.

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