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Día: 20 de agosto de 2025 (página 1 de 1)

Reino Unido se ha preparado para desplegar tropas en Ucrania si hay alto el fuego

En contra de Estados Unidos, la propuesta europea para Ucrania es legalizar lo que ya existe: la presencia de tropas extranjeras dentro de Ucrania. El motivo mismo de la guerra se pretende reconvertir en su final.

En el caso imposible de que el plan europeo prosperara y Rusia aceptara un alto el fuego, a Ucrania llegarían, como en 2014, tras el Golpe de Estado fascista, cientos de instructores e ingenieros militares británicos para volver a hacer lo mismo que entonces: poner el pie a un ejército ucraniano títere.

Según el Daily Telegraph, el primer ministro británico, Keir Starmer, ha aprobado el uso de aviones de combate de la Real Fuerza Aérea para patrullar el espacio aéreo ucraniano junto con sus aliados con el pretexto de impedir que Rusia viole el alto el fuego.

A eso es a lo que los europeos llaman “garantías”.

Tampoco es nada nuevo. Es lo mismo que ya está ocurriendo con las patrullas aéreas de la OTAN en la región de Kaliningrado y el Mar Báltico, en las que la aviación española ha tenido un papel estelar.

Afortunadamente, los europeos no tienen ninguna capacidad de influir sobre la situación en Europa oriental. Rusia no va a firmar ningún alto el fuego y exige un tratado de paz que acabe con los motivos que han provocado la guerra, es decir, la expansión de la OTAN en Ucrania, la desnuclearización y la desmilitarización.

Esa es la situación que se va a producir, o bien por las buenas, firmando un tratado, o bien por malas, siguiendo con la guerra hasta la capitulación del gobierno de Kiev. Estados Unidos ya lo ha aceptado y sólo falta que los europeos, incluidos los laboristas británicos, hagan lo propio.

Estados Unidos abre una brecha contra Rusia e Irán en el Cáucaso

Recientemente Armenia y Azerbayán entraron en una guerra por Nagorno-Karabaj, que acabó con una sonora derrota de los primeros, que han tenido que realizar importantes concesiones territoriales, lo cual es un mal precedente para Ucrania, por más que los medios de comunicación guarden silencio al respecto, como tienen por costumbre. Si Armenia ha tenido que ceder en Nagorno-Karabaj, ¿por qué rasgarse las vestiduras en Crimea y el Donbas?

El gobierno de Bakú ha llevado a cabo una limpieza étnica de Nagorno-Karabaj, pero Estados Unidos ha levantado la prohibición de la cooperación militar con Azerbaiyán y también escapa a las sanciones.

Hay muchas analogías con Ucrania. El acuerdo entre Armenia y Azerbayán se firmó recientemente en Washington bajo el patrocinio de Trump. A pesar de que Armenia forma parte de la CSTO (Organización del Tratado de Seguridad Colectiva), se aleja progresivamente de Rusia y China y va de mal en peor.

El mal ha sido su derrota y el peor ha sido meter a los imperialistas en el Cáucaso de nuevo. En 2020 fue Rusia quien puso fin a la guerra anterior por Nagorno-Karabaj, y desplegó 2.000 soldados en interposición, que no pudieron impedir el nuevo ataque azerbaiyano de 2023.

Las tropas rusas abandonaron Nagorno-Karabaj en marzo del año pasado. Este año Armenia se ha negado a realizar maniobras militares conjuntas con Rusia. Sin embargo, el 12 de agosto comenzaron las maniobras militares “Eagle Partner” con el ejército estadounidense y se espera la llegada de empresas de mercenarios al Corredor de Zanguezur y a la frontera con Irán.

Azerbayán es un país cercano a Israel, uno de sus principales proveedores militares. La asociación de ambos apunta a Irán. En fin, el gobierno de Bakú se ha convertido en una cuña entre Rusia e Irán. Es Azerbayán quien ha propuesto a Trump para Premio Nóbel de la Paz. En junio, durante la Guerra de los 12 Días, prestó su espacio aéreo para que los aviones israelíes bombardearan las instalaciones iraníes.

Una importante ruta comercial a través de la sección montañosa del Cáucaso sur está a punto de llevar el nombre de Trump, dice la agencia Bloomberg. “La ruta atravesará Armenia, conectando Azerbaiyán con su enclave que limita con Turquía al oeste. Armenia rechazaba previamente el corredor de tránsito, considerándolo una violación de su territorio, pero la existencia de una ruta de transporte y comunicaciones respaldada por Estados Unidos aparentemente superó sus objeciones. El tratado entre Azerbaiyán y Armenia, que han librado guerras intermitentes durante décadas, incluidas dos en los últimos años, reportará dividendos significativos. La administración Trump ya calificó el acuerdo de paz alcanzado en la Casa Blanca durante la cumbre con Nikol Pashinyan e Ilham Aliyev como un fracaso para Rusia e Irán” (1).

Los esfuerzos de Irán por mejorar sus relaciones diplomáticas con Ereván y Bakú se han ido al traste. El corredor Norte-Sur, la arteria vital de India a Rusia a través de Irán, trascendental para la Nueva Ruta de la Seda y los Brics, ha quedado en suspenso.

El barril de pólvora

La vuelta del imperialismo estadounidense al Cáucaso crea un serio problema para Rusia, pero sobre todo para Irán, que ha anunciado que tomará medidas, tanto si lo Rusia lo hace como si no. De momento, Teherán mantiene consultas con Armenia, Azerbaiyán, Turquía y Rusia para advertirles de los riesgos del desembarco estadounidense en el Cáucaso.

Pero hay otros protagonistas mal avenidos, como Reino Unido y Turquía. Recientemente el enviado comercial británico Afzal Khan cometió una hrejía característica de la diplomacia secreta: viajó al norte de Chipre, a la zona ocupada por Turquía, de un país que pertenece a la Commonwealth británica. El incidente se conoce porque el dirigente de Chipre del norte, Ersin Tatar, no se calló la boca (2).

En fin, británicos y turcos se entienden cuando les conviene, pasando por encima de amiguetes como los chipriotas del sur, que son la retaguardia del imperialismo en Oriente Medio y siguen prestando sus bases militares para cualquier agresión militar, incluidas las israelíes.

La situación de Irán en el Cáucaso se le empieza a complicar y va a necesitar al apoyo de Rusia para que no se le complique excesivamente, después del golpe recibido en Siria ante los mismos actores: Estados Unidos, Reino Unido y Turquía.

Rusia tampoco se puede descuidar. El año pasado dijimos que no tendría que afrontar un segundo frente en el Cáucaso, y ahora rectificamos porque la situación se deteriora a pasos agigantados. El 25 de diciembre del año pasado se produjo uno de esos extraños accidentes aéreos en un vuelo de Azerbaijan Airlines, entre Bakú y Grozny, en Chechenia, que se desvió de su ruta y se estrelló en Kazajistán durante un aterrizaje de emergencia después de que “objetos metálicos extraños” penetraran en la armadura del avión, provocando un fallo hidráulico.

El gobierno de Bakú exigió una disculpa a Moscú y el 27 de junio el tono entre ambas partes subió bastantes decibelios, cuando dos ciudadanos azerbaiyanos murieron en la ciudad rusa de Yekaterinburg. En los días siguientes, Bakú tomó represalias contra 10 ciudadanos rusos y detuvo a varios periodistas.

Azerbayán cumple el encargo más importante para sus jefes

Es Azerbayán quien cumple uno de los encargos más importantes de los imperialistas: la empresa azerbaiyana Socar entrega gas a Ucrania a través del gasoducto TransBalkan, que cruza Turquía, Bulgaria y Rumania. Un viaje que da la vuelta al Mar Negro sorteando Rusia.

En 2022, al comenzar la Guerra de Ucrania, la Unión Europea firmó un acuerdó con Bakú, aumentando sus importaciones de gas del Caspio en un 40 por cien y Socar firmó un nuevo protocolo de cooperación con el gigante petrolero estadounidense ExxonMobil.

El 6 y 8 de agosto Rusia bombardeó las instalaciones de Socar en Ucrania. “Estos ataques no impedirán la cooperación energética entre Azerbaiyán y Ucrania”, dijo Aliyev en un comunicado.

Varias refinerías europeas anunciaron que querían recibir petróleo azerbaiyano, que pasa por el oleoducto Bakú-Tbilisi-Ceyhan. El problema es que no está en servicio porque está contaminado con cloro. Los medios rumanos han afirmado que Bucarest sospecha que Moscú estaba detrás del sabotaje.

Las malas relaciones entre Rusia y Azerbayán han llegado a tal punto que el gobierno de Bakú amenaza con entregar armas a Ucrania en caso de que continúen los ataques rusos.

A vueltas con el Corredor de Zangezur

Si Azerbaiyán adopta una actitud abiertamente hostil hacia Rusia y Irán, se puede llegar a una guerra regional como la de Ucrania. Los acuerdos de junio entre Armenia, Turquía y Azerbaiyán sobre el Corredor de Zangezur confirman que en la región se están moviendo fichas cuyo alcance va mucho más allá del Cáucaso.

Ya hemos mencionado en otras entradas anteriores al Corredor de Zangezur, una estrecha arteria de transporte que conecta Najichevan, enclavado en Azerbaiyán, con el territorio principal de Azerbaiyán a través del sur de Armenia. Se presenta aparentemente como un proyecto para mejorar el comercio y el transporte pero, en la práctica, es un punto estratégico de control.

A Turquía le permite obtener acceso terrestre al Mar Caspio y extender su influencia por la vertiente sur del Cáucaso, mientras Azerbaiyán consolida su papel como país de tránsito.

Esta primavera, el presidente de Azerbaiyán declaró que los puntos principales del futuro tratado de paz ya están consensuados. Esto sienta las bases para nuevas formas de presencia externa, desde misiones internacionales de observación hasta infraestructuras que, llegado el caso, podrían convertirse fácilmente en cabezas de puente. Aunque el Mar Caspio es un lago cerrado, su costa es un nudo logístico y estratégico para la Nueva Ruta de la Seda y los Brics.

El proyecto Traceca (Europa-Cáucaso-Asia) se concibió en su día como símbolo del nuevo comercio euroasiático. Si el corredor funciona a pleno rendimiento, Europa obtendría una ruta más corta y parcialmente independiente hacia Asia central.

(1) https://www.bloomberg.com/news/newsletters/2025-08-09/trump-s-caucasus-gambit-opens-new-east-west-trade-corridor-new-economy
(2) https://www.dailymail.co.uk/news/article-14994787/UK-trade-envoy-Turkeys-trip-Northern-Cyprus-turns-diplomatic-row-pressure-piles-Sir-Keir-Starmer-sack-him.html

Corredor de Zangezur

Blancanieves y los 7 enanitos vuelven de la Casa Blanca

Lo del lunes en Washington es una escenografía difícil de digerir porque nadie sabe en qué condición se juntaron Ursula von der Leyen (Unión Europea), con Mark Rutte (OTAN), con Keir Starmer (verso suelto), Macron (?), Merz (?), Melloni (?) y el primer ministro de Finlandia (?), de cuyo nombre no quiero acordarme.

Hay quien cree que Blancanieves y los suyos escoltaban a Zelensky para que no estuviera solo frente a Trump y el protocolo así lo indica. El gringo primero transmitió al ucraniano lo que Putin le había indicado dos días antes y luego atendió a Blancanieves y los enanitos, posando para la foto de rigor como si la ceremonia quisiera ofrecer una imagen distinta.

Todo se hizo de cara a la galería; la reunión apenas duró una hora, el tiempo justo para hacer las fotos que encabezarían los noticiarios y transmitir las exigencias del Kremlin, que ya conocían de antemano y no han cambiado en absoluto. Ni siquiera aparece ninguna sonrisa, como suele ocurrir.

Sin embargo, las delegaciones se quedaron en la Casa Blanca, lo cual es totalmente irregular porque suele ocurrir al revés: normalmente los segundones son quienes preparan las cumbres para que los jefes firmen los acuerdos alcanzados. Pero si no hay nada que firmar, ¿para qué hacer el paripé ante las cámaras de la televisión?

Que hubiera dos cónclaves, o quizá tres, es indicativo de que las relaciones transatlánticas no van nada bien y si las fisuras se notan en la Unión Europea, en la OTAN es aún peor. En otras palabras, se han juntado en Washington porque hace años que no son capaces de tener una política común, especialmente con respecto Rusia y China. El objetivo del cónclave era demostrar a Washington se desacuerdo, llevando a Zelensky cogido de la oreja para demostrarlo.

El lunes en Washington, después del discurso de Zelensky, Trump concedió la palabra a su hijito Mark Rutte, cuyo papel no es posible calificar dentro el gazpacho de verduras que se juntó ayer en Washington. Tiene adjudicada la misión de mejorar la venta de armas de la industria de guerra estadounidense con su 5 por cien y la continuación de la Guerra de Ucrania es el mejor reclamo para ello.

Luego Trump concedió la palabra a Blancanieves, quien no consigue quitarse la mancha de la firma del acuerdo comercial más humillante de la historia de la Unión Europea. Hasta el primer ministro francés, Francois Bayrou, lo calificó de “sumisión”.

Pero lo mejor de todo es que Blancanieves y su Comisión Europea nunca han ocultado que una cosa (acuerdo comercial) va ligada a la otra (Guerra de Ucrania). Algunos medios europeos lo explican de la siguiente manera: el acuerdo comercial dejó en el aire una serie de flecos que la cumbre de Alaska podría obligar a replantear. Si Estados Unidos cede ante Rusia, la Unión Europea podría retro-ceder en materia de aranceles.

“Puedes ser mucho más poderosa que todos estos tipos”, le dijo Trump delante de las narices de los enanitos que la acompañaban, auténtico grupo de comparsas que ejercieron de figurantes en la reunión y, una vez más, acabaron pagando la factura.

La cumbre de Alaska ha mejorado las relaciones de Rusia con Estados Unidos y, de rebote, con su sicarios. Por ejemplo, con Corea del Sur, que recibirá a una delegación rusa en la cumbre de la APEC.

De igual manera, las sanciones económicas, cuyos efectos adversos, especialmente para la Unión Europea, son bien conocidos, deberían desaparecer gradualmente porque se prestan a todo tipo de chanchullos. A pesar del bloqueo Estados Unidos importó productos rusos esenciales mientras obligaba a los europeos a aplicarlas estrictamente. Si Estados Unidos levanta sus sanciones contra Rusia, es difícil imaginar que la Unión Europea pueda mantener las suyas.

Trump carece de medios para negociar con Putin, más allá de unos pocos acuerdos económicos y comerciales. No puede presionar militarmente porque le resulta absolutamente imposible. Estados Unidos está de retirada de gran parte de sus viejas zonas de influencia, especialmente de Europa.

Lo mismo les ocurre a Blancanieves y los 27 enanitos, que no son nada sin el apoyo militar de Estados Unidos, que es cada vez más oneroso, como se ha visto en la reciente negociación de los aranceles.

La Unión Europea no tiene futuro sin la Guerra de Ucrania

Los 27 enanitos europeos deberían celebrar la paz en Ucrania por todo lo alto, pero son quienes más se oponen a ella. Es una paradoja, ya que la Unión Europea ha pagado un precio mucho mayor por esta guerra que Estados Unidos. Incluso se podría decir que Estados Unidos ha manipulado descaradamente la guerra para saquear a sus vasallos, es decir, tanto a Ucrania como a los 27 enanitos.

Lo que empezó como una guerra entre Rusia y Ucrania ha acabado con un choque entre Estados Unidos y sus enanitos. Es el fin de la alianza transatlántica y de la OTAN.

Europa se enfrenta a un declive económico absoluto que, sumado a su fracaso exterior, abrirá una etapa de inestabilidad interna, que no van a poder seguir calificando como “auge de la ultraderecha” de manera indefinida.

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